A comienzos del siglo XX, Buenos Aires era una ciudad en plena transformación. Millones de inmigrantes llegaban al país, los barrios crecían rápidamente y las diferencias sociales eran enormes. En ese contexto apareció uno de los personajes más perturbadores de la historia criminal argentina: Cayetano Santos Godino, conocido como “El Petiso Orejudo”.
Godino nació en Buenos Aires en 1896, en el seno de una familia de inmigrantes italianos. Desde muy pequeño mostró problemas de conducta y una marcada inclinación hacia la violencia. Su infancia estuvo atravesada por pobreza, abandono y conflictos familiares. También tuvo dificultades escolares y terminó convirtiéndose en un joven marginal.
Su apodo se originó en su baja estatura y en el tamaño particularmente grande de sus orejas. La prensa de la época explotó esa característica física y contribuyó a crear una imagen casi monstruosa del delincuente.
Una infancia marcada por la violencia
Los primeros episodios atribuidos a Godino ocurrieron cuando todavía era un niño. Tenía apenas siete años cuando comenzó a cometer actos de crueldad contra otros menores y animales.
La violencia contra los animales es uno de los comportamientos que posteriormente fueron considerados relevantes al estudiar su trayectoria criminal. Sin embargo, la criminología moderna advierte que este tipo de conducta, por sí sola, no permite predecir que una persona se convertirá en asesino.
Durante su adolescencia, Godino comenzó a acumular detenciones por robos, agresiones y otros delitos. Entraba y salía de instituciones correccionales sin que las medidas adoptadas consiguieran modificar su comportamiento.
En aquella época no existían los conocimientos actuales sobre salud mental infantil ni los sistemas modernos de evaluación del riesgo criminal. Muchos jóvenes problemáticos eran simplemente castigados o encerrados, sin recibir una intervención psicológica adecuada.
Los asesinatos
La historia criminal de Godino alcanzó su punto más oscuro entre 1912 y 1914.
Una de las víctimas fue Arturo Laurora, un niño de 13 años que murió después de ser atacado. El caso generó una enorme conmoción en Buenos Aires.
Otro episodio involucró a Jesualdo Giordano, un niño de tres años. Godino lo atacó y posteriormente intentó ocultar su crimen. La muerte de Giordano fue uno de los hechos que finalmente permitió a la Policía relacionarlo con otros delitos.
Godino también fue acusado de numerosos intentos de homicidio y ataques contra niños. Algunos episodios quedaron rodeados de incertidumbre histórica, por lo que es importante diferenciar los hechos por los que fue condenado de aquellos que posteriormente se le atribuyeron.
En 1912 fue detenido nuevamente y, después de la investigación correspondiente, comenzó a construirse el expediente que terminaría convirtiéndolo en uno de los criminales más conocidos del país.
¿Cuál era su perfil psicológico?
El caso de Godino es especialmente interesante porque fue estudiado utilizando conceptos criminológicos propios de comienzos del siglo XX.
Los especialistas de la época intentaron explicar su conducta mediante teorías que hoy están completamente superadas. Algunos llegaron a considerar que determinadas características físicas podían revelar tendencias criminales.
Actualmente sabemos que esas teorías carecen de fundamento científico.
Sin embargo, existen elementos conductuales que permiten analizar su trayectoria. Entre ellos aparecen impulsividad, agresividad, dificultad para controlar los impulsos, crueldad y una marcada incapacidad para adaptarse a las normas sociales.
También se observa una progresión de comportamientos problemáticos desde la infancia hacia delitos cada vez más graves.
Pero sería incorrecto diagnosticar retrospectivamente a Godino con un trastorno psicológico específico. No disponemos de una evaluación clínica moderna realizada durante su vida y los diagnósticos utilizados hace más de un siglo no pueden trasladarse directamente al lenguaje psiquiátrico actual.
El criminal convertido en mito
La prensa desempeñó un papel fundamental en la construcción del personaje.
“El Petiso Orejudo” era presentado como una figura siniestra y extraordinaria. Sus características físicas, su corta edad y la naturaleza de sus delitos lo convertían en un protagonista perfecto para los periódicos sensacionalistas.
La sociedad necesitaba una explicación para comprender cómo un joven podía convertirse en una amenaza para los niños. La respuesta de aquella época fue buscar señales físicas y psicológicas que supuestamente permitieran identificar al criminal.
Hoy la perspectiva es diferente.
El comportamiento criminal no puede explicarse simplemente por el aspecto físico, la pobreza o una determinada característica psicológica. Los delitos violentos surgen normalmente de una combinación compleja de factores individuales, familiares, sociales y ambientales.
La condena y el final
Godino fue declarado responsable de varios delitos graves y condenado a prisión.
Pasó gran parte del resto de su vida detenido. En prisión continuó siendo objeto de interés de médicos, criminólogos y periodistas.
Murió en 1944, en la prisión de Ushuaia, después de décadas de encarcelamiento.
Su figura, sin embargo, sobrevivió a su muerte.
“El Petiso Orejudo” quedó instalado en la cultura popular argentina como uno de los primeros grandes nombres de la criminología nacional. Su historia continúa generando interés porque reúne algunos de los elementos más inquietantes del crimen: una infancia problemática, violencia contra menores, repetición de conductas agresivas y una sociedad que intentaba comprender un fenómeno que todavía no sabía explicar.
Más de un siglo después, el caso también ofrece una lección importante. Comprender los factores que pueden favorecer una conducta criminal no significa justificar al criminal. La investigación criminológica moderna busca precisamente eso: comprender el origen y la evolución de la violencia para poder detectarla y prevenirla antes de que produzca nuevas víctimas.
El Petiso Orejudo pertenece a una época muy diferente de la Argentina actual. Pero su historia continúa siendo estudiada porque representa uno de los primeros casos de criminalidad serial que quedaron profundamente grabados en la memoria colectiva del país.
El Petiso Orejudo
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A comienzos del siglo XX, Buenos Aires era una ciudad en plena transformación. Millones de inmigrantes llegaban al país, los barrios crecían rápidamente y las diferencias sociales eran enormes. En ese contexto apareció uno de los personajes más perturbadores de la historia criminal argentina: Cayetano Santos Godino, conocido como “El Petiso Orejudo”.
Godino nació en Buenos Aires en 1896, en el seno de una familia de inmigrantes italianos. Desde muy pequeño mostró problemas de conducta y una marcada inclinación hacia la violencia. Su infancia estuvo atravesada por pobreza, abandono y conflictos familiares. También tuvo dificultades escolares y terminó convirtiéndose en un joven marginal.
Su apodo se originó en su baja estatura y en el tamaño particularmente grande de sus orejas. La prensa de la época explotó esa característica física y contribuyó a crear una imagen casi monstruosa del delincuente.
Una infancia marcada por la violencia
La violencia contra los animales es uno de los comportamientos que posteriormente fueron considerados relevantes al estudiar su trayectoria criminal. Sin embargo, la criminología moderna advierte que este tipo de conducta, por sí sola, no permite predecir que una persona se convertirá en asesino.
Durante su adolescencia, Godino comenzó a acumular detenciones por robos, agresiones y otros delitos. Entraba y salía de instituciones correccionales sin que las medidas adoptadas consiguieran modificar su comportamiento.
En aquella época no existían los conocimientos actuales sobre salud mental infantil ni los sistemas modernos de evaluación del riesgo criminal. Muchos jóvenes problemáticos eran simplemente castigados o encerrados, sin recibir una intervención psicológica adecuada.
Los asesinatos
La historia criminal de Godino alcanzó su punto más oscuro entre 1912 y 1914.
Una de las víctimas fue Arturo Laurora, un niño de 13 años que murió después de ser atacado. El caso generó una enorme conmoción en Buenos Aires.
Otro episodio involucró a Jesualdo Giordano, un niño de tres años. Godino lo atacó y posteriormente intentó ocultar su crimen. La muerte de Giordano fue uno de los hechos que finalmente permitió a la Policía relacionarlo con otros delitos.
Godino también fue acusado de numerosos intentos de homicidio y ataques contra niños. Algunos episodios quedaron rodeados de incertidumbre histórica, por lo que es importante diferenciar los hechos por los que fue condenado de aquellos que posteriormente se le atribuyeron.
En 1912 fue detenido nuevamente y, después de la investigación correspondiente, comenzó a construirse el expediente que terminaría convirtiéndolo en uno de los criminales más conocidos del país.
¿Cuál era su perfil psicológico?
El caso de Godino es especialmente interesante porque fue estudiado utilizando conceptos criminológicos propios de comienzos del siglo XX.
Los especialistas de la época intentaron explicar su conducta mediante teorías que hoy están completamente superadas. Algunos llegaron a considerar que determinadas características físicas podían revelar tendencias criminales.
Actualmente sabemos que esas teorías carecen de fundamento científico.
Sin embargo, existen elementos conductuales que permiten analizar su trayectoria. Entre ellos aparecen impulsividad, agresividad, dificultad para controlar los impulsos, crueldad y una marcada incapacidad para adaptarse a las normas sociales.
También se observa una progresión de comportamientos problemáticos desde la infancia hacia delitos cada vez más graves.
Pero sería incorrecto diagnosticar retrospectivamente a Godino con un trastorno psicológico específico. No disponemos de una evaluación clínica moderna realizada durante su vida y los diagnósticos utilizados hace más de un siglo no pueden trasladarse directamente al lenguaje psiquiátrico actual.
El criminal convertido en mito
“El Petiso Orejudo” era presentado como una figura siniestra y extraordinaria. Sus características físicas, su corta edad y la naturaleza de sus delitos lo convertían en un protagonista perfecto para los periódicos sensacionalistas.
La sociedad necesitaba una explicación para comprender cómo un joven podía convertirse en una amenaza para los niños. La respuesta de aquella época fue buscar señales físicas y psicológicas que supuestamente permitieran identificar al criminal.
Hoy la perspectiva es diferente.
El comportamiento criminal no puede explicarse simplemente por el aspecto físico, la pobreza o una determinada característica psicológica. Los delitos violentos surgen normalmente de una combinación compleja de factores individuales, familiares, sociales y ambientales.
La condena y el final
Godino fue declarado responsable de varios delitos graves y condenado a prisión.
Pasó gran parte del resto de su vida detenido. En prisión continuó siendo objeto de interés de médicos, criminólogos y periodistas.
Murió en 1944, en la prisión de Ushuaia, después de décadas de encarcelamiento.
Su figura, sin embargo, sobrevivió a su muerte.
“El Petiso Orejudo” quedó instalado en la cultura popular argentina como uno de los primeros grandes nombres de la criminología nacional. Su historia continúa generando interés porque reúne algunos de los elementos más inquietantes del crimen: una infancia problemática, violencia contra menores, repetición de conductas agresivas y una sociedad que intentaba comprender un fenómeno que todavía no sabía explicar.
Más de un siglo después, el caso también ofrece una lección importante. Comprender los factores que pueden favorecer una conducta criminal no significa justificar al criminal. La investigación criminológica moderna busca precisamente eso: comprender el origen y la evolución de la violencia para poder detectarla y prevenirla antes de que produzca nuevas víctimas.
El Petiso Orejudo pertenece a una época muy diferente de la Argentina actual. Pero su historia continúa siendo estudiada porque representa uno de los primeros casos de criminalidad serial que quedaron profundamente grabados en la memoria colectiva del país.