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  Por Maren Berkjo.

Durante los últimos meses de la Primera Guerra Mundial, una de las tantas tierras de nadie situadas entre las trincheras inglesas y alemanas fue escenario de la mayor broma que el destino quiso gastarle a la historia de la humanidad.

Hitler
Tandey

El tirador británico Henry Tandey, en un intento de protegerse de la lluvia de balas que lo rodeaba, se refugió en un cráter natural donde, sin embargo, un soldado alemán ya estaba tomando un respiro. Los dos se encuentran cara a cara, hasta que Tandey logra someter a su oponente quien grita de desesperación, dolor y miedo.

En cierto momento, Tandey tiene un salto de conciencia, ya había matado a cinco hombres ese día, por lo que decide perdonar la vida al joven soldado alemán de puro dolor mezclado con compasión, estando orgulloso de ese gesto tan pronto como el. Los tratamientos dieron resultado, bloqueando así la gravísima hemorragia de su rival casi sin vida.

Ese soldado alemán en realidad no era un soldado raso. Era cabo. Y uno de los importantes también. ¿Su nombre? Adolf Hitler.

 

 


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Abril 10, 2024