El terror como instrumento de poder

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Joseph Stalin fue uno de los gobernantes más poderosos y represivos del siglo XX. Dirigió la Unión Soviética desde finales de la década de 1920 hasta su muerte en 1953 y construyó un sistema político en el que la persecución, las deportaciones, las ejecuciones y el encarcelamiento masivo se convirtieron en instrumentos fundamentales para conservar el poder.

Hablar de los “asesinatos de Stalin” requiere una precisión importante. No todas las personas que murieron durante su gobierno fueron ejecutadas personalmente por orden directa de Stalin, ni existe una cifra única aceptada por todos los historiadores. Algunas muertes fueron consecuencia de políticas económicas, hambrunas, deportaciones o condiciones de trabajo forzado. Otras fueron ejecuciones deliberadas.

Lo que sí está ampliamente documentado es que el régimen estalinista fue responsable de una represión masiva que causó millones de víctimas.

El ascenso de Stalin

Stalin nació como Iósif Vissariónovich Dzhugashvili en 1878, en Georgia, entonces parte del Imperio ruso.

Se incorporó al movimiento revolucionario bolchevique y participó en actividades clandestinas contra el régimen zarista.

Después de la Revolución de 1917, ocupó distintos cargos dentro del Partido Comunista.

Su posición como secretario general le permitió construir una enorme red de colaboradores y controlar progresivamente los nombramientos dentro del partido.

Después de la muerte de Vladimir Lenin en 1924, Stalin inició una lucha política contra sus rivales.

Uno de sus principales adversarios fue León Trotski.

Stalin terminó derrotándolo políticamente.

Trotski fue expulsado de la Unión Soviética y posteriormente asesinado en México en 1940 por un agente soviético, Ramón Mercader.

Aunque la operación fue ejecutada por un agente, la responsabilidad política del régimen soviético en el asesinato está ampliamente establecida.

La construcción de una dictadura

Durante la década de 1930, Stalin había conseguido concentrar prácticamente todo el poder soviético.

Pero todavía veía enemigos potenciales en todas partes.

Viejos revolucionarios.

Militares.

Funcionarios.

Intelectuales.

Campesinos.

Miembros del Partido Comunista.

Personas acusadas de espionaje.

Cualquiera podía ser presentado como enemigo del Estado.

El instrumento principal de esta represión fue la policía política, que pasó por diferentes organizaciones y finalmente quedó integrada en el sistema conocido como NKVD.

La colectivización y la tragedia rural

Uno de los primeros grandes episodios de violencia ocurrió con la colectivización forzosa de la agricultura.

Stalin quería transformar la agricultura soviética y eliminar la propiedad campesina independiente.

Millones de campesinos fueron obligados a incorporarse a granjas colectivas.

Los considerados campesinos ricos, conocidos como kulaks, fueron especialmente perseguidos.

Muchos fueron deportados.

Otros fueron encarcelados.

Otros murieron durante las deportaciones o como consecuencia de las condiciones impuestas.

La resistencia campesina fue respondida con una represión extremadamente dura.

Las hambrunas

La colectivización contribuyó a una serie de crisis agrícolas y hambrunas devastadoras.

Entre 1932 y 1933, enormes regiones de la Unión Soviética sufrieron hambre.

Ucrania fue particularmente afectada, aunque también hubo millones de víctimas en otras regiones soviéticas.

Existe un intenso debate historiográfico sobre la caracterización exacta de la hambruna ucraniana, conocida como Holodomor, y sobre la intención específica de Stalin.

Lo que no está en discusión es que millones de personas murieron durante las hambrunas soviéticas de esos años.

El Estado continuó requisando cantidades importantes de alimentos mientras muchas comunidades rurales sufrían una escasez extrema.

El Gran Terror

La etapa más conocida de las purgas ocurrió entre 1936 y 1938 y recibió el nombre de Gran Terror.

Stalin decidió eliminar a los posibles enemigos políticos y a sectores enteros que consideraba peligrosos.

Miles de dirigentes comunistas fueron detenidos.

Muchos fueron acusados de pertenecer a supuestas conspiraciones.

Los procesos judiciales eran frecuentemente manipulados.

Los acusados eran obligados mediante coerción a realizar confesiones.

Después eran condenados.

En numerosos casos, la sentencia terminaba en ejecución.

Los procesos de Moscú

Entre 1936 y 1938 se realizaron los famosos Procesos de Moscú.

Algunos de los principales dirigentes bolcheviques que habían participado en la Revolución de 1917 fueron acusados públicamente de traición.

Entre ellos estaban Grigori Zinóviev, Lev Kámenev y Nikolái Bujarin.

Muchos fueron ejecutados.

El mensaje era claro:

La revolución no protegía a nadie.

Ni siquiera a sus propios fundadores.

Stalin había convertido al Partido Comunista en un instrumento de obediencia personal.

La destrucción del Ejército Rojo

Stalin también llevó a cabo una enorme purga dentro de las fuerzas armadas.

Miles de oficiales fueron arrestados.

Una gran cantidad fue ejecutada o encarcelada.

La represión alcanzó los niveles superiores del Ejército Rojo.

Esto tuvo consecuencias graves.

Cuando Alemania invadió la Unión Soviética en 1941, el ejército soviético había perdido una parte considerable de sus mandos experimentados.

Algunos historiadores consideran que las purgas militares contribuyeron a las dificultades iniciales soviéticas frente a la invasión alemana.

Las ejecuciones masivas

Durante el Gran Terror se produjo una cantidad enorme de ejecuciones.

Los archivos soviéticos abiertos después de la caída de la Unión Soviética permitieron conocer mejor la dimensión de la represión.

Según los datos archivísticos estudiados por historiadores, cientos de miles de personas fueron ejecutadas durante las operaciones represivas de 1937 y 1938.

Una de las campañas más importantes fue la llamada Orden 00447, dirigida principalmente contra supuestos “elementos antisoviéticos”.

Las víctimas eran divididas en categorías.

Los considerados más peligrosos podían ser ejecutados.

Otros eran enviados al Gulag.

El sistema funcionaba mediante cuotas y listas.

Esto demuestra que la represión no fue simplemente una sucesión de excesos locales.

Fue organizada desde el centro del poder soviético.

El Gulag

No todas las víctimas fueron ejecutadas.

Millones fueron enviados al Gulag, una enorme red de campos de trabajo forzado.

Los prisioneros eran utilizados para construir carreteras, canales, ferrocarriles, minas y otras grandes obras.

Las condiciones eran extremadamente duras.

El frío, el hambre, las enfermedades, la sobreexplotación y la falta de atención médica provocaron numerosas muertes.

El Gulag no fue un único campo.

Fue una red gigantesca de instalaciones distribuidas por diferentes regiones de la Unión Soviética.

El sistema se convirtió en una parte importante de la economía soviética.

Las deportaciones de pueblos enteros

Stalin también utilizó las deportaciones como instrumento político.

Durante la Segunda Guerra Mundial y sus años posteriores, diferentes grupos étnicos fueron deportados colectivamente.

Entre ellos estuvieron los chechenos, ingushes, tártaros de Crimea, kalmukos, karacháis y balkarios.

Familias enteras fueron obligadas a abandonar sus hogares.

Las condiciones del traslado y del asentamiento fueron extremadamente difíciles.

Miles murieron durante los viajes o posteriormente.

Una de las características más graves de estas operaciones fue que la culpa se aplicaba colectivamente.

No se perseguía solamente a individuos.

Se castigaba a poblaciones enteras.

Stalin y la Segunda Guerra Mundial

La invasión alemana de 1941 produjo una nueva dimensión de violencia.

La Unión Soviética sufrió una cantidad extraordinaria de muertos durante la guerra.

Sin embargo, no todas esas muertes pueden atribuirse a Stalin.

La Alemania nazi fue responsable de una guerra de exterminio en territorio soviético.

Pero el régimen de Stalin también tomó decisiones extremadamente duras.

Soldados soviéticos acusados de cobardía o deserción podían ser ejecutados.

Familias y comunidades consideradas sospechosas fueron deportadas.

Los prisioneros de guerra soviéticos que regresaron después de haber sido capturados por Alemania podían ser investigados por las autoridades soviéticas.

La guerra fue una catástrofe humana de dimensiones gigantescas.

El asesinato de opositores en el extranjero

La represión soviética no se limitó al territorio de la URSS.

Los servicios secretos persiguieron a opositores en otros países.

El ejemplo más famoso fue Trotski.

En 1940, Ramón Mercader atacó a Trotski en su residencia de Ciudad de México con un piolet.

Trotski murió poco después.

Mercader fue condenado a prisión.

El asesinato eliminó a uno de los principales enemigos políticos históricos de Stalin.

¿Cuántas personas fueron asesinadas?

No existe una cifra única.

Durante décadas circularon estimaciones extremadamente elevadas que atribuían a Stalin decenas de millones de muertes directas.

La apertura de los archivos soviéticos permitió realizar cálculos más precisos.

Los historiadores distinguen entre:

  • ejecuciones;
  • muertes en el Gulag;
  • deportaciones;
  • hambrunas;
  • muertes relacionadas con la colectivización;
  • víctimas de operaciones militares y de guerra.

Si hablamos exclusivamente de ejecuciones políticas y criminales realizadas por el Estado, las cifras son mucho menores que el total de personas que murieron como consecuencia de las políticas estalinistas.

Si incluimos las hambrunas, deportaciones y otras formas de mortalidad vinculadas al régimen, el número asciende a millones.

Por eso es fundamental no presentar una cifra única como si existiera consenso absoluto.

¿Stalin fue peor que Hitler?

Es una comparación frecuente, pero históricamente complicada.

Ambos fueron dictadores responsables de asesinatos masivos.

Stalin construyó un sistema de represión política que asesinó, deportó y encarceló a millones.

Hitler desarrolló una política genocida basada en una ideología racial y lanzó una guerra de conquista que produjo una catástrofe mundial.

El Holocausto fue específicamente un proyecto de exterminio racial.

El sistema estalinista tuvo objetivos diferentes: consolidar el poder, eliminar opositores, transformar la economía y controlar la sociedad.

Ambos regímenes fueron extraordinariamente represivos, pero sus ideologías, objetivos y mecanismos no fueron idénticos.

La muerte de Stalin

Stalin murió el 5 de marzo de 1953 después de sufrir una hemorragia cerebral.

Su muerte provocó una lucha por el poder.

Finalmente, Nikita Jrushchov se convirtió en una de las figuras principales de la nueva dirección soviética.

En 1956, durante el XX Congreso del Partido Comunista, Jrushchov pronunció su famoso “Discurso secreto”, en el que denunció el culto a la personalidad y numerosos crímenes cometidos durante la época de Stalin.

Comenzó entonces la desestalinización.

Miles de presos fueron liberados.

Algunas víctimas fueron rehabilitadas.

La imagen oficial de Stalin comenzó a cambiar.

El legado

Stalin dejó una Unión Soviética transformada.

Durante su gobierno, el país pasó de ser una sociedad mayoritariamente rural a convertirse en una gran potencia industrial y militar.

La Unión Soviética derrotó a la Alemania nazi y emergió de la Segunda Guerra Mundial como una superpotencia.

Pero ese desarrollo tuvo un costo humano enorme.

Millones de personas fueron asesinadas, encarceladas, deportadas o murieron como consecuencia de políticas estatales.

El terror destruyó la libertad política y creó una sociedad dominada por el miedo.

Conclusión

Los asesinatos asociados al régimen de Stalin no fueron una serie de crímenes aislados.

Formaron parte de un sistema de represión política.

La policía secreta, las ejecuciones, los campos de trabajo, las deportaciones y las purgas fueron utilizados para eliminar enemigos reales o imaginarios y garantizar la supervivencia del poder de Stalin.

Quizás uno de los aspectos más inquietantes sea que muchas víctimas fueron acusadas de delitos inexistentes.

Un campesino podía ser considerado enemigo de clase.

Un militar podía ser acusado de conspiración.

Un dirigente comunista podía convertirse de repente en “traidor”.

Un ciudadano común podía ser denunciado por un vecino.

La maquinaria represiva no necesitaba pruebas sólidas.

Necesitaba obediencia.

Stalin murió en 1953, pero el trauma de sus políticas sobrevivió durante décadas.

Su gobierno demuestra que el asesinato político puede adquirir una dimensión aterradora cuando un Estado posee una policía secreta poderosa, controla la información, elimina la independencia judicial y convierte la sospecha en una razón suficiente para destruir la vida de una persona.

La historia de Stalin, por eso, no es solamente la historia de un dictador.

Es también la historia de cómo el poder absoluto puede convertir el miedo en una herramienta cotidiana de gobierno.

PrisioneroEnArgentina.com
Setiembre 7, 2026

El escuadrón suicida de Chernobyl.

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   Por Vivian Ward.

En la tarde del 2 de mayo de 1986, una gran explosión devastó la central nuclear Lenin en Chernobyl, una ciudad de Ucrania cerca de la frontera con Bielorrusia, arrojando una enorme cantidad de sustancias radiactivas al medio ambiente. Se desconoce el número de muertos y se rumorea que ronda el millar.

Durante la catástrofe, un charco de agua utilizado para emergencias en caso de rotura de las bombas de refrigeración o de las tuberías de vapor se inundó con un líquido altamente radiactivo que estaba en peligro de estallar y poner en peligro la vida de millones de personas en la ciudad o sus alrededores. causar estragos en la estabilidad del medio ambiente.

 


Mientras la ciudad estaba en estado de pánico, tres hombres valientes llamados Alexi Ananenko, Valeri Bezpoalov y Boris Baronov se ofrecieron como voluntarios para limpiar, conscientes de que se trataba de una misión suicida. Se vistieron con un traje de buceo (como en la imagen que se muestra arriba) y nadaron a través del agua radiactiva para llegar al sótano de la cámara y abrieron con éxito la válvula de compuerta permitiendo que el agua contaminada se drenara.

Días después de llegar a la superficie, los tres hombres sucumbieron al envenenamiento por radiación y fueron enterrados en ataúdes de plomo. Si no fuera por la valentía del “Escuadrón Suicida de Chernobyl”, se habría producido una explosión térmica que habría resultado en un desastre insondable.

 

Chernobyl

Reacciones nucleares en Chernobyl

 


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PrisioneroEnArgentina.com

Febrero 17, 2024

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VENEZUELA Y LA IZQUIERDA DORIAN GRAY

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 Por Mauricio Ortín

 

Lo único bueno que deja la triste crisis venezolana es que exige a la política a que muestre el verdadero rostro del mal y el de sus aliados. El chavismo-madurismo es lo peor que le ha pasado a Venezuela en toda su historia. La banda de asesinos, ladrones, narcotraficantes y demagogos que se adueñó  del poder del Estado ha destruido la economía, la justicia y la democracia, y ha envilecido a sus fuerzas armadas y desquiciado a la sociedad a tal  punto  que huir de Venezuela es el único proyecto alternativo a una existencia miserable. Una vez más, se constata que el socialismo en crudo y en acto es objetivamente el mal de estos tiempos. Sólo hay que recorrer la miseria, el genocidio, la esclavitud, la injusticia que han dejado y dejan las dictaduras comunistas desde 1917 a la fecha para reconocer el  mal. Cien millones de asesinados en menos de cien años es un número que ha sido aceptado por ellos mismos. ¿Cómo se explica que, con semejante cantidad de cadáveres blanqueados del placard, la izquierda se arrogue superioridad moral? ¿Qué credenciales la avalan para mirar por sobre el hombro a los que no comparten sus ideas y jamás propiciaron o justificaron asesinatos masivos? El marxismo-leninismo, en todas sus variantes, propone como objetivo político eliminar físicamente una clase social. El genocidio de los burgueses es parte explícita de su programa de acción. Y que estos fanáticos  son de cumplir con sus promesas no cabe duda alguna. Ahí están las extendidas obras de Stalin, Trotsky, Lenin, Mao, Castro, Che Guevara, Pol Pot y otros para corroborarlo. Pero, es evidente, la izquierda tiene mejor prensa que la derecha. No se venden remeras con la imagen de los fusilados por el Che Guevara pero sí de este último y la televisión oficial argentina a partir de la presidencia de Néstor Kirchner sostiene al Canal Encuentro dedicado, en gran parte, a hacer la apología del terrorismo que asoló a la Argentina en la década del 70’. Lo que, por la continuidad  auspiciada por  Macri, parece ser una suerte de “política de Estado”.

 Es un hecho: la izquierda maneja la propaganda política con una maestría sin par y sin el menor escrúpulo. Inventa, tergiversa e impone a los hechos sus interpretaciones de guerra de clases y, si no se ajustan, peor para ellos. Repetir una mentira hasta el cansancio y escrachar por facho al que la desmiente es una táctica que le dado buenos resultados sin importar lo ridículo o cínico que signifique defender lo indefendible. Que Nisman se suicidó, que la denuncia que hizo contra Cristina era un mamarracho, que Milagro Sala es perseguida por trabajar para los pobres, que los desaparecidos son 30.000, que en los 70’ no hubo una guerra sino un genocidio, que el ex terrorista Horacio Verbitsky es un campeón los derechos humanos, que en Cuba se vive con dignidad o que la proclamación de Juan Guaidó como presidente de Venezuela es un golpe de Estado al gobierno de Nicolás Maduro son algunas de las cuentas de ese infinito collar. Hay que señalar que a la izquierda le importa un cuerno la formalidad “pequeño burguesa” de las instituciones liberales. Acatan la ley en la medida que les sirve para llegar al poder. Una vez instalados, ellos son la ley y entonces comienza la “dictadura del proletariado” (eufemismo de dictadura del partido Comunista). Pues bien, para de alguna manera justificar el apoyo al energúmeno de Maduro o, en su defecto, el no reconocimiento al presidente Guaidó, se desgarran las vestiduras ante el apoyo explícito de Donald Trump. Dicen que al presidente norteamericano no le interesa la democracia sino el petróleo de Venezuela. Sin embargo, le ruegan a los EE.UU. para que les siga comprando mientras Maduro se lo regala al régimen cubano. .

Pino Solanas, Víctor Hugo Morales, Maradona, Atilio Borón, el kirchnerismo en bloque, Pérez Esquivel, Hebe de Bonafini, Luis D’Elía, Mempo Giardinelli, Gustavo Silvestre y casi toda la izquierda ha salido a romper lanzas para salvar al energúmeno de Maduro. Es que al otro lado está la derecha (el mal) acaudillada por el diablo mayor (Trump). Les importa un rábano  los cuatro millones de venezolanos que emigran con lo puesto (la mayor catástrofe humanitaria de la historia de América latina) huyendo de la peste “bolivariana”, dejando bienes, afectos, tierra y llevando consigo solo la esperanza encontrar un lugar en el mundo. Ahh…, pero es culpa de Trump. ¡Se puede ser más miserable!

El papa Francisco, por su parte, está preocupado por el derramamiento de sangre que supone la proclamación de Guaidó. El mismo argumento esgrimió el gobierno ruso para no reconocer a Guaidó. También, en un tiro por elevación aludió a Trump y coincidió con la izquierda en Panamá, cuando dijo: “Nuestros pueblos no son el ‘patio trasero’ de nadie”. No se enteró, así parece, que el derramamiento de sangre provocado  desde el poder y contra los débiles transcurre desde hace  casi dos décadas en Venezuela. Tampoco registró el hambre de los niños venezolanos, ni la diáspora forzada de los desesperados que huyen a pie.

En fin…, si algo me queda claro de esto último es que Donald Trump (la encarnación del “mal”) es un dechado de virtudes morales al lado de los que, supuestamente, personifican el bien.

 

 


PrisioneroEnArgentina.com

Enero 29, 2019