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  Por Robert Lazarescu.

La familia Lykov, una familia rusa que vivió en completo aislamiento en Siberia durante más de 40 años, ajena a los grandes acontecimientos mundiales, incluida la Segunda Guerra Mundial.

En 1936, los Lykov, liderados por el patriarca Karp Lykov, huyeron a las profundidades de la taiga siberiana para escapar de la persecución religiosa bajo el régimen soviético. La familia pertenecía a los Viejos Creyentes, una secta ortodoxa rusa que enfrentó una severa represión por sus creencias. Se establecieron en una zona remota, a más de 240 kilómetros del asentamiento más cercano, en una región boscosa de las montañas Sayan.

La familia Lykov vivía en una cabaña de madera y sobrevivía buscando comida, pescando, cazando y cultivando un pequeño jardín. No tenían acceso a herramientas modernas, medicinas ni ningún tipo de tecnología. Estaban completamente aislados del resto del mundo y no tenían conocimiento de acontecimientos históricos importantes, incluida la Segunda Guerra Mundial, el alunizaje o el desarrollo de la bomba atómica.

Su existencia permaneció desconocida hasta 1978, cuando un grupo de geólogos soviéticos que realizaban estudios aéreos de la región se topó con su asentamiento. Los geólogos se sorprendieron al descubrir que la familia vivía como si todavía estuvieran en el siglo XVII. En aquel momento, la familia estaba formada por Karp Lykov y sus cuatro hijos, habiendo perdido a su madre, Akulina, por inanición en 1961.

La historia de la familia Lykov es un testimonio notable de la resiliencia humana y la capacidad de sobrevivir en las condiciones más extremas. También resalta la inmensidad y el aislamiento de la naturaleza siberiana, capaz de ocultar a una familia del mundo entero durante más de cuatro décadas.

 


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Marzo 20, 2024