Joseph Stalin fue uno de los gobernantes más poderosos y represivos del siglo XX. Dirigió la Unión Soviética desde finales de la década de 1920 hasta su muerte en 1953 y construyó un sistema político en el que la persecución, las deportaciones, las ejecuciones y el encarcelamiento masivo se convirtieron en instrumentos fundamentales para conservar el poder.
Hablar de los “asesinatos de Stalin” requiere una precisión importante. No todas las personas que murieron durante su gobierno fueron ejecutadas personalmente por orden directa de Stalin, ni existe una cifra única aceptada por todos los historiadores. Algunas muertes fueron consecuencia de políticas económicas, hambrunas, deportaciones o condiciones de trabajo forzado. Otras fueron ejecuciones deliberadas.
Lo que sí está ampliamente documentado es que el régimen estalinista fue responsable de una represión masiva que causó millones de víctimas.
El ascenso de Stalin
Stalin nació como Iósif Vissariónovich Dzhugashvili en 1878, en Georgia, entonces parte del Imperio ruso.
Se incorporó al movimiento revolucionario bolchevique y participó en actividades clandestinas contra el régimen zarista.
Después de la Revolución de 1917, ocupó distintos cargos dentro del Partido Comunista.
Su posición como secretario general le permitió construir una enorme red de colaboradores y controlar progresivamente los nombramientos dentro del partido.
Después de la muerte de Vladimir Lenin en 1924, Stalin inició una lucha política contra sus rivales.
Uno de sus principales adversarios fue León Trotski.
Stalin terminó derrotándolo políticamente.
Trotski fue expulsado de la Unión Soviética y posteriormente asesinado en México en 1940 por un agente soviético, Ramón Mercader.
Aunque la operación fue ejecutada por un agente, la responsabilidad política del régimen soviético en el asesinato está ampliamente establecida.
La construcción de una dictadura
Durante la década de 1930, Stalin había conseguido concentrar prácticamente todo el poder soviético.
Pero todavía veía enemigos potenciales en todas partes.
Viejos revolucionarios.
Militares.
Funcionarios.
Intelectuales.
Campesinos.
Miembros del Partido Comunista.
Personas acusadas de espionaje.
Cualquiera podía ser presentado como enemigo del Estado.
El instrumento principal de esta represión fue la policía política, que pasó por diferentes organizaciones y finalmente quedó integrada en el sistema conocido como NKVD.
La colectivización y la tragedia rural
Uno de los primeros grandes episodios de violencia ocurrió con la colectivización forzosa de la agricultura.
Stalin quería transformar la agricultura soviética y eliminar la propiedad campesina independiente.
Millones de campesinos fueron obligados a incorporarse a granjas colectivas.
Los considerados campesinos ricos, conocidos como kulaks, fueron especialmente perseguidos.
Muchos fueron deportados.
Otros fueron encarcelados.
Otros murieron durante las deportaciones o como consecuencia de las condiciones impuestas.
La resistencia campesina fue respondida con una represión extremadamente dura.
Las hambrunas
La colectivización contribuyó a una serie de crisis agrícolas y hambrunas devastadoras.
Entre 1932 y 1933, enormes regiones de la Unión Soviética sufrieron hambre.
Ucrania fue particularmente afectada, aunque también hubo millones de víctimas en otras regiones soviéticas.
Existe un intenso debate historiográfico sobre la caracterización exacta de la hambruna ucraniana, conocida como Holodomor, y sobre la intención específica de Stalin.
Lo que no está en discusión es que millones de personas murieron durante las hambrunas soviéticas de esos años.
El Estado continuó requisando cantidades importantes de alimentos mientras muchas comunidades rurales sufrían una escasez extrema.
El Gran Terror
La etapa más conocida de las purgas ocurrió entre 1936 y 1938 y recibió el nombre de Gran Terror.
Stalin decidió eliminar a los posibles enemigos políticos y a sectores enteros que consideraba peligrosos.
Miles de dirigentes comunistas fueron detenidos.
Muchos fueron acusados de pertenecer a supuestas conspiraciones.
Los procesos judiciales eran frecuentemente manipulados.
Los acusados eran obligados mediante coerción a realizar confesiones.
Después eran condenados.
En numerosos casos, la sentencia terminaba en ejecución.
Los procesos de Moscú
Entre 1936 y 1938 se realizaron los famosos Procesos de Moscú.
Algunos de los principales dirigentes bolcheviques que habían participado en la Revolución de 1917 fueron acusados públicamente de traición.
Entre ellos estaban Grigori Zinóviev, Lev Kámenev y Nikolái Bujarin.
Muchos fueron ejecutados.
El mensaje era claro:
La revolución no protegía a nadie.
Ni siquiera a sus propios fundadores.
Stalin había convertido al Partido Comunista en un instrumento de obediencia personal.
La destrucción del Ejército Rojo
Stalin también llevó a cabo una enorme purga dentro de las fuerzas armadas.
Miles de oficiales fueron arrestados.
Una gran cantidad fue ejecutada o encarcelada.
La represión alcanzó los niveles superiores del Ejército Rojo.
Esto tuvo consecuencias graves.
Cuando Alemania invadió la Unión Soviética en 1941, el ejército soviético había perdido una parte considerable de sus mandos experimentados.
Algunos historiadores consideran que las purgas militares contribuyeron a las dificultades iniciales soviéticas frente a la invasión alemana.
Las ejecuciones masivas
Durante el Gran Terror se produjo una cantidad enorme de ejecuciones.
Los archivos soviéticos abiertos después de la caída de la Unión Soviética permitieron conocer mejor la dimensión de la represión.
Según los datos archivísticos estudiados por historiadores, cientos de miles de personas fueron ejecutadas durante las operaciones represivas de 1937 y 1938.
Una de las campañas más importantes fue la llamada Orden 00447, dirigida principalmente contra supuestos “elementos antisoviéticos”.
Las víctimas eran divididas en categorías.
Los considerados más peligrosos podían ser ejecutados.
Otros eran enviados al Gulag.
El sistema funcionaba mediante cuotas y listas.
Esto demuestra que la represión no fue simplemente una sucesión de excesos locales.
Fue organizada desde el centro del poder soviético.
El Gulag
No todas las víctimas fueron ejecutadas.
Millones fueron enviados al Gulag, una enorme red de campos de trabajo forzado.
Los prisioneros eran utilizados para construir carreteras, canales, ferrocarriles, minas y otras grandes obras.
Las condiciones eran extremadamente duras.
El frío, el hambre, las enfermedades, la sobreexplotación y la falta de atención médica provocaron numerosas muertes.
El Gulag no fue un único campo.
Fue una red gigantesca de instalaciones distribuidas por diferentes regiones de la Unión Soviética.
El sistema se convirtió en una parte importante de la economía soviética.
Las deportaciones de pueblos enteros
Stalin también utilizó las deportaciones como instrumento político.
Durante la Segunda Guerra Mundial y sus años posteriores, diferentes grupos étnicos fueron deportados colectivamente.
Entre ellos estuvieron los chechenos, ingushes, tártaros de Crimea, kalmukos, karacháis y balkarios.
Familias enteras fueron obligadas a abandonar sus hogares.
Las condiciones del traslado y del asentamiento fueron extremadamente difíciles.
Miles murieron durante los viajes o posteriormente.
Una de las características más graves de estas operaciones fue que la culpa se aplicaba colectivamente.
No se perseguía solamente a individuos.
Se castigaba a poblaciones enteras.
Stalin y la Segunda Guerra Mundial
La invasión alemana de 1941 produjo una nueva dimensión de violencia.
La Unión Soviética sufrió una cantidad extraordinaria de muertos durante la guerra.
Sin embargo, no todas esas muertes pueden atribuirse a Stalin.
La Alemania nazi fue responsable de una guerra de exterminio en territorio soviético.
Pero el régimen de Stalin también tomó decisiones extremadamente duras.
Soldados soviéticos acusados de cobardía o deserción podían ser ejecutados.
Familias y comunidades consideradas sospechosas fueron deportadas.
Los prisioneros de guerra soviéticos que regresaron después de haber sido capturados por Alemania podían ser investigados por las autoridades soviéticas.
La guerra fue una catástrofe humana de dimensiones gigantescas.
El asesinato de opositores en el extranjero
La represión soviética no se limitó al territorio de la URSS.
Los servicios secretos persiguieron a opositores en otros países.
El ejemplo más famoso fue Trotski.
En 1940, Ramón Mercader atacó a Trotski en su residencia de Ciudad de México con un piolet.
Trotski murió poco después.
Mercader fue condenado a prisión.
El asesinato eliminó a uno de los principales enemigos políticos históricos de Stalin.
¿Cuántas personas fueron asesinadas?
No existe una cifra única.
Durante décadas circularon estimaciones extremadamente elevadas que atribuían a Stalin decenas de millones de muertes directas.
La apertura de los archivos soviéticos permitió realizar cálculos más precisos.
Los historiadores distinguen entre:
ejecuciones;
muertes en el Gulag;
deportaciones;
hambrunas;
muertes relacionadas con la colectivización;
víctimas de operaciones militares y de guerra.
Si hablamos exclusivamente de ejecuciones políticas y criminales realizadas por el Estado, las cifras son mucho menores que el total de personas que murieron como consecuencia de las políticas estalinistas.
Si incluimos las hambrunas, deportaciones y otras formas de mortalidad vinculadas al régimen, el número asciende a millones.
Por eso es fundamental no presentar una cifra única como si existiera consenso absoluto.
¿Stalin fue peor que Hitler?
Es una comparación frecuente, pero históricamente complicada.
Ambos fueron dictadores responsables de asesinatos masivos.
Stalin construyó un sistema de represión política que asesinó, deportó y encarceló a millones.
Hitler desarrolló una política genocida basada en una ideología racial y lanzó una guerra de conquista que produjo una catástrofe mundial.
El Holocausto fue específicamente un proyecto de exterminio racial.
El sistema estalinista tuvo objetivos diferentes: consolidar el poder, eliminar opositores, transformar la economía y controlar la sociedad.
Ambos regímenes fueron extraordinariamente represivos, pero sus ideologías, objetivos y mecanismos no fueron idénticos.
La muerte de Stalin
Stalin murió el 5 de marzo de 1953 después de sufrir una hemorragia cerebral.
Su muerte provocó una lucha por el poder.
Finalmente, Nikita Jrushchov se convirtió en una de las figuras principales de la nueva dirección soviética.
En 1956, durante el XX Congreso del Partido Comunista, Jrushchov pronunció su famoso “Discurso secreto”, en el que denunció el culto a la personalidad y numerosos crímenes cometidos durante la época de Stalin.
Comenzó entonces la desestalinización.
Miles de presos fueron liberados.
Algunas víctimas fueron rehabilitadas.
La imagen oficial de Stalin comenzó a cambiar.
El legado
Stalin dejó una Unión Soviética transformada.
Durante su gobierno, el país pasó de ser una sociedad mayoritariamente rural a convertirse en una gran potencia industrial y militar.
La Unión Soviética derrotó a la Alemania nazi y emergió de la Segunda Guerra Mundial como una superpotencia.
Pero ese desarrollo tuvo un costo humano enorme.
Millones de personas fueron asesinadas, encarceladas, deportadas o murieron como consecuencia de políticas estatales.
El terror destruyó la libertad política y creó una sociedad dominada por el miedo.
Conclusión
Los asesinatos asociados al régimen de Stalin no fueron una serie de crímenes aislados.
Formaron parte de un sistema de represión política.
La policía secreta, las ejecuciones, los campos de trabajo, las deportaciones y las purgas fueron utilizados para eliminar enemigos reales o imaginarios y garantizar la supervivencia del poder de Stalin.
Quizás uno de los aspectos más inquietantes sea que muchas víctimas fueron acusadas de delitos inexistentes.
Un campesino podía ser considerado enemigo de clase.
Un militar podía ser acusado de conspiración.
Un dirigente comunista podía convertirse de repente en “traidor”.
Un ciudadano común podía ser denunciado por un vecino.
La maquinaria represiva no necesitaba pruebas sólidas.
Necesitaba obediencia.
Stalin murió en 1953, pero el trauma de sus políticas sobrevivió durante décadas.
Su gobierno demuestra que el asesinato político puede adquirir una dimensión aterradora cuando un Estado posee una policía secreta poderosa, controla la información, elimina la independencia judicial y convierte la sospecha en una razón suficiente para destruir la vida de una persona.
La historia de Stalin, por eso, no es solamente la historia de un dictador.
Es también la historia de cómo el poder absoluto puede convertir el miedo en una herramienta cotidiana de gobierno.
En el marco del maratón televisado de preguntas y respuestas que hace balance del año, el presidente ruso, Vladímir Putin, se ha referido al indulto que el presidente de EE.UU., Joe Biden, concedió a su hijo Hunter, calificándolo de “cosa muy sutil”.
En este contexto, el mandatario evocó “ejemplos” en la historia de Rusia, como el que queda reflejado en “el cuadro bien conocido ‘Iván el Terrible y su hijo'”, un óleo del pintor ruso Iliá Repin que representa al zar abrazando a su hijo Iván, después de haberlo golpeado fatalmente en un acceso de cólera.
Putin destacó que no se sabe con seguridad si el cuadro describe hechos históricos o se trata de una leyenda, pero subrayó que “no es una leyenda” lo que pasó con Iósif Stalin y su hijo durante la Gran Guerra Patria. Según recordó, el líder de la URSS rechazó la oferta de intercambiar a su hijo Yákov, que estaba cautivo de los fascistas, por el mariscal de campo nazi Friedrich Paulus.
“Dijo que no cambiaría a un soldado por un mariscal. Así fue la decisión de una persona”, señaló Putin.
“Pero, ¿qué tipo de situación vivían en aquellos tiempos? En nuestro país incluso la rendición se consideraba una traición […], porque entonces el Estado se enfrentaba no a una posible derrota, sino a una posible destrucción total, no solo del país, sino también de todo nuestro pueblo”, hizo hincapié Putin.
“Y en aquellos tiempos se trataba de la supervivencia de una etnia, de una nación”, reiteró, añadiendo que “las medidas adoptadas para lograr la Victoria fueron duras, si no crueles”.
Joe y Hunter Biden
“Y teniendo en cuenta este estado de ánimo en la sociedad, que aparentemente apoyaba el jefe de Estado, Stalin, esto no le dio la oportunidad de salvar a su hijo. Dijo lo que dijo e hizo lo que hizo”, recordó el presidente, al detallar que Yákov fue después ejecutado en un campo de concentración nazi.
“Mientras, Paulus fue utilizado en los juicios de Nuremberg. Cuando entró al salón, todos se quedaron sin aliento, nadie esperaba verlo allí”, añadió el mandatario ruso.
“Pero en cuanto a Biden, es un político. Y siempre es importante lo que prevalece en uno por dentro: si tiene más de político o más de persona. Resultó que hay más de persona en Biden. No lo culparía por eso”, concluyó Putin.
Está bien, usted dirá que me aprovecho de un blanco fácil como es la diputada Conti, sus extrañas ideas, su fanatismo, su admiración por Stalin y ahora con la intransigencia desmedida de regular el sufrimiento de nuestros primos los perros que son utilizados para carreras.
La intolerancia por contradecir a sus rivales políticos lleva esta dirigente a pisotear buenas ideas.
“Lo dije en comisión, lo hablé hoy con las proteccionistas y expliqué el porqué de mi oposición a esta ley. No se está votando ahora la prohibición de la carrera de los galgos. Se está votando la criminalización de argentinos y argentinas, la mayoría de bien, que encuentran un trabajo digno en ese tipo de actividad. Así que no se me coman las propaganditas que están pasando en la tele, porque esa no es la única verdad” dice la fanática kirchnerista en su alegato.
¿Dónde está la dignidad de una persona que trabaja en un ámbito donde se abusa de un animal? ¿Dónde está la criminalización de una persona que se encuentra cometiendo un delito?
La legisladora stanilista va más allá, enumerando tres motivos por los cuales considera que esta ley es bochornosa: “las autonomías no han delegado (en el Congreso) las facultades de policía ni las de sanidad ni de ningún otro tipo”
No se otorga una mueca de risa ya que es triste. La Argentina no puede permitirse el lujo de esperar a que un burócrata se
encomiende al congreso por encontrarse preocupado en cambiar el nombre de una calle u ocupando a cinco asistentes para promulgar una ley para considerar el 31 de febrero el Día Regional de la Banana Silvestre. La esclavitud, la trata de personas, la explotación de menores, si la diputada Conti piensa que es un ser superior debido a que tiene la facultad de emitir palabras y un can no, estamos frente a un escalofriante panorama.
Luego continúa: “Por eso hay provincias y municipios que tienen permitidas las carreras con tal regulación y otros que las tienen prohibidas; y así ha funcionado la Argentina”.
Así ha funcionado la Argentina. Así ha funcionado mal la Argentina. Así funcionan estas mentes retrógradas pero locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes – decía Einstein y todos sabemos cuan equivocado él estaba.
“Es inconstitucional que por una ley nacional se prohíban las carreras de galgos. También es inconstitucional y bochornoso y de fascistas poner una pena de hasta cuatro años de prisión -o sea, no excarcelable- a todo aquel que organice una carrera de galgos o la difunda”
Existe una ley nacional (14.346) entre cuyos artículos figuran los que serán considerados malos tratos. Entre estos se destaca someter a un animal para el trabajo mediante instrumentos que, no siendo de simple estímulo les provoquen sufrimiento o castigarlos duramente para causarles padecimientos, o suministrarles drogas o fármacos sin fines terapéuticos o de manejo sin indicaciones de médico veterinario.
Estos considerandos -según Conti- no aplican a los galgos a quienes les aplican diversos tipos de drogas para que expandan sus pulmones y desarrollen sus músculos, como bronco-dilatadores, hormonas de crecimiento, anabólicos, cócteles con sustancias prohibidas, efedrina, viagra y cocaína. Mantenerlos encerrados en pequeñas jaulas, colocarles piedras entre los dedos para perder o ganar según las escaladas de las apuestas, no dejarle beber hasta que termina la carrera rebajan -en el concepto de la dirigente ultra kirchnerista- a los animales a la categoría de objetos inanimados como puede ser una botella o un sacacorchos. Y una prueba de esto es que la señora Conti (otro día explicaré el verdadero significado de doctor) no le interesa saber que grupos de rescatistas de animales recuperan a los galgos que asustados vagan en los campos y basurales en los que fueron abandonados por haber alcanzado la vejez o víctimas de graves fracturas expuestas. Estos perros son rescatados golpeados, heridos, con quebraduras, desnutridos, agusanados, mutilados, preñados, con hambre y con miedo.
La ignorancia o poco respeto por la ley de la abogada Conti en notable ya que se considera acto de crueldad a prácticas como tiro a la paloma, riña de animales o de personas con animales, corridas de toros, novilladas y parodias, y todo otro acto similar que cause la muerte, se hiera u hostilice a los animales. Creo que ha quedado demostrado -en el caso de las carreras de perros- el fin al que arriban estos animales.
Conti -en su oscura agenda- porta una obcecación por la recuperación del poder para el kirchnerismo y no duda en transmitir su intolerancia a aquellos que, sin culpa, ni arrepentimientos hacen un culto de la barbarie. Pero -he de admitir- es coherente con sus pensamientos. Una mujer que declama su admiración por Iosif Vissarionovich Dzhugashvili, disparador de setenta millones de muertes, o profesa su devoción por Néstor y Cristina Kirchner abanderados del latrocinio más espectacular que un país supiera conocer, no puede tener una participación feliz cuando se trata del respeto y simpatía por otras vidas.
El terror como instrumento de poder
Putin, Joe Biden y Hunter Biden
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En este contexto, el mandatario evocó “ejemplos” en la historia de Rusia, como el que queda reflejado en “el cuadro bien conocido ‘Iván el Terrible y su hijo'”, un óleo del pintor ruso Iliá Repin que representa al zar abrazando a su hijo Iván, después de haberlo golpeado fatalmente en un acceso de cólera.
Putin destacó que no se sabe con seguridad si el cuadro describe hechos históricos o se trata de una leyenda, pero subrayó que “no es una leyenda” lo que pasó con Iósif Stalin y su hijo durante la Gran Guerra Patria. Según recordó, el líder de la URSS rechazó la oferta de intercambiar a su hijo Yákov, que estaba cautivo de los fascistas, por el mariscal de campo nazi Friedrich Paulus.
“Pero, ¿qué tipo de situación vivían en aquellos tiempos? En nuestro país incluso la rendición se consideraba una traición […], porque entonces el Estado se enfrentaba no a una posible derrota, sino a una posible destrucción total, no solo del país, sino también de todo nuestro pueblo”, hizo hincapié Putin.
“Y en aquellos tiempos se trataba de la supervivencia de una etnia, de una nación”, reiteró, añadiendo que “las medidas adoptadas para lograr la Victoria fueron duras, si no crueles”.
“Y teniendo en cuenta este estado de ánimo en la sociedad, que aparentemente apoyaba el jefe de Estado, Stalin, esto no le dio la oportunidad de salvar a su hijo. Dijo lo que dijo e hizo lo que hizo”, recordó el presidente, al detallar que Yákov fue después ejecutado en un campo de concentración nazi.
“Mientras, Paulus fue utilizado en los juicios de Nuremberg. Cuando entró al salón, todos se quedaron sin aliento, nadie esperaba verlo allí”, añadió el mandatario ruso.
“Pero en cuanto a Biden, es un político. Y siempre es importante lo que prevalece en uno por dentro: si tiene más de político o más de persona. Resultó que hay más de persona en Biden. No lo culparía por eso”, concluyó Putin.
PrisioneroEnArgentina.com
Diciembre 22, 2024
Diana Conti, o la prueba de que los animales no humanos son superiores al Hombre.
Está bien, usted dirá que me aprovecho de un blanco fácil como es la diputada Conti, sus extrañas ideas, su fanatismo, su admiración por Stalin y ahora con la intransigencia desmedida de regular el sufrimiento de nuestros primos los perros que son utilizados para carreras.
La intolerancia por contradecir a sus rivales políticos lleva esta dirigente a pisotear buenas ideas.
“Lo dije en comisión, lo hablé hoy con las proteccionistas y expliqué el porqué de mi oposición a esta ley. No se está votando ahora la prohibición de la carrera de los galgos. Se está votando la criminalización de argentinos y argentinas, la mayoría de bien, que encuentran un trabajo digno en ese tipo de actividad. Así que no se me coman las propaganditas que están pasando en la tele, porque esa no es la única verdad” dice la fanática kirchnerista en su alegato.
¿Dónde está la dignidad de una persona que trabaja en un ámbito donde se abusa de un animal? ¿Dónde está la criminalización de una persona que se encuentra cometiendo un delito?
La legisladora stanilista va más allá, enumerando tres motivos por los cuales considera que esta ley es bochornosa: “las autonomías no han delegado (en el Congreso) las facultades de policía ni las de sanidad ni de ningún otro tipo”
encomiende al congreso por encontrarse preocupado en cambiar el nombre de una calle u ocupando a cinco asistentes para promulgar una ley para considerar el 31 de febrero el Día Regional de la Banana Silvestre. La esclavitud, la trata de personas, la explotación de menores, si la diputada Conti piensa que es un ser superior debido a que tiene la facultad de emitir palabras y un can no, estamos frente a un escalofriante panorama.
Luego continúa: “Por eso hay provincias y municipios que tienen permitidas las carreras con tal regulación y otros que las tienen prohibidas; y así ha funcionado la Argentina”.
“Es inconstitucional que por una ley nacional se prohíban las carreras de galgos. También es inconstitucional y bochornoso y de fascistas poner una pena de hasta cuatro años de prisión -o sea, no excarcelable- a todo aquel que organice una carrera de galgos o la difunda”
Existe una ley nacional (14.346) entre cuyos artículos figuran los que serán considerados malos tratos. Entre estos se destaca someter a un animal para el trabajo mediante instrumentos que, no siendo de simple estímulo les provoquen sufrimiento o castigarlos duramente para causarles padecimientos, o suministrarles drogas o fármacos sin fines terapéuticos o de manejo sin indicaciones de médico veterinario.
Estos considerandos -según Conti- no aplican a los galgos a quienes les aplican diversos tipos de drogas para que expandan sus pulmones y desarrollen sus músculos, como bronco-dilatadores, hormonas de crecimiento, anabólicos,
cócteles con sustancias prohibidas, efedrina, viagra y cocaína. Mantenerlos encerrados en pequeñas jaulas, colocarles piedras entre los dedos para perder o ganar según las escaladas de las apuestas, no dejarle beber hasta que termina la carrera rebajan -en el concepto de la dirigente ultra kirchnerista- a los animales a la categoría de objetos inanimados como puede ser una botella o un sacacorchos. Y una prueba de esto es que la señora Conti (otro día explicaré el verdadero significado de doctor) no le interesa saber que grupos de rescatistas de animales recuperan a los galgos que asustados vagan en los campos y basurales en los que fueron abandonados por haber alcanzado la vejez o víctimas de graves fracturas expuestas. Estos perros son rescatados golpeados, heridos, con quebraduras, desnutridos, agusanados, mutilados, preñados, con hambre y con miedo.
La ignorancia o poco respeto por la ley de la abogada Conti en notable ya que se considera acto de crueldad a prácticas como tiro a la paloma, riña de animales o de personas con animales, corridas de toros, novilladas y parodias, y todo otro acto similar que cause la muerte, se hiera u hostilice a los animales. Creo que ha quedado demostrado -en el caso de las carreras de perros- el fin al que arriban estos animales.
Conti -en su oscura agenda- porta una obcecación por la recuperación del poder para el kirchnerismo y no duda en transmitir su intolerancia a aquellos que, sin culpa, ni arrepentimientos hacen un culto de la barbarie. Pero -he de admitir- es coherente con sus pensamientos. Una mujer que declama su admiración por Iosif Vissarionovich Dzhugashvili, disparador de setenta millones de muertes, o profesa su devoción por Néstor y Cristina Kirchner abanderados del latrocinio más espectacular que un país supiera conocer, no puede tener una participación feliz cuando se trata del respeto y simpatía por otras vidas.
PrisioneroEnArgentina.com
Noviembre 17, 2016