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Por Jason Riccardo.

Estados Unidos enfrenta uno de los grandes interrogantes geopolíticos del siglo XXI: ¿podrá conservar su posición de superpotencia frente al ascenso de China? La respuesta más probable es , pero con una diferencia fundamental respecto del pasado. El mundo avanza hacia un sistema mucho más competitivo, en el que Washington ya no puede ejercer su influencia con la misma facilidad que después del final de la Guerra Fría.

Estados Unidos conserva ventajas extraordinarias. Su economía continúa siendo una de las mayores del planeta, posee un sistema financiero de enorme profundidad, empresas tecnológicas líderes y una capacidad militar que ningún otro país puede igualar globalmente. En 2026, las estimaciones de Global Firepower sitúan el presupuesto militar estadounidense muy por encima del chino.

Pero el poder estadounidense no depende solamente de los tanques, los aviones o los portaaviones. Uno de sus mayores instrumentos de poder es el dólar. El Fondo Monetario Internacional continúa reconociendo al dólar como moneda de reserva mundial, una posición que proporciona a Washington una enorme influencia sobre el sistema financiero internacional.

Ese privilegio permite a Estados Unidos financiarse en su propia moneda y utilizar el sistema financiero como instrumento de política exterior. Las sanciones económicas, por ejemplo, pueden afectar profundamente a gobiernos y empresas de otros países.

China, sin embargo, constituye el desafío más importante. Beijing posee una enorme capacidad industrial, una población mucho mayor y reservas internacionales superiores a las estadounidenses. Sus reservas de divisas superan actualmente los 3,4 billones de dólares.

La competencia ya no se limita a la economía. Estados Unidos y China disputan el liderazgo en inteligencia artificial, semiconductores, energía, telecomunicaciones, espacio y tecnologías militares. La batalla por las industrias del futuro podría determinar quién tendrá mayor influencia durante la segunda mitad del siglo.

Sin embargo, China también enfrenta problemas importantes. Su economía tiene dificultades vinculadas al consumo interno, el sector inmobiliario y la demografía. Incluso el yuan, pese a los esfuerzos de Beijing por internacionalizarlo, todavía está lejos de reemplazar al dólar como principal moneda internacional.

El mayor peligro para Estados Unidos quizá no sea China, sino sus propios problemas internos. El enorme déficit fiscal, la creciente deuda pública, la polarización política y las dificultades para alcanzar acuerdos nacionales pueden limitar su capacidad de actuar estratégicamente. Fitch mantiene la calificación estadounidense en AA+, pero advierte sobre los riesgos fiscales y proyecta un crecimiento más lento en 2026-2027.

También existe una cuestión de confianza. Una superpotencia necesita aliados. Europa, Japón, Corea del Sur, Australia, Canadá y numerosos países latinoamericanos continúan teniendo importantes vínculos con Washington, pero las disputas comerciales y los cambios bruscos de política exterior pueden llevar a algunos socios a buscar mayor autonomía.

Aun así, resulta prematuro hablar del fin del poder estadounidense. Un índice de poder global publicado por Boston Consulting Group en 2026 coloca a Estados Unidos prácticamente empatado con China en poder agregado, pero destaca que Washington conserva ventajas decisivas derivadas del tamaño de su economía y del papel internacional del dólar.

El futuro probablemente no será un siglo exclusivamente estadounidense ni exclusivamente chino. Será un mundo multipolar, con Estados Unidos y China como los dos grandes centros de poder, acompañados por India, Europa, Japón, Rusia y otras potencias regionales.

Estados Unidos seguirá siendo una superpotencia porque posee algo difícil de reproducir: una combinación de economía, tecnología, poder militar, universidades, innovación empresarial, recursos energéticos, influencia cultural, alianzas internacionales y una moneda utilizada por buena parte del planeta.

La verdadera pregunta será otra: ¿podrá Estados Unidos adaptarse a un mundo en el que ya no puede imponer unilateralmente las reglas?

Si consigue controlar sus desequilibrios fiscales, mantener su liderazgo tecnológico, fortalecer sus alianzas y conservar la confianza internacional en el dólar, probablemente seguirá siendo la potencia más influyente del planeta durante buena parte del siglo XXI.

Pero la era de una única superpotencia indiscutida parece estar terminando. El futuro apunta hacia una competencia permanente entre gigantes. Y en esa competencia, Estados Unidos continuará siendo —al menos por ahora— uno de los jugadores centrales.

PrisioneroEnArgentina.com

Setiembre 15, 2026