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Ricardo Balbín fue abogado y desarrolló prácticamente toda su carrera dentro del radicalismo. Fue diputado nacional en distintos períodos y llegó a ser candidato presidencial cuatro veces: en 1951, 1958, 1973 (marzo) y 1973 (septiembre).

Nunca consiguió llegar a la Casa Rosada, pero tuvo una influencia política enorme.

Su principal adversario durante décadas fue Juan Domingo Perón. Sin embargo, con el tiempo ambos comprendieron que la profunda división entre peronismo y antiperonismo estaba perjudicando al país.

Uno de los momentos más recordados ocurrió después de la muerte de Perón, en julio de 1974. Balbín pronunció un discurso en el Congreso que terminó con una frase histórica:

“Este viejo adversario despide a un amigo.”

Fue un gesto extraordinario en una Argentina profundamente polarizada.

Balbín también fue perseguido y encarcelado durante distintos gobiernos. En 1950 fue detenido por orden del gobierno peronista y pasó varios meses en prisión.

Durante la última dictadura militar, Balbín mantuvo una posición crítica pero también fue cuestionado posteriormente por sectores que consideraron que la dirigencia política no enfrentó suficientemente a los militares.

Murió el 9 de septiembre de 1981, sin llegar a ver el retorno de la democracia en 1983.

Su importancia histórica

Balbín no fue un gran presidente —porque nunca llegó a serlo—, pero sí fue uno de los grandes constructores de la democracia argentina.

Su legado más importante quizás sea haber comprendido, al final de su vida, que radicales y peronistas necesitaban dejar de verse como enemigos irreconciliables.

En ese sentido, su acercamiento a Perón y su posterior actitud durante la transición hacia la democracia anticiparon una idea fundamental: Argentina no podía progresar mientras sus principales fuerzas políticas intentaran destruirse mutuamente.

PrisioneroEnArgentina.com

Setiembre 3, 2026