Si una guerra nuclear comenzara hoy, en septiembre de 2026, la pregunta de quién ganaría tendría una respuesta muy distinta de la que podía darse durante la Guerra Fría. En realidad, en una guerra nuclear a gran escala no habría un ganador convencional. Incluso el país que conservara más fuerzas militares terminaría enfrentando una catástrofe económica, humana, ambiental y política de dimensiones extraordinarias.
El mundo posee actualmente unas 12.187 armas nucleares, de las cuales unas 9.745 están en arsenales militares potencialmente utilizables. Estados Unidos y Rusia continúan concentrando la enorme mayoría del arsenal mundial. SIPRI estima además que unas 4.012 ojivas están desplegadas con misiles o aeronaves y que más de 2.100 permanecen en un estado de alta alerta.
¿Quiénes entrarían en una guerra nuclear?
Los nueve Estados que poseen armas nucleares son Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte.
Sin embargo, una guerra mundial probablemente no comenzaría con los nueve países disparándose simultáneamente.
El escenario más peligroso sería una confrontación entre Estados Unidos y Rusia, porque ambos disponen de enormes arsenales y sistemas capaces de alcanzar prácticamente cualquier punto del planeta.
Un segundo escenario sería una guerra entre Estados Unidos y China, posiblemente originada por una crisis en Asia, especialmente alrededor de Taiwán.
Un tercer escenario extremadamente peligroso sería India-Pakistán. Aunque sus arsenales son mucho menores, una guerra convencional entre ambos países podría escalar hacia el empleo nuclear.
También existe el factor Corea del Norte, cuyo arsenal es pequeño en comparación con el estadounidense, ruso o chino, pero que introduce un elemento de incertidumbre particularmente peligroso.
Y existe un escenario de escalada en Medio Oriente que involucraría a Israel y potencialmente a otros países si una crisis regional llegara a un punto nuclear.
Estados Unidos contra Rusia: el peor escenario
Si Washington y Moscú se enfrentaran directamente, sería el escenario más destructivo.
Rusia posee aproximadamente 5.400 armas nucleares en su inventario total y Estados Unidos unas 5.000, según estimaciones recientes de la Federación de Científicos Americanos. China se encuentra bastante por detrás, aunque su arsenal está creciendo rápidamente.
Estados Unidos tendría enormes ventajas tecnológicas, económicas y logísticas. Su sistema militar global incluye submarinos nucleares, bombarderos estratégicos y misiles balísticos intercontinentales.
Rusia, sin embargo, conserva una capacidad nuclear suficiente para destruir Estados Unidos aunque sufriera un primer ataque devastador.
Ahí aparece el principio fundamental de la disuasión nuclear: la capacidad de responder después de recibir un ataque.
Un país puede perder una parte importante de sus armas y todavía conservar submarinos, misiles móviles u otros sistemas capaces de responder.
Por eso, un ataque nuclear contra una potencia nuclear no garantiza la victoria. Puede garantizar la destrucción de ambos.
¿Y China?
China es el tercer gran actor.
Su arsenal está creciendo y modernizándose rápidamente. SIPRI advierte que los nueve Estados nucleares están desarrollando o modernizando sus fuerzas, en un contexto de creciente competencia estratégica.
En una guerra entre Estados Unidos y China, Rusia podría intentar mantenerse al margen, apoyar políticamente a Pekín o aprovechar la situación. Pero si el conflicto estadounidense-chino se convirtiera en una guerra nuclear generalizada, las consecuencias serían mundiales.
China tampoco tendría que destruir completamente a Estados Unidos para provocar una catástrofe. Bastaría con ataques contra determinadas ciudades, instalaciones militares y centros económicos para producir enormes pérdidas humanas y económicas.
India y Pakistán: una guerra menor que podría convertirse en tragedia mundial
India y Pakistán representan otro peligro.
Sus arsenales son considerablemente inferiores a los de Estados Unidos y Rusia, pero ambos países poseen armas nucleares.
Las estimaciones de 2026 sitúan a India alrededor de 190 armas y a Pakistán alrededor de 170. India mantiene oficialmente una política de no primer uso, mientras Pakistán no mantiene la misma restricción.
Una guerra nuclear limitada entre ambos podría parecer mucho menor que una guerra entre Washington y Moscú.
Pero sería un error pensar que sus consecuencias quedarían restringidas al subcontinente.
Investigaciones científicas publicadas en Nature Food han demostrado que el humo producido por incendios urbanos provocados por explosiones nucleares podría entrar en la atmósfera, reducir la radiación solar y alterar gravemente la producción agrícola mundial.
El verdadero enemigo: el hambre
Ésta es quizás la parte menos conocida de una guerra nuclear.
Las explosiones matarían a millones de personas directamente. Pero posteriormente podrían morir muchas más por hambre, enfermedades, colapso sanitario y destrucción económica.
Un estudio dirigido por investigadores de Rutgers estimó que una guerra nuclear total entre Estados Unidos y Rusia podría provocar una crisis alimentaria capaz de causar la muerte por hambre de más de 5.000 millones de personas.
El fenómeno conocido como invierno nuclear podría reducir significativamente las temperaturas y la producción agrícola.
Eso significaría que un país que no hubiera sido bombardeado también podría sufrir.
Argentina, Brasil, Australia, Canadá, Europa, África y otras regiones podrían experimentar problemas con las cosechas, el comercio internacional, el transporte y los mercados alimentarios.
Por eso, una guerra nuclear no sería simplemente Estados Unidos contra Rusia.
Sería, en cierto sentido, la humanidad contra las consecuencias de sus propias armas.
¿Quién ganaría?
Si obligáramos a escoger un ganador militar en una guerra limitada, podríamos analizar factores como cantidad de armas, submarinos, sistemas de alerta, capacidad industrial, defensa aérea y capacidad de represalia.
Pero en una guerra nuclear estratégica entre las grandes potencias, esa comparación pierde buena parte de su significado.
Estados Unidos no podría conquistar Rusia después de una guerra nuclear. Rusia tampoco podría conquistar Estados Unidos. China no podría simplemente reemplazar a Washington como potencia mundial.
Las sociedades quedarían profundamente dañadas.
Incluso si uno de los países sufriera menos destrucción que otro, tendría que enfrentarse a una economía mundial colapsada, interrupciones comerciales, contaminación, desplazamientos masivos y una posible crisis alimentaria planetaria.
Por eso, la respuesta más realista es:
el ganador sería nadie.
¿Podría sobrevivir la civilización?
Sí. Una guerra nuclear no necesariamente significaría la desaparición inmediata de la especie humana. Pero una guerra global podría destruir una parte enorme de la población y hacer retroceder décadas o incluso siglos el desarrollo económico y tecnológico.
Además, las consecuencias podrían durar mucho más que las explosiones iniciales.
Investigaciones recientes incluso estudian cómo los cambios atmosféricos posteriores a una guerra nuclear podrían modificar la radiación ultravioleta y afectar la salud humana durante décadas.
La gran paradoja es que tener armas nucleares puede hacer menos probable una guerra directa entre grandes potencias, precisamente porque todos conocen el precio de utilizaras. Pero al mismo tiempo, cuantos más países posean armas nucleares y cuanto mayor sea la tensión internacional, mayores son las posibilidades de accidente, error de cálculo o escalada.
En 2026, el mundo continúa viviendo bajo esa paradoja.
Estados Unidos, Rusia y China son los protagonistas centrales. India y Pakistán mantienen un peligro regional muy serio. Corea del Norte añade incertidumbre. Israel representa otro factor estratégico importante.
Pero si alguna vez comenzara una guerra nuclear generalizada, la pregunta histórica probablemente no sería “¿quién ganó?”, sino:
Estados Unidos enfrenta uno de los grandes interrogantes geopolíticos del siglo XXI: ¿podrá conservar su posición de superpotencia frente al ascenso de China? La respuesta más probable es sí, pero con una diferencia fundamental respecto del pasado. El mundo avanza hacia un sistema mucho más competitivo, en el que Washington ya no puede ejercer su influencia con la misma facilidad que después del final de la Guerra Fría.
Estados Unidos conserva ventajas extraordinarias. Su economía continúa siendo una de las mayores del planeta, posee un sistema financiero de enorme profundidad, empresas tecnológicas líderes y una capacidad militar que ningún otro país puede igualar globalmente. En 2026, las estimaciones de Global Firepower sitúan el presupuesto militar estadounidense muy por encima del chino.
Pero el poder estadounidense no depende solamente de los tanques, los aviones o los portaaviones. Uno de sus mayores instrumentos de poder es el dólar. El Fondo Monetario Internacional continúa reconociendo al dólar como moneda de reserva mundial, una posición que proporciona a Washington una enorme influencia sobre el sistema financiero internacional.
Ese privilegio permite a Estados Unidos financiarse en su propia moneda y utilizar el sistema financiero como instrumento de política exterior. Las sanciones económicas, por ejemplo, pueden afectar profundamente a gobiernos y empresas de otros países.
China, sin embargo, constituye el desafío más importante. Beijing posee una enorme capacidad industrial, una población mucho mayor y reservas internacionales superiores a las estadounidenses. Sus reservas de divisas superan actualmente los 3,4 billones de dólares.
La competencia ya no se limita a la economía. Estados Unidos y China disputan el liderazgo en inteligencia artificial, semiconductores, energía, telecomunicaciones, espacio y tecnologías militares. La batalla por las industrias del futuro podría determinar quién tendrá mayor influencia durante la segunda mitad del siglo.
Sin embargo, China también enfrenta problemas importantes. Su economía tiene dificultades vinculadas al consumo interno, el sector inmobiliario y la demografía. Incluso el yuan, pese a los esfuerzos de Beijing por internacionalizarlo, todavía está lejos de reemplazar al dólar como principal moneda internacional.
El mayor peligro para Estados Unidos quizá no sea China, sino sus propios problemas internos. El enorme déficit fiscal, la creciente deuda pública, la polarización política y las dificultades para alcanzar acuerdos nacionales pueden limitar su capacidad de actuar estratégicamente. Fitch mantiene la calificación estadounidense en AA+, pero advierte sobre los riesgos fiscales y proyecta un crecimiento más lento en 2026-2027.
También existe una cuestión de confianza. Una superpotencia necesita aliados. Europa, Japón, Corea del Sur, Australia, Canadá y numerosos países latinoamericanos continúan teniendo importantes vínculos con Washington, pero las disputas comerciales y los cambios bruscos de política exterior pueden llevar a algunos socios a buscar mayor autonomía.
Aun así, resulta prematuro hablar del fin del poder estadounidense. Un índice de poder global publicado por Boston Consulting Group en 2026 coloca a Estados Unidos prácticamente empatado con China en poder agregado, pero destaca que Washington conserva ventajas decisivas derivadas del tamaño de su economía y del papel internacional del dólar.
El futuro probablemente no será un siglo exclusivamente estadounidense ni exclusivamente chino. Será un mundo multipolar, con Estados Unidos y China como los dos grandes centros de poder, acompañados por India, Europa, Japón, Rusia y otras potencias regionales.
Estados Unidos seguirá siendo una superpotencia porque posee algo difícil de reproducir: una combinación de economía, tecnología, poder militar, universidades, innovación empresarial, recursos energéticos, influencia cultural, alianzas internacionales y una moneda utilizada por buena parte del planeta.
La verdadera pregunta será otra: ¿podrá Estados Unidos adaptarse a un mundo en el que ya no puede imponer unilateralmente las reglas?
Si consigue controlar sus desequilibrios fiscales, mantener su liderazgo tecnológico, fortalecer sus alianzas y conservar la confianza internacional en el dólar, probablemente seguirá siendo la potencia más influyente del planeta durante buena parte del siglo XXI.
Pero la era de una única superpotencia indiscutida parece estar terminando. El futuro apunta hacia una competencia permanente entre gigantes. Y en esa competencia, Estados Unidos continuará siendo —al menos por ahora— uno de los jugadores centrales.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, advirtió este sábado en Dublin que el desarrollo de un eventual conflicto entre la Argentina y Reino Unido por las Islas Malvinas sería un “desastre potencial”.
Trump se mostró confiado en prevenir una escalada. Es decir, se declaró dispuesto a intervenir en la gran causa nacional de la Argentina,
El escenario elegido para estas declaraciones añade una densidad simbólica singular. Pronunciar palabras sobre nuestras islas en suelo irlandés —una nación profundamente marcada por su propia historia de autodeterminación e disputas territoriales con la Corona británica— otorga un eco particular al mensaje.
El mandatario republicano respondió preguntas durante una conferencia de prensa junto al primer ministro irlandés, Micheál Martin. “Las Islas Malvinas…acá vamos de nuevo”, introdujo Trump. “Son muy interesantes. El Reino Unido tiene algunos problemas con la inmigración, con la energía, así que no lo sé. No sé si estarán dispuestos a viajar tan lejos. Están muy lejos”, dijo al medio GB News.
Y añadio:
“Estoy seguro de que me llamarán para intervenir en ese potencial desastre. Pero si lo hacen, probablemente podré resolverlo. Pero ahora mismo hay dos países que no están contentos con la situación en las Malvinas”.
Torneo de golf
El jefe de la Casa Blanca mantuvo conversaciones el sábado en Dublín con su homóloga irlandesa, Catherine Connolly, durante una visita de fin de semana que tiene más que ver con un importante torneo de golf que se celebra en un campo de su propiedad en la costa atlántica del país. También se reunió con el primer ministro del país, Micheál Martin..
Trump pronunciará unas palabras ante líderes empresariales de ambos países en la residencia oficial del embajador de Estados Unidos en la capital irlandesa antes de viajar a su club de golf en Doonbeg, en la costa al otro lado del país, para ver el Irish Open.
Connolly es una política de izquierdas que estuvo entre quienes protestaron por la visita de Trump en 2019, durante su primer mandato. Ahora es la jefa de Estado electa de Irlanda, un cargo en gran medida ceremonial. Partidaria de la causa palestina, en el pasado criticó la política estadounidense en Oriente Medio y calificó a Trump de “abusón”.
La mandataria recibió a Trump al final de una alfombra roja en su residencia oficial. Se estrecharon la mano y conversaron antes de entrar. Trump salió apenas unos minutos después y saludó mientras una banda de las Fuerzas de Defensa de Irlanda interpretaba el himno nacional de Estados Unidos y pasó revista a una guardia de honor del Ejército irlandés.
Connolly se reunió luego con Trump al aire libre para presentar a las delegaciones de ambos países antes de volver al interior para su reunión a puerta cerrada.
La visita es el último ejemplo de la mezcla de las funciones oficiales de Trump con sus intereses personales.
En una versión del ultimátum iraní, se prohibiría el paso a los barcos estadounidenses e israelíes, a cualquier precio.
La versión más reciente no incluye esa exclusión. Y a Trump le gusta decir que casi no obtenemos petróleo del estrecho, lo cual es cierto. (Sin embargo, sí obtenemos bastante fertilizante y helio, que se usa para enfriar las máquinas de resonancia magnética y fabricar chips), algo que, como siempre, descubrirá por las malas).
Como solo le importa él mismo, podría fácilmente ignorar las tasas diciendo que son problema de otros.
Pero es en este punto donde el problema se convierte en suyo. Otros países con estrechos pasos marítimos observan atentamente cómo se desarrolla la situación. Según se informa, Indonesia está muy interesada en cobrar tasas por el paso por el estrecho de Malaca. Y buena suerte explicando a un aliado por qué ellos no pueden cobrar tasas, pero nuestro enemigo sí.
Y entonces la cosa se complica aún más. El Tratado sobre el Derecho del Mar prohíbe el cobro de peajes. Sin embargo, adivinen dos de los países que no han firmado:
Sí, Estados Unidos e Irán. Así que será difícil usar eso como arma contra Teherán.
Además, ese mismo tratado dice que SÍ se pueden cobrar tarifas, pero deben ser por servicios prestados (como en el sistema de esclusas del Canal de Panamá) y no peajes disfrazados.
Creo que Irán tiene argumentos sólidos. Señalar dónde no hay minas seguramente le reportará algún beneficio económico.
¿Pero cuál es la propuesta de Indonesia?
Así que Trump podría terminar enriqueciendo a la gente que quería aniquilar y perjudicando a la gente que… bueno, probablemente desconoce. O que cree que forma parte de la India.
En cualquier caso, esto no es tan simple como que diga “No me molesta” y ponga oro en cualquier superficie plana que quede en el área de Washington D.C.
Repasen brevemente el historial de Trump y verán rápidamente un patrón.
Elige un objetivo débil. Ataca a ese objetivo débil. El objetivo débil se rinde y le da dinero. Elige el siguiente objetivo débil. Repite el ciclo.
Netanayau lleva 30 años gritando que Irán está a 30 días de tener armas nucleares.
Obama llegó a un acuerdo para impedir que Irán desarrollara armas nucleares.
Trump rompió el acuerdo y ahora intenta obligar a Irán a volver a negociar.
Trump eligió a Irán como objetivo. Sin un plan de ataque, el ejército estadounidense atacó a Irán. Trump esperaba que Irán se rindiera y cediera, pero se burlaron de él.
Ahora, Trump no sabe qué hacer. Nunca en su vida se ha topado con nadie que le plante cara, y como el matón que es, cuando alguien se le opone, se derrumba.
Trump perdió la guerra contra Irán antes de que se lanzara la primera bomba. ¿Por qué?
Sin objetivo Sin plan de ataque En la guerra, estos dos elementos marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso.
La guerra entre Trump e Irán demuestra que no es más que un matón que está fuera de su alcance. El problema es que, si se retira ahora, no parecerá el dictador fuerte que ha proyectado a lo largo de su vida. El dictador fuerte que siempre gana.
Sufre de demencia avanzada y problemas cardíacos. La Casa Blanca intenta ocultarlo, pero todos ven las señales de que no sobrevivirá al año.
Los clásicos contractualistas Hobbes, Locke y Rousseau, en los siglos XVII y XVIII, sentaron las bases del contrato social como pacto racional para salir del estado de naturaleza. Este acuerdo fundacional establecía los términos de convivencia, autoridad y legitimidad del poder político.
I°)El contrato social renovado global:
El Informe del Secretario General de la ONU de 2021 :“Nuestra Agenda Común”, se propone repensar el orden internacional, ampliando la idea de derechos y deberes, reconociendo nuevos actores, nuevas tecnologías y nuevos riesgos globales. En ese documento se afirma que «es hora de renovar el contrato social entre los Gobiernos y la población, y dentro de cada sociedad, para restaurar la confianza y abrazar una concepción amplia de los derechos humanos. La gente necesita resultados concretos en su vida cotidiana».
Este “nuevo contrato social global” propuesto por las Naciones Unidas ya no se basa en la soberanía individual frente al Estado, sino en una red de relaciones digitales, algorítmicas y transnacionales. Impulsa una forma de multilateralismo más interconectado, inclusivo y eficaz. Su eje central es una ampliación de los derechos humanos, y sus características principales son: presencia mundial, digitalización, sostenibilidad ecológica y enfoque en el bienestar colectivo. No obstante, su implementación genera debates intensos sobre legitimidad democrática, concentración de poder y libertad individual.
Los desafíos que los críticos a este proyecto hacen mención, se manifiestan en:
La violación al principio de subsidiariedad por la pérdida de soberanía nacional en la intervención de organismos supranacionales sin control democrático directo.
El poder de la tecnocracia global que se encuentra representada por el rol creciente de grandes empresas tecnológicas que influyen en decisiones sociales fundamentales.
La vigilancia digital debilita las libertades civiles bajo el pretexto del bien común.
La asimetría de influencia dado que los países no participan con igualdad de poder en este proyecto ni en las decisiones multilaterales.
Los principios estructurales del nuevo contrato social pueden estar resumidos en:
Derechos humanos actualizados: incluyendo derechos digitales, climáticos y sanitarios.
Justicia intergeneracional: decisiones actuales deben considerar a las generaciones futuras.
Solidaridad global: nuevo sentido de corresponsabilidad mundial, entre los Estados, pueblos y actores no estatales.
Equidad: reducción de desigualdades y acceso universal a servicios esenciales.
Ciencia y tecnología con ética: gobernanza reguladas, inclusivas y al servicio de la humanidad.
El objetivo de los promotores de este proyecto es, proponer una renovación profunda del tradicional contrato social y del sistema multilateral global, para responder a los grandes desafíos del siglo XXI: pérdida de confianza institucional, desigualdad, crisis climática, disrupción tecnológica, pandemias, etc. Es decir, redefinir las relaciones entre individuos, gobiernos, empresas y organismos internacionales.
Tres pilares centrales conforman este dispositivo propuesto en el capítulo II de dicho documento «Nosotros los pueblos: un contrato social renovado, con los derechos humanos como eje»: a) la confianza; b) la inclusión, la protección y la participación; y c) la medición y la valoración de lo que es importante para las personas y el planeta.
II°) Gobernanza Global
El marco institucional que se propone para regular este nuevo contrato social es una Gobernanza Global más efectiva y legítima. Este dispositivo no es un gobierno mundial, sino un conjunto de normas, instituciones y mecanismos multilaterales que buscan coordinar la respuesta global a problemas que superan las fronteras nacionales, como, por ejemplo: pandemias, crisis climáticas, flujos financieros, ciberseguridad, inteligencia artificial, amenazas digitales, etc. Tiene como objetivos:
Mantener la paz y la seguridad internacional
Fomentar el desarrollo sostenible
Proteger los bienes comunes globales
Regular los flujos económicos y financieros
Gestionar los riesgos globales compartidos
Promover los derechos humanos y la justicia global
Regular la transformación digital global
La gobernanza global trasciende la soberanía nacional tradicional al establecer mecanismos de regulación y justicia no estatales. Esto plantea riesgos de degradación de la independencia judicial nacional, si actores transnacionales interfieren en los procesos sin control democrático. Genera tensiones con el principio del margen de interpretación de las convenciones, y particularmente con el derecho penal clásico (por extensión en los juicios de lesa humanidad). Recordando que, la Corte Penal Internacional, es ya un organismo de gobernanza global con autoridad para juzgar crímenes internacionales, pero su legitimidad es disputada por Estados que no la reconocen (USA, Rusia, China…).
La gobernanza global impulsa la idea de ampliar los ámbitos de responsabilidad penal internacional, incluyendo:
Empresas transnacionales (por crímenes ambientales masivos o experimentación genética sin consentimiento).
Plataformas digitales, instituciones financieras y actores no estatales con poder real (por vulneraciones a derechos fundamentales).
Este enfoque desafía la visión tradicional de la responsabilidad penal (juicios de lesa humanidad) históricamente centrada en los agentes del Estado y organizaciones armadas. Se busca redefinir las nociones de dignidad, libertad y seguridad humanas. Esto exige una expansión del derecho internacional penal para que los crímenes de lesa humanidad incluyan nuevas formas de violencia estructural, cuyo autor puede ser el Estado o actores transnacionales.
Entre los desafíos y retos de la Gobernanza Global se pueden mencionar: la falta de la legitimidad democrática dado que las decisiones globales se toman en espacios no electos; desconfianza ciudadana por la imposición de decisiones de un gobierno desde arriba, tecnocracia, desigualdad de poder de incidir en decisiones claves de los pequeños países.
Finalmente,
La transformación del contrato social clásico hacia un nuevo contrato social global plantea una reconfiguración profunda de las relaciones de poder, legitimidad y justicia en el siglo XXI. La gobernanza global emerge como una arquitectura normativa que busca responder a riesgos comunes de forma cooperativa y efectiva. Sin embargo, esta arquitectura debe ser evaluada críticamente en términos de democracia, equidad y rendición de cuentas.
La convergencia entre nuevo contrato social, gobernanza global y justicia internacional, sin las garantías y protección de los DDHH, facilitará las violaciones del principio de legalidad y del Estado de Derecho, especialmente cuando la expansión de derechos y la universalización de la justicia se hace sin mecanismos legítimos, claros y democráticos.
El desafío no es solo técnico, sino profundamente político y filosófico: ¿podemos construir un orden global justo, inclusivo y legítimo sin sacrificar la soberanía política y jurídica de los Estados, ni los principios fundamentales del Estado de derecho?
Yo elegí defender el Estado de Derecho y los Derechos Humanos de todos por igual. Los iniciadores de este dispositivo, al estado actual, no.
Prof. Mario Sandoval
Presidente de Casppa France
1- Mario Sandoval, francés, nació en Buenos Aires. Formación y actividades en ciencias políticas, filosofía, habiendo ocupado funciones en los sectores públicos y privados, la docencia superior y consultorías, a nivel nacional e internacional, en los campos de las relaciones internacionales, la geopolítica. Detenido arbitrariamente por la Argentina, actualmente privado de libertad en la prisión de alta seguridad de la U34 del SPF. Presidente de Casppa-France.
2-Nuestra Agenda Común de 2021, informe del Secretario General de la ONU.
3-In página 3 del Informe del secretario general sobre Nuestra Agenda Común de 2021.
4-La justicia es una dimensión esencial del contrato social. En cualquier parte del mundo, la desconfianza aumenta cuando las personas experimentan la desigualdad y la corrupción, y cuando perciben que el Estado y sus instituciones las tratan injustamente. En la Agenda 2030 se hace la promesa de promover el estado de derecho y garantizar el acceso a la justicia para todos (meta 16.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible), pero muchos sistemas de justicia funcionan solo para unos pocos.
5- La solidaridad es el valor fundamental “en virtud del cual hay que hacer frente a los problemas mundiales de tal manera que se distribuyan equitativamente los costos y cargas de conformidad con los principios básicos de la equidad y la justicia social y haciendo que quienes sufren o se benefician menos reciban ayuda de quienes se benefician más” (resolución 57/213 de la Asamblea General).
La embajada de China en Argentina cuestionó este viernes la “intromisión” de EE.UU. en su relación con Argentina, y le acusó de utilizar “lugares comunes, prejuicios y manipulaciones propias de la Doctrina Monroe”.
Claver – Carone
A través de un comunicado, la sede diplomática del gigante asiático cuestionó las recientes declaraciones del enviado especial de EE.UU. para América Latina, Mauricio Claver-Carone, quien había criticado el acuerdo de ‘swap’ (intercambio) de monedas entre Pekín y Buenos Aires.
“Queremos que eventualmente termine la famosa línea de crédito que tiene la Argentina con China”, había dicho Claver-Carone en una conferencia en el Miami Dade College.
A raíz de ello, China consideró “inaceptable” que se imponga a otros países responder a “órdenes” de la Casa Blanca, y añadió: “No es propio de la supuesta libertad que dicen defender, sino que significa someterlos a una mayor falta de esa libertad”.
La embajada remarcó en su mensaje que el vínculo entre China y Argentina con el ‘swap’ de monedas es una “cooperación mutuamente beneficiosa” decidida de forma “autónoma por dos naciones soberanas”. Por esa razón, señalaron, “la parte estadounidense no tiene derecho a cuestionarlo y señalarlo con el dedo”.
El comunicado cierra con la frase “¡Adiós, Carone!”, una alusión irónica a la noticia de que el diplomático norteamericano dejará su cargo como enviado especial para América Latina.
El presidente de EE.UU., Donald Trump, solicitará al Congreso del país un presupuesto récord de seguridad nacional de 1,01 billones de dólares para el año fiscal que comenzará el 1 de octubre, informó este viernes la prensa, citando a funcionarios de la Casa Blanca familiarizados con el asunto.
Los fondos asignados, que representan un 13 % más de la cifra actual, financiará el proyecto de defensa antimisiles Cúpula de Oro (‘Golden Dome’, en inglés), la construcción naval y la modernización nuclear, y la seguridad fronteriza, así como un aumento salarial para los militares entre otras cuestiones.
Al principio de la guerra (después de Pearl Harbor), se le pidió al alto mando estadounidense que llevara a cabo una serie de simulacros de guerra y posibles escenarios. El objetivo era buscar la mejor estrategia y qué tipo de ejército se podrían desarrollar. Analizaron una estrategia centrada en la marina que se focalizara en la construcción de barcos y fuerzas anfibias, etc. Se concentraron en una estrategia aérea con mucha adquisición de aluminio y el desarrollo de bases aéreas adicionales, etc. Terminaron con un enfoque de armas combinadas.
Bueno, aquí es donde se pone interesante. Uno de los escenarios analizados fue una estrategia defensiva basada en la posibilidad teórica de una victoria total del Eje, especialmente de los japoneses. Los alemanes ganan en Europa, mientras que los japoneses simplemente bombardean nuestra marina y toman Hawái. Este escenario contemplaba a los japoneses invadiendo la costa oeste, por improbable que parezca.
Así que en el escenario “defensivo”, EE. UU. prácticamente abandona la Armada, excepto para la defensa costera (submarinos, destructores, lanchas rápidas, etc.) y debilita la Fuerza Aérea ofensivamente y se concentra en la defensa (cazas). Se pone un gran énfasis en las fuerzas terrestres del Ejército y especialmente en los blindados. Un grupo de expertos propuso… escuchen esto… un Ejército de 200 divisiones completamente compuesto de divisiones blindadas. La mayor parte de la producción se cambiaría para hacer esto.
200 divisiones blindadas sin divisiones de infantería, la infantería sería orgánica en los blindados, así como la artillería, etc. La idea es alucinante. Alemania invadió la URSS con aproximadamente 19 divisiones blindadas y 5 motorizadas, la URSS tenía aproximadamente 50 al final de la Segunda Guerra Mundial. EE. UU. tenía ese tipo de potencial económico en ese momento, y todo eso habría tenido que ser utilizado. La estrategia básicamente exigía dejar que los japoneses desembarcaran (o los alemanes) un Ejército y luego aniquilarlos con un Tsunami de Blindados.
Obviamente, el plan se abandonó, una de las razones fue que Estados Unidos sufriría ineficiencias en la producción, ya que no todas las fábricas estaban preparadas para ello. Otra razón fue que el plan tenía poca relación con la realidad, ya que el Eje simplemente no tenía los medios para invadir América del Norte.
Guerra nuclear hoy: ¿quiénes se enfrentarían y quién ganaría?
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Si una guerra nuclear comenzara hoy, en septiembre de 2026, la pregunta de quién ganaría tendría una respuesta muy distinta de la que podía darse durante la Guerra Fría. En realidad, en una guerra nuclear a gran escala no habría un ganador convencional. Incluso el país que conservara más fuerzas militares terminaría enfrentando una catástrofe económica, humana, ambiental y política de dimensiones extraordinarias.
El mundo posee actualmente unas 12.187 armas nucleares, de las cuales unas 9.745 están en arsenales militares potencialmente utilizables. Estados Unidos y Rusia continúan concentrando la enorme mayoría del arsenal mundial. SIPRI estima además que unas 4.012 ojivas están desplegadas con misiles o aeronaves y que más de 2.100 permanecen en un estado de alta alerta.
¿Quiénes entrarían en una guerra nuclear?
Los nueve Estados que poseen armas nucleares son Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte.
Sin embargo, una guerra mundial probablemente no comenzaría con los nueve países disparándose simultáneamente.
El escenario más peligroso sería una confrontación entre Estados Unidos y Rusia, porque ambos disponen de enormes arsenales y sistemas capaces de alcanzar prácticamente cualquier punto del planeta.
Un segundo escenario sería una guerra entre Estados Unidos y China, posiblemente originada por una crisis en Asia, especialmente alrededor de Taiwán.
Un tercer escenario extremadamente peligroso sería India-Pakistán. Aunque sus arsenales son mucho menores, una guerra convencional entre ambos países podría escalar hacia el empleo nuclear.
También existe el factor Corea del Norte, cuyo arsenal es pequeño en comparación con el estadounidense, ruso o chino, pero que introduce un elemento de incertidumbre particularmente peligroso.
Y existe un escenario de escalada en Medio Oriente que involucraría a Israel y potencialmente a otros países si una crisis regional llegara a un punto nuclear.
Estados Unidos contra Rusia: el peor escenario
Si Washington y Moscú se enfrentaran directamente, sería el escenario más destructivo.
Rusia posee aproximadamente 5.400 armas nucleares en su inventario total y Estados Unidos unas 5.000, según estimaciones recientes de la Federación de Científicos Americanos. China se encuentra bastante por detrás, aunque su arsenal está creciendo rápidamente.
Estados Unidos tendría enormes ventajas tecnológicas, económicas y logísticas. Su sistema militar global incluye submarinos nucleares, bombarderos estratégicos y misiles balísticos intercontinentales.
Rusia, sin embargo, conserva una capacidad nuclear suficiente para destruir Estados Unidos aunque sufriera un primer ataque devastador.
Ahí aparece el principio fundamental de la disuasión nuclear: la capacidad de responder después de recibir un ataque.
Un país puede perder una parte importante de sus armas y todavía conservar submarinos, misiles móviles u otros sistemas capaces de responder.
Por eso, un ataque nuclear contra una potencia nuclear no garantiza la victoria. Puede garantizar la destrucción de ambos.
¿Y China?
China es el tercer gran actor.
Su arsenal está creciendo y modernizándose rápidamente. SIPRI advierte que los nueve Estados nucleares están desarrollando o modernizando sus fuerzas, en un contexto de creciente competencia estratégica.
En una guerra entre Estados Unidos y China, Rusia podría intentar mantenerse al margen, apoyar políticamente a Pekín o aprovechar la situación. Pero si el conflicto estadounidense-chino se convirtiera en una guerra nuclear generalizada, las consecuencias serían mundiales.
China tampoco tendría que destruir completamente a Estados Unidos para provocar una catástrofe. Bastaría con ataques contra determinadas ciudades, instalaciones militares y centros económicos para producir enormes pérdidas humanas y económicas.
India y Pakistán: una guerra menor que podría convertirse en tragedia mundial
India y Pakistán representan otro peligro.
Sus arsenales son considerablemente inferiores a los de Estados Unidos y Rusia, pero ambos países poseen armas nucleares.
Las estimaciones de 2026 sitúan a India alrededor de 190 armas y a Pakistán alrededor de 170. India mantiene oficialmente una política de no primer uso, mientras Pakistán no mantiene la misma restricción.
Una guerra nuclear limitada entre ambos podría parecer mucho menor que una guerra entre Washington y Moscú.
Pero sería un error pensar que sus consecuencias quedarían restringidas al subcontinente.
Investigaciones científicas publicadas en Nature Food han demostrado que el humo producido por incendios urbanos provocados por explosiones nucleares podría entrar en la atmósfera, reducir la radiación solar y alterar gravemente la producción agrícola mundial.
El verdadero enemigo: el hambre
Ésta es quizás la parte menos conocida de una guerra nuclear.
Las explosiones matarían a millones de personas directamente. Pero posteriormente podrían morir muchas más por hambre, enfermedades, colapso sanitario y destrucción económica.
Un estudio dirigido por investigadores de Rutgers estimó que una guerra nuclear total entre Estados Unidos y Rusia podría provocar una crisis alimentaria capaz de causar la muerte por hambre de más de 5.000 millones de personas.
El fenómeno conocido como invierno nuclear podría reducir significativamente las temperaturas y la producción agrícola.
Eso significaría que un país que no hubiera sido bombardeado también podría sufrir.
Argentina, Brasil, Australia, Canadá, Europa, África y otras regiones podrían experimentar problemas con las cosechas, el comercio internacional, el transporte y los mercados alimentarios.
Por eso, una guerra nuclear no sería simplemente Estados Unidos contra Rusia.
Sería, en cierto sentido, la humanidad contra las consecuencias de sus propias armas.
¿Quién ganaría?
Si obligáramos a escoger un ganador militar en una guerra limitada, podríamos analizar factores como cantidad de armas, submarinos, sistemas de alerta, capacidad industrial, defensa aérea y capacidad de represalia.
Pero en una guerra nuclear estratégica entre las grandes potencias, esa comparación pierde buena parte de su significado.
Estados Unidos no podría conquistar Rusia después de una guerra nuclear. Rusia tampoco podría conquistar Estados Unidos. China no podría simplemente reemplazar a Washington como potencia mundial.
Las sociedades quedarían profundamente dañadas.
Incluso si uno de los países sufriera menos destrucción que otro, tendría que enfrentarse a una economía mundial colapsada, interrupciones comerciales, contaminación, desplazamientos masivos y una posible crisis alimentaria planetaria.
Por eso, la respuesta más realista es:
el ganador sería nadie.
¿Podría sobrevivir la civilización?
Sí. Una guerra nuclear no necesariamente significaría la desaparición inmediata de la especie humana. Pero una guerra global podría destruir una parte enorme de la población y hacer retroceder décadas o incluso siglos el desarrollo económico y tecnológico.
Además, las consecuencias podrían durar mucho más que las explosiones iniciales.
Investigaciones recientes incluso estudian cómo los cambios atmosféricos posteriores a una guerra nuclear podrían modificar la radiación ultravioleta y afectar la salud humana durante décadas.
La gran paradoja es que tener armas nucleares puede hacer menos probable una guerra directa entre grandes potencias, precisamente porque todos conocen el precio de utilizaras. Pero al mismo tiempo, cuantos más países posean armas nucleares y cuanto mayor sea la tensión internacional, mayores son las posibilidades de accidente, error de cálculo o escalada.
En 2026, el mundo continúa viviendo bajo esa paradoja.
Estados Unidos, Rusia y China son los protagonistas centrales. India y Pakistán mantienen un peligro regional muy serio. Corea del Norte añade incertidumbre. Israel representa otro factor estratégico importante.
Pero si alguna vez comenzara una guerra nuclear generalizada, la pregunta histórica probablemente no sería “¿quién ganó?”, sino:
“¿Cómo consiguió la humanidad sobrevivir?”
¿Seguirá Estados Unidos siendo una superpotencia?
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Estados Unidos enfrenta uno de los grandes interrogantes geopolíticos del siglo XXI: ¿podrá conservar su posición de superpotencia frente al ascenso de China? La respuesta más probable es sí, pero con una diferencia fundamental respecto del pasado. El mundo avanza hacia un sistema mucho más competitivo, en el que Washington ya no puede ejercer su influencia con la misma facilidad que después del final de la Guerra Fría.
Estados Unidos conserva ventajas extraordinarias. Su economía continúa siendo una de las mayores del planeta, posee un sistema financiero de enorme profundidad, empresas tecnológicas líderes y una capacidad militar que ningún otro país puede igualar globalmente. En 2026, las estimaciones de Global Firepower sitúan el presupuesto militar estadounidense muy por encima del chino.
Pero el poder estadounidense no depende solamente de los tanques, los aviones o los portaaviones. Uno de sus mayores instrumentos de poder es el dólar. El Fondo Monetario Internacional continúa reconociendo al dólar como moneda de reserva mundial, una posición que proporciona a Washington una enorme influencia sobre el sistema financiero internacional.
Ese privilegio permite a Estados Unidos financiarse en su propia moneda y utilizar el sistema financiero como instrumento de política exterior. Las sanciones económicas, por ejemplo, pueden afectar profundamente a gobiernos y empresas de otros países.
China, sin embargo, constituye el desafío más importante. Beijing posee una enorme capacidad industrial, una población mucho mayor y reservas internacionales superiores a las estadounidenses. Sus reservas de divisas superan actualmente los 3,4 billones de dólares.
La competencia ya no se limita a la economía. Estados Unidos y China disputan el liderazgo en inteligencia artificial, semiconductores, energía, telecomunicaciones, espacio y tecnologías militares. La batalla por las industrias del futuro podría determinar quién tendrá mayor influencia durante la segunda mitad del siglo.
El mayor peligro para Estados Unidos quizá no sea China, sino sus propios problemas internos. El enorme déficit fiscal, la creciente deuda pública, la polarización política y las dificultades para alcanzar acuerdos nacionales pueden limitar su capacidad de actuar estratégicamente. Fitch mantiene la calificación estadounidense en AA+, pero advierte sobre los riesgos fiscales y proyecta un crecimiento más lento en 2026-2027.
También existe una cuestión de confianza. Una superpotencia necesita aliados. Europa, Japón, Corea del Sur, Australia, Canadá y numerosos países latinoamericanos continúan teniendo importantes vínculos con Washington, pero las disputas comerciales y los cambios bruscos de política exterior pueden llevar a algunos socios a buscar mayor autonomía.
Aun así, resulta prematuro hablar del fin del poder estadounidense. Un índice de poder global publicado por Boston Consulting Group en 2026 coloca a Estados Unidos prácticamente empatado con China en poder agregado, pero destaca que Washington conserva ventajas decisivas derivadas del tamaño de su economía y del papel internacional del dólar.
El futuro probablemente no será un siglo exclusivamente estadounidense ni exclusivamente chino. Será un mundo multipolar, con Estados Unidos y China como los dos grandes centros de poder, acompañados por India, Europa, Japón, Rusia y otras potencias regionales.
Estados Unidos seguirá siendo una superpotencia porque posee algo difícil de reproducir: una combinación de economía, tecnología, poder militar, universidades, innovación empresarial, recursos energéticos, influencia cultural, alianzas internacionales y una moneda utilizada por buena parte del planeta.
La verdadera pregunta será otra: ¿podrá Estados Unidos adaptarse a un mundo en el que ya no puede imponer unilateralmente las reglas?
Si consigue controlar sus desequilibrios fiscales, mantener su liderazgo tecnológico, fortalecer sus alianzas y conservar la confianza internacional en el dólar, probablemente seguirá siendo la potencia más influyente del planeta durante buena parte del siglo XXI.
Pero la era de una única superpotencia indiscutida parece estar terminando. El futuro apunta hacia una competencia permanente entre gigantes. Y en esa competencia, Estados Unidos continuará siendo —al menos por ahora— uno de los jugadores centrales.
“Desastre potencial”
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El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, advirtió este sábado en Dublin que el desarrollo de un eventual conflicto entre la Argentina y Reino Unido por las Islas Malvinas sería un “desastre potencial”.
Trump se mostró confiado en prevenir una escalada. Es decir, se declaró dispuesto a intervenir en la gran causa nacional de la Argentina,
El escenario elegido para estas declaraciones añade una densidad simbólica singular. Pronunciar palabras sobre nuestras islas en suelo irlandés —una nación profundamente marcada por su propia historia de autodeterminación e disputas territoriales con la Corona británica— otorga un eco particular al mensaje.
Y añadio:
Torneo de golf
El jefe de la Casa Blanca mantuvo conversaciones el sábado en Dublín con su homóloga irlandesa, Catherine Connolly, durante una visita de fin de semana que tiene más que ver con un importante torneo de golf que se celebra en un campo de su propiedad en la costa atlántica del país. También se reunió con el primer ministro del país, Micheál Martin..
Trump pronunciará unas palabras ante líderes empresariales de ambos países en la residencia oficial del embajador de Estados Unidos en la capital irlandesa antes de viajar a su club de golf en Doonbeg, en la costa al otro lado del país, para ver el Irish Open.
Connolly es una política de izquierdas que estuvo entre quienes protestaron por la visita de Trump en 2019, durante su primer mandato. Ahora es la jefa de Estado electa de Irlanda, un cargo en gran medida ceremonial. Partidaria de la causa palestina, en el pasado criticó la política estadounidense en Oriente Medio y calificó a Trump de “abusón”.
La mandataria recibió a Trump al final de una alfombra roja en su residencia oficial. Se estrecharon la mano y conversaron antes de entrar. Trump salió apenas unos minutos después y saludó mientras una banda de las Fuerzas de Defensa de Irlanda interpretaba el himno nacional de Estados Unidos y pasó revista a una guardia de honor del Ejército irlandés.
Connolly se reunió luego con Trump al aire libre para presentar a las delegaciones de ambos países antes de volver al interior para su reunión a puerta cerrada.
La visita es el último ejemplo de la mezcla de las funciones oficiales de Trump con sus intereses personales.
¿Pagará Trump las tasas iraníes?
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En una versión del ultimátum iraní, se prohibiría el paso a los barcos estadounidenses e israelíes, a cualquier precio.
La versión más reciente no incluye esa exclusión. Y a Trump le gusta decir que casi no obtenemos petróleo del estrecho, lo cual es cierto. (Sin embargo, sí obtenemos bastante fertilizante y helio, que se usa para enfriar las máquinas de resonancia magnética y fabricar chips), algo que, como siempre, descubrirá por las malas).
Como solo le importa él mismo, podría fácilmente ignorar las tasas diciendo que son problema de otros.
Y entonces la cosa se complica aún más. El Tratado sobre el Derecho del Mar prohíbe el cobro de peajes. Sin embargo, adivinen dos de los países que no han firmado:
Sí, Estados Unidos e Irán. Así que será difícil usar eso como arma contra Teherán.
Además, ese mismo tratado dice que SÍ se pueden cobrar tarifas, pero deben ser por servicios prestados (como en el sistema de esclusas del Canal de Panamá) y no peajes disfrazados.
Creo que Irán tiene argumentos sólidos. Señalar dónde no hay minas seguramente le reportará algún beneficio económico.
¿Pero cuál es la propuesta de Indonesia?
Así que Trump podría terminar enriqueciendo a la gente que quería aniquilar y perjudicando a la gente que… bueno, probablemente desconoce. O que cree que forma parte de la India.
En cualquier caso, esto no es tan simple como que diga “No me molesta” y ponga oro en cualquier superficie plana que quede en el área de Washington D.C.
¿Ha perdido Trump el control de la guerra contra Irán?
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Repasen brevemente el historial de Trump y verán rápidamente un patrón.
Elige un objetivo débil.
Ataca a ese objetivo débil.
El objetivo débil se rinde y le da dinero.
Elige el siguiente objetivo débil.
Repite el ciclo.
Netanayau lleva 30 años gritando que Irán está a 30 días de tener armas nucleares.
Obama llegó a un acuerdo para impedir que Irán desarrollara armas nucleares.
Trump rompió el acuerdo y ahora intenta obligar a Irán a volver a negociar.
Sin un plan de ataque, el ejército estadounidense atacó a Irán.
Trump esperaba que Irán se rindiera y cediera, pero se burlaron de él.
Ahora, Trump no sabe qué hacer. Nunca en su vida se ha topado con nadie que le plante cara, y como el matón que es, cuando alguien se le opone, se derrumba.
Trump perdió la guerra contra Irán antes de que se lanzara la primera bomba. ¿Por qué?
Sin objetivo
Sin plan de ataque
En la guerra, estos dos elementos marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso.
La guerra entre Trump e Irán demuestra que no es más que un matón que está fuera de su alcance. El problema es que, si se retira ahora, no parecerá el dictador fuerte que ha proyectado a lo largo de su vida. El dictador fuerte que siempre gana.
Sufre de demencia avanzada y problemas cardíacos. La Casa Blanca intenta ocultarlo, pero todos ven las señales de que no sobrevivirá al año.
GOBERNANZA GLOBAL Y NUEVO CONTRATO SOCIAL DE LA ONU: UN FUTURO INCIERTO
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Los clásicos contractualistas Hobbes, Locke y Rousseau, en los siglos XVII y XVIII, sentaron las bases del contrato social como pacto racional para salir del estado de naturaleza. Este acuerdo fundacional establecía los términos de convivencia, autoridad y legitimidad del poder político.
I°) El contrato social renovado global:
El Informe del Secretario General de la ONU de 2021 :“Nuestra Agenda Común”, se propone repensar el orden internacional, ampliando la idea de derechos y deberes, reconociendo nuevos actores, nuevas tecnologías y nuevos riesgos globales. En ese documento se afirma que «es hora de renovar el contrato social entre los Gobiernos y la población, y dentro de cada sociedad, para restaurar la confianza y abrazar una concepción amplia de los derechos humanos. La gente necesita resultados concretos en su vida cotidiana».
Este “nuevo contrato social global” propuesto por las Naciones Unidas ya no se basa en la soberanía individual frente al Estado, sino en una red de relaciones digitales, algorítmicas y transnacionales. Impulsa una forma de multilateralismo más interconectado, inclusivo y eficaz. Su eje central es una ampliación de los derechos humanos, y sus características principales son: presencia mundial, digitalización, sostenibilidad ecológica y enfoque en el bienestar colectivo. No obstante, su implementación genera debates intensos sobre legitimidad democrática, concentración de poder y libertad individual.
Los desafíos que los críticos a este proyecto hacen mención, se manifiestan en:
Los principios estructurales del nuevo contrato social pueden estar resumidos en:
El objetivo de los promotores de este proyecto es, proponer una renovación profunda del tradicional contrato social y del sistema multilateral global, para responder a los grandes desafíos del siglo XXI: pérdida de confianza institucional, desigualdad, crisis climática, disrupción tecnológica, pandemias, etc. Es decir, redefinir las relaciones entre individuos, gobiernos, empresas y organismos internacionales.
Tres pilares centrales conforman este dispositivo propuesto en el capítulo II de dicho documento «Nosotros los pueblos: un contrato social renovado, con los derechos humanos como eje»: a) la confianza; b) la inclusión, la protección y la participación; y c) la medición y la valoración de lo que es importante para las personas y el planeta.
II°) Gobernanza Global
El marco institucional que se propone para regular este nuevo contrato social es una Gobernanza Global más efectiva y legítima. Este dispositivo no es un gobierno mundial, sino un conjunto de normas, instituciones y mecanismos multilaterales que buscan coordinar la respuesta global a problemas que superan las fronteras nacionales, como, por ejemplo: pandemias, crisis climáticas, flujos financieros, ciberseguridad, inteligencia artificial, amenazas digitales, etc. Tiene como objetivos:
La gobernanza global trasciende la soberanía nacional tradicional al establecer mecanismos de regulación y justicia no estatales. Esto plantea riesgos de degradación de la independencia judicial nacional, si actores transnacionales interfieren en los procesos sin control democrático. Genera tensiones con el principio del margen de interpretación de las convenciones, y particularmente con el derecho penal clásico (por extensión en los juicios de lesa humanidad). Recordando que, la Corte Penal Internacional, es ya un organismo de gobernanza global con autoridad para juzgar crímenes internacionales, pero su legitimidad es disputada por Estados que no la reconocen (USA, Rusia, China…).
La gobernanza global impulsa la idea de ampliar los ámbitos de responsabilidad penal internacional, incluyendo:
Este enfoque desafía la visión tradicional de la responsabilidad penal (juicios de lesa humanidad) históricamente centrada en los agentes del Estado y organizaciones armadas. Se busca redefinir las nociones de dignidad, libertad y seguridad humanas. Esto exige una expansión del derecho internacional penal para que los crímenes de lesa humanidad incluyan nuevas formas de violencia estructural, cuyo autor puede ser el Estado o actores transnacionales.
Entre los desafíos y retos de la Gobernanza Global se pueden mencionar: la falta de la legitimidad democrática dado que las decisiones globales se toman en espacios no electos; desconfianza ciudadana por la imposición de decisiones de un gobierno desde arriba, tecnocracia, desigualdad de poder de incidir en decisiones claves de los pequeños países.
Finalmente,
La transformación del contrato social clásico hacia un nuevo contrato social global plantea una reconfiguración profunda de las relaciones de poder, legitimidad y justicia en el siglo XXI. La gobernanza global emerge como una arquitectura normativa que busca responder a riesgos comunes de forma cooperativa y efectiva. Sin embargo, esta arquitectura debe ser evaluada críticamente en términos de democracia, equidad y rendición de cuentas.
La convergencia entre nuevo contrato social, gobernanza global y justicia internacional, sin las garantías y protección de los DDHH, facilitará las violaciones del principio de legalidad y del Estado de Derecho, especialmente cuando la expansión de derechos y la universalización de la justicia se hace sin mecanismos legítimos, claros y democráticos.
El desafío no es solo técnico, sino profundamente político y filosófico: ¿podemos construir un orden global justo, inclusivo y legítimo sin sacrificar la soberanía política y jurídica de los Estados, ni los principios fundamentales del Estado de derecho?
Yo elegí defender el Estado de Derecho y los Derechos Humanos de todos por igual. Los iniciadores de este dispositivo, al estado actual, no.
Prof. Mario Sandoval
Presidente de Casppa France
PrisioneroEnArgentina.com
Mayo 22, 2025
China acusa a Estados Unidos de “entrometerse” con asuntos en Argentina
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A través de un comunicado, la sede diplomática del gigante asiático cuestionó las recientes declaraciones del enviado especial de EE.UU. para América Latina, Mauricio Claver-Carone, quien había criticado el acuerdo de ‘swap’ (intercambio) de monedas entre Pekín y Buenos Aires.
“Queremos que eventualmente termine la famosa línea de crédito que tiene la Argentina con China”, había dicho Claver-Carone en una conferencia en el Miami Dade College.
A raíz de ello, China consideró “inaceptable” que se imponga a otros países responder a “órdenes” de la Casa Blanca, y añadió: “No es propio de la supuesta libertad que dicen defender, sino que significa someterlos a una mayor falta de esa libertad”.
La embajada remarcó en su mensaje que el vínculo entre China y Argentina con el ‘swap’ de monedas es una “cooperación mutuamente beneficiosa” decidida de forma “autónoma por dos naciones soberanas”. Por esa razón, señalaron, “la parte estadounidense no tiene derecho a cuestionarlo y señalarlo con el dedo”.
El comunicado cierra con la frase “¡Adiós, Carone!”, una alusión irónica a la noticia de que el diplomático norteamericano dejará su cargo como enviado especial para América Latina.
PrisioneroEnArgentina.com
Mayo 18, 2025
Trump pedirá un presupuesto récord para la seguridad nacional
Los fondos asignados, que representan un 13 % más de la cifra actual, financiará el proyecto de defensa antimisiles Cúpula de Oro (‘Golden Dome’, en inglés), la construcción naval y la modernización nuclear, y la seguridad fronteriza, así como un aumento salarial para los militares entre otras cuestiones.
PrisioneroEnArgentina.com
Mayo 4, 2025
¿Qué hubiera pasado si Japón hubiera invadido el territorio continental de Estados Unidos en 1941?
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Al principio de la guerra (después de Pearl Harbor), se le pidió al alto mando estadounidense que llevara a cabo una serie de simulacros de guerra y posibles escenarios. El objetivo era buscar la mejor estrategia y qué tipo de ejército se podrían desarrollar. Analizaron una estrategia centrada en la marina que se focalizara en la construcción de barcos y fuerzas anfibias, etc. Se concentraron en una estrategia aérea con mucha adquisición de aluminio y el desarrollo de bases aéreas adicionales, etc. Terminaron con un enfoque de armas combinadas.
Bueno, aquí es donde se pone interesante. Uno de los escenarios analizados fue una estrategia defensiva basada en la posibilidad teórica de una victoria total del Eje, especialmente de los japoneses. Los alemanes ganan en Europa, mientras que los japoneses simplemente bombardean nuestra marina y toman Hawái. Este escenario contemplaba a los japoneses invadiendo la costa oeste, por improbable que parezca.
Así que en el escenario “defensivo”, EE. UU. prácticamente abandona la Armada, excepto para la defensa costera (submarinos, destructores, lanchas rápidas, etc.) y debilita la Fuerza Aérea ofensivamente y se concentra en la defensa (cazas). Se pone un gran énfasis en las fuerzas terrestres del Ejército y especialmente en los blindados. Un grupo de expertos propuso… escuchen esto… un Ejército de 200 divisiones completamente compuesto de divisiones blindadas. La mayor parte de la producción se cambiaría para hacer esto.
200 divisiones blindadas sin divisiones de infantería, la infantería sería orgánica en los blindados, así como la artillería, etc. La idea es alucinante. Alemania invadió la URSS con aproximadamente 19 divisiones blindadas y 5 motorizadas, la URSS tenía aproximadamente 50 al final de la Segunda Guerra Mundial. EE. UU. tenía ese tipo de potencial económico en ese momento, y todo eso habría tenido que ser utilizado. La estrategia básicamente exigía dejar que los japoneses desembarcaran (o los alemanes) un Ejército y luego aniquilarlos con un Tsunami de Blindados.
Obviamente, el plan se abandonó, una de las razones fue que Estados Unidos sufriría ineficiencias en la producción, ya que no todas las fábricas estaban preparadas para ello. Otra razón fue que el plan tenía poca relación con la realidad, ya que el Eje simplemente no tenía los medios para invadir América del Norte.
PrisioneroEnArgentina.com
Agosto 8, 2024