En las calles de Sacramento, California, Dorothea Puente podía parecer una mujer completamente inofensiva. De cabello gris, aspecto maternal y modales amables, administraba una pensión donde vivían personas mayores, enfermas, pobres o con dificultades para valerse por sí mismas. Para algunos vecinos era simplemente una mujer que ayudaba a gente que necesitaba un lugar donde vivir.
Pero detrás de aquella apariencia se escondía una historia criminal que conmocionó a California.
En noviembre de 1988, la policía comenzó a descubrir cadáveres enterrados en el jardín de la casa donde Puente administraba su pensión. La investigación terminó convirtiéndola en una de las mujeres más conocidas de la historia criminal estadounidense.
Una vida marcada por el delito
Dorothea Montalvo Puente nació en California y, según los antecedentes recopilados por las autoridades, quedó huérfana de padre y madre siendo muy pequeña. Fue criada por familiares y se casó varias veces.
Mucho antes del descubrimiento de los cadáveres, Puente ya había tenido problemas con la justicia.
En 1978 fue condenada por fraude relacionado con cheques destinados a personas que vivían en una residencia que ella administraba. Posteriormente también fue acusada y condenada por drogar y robar a personas mayores. En 1982 recibió una condena de prisión.
Los antecedentes eran importantes porque mostraban un patrón: Puente sabía cómo ganarse la confianza de personas vulnerables y cómo manejar sus beneficios económicos.
Después de salir de prisión, regresó a Sacramento y comenzó a administrar una nueva pensión.
Allí comenzaría el capítulo más oscuro de su vida.
La casa de F Street
La vivienda estaba ubicada cerca del Capitolio estatal de California y tenía la apariencia de una típica casa victoriana.
Puente alquilaba habitaciones a personas que frecuentemente tenían pocos recursos. Algunos dependían de pensiones, jubilaciones, beneficios de Seguridad Social o asistencia gubernamental.
Según los fiscales, ese era precisamente el motivo por el cual determinadas personas se convertían en objetivos.
La acusación sostuvo que Puente mataba a algunos de sus huéspedes, ocultaba sus muertes y continuaba cobrando sus beneficios.
Durante la investigación inicial, las autoridades llegaron a acusarla de nueve asesinatos. Sin embargo, no todos esos casos terminaron demostrados ante un jurado.
La desaparición de Bert Montoya
El caso comenzó a descubrirse gracias a una persona que no pertenecía a la policía.
Un trabajador social estaba preocupado por Alvaro “Bert” Montoya, un hombre que había sido colocado en la pensión de Puente y que había desaparecido.
Cuando el trabajador social preguntó por él, Puente ofreció distintas explicaciones.
La desaparición resultó sospechosa.
La policía comenzó a investigar la propiedad y finalmente decidió excavar el jardín.
Entonces apareció el primer cuerpo.
Y después apareció otro.
Y otro.
En poco tiempo, los investigadores habían encontrado siete cadáveres enterrados en el patio.
La escena transformó aquella casa de huéspedes aparentemente tranquila en uno de los lugares más siniestros de Sacramento.
La sospechosa que desapareció
Uno de los aspectos más sorprendentes de la investigación fue que Puente consiguió abandonar la propiedad después de que comenzaran las excavaciones.
La policía reconoció posteriormente que había cometido un grave error al permitir que la principal sospechosa desapareciera sin mantenerla bajo vigilancia.
Puente viajó hacia el sur de California.
Finalmente llegó a Los Ángeles, donde se registró utilizando un nombre falso.
Parecía haber conseguido escapar.
Pero cometió un error.
El hombre que la reconoció
En Los Ángeles, Puente frecuentó un bar y comenzó a conversar con un hombre llamado Charles Willgues.
Ella se presentó como “Donna”.
El hombre no sospechó inicialmente que estaba hablando con una mujer buscada por la policía.
Puente incluso conversó con él sobre sus beneficios por discapacidad y llegó a proponerle pasar tiempo juntos.
Pero después Willgues comenzó a recordar dónde había visto aquel rostro.
Había visto la fotografía de Puente en las noticias.
Comprendió que la mujer que tenía delante era la fugitiva buscada en Sacramento.
En lugar de acompañarla, avisó a una estación de televisión, que a su vez contactó a la policía.
Los agentes localizaron a Puente en un motel de Los Ángeles y la arrestaron sin resistencia el 16 de noviembre de 1988.
“No he matado a nadie”
Después de su arresto, Puente negó haber asesinado a sus huéspedes.
En una entrevista durante el traslado a Sacramento declaró que no había matado a nadie, aunque admitió haber cobrado cheques.
Su defensa sostuvo que muchas de las víctimas eran personas ancianas, enfermas o con problemas de alcohol y que podían haber muerto por causas naturales.
El problema para los fiscales era que los cuerpos habían permanecido enterrados durante semanas, meses o incluso años. En varios casos, el estado de descomposición dificultaba determinar exactamente cómo habían muerto.
Los investigadores encontraron, sin embargo, indicios relacionados con medicamentos sedantes en algunos de los cuerpos. La fiscalía argumentó que las víctimas habían sido drogadas y asesinadas para quedarse con sus beneficios.
El juicio
El juicio comenzó finalmente en 1993.
Los fiscales describieron a las víctimas como personas vulnerables que no podían defenderse por sí mismas. Según la acusación, Puente las convirtió en objetivos porque recibían dinero regularmente del gobierno.
La fiscalía presentó nueve casos.
Pero demostrar nueve asesinatos más allá de toda duda razonable era mucho más difícil que demostrar que existían circunstancias sospechosas.
Después de una deliberación extraordinariamente prolongada, el jurado llegó a una conclusión dividida.
Puente fue declarada culpable de tres asesinatos en primer grado: los de Dorothy Miller, Benjamin Fink y Bert Montoya. En los otros seis cargos el jurado no consiguió alcanzar un veredicto, por lo que hubo un juicio nulo respecto de esos cargos.
Una condena para toda la vida
Aunque la fiscalía había presentado un caso mucho más amplio, las tres condenas fueron suficientes para convertir a Puente en una asesina condenada.
La justicia la sentenció a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.
Nunca fue condenada por los nueve asesinatos que los fiscales habían atribuido a su actividad criminal.
Esta distinción es importante. En la cultura popular, Puente suele aparecer como responsable de todos los cadáveres encontrados en su propiedad y como una asesina serial de nueve víctimas. Pero jurídicamente fue condenada por tres asesinatos.
Los otros casos quedaron rodeados de sospechas y evidencias circunstanciales, pero no produjeron condenas.
El misterio de las otras víctimas
La pregunta que quedó después del juicio fue inevitable: ¿cuántas personas murieron realmente a manos de Dorothea Puente?
Nunca se obtuvo una respuesta definitiva.
Los investigadores sospecharon que pudo haber más víctimas. Algunas muertes anteriores relacionadas con personas cercanas a Puente también fueron examinadas. Entre ellas estuvo la de Ruth Monroe, quien murió en 1982 por una sobredosis, y la de Everson Gillmouth, cuyo cuerpo fue encontrado en 1986 dentro de una caja improvisada cerca del río Sacramento.
Ambas muertes fueron vinculadas por los fiscales al caso Puente, pero no produjeron una condena por asesinato.
La verdadera dimensión del caso
El caso de Dorothea Puente resulta especialmente perturbador no solamente por los cadáveres enterrados en un jardín.
Lo más inquietante fue el tipo de personas que aparecían alrededor de ella.
Eran individuos que necesitaban ayuda: ancianos, personas con discapacidades, personas sin dinero y hombres y mujeres que dependían de sus beneficios.
Puente entendió que esas personas podían ser invisibles para buena parte de la sociedad.
Y precisamente esa invisibilidad habría permitido que algunas desapariciones pasaran inadvertidas durante demasiado tiempo.
La historia también dejó una lección para las autoridades. La policía sabía que Puente tenía antecedentes por fraude y por drogar y robar a personas vulnerables. Cuando aparecieron los primeros cadáveres en su jardín, aun así se le permitió abandonar el lugar. Posteriormente, el propio jefe policial reconoció que debió haber sido vigilada.
El final de la “abuela asesina”
Dorothea Puente murió en prisión en 2011, a los 82 años.
Hasta el final mantuvo su inocencia respecto de los asesinatos que no habían sido demostrados en juicio.
Su nombre, sin embargo, quedó definitivamente asociado a aquella casa victoriana de Sacramento y a los cadáveres descubiertos bajo su jardín.
La imagen de la mujer mayor y aparentemente amable es precisamente lo que convirtió el caso en uno de los más recordados de California.
Puente demostró que un asesino no necesariamente tiene la apariencia que imaginamos.
No siempre es una figura violenta, intimidante o solitaria.
A veces puede ser alguien que ofrece una habitación, una comida, una conversación y una aparente ayuda.
En el caso de Dorothea Puente, esa fachada maternal ocultaba una historia criminal que terminó con tres condenas por asesinato y con una pregunta que probablemente nunca tendrá respuesta definitiva:
¿Cuántas personas murieron realmente en aquella casa de Sacramento?
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En las calles de Sacramento, California, Dorothea Puente podía parecer una mujer completamente inofensiva. De cabello gris, aspecto maternal y modales amables, administraba una pensión donde vivían personas mayores, enfermas, pobres o con dificultades para valerse por sí mismas. Para algunos vecinos era simplemente una mujer que ayudaba a gente que necesitaba un lugar donde vivir.
Pero detrás de aquella apariencia se escondía una historia criminal que conmocionó a California.
En noviembre de 1988, la policía comenzó a descubrir cadáveres enterrados en el jardín de la casa donde Puente administraba su pensión. La investigación terminó convirtiéndola en una de las mujeres más conocidas de la historia criminal estadounidense.
Una vida marcada por el delito
Dorothea Montalvo Puente nació en California y, según los antecedentes recopilados por las autoridades, quedó huérfana de padre y madre siendo muy pequeña. Fue criada por familiares y se casó varias veces.
Mucho antes del descubrimiento de los cadáveres, Puente ya había tenido problemas con la justicia.
En 1978 fue condenada por fraude relacionado con cheques destinados a personas que vivían en una residencia que ella administraba. Posteriormente también fue acusada y condenada por drogar y robar a personas mayores. En 1982 recibió una condena de prisión.
Los antecedentes eran importantes porque mostraban un patrón: Puente sabía cómo ganarse la confianza de personas vulnerables y cómo manejar sus beneficios económicos.
Después de salir de prisión, regresó a Sacramento y comenzó a administrar una nueva pensión.
Allí comenzaría el capítulo más oscuro de su vida.
La casa de F Street
La vivienda estaba ubicada cerca del Capitolio estatal de California y tenía la apariencia de una típica casa victoriana.
Puente alquilaba habitaciones a personas que frecuentemente tenían pocos recursos. Algunos dependían de pensiones, jubilaciones, beneficios de Seguridad Social o asistencia gubernamental.
Según los fiscales, ese era precisamente el motivo por el cual determinadas personas se convertían en objetivos.
La acusación sostuvo que Puente mataba a algunos de sus huéspedes, ocultaba sus muertes y continuaba cobrando sus beneficios.
Durante la investigación inicial, las autoridades llegaron a acusarla de nueve asesinatos. Sin embargo, no todos esos casos terminaron demostrados ante un jurado.
La desaparición de Bert Montoya
Un trabajador social estaba preocupado por Alvaro “Bert” Montoya, un hombre que había sido colocado en la pensión de Puente y que había desaparecido.
Cuando el trabajador social preguntó por él, Puente ofreció distintas explicaciones.
La desaparición resultó sospechosa.
La policía comenzó a investigar la propiedad y finalmente decidió excavar el jardín.
Entonces apareció el primer cuerpo.
Y después apareció otro.
Y otro.
En poco tiempo, los investigadores habían encontrado siete cadáveres enterrados en el patio.
La escena transformó aquella casa de huéspedes aparentemente tranquila en uno de los lugares más siniestros de Sacramento.
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Uno de los aspectos más sorprendentes de la investigación fue que Puente consiguió abandonar la propiedad después de que comenzaran las excavaciones.
La policía reconoció posteriormente que había cometido un grave error al permitir que la principal sospechosa desapareciera sin mantenerla bajo vigilancia.
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Parecía haber conseguido escapar.
Pero cometió un error.
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En Los Ángeles, Puente frecuentó un bar y comenzó a conversar con un hombre llamado Charles Willgues.
Ella se presentó como “Donna”.
El hombre no sospechó inicialmente que estaba hablando con una mujer buscada por la policía.
Puente incluso conversó con él sobre sus beneficios por discapacidad y llegó a proponerle pasar tiempo juntos.
Pero después Willgues comenzó a recordar dónde había visto aquel rostro.
Había visto la fotografía de Puente en las noticias.
Comprendió que la mujer que tenía delante era la fugitiva buscada en Sacramento.
En lugar de acompañarla, avisó a una estación de televisión, que a su vez contactó a la policía.
Los agentes localizaron a Puente en un motel de Los Ángeles y la arrestaron sin resistencia el 16 de noviembre de 1988.
“No he matado a nadie”
Después de su arresto, Puente negó haber asesinado a sus huéspedes.
En una entrevista durante el traslado a Sacramento declaró que no había matado a nadie, aunque admitió haber cobrado cheques.
Su defensa sostuvo que muchas de las víctimas eran personas ancianas, enfermas o con problemas de alcohol y que podían haber muerto por causas naturales.
El problema para los fiscales era que los cuerpos habían permanecido enterrados durante semanas, meses o incluso años. En varios casos, el estado de descomposición dificultaba determinar exactamente cómo habían muerto.
Los investigadores encontraron, sin embargo, indicios relacionados con medicamentos sedantes en algunos de los cuerpos. La fiscalía argumentó que las víctimas habían sido drogadas y asesinadas para quedarse con sus beneficios.
El juicio
El juicio comenzó finalmente en 1993.
Los fiscales describieron a las víctimas como personas vulnerables que no podían defenderse por sí mismas. Según la acusación, Puente las convirtió en objetivos porque recibían dinero regularmente del gobierno.
La fiscalía presentó nueve casos.
Pero demostrar nueve asesinatos más allá de toda duda razonable era mucho más difícil que demostrar que existían circunstancias sospechosas.
Después de una deliberación extraordinariamente prolongada, el jurado llegó a una conclusión dividida.
Puente fue declarada culpable de tres asesinatos en primer grado: los de Dorothy Miller, Benjamin Fink y Bert Montoya. En los otros seis cargos el jurado no consiguió alcanzar un veredicto, por lo que hubo un juicio nulo respecto de esos cargos.
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El final de la “abuela asesina”
Dorothea Puente murió en prisión en 2011, a los 82 años.
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No siempre es una figura violenta, intimidante o solitaria.
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3 thoughts on “La abuela asesina de Sacramento”
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- Romaine Hollins
- posted on October 5, 2026
-
- Eliel Valentine
- posted on October 5, 2026
-
- Faith Waldroup
- posted on October 5, 2026
CommentI get paid over 220$ per hour working from home with 2 kids at home. i never thought i’d be able to do it but my best friend earns over 15k$ a month doing this and she convinced me to try. it was all true and has totally changed my life. This is what I do, check it out by .
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