CARTA ABIERTA A MIS JÓVENES HERMANOS EN LA FAMILIA SACERDOTAL Y LA CEA (1)

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 Por Christian von Wernich.

 

“He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he conservado la fe; sólo me queda recibir la corona merecida, que en el último día me dará el Señor, justo juez; y no sólo a mí, sino también a todos los que esperan con amor su venida.” (2 Timoteo 4, 7-8)

 

Queridos hermanos en el Señor:

En este atardecer de mi existencia, después de una larga peregrinación, puedo decir como San Pablo: “He combatido el buen combate, he concluido mi carrera…” Quiero expresar, una vez más, con humildad y sinceridad, mi gratitud al Señor por las bendiciones que me ha regalado a lo largo de mis 89 años de vida y 52 de ordenación sacerdotal. Hoy asumo con serenidad las limitaciones propias de la edad y mi realidad actual, viviendo desde hace 22 años una prolongada prisión que conlleva sus propias cruces y reflexiones.

Mientras estuve en el ejercicio activo de mi ministerio, compartí los valores del Evangelio y la Misericordia de Nuestro Señor Jesucristo en las comunidades de mi Diócesis de Nueve de Julio (Argentina), así como en mis destinos temporales en las Diócesis de Valparaíso, (Chile), Lancaster (Inglaterra), Brooklyn (Estados Unidos) y en la Capellanía Policial Bonaerense.

En este tiempo de mi vida, la oración y la meditación me llevan a volver la mirada hacia ustedes. Quisiera recordarles, con mucho afecto, que esa juventud y energía con la que hoy se desgastan por el Reino de Dios, para Su Gloria y el bien de Su Iglesia, cambiarán poco a poco. A veces, la urgencia de la misión y el día a día nos hacen pensar que el mañana es lejano, pero el tiempo —ese misterioso regalo del Señor— avanza de manera inexorable. Llegará el momento en que las fuerzas físicas disminuyen, los ritmos cambian y la vejez toca a la puerta.

Les comparto esto no para ensombrecer su presente, sino para animarlos a vivir su ministerio con una profunda sabiduría, recordando siempre que la caridad y la fraternidad que hoy siembran serán el refugio de sus años maduros. Cuando ese momento llegue, todos y cada uno de ustedes anhelarán lo mismo: ser tratados con caridad, respeto y dignidad en una Iglesia familia-hogar; una Iglesia generosa y acogedora, que no provoca grietas, sino que las cierra, y que practica lo que predica: “la dignidad infinita de la persona humana”.

El dinamismo del ministerio actual puede hacerles pasar por alto, de manera inconsciente, el aislamiento, la soledad o el descarte que podemos sentir los sacerdotes ancianos o aquellos que se encuentran apartados por diversas circunstancias. En mi situación particular, he experimentado profundamente ese vacío y esa necesidad de acompañamiento, en la esperanza de un “hola, hermano”. Les comparto esto con el único fin de sembrar una semilla de experiencia, buscando evitar que futuros consagrados vivan el “atardecer” de sus vidas en el olvido, heridos al costado del camino como en la parábola del Buen Samaritano, viendo pasar a “hermanos en el ministerio” sin inmutarse ante el dolor del hermano sacerdote.

Por lo tanto, los invito a que desde ya, siendo jóvenes, construyan activamente esa Iglesia familia-hogar, generosa y abierta, a través de estas acciones:

Promover espacios de verdadera fraternidad: Que las casas sacerdotales y los hogares de retiro no sean vistos como “el final del camino”, sino como verdaderos santuarios de comunión, donde se viva la caridad fraterna en su máxima expresión.

Cuidar con amor a quienes los precedieron: Visitar a un sacerdote anciano o enfermo, escucharlo y aprender de su experiencia no es solo un deber de caridad; es sembrar el trato que ustedes mismos querrán recibir el día de mañana.

Asegurar un retiro digno: Que ningún consagrado se sienta jamás como una “carga”, sino como un tesoro de la Iglesia. Que en sus años de fragilidad sientan, más fuerte que nunca, que el Señor los sigue acompañando y que su comunidad les agradece su entrega. Trabajen junto a sus Obispos edificando ese lugar que mañana tendrán como residencia, si es que aún no existe en la diócesis.

El Papa Francisco dijo: “Un ‘presbítero’ (πρεσβύτερος, el más anciano) no es solo memoria del pasado, sino profecía del futuro para una Iglesia que sabe cuidar y conservar sus raíces”.  Siembren siempre la empatía, el cuidado y el amor filial que, evangélicamente, cosecharán mañana. Cuando les toque mirar hacia atrás y descansar en un hogar eclesial cálido, sabiendo que entregaron la vida por Cristo y que sus hermanos no los han olvidado, podrán sentir que la peregrinación emprendida ha tenido una acogida fraterna, porque supieron custodiar el don de la “familia sacerdotal”.

Sugerir estas reflexiones es un deber que me imponen estos 22 años de cautiverio y aislamiento. La cruda experiencia de mis circunstancias actuales, viviendo el atardecer de mi vida en esta realidad, me hace experimentar con profundo dolor el peso de la soledad y la ausencia de mis hermanos sacerdotes. A veces percibo que la distancia que nos separa no es solo física, sino también el reflejo de un temor inconsciente al qué dirán, o a que la cercanía fraterna pueda incomodar ante las comunidades. Muchos argumentarán, tal vez con razón, que no me conocen; pero el Evangelio no nos exige un currículum vítae para ejercer la misericordia, solo nos pide saber compartir con aquel que sufre.

Somos, ante todo, asistentes espirituales en el dolor humano, no visitadores sociales ni jueces civiles. Por eso, cuando experimentamos la falta de un techo para una libertad condicional o el vacío de una visita ausente, nos resulta inevitable recordar el mandato directo del Señor: “Fui forastero y no me hospedasteis, estuve preso y no me visitasteis” (San Mateo 25, 43). La indiferencia que a veces nos toca vivir en el ministerio sacerdotal hiere el misterio de la Cruz y entristece el corazón de María, Madre de todos los sacerdotes, que siempre anhela vernos unidos.

El Papa León XIV, el pasado lunes 29 de junio en la fiesta de Pedro y Pablo, nos recordaba: “La comunión en la Iglesia no se construye endureciendo las propias posturas, sino buscando los puntos de encuentro en la Verdad”. Pidamos al Espíritu Santo un sincero discernimiento sobre estas palabras, para examinar si en el día a día construimos puentes de verdadera comunión o si, sin darnos cuenta, levantamos muros de separación.

Unidos en la oración y en el amor a la Iglesia, junto a María en Luján, los saluda este anciano sacerdote,

Padre Christian Federico von Wernich

Ntra. Señora de Itati

Penal de Campo de Mayo (Bs.As.)

  • 1 ) Conferencia Episcopal Argentina

 

PrisioneroEnArgentina

Julio 10, 2026

8 thoughts on “CARTA ABIERTA A MIS JÓVENES HERMANOS EN LA FAMILIA SACERDOTAL Y LA CEA (1)”

    • Sonia S
    • posted on July 13, 2026

    Madre mía … habla de soledad y , estando condenado, tiene esta tribuna al mundo …

    Los desgraciados a quienes “visitaba” en los campos de exterminio, lanzándoles maldiciones bíblicas, hubieran dado el alma, no ya por poder tener una ventana al mundo o dos minutos para poder hablar con sus angustiados familiares, sino tan solo por poder ver las ratas y cucarachas que pululaban por sus infectos cuchitriles …

    No entiendo como no han excomulgado a este sacerdote, con pecados a Dios gravísimos. Y el tío no se arrepiente. Alucinante.

    • Jorge Eduardo Acosta
    • posted on July 11, 2026

    QUE LA PAZ DE NSJ+ SEA CON USTEDES. MUCHISIMAS GRACIAS POR TAN AGUDO MENSAJE ESPIRITUAL REVERENDO PADRE C. von Wernich, RUEGO SU BENDICIÓN.

      • Sonia S
      • posted on July 13, 2026

      Que alguien que decidía sobre la vida y la muerte de miles de personas en los campos de exterminio, sin arrepentirse de la losa de su conciencia se acoja y encomiende a Cristo …

      Sin palabras, alucinante.

    • Gabriella Rawling
    • posted on July 11, 2026

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    • Juanjo
    • posted on July 10, 2026

    La iglesia tiene cada caradura….

    • NICOLAS ROSAS
    • posted on July 10, 2026

    El lugar de la foto que esta en la calle Suipacha, es un verdadero palacio.

      • Patricio
      • posted on July 10, 2026

      Las Mezquitas y Sinagogas, tienen 10 veces más lujo que esta…..pero cuidado con decir nada que ofenda a otros cultos.

    • SONIA
    • posted on July 10, 2026

    Muchos hipócritas en la iglesia, igual que en las fuerzas armadas y policiales.

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