El 13 de noviembre de 1990, la pequeña localidad costera de Aramoana, cerca de Dunedin, en la Isla Sur de Nueva Zelanda, se convirtió en escenario de una de las tragedias más estremecedoras de la historia del país. David Malcolm Gray, un hombre de 33 años que vivía en la comunidad, inició una ola de violencia que terminaría con 13 personas asesinadas y varias heridas.
Gray no fue un asesino serial en el sentido tradicional. No existió una serie de homicidios separados por períodos de tiempo. Lo ocurrido en Aramoana fue una matanza masiva, desencadenada en un período muy breve después de una disputa con un vecino. En aquel momento fue el asesinato múltiple más mortífero registrado en Nueva Zelanda.
Una comunidad pequeña
Aramoana era —y continúa siendo— una pequeña comunidad situada junto al puerto de Otago. Su población era reducida y sus habitantes se conocían entre sí. Precisamente por eso la tragedia tuvo un impacto extraordinario: las víctimas no eran desconocidos atrapados en un lugar público, sino vecinos, familiares y personas con las que Gray había convivido.
Según la historia oficial de Nueva Zelanda, Gray era un residente desempleado de 33 años. La masacre comenzó después de una discusión verbal con un vecino. La disputa rápidamente se transformó en violencia extrema.
A partir de ese momento, la localidad quedó prácticamente aislada mientras la Policía intentaba localizar al atacante.
El comienzo de la matanza
Gray comenzó disparando contra personas de su entorno. Entre las primeras víctimas estuvieron su vecino Garry Holden y la hija de éste, Jasmine, de 11 años. La violencia continuó y otras personas fueron atacadas mientras intentaban comprender qué estaba ocurriendo.
La Policía de Nueva Zelanda documentó posteriormente el extraordinario valor demostrado por algunos habitantes durante aquellas horas.
Chiquita Holden, de nueve años, presenció el asesinato de su padre y resultó herida en el abdomen. A pesar de sus heridas consiguió escapar y avisar a una vecina de que dos niñas se encontraban dentro de la casa de los Holden, que estaba incendiándose.
Otra historia de heroísmo fue la de Helen Dickson, de 72 años. Después de escuchar los disparos y advertir que una vivienda vecina estaba en llamas, salió para ayudar. Gray disparó contra ella y contra Chris Cole, que resultó gravemente herido.
Dickson, que tenía importantes dificultades para desplazarse, ayudó a Cole y consiguió llegar a un teléfono para pedir auxilio. Después regresó junto al herido y permaneció con él mientras esperaba la llegada de ayuda.
Sin saberlo, su propio hijo James Dickson estaba entre las personas asesinadas.
El policía que enfrentó a Gray
Uno de los capítulos más dramáticos fue protagonizado por el sargento Stewart Guthrie, de 41 años.
Guthrie era el oficial responsable de la comisaría de Port Chalmers y fue uno de los primeros policías en responder. Conocía personalmente a Gray y se dirigió hacia Aramoana.
La situación policial era extremadamente complicada. Los agentes disponían de recursos limitados y, al principio, incluso existían problemas de comunicación por la falta de radios portátiles.
Guthrie intentó contener al atacante y proteger a la población. En un momento crítico se encontró cara a cara con Gray y le ordenó detenerse.
El sargento disparó un tiro de advertencia. Gray respondió abriendo fuego y Guthrie murió.
Su actuación fue posteriormente reconocida con la George Cross, una de las máximas condecoraciones británicas por valentía frente al enemigo o ante un peligro extremo.
Una noche de terror
Durante horas, la Policía buscó a Gray mientras los habitantes intentaban permanecer ocultos.
El atacante se desplazaba por la localidad y utilizaba diferentes armas de fuego. Una casa fue incendiada y varias personas quedaron heridas.
La Policía tuvo que realizar una búsqueda casa por casa. Los agentes sabían que Gray seguía armado y que podía atacar nuevamente en cualquier momento.
La operación terminó involucrando a miembros de los equipos policiales especializados, incluidos agentes del Anti-Terrorist Squad, antecesor de la actual Special Tactics Group.
Mientras avanzaba la operación, los policías también debían rescatar a personas heridas.
Los agentes Don Harvey y Paul Knox participaron en operaciones de rescate extremadamente peligrosas. En una de ellas encontraron personas heridas dentro de un vehículo. Una niña gravemente herida necesitaba ser evacuada.
Otros policías se expusieron al fuego para rescatar víctimas.
La Policía de Nueva Zelanda reconoció posteriormente a numerosos agentes por su comportamiento durante la operación.
El desenlace
La búsqueda continuó durante la noche y la mañana siguiente.
Finalmente, el 14 de noviembre de 1990, los equipos policiales localizaron a Gray. Cuando salió de una vivienda, llevaba un arma y abrió fuego.
Los policías respondieron.
Gray recibió disparos y quedó gravemente herido. Fue trasladado en una ambulancia, pero murió antes de llegar al hospital.
Con su muerte terminó el ataque.
Habían muerto 13 personas.
Entre ellas se encontraban niños de seis y once años, adultos jóvenes, personas mayores y el sargento Guthrie. Dos niñas sobrevivieron heridas, al igual que un agente de Policía.
Las víctimas
La lista de las víctimas muestra la dimensión humana de la tragedia:
Garry Holden, 38 años
Jasmine Holden, 11
Rewa Bryson, 11
Jim Dickson, 45
Tim Jamieson, 69
Vic Crimp, 71
Leo Wilson, 6
Dion Percy, 6
Ross Percy, 42
Vanessa Percy, 26
Aleki Tali, 41
Chris Cole, 62
Sargento Stewart Guthrie, 41
Estas personas fueron recordadas oficialmente en un memorial levantado en Aramoana exactamente un año después de la masacre. El monumento contiene sus nombres y edades.
El impacto sobre las armas
La masacre tuvo consecuencias políticas importantes.
El ataque provocó un intenso debate nacional sobre las armas de fuego y, particularmente, sobre los llamados rifles semiautomáticos de estilo militar.
En 1992 Nueva Zelanda modificó sus regulaciones sobre este tipo de armas. La tragedia de Aramoana pasó a formar parte de una discusión nacional sobre cómo impedir que individuos peligrosos pudieran acceder a armas capaces de producir una matanza masiva.
Décadas después, Nueva Zelanda volvería a enfrentarse a otra masacre mucho mayor: los atentados contra las mezquitas de Christchurch de 2019. Aquella tragedia superó ampliamente el número de víctimas de Aramoana y volvió a colocar las armas de fuego en el centro del debate nacional.
Un pueblo que no olvidó
David Malcolm Gray
Aramoana nunca volvió a ser exactamente el mismo lugar.
La localidad quedó marcada por la memoria de sus vecinos muertos y por las historias de quienes sobrevivieron. Pero también quedó marcada por el heroísmo.
Personas comunes intentaron salvar a sus vecinos. Policías se enfrentaron a un hombre armado sabiendo que podían morir. Una mujer anciana herida buscó ayuda para otra persona. Una niña de nueve años, también herida, consiguió escapar para avisar que otros niños estaban atrapados.
Por eso, cuando se habla de Aramoana, no debería hablarse únicamente de David Gray.
La figura del atacante puede resultar llamativa, pero la historia pertenece sobre todo a las víctimas y a quienes intentaron salvar vidas.
El legado de Aramoana
David Gray murió sin llegar a un juicio y sin responder ante un tribunal por sus crímenes. Nunca hubo una sentencia que estableciera judicialmente su responsabilidad porque murió durante la intervención policial.
Pero los hechos quedaron registrados.
La masacre de Aramoana continúa siendo reconocida por las instituciones históricas de Nueva Zelanda como uno de los acontecimientos criminales más importantes de su historia moderna.
El memorial de Aramoana conserva los nombres de los 13 muertos.
Y quizá ésa sea la manera más apropiada de recordar aquella tragedia.
No como la historia de un hombre que decidió matar, sino como la historia de una pequeña comunidad que, en noviembre de 1990, sufrió una violencia inimaginable y cuyos habitantes demostraron un extraordinario valor.
David Gray murió aquel día. Aramoana, en cambio, tuvo que aprender a vivir con el recuerdo.
Finalmente llegó el día 8 de febrero de 2024 y con él la audiencia 81 en la que JOSÉ MAIDANA, (7años y medio en ilegal prisión preventiva hasta hoy) completó su declaración indagatoria, como imputado por los bien o mal llamados delitos de lesa humanidad. En la misma quedó a la vista uno de los aspectos que mayores problemas le ha causado al hombre desde el principio de los tiempos…la incomunicación.
Así se evidencia que en el desarrollo de la Mega Causa Zona 5 se repite la famosa leyenda bíblica de la Torre de Babel, en la que Dios como castigo a la arrogancia del hombre, decidió crear varias lenguas para que no se entendieran entre sí. De esta forma jueces, fiscales y “querellantas”, parecieran hablar un idioma y otro inentendible para ellos, nosotros los acusados y nuestros abogados defensores.
Durante más de 2 horas el otrora militar hizo una descripción pormenorizada de lo que ocurría en Bahía Blanca en los desgraciados años de plomo. Por supuesto con los consecuentes inmolados por el accionar subversivo, con nombre y apellido de los victimarios, que no eran jóvenes idealistas ni patriotas, como muchos falazmente los califican hoy, y de sus víctimas uniformadas. También cargó sobre el presente desempeño del poder judicial y sobre otros acontecimientos a los que calificó de “patrañas”.
Una de las imágenes mostradas por el declarante, de los cimientos del sitio de la memoria, donde habría funcionado el centro de detención La Escuelita. Esta obra surge del convenio firmado entre el Ministerio de Obras Públicas y la secretaría de Derechos Humanos, hoy a cargo del exjuez Alberto Baños. ¿El presidente Javier Milei, no decía que: “NO HAY PLATA”?
Evidentemente la cruda descripción de todo este contexto a diferencia del que libremente, y fuera de tiempo, expusiera en la primera audiencia el iracundo y militante Jefe de Fiscales, MIGUEL PALAZZANI, no convenció, por el efecto “Torre de Babel”, y en consecuencia disgustó al tribunal.
Monolito que señala donde fueran asesinados por terroristas, el Cabo Bruno Rojas y el Soldado René Papini el 15.12.1975 (gobierno democrático).
Esto hizo que sobre el final su Presidente el Dr. PEDRO SEBASTIAN, expresara entre otras consideraciones que: “el leguaje inapropiado”, “las descalificaciones a las víctimas”, “las calificaciones exageradas”, “el tenor de las apreciaciones”, etc. empobrecían el discurso de los NARRANTES (refiriéndose a nosotros los inculpados sin presunción de inocencia, según reza en el frente del Tribunal Federal).
Minutos antes MAIDANA había mostrado imágenes de un humilde monolito que señala donde fueron asesinados en una emboscada terrorista el Cabo BRUNO ROJAS (26 años) y el soldado RENÉ PAPINI (21 años) y heridos 3 soldados más. También lo hizo con los cimientos de una faraónica obra que se está levantando, “con los impuestos de todos” (SIC), en lo que habría sido el centro de detención “La Escuelita”, junto al camino denominado “La Carrindanga”, en Bahía Blanca, que funcionará como otro centro de la memoria más. A su tiempo el fiscal PABLO FERMENTO, autodefiniéndose, sin pudor alguno, como miembro de un ministerio TOLERANTE, calificó a las expresiones del acusado como desagradables, de extrema gravedad, injuriantes y ultrajantes solicitando, con el apoyo de las “querellantas” Doctoras FERNÁNDEZ AVELLO y ANAHÍ JUNQUERA, que se suprima de los registros audiovisuales, lo referente a la construcción del sitio de la memoria, a una víctima, y a la política retributiva para los miembros de la justicia mencionados por MAIDANA. ¿En su pretendida CENSURA confundirá sus atribuciones en esta desgraciada Argentina, con las que tendría de estar en ERITREA, COREA DEL DEL NORTE, o CUBA? Bueno, todo puede ser. Al respecto el tribunal resolverá en la próxima audiencia. Mientras tanto, soñemos con la imposible utopía de creer que algún día TODOS llegaremos a hablar el mismo idioma, como enseñanza del dolor y la muerte vividos en un pasado que no debió existir.
La masacre de Aramoana
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El 13 de noviembre de 1990, la pequeña localidad costera de Aramoana, cerca de Dunedin, en la Isla Sur de Nueva Zelanda, se convirtió en escenario de una de las tragedias más estremecedoras de la historia del país. David Malcolm Gray, un hombre de 33 años que vivía en la comunidad, inició una ola de violencia que terminaría con 13 personas asesinadas y varias heridas.
Gray no fue un asesino serial en el sentido tradicional. No existió una serie de homicidios separados por períodos de tiempo. Lo ocurrido en Aramoana fue una matanza masiva, desencadenada en un período muy breve después de una disputa con un vecino. En aquel momento fue el asesinato múltiple más mortífero registrado en Nueva Zelanda.
Una comunidad pequeña
Aramoana era —y continúa siendo— una pequeña comunidad situada junto al puerto de Otago. Su población era reducida y sus habitantes se conocían entre sí. Precisamente por eso la tragedia tuvo un impacto extraordinario: las víctimas no eran desconocidos atrapados en un lugar público, sino vecinos, familiares y personas con las que Gray había convivido.
Según la historia oficial de Nueva Zelanda, Gray era un residente desempleado de 33 años. La masacre comenzó después de una discusión verbal con un vecino. La disputa rápidamente se transformó en violencia extrema.
A partir de ese momento, la localidad quedó prácticamente aislada mientras la Policía intentaba localizar al atacante.
El comienzo de la matanza
La Policía de Nueva Zelanda documentó posteriormente el extraordinario valor demostrado por algunos habitantes durante aquellas horas.
Chiquita Holden, de nueve años, presenció el asesinato de su padre y resultó herida en el abdomen. A pesar de sus heridas consiguió escapar y avisar a una vecina de que dos niñas se encontraban dentro de la casa de los Holden, que estaba incendiándose.
Otra historia de heroísmo fue la de Helen Dickson, de 72 años. Después de escuchar los disparos y advertir que una vivienda vecina estaba en llamas, salió para ayudar. Gray disparó contra ella y contra Chris Cole, que resultó gravemente herido.
Dickson, que tenía importantes dificultades para desplazarse, ayudó a Cole y consiguió llegar a un teléfono para pedir auxilio. Después regresó junto al herido y permaneció con él mientras esperaba la llegada de ayuda.
Sin saberlo, su propio hijo James Dickson estaba entre las personas asesinadas.
El policía que enfrentó a Gray
Uno de los capítulos más dramáticos fue protagonizado por el sargento Stewart Guthrie, de 41 años.
Guthrie era el oficial responsable de la comisaría de Port Chalmers y fue uno de los primeros policías en responder. Conocía personalmente a Gray y se dirigió hacia Aramoana.
La situación policial era extremadamente complicada. Los agentes disponían de recursos limitados y, al principio, incluso existían problemas de comunicación por la falta de radios portátiles.
Guthrie intentó contener al atacante y proteger a la población. En un momento crítico se encontró cara a cara con Gray y le ordenó detenerse.
El sargento disparó un tiro de advertencia. Gray respondió abriendo fuego y Guthrie murió.
Su actuación fue posteriormente reconocida con la George Cross, una de las máximas condecoraciones británicas por valentía frente al enemigo o ante un peligro extremo.
Una noche de terror
Durante horas, la Policía buscó a Gray mientras los habitantes intentaban permanecer ocultos.
El atacante se desplazaba por la localidad y utilizaba diferentes armas de fuego. Una casa fue incendiada y varias personas quedaron heridas.
La Policía tuvo que realizar una búsqueda casa por casa. Los agentes sabían que Gray seguía armado y que podía atacar nuevamente en cualquier momento.
La operación terminó involucrando a miembros de los equipos policiales especializados, incluidos agentes del Anti-Terrorist Squad, antecesor de la actual Special Tactics Group.
Mientras avanzaba la operación, los policías también debían rescatar a personas heridas.
Los agentes Don Harvey y Paul Knox participaron en operaciones de rescate extremadamente peligrosas. En una de ellas encontraron personas heridas dentro de un vehículo. Una niña gravemente herida necesitaba ser evacuada.
Otros policías se expusieron al fuego para rescatar víctimas.
La Policía de Nueva Zelanda reconoció posteriormente a numerosos agentes por su comportamiento durante la operación.
El desenlace
La búsqueda continuó durante la noche y la mañana siguiente.
Finalmente, el 14 de noviembre de 1990, los equipos policiales localizaron a Gray. Cuando salió de una vivienda, llevaba un arma y abrió fuego.
Los policías respondieron.
Gray recibió disparos y quedó gravemente herido. Fue trasladado en una ambulancia, pero murió antes de llegar al hospital.
Con su muerte terminó el ataque.
Habían muerto 13 personas.
Entre ellas se encontraban niños de seis y once años, adultos jóvenes, personas mayores y el sargento Guthrie. Dos niñas sobrevivieron heridas, al igual que un agente de Policía.
Las víctimas
La lista de las víctimas muestra la dimensión humana de la tragedia:
Estas personas fueron recordadas oficialmente en un memorial levantado en Aramoana exactamente un año después de la masacre. El monumento contiene sus nombres y edades.
El impacto sobre las armas
La masacre tuvo consecuencias políticas importantes.
El ataque provocó un intenso debate nacional sobre las armas de fuego y, particularmente, sobre los llamados rifles semiautomáticos de estilo militar.
En 1992 Nueva Zelanda modificó sus regulaciones sobre este tipo de armas. La tragedia de Aramoana pasó a formar parte de una discusión nacional sobre cómo impedir que individuos peligrosos pudieran acceder a armas capaces de producir una matanza masiva.
Décadas después, Nueva Zelanda volvería a enfrentarse a otra masacre mucho mayor: los atentados contra las mezquitas de Christchurch de 2019. Aquella tragedia superó ampliamente el número de víctimas de Aramoana y volvió a colocar las armas de fuego en el centro del debate nacional.
Un pueblo que no olvidó
Aramoana nunca volvió a ser exactamente el mismo lugar.
La localidad quedó marcada por la memoria de sus vecinos muertos y por las historias de quienes sobrevivieron. Pero también quedó marcada por el heroísmo.
Personas comunes intentaron salvar a sus vecinos. Policías se enfrentaron a un hombre armado sabiendo que podían morir. Una mujer anciana herida buscó ayuda para otra persona. Una niña de nueve años, también herida, consiguió escapar para avisar que otros niños estaban atrapados.
Por eso, cuando se habla de Aramoana, no debería hablarse únicamente de David Gray.
La figura del atacante puede resultar llamativa, pero la historia pertenece sobre todo a las víctimas y a quienes intentaron salvar vidas.
El legado de Aramoana
David Gray murió sin llegar a un juicio y sin responder ante un tribunal por sus crímenes. Nunca hubo una sentencia que estableciera judicialmente su responsabilidad porque murió durante la intervención policial.
Pero los hechos quedaron registrados.
La masacre de Aramoana continúa siendo reconocida por las instituciones históricas de Nueva Zelanda como uno de los acontecimientos criminales más importantes de su historia moderna.
El memorial de Aramoana conserva los nombres de los 13 muertos.
Y quizá ésa sea la manera más apropiada de recordar aquella tragedia.
No como la historia de un hombre que decidió matar, sino como la historia de una pequeña comunidad que, en noviembre de 1990, sufrió una violencia inimaginable y cuyos habitantes demostraron un extraordinario valor.
David Gray murió aquel día. Aramoana, en cambio, tuvo que aprender a vivir con el recuerdo.
MEGA CAUSA ZONA 5 – JOSÉ MAIDANA Y LA LEYENDA BÍBLICA DE LA TORRE DE BABEL…A PLENO (Con video de 2 horas y 14 minutos)
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Finalmente llegó el día 8 de febrero de 2024 y con él la audiencia 81 en la que JOSÉ MAIDANA, (7años y medio en ilegal prisión preventiva hasta hoy) completó su declaración indagatoria, como imputado por los bien o mal llamados delitos de lesa humanidad. En la misma quedó a la vista uno de los aspectos que mayores problemas le ha causado al hombre desde el principio de los tiempos…la incomunicación.
Así se evidencia que en el desarrollo de la Mega Causa Zona 5 se repite la famosa leyenda bíblica de la Torre de Babel, en la que Dios como castigo a la arrogancia del hombre, decidió crear varias lenguas para que no se entendieran entre sí. De esta forma jueces, fiscales y “querellantas”, parecieran hablar un idioma y otro inentendible para ellos, nosotros los acusados y nuestros abogados defensores.
Durante más de 2 horas el otrora militar hizo una descripción pormenorizada de lo que ocurría en Bahía Blanca en los desgraciados años de plomo. Por supuesto con los consecuentes inmolados por el accionar subversivo, con nombre y apellido de los victimarios, que no eran jóvenes idealistas ni patriotas, como muchos falazmente los califican hoy, y de sus víctimas uniformadas. También cargó sobre el presente desempeño del poder judicial y sobre otros acontecimientos a los que calificó de “patrañas”.
Evidentemente la cruda descripción de todo este contexto a diferencia del que libremente, y fuera de tiempo, expusiera en la primera audiencia el iracundo y militante Jefe de Fiscales, MIGUEL PALAZZANI, no convenció, por el efecto “Torre de Babel”, y en consecuencia disgustó al tribunal.
Esto hizo que sobre el final su Presidente el Dr. PEDRO SEBASTIAN, expresara entre otras consideraciones que: “el leguaje inapropiado”, “las descalificaciones a las víctimas”, “las calificaciones exageradas”, “el tenor de las apreciaciones”, etc. empobrecían el discurso de los NARRANTES (refiriéndose a nosotros los inculpados sin presunción de inocencia, según reza en el frente del Tribunal Federal).
Minutos antes MAIDANA había mostrado imágenes de un humilde monolito que señala donde fueron asesinados en una emboscada terrorista el Cabo BRUNO ROJAS (26 años) y el soldado RENÉ PAPINI (21 años) y heridos 3 soldados más. También lo hizo con los cimientos de una faraónica obra que se está levantando, “con los impuestos de todos” (SIC), en lo que habría sido el centro de detención “La Escuelita”, junto al camino denominado “La Carrindanga”, en Bahía Blanca, que funcionará como otro centro de la memoria más. A su tiempo el fiscal PABLO FERMENTO, autodefiniéndose, sin pudor alguno, como miembro de un ministerio TOLERANTE, calificó a las expresiones del acusado como desagradables, de extrema gravedad, injuriantes y ultrajantes solicitando, con el apoyo de las “querellantas” Doctoras FERNÁNDEZ AVELLO y ANAHÍ JUNQUERA, que se
suprima de los registros audiovisuales, lo referente a la construcción del sitio de la memoria, a una víctima, y a la política retributiva para los miembros de la justicia mencionados por MAIDANA. ¿En su pretendida CENSURA confundirá sus atribuciones en esta desgraciada Argentina, con las que tendría de estar en ERITREA, COREA DEL DEL NORTE, o CUBA? Bueno, todo puede ser. Al respecto el tribunal resolverá en la próxima audiencia. Mientras tanto, soñemos con la imposible utopía de creer que algún día TODOS llegaremos a hablar el mismo idioma, como enseñanza del dolor y la muerte vividos en un pasado que no debió existir.
Claudio Kussman
Comisario Mayor (R)
Policía Prov. Buenos Aires
claudio@PrisioneroEnArgentina.com
www.PrisioneroEnArgentina.com
“La lengua condiciona la forma en que pensamos y determina aquellos sobre lo que podemos pensar”
Benjamin Lee Whorf (1897-1941)
PrisioneroEnArgentina.com
febrero 10, 2024