Hay palabras que se limitan a comentar lo escrito y existen otras —mucho más raras— que lo continúan. Las tuyas pertenecen a estas últimas: no se posaron sobre mi herida como un elogio, sino que descendieron respetuosamente hasta su sentido más secreto y encendieron allí una lámpara.
Has comprendido algo que acaso yo mismo necesité toda una vida para comprender: reconciliarse no significa llamar bueno al dolor, justificar la injusticia ni recuperar ilusoriamente aquello que perdimos. Significa impedir que lo irreversible continúe gobernando nuestra alma. Es mirar la ausencia sin negarla y poder decirle serenamente: fuiste parte de mi historia, pero ya no serás su dueño.
Por eso me conmueve profundamente esta verdad que nace de tus palabras: la reconciliación es el perdón compartido. Quien perdona suelta la cuerda que lo mantenía atado; pero cuando otra alma comprende ese gesto y lo acompaña, el perdón deja de ser una soledad y se convierte en comunión. Tal vez todo libro aspire, aun sin saberlo, a ese pequeño milagro: que una herida pronunciada por uno encuentre hospitalidad en el corazón de otro.
Te has llamado, con humildad, un “solidario pero falible e ineficaz Cirineo”. Permíteme disentir fraternalmente: ningún Cirineo es ineficaz. El Cirineo no evita el Calvario, no reemplaza al Crucificado ni borra el peso de la Cruz; simplemente acompaña durante una parte del camino. Y, para quien carga, ese breve tramo compartido puede contener la misericordia de un mundo entero.
Mi cruz jamás podría compararse con la de Cristo; apenas puedo depositarla a sus pies. Pero la fe me ha enseñado que Dios no glorifica el sufrimiento: lo rescata del absurdo cuando es atravesado por el amor. No fue el dolor el que me salvó, sino el Amor que no permitió que el dolor pronunciara la última palabra.
Cuando afirmas que este escrito consolida cuanto he venido reflexionando acerca de “la vida para la Vida”, me entregas al mismo tiempo una alegría y una responsabilidad. Si mi libro ha conseguido transmitir alguna verdad, acaso sea esta: la cicatriz también es una forma de escritura; el cuerpo recuerda aquello que el alma decidió transformar.
En aquel misterioso “Galpón de las Cruces” del que hablas, quizá ninguno de nosotros elija la madera ni la medida de la suya. Pero podemos decidir si permitiremos que su peso nos vuelva amargos o misericordiosos, encerrados o fraternales.
La mía me quitó una pierna durante la niñez, pero no consiguió quitarme el camino. Me obligó a recorrerlo de otra manera: con muletas visibles y, muchas veces, con alas invisibles. De esa antigua necesidad de volar nació, quizá, el Pez Volador: de la certeza de que también desde la ausencia puede levantarse una criatura hacia la luz.
Desde este Tafí en el que las montañas parecen custodiar el silencio de los siglos, recibo tu abrazo nacido en tu profética Santa Fe de la Vera Cruz. Entre ambos lugares puede existir una distancia en los mapas, pero ninguna en el espíritu.
Gracias, querido Adrián, por haber leído más allá de mis palabras; por no detenerte ante la herida y buscar, detrás de ella, el sentido; por recordarme que ningún libro termina en quien lo escribe: se cumple verdaderamente en el alma de quien lo recibe.
Tu lectura no solamente honra mi escrito: lo acompaña, lo prolonga y lo vuelve más verdadero.
Te abrazo con gratitud profunda, con afecto fraternal y con la esperanza de que continuemos unidos en esta vocación de buscar, entre las sombras del mundo, aquello que todavía conserva la belleza, la bondad y la verdad.
Que Dios te bendiga abundantemente y que María Santísima proteja siempre tu camino.
I am making a good salary from home $4580-$5240/week , which is amazing under a year ago I was jobless in a horrible economy. I thank God every day I was blessed with these instructions and now its my duty to pay it forward and share it with Everyone,
♣
Queridísimo Adrián Néstor Escudero:
Hay palabras que se limitan a comentar lo escrito y existen otras —mucho más raras— que lo continúan. Las tuyas pertenecen a estas últimas: no se posaron sobre mi herida como un elogio, sino que descendieron respetuosamente hasta su sentido más secreto y encendieron allí una lámpara.
Has comprendido algo que acaso yo mismo necesité toda una vida para comprender: reconciliarse no significa llamar bueno al dolor, justificar la injusticia ni recuperar ilusoriamente aquello que perdimos. Significa impedir que lo irreversible continúe gobernando nuestra alma. Es mirar la ausencia sin negarla y poder decirle serenamente: fuiste parte de mi historia, pero ya no serás su dueño.
Por eso me conmueve profundamente esta verdad que nace de tus palabras: la reconciliación es el perdón compartido. Quien perdona suelta la cuerda que lo mantenía atado; pero cuando otra alma comprende ese gesto y lo acompaña, el perdón deja de ser una soledad y se convierte en comunión. Tal vez todo libro aspire, aun sin saberlo, a ese pequeño milagro: que una herida pronunciada por uno encuentre hospitalidad en el corazón de otro.
Te has llamado, con humildad, un “solidario pero falible e ineficaz Cirineo”. Permíteme disentir fraternalmente: ningún Cirineo es ineficaz. El Cirineo no evita el Calvario, no reemplaza al Crucificado ni borra el peso de la Cruz; simplemente acompaña durante una parte del camino. Y, para quien carga, ese breve tramo compartido puede contener la misericordia de un mundo entero.
Mi cruz jamás podría compararse con la de Cristo; apenas puedo depositarla a sus pies. Pero la fe me ha enseñado que Dios no glorifica el sufrimiento: lo rescata del absurdo cuando es atravesado por el amor. No fue el dolor el que me salvó, sino el Amor que no permitió que el dolor pronunciara la última palabra.
Cuando afirmas que este escrito consolida cuanto he venido reflexionando acerca de “la vida para la Vida”, me entregas al mismo tiempo una alegría y una responsabilidad. Si mi libro ha conseguido transmitir alguna verdad, acaso sea esta: la cicatriz también es una forma de escritura; el cuerpo recuerda aquello que el alma decidió transformar.
En aquel misterioso “Galpón de las Cruces” del que hablas, quizá ninguno de nosotros elija la madera ni la medida de la suya. Pero podemos decidir si permitiremos que su peso nos vuelva amargos o misericordiosos, encerrados o fraternales.
La mía me quitó una pierna durante la niñez, pero no consiguió quitarme el camino. Me obligó a recorrerlo de otra manera: con muletas visibles y, muchas veces, con alas invisibles. De esa antigua necesidad de volar nació, quizá, el Pez Volador: de la certeza de que también desde la ausencia puede levantarse una criatura hacia la luz.
Desde este Tafí en el que las montañas parecen custodiar el silencio de los siglos, recibo tu abrazo nacido en tu profética Santa Fe de la Vera Cruz. Entre ambos lugares puede existir una distancia en los mapas, pero ninguna en el espíritu.
Gracias, querido Adrián, por haber leído más allá de mis palabras; por no detenerte ante la herida y buscar, detrás de ella, el sentido; por recordarme que ningún libro termina en quien lo escribe: se cumple verdaderamente en el alma de quien lo recibe.
Tu lectura no solamente honra mi escrito: lo acompaña, lo prolonga y lo vuelve más verdadero.
Te abrazo con gratitud profunda, con afecto fraternal y con la esperanza de que continuemos unidos en esta vocación de buscar, entre las sombras del mundo, aquello que todavía conserva la belleza, la bondad y la verdad.
Que Dios te bendiga abundantemente y que María Santísima proteja siempre tu camino.
Paz y Bien. Ora et Labora.
Jorge Bernabé Lobo Aragón
Jorge, el Pez Volador
1 thought on “CUANDO EL LECTOR SE VUELVE CIRINEO”
-
- Genesis Deighton
- posted on September 7, 2026
CommentI am making a good salary from home $4580-$5240/week , which is amazing under a year ago I was jobless in a horrible economy. I thank God every day I was blessed with these instructions and now its my duty to pay it forward and share it with Everyone,
Here is I started______ https://PayAtHome1.Com/