Desde Tafí del Valle, donde los cerros parecen inclinarse ante el misterio y el silencio tiene la antigua costumbre de hablar con Dios, recibo estas distinciones con una emoción que me excede.
No las recibo como vanidad. No las recibo como trofeo. No las recibo como una corona personal.
Las recibo como una señal.
Una señal de que la palabra, cuando nace del alma, puede cruzar fronteras, idiomas, pueblos, mares y continentes.
Una señal de que aquello que uno escribe en la soledad de una tarde, acaso bajo la protección invisible de los cerros, puede llegar un día al corazón de personas que nunca hemos visto, pero que reconocen en la poesía una patria común.
Agradezco profundamente el Certificado Internacional otorgado por Letters from the Heart – International Literary Group, en el marco de esta celebración cultural y espiritual que honra la palabra, la fe, la voluntad y la esperanza.
Agradezco también a la Confederación Internacional de Poetas Unidos por el Mundo, a la Editorial Internacional Unidos por el Mundo y a la Fundación Internacional Unidos por el Mundo, por este Certificado Honorífico de Mérito Propio, que recibo con respeto, humildad y sincera gratitud.
Toda distinción verdadera no sólo honra: compromete.
Compromete a seguir escribiendo.
Compromete a no traicionar la palabra.
Compromete a recordar que la literatura no es apenas belleza, sino también servicio, memoria, consuelo, testimonio y lámpara.
En este instante, no puedo dejar de pensar en mi madre.
Ella, que desde algún lugar más alto que todos los premios, seguramente sonríe en silencio.
Ella, que me enseñó -sin discursos y con el ejemplo- que la dignidad no se declama: se vive.
Ella, que sigue siendo raíz, refugio y música secreta de cuanto escribo.
Y también pienso en quienes me acompañan en este camino: amigos, lectores, poetas, hermanos del alma, seres generosos que reciben mis palabras como si fueran parte de una conversación antigua y necesaria.
Si algo de mí ha llegado lejos, no ha sido por mérito solitario. Ha sido porque la vida me dio dolores que se hicieron palabras, ausencias que se hicieron memoria, luchas que se hicieron destino, y afectos que se hicieron alas.
Por eso, desde este Valle que será siempre mi nido, mi refugio y mi altar de piedra y cielo, digo simplemente:
Gracias.
Gracias a quienes distinguen mi obra.
Gracias a quienes leen.
Gracias a quienes sienten. Gracias a quienes creen todavía que la palabra puede
encender una pequeña luz en medio de la noche del mundo.
Porque al final, tal vez escribir sea eso: dejar una lámpara encendida para que otro caminante no se pierda del todo en la oscuridad.
Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón
Desde Tafí del Valle – Tucumán –
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Desde Tafí del Valle, donde los cerros parecen inclinarse ante el misterio
y el silencio tiene la antigua costumbre de hablar con Dios, recibo estas distinciones con una emoción que me excede.
No las recibo como vanidad.
No las recibo como trofeo.
No las recibo como una corona personal.
Las recibo como una señal.
Una señal de que la palabra, cuando nace del alma, puede cruzar fronteras, idiomas, pueblos, mares y continentes.
Una señal de que aquello que uno escribe en la soledad de una tarde, acaso bajo la protección invisible de los cerros, puede llegar un día al corazón de personas que nunca hemos visto, pero que reconocen en la poesía una patria común.
Agradezco profundamente el Certificado Internacional otorgado por Letters from the Heart – International Literary Group, en el marco de esta celebración cultural y espiritual que honra la palabra, la fe, la voluntad y la esperanza.
Agradezco también a la Confederación Internacional de Poetas Unidos por el Mundo, a la Editorial Internacional Unidos por el Mundo y a la Fundación Internacional Unidos por el Mundo, por este Certificado Honorífico de Mérito Propio, que recibo con respeto, humildad y sincera gratitud.
Toda distinción verdadera no sólo honra: compromete.
Compromete a seguir escribiendo.
Compromete a no traicionar la palabra.
Compromete a recordar que la literatura no es apenas belleza, sino también servicio, memoria, consuelo, testimonio y lámpara.
En este instante, no puedo dejar de pensar en mi madre.
Ella, que desde algún lugar más alto que todos los premios, seguramente sonríe en silencio.
Ella, que me enseñó -sin discursos y con el ejemplo- que la dignidad no se declama: se vive.
Ella, que sigue siendo raíz, refugio y música secreta de cuanto escribo.
Y también pienso en quienes me acompañan en este camino: amigos, lectores, poetas, hermanos del alma, seres generosos que reciben mis palabras como si fueran parte de una conversación antigua y necesaria.
Si algo de mí ha llegado lejos, no ha sido por mérito solitario.
Ha sido porque la vida me dio dolores que se hicieron palabras, ausencias que se hicieron memoria, luchas que se hicieron destino, y afectos que se hicieron alas.
Por eso, desde este Valle que será siempre mi nido, mi refugio y mi altar de piedra y cielo, digo simplemente:
Gracias.
Gracias a quienes distinguen mi obra.
Gracias a quienes leen.
Gracias a quienes sienten. Gracias a quienes creen todavía que la palabra puede
encender una pequeña luz en medio de la noche del mundo.
Porque al final, tal vez escribir sea eso: dejar una lámpara encendida
para que otro caminante no se pierda del todo en la oscuridad.
Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón
Desde Tafí del Valle – Tucumán –
PrisioneroEnArgentina.com
Mayo 9, 2026