Durante años, Bolivia convivió con una historia criminal que parecía imposible: un hombre condenado por asesinato consiguió abandonar la prisión y, mientras se encontraba bajo detención domiciliaria, volvió a matar.
Ese hombre era Richard Choque Flores, uno de los criminales más conocidos y perturbadores de la historia reciente de Bolivia.
Su nombre quedó asociado principalmente con la ciudad de El Alto, donde fueron descubiertos los restos de varias de sus víctimas. Pero el caso trascendió los límites de la crónica policial. También reveló graves fallas del sistema judicial boliviano y provocó una investigación sobre jueces, abogados y funcionarios que habían permitido que un condenado considerado peligroso recuperara la libertad.
La primera condena
La historia criminal de Choque comenzó mucho antes de que Bolivia descubriera la magnitud de sus delitos.
En 2013 fue condenado por el asesinato de Blanca Rubí Limachi Sirpa, una joven de 20 años.
Según la reconstrucción del caso publicada por El Deber, Choque había secuestrado, agredido sexualmente y asesinado a la joven. Posteriormente recibió una condena de 30 años de prisión sin derecho a indulto.
Parecía que el caso había terminado.
Pero no fue así.
En 2019, mientras cumplía su condena, obtuvo un beneficio de detención domiciliaria concedido por el juez Rafael Alcón Aliaga. La decisión se justificó oficialmente mediante argumentos relacionados con su estado de salud. Más tarde, la investigación judicial cuestionaría seriamente las circunstancias de aquella liberación.
Choque salió de prisión.
Y volvió a delinquir.
La casa de El Alto
En enero de 2022, la Policía comenzó a investigar a Choque por otros delitos. El caso dio un giro dramático cuando los investigadores encontraron los cuerpos de dos jóvenes enterrados en una vivienda vinculada al acusado.
Las víctimas eran adolescentes.
Una de ellas era Lucy M. R. Z., de 17 años. Había desaparecido en mayo de 2021. La investigación posteriormente estableció que Choque era responsable de su muerte y recibió una nueva condena de 30 años.
Otra víctima identificada fue Iris M., de 15 años.
Las autoridades sostuvieron que ambas habían sido captadas mediante engaños y posteriormente sometidas a explotación sexual. En marzo de 2023, Choque recibió otra condena de 15 años por delitos relacionados con trata de personas, proxenetismo y pornografía, vinculados a ambas adolescentes.
La investigación estaba revelando una dimensión mucho mayor de sus actividades.
Una cuarta víctima
Pero todavía faltaba descubrir otro crimen.
En 2022 apareció el cuerpo de Fidel Lecón Choque, primo de Richard Choque. Los restos estaban enterrados en el patio de una vivienda de El Alto.
La investigación determinó que el asesinato había ocurrido aproximadamente en 2011, mucho antes de los crímenes que habían provocado su detención inicial.
Choque se declaró culpable y recibió otra condena de 30 años. Las autoridades consideraron que Fidel podía ser su primera víctima conocida cronológicamente.
De esa manera, la lista de víctimas confirmadas judicialmente fue creciendo.
El escándalo de la justicia
Pero la historia de Richard Choque no se convirtió en uno de los mayores escándalos criminales de Bolivia solamente por los asesinatos.
El elemento que provocó indignación nacional fue la manera en que había recuperado su libertad.
Choque tenía una sentencia de 30 años sin derecho a indulto. Sin embargo, en 2019 obtuvo detención domiciliaria.
Según la documentación publicada por El Deber, la resolución establecía determinadas condiciones: debía presentarse periódicamente ante la autoridad judicial, no podía cambiar de domicilio sin autorización y tenía prohibido involucrarse en actividades ilícitas.
Nada de eso impidió que volviera a cometer delitos.
Después de su recaptura, el caso provocó investigaciones sobre el juez que había otorgado el beneficio y sobre otras personas vinculadas con el sistema judicial.
El escándalo llegó a ser conocido como parte de una estructura de corrupción judicial que facilitaba la salida de condenados considerados peligrosos.
El juez
Rafael Alcón Aliaga quedó en el centro de la controversia.
El caso de Choque permitió descubrir que no se trataba necesariamente de un episodio aislado. Otros condenados por delitos graves también habían conseguido beneficios penitenciarios.
Una investigación de El Deber documentó varios casos de personas condenadas a 30 años que habían obtenido detención domiciliaria o beneficios similares.
La pregunta que comenzó a hacerse la sociedad boliviana era terrible:
¿Cuántos crímenes podrían haberse evitado si Choque hubiera permanecido en prisión?
No existe una respuesta definitiva.
Pero sí existe un hecho: durante el período en que estuvo fuera de la cárcel, fueron asesinadas nuevas víctimas.
Las redes sociales y las nuevas víctimas
Según las investigaciones fiscales difundidas por la prensa boliviana, Choque utilizaba redes sociales para captar a algunas de sus víctimas.
El contacto comenzaba aparentemente de manera normal y posteriormente podía transformarse en una situación de explotación, violencia y extorsión.
Las autoridades también señalaron que había extorsionado a numerosas mujeres.
El Deber informó que el Ministerio de Justicia llegó a señalar que Choque había extorsionado a unas 70 mujeres. Esa cifra debe entenderse como parte de las investigaciones y denuncias, no como una cantidad equivalente a víctimas de homicidio.
La diferencia es fundamental.
En los asesinatos existe una base judicial concreta. En cambio, el número de personas que pudieron haber sido víctimas de otros delitos es más difícil de establecer.
Las condenas
La Justicia boliviana terminó acumulando varias condenas contra Choque.
Además de la sentencia original por el asesinato de Blanca Limachi, recibió nuevas condenas relacionadas con Lucy Ramírez y Fidel Lecón Choque, y posteriormente otra sentencia vinculada con Iris y Lucy por delitos de trata y explotación.
En septiembre de 2022, El Deber informó que una cuarta sentencia de 30 años significaba que Choque permanecería en prisión hasta 2052, sin derecho a indulto.
El horror y la lección
El caso Richard Choque dejó una profunda herida en Bolivia.
No solamente por las víctimas y sus familias, sino porque mostró cómo una condena judicial puede perder gran parte de su significado cuando el sistema penitenciario y judicial permite que un criminal peligroso recupere la libertad de manera irregular.
La historia también recuerda la importancia de investigar las desapariciones, especialmente cuando existen antecedentes de violencia.
Las familias de algunas de las jóvenes asesinadas habían denunciado sus desapariciones. Durante meses buscaron respuestas sin saber que sus hijas estaban muertas.
Finalmente, la investigación llevó hasta una vivienda de El Alto.
Allí aparecieron las respuestas que nadie quería encontrar.
Un nombre que quedó marcado
Richard Choque Flores pasó de ser un condenado por un asesinato a convertirse en el protagonista de una investigación mucho más amplia.
La aparición de nuevos cadáveres reveló una secuencia criminal que había permanecido oculta durante años.
Pero quizá el aspecto más inquietante de toda la historia sea otro.
Choque ya había sido condenado.
El Estado ya sabía que era peligroso.
Ya existía una sentencia de 30 años.
Y, sin embargo, consiguió salir de prisión.
Mientras estuvo libre, otras jóvenes fueron asesinadas.
Por eso, el caso no solamente pertenece a la historia de los asesinos seriales de Bolivia. También pertenece a la historia de las fallas de la justicia.
Las víctimas tienen nombres y familias que todavía recuerdan su ausencia.
Y detrás de cada condena existe una pregunta que ningún sistema judicial debería olvidar:
¿Qué ocurre cuando un criminal que ya fue condenado vuelve a quedar libre y encuentra nuevamente una oportunidad para matar?
En Bolivia, la respuesta tiene un nombre: Richard Choque Flores.
Y una consecuencia que todavía resulta difícil de aceptar: algunas de sus víctimas podrían haber seguido con vida si aquella primera condena hubiera sido cumplida como correspondía.
PrisioneroEnArgentina.com
Octubre 20, 2026
1 thought on “El asesino serial que estremeció a Bolivia”
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Durante años, Bolivia convivió con una historia criminal que parecía imposible: un hombre condenado por asesinato consiguió abandonar la prisión y, mientras se encontraba bajo detención domiciliaria, volvió a matar.
Ese hombre era Richard Choque Flores, uno de los criminales más conocidos y perturbadores de la historia reciente de Bolivia.
Su nombre quedó asociado principalmente con la ciudad de El Alto, donde fueron descubiertos los restos de varias de sus víctimas. Pero el caso trascendió los límites de la crónica policial. También reveló graves fallas del sistema judicial boliviano y provocó una investigación sobre jueces, abogados y funcionarios que habían permitido que un condenado considerado peligroso recuperara la libertad.
La primera condena
La historia criminal de Choque comenzó mucho antes de que Bolivia descubriera la magnitud de sus delitos.
En 2013 fue condenado por el asesinato de Blanca Rubí Limachi Sirpa, una joven de 20 años.
Según la reconstrucción del caso publicada por El Deber, Choque había secuestrado, agredido sexualmente y asesinado a la joven. Posteriormente recibió una condena de 30 años de prisión sin derecho a indulto.
Parecía que el caso había terminado.
Pero no fue así.
En 2019, mientras cumplía su condena, obtuvo un beneficio de detención domiciliaria concedido por el juez Rafael Alcón Aliaga. La decisión se justificó oficialmente mediante argumentos relacionados con su estado de salud. Más tarde, la investigación judicial cuestionaría seriamente las circunstancias de aquella liberación.
Choque salió de prisión.
Y volvió a delinquir.
La casa de El Alto
Las víctimas eran adolescentes.
Una de ellas era Lucy M. R. Z., de 17 años. Había desaparecido en mayo de 2021. La investigación posteriormente estableció que Choque era responsable de su muerte y recibió una nueva condena de 30 años.
Otra víctima identificada fue Iris M., de 15 años.
Las autoridades sostuvieron que ambas habían sido captadas mediante engaños y posteriormente sometidas a explotación sexual. En marzo de 2023, Choque recibió otra condena de 15 años por delitos relacionados con trata de personas, proxenetismo y pornografía, vinculados a ambas adolescentes.
La investigación estaba revelando una dimensión mucho mayor de sus actividades.
Una cuarta víctima
Pero todavía faltaba descubrir otro crimen.
En 2022 apareció el cuerpo de Fidel Lecón Choque, primo de Richard Choque. Los restos estaban enterrados en el patio de una vivienda de El Alto.
La investigación determinó que el asesinato había ocurrido aproximadamente en 2011, mucho antes de los crímenes que habían provocado su detención inicial.
Choque se declaró culpable y recibió otra condena de 30 años. Las autoridades consideraron que Fidel podía ser su primera víctima conocida cronológicamente.
De esa manera, la lista de víctimas confirmadas judicialmente fue creciendo.
El escándalo de la justicia
Pero la historia de Richard Choque no se convirtió en uno de los mayores escándalos criminales de Bolivia solamente por los asesinatos.
El elemento que provocó indignación nacional fue la manera en que había recuperado su libertad.
Choque tenía una sentencia de 30 años sin derecho a indulto. Sin embargo, en 2019 obtuvo detención domiciliaria.
Según la documentación publicada por El Deber, la resolución establecía determinadas condiciones: debía presentarse periódicamente ante la autoridad judicial, no podía cambiar de domicilio sin autorización y tenía prohibido involucrarse en actividades ilícitas.
Nada de eso impidió que volviera a cometer delitos.
Después de su recaptura, el caso provocó investigaciones sobre el juez que había otorgado el beneficio y sobre otras personas vinculadas con el sistema judicial.
El escándalo llegó a ser conocido como parte de una estructura de corrupción judicial que facilitaba la salida de condenados considerados peligrosos.
El juez
Rafael Alcón Aliaga quedó en el centro de la controversia.
El caso de Choque permitió descubrir que no se trataba necesariamente de un episodio aislado. Otros condenados por delitos graves también habían conseguido beneficios penitenciarios.
Una investigación de El Deber documentó varios casos de personas condenadas a 30 años que habían obtenido detención domiciliaria o beneficios similares.
La pregunta que comenzó a hacerse la sociedad boliviana era terrible:
¿Cuántos crímenes podrían haberse evitado si Choque hubiera permanecido en prisión?
No existe una respuesta definitiva.
Pero sí existe un hecho: durante el período en que estuvo fuera de la cárcel, fueron asesinadas nuevas víctimas.
Las redes sociales y las nuevas víctimas
Según las investigaciones fiscales difundidas por la prensa boliviana, Choque utilizaba redes sociales para captar a algunas de sus víctimas.
El contacto comenzaba aparentemente de manera normal y posteriormente podía transformarse en una situación de explotación, violencia y extorsión.
Las autoridades también señalaron que había extorsionado a numerosas mujeres.
El Deber informó que el Ministerio de Justicia llegó a señalar que Choque había extorsionado a unas 70 mujeres. Esa cifra debe entenderse como parte de las investigaciones y denuncias, no como una cantidad equivalente a víctimas de homicidio.
La diferencia es fundamental.
En los asesinatos existe una base judicial concreta. En cambio, el número de personas que pudieron haber sido víctimas de otros delitos es más difícil de establecer.
Las condenas
La Justicia boliviana terminó acumulando varias condenas contra Choque.
Además de la sentencia original por el asesinato de Blanca Limachi, recibió nuevas condenas relacionadas con Lucy Ramírez y Fidel Lecón Choque, y posteriormente otra sentencia vinculada con Iris y Lucy por delitos de trata y explotación.
En septiembre de 2022, El Deber informó que una cuarta sentencia de 30 años significaba que Choque permanecería en prisión hasta 2052, sin derecho a indulto.
El horror y la lección
No solamente por las víctimas y sus familias, sino porque mostró cómo una condena judicial puede perder gran parte de su significado cuando el sistema penitenciario y judicial permite que un criminal peligroso recupere la libertad de manera irregular.
La historia también recuerda la importancia de investigar las desapariciones, especialmente cuando existen antecedentes de violencia.
Las familias de algunas de las jóvenes asesinadas habían denunciado sus desapariciones. Durante meses buscaron respuestas sin saber que sus hijas estaban muertas.
Finalmente, la investigación llevó hasta una vivienda de El Alto.
Allí aparecieron las respuestas que nadie quería encontrar.
Un nombre que quedó marcado
Richard Choque Flores pasó de ser un condenado por un asesinato a convertirse en el protagonista de una investigación mucho más amplia.
La aparición de nuevos cadáveres reveló una secuencia criminal que había permanecido oculta durante años.
Pero quizá el aspecto más inquietante de toda la historia sea otro.
Choque ya había sido condenado.
El Estado ya sabía que era peligroso.
Ya existía una sentencia de 30 años.
Y, sin embargo, consiguió salir de prisión.
Mientras estuvo libre, otras jóvenes fueron asesinadas.
Por eso, el caso no solamente pertenece a la historia de los asesinos seriales de Bolivia. También pertenece a la historia de las fallas de la justicia.
Las víctimas tienen nombres y familias que todavía recuerdan su ausencia.
Y detrás de cada condena existe una pregunta que ningún sistema judicial debería olvidar:
¿Qué ocurre cuando un criminal que ya fue condenado vuelve a quedar libre y encuentra nuevamente una oportunidad para matar?
En Bolivia, la respuesta tiene un nombre: Richard Choque Flores.
Y una consecuencia que todavía resulta difícil de aceptar: algunas de sus víctimas podrían haber seguido con vida si aquella primera condena hubiera sido cumplida como correspondía.
1 thought on “El asesino serial que estremeció a Bolivia”
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- Alaya Pope
- posted on October 20, 2026
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