EL COVID 19: ¿UN MENSAJE DE DIOS?

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 Escribe: My (RE) Carlos Españadero

LOS DERECHOS HUMANOS

No escribo como un crítico. Solo reflexiono ante una situación dramática. Hay muchas lecciones que surgen claramente que no se pueden desdeñar.

E instintivamente pienso en Dios.

Los magníficos  progresos que la humanidad ha generado en los últimos dos siglos, ha permitido visualizar increíbles creaciones humanas, que mueven a la admiración. Gracias a todas ellas, el ser humano se ha visto beneficiado en su nivel de vida, logrando para la gran mayoría de ellos un bienestar que resultaría fantasioso e increíbles para los que vivieron antes del siglo XIX.

Pero parecería, que esta evolución no ha sido acompañada con similar rapidez por las conductas humanas. Esto ha producido un énfasis de la soberbia, acostumbrada a mirar la conducta del otro y no haciéndolo con la propia.

Se ha progresado en precisar los derechos humanos, pero para fiscalizar como lo cumplen los demás, y olvidando que estos se enuncian para mirar hacia adentro de nosotros, y con severa autocrítica juzgar nuestras propias conductas.

Son admirables los “salvadores de la Patria” que con notable “ego” describen la Patria según sus gustos y con ello descalifican a quienes con iguales derechos la ven de otra manera. Terrible jactancia que tantas luchas a veces cruentas, generan. Y no se puede olvidar a los salvadores de Dios, que en nombre de Él se tornan en prematuros jueces de las conductas ajenas como si el Supremo necesitara de ellos para salvarse de la “maldad humana”. Y se puede considerar en el orden de las naciones, la lucha por la supremacía armamentista, siempre en nombre de la justicia, de la paz y la felicidad de la humanidad, donde es necesario exterminar la parte que no acepta vivir como ellos quieren.

Paradójicamente, pienso que Dios sin ayuda de ningún humano, los ha convertido en víctimas, a todos, sin tener en cuenta si es pueblo, si es gobernante, si es famoso, o lo que fuera. Basta un microorganismo, que en dos meses se convierte en el más temible elemento que pone al planeta en alarma y en una situación de impotencia que mueve a inclinarse hacia el temor y la necesidad de luchar casi a ciegas contra un enemigo calificado como “invisible”. Al demonio con la altivez, la altanería, la arrogancia, la vanidad, la impertinencia, la jactancia, la pedantería, los humos o las ínfulas. Ya todos comienzan a pensar en “sálvese quien pueda”. Pero a la vez, si esta acción fuera divina, percibo que el mensaje que envía es aleccionador: para salvarse hay que ser solidario. No hay que salir a matar. Ya el virus se encarga de esto. Hay que salir a salvar, porque a la vez, tenemos que evitar el contagio. Claro que muchos, y lo vemos en el periodismo, copiando la conducta de los humanos de hoy, salen como fiscales a buscar culpables de falta de solidaridad, ¡Y vaya si encuentran! Y sin querer hasta eso es una actividad que se convierte en constructiva. Salvo cuando proponen colgar de un poste al transgresor. Pienso, y en eso con alegría, que, si el mensaje es de Dios, es consecuente con el que siempre ha dado “amarás a tu prójimo como a ti mismo” y “se severo con ti mismo” y seguramente de ese modo podremos continuar la marcha hacia el día en que Dios decida el fin del mundo. Y esperemos que, por nuestra fatuidad y pedantería, no seamos el que amenaza al virus, que ya ha logrado más de medio millón de muertes, y asegura muchas más, sino la extinción de la Humanidad. Esto me motiva para sugerir, que quizás ha llegado el momento en que moderar nuestra altanería, nuestra soberbia, sea una necesidad y tomando conciencia que todos nuestros derechos parten de tomar conciencia de que todos ellos son posible a partir del reconocimiento de cada uno, que el primer deber de cada ser humano es respetar los derechos humanos de los demás.

 


PrisioneroEnArgentina.com

Marzo 29, 2020


 

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