Una acusación que provocó un inesperado choque diplomático
Una publicación en las redes sociales terminó convirtiéndose en un nuevo foco de tensión entre el gobierno de Javier Milei y China.
El protagonista fue Juan Pablo Carreira, director nacional de Comunicación Digital de la Presidencia y conocido en las redes sociales como “Juan Doe”, un dirigente identificado con el sector más combativo del universo libertario. Carreira publicó un mensaje en el que responsabilizó al Partido Comunista Chino (PCCh) por la devastadora tragedia ocurrida en la frontera entre Nepal y China.
El desastre dejó, según los últimos balances disponibles, al menos 1.003 muertos y 4.462 desaparecidos entre Nepal y Tíbet. La catástrofe comenzó con el colapso de una formación glaciar de gran altitud en Nepal, que desencadenó una gigantesca avalancha de hielo, roca, agua y sedimentos.
Pero Carreira presentó una interpretación completamente diferente.
Según escribió, una empresa estatal china estaba construyendo una enorme instalación hidroeléctrica cerca de un glaciar y los problemas propios de la gestión estatal de la actividad industrial habrían provocado el desastre.
La acusación fue mucho más allá de una crítica a una empresa.
Carreira convirtió el episodio en un argumento contra el comunismo.
Y ahí comenzó el problema diplomático.
La publicación de Juan Doe
Carreira afirmó que una empresa estatal china construía una “mega-instalación hidroeléctrica” junto a un glaciar en la frontera con Nepal.
Según su interpretación, fallas relacionadas con la organización estatal de la actividad industrial habrían provocado un enorme colapso.
Posteriormente sostuvo que una parte del glaciar se había desprendido y que el alud resultante había provocado miles de muertos.
El funcionario vinculó inmediatamente el episodio con una lista de grandes tragedias históricas asociadas, según él, con gobiernos comunistas.
Mencionó Chernóbil, el desastre del mar de Aral, el Gran Salto Adelante y el Holodomor.
Y terminó con una frase particularmente contundente:
“El comunismo mata.”
Después agregó que el Partido Comunista, incluso cuando se presenta como empresario, también mata.
El mensaje tenía, por lo tanto, dos niveles.
El primero era una acusación concreta: China habría tenido responsabilidad en el desastre de Nepal.
El segundo era ideológico: la tragedia demostraría nuevamente, según Carreira, los peligros de la organización económica estatal.
El problema es que para sostener el primer argumento hacía falta demostrar una relación causal entre la infraestructura china y el desprendimiento glaciar.
Y esa relación no estaba demostrada.
¿Qué ocurrió realmente en Nepal?
Los informes publicados hasta ahora describen una catástrofe natural de enormes dimensiones.
El desastre comenzó en una región montañosa cercana a la frontera entre Nepal y el Tíbet. El colapso de una estructura glaciar liberó una gigantesca masa de hielo, roca y agua que descendió violentamente por el valle.
La avalancha afectó inicialmente la zona tibetana de Gyirong y posteriormente avanzó hacia Nepal.
El resultado fue una devastadora inundación y una cadena de deslizamientos de tierra.
El balance continuaba aumentando mientras los equipos de rescate buscaban desaparecidos.
Según la información disponible el 1 de septiembre, Nepal registraba 987 muertos y 3.916 desaparecidos, mientras China había informado oficialmente de 16 muertos y 546 desaparecidos.
Las autoridades de ambos países describieron el origen del fenómeno como un desprendimiento natural de un glaciar de gran altura.
La Embajada china en Buenos Aires fue todavía más explícita.
Afirmó que expertos y organismos oficiales chinos y nepaleses habían realizado evaluaciones que apuntaban a que el desastre había sido provocado por el desprendimiento de un glaciar situado en territorio nepalí.
Esto no significa que todas las investigaciones científicas sobre el desastre estén necesariamente terminadas.
Una catástrofe de semejante magnitud requiere estudios geológicos, hidrológicos y de infraestructura antes de establecer definitivamente todas las causas.
Pero existe una diferencia fundamental entre investigar si una obra pudo agravar un desastre y afirmar públicamente que una empresa estatal china lo provocó.
Beijing responde
La respuesta china no tardó.
La Embajada de la República Popular China en Buenos Aires publicó un comunicado en el que no mencionó directamente a Carreira por su nombre, pero la referencia era evidente.
La representación diplomática acusó a “cierto funcionario argentino” de difundir rumores para atacar al Partido Comunista Chino.
Beijing calificó sus declaraciones de producto de “prejuicios ideológicos sesgados” y sostuvo que las afirmaciones carecían de fundamento.
La Embajada pidió al funcionario que modificara inmediatamente su actitud, abandonara las especulaciones y dejara de “politizar” las catástrofes naturales.
También advirtió que este tipo de declaraciones podían perjudicar las relaciones y la cooperación entre Argentina y China.
El tono fue inusualmente fuerte.
No se trataba simplemente de una discusión en redes sociales entre dos usuarios.
Un funcionario argentino había realizado una acusación contra una potencia extranjera y una embajada extranjera había respondido oficialmente.
La polémica había pasado del mundo digital al terreno diplomático.
Un funcionario, no solamente un tuitero
Aquí aparece una cuestión importante.
Carreira no es simplemente un ciudadano que expresa una opinión política.
Es un funcionario del Gobierno argentino.
Ocupa el cargo de director nacional de Comunicación Digital de la Presidencia y tiene un papel dentro de la estrategia comunicacional del gobierno de Milei.
Sin embargo, según las informaciones publicadas, Carreira no es ministro, no integra la Cancillería y no es quien define oficialmente la política exterior argentina. Su publicación fue realizada desde su cuenta personal de X.
Esta distinción es importante.
Una cosa es afirmar que un funcionario libertario realizó una acusación contra China.
Otra, mucho más grave diplomáticamente, sería afirmar que el Gobierno argentino responsabilizó oficialmente a China por la tragedia.
Hasta ahora no existe evidencia de que Milei haya emitido semejante acusación.
La publicación pertenece a Carreira.
Pero el problema es que, cuando una persona ocupa una posición dentro del aparato estatal, sus palabras pueden adquirir una dimensión diferente.
La batalla ideológica contra el comunismo
Juan Pablo Carreira
La reacción de Carreira no apareció en un vacío ideológico.
El anticomunismo constituye uno de los elementos centrales del discurso de Milei y de una parte importante del movimiento libertario argentino.
Milei ha atacado repetidamente al socialismo y al comunismo, identificándolos con regímenes autoritarios, pobreza, restricciones a la libertad y violaciones de los derechos individuales.
Carreira llevó esa lógica a un acontecimiento concreto.
Para él, la tragedia no debía ser analizada solamente como un fenómeno natural.
Debía convertirse también en una demostración de los riesgos de la administración estatal.
Su argumento fue esencialmente político:
si una empresa estatal china estaba involucrada en la zona y la infraestructura falló, entonces el desastre constituía una nueva demostración de los peligros del comunismo.
El problema reside en el primer paso de esa cadena argumental.
Hasta ahora, las fuentes disponibles no han demostrado que una falla de una empresa estatal china haya causado el desprendimiento glaciar.
Por eso la discusión política y la investigación factual deben mantenerse separadas.
Chernóbil, el Gran Salto Adelante y el Holodomor
La comparación realizada por Carreira también abrió otro debate.
El funcionario mencionó conjuntamente acontecimientos históricos muy diferentes.
Chernóbil fue el accidente nuclear de 1986 ocurrido en la entonces Unión Soviética.
El Gran Salto Adelante fue la campaña económica impulsada por Mao Zedong en China entre 1958 y 1962, asociada con una enorme hambruna y decenas de millones de muertes según distintas estimaciones históricas.
El Holodomor fue la hambruna de 1932-1933 en la Ucrania soviética, cuya interpretación histórica y jurídica continúa siendo objeto de intensos debates internacionales, aunque numerosos países la reconocen como genocidio.
El desastre del mar de Aral, por otra parte, fue resultado de décadas de desvío de los ríos que alimentaban ese cuerpo de agua para proyectos agrícolas soviéticos.
Es legítimo discutir las responsabilidades de los regímenes comunistas en todos esos episodios.
Pero utilizar acontecimientos históricos distintos como evidencia de la causa de una catástrofe glaciar contemporánea es otra cuestión.
Una comparación política no constituye una prueba científica.
El problema de las “fake news”
La polémica adquirió todavía mayor gravedad porque las acusaciones se realizaron desde una posición oficial.
En Argentina, dirigentes de todos los sectores políticos han sido acusados en diferentes momentos de difundir información falsa o no verificada.
Pero cuando la acusación involucra a una potencia extranjera, las consecuencias pueden ser mayores.
China no es un país irrelevante para Argentina.
Es uno de los principales socios comerciales del país y tiene importancia en las exportaciones argentinas, especialmente en productos agroindustriales, además de mantener vínculos financieros y comerciales de gran magnitud.
Por eso cualquier conflicto diplomático innecesario puede tener consecuencias económicas.
El episodio es particularmente paradójico porque el gobierno de Milei mantiene una relación ideológicamente incómoda pero económicamente pragmática con Beijing.
Milei es profundamente crítico del sistema político chino, pero Argentina necesita comerciar con China.
Esa contradicción obliga al Gobierno a caminar por una línea muy delicada.
La oposición pide explicaciones
El episodio tampoco quedó limitado a la discusión entre Carreira y la Embajada china.
Sectores de la oposición cuestionaron al funcionario y reclamaron explicaciones.
Incluso se informó que diputados solicitaron que Carreira concurra al Congreso para explicar sus acusaciones y rectificar sus dichos.
El argumento de los críticos es sencillo:
si un funcionario argentino acusa públicamente a otro Estado de provocar una tragedia que causó miles de muertos, debe poder demostrar las evidencias que respaldan semejante afirmación.
No basta con un video en redes sociales.
No basta con una interpretación política.
No basta con una sospecha.
Una acusación de esa magnitud necesita documentos, informes técnicos, investigaciones independientes y evidencia verificable.
China también tiene una dimensión polémica
Sin embargo, sería igualmente simplista aceptar automáticamente toda la explicación oficial de Beijing.
China es una potencia autoritaria y el Partido Comunista Chino controla estrechamente el sistema político, los medios estatales y numerosos aspectos de la información pública.
Por eso las declaraciones de Beijing también deben ser examinadas críticamente.
La pregunta correcta no debería ser:
“¿Hay que creerle a China o a Carreira?”
La pregunta debería ser:
“¿Qué dicen las investigaciones técnicas independientes sobre las causas del desastre?”
Esa es la diferencia entre propaganda y periodismo.
Si una investigación demuestra que una obra humana agravó o desencadenó el desastre, habrá que responsabilizar a quienes correspondan.
Si las investigaciones demuestran que se trató de un fenómeno geológico natural sin relación con infraestructura china, entonces la acusación de Carreira quedará desacreditada.
El costo diplomático de una publicación
El caso demuestra cómo una publicación aparentemente personal puede convertirse en un problema de Estado.
Para los libertarios, el episodio puede representar una defensa coherente de su oposición al comunismo.
Para China, constituye una acusación irresponsable contra su sistema político y sus empresas.
Para la Cancillería argentina, es un problema incómodo.
Argentina necesita mantener relaciones con Estados Unidos y, al mismo tiempo, comerciar con China.
Milei puede ser ideológicamente cercano a Washington, pero la economía argentina no puede simplemente ignorar a Beijing.
Ese es el dilema.
La política exterior no funciona exactamente como las redes sociales.
En X se puede escribir una frase contundente en segundos.
Una relación bilateral puede tardar décadas en construirse.
Una polémica que todavía no terminó
La tragedia de Nepal es, ante todo, una tragedia humana.
Más de mil personas han muerto y miles permanecen desaparecidas. Familias enteras han perdido sus hogares y comunidades completas fueron golpeadas por una avalancha de proporciones extraordinarias.
Convertir inmediatamente una catástrofe de esta magnitud en un arma de combate ideológico tiene riesgos.
Carreira quiso presentar el desastre como una nueva prueba contra el comunismo.
China respondió defendiendo al Partido Comunista y acusándolo de difundir rumores.
Pero ninguna de las dos posiciones sustituye una investigación científica.
La gran pregunta continúa siendo qué provocó exactamente el desprendimiento y si alguna actividad humana contribuyó a agravarlo.
Hasta que esa investigación esté concluida, responsabilizar categóricamente a una empresa china o al Partido Comunista Chino es una afirmación que debe tratarse como una acusación política no demostrada, no como un hecho establecido.
El episodio, sin embargo, revela algo importante sobre la Argentina de Milei: la batalla ideológica contra el comunismo ya no se desarrolla solamente dentro de las fronteras nacionales. Puede llegar hasta las redes sociales, involucrar a funcionarios públicos y terminar provocando respuestas de embajadas extranjeras.
Y en un mundo donde Argentina necesita simultáneamente a Washington y a Beijing, cada palabra puede tener un precio.
PrisioneroEnArgentina.com
Setiembre 17, 2026
4 thoughts on “El funcionario libertario que culpó al Partido Comunista Chino por la tragedia de Nepal”
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Una acusación que provocó un inesperado choque diplomático
Una publicación en las redes sociales terminó convirtiéndose en un nuevo foco de tensión entre el gobierno de Javier Milei y China.
El protagonista fue Juan Pablo Carreira, director nacional de Comunicación Digital de la Presidencia y conocido en las redes sociales como “Juan Doe”, un dirigente identificado con el sector más combativo del universo libertario. Carreira publicó un mensaje en el que responsabilizó al Partido Comunista Chino (PCCh) por la devastadora tragedia ocurrida en la frontera entre Nepal y China.
El desastre dejó, según los últimos balances disponibles, al menos 1.003 muertos y 4.462 desaparecidos entre Nepal y Tíbet. La catástrofe comenzó con el colapso de una formación glaciar de gran altitud en Nepal, que desencadenó una gigantesca avalancha de hielo, roca, agua y sedimentos.
Pero Carreira presentó una interpretación completamente diferente.
Según escribió, una empresa estatal china estaba construyendo una enorme instalación hidroeléctrica cerca de un glaciar y los problemas propios de la gestión estatal de la actividad industrial habrían provocado el desastre.
La acusación fue mucho más allá de una crítica a una empresa.
Carreira convirtió el episodio en un argumento contra el comunismo.
Y ahí comenzó el problema diplomático.
La publicación de Juan Doe
Carreira afirmó que una empresa estatal china construía una “mega-instalación hidroeléctrica” junto a un glaciar en la frontera con Nepal.
Según su interpretación, fallas relacionadas con la organización estatal de la actividad industrial habrían provocado un enorme colapso.
Posteriormente sostuvo que una parte del glaciar se había desprendido y que el alud resultante había provocado miles de muertos.
El funcionario vinculó inmediatamente el episodio con una lista de grandes tragedias históricas asociadas, según él, con gobiernos comunistas.
Mencionó Chernóbil, el desastre del mar de Aral, el Gran Salto Adelante y el Holodomor.
Y terminó con una frase particularmente contundente:
“El comunismo mata.”
Después agregó que el Partido Comunista, incluso cuando se presenta como empresario, también mata.
El mensaje tenía, por lo tanto, dos niveles.
El primero era una acusación concreta: China habría tenido responsabilidad en el desastre de Nepal.
El segundo era ideológico: la tragedia demostraría nuevamente, según Carreira, los peligros de la organización económica estatal.
El problema es que para sostener el primer argumento hacía falta demostrar una relación causal entre la infraestructura china y el desprendimiento glaciar.
Y esa relación no estaba demostrada.
¿Qué ocurrió realmente en Nepal?
Los informes publicados hasta ahora describen una catástrofe natural de enormes dimensiones.
El desastre comenzó en una región montañosa cercana a la frontera entre Nepal y el Tíbet. El colapso de una estructura glaciar liberó una gigantesca masa de hielo, roca y agua que descendió violentamente por el valle.
La avalancha afectó inicialmente la zona tibetana de Gyirong y posteriormente avanzó hacia Nepal.
El resultado fue una devastadora inundación y una cadena de deslizamientos de tierra.
El balance continuaba aumentando mientras los equipos de rescate buscaban desaparecidos.
Según la información disponible el 1 de septiembre, Nepal registraba 987 muertos y 3.916 desaparecidos, mientras China había informado oficialmente de 16 muertos y 546 desaparecidos.
Las autoridades de ambos países describieron el origen del fenómeno como un desprendimiento natural de un glaciar de gran altura.
La Embajada china en Buenos Aires fue todavía más explícita.
Afirmó que expertos y organismos oficiales chinos y nepaleses habían realizado evaluaciones que apuntaban a que el desastre había sido provocado por el desprendimiento de un glaciar situado en territorio nepalí.
Esto no significa que todas las investigaciones científicas sobre el desastre estén necesariamente terminadas.
Una catástrofe de semejante magnitud requiere estudios geológicos, hidrológicos y de infraestructura antes de establecer definitivamente todas las causas.
Pero existe una diferencia fundamental entre investigar si una obra pudo agravar un desastre y afirmar públicamente que una empresa estatal china lo provocó.
Beijing responde
La respuesta china no tardó.
La Embajada de la República Popular China en Buenos Aires publicó un comunicado en el que no mencionó directamente a Carreira por su nombre, pero la referencia era evidente.
La representación diplomática acusó a “cierto funcionario argentino” de difundir rumores para atacar al Partido Comunista Chino.
Beijing calificó sus declaraciones de producto de “prejuicios ideológicos sesgados” y sostuvo que las afirmaciones carecían de fundamento.
La Embajada pidió al funcionario que modificara inmediatamente su actitud, abandonara las especulaciones y dejara de “politizar” las catástrofes naturales.
También advirtió que este tipo de declaraciones podían perjudicar las relaciones y la cooperación entre Argentina y China.
El tono fue inusualmente fuerte.
No se trataba simplemente de una discusión en redes sociales entre dos usuarios.
Un funcionario argentino había realizado una acusación contra una potencia extranjera y una embajada extranjera había respondido oficialmente.
La polémica había pasado del mundo digital al terreno diplomático.
Un funcionario, no solamente un tuitero
Aquí aparece una cuestión importante.
Carreira no es simplemente un ciudadano que expresa una opinión política.
Es un funcionario del Gobierno argentino.
Ocupa el cargo de director nacional de Comunicación Digital de la Presidencia y tiene un papel dentro de la estrategia comunicacional del gobierno de Milei.
Sin embargo, según las informaciones publicadas, Carreira no es ministro, no integra la Cancillería y no es quien define oficialmente la política exterior argentina. Su publicación fue realizada desde su cuenta personal de X.
Esta distinción es importante.
Una cosa es afirmar que un funcionario libertario realizó una acusación contra China.
Otra, mucho más grave diplomáticamente, sería afirmar que el Gobierno argentino responsabilizó oficialmente a China por la tragedia.
Hasta ahora no existe evidencia de que Milei haya emitido semejante acusación.
La publicación pertenece a Carreira.
Pero el problema es que, cuando una persona ocupa una posición dentro del aparato estatal, sus palabras pueden adquirir una dimensión diferente.
La batalla ideológica contra el comunismo
La reacción de Carreira no apareció en un vacío ideológico.
El anticomunismo constituye uno de los elementos centrales del discurso de Milei y de una parte importante del movimiento libertario argentino.
Milei ha atacado repetidamente al socialismo y al comunismo, identificándolos con regímenes autoritarios, pobreza, restricciones a la libertad y violaciones de los derechos individuales.
Carreira llevó esa lógica a un acontecimiento concreto.
Para él, la tragedia no debía ser analizada solamente como un fenómeno natural.
Debía convertirse también en una demostración de los riesgos de la administración estatal.
Su argumento fue esencialmente político:
si una empresa estatal china estaba involucrada en la zona y la infraestructura falló, entonces el desastre constituía una nueva demostración de los peligros del comunismo.
El problema reside en el primer paso de esa cadena argumental.
Hasta ahora, las fuentes disponibles no han demostrado que una falla de una empresa estatal china haya causado el desprendimiento glaciar.
Por eso la discusión política y la investigación factual deben mantenerse separadas.
Chernóbil, el Gran Salto Adelante y el Holodomor
La comparación realizada por Carreira también abrió otro debate.
El funcionario mencionó conjuntamente acontecimientos históricos muy diferentes.
Chernóbil fue el accidente nuclear de 1986 ocurrido en la entonces Unión Soviética.
El Gran Salto Adelante fue la campaña económica impulsada por Mao Zedong en China entre 1958 y 1962, asociada con una enorme hambruna y decenas de millones de muertes según distintas estimaciones históricas.
El Holodomor fue la hambruna de 1932-1933 en la Ucrania soviética, cuya interpretación histórica y jurídica continúa siendo objeto de intensos debates internacionales, aunque numerosos países la reconocen como genocidio.
El desastre del mar de Aral, por otra parte, fue resultado de décadas de desvío de los ríos que alimentaban ese cuerpo de agua para proyectos agrícolas soviéticos.
Es legítimo discutir las responsabilidades de los regímenes comunistas en todos esos episodios.
Pero utilizar acontecimientos históricos distintos como evidencia de la causa de una catástrofe glaciar contemporánea es otra cuestión.
Una comparación política no constituye una prueba científica.
El problema de las “fake news”
La polémica adquirió todavía mayor gravedad porque las acusaciones se realizaron desde una posición oficial.
En Argentina, dirigentes de todos los sectores políticos han sido acusados en diferentes momentos de difundir información falsa o no verificada.
Pero cuando la acusación involucra a una potencia extranjera, las consecuencias pueden ser mayores.
China no es un país irrelevante para Argentina.
Es uno de los principales socios comerciales del país y tiene importancia en las exportaciones argentinas, especialmente en productos agroindustriales, además de mantener vínculos financieros y comerciales de gran magnitud.
Por eso cualquier conflicto diplomático innecesario puede tener consecuencias económicas.
El episodio es particularmente paradójico porque el gobierno de Milei mantiene una relación ideológicamente incómoda pero económicamente pragmática con Beijing.
Milei es profundamente crítico del sistema político chino, pero Argentina necesita comerciar con China.
Esa contradicción obliga al Gobierno a caminar por una línea muy delicada.
La oposición pide explicaciones
El episodio tampoco quedó limitado a la discusión entre Carreira y la Embajada china.
Sectores de la oposición cuestionaron al funcionario y reclamaron explicaciones.
Incluso se informó que diputados solicitaron que Carreira concurra al Congreso para explicar sus acusaciones y rectificar sus dichos.
El argumento de los críticos es sencillo:
si un funcionario argentino acusa públicamente a otro Estado de provocar una tragedia que causó miles de muertos, debe poder demostrar las evidencias que respaldan semejante afirmación.
No basta con un video en redes sociales.
No basta con una interpretación política.
No basta con una sospecha.
Una acusación de esa magnitud necesita documentos, informes técnicos, investigaciones independientes y evidencia verificable.
China también tiene una dimensión polémica
Sin embargo, sería igualmente simplista aceptar automáticamente toda la explicación oficial de Beijing.
China es una potencia autoritaria y el Partido Comunista Chino controla estrechamente el sistema político, los medios estatales y numerosos aspectos de la información pública.
Por eso las declaraciones de Beijing también deben ser examinadas críticamente.
La pregunta correcta no debería ser:
“¿Hay que creerle a China o a Carreira?”
La pregunta debería ser:
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Esa es la diferencia entre propaganda y periodismo.
Si una investigación demuestra que una obra humana agravó o desencadenó el desastre, habrá que responsabilizar a quienes correspondan.
Si las investigaciones demuestran que se trató de un fenómeno geológico natural sin relación con infraestructura china, entonces la acusación de Carreira quedará desacreditada.
El costo diplomático de una publicación
El caso demuestra cómo una publicación aparentemente personal puede convertirse en un problema de Estado.
Para los libertarios, el episodio puede representar una defensa coherente de su oposición al comunismo.
Para China, constituye una acusación irresponsable contra su sistema político y sus empresas.
Para la Cancillería argentina, es un problema incómodo.
Argentina necesita mantener relaciones con Estados Unidos y, al mismo tiempo, comerciar con China.
Milei puede ser ideológicamente cercano a Washington, pero la economía argentina no puede simplemente ignorar a Beijing.
Ese es el dilema.
La política exterior no funciona exactamente como las redes sociales.
En X se puede escribir una frase contundente en segundos.
Una relación bilateral puede tardar décadas en construirse.
Una polémica que todavía no terminó
La tragedia de Nepal es, ante todo, una tragedia humana.
Más de mil personas han muerto y miles permanecen desaparecidas. Familias enteras han perdido sus hogares y comunidades completas fueron golpeadas por una avalancha de proporciones extraordinarias.
Convertir inmediatamente una catástrofe de esta magnitud en un arma de combate ideológico tiene riesgos.
Carreira quiso presentar el desastre como una nueva prueba contra el comunismo.
China respondió defendiendo al Partido Comunista y acusándolo de difundir rumores.
Pero ninguna de las dos posiciones sustituye una investigación científica.
La gran pregunta continúa siendo qué provocó exactamente el desprendimiento y si alguna actividad humana contribuyó a agravarlo.
Hasta que esa investigación esté concluida, responsabilizar categóricamente a una empresa china o al Partido Comunista Chino es una afirmación que debe tratarse como una acusación política no demostrada, no como un hecho establecido.
El episodio, sin embargo, revela algo importante sobre la Argentina de Milei: la batalla ideológica contra el comunismo ya no se desarrolla solamente dentro de las fronteras nacionales. Puede llegar hasta las redes sociales, involucrar a funcionarios públicos y terminar provocando respuestas de embajadas extranjeras.
Y en un mundo donde Argentina necesita simultáneamente a Washington y a Beijing, cada palabra puede tener un precio.
4 thoughts on “El funcionario libertario que culpó al Partido Comunista Chino por la tragedia de Nepal”
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- Narelle Traves
- posted on September 19, 2026
-
- Sage Buck
- posted on September 18, 2026
-
- Martina Stroman
- posted on September 18, 2026
-
- Julissa O’Neill
- posted on September 17, 2026
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