He aprendido -no sin cierta ironía- que toda respuesta inmediata empobrece el misterio.
Y, sin embargo, en Tafí del Valle, donde el tiempo no corre, sino que se detiene a observarnos, las preguntas suelen encontrar su forma de decirse solas.
Fue una tarde -o tal vez muchas tardes superpuestas- cuando comprendí que no había elegido ese nombre.
El nombre… me había elegido a mí.
En el patio quieto, donde el viento ordena las hojas del algarrobo como si catalogara memorias ajenas, me descubrí dividido entre dos libertades.
La primera era el agua.
En ella, el cuerpo se vuelve liviano, y la ausencia deja de ser pérdida para convertirse en silencio.
Allí, donde la tierra exige equilibrio, el agua concede una gracia sin condiciones.
No hay falta. No hay límite. No hay mirada ajena.
Sólo hay un hombre… siendo.
La segunda libertad era el vuelo.
No el de las aves -que obedecen al instinto, sino el de la imaginación, que responde a leyes más antiguas que la física y más verdaderas que la costumbre.
Un vuelo que no pide permiso ni rinde cuentas al dolor.
Un vuelo donde el espíritu no recuerda que alguna vez fue herido.
Entre esas dos dimensiones-el agua que me libera y el aire que me nombra- apareció él.
El Pez Volador.
No como una metáfora, ni como un artificio literario, sino como una necesidad.
Como esa forma secreta que tiene el alma de no resignarse a lo que el mundo declara definitivo.
Comprendí entonces -no sin cierta sorpresa- que el pez no era un animal improbable, sino una respuesta.
La respuesta a una vida que aprendió que la realidad no es la última palabra.
Que lo que falta puede transformarse. Que lo que pesa puede elevarse. Que lo que duele puede… decirse de otro modo.
Me llaman Pez Volador porque nado donde otros se detienen y vuelo donde otros se resignan.
Porque en el agua recupero lo que la tierra discute, y en el aire encuentro lo que la vida no siempre concede.
Pero, sobre todo -y esto es lo que rara vez se entiende- porque me niego a aceptar que una sola dimensión sea suficiente para un hombre.
En Tafí, donde los cerros guardan secretos más antiguos que nosotros, uno aprende que el mundo visible es apenas una versión.
Y que hay otra -más silenciosa, más íntima- que sólo se revela a quienes no se conforman.
Tal vez por eso, cuando me preguntan, no respondo del todo.
Porque hay nombres que no se explican: se habitan.
Y el Pez Volador -ese que algunos creen inventado- no es otra cosa que mi manera de recordarme, cada día, que siempre existe un borde más allá del “no”.
I get paid more than $120 to $130 per hour for working online. I heard about this job 3 months ago and after joining this I have easily earned $15k from this without having online working skills.
This is what I do…..
♣
He aprendido -no sin cierta ironía- que toda respuesta inmediata empobrece el misterio.
Y, sin embargo, en Tafí del Valle, donde el tiempo no corre, sino que se detiene a observarnos, las preguntas suelen encontrar su forma de decirse solas.
Fue una tarde -o tal vez muchas tardes superpuestas- cuando comprendí que no había elegido ese nombre.
El nombre… me había elegido a mí.
En el patio quieto, donde el viento ordena las hojas del algarrobo como si catalogara memorias ajenas, me descubrí dividido entre dos libertades.
La primera era el agua.
En ella, el cuerpo se vuelve liviano, y la ausencia deja de ser pérdida para convertirse en silencio.
Allí, donde la tierra exige equilibrio, el agua concede una gracia sin condiciones.
No hay falta.
No hay límite.
No hay mirada ajena.
Sólo hay un hombre… siendo.
La segunda libertad era el vuelo.
No el de las aves -que obedecen al instinto, sino el de la imaginación, que responde a leyes más antiguas que la física y más verdaderas que la costumbre.
Un vuelo que no pide permiso ni rinde cuentas al dolor.
Un vuelo donde el espíritu no recuerda que alguna vez fue herido.
Entre esas dos dimensiones-el agua que me libera y el aire que me nombra- apareció él.
El Pez Volador.
No como una metáfora, ni como un artificio literario, sino como una necesidad.
Como esa forma secreta que tiene el alma de no resignarse a lo que el mundo declara definitivo.
Comprendí entonces -no sin cierta sorpresa- que el pez no era un animal improbable, sino una respuesta.
La respuesta a una vida que aprendió que la realidad no es la última palabra.
Que lo que falta puede transformarse.
Que lo que pesa puede elevarse.
Que lo que duele puede… decirse de otro modo.
Me llaman Pez Volador porque nado donde otros se detienen y vuelo donde otros se resignan.
Porque en el agua recupero lo que la tierra discute, y en el aire encuentro lo que la vida no siempre concede.
Pero, sobre todo -y esto es lo que rara vez se entiende- porque me niego a aceptar
que una sola dimensión sea suficiente para un hombre.
En Tafí, donde los cerros guardan secretos más antiguos que nosotros, uno aprende que el mundo visible es apenas una versión.
Y que hay otra -más silenciosa, más íntima- que sólo se revela a quienes no se conforman.
Tal vez por eso, cuando me preguntan, no respondo del todo.
Porque hay nombres que no se explican: se habitan.
Y el Pez Volador -ese que algunos creen inventado- no es otra cosa que mi manera de recordarme, cada día, que siempre existe un borde más allá del “no”.
Donde el agua no alcanza…y el cielo comienza.
Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón
jorgeloboaragon@gmail.com
2 thoughts on “¿El Porqué me dicen el Pez Volador?”
-
- GregoryMAtkinson
- posted on May 5, 2026
-
- Jane Smith
- posted on May 3, 2026
CommentI get paid more than $120 to $130 per hour for working online. I heard about this job 3 months ago and after joining this I have easily earned $15k from this without having online working skills.
This is what I do…..
https://www.work27.info
❤️ Chicas calientes y cachondas de todo el mundo te están esperando. Únete aquí gratis….> https://da.gd/hotgirls66