Durante más de una década, una parte de la ciudad de Córdoba vivió bajo el temor de un hombre que atacaba principalmente a mujeres jóvenes en calles relativamente transitadas. Su nombre era Marcelo Mario Sajen, y con el tiempo se convertiría en uno de los delincuentes sexuales más conocidos de la historia criminal argentina.
Las investigaciones posteriores determinaron que Sajen estuvo relacionado con decenas de violaciones y ataques sexuales cometidos durante años. Algunas reconstrucciones periodísticas elevan la cifra a 93 víctimas, mientras que durante los últimos días de la investigación oficial se hablaba de aproximadamente 60 casos confirmados. La diferencia se explica por el largo período de actividad criminal y por la cantidad de ataques que nunca llegaron a denunciarse.
Un delincuente con antecedentes
Marcelo Mario Sajen nació en 1965 y desde muy joven comenzó a tener problemas con la Justicia. Su primer delito sexual conocido ocurrió en 1985, cuando tenía alrededor de 19 años. Fue detenido, condenado a prisión y posteriormente recuperó la libertad.
Pero su historia criminal no terminó allí.
Durante los años siguientes volvió a tener problemas con la Justicia por diferentes delitos. Uno de los períodos que posteriormente resultaría fundamental para los investigadores fue el comprendido aproximadamente entre 1999 y 2002. Sajen estuvo privado de su libertad durante parte de ese período.
Años después, los investigadores observarían una coincidencia inquietante: durante el tiempo en que Sajen estuvo encarcelado, prácticamente desaparecieron los ataques que posteriormente serían vinculados con el mismo agresor.
Cuando volvió a quedar en libertad, las agresiones reaparecieron.
Aquella coincidencia temporal terminaría siendo una de las piezas fundamentales del rompecabezas.
El terror en las calles de Córdoba
Durante la década de 1990 comenzaron a acumularse denuncias de mujeres atacadas en diferentes sectores de Córdoba. Entre las zonas donde se registraron agresiones estuvieron San Vicente, Nueva Córdoba, Ciudad Universitaria y lugares cercanos a la Terminal de Ómnibus.
Muchas de las víctimas eran jóvenes, incluidas estudiantes universitarias.
El atacante aprovechaba principalmente momentos en que las mujeres se encontraban solas. Las abordaba en la calle y las amenazaba utilizando armas o cuchillos. Después las obligaba a desplazarse hasta lugares donde pudiera cometer la agresión.
El miedo comenzó a extenderse.
Muchas mujeres modificaron sus horarios, evitaban caminar solas y buscaban compañía para regresar a sus hogares. En algunos sectores comenzaron a circular advertencias informales entre estudiantes y vecinos.
Sin embargo, durante años las autoridades no lograron relacionar todas las denuncias con un único agresor.
Ese fue uno de los grandes problemas del caso.
Una investigación que avanzaba lentamente
Las denuncias se encontraban distribuidas entre distintas dependencias policiales y judiciales. Algunas víctimas no denunciaban inmediatamente y otras directamente decidían guardar silencio.
Esto hizo que durante años no existiera una visión completa del fenómeno.
El caso comenzó a adquirir una dimensión mucho mayor cuando las autoridades empezaron a cruzar información de diferentes expedientes.
El patrón era llamativo: características similares de las víctimas, lugares relativamente próximos, métodos parecidos y períodos de actividad que parecían repetirse.
La presión social aumentó considerablemente.
Una de las víctimas, utilizando un nombre ficticio, difundió públicamente su experiencia y alertó a otras mujeres. Su testimonio ayudó a convertir el caso en un problema público de enorme magnitud.
La sociedad cordobesa quería saber quién era el responsable.
El error que casi llevó a detener a un inocente
Uno de los capítulos más controvertidos de la investigación ocurrió cuando la Policía elaboró un identikit del supuesto violador.
Un hombre llamado Gustavo Camargo, verdulero del barrio San Vicente, fue detenido después de que una víctima creyera reconocerlo.
Camargo permaneció detenido durante 41 días.
Pero no era el hombre que buscaban.
Una prueba de ADN terminó demostrando su inocencia. El episodio se convirtió en uno de los ejemplos más graves de los problemas que había tenido la investigación y mostró el peligro de depender de identificaciones visuales imperfectas.
El ADN terminaría siendo precisamente la herramienta que permitiría resolver el misterio.
La pista genética
Los investigadores comenzaron a revisar los antecedentes de hombres que habían estado presos durante los períodos en que los ataques habían disminuido o desaparecido.
Entre esos nombres apareció Marcelo Sajen.
El fiscal Juan Manuel Ugarte comenzó a analizar su historial y encontró coincidencias que resultaban difíciles de ignorar. Sajen tenía antecedentes por delitos sexuales y había estado preso durante un período que coincidía con la interrupción de los ataques.
Pero todavía faltaba una prueba definitiva.
Los investigadores obtuvieron material genético relacionado con Sajen. Entre las muestras utilizadas estuvieron elementos personales y una muestra de uno de sus hijos, obtenida con autorización familiar.
El resultado fue decisivo.
Las pruebas genéticas fueron compatibles con el material biológico encontrado en víctimas de los ataques. En diciembre de 2004, las autoridades ya consideraban prácticamente establecido que habían identificado al hombre que habían buscado durante años.
El misterio tenía finalmente un nombre.
La caída
El 28 de diciembre de 2004, la Policía comenzó a cercar a Sajen.
Su fotografía y sus datos fueron difundidos públicamente. El hombre sabía que la situación había cambiado: ya no era un delincuente desconocido perseguido por un identikit. La Policía conocía su identidad y tenía evidencia genética.
Un antiguo compañero de prisión proporcionó información que ayudó a localizarlo.
Cuando los efectivos finalmente llegaron al lugar donde se escondía, Sajen quedó rodeado.
En lugar de entregarse, tomó una pistola y se disparó en la cabeza.
Fue trasladado al Hospital de Urgencias de Córdoba en estado gravísimo. Los médicos determinaron posteriormente que sufría muerte cerebral. Murió el 30 de diciembre de 2004, a los 39 años.
Su muerte significó el final de la persecución, pero también impidió que pudiera enfrentar un juicio por el conjunto de los ataques atribuidos.
Una familia sorprendida
El caso produjo además una enorme conmoción en su entorno familiar.
Sajen llevaba una vida que, para muchos vecinos, parecía completamente normal. Era esposo y padre. Personas que lo conocían manifestaron públicamente su incredulidad ante las acusaciones.
Su esposa llegó a declarar después de su muerte que nunca había sospechado que su marido pudiera ser responsable de aquellos ataques y pidió disculpas a las víctimas y a sus familias.
La situación afectó profundamente a sus familiares, que también debieron recibir atención médica durante aquellos días.
El contraste entre la imagen familiar de Sajen y la identidad criminal que reveló la investigación fue uno de los aspectos que más impresionó a la sociedad cordobesa.
Un antes y un después
El caso Sajen no terminó simplemente con la muerte del acusado.
También dejó al descubierto graves problemas en la manera en que las instituciones trataban las denuncias de violencia sexual.
Con el paso del tiempo, periodistas e investigadores señalaron que muchas víctimas habían sido tratadas de manera insensible, interrogadas repetidamente y sometidas a situaciones que podían aumentar su sufrimiento.
La causa mostró además la importancia de relacionar denuncias aparentemente aisladas y utilizar herramientas científicas como el ADN.
Dos décadas después, el caso continúa siendo recordado en Córdoba como uno de los episodios criminales más perturbadores de su historia. La Voz señaló que el caso marcó un punto de inflexión en el tratamiento de las víctimas de violencia sexual y expuso las deficiencias policiales, judiciales y políticas de aquella época.
El legado de una investigación
Marcelo Mario Sajen murió antes de poder ser juzgado por el conjunto de los ataques que se le atribuyeron. Por eso, hablar de él requiere distinguir entre los delitos judicialmente acreditados en distintos momentos y las cifras posteriores de ataques que las investigaciones periodísticas y policiales reconstruyeron.
Lo que permanece fuera de toda duda es la magnitud del impacto que tuvo el caso.
Durante años, numerosas mujeres vivieron con miedo en las calles de Córdoba. El caso demostró que un agresor podía permanecer durante mucho tiempo oculto detrás de una apariencia cotidiana y que las denuncias aisladas podían formar parte de una misma serie criminal.
Pero también dejó una enseñanza fundamental: detrás de las estadísticas existían mujeres cuyas vidas quedaron marcadas por la violencia.
La historia de Sajen no debería recordarse solamente como la de un delincuente que escapó de la Justicia al suicidarse. También debe recordarse como la historia de sus víctimas, de una investigación que tardó años en encontrar respuestas y de una sociedad que, después de aquel caso, comenzó a exigir que las denuncias de violencia sexual fueran escuchadas de otra manera.
El nombre de Marcelo Mario Sajen quedó asociado para siempre con uno de los mayores casos de violencia sexual serial de la Argentina. Pero el verdadero centro de aquella tragedia fueron las mujeres que sobrevivieron y que durante años reclamaron algo que parecía elemental: ser escuchadas, creídas y protegidas.
PrisioneroEnArgentina.com
Octubre 16, 2026
7 thoughts on “El violador serial que aterrorizó a Córdoba”
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Durante más de una década, una parte de la ciudad de Córdoba vivió bajo el temor de un hombre que atacaba principalmente a mujeres jóvenes en calles relativamente transitadas. Su nombre era Marcelo Mario Sajen, y con el tiempo se convertiría en uno de los delincuentes sexuales más conocidos de la historia criminal argentina.
Las investigaciones posteriores determinaron que Sajen estuvo relacionado con decenas de violaciones y ataques sexuales cometidos durante años. Algunas reconstrucciones periodísticas elevan la cifra a 93 víctimas, mientras que durante los últimos días de la investigación oficial se hablaba de aproximadamente 60 casos confirmados. La diferencia se explica por el largo período de actividad criminal y por la cantidad de ataques que nunca llegaron a denunciarse.
Un delincuente con antecedentes
Marcelo Mario Sajen nació en 1965 y desde muy joven comenzó a tener problemas con la Justicia. Su primer delito sexual conocido ocurrió en 1985, cuando tenía alrededor de 19 años. Fue detenido, condenado a prisión y posteriormente recuperó la libertad.
Pero su historia criminal no terminó allí.
Durante los años siguientes volvió a tener problemas con la Justicia por diferentes delitos. Uno de los períodos que posteriormente resultaría fundamental para los investigadores fue el comprendido aproximadamente entre 1999 y 2002. Sajen estuvo privado de su libertad durante parte de ese período.
Años después, los investigadores observarían una coincidencia inquietante: durante el tiempo en que Sajen estuvo encarcelado, prácticamente desaparecieron los ataques que posteriormente serían vinculados con el mismo agresor.
Cuando volvió a quedar en libertad, las agresiones reaparecieron.
Aquella coincidencia temporal terminaría siendo una de las piezas fundamentales del rompecabezas.
El terror en las calles de Córdoba
Durante la década de 1990 comenzaron a acumularse denuncias de mujeres atacadas en diferentes sectores de Córdoba. Entre las zonas donde se registraron agresiones estuvieron San Vicente, Nueva Córdoba, Ciudad Universitaria y lugares cercanos a la Terminal de Ómnibus.
Muchas de las víctimas eran jóvenes, incluidas estudiantes universitarias.
El atacante aprovechaba principalmente momentos en que las mujeres se encontraban solas. Las abordaba en la calle y las amenazaba utilizando armas o cuchillos. Después las obligaba a desplazarse hasta lugares donde pudiera cometer la agresión.
El miedo comenzó a extenderse.
Muchas mujeres modificaron sus horarios, evitaban caminar solas y buscaban compañía para regresar a sus hogares. En algunos sectores comenzaron a circular advertencias informales entre estudiantes y vecinos.
Sin embargo, durante años las autoridades no lograron relacionar todas las denuncias con un único agresor.
Ese fue uno de los grandes problemas del caso.
Una investigación que avanzaba lentamente
Las denuncias se encontraban distribuidas entre distintas dependencias policiales y judiciales. Algunas víctimas no denunciaban inmediatamente y otras directamente decidían guardar silencio.
Esto hizo que durante años no existiera una visión completa del fenómeno.
El caso comenzó a adquirir una dimensión mucho mayor cuando las autoridades empezaron a cruzar información de diferentes expedientes.
El patrón era llamativo: características similares de las víctimas, lugares relativamente próximos, métodos parecidos y períodos de actividad que parecían repetirse.
La presión social aumentó considerablemente.
Una de las víctimas, utilizando un nombre ficticio, difundió públicamente su experiencia y alertó a otras mujeres. Su testimonio ayudó a convertir el caso en un problema público de enorme magnitud.
La sociedad cordobesa quería saber quién era el responsable.
El error que casi llevó a detener a un inocente
Uno de los capítulos más controvertidos de la investigación ocurrió cuando la Policía elaboró un identikit del supuesto violador.
Un hombre llamado Gustavo Camargo, verdulero del barrio San Vicente, fue detenido después de que una víctima creyera reconocerlo.
Camargo permaneció detenido durante 41 días.
Pero no era el hombre que buscaban.
Una prueba de ADN terminó demostrando su inocencia. El episodio se convirtió en uno de los ejemplos más graves de los problemas que había tenido la investigación y mostró el peligro de depender de identificaciones visuales imperfectas.
El ADN terminaría siendo precisamente la herramienta que permitiría resolver el misterio.
La pista genética
Entre esos nombres apareció Marcelo Sajen.
El fiscal Juan Manuel Ugarte comenzó a analizar su historial y encontró coincidencias que resultaban difíciles de ignorar. Sajen tenía antecedentes por delitos sexuales y había estado preso durante un período que coincidía con la interrupción de los ataques.
Pero todavía faltaba una prueba definitiva.
Los investigadores obtuvieron material genético relacionado con Sajen. Entre las muestras utilizadas estuvieron elementos personales y una muestra de uno de sus hijos, obtenida con autorización familiar.
El resultado fue decisivo.
Las pruebas genéticas fueron compatibles con el material biológico encontrado en víctimas de los ataques. En diciembre de 2004, las autoridades ya consideraban prácticamente establecido que habían identificado al hombre que habían buscado durante años.
El misterio tenía finalmente un nombre.
La caída
El 28 de diciembre de 2004, la Policía comenzó a cercar a Sajen.
Su fotografía y sus datos fueron difundidos públicamente. El hombre sabía que la situación había cambiado: ya no era un delincuente desconocido perseguido por un identikit. La Policía conocía su identidad y tenía evidencia genética.
Un antiguo compañero de prisión proporcionó información que ayudó a localizarlo.
Cuando los efectivos finalmente llegaron al lugar donde se escondía, Sajen quedó rodeado.
En lugar de entregarse, tomó una pistola y se disparó en la cabeza.
Fue trasladado al Hospital de Urgencias de Córdoba en estado gravísimo. Los médicos determinaron posteriormente que sufría muerte cerebral. Murió el 30 de diciembre de 2004, a los 39 años.
Su muerte significó el final de la persecución, pero también impidió que pudiera enfrentar un juicio por el conjunto de los ataques atribuidos.
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El nombre de Marcelo Mario Sajen quedó asociado para siempre con uno de los mayores casos de violencia sexual serial de la Argentina. Pero el verdadero centro de aquella tragedia fueron las mujeres que sobrevivieron y que durante años reclamaron algo que parecía elemental: ser escuchadas, creídas y protegidas.
7 thoughts on “El violador serial que aterrorizó a Córdoba”
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- Issac Acosta
- posted on October 18, 2026
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- Nona Scarlett
- posted on October 18, 2026
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- bdz444
- posted on October 17, 2026
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- posted on October 17, 2026
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- posted on October 17, 2026
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- posted on October 17, 2026
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- Kiarra Rosenfeld
- posted on September 29, 2026
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