“La Argentina arrancó el siglo XX siendo el país más rico del mundo, y hoy tiene 40% de pobres y 10% de indigentes”. Esta frase, repetida varias veces durante la campaña presidencial por el economista “libertario” Javier Milei -el candidato que lidera las encuestas para los comicios de este domingo- reproduce un concepto que subyace en el inconsciente de los argentinos: que esta nación, sumida desde hace décadas en sucesivas crisis económicas, supo alguna vez ser una superpotencia. Son varios los motes que rememoran ese pasado glorioso. El más famoso es “el granero del mundo“, una referencia al poderoso modelo agroexportador que llevó a Argentina a ser rica hace un siglo, y hoy sigue siendo su principal sustento económico. También está “la París de Sudamérica”, una alusión a la bella arquitectura de estilo europeo de la capital argentina, que hoy desentona con la realidad de un país en el que el 56% de los niños son pobres. Estas nostálgicas frases son recuerdos de una época dorada que muchos en el país idealizan. Y que algunos políticos, como Milei, prometen revivir.
“Argentina puede volver a ser una potencia mundial“, dice una y otra vez el economista ultraliberal. “Si aplicamos todas las reformas promercado, en los primeros 15 años nos podríamos parecer a Italia o Francia; en 20 años a Alemania; en 35 a Estados Unidos”, asegura, haciendo referencia a algunos de los países con los que la nación sudamericana se codeaba a principios de siglo.
No es el primer político que ilusiona a los votantes con volver a ese pasado próspero. El expresidente Mauricio Macri (2015-2019) -cuyo espacio está representado en estas elecciones por Patricia Bullrich- propuso en su momento convertir a Argentina en una “nueva Australia”, un país que en la primera parte del siglo XX tuvo una trayectoria económica paralela a la de Argentina, pero que logró mantener la senda del desarrollo, algo que muchos argentinos toman como ejemplo de lo que tendría que haber hecho su nación.
Pero ¿fue realmente Argentina el país más rico del mundo? Y ¿cómo pasó de estar entre las naciones más acaudaladas a ser uno de países con mayor inflación del planeta? Comparar la riqueza de distintos países es complejo, pero la mayoría de los expertos considera que la mejor forma de hacerlo es medir el Producto Interno Bruto por habitante (PIB per cápita o PIBpc). Dado que el PIB de países periféricos, como Argentina, empezó a medirse oficialmente recién a mediados del siglo XX, los datos anteriores a ese período deben ser tomados con pinzas. No obstante, economistas de diversas ideologías coinciden en que la fuente más confiable es la base de datos del Proyecto Maddison, que utiliza diversas estadísticas económicas históricas para estimar el PIBpc desde el comienzo de la civilización.
En 2018, esa serie estadística -creada por el economista británico Angus Maddison y luego mantenida, hasta la actualidad, por la Universidad de Groninga, en Países Bajos- estimó que Argentina había sido el país más rico del mundo en el año 1896, y que luego se mantuvo entre los más acaudalados en las primeras décadas del siglo XX. Sin embargo, la metodología utilizada fue cuestionada por muchos historiadores económicos, llevando a la publicación de una nueva serie estadística en 2020 que le quitó la corona de #1 al país sudamericano, relegándolo al sexto puesto en 1896. No obstante, esa edición -que sigue siendo la más actual- confirma que Argentina empezó el siglo XX siendo una de las naciones más ricas del mundo, una prosperidad que lo llevó a estar en el “top 10” de naciones acaudaladas antes de la Primera Guerra Mundial (1914-18), posición de la que iría descendiendo hasta alcanzar el puesto 66 hoy.
Perón
En 1913, antes de que estallara la Gran Guerra, el PIBpc argentino era de US$6.052 (a precio de dólar de 2011), según los cálculos del Proyecto Maddison. Eso era menos del PIBpc de Estados Unidos (US$10.108), Reino Unido (US$8.212) y Australia (US$8.220). Pero era el doble que el de su excolonizador España (US$3.067), del que se había independizado casi un siglo atrás, y superior al de Alemania (US$5.815), Francia (US$5.555) e Italia (US$4.057), entre otras naciones europeas. También era muy superior al ingreso de países asiáticos que hoy dominan la economía, como China (US$985) y Japón (US$2.431).
Pero no se trataba de un fenómeno regional, como muestran los índices de sus vecinos y otros países latinoamericanos como Uruguay (US$4.838), Chile (US$4.836), México (US$2.004) y Brasil (US$1.046). Entonces, ¿cuándo empezó Argentina a perder su lugar privilegiado en el mundo y por qué? Si uno mira cómo evolucionó el PIB por habitante en el mundo en el último siglo puede ver que la posición de Argentina en el ranking mundial fue descendiendo de manera sostenida a lo largo de los últimos cien años. Es decir: aunque la riqueza de todos los países -incluyendo Argentina- fue aumentando con el paso del tiempo, la nación sudamericana arrancó el siglo XX teniendo ingresos de un país rico y lentamente fue quedando cada vez más relegado en la tabla internacional.m Muchos llaman al fenómeno “los 100 años de decadencia argentina” y aseguran que este es el único ejemplo que existe de un país que pasó de ser desarrollado a estar en vías de desarrollo. Algunos incluso usan el caso argentino para aleccionar sobre qué no hacer. Así lo hizo la revista económica británica The Economist, que en 2014 publicó una famosa nota de portada titulada “La parábola de Argentina“, en la que explicaba “lo que otros países pueden aprender de un siglo de declive”.
El artículo apuntaba claramente a un culpable por esa caída: el peronismo, el movimiento político fundado en por Juan Domingo Perón y su esposa, Eva Duarte (“Evita”), que desde 1946 fue la principal fuerza que gobernó Argentina. Según la revista de tendencia conservadora, el peronismo generó “una sucesión de populistas económicamente analfabetos” que llevaron a Argentina “a la ruina”. Se trata de una opinión muy difundida entre los sectores liberales en el país sudamericano. Pero ¿es verdad?
El economista Fausto Spotorno es el vicepresidente de la Fundación Norte y Sur, dedicada a temas de desarrollo, y compiló las estadísticas económicas de Argentina desde su fundación en 1810 hasta 2018. Spotorno señaló que “los datos muestran que el crecimiento económico argentino se empezó a frenar a partir de 1930“, cuando el país sudamericano sufrió un embate doble: los impactos de la crisis internacional, por la caída de la bolsa de Wall Street, y su primer golpe de Estado militar. No obstante, remarcó: “Está claro en los números que a partir del peronismo la cosa se empezó a complicar“. “Argentina se pareció a una economía desarrollada, por nivel de vida, por ingreso per cápita y por tasa de crecimiento, hasta 1946”, detalló. Es decir: hasta la llegada de Perón. “Ahí es cuando empieza a aparecer la inflación“, señaló, en referencia al problema más persistente que ha tenido Argentina. Si bien el país había tenido aumentos de precios antes, aclaró, a partir de ese momento escalaron por primera vez por encima del 20%. ¿Por qué empezó a subir la inflación? “Porque aumentó mucho el gasto“, explicó el economista, quien señaló que “Argentina tenía un gasto público del 8,5% del PIB y en la segunda mitad de la década de 1940 aumentó al 12%”. Sin embargo, Spotorno aclaró que muchos de los problemas que enfrentó Perón habían surgido antes de su llegada, y se agravaron por el contexto internacional desfavorable que trajo la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Los países europeos a los que Argentina exportaba su agricultura retaceaban los pagos, afirmó. Y el país, que por décadas había tenido superávit primario -es decir, más ingresos que egresos- “empezó a tener déficit en la década de 1940″.
Este agujero no podía ser resuelto -como habían hecho gobiernos anteriores- con financiación externa, también por culpa de la guerra, dijo el experto. Pero esas limitaciones no frenaron a Perón, quien, a pesar del contexto, elevó fuertemente el gasto social.
“Argentina aumentó los gastos sin poder financiarlos”, señaló Spotorno. “Perón nacionalizó el Banco Central para poder imprimir dinero, lo que disparó la inflación”. Ese problema (gastar más de lo que se tiene) fue escalando con cada gobierno sucesivo, explicó el economista. Y la solución que encontraron todos -ya sea emitir más dinero o pedir más deuda– fue lo que llevó a que Argentina se convierta en uno de los países con más inflación y más defaults (o cesación de pagos de la deuda) en el mundo. Pero también es cierto que hay muchos que sostienen que es injusto decir que Argentina “perdió el rumbo” por culpa del peronismo. Después de todo, esas potencias con las que se codeaba el país a comienzos de siglo tuvieron el beneficio del Plan Marshall, que después de la Segunda Guerra les permitió retomar la senda del desarrollo. En cambio, Argentina, que se había tardado en declararle la guerra a Alemania y Japón, fue excluida de los mercados europeos. Respecto a la inflación, recuerdan que Perón había logrado reducirla a menos del 4% antes de ser derrocado por un golpe de Estado en 1955. Y observan que, después de ese evento, el peronismo quedó proscrito por más de 18 años.
Académicos como Eugenio Díaz Bonilla, economista y profesor de la George Washington University, han resaltado que si uno contrasta el trayecto económico de Argentina con el de Australia -que sufrió los mismos embates internacionales y tampoco estuvo incluido en el Plan Marshall- puede ver que el verdadero desplome del país sudamericano no ocurrió con el surgimiento del peronismo sino décadas más tarde, con la llegada del último régimen militar, que aplicó políticas neoliberales.
“Si uno compara a ambos países tomando como punto de referencia su distancia respecto al ingreso per capita de Estados Unidos, ve que la relación se mantiene pareja desde 1900 hasta 1975. El cambio se da con el golpe de 1976“, señaló Díaz Bonilla tras la polémica que generó The Economist.
El historiador argentino Ezequiel Adamovsky concluyó lo mismo: “En los treinta años posteriores a 1945 la Argentina duplicó su ingreso per cápita y amplió su producto a ritmos superiores a los de EE.UU. y también a los del Reino Unido, Australia o Nueva Zelanda (aunque fueron superados por los de algunos países de Europa)”, observó en una columna de opinión en El Diario AR.
“Con todos sus problemas, la economía argentina crecía entonces a un ritmo más veloz que el de las principales potencias occidentales”, señaló. “Es recién en 1975 que la economía local sufre una caída abrupta y pierde terreno por comparación no sólo con los países más avanzados, sino prácticamente con todo el mundo. Desde 1975 sí, puede decirse que el país sufre un declive“, escribió en referencia a un período que estuvo signado por crisis de hiperinflación.
Pero hay algo en lo que coinciden analistas de diversas ideologías: más allá de las culpas de gobiernos particulares, el problema de fondo que afectó a Argentina es una inestabilidad institucional que llevó a que en el siglo XX hubiera seis golpes de Estado, y que recién este año el país esté celebrando, por primera vez, 40 años ininterrumpidos de democracia.
Una investigación realizada por el profesor de Economía de la Universidad de Ljubljana Rok Spruk resaltó que esta debilidad surgió desde el comienzo.
“En comparación con EE.UU., Canadá y Australia, Argentina nunca completó la transición a una democracia abierta sustentada en el Estado de derecho”, escribió Rok en un paper titulado “El ascenso y la caída de Argentina”, publicado en 2019 en el Latin American Economic Review.
“Cuando los militares rompieron formalmente el orden constitucional en 1930, Argentina se embarcó en el camino de un desarrollo institucional inestable y frecuentes transiciones de ida y vuelta entre dictadura y democracia“.
“En lugar de emprender el camino hacia un desarrollo institucional sostenido, Argentina sufrió un tumultuoso fraude electoral con una casi erosión del sistema de controles y contrapesos que precipitó el ascenso de líderes populistas”.
Spotorno dice que esa inestabilidad democrática hizo que Argentina perdiera el atractivo que había tenido a finales del siglo XIX y comienzos del XX.
“Si tenés un golpe de Estado cada dos por tres y se violan las instituciones obviamente las inversiones empiezan a flaquear“, señaló.
Para el economista, Argentina empezó a sufrir un declive “cuando se dejaron de respetar dos cosas: las instituciones y la básica relación entre ingresos y gastos del Estado”.
“No tener instituciones permitió a los gobiernos siempre buscar atajos, en vez de hacer las cosas bien, y eso terminó en sucesivas crisis fiscales”.
“El país tuvo un momento de orden, entre 1860 hasta 1930, donde todos estaban enfocados para el mismo lado”, resume. “Después de eso todo fue buscar atajos y gastar de más”.
Hay un factor más que resaltan varios expertos y que ayuda a entender la dificultad que ha tenido Argentina para despegar económicamente en el último siglo.
Y es que el país no solo ha sido un péndulo desde lo político, oscilando entre democracias y gobiernos de facto.
También ha ido y venido con sus políticas económicas, pasando -sin escalas- del nacionalismo al neoliberalismo, del proteccionismo al libre mercado, de la ortodoxia a la heterodoxia… un vaivén interminable que se ha dado incluso en distintos gobiernos de un mismo partido.
Las investigadoras Valeria Arza y Wendy Brau, del Centro de Investigaciones para la Transformación (Cenit), analizaron en 2021 “el péndulo argentino en números” -es decir, cuántas veces viró la política económica- y encontraron que en las seis décadas entre 1955 y 2018 hubo más de 30 cambios de rumbo, de los cuales 16 fueron “cambios radicales”.
También revelaron otra evidencia de la falta de continuidad de la política económica argentina: “en promedio, los ministros de economía duraron 13 meses en su cargo” durante ese período.
“El rasgo dominante de la política económica es la oscilación extrema”, sintetizó Adamovsky en la revista Anfibia.
Pocos ejemplos pueden ser tan claros de este rasgo como la noción sobre el rol del Estado en la economía que tienen los tres candidatos con más posibilidades el próximo domingo.
Sergio Massa, el tercer ministro de Economía del actual gobierno peronista, compite por la presidencia con promesas de mantener un Estado fuerte, mientras que Patricia Bullrich promete achicarlo y Javier Milei amenaza con arrasarlo.
Argentina’s geographical location isn’t that strategical to the trade route as it’s located nearly in the “end of the world”, so i guess they need to maximize their potential in agricultural exports and hi-tech sector.
Hace apenas un siglo, Estados Unidos y Argentina eran rivales. Ambos estaban en la primera ola de globalización a principios del siglo XX. Ambas eran naciones jóvenes y dinámicas con tierras agrícolas fértiles y exportadores confiados. Ambos llevaron la carne del Nuevo Mundo a las mesas de sus antepasados coloniales europeos. Antes de la Gran Depresión de la década de 1930, Argentina estaba entre las 10 economías más ricas del mundo. Los millones de emigrantes italianos e irlandeses que huían de la pobreza a finales del siglo XIX se debatían entre las dos cosas: ¿Buenos Aires o Nueva York? ¿La pampa o la pradera? Cien años después no había otra opción. Una de ellas había llegado a estar entre las economías más exitosas de la historia. La otra era una cáscara rota. No hubo ningún evento individual en el que el camino de Argentina se marcara en una divergencia permanente con el de los Estados Unidos de América. Pero hubo una serie de errores y traspiés que se ajustan a un patrón general. Los países recibieron manos bastante similares, pero las jugaron de manera muy diferente. Las similitudes entre ambos en la segunda mitad del siglo XIX, y de hecho hasta 1939, no fueron ni ficticias ni superficiales. Los “señores de las pampas” –jóvenes argentinos que se pavoneaban en los salones de la Europa de entreguerras– aparecen en los relatos de la época como un tipo igualmente prominente que los fanfarrones estadounidenses que jugaban a la decadencia europea en Berlín y París. Durante mucho tiempo ambos países siguieron caminos paralelos. Los estados que más tarde se convirtieron en Estados Unidos declararon su independencia en 1776 y se convirtieron en una nueva nación en 1789. El virreinato de Argentina, parte del imperio español, fue derrocado en 1810 por rebeldes inspirados por la revolución estadounidense; En 1816, Argentina se convirtió en una república independiente. Ambos enfrentaron una lucha interna entre quienes querían una nación centralizada y quienes querían el poder reservado para los estados o provincias individuales. En Estados Unidos, las colonias separadas habían existido mucho antes de que surgiera la idea de unirlas y no estaba garantizado que una república tuviera éxito. Las negociaciones que condujeron a la redacción de la constitución fueron tortuosas y a menudo de mal humor, y las diferentes denominaciones, tradiciones y constituciones de las colonias anteriores eran demasiado evidentes. Sólo cinco de las 13 colonias fundadoras, estados posteriores, se molestaron siquiera en asistir a la primera reunión de redacción, en 1786. Hubo que librar batallas para hacer realidad el lema nacional “E pluribus unum” (“de muchos, uno”). Ese lema aparece hoy en las monedas estadounidenses, pero en el momento de la independencia en 1789 circulaban decenas de monedas diferentes. Un banco nacional y una única “deuda nacional” –que hacía al gobierno federal responsable de las deudas de los estados– no se crearon sin una feroz oposición. En Argentina, fueron necesarias décadas de lucha antes de que se adoptara una constitución en 1853 con un sistema de reparto de los ingresos fiscales entre el centro y las provincias. Pero las continuas tensiones no se resolvieron hasta la represión de un levantamiento armado en la provincia de Buenos Aires en 1880, entregando más poder al centro. Domingo Sarmiento, que había intentado forjar la unidad nacional argentina mientras fue presidente entre 1868 y 1874, dijo que se conformaría con una Argentina cuyos habitantes no se mataran entre sí. A primera vista, las economías de los dos países también parecían similares: naciones agrarias que empujaban los asentamientos hacia el oeste, hacia un desierto de praderas templadas. En ambas naciones, el ganadero fronterizo (el gaucho y el vaquero) fue elevado a la categoría de símbolo nacional de valentía e independencia. Pero hubo grandes disparidades en la forma en que esto sucedió. Estados Unidos eligió un camino que repartió nuevas tierras entre individuos y familias; Argentina lo entregó en manos de unos pocos terratenientes ricos. Desde la fundación de las colonias, Estados Unidos tuvo la suerte de haber importado muchas de las prácticas agrícolas del norte de Europa. Los agricultores de “Nueva Inglaterra” procedían en gran medida de Gran Bretaña, Alemania y los Países Bajos, trayendo consigo la tradición de agricultores calificados en pequeñas granjas. Argentina, por el contrario, tenía una historia de unos pocos terratenientes ricos en grandes propiedades dejadas por los españoles y el elitismo aristocrático que vino con ello. También tenía escasez de mano de obra. La inmigración masiva a Argentina se produjo más tarde en el siglo XIX, pero el país tuvo que avanzar en su frontera con un personal mínimo. Ambos países abrieron Occidente, Estados Unidos al Pacífico y los argentinos a los Andes, pero no de la misma manera. Estados Unidos favoreció a los ocupantes ilegales: Argentina respaldó a los terratenientes. A falta de efectivo, Buenos Aires descubrió que la mejor manera de alentar a los colonos era vender por adelantado grandes parcelas en áreas que aún no habían sido arrebatadas a los nativos americanos. Pero una vez ganadas las batallas, los vencedores estaban exhaustos, los buenos trabajadores agrícolas eran escasos y las distancias desde la costa oriental hasta la frontera eran enormes. La mayoría de los nuevos propietarios simplemente rodearon amplias extensiones de pastizales con cercas de alambre de púas y las entregaron a pastos.
Every time I talk about to Argentina, regardless of the political view, I arrive at the same conclusion, Argentina can, and should be a Superpower, if and only if its politicians quit.
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“Argentina puede volver a ser una potencia mundial“, dice una y otra vez el economista ultraliberal. “Si aplicamos todas las reformas promercado, en los primeros 15 años nos podríamos parecer a Italia o Francia; en 20 años a Alemania; en 35 a Estados Unidos”, asegura, haciendo referencia a algunos de los países con los que la nación sudamericana se codeaba a principios de siglo.
No es el primer político que ilusiona a los votantes con volver a ese pasado próspero. El expresidente Mauricio Macri (2015-2019) -cuyo espacio está representado en estas elecciones por Patricia Bullrich- propuso en su momento convertir a Argentina en una “nueva Australia”, un país que en la primera parte del siglo XX tuvo una trayectoria económica paralela a la de Argentina, pero que logró mantener la senda del desarrollo, algo que muchos argentinos toman como ejemplo de lo que tendría que haber hecho su nación.
Pero ¿fue realmente Argentina el país más rico del mundo? Y ¿cómo pasó de estar entre las naciones más acaudaladas a ser uno de países con mayor inflación del planeta? Comparar la riqueza de distintos países es complejo, pero la mayoría de los expertos considera que la mejor forma de hacerlo es medir el Producto Interno Bruto por habitante (PIB per cápita o PIBpc). Dado que el PIB de países periféricos, como Argentina, empezó a medirse oficialmente recién a mediados del siglo XX, los datos anteriores a ese período deben ser tomados con pinzas. No obstante, economistas de diversas ideologías coinciden en que la fuente más confiable es la base de datos del Proyecto Maddison, que utiliza diversas estadísticas económicas históricas para estimar el PIBpc desde el comienzo de la civilización.
En 2018, esa serie estadística -creada por el economista británico Angus Maddison y luego mantenida, hasta la actualidad, por la Universidad de Groninga, en Países Bajos- estimó que Argentina había sido el país más rico del mundo en el año 1896, y que luego se mantuvo entre los más acaudalados en las primeras décadas del siglo XX. Sin embargo, la metodología utilizada fue cuestionada por muchos historiadores económicos, llevando a la publicación de una nueva serie estadística en 2020 que le quitó la corona de #1 al país sudamericano, relegándolo al sexto puesto en 1896. No obstante, esa edición -que sigue siendo la más actual- confirma que Argentina empezó el siglo XX siendo una de las naciones más ricas del mundo, una prosperidad que lo llevó a estar en el “top 10” de naciones acaudaladas antes de la Primera Guerra Mundial (1914-18), posición de la que iría descendiendo hasta alcanzar el puesto 66 hoy.
En 1913, antes de que estallara la Gran Guerra, el PIBpc argentino era de US$6.052 (a precio de dólar de 2011), según los cálculos del Proyecto Maddison. Eso era menos del PIBpc de Estados Unidos (US$10.108), Reino Unido (US$8.212) y Australia (US$8.220). Pero era el doble que el de su excolonizador España (US$3.067), del que se había independizado casi un siglo atrás, y superior al de Alemania (US$5.815), Francia (US$5.555) e Italia (US$4.057), entre otras naciones europeas. También era muy superior al ingreso de países asiáticos que hoy dominan la economía, como China (US$985) y Japón (US$2.431).
Pero no se trataba de un fenómeno regional, como muestran los índices de sus vecinos y otros países latinoamericanos como Uruguay (US$4.838), Chile (US$4.836), México (US$2.004) y Brasil (US$1.046). Entonces, ¿cuándo empezó Argentina a perder su lugar privilegiado en el mundo y por qué? Si uno mira cómo evolucionó el PIB por habitante en el mundo en el último siglo puede ver que la posición de Argentina en el ranking mundial fue descendiendo de manera sostenida a lo largo de los últimos cien años. Es decir: aunque la riqueza de todos los países -incluyendo Argentina- fue aumentando con el paso del tiempo, la nación sudamericana arrancó el siglo XX teniendo ingresos de un país rico y lentamente fue quedando cada vez más relegado en la tabla internacional.m Muchos llaman al fenómeno “los 100 años de decadencia argentina” y aseguran que este es el único ejemplo que existe de un país que pasó de ser desarrollado a estar en vías de desarrollo. Algunos incluso usan el caso argentino para aleccionar sobre qué no hacer. Así lo hizo la revista económica británica The Economist, que en 2014 publicó una famosa nota de portada titulada “La parábola de Argentina“, en la que explicaba “lo que otros países pueden aprender de un siglo de declive”.
El artículo apuntaba claramente a un culpable por esa caída: el peronismo, el movimiento político fundado en por Juan Domingo Perón y su esposa, Eva Duarte (“Evita”), que desde 1946 fue la principal fuerza que gobernó Argentina. Según la revista de tendencia conservadora, el peronismo generó “una sucesión de populistas económicamente analfabetos” que llevaron a Argentina “a la ruina”. Se trata de una opinión muy difundida entre los sectores liberales en el país sudamericano. Pero ¿es verdad?
El economista Fausto Spotorno es el vicepresidente de la Fundación Norte y Sur, dedicada a temas de desarrollo, y compiló las estadísticas económicas de Argentina desde su fundación en 1810 hasta 2018. Spotorno señaló que “los datos muestran que el crecimiento económico argentino se empezó a frenar a partir de 1930“, cuando el país sudamericano sufrió un embate doble: los impactos de la crisis internacional, por la caída de la bolsa de Wall Street, y su primer golpe de Estado militar. No obstante, remarcó: “Está claro en los números que a partir del peronismo la cosa se empezó a complicar“. “Argentina se pareció a una economía desarrollada, por nivel de vida, por ingreso per cápita y por tasa de crecimiento, hasta 1946”, detalló. Es decir: hasta la llegada de Perón. “Ahí es cuando empieza a aparecer la inflación“, señaló, en referencia al problema más persistente que ha tenido Argentina. Si bien el país había tenido aumentos de precios antes, aclaró, a partir de ese momento escalaron por primera vez por encima del 20%. ¿Por qué empezó a subir la inflación? “Porque aumentó mucho el gasto“, explicó el economista, quien señaló que “Argentina tenía un gasto público del 8,5% del PIB y en la segunda mitad de la década de 1940 aumentó al 12%”. Sin embargo, Spotorno aclaró que muchos de los problemas que enfrentó Perón habían surgido antes de su llegada, y se agravaron por el contexto internacional desfavorable que trajo la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Los países europeos a los que Argentina exportaba su agricultura retaceaban los pagos, afirmó. Y el país, que por décadas había tenido superávit primario -es decir, más ingresos que egresos- “empezó a tener déficit en la década de 1940″.
Este agujero no podía ser resuelto -como habían hecho gobiernos anteriores- con financiación externa, también por culpa de la guerra, dijo el experto. Pero esas limitaciones no frenaron a Perón, quien, a pesar del contexto, elevó fuertemente el gasto social.
“Argentina aumentó los gastos sin poder financiarlos”, señaló Spotorno. “Perón nacionalizó el Banco Central para poder imprimir dinero, lo que disparó la inflación”. Ese problema (gastar más de lo que se tiene) fue escalando con cada gobierno sucesivo, explicó el economista. Y la solución que encontraron todos -ya sea emitir más dinero o pedir más deuda– fue lo que llevó a que Argentina se convierta en uno de los países con más inflación y más defaults (o cesación de pagos de la deuda) en el mundo. Pero también es cierto que hay muchos que sostienen que es injusto decir que Argentina “perdió el rumbo” por culpa del peronismo. Después de todo, esas potencias con las que se codeaba el país a comienzos de siglo tuvieron el beneficio del Plan Marshall, que después de la Segunda Guerra les permitió retomar la senda del desarrollo. En cambio, Argentina, que se había tardado en declararle la guerra a Alemania y Japón, fue excluida de los mercados europeos. Respecto a la inflación, recuerdan que Perón había logrado reducirla a menos del 4% antes de ser derrocado por un golpe de Estado en 1955. Y observan que, después de ese evento, el peronismo quedó proscrito por más de 18 años.
Académicos como Eugenio Díaz Bonilla, economista y profesor de la George Washington University, han resaltado que si uno contrasta el trayecto económico de Argentina con el de Australia -que sufrió los mismos embates internacionales y tampoco estuvo incluido en el Plan Marshall- puede ver que el verdadero desplome del país sudamericano no ocurrió con el surgimiento del peronismo sino décadas más tarde, con la llegada del último régimen militar, que aplicó políticas neoliberales.
“Si uno compara a ambos países tomando como punto de referencia su distancia respecto al ingreso per capita de Estados Unidos, ve que la relación se mantiene pareja desde 1900 hasta 1975. El cambio se da con el golpe de 1976“, señaló Díaz Bonilla tras la polémica que generó The Economist.
El historiador argentino Ezequiel Adamovsky concluyó lo mismo: “En los treinta años posteriores a 1945 la Argentina duplicó su ingreso per cápita y amplió su producto a ritmos superiores a los de EE.UU. y también a los del Reino Unido, Australia o Nueva Zelanda (aunque fueron superados por los de algunos países de Europa)”, observó en una columna de opinión en El Diario AR.
“Con todos sus problemas, la economía argentina crecía entonces a un ritmo más veloz que el de las principales potencias occidentales”, señaló. “Es recién en 1975 que la economía local sufre una caída abrupta y pierde terreno por comparación no sólo con los países más avanzados, sino prácticamente con todo el mundo. Desde 1975 sí, puede decirse que el país sufre un declive“, escribió en referencia a un período que estuvo signado por crisis de hiperinflación.
Una investigación realizada por el profesor de Economía de la Universidad de Ljubljana Rok Spruk resaltó que esta debilidad surgió desde el comienzo.
“En comparación con EE.UU., Canadá y Australia, Argentina nunca completó la transición a una democracia abierta sustentada en el Estado de derecho”, escribió Rok en un paper titulado “El ascenso y la caída de Argentina”, publicado en 2019 en el Latin American Economic Review.
“Cuando los militares rompieron formalmente el orden constitucional en 1930, Argentina se embarcó en el camino de un desarrollo institucional inestable y frecuentes transiciones de ida y vuelta entre dictadura y democracia“.
“En lugar de emprender el camino hacia un desarrollo institucional sostenido, Argentina sufrió un tumultuoso fraude electoral con una casi erosión del sistema de controles y contrapesos que precipitó el ascenso de líderes populistas”.
Spotorno dice que esa inestabilidad democrática hizo que Argentina perdiera el atractivo que había tenido a finales del siglo XIX y comienzos del XX.
“Si tenés un golpe de Estado cada dos por tres y se violan las instituciones obviamente las inversiones empiezan a flaquear“, señaló.
Para el economista, Argentina empezó a sufrir un declive “cuando se dejaron de respetar dos cosas: las instituciones y la básica relación entre ingresos y gastos del Estado”.
“No tener instituciones permitió a los gobiernos siempre buscar atajos, en vez de hacer las cosas bien, y eso terminó en sucesivas crisis fiscales”.
“El país tuvo un momento de orden, entre 1860 hasta 1930, donde todos estaban enfocados para el mismo lado”, resume. “Después de eso todo fue buscar atajos y gastar de más”.
Hay un factor más que resaltan varios expertos y que ayuda a entender la dificultad que ha tenido Argentina para despegar económicamente en el último siglo.
Y es que el país no solo ha sido un péndulo desde lo político, oscilando entre democracias y gobiernos de facto.
También ha ido y venido con sus políticas económicas, pasando -sin escalas- del nacionalismo al neoliberalismo, del
proteccionismo al libre mercado, de la ortodoxia a la heterodoxia… un vaivén interminable que se ha dado incluso en distintos gobiernos de un mismo partido.
Las investigadoras Valeria Arza y Wendy Brau, del Centro de Investigaciones para la Transformación (Cenit), analizaron en 2021 “el péndulo argentino en números” -es decir, cuántas veces viró la política económica- y encontraron que en las seis décadas entre 1955 y 2018 hubo más de 30 cambios de rumbo, de los cuales 16 fueron “cambios radicales”.
También revelaron otra evidencia de la falta de continuidad de la política económica argentina: “en promedio, los ministros de economía duraron 13 meses en su cargo” durante ese período.
“El rasgo dominante de la política económica es la oscilación extrema”, sintetizó Adamovsky en la revista Anfibia.
Pocos ejemplos pueden ser tan claros de este rasgo como la noción sobre el rol del Estado en la economía que tienen los tres candidatos con más posibilidades el próximo domingo.
Sergio Massa, el tercer ministro de Economía del actual gobierno peronista, compite por la presidencia con promesas de mantener un Estado fuerte, mientras que Patricia Bullrich promete achicarlo y Javier Milei amenaza con arrasarlo.
Fuentes: IBC London .
PrisioneroEnArgentina.com
Noviembre 4, 2023
8 thoughts on “¿Fue Argentina Potencia Mundial?”
-
- Horacio
- posted on November 6, 2023
-
- Patricio
- posted on November 4, 2023
-
- Pato
- posted on November 4, 2023
-
- cien por ciento de...
- posted on November 4, 2023
-
- brian
- posted on November 4, 2023
-
- José María Buendía
- posted on November 4, 2023
-
- agustin carranza
- posted on November 4, 2023
-
- Scott Mariner
- posted on November 4, 2023
CommentNunca
Argentina nunca fue potencia:
https://youtu.be/YjEjkV8E0kU
Pero tampoco somos deudores, NOS DEBEN, esta judicialmente probado:
http://www.mpeargentina.com.ar/wp-con…
La causa Olmos explicada por su investigador Alejandro Olmos: esto también es Historia.
https://youtu.be/bS53lpUljBM
https://youtu.be/eWLd032wnag
Eso creemos
Pudo haber sido
Argentina’s geographical location isn’t that strategical to the trade route as it’s located nearly in the “end of the world”, so i guess they need to maximize their potential in agricultural exports and hi-tech sector.
Hace apenas un siglo, Estados Unidos y Argentina eran rivales. Ambos estaban en la primera ola de globalización a principios del siglo XX. Ambas eran naciones jóvenes y dinámicas con tierras agrícolas fértiles y exportadores confiados. Ambos llevaron la carne del Nuevo Mundo a las mesas de sus antepasados coloniales europeos. Antes de la Gran Depresión de la década de 1930, Argentina estaba entre las 10 economías más ricas del mundo. Los millones de emigrantes italianos e irlandeses que huían de la pobreza a finales del siglo XIX se debatían entre las dos cosas: ¿Buenos Aires o Nueva York? ¿La pampa o la pradera? Cien años después no había otra opción. Una de ellas había llegado a estar entre las economías más exitosas de la historia. La otra era una cáscara rota. No hubo ningún evento individual en el que el camino de Argentina se marcara en una divergencia permanente con el de los Estados Unidos de América. Pero hubo una serie de errores y traspiés que se ajustan a un patrón general. Los países recibieron manos bastante similares, pero las jugaron de manera muy diferente. Las similitudes entre ambos en la segunda mitad del siglo XIX, y de hecho hasta 1939, no fueron ni ficticias ni superficiales. Los “señores de las pampas” –jóvenes argentinos que se pavoneaban en los salones de la Europa de entreguerras– aparecen en los relatos de la época como un tipo igualmente prominente que los fanfarrones estadounidenses que jugaban a la decadencia europea en Berlín y París. Durante mucho tiempo ambos países siguieron caminos paralelos. Los estados que más tarde se convirtieron en Estados Unidos declararon su independencia en 1776 y se convirtieron en una nueva nación en 1789. El virreinato de Argentina, parte del imperio español, fue derrocado en 1810 por rebeldes inspirados por la revolución estadounidense; En 1816, Argentina se convirtió en una república independiente. Ambos enfrentaron una lucha interna entre quienes querían una nación centralizada y quienes querían el poder reservado para los estados o provincias individuales. En Estados Unidos, las colonias separadas habían existido mucho antes de que surgiera la idea de unirlas y no estaba garantizado que una república tuviera éxito. Las negociaciones que condujeron a la redacción de la constitución fueron tortuosas y a menudo de mal humor, y las diferentes denominaciones, tradiciones y constituciones de las colonias anteriores eran demasiado evidentes. Sólo cinco de las 13 colonias fundadoras, estados posteriores, se molestaron siquiera en asistir a la primera reunión de redacción, en 1786. Hubo que librar batallas para hacer realidad el lema nacional “E pluribus unum” (“de muchos, uno”). Ese lema aparece hoy en las monedas estadounidenses, pero en el momento de la independencia en 1789 circulaban decenas de monedas diferentes. Un banco nacional y una única “deuda nacional” –que hacía al gobierno federal responsable de las deudas de los estados– no se crearon sin una feroz oposición. En Argentina, fueron necesarias décadas de lucha antes de que se adoptara una constitución en 1853 con un sistema de reparto de los ingresos fiscales entre el centro y las provincias. Pero las continuas tensiones no se resolvieron hasta la represión de un levantamiento armado en la provincia de Buenos Aires en 1880, entregando más poder al centro. Domingo Sarmiento, que había intentado forjar la unidad nacional argentina mientras fue presidente entre 1868 y 1874, dijo que se conformaría con una Argentina cuyos habitantes no se mataran entre sí. A primera vista, las economías de los dos países también parecían similares: naciones agrarias que empujaban los asentamientos hacia el oeste, hacia un desierto de praderas templadas. En ambas naciones, el ganadero fronterizo (el gaucho y el vaquero) fue elevado a la categoría de símbolo nacional de valentía e independencia. Pero hubo grandes disparidades en la forma en que esto sucedió. Estados Unidos eligió un camino que repartió nuevas tierras entre individuos y familias; Argentina lo entregó en manos de unos pocos terratenientes ricos. Desde la fundación de las colonias, Estados Unidos tuvo la suerte de haber importado muchas de las prácticas agrícolas del norte de Europa. Los agricultores de “Nueva Inglaterra” procedían en gran medida de Gran Bretaña, Alemania y los Países Bajos, trayendo consigo la tradición de agricultores calificados en pequeñas granjas. Argentina, por el contrario, tenía una historia de unos pocos terratenientes ricos en grandes propiedades dejadas por los españoles y el elitismo aristocrático que vino con ello. También tenía escasez de mano de obra. La inmigración masiva a Argentina se produjo más tarde en el siglo XIX, pero el país tuvo que avanzar en su frontera con un personal mínimo. Ambos países abrieron Occidente, Estados Unidos al Pacífico y los argentinos a los Andes, pero no de la misma manera. Estados Unidos favoreció a los ocupantes ilegales: Argentina respaldó a los terratenientes. A falta de efectivo, Buenos Aires descubrió que la mejor manera de alentar a los colonos era vender por adelantado grandes parcelas en áreas que aún no habían sido arrebatadas a los nativos americanos. Pero una vez ganadas las batallas, los vencedores estaban exhaustos, los buenos trabajadores agrícolas eran escasos y las distancias desde la costa oriental hasta la frontera eran enormes. La mayoría de los nuevos propietarios simplemente rodearon amplias extensiones de pastizales con cercas de alambre de púas y las entregaron a pastos.
Potencia en futbol. Nada mas.
Every time I talk about to Argentina, regardless of the political view, I arrive at the same conclusion, Argentina can, and should be a Superpower, if and only if its politicians quit.