LA DEFENSA NACIONAL Y LA SEGURIDAD PÚBLICA COMO VARIABLES DE AJUSTE,  A MERCED DE UNA CONDUCCIÓN POLÍTICA IRRESPONSABLE Y UNA OPINIÓN PÚBLICA MALEABLE Y FLUCTUANTE.

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  Por Francisco Cervo.

Estamos asistiendo con dolor a la tremenda desgracia que ha sufrido una familia argentina y la muerte injustificada de un muchachito de bien con ilusiones y proyectos. 

Pero en el ámbito de este pueblo ingenuo y correspondiente opinión pública fluctuante y voluble, este hecho trágico es utilizado y explotado por personajes y sectores impresentables, para lograr la conquista de adhesiones primitivas y ejecutar venganzas públicas y retóricas contra adversarios diversos, haciendo uso indiscriminado de tergiversaciones y falacias, de acuerdo con su macabra metodología de “conquista de militancia”. 

Es decir, aprovechar la desgracia ajena para conseguir objetivos de bajo nivel moral y nada espirituales.

Todo justifica la vigencia de un argumento político aplicativo hacia fines sectarios y mafiosos.

En este caso particular tan confuso todavía, y a través de las informaciones que han trascendido, tres funcionarios policiales prácticamente ejecutaron a un pobre adolescente que retornaba a su hogar.

Tal cual, planteado el hecho, es absolutamente injustificable que personas que deben protegernos actúen prácticamente como lo hacen los sicarios de los carteles de la delincuencia.

Es muy fácil y por supuesto acopiador de adhesiones, asignarles públicamente todas las culpas y condenarlos sin más a la muerte civil, e indirectamente desprestigiar a la Institución que los encuadra, sin profundizar en el análisis y las causales de un hecho tan insólito.

Reaccionar sentimentalmente y con indignación buscando réditos de bajo nivel, es en este momento lo políticamente correcto.

Consecuentemente  estas circunstancias lamentables son usufructuadas por agencias informativas y periodistas diversos para ocupar  con planificado sensacionalismo la plana de los noticieros, además de los consabidos instrumentadores políticos ya mencionados, quienes hasta están organizando marchas y diversas manifestaciones “de indignados”, para influenciar a los “administradores y aplicadores de la justicia”.

¿Puede haber otra mirada y distintas reflexiones sobre lo ocurrido? 

¿O es mejor y más retributivo nadar a favor de la corriente?.

Me niego a concebir que tres profesionales jóvenes, investidos de la sagrada misión de proteger a sus semejantes, en un momento quizás de irreflexión, han hipotecado su libertad y proyectos personales y familiares, quizás de por vida. 

La muerte del muchachito es tremenda, pero la desgracia de éstos tres funcionarios y por cierto sus familiares cercanos, una verdadera tragedia.

Siempre en nuestra particular sociedad surgen, en ocasiones similares, personajes de opereta,  maquiavélicos que por propio interés o enviados por sus capataces en estudiadas presentaciones públicas, aprovechan la desgraciada situación y se ofrecen “desinteresadamente” para “ayudar en el logro de la justicia”. 

Uno de ellos el conocido sujeto Dalbón, defensor en la causa por los cuantiosos desfalcos de la “Porota” y secuaces.

Además, existen testimonios diversos de otros próceres del establishment, buscando directa o indirectamente propinarle un martillazo en la cabeza al adversario político de turno.

Estas acciones oportunistas con el drama ajeno,  parecen una página extraída de una comedia barata, similar  a las que estamos acostumbrados a visualizar, soportar y hasta aplicar prácticamente en nuestro destartalado país.

Pero volviendo a este hecho estremecedor, no puedo creer como quizás en no menos de cinco minutos, un pobre chico muere y tres jóvenes servidores públicos, evidentemente sin la atención y acción profesional en la cual deben haber sido capacitados, actúan sin reflexión y disparan a matar. 

Por ello son ahora estigmatizados con la peor de las calificaciones y enfrentan un porvenir también prácticamente de muerte.

Sus fotos aparecen profusamente en los noticieros con una venda negra que cubre sus ojos como si fueran asesinos de la peor calaña.

¿Cómo y por qué suceden y se repiten,  hechos tan lamentables en una sociedad como la nuestra?

Por cierto, no podemos quedarnos en la superficie, pues es nuestro deber y especialmente de quienes conducen las instituciones, penetrar en las causas profundas de tan horrible situación para asimilar la enseñanza y que no vuelva a ocurrir.

Los inculpados tienen derecho a ser escuchados, considerados y hasta orientados psicológicamente en un momento tan significativo de sus vidas.

Ahora mas que nunca necesitan el apoyo, aunque crítico de sus superiores profesionales y políticos, los cuales no pueden eludir una porción de responsabilidad en este hecho tan luctuoso.

Algunos mirarán quizás al costado para no irritar a sus capataces de turno. No debe sorprendernos, en las FFAA ya ha ocurrido.

Estos policías acusados, han sido defensores por vocación de sus compatriotas, y en el curso de esta tarea compleja y en ocasiones poco claras, han cometido una equivocación garrafal luego quizás de muchos sacrificios y peligros que enfrentaron en su pasado, para servir a los demás. 

Como decíamos, en cinco minutos trágicos han perdido prácticamente su futuro y sus ilusiones.

Tienen derecho a tener la oportunidad de recuperarse. Su pasado y acciones de servicio deben ser colocadas en la balanza del juzgamiento.

Casi como una reacción espasmódica propia de nuestros ineptos y oportunistas dirigentes políticos, se anuncia ahora la asignación de 20.000 nuevos policías para la seguridad en la castigada Provincia de Buenos Aires, en poco menos de un año.

Deben haber inventado una fotocopiadora tridimensional para producir funcionarios a destajo.

Seguramente nuevos chivos expiatorios para cubrir sus negligencias, voluntarismo e incapacidades, quienes como en esta ocasión y con mínima preparación pagarán sus eventuales errores con el empeñamiento de sus vidas o serán capturados y comprados por la delincuencia a la que deben combatir.

Es realmente muy ingrato ser policía en nuestro despersonalizado país. 

Palos porque bogas o palos porque no bogas. 

Tendrás uniforme y armas y saldrás a la calle a exponer tu vida,  aunque la capacitación que te han brindado y te deben brindar constantemente, sea deficiente.

Enfrentarás en situaciones de muerte a los malandrines, pero primero tendrás que advertirles que sos policía, dándoles quizás tiempo a reaccionar y que te maten. 

Cuidado con un golpe o rasguño no justificado, aunque te agredan.

Ante la duda siempre serás calificado como culpable, hasta que te permitan y puedas demostrar lo contario.

No existirán Zaffaronis, ni Dalbones para defenderte, ni juzgadores lubricados generosamente para excluirte de toda responsabilidad o probar tu inocencia, como ocurre con  miles de delincuentes de guante blanco, muchos de ellos en ejercicio del poder. 

Tu vida es un elemento de consumo para la sociedad a la cual te has empeñado en servir.

Verás a compañeros y amigos caer a tu lado en trampas arteras y solo podrás acompañarlos al cementerio y consolar a sus deudos.

No habrá manifestaciones ni marchas de apoyo o reconocimiento, pues no significa retribución política para nadie y además la sangre de los servidores de la comunidad seca muy rápido.

Sentirás el orgullo de vestir el uniforme y estar listo para proteger a tus conciudadanos, pero también deberás estar preparado a recibir insultos, escupitajos y golpes arteros, en distintas circunstancias de tu trabajo.

También por cierto deberás acostumbrarte a convivir con colegas traidores, comprados y vendidos por la delincuencia, inclusive desde los mismos estamentos del poder, y contemplar como escalan en los merecimientos y jerarquías.

Pero pese a todo esto, si persistes en tu vocación de servicio y sigues siendo un argentino de bien, nadie te quitará el orgullo de sentirte y ser policía.

Esta es la Argentina que supimos destruir. El país del revés. Una sociedad de éxito fácil para el sinvergüenza y tramposo. Una cueva de Alí Babá multiplicada en todos los rincones del territorio.

Una república en la cual el poder político, por la vigencia ilimitada de un sistema tramposo y perverso, es ejercido a través de diversos subterfugios y sin limitación, por los peores.

Una comunidad en la cual los valores morales y espirituales son pisoteados por la trampa y la falacia vigente, a través de la aplicación de metodologías creativas, cambiantes y pintorescas.

A pesar que pueda escandalizar a muchos, ruego por el futuro de los policías que han cometido el error trágico e insalvable. 

Pese a todo, deseo que puedan tener algún futuro digno, aunque paguen su omisión.

Manifiesto mi reconocimiento y agradecimiento a todos los policías que a lo largo y ancho del país ejercen con apasionamiento su digna vocación de servir y ofrendar su vida por la comunidad.

Y por último, no puedo dejar de seguir rindiendo mi reconocimiento y admiración y expresarlo abiertamente, hacia todos los miles de soldados civiles, militares y de seguridad que nos salvaron del colonialismo ideológico, y pese a haber sido traicionados por la sociedad que los mandó a pelear, mantienen en cárceles horribles y desprovistos de todo derecho, su dignidad y estoicismo.

 

Por lo menos, así, lo veo yo

Francisco Cervo.

Paciencia, FÉ, esperanza, convicción, valor, lucha…

Resignación y mucho menos indiferencia ¡¡¡¡NUNCA!!!!

 


PrisioneroEnArgentina.com

Noviembre 21, 2021


 

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