El 20 de agosto de 2007 comenzó como una mañana cualquiera en Mathews, una pequeña comunidad de Lafourche Parish, Louisiana. Pero aquella mañana terminó convirtiéndose en una de las tragedias familiares más estremecedoras de la región.
En una vivienda de St. Anthony Street fueron encontrados muertos Camille Hebert, de nueve años, y su hermano Braxton, de siete. Su madre, Amy Hebert, de 40 años, también estaba en la habitación y presentaba numerosas heridas autoinfligidas. El perro de la familia también había sido asesinado.
A partir de aquel momento comenzó una investigación que terminaría con Amy Hebert condenada por dos asesinatos en primer grado y con una sentencia de dos cadenas perpetuas consecutivas sin posibilidad de libertad condicional.
Pero el caso tuvo una particularidad que lo convirtió en algo mucho más complejo que un simple proceso por asesinato: Hebert sostuvo que estaba psicóticamente enferma cuando mató a sus hijos y que había escuchado una voz que le ordenaba hacerlo.
La Justicia no aceptó esa explicación como fundamento de una absolución por insanía.
Una familia que se desintegraba
Amy Hebert había estado casada con Chad Hebert, padre de Camille y Braxton. La pareja se separó en 2005 y se divorció en 2006.
De acuerdo con el expediente judicial federal que posteriormente revisó el caso, la ruptura matrimonial estuvo relacionada con una relación extramatrimonial de Chad con una mujer llamada Kimberly. Con el tiempo, la relación entre Chad y Kimberly se hizo más seria y ambos comenzaron a planificar su matrimonio.
La situación se volvió especialmente dolorosa para Amy porque sus hijos también comenzaron a desarrollar una relación cercana con Kimberly.
El expediente judicial señala que Hebert observaba esa relación y sentía resentimiento.
Chad, mientras tanto, estaba construyendo una nueva vivienda en la que Camille y Braxton tendrían sus propias habitaciones.
Para los fiscales, estos acontecimientos proporcionaban un posible contexto emocional para comprender lo sucedido.
Para la defensa, en cambio, el estado mental de Amy era fundamental.
La mañana del 20 de agosto
El 20 de agosto de 2007, Amy no se presentó a trabajar.
Una compañera se preocupó y se comunicó con un familiar. Poco después, un familiar y un agente fuera de servicio llegaron a la vivienda.
Las puertas estaban cerradas.
Finalmente entraron por una ventana.
Lo que encontraron fue una escena terrible.
Los dos niños estaban muertos.
Amy Hebert estaba en la cama, debajo de las mantas, con heridas provocadas por ella misma. Había varios cuchillos de cocina en la vivienda y el perro de la familia también había sido asesinado.
Los médicos determinaron que los niños habían muerto como consecuencia de las heridas de arma blanca.
La investigación revelaría posteriormente la magnitud de la violencia utilizada.
Las heridas
Durante el juicio, un médico forense declaró que cada niño había sufrido más de 30 heridas de arma blanca.
Camille presentaba numerosas heridas en el torso y el cuero cabelludo. Braxton tenía más de 30 heridas en la parte frontal del cuerpo y otras heridas en la espalda.
Los dos niños presentaban además lesiones defensivas en los brazos, compatibles con intentos de protegerse de los ataques.
La evidencia presentada durante el juicio describió un ataque prolongado y extremadamente violento.
La tragedia se hizo todavía más dolorosa por la edad de las víctimas.
Camille tenía nueve años.
Braxton tenía solamente siete.
La acusación
En septiembre de 2007, un gran jurado de Lafourche Parish acusó formalmente a Amy Hebert de dos cargos de asesinato en primer grado. La Fiscalía solicitó inicialmente la pena de muerte.
La teoría de la acusación era que Hebert había asesinado deliberadamente a sus hijos.
La Fiscalía también presentó evidencia destinada a demostrar que no se trataba simplemente de un episodio completamente descontrolado.
Durante el juicio, los fiscales argumentaron que Hebert había estado atravesando una situación emocional relacionada con su divorcio y la nueva relación de su exmarido.
Pero la defensa tenía otra explicación.
“No estaba en mi sano juicio”
Amy Hebert se declaró no culpable por razón de insanía.
La defensa no negó que ella hubiera matado a sus hijos. Su argumento central era que, en el momento de los asesinatos, su estado mental le impedía comprender adecuadamente la naturaleza o las consecuencias de sus actos.
Después de los asesinatos, Hebert fue internada y examinada por profesionales de salud mental.
Una psiquiatra, la doctora Alexandra Phillips, declaró que Hebert le había dicho que llevaba tiempo escuchando “las palabras de Satanás” y que Satanás estaba en la habitación riéndose de ella.
La médica consideró que Hebert estaba en un estado psicótico y le administró medicación antipsicótica.
Estas declaraciones se convertirían en uno de los elementos más importantes del juicio.
La otra cara de la historia
La Fiscalía presentó expertos que llegaron a una conclusión diferente.
Los fiscales intentaron demostrar que Hebert podía controlar sus actos y que su comportamiento anterior y posterior a los asesinatos no era compatible con una persona completamente incapaz de comprender lo que estaba haciendo.
Durante el juicio, los especialistas de ambas partes ofrecieron interpretaciones diferentes sobre su estado psicológico.
Uno de los expertos de la defensa, el psiquiatra Phillip Resnick, sostuvo que Hebert presentaba numerosos indicadores compatibles con una depresión grave con características psicóticas.
La Fiscalía, por el contrario, presentó tres expertos que describieron a Hebert como alguien capaz de controlar sus acciones en los días previos a los asesinatos.
Así, el proceso dejó de ser solamente una discusión sobre quién había matado a los niños.
La cuestión fundamental pasó a ser:
¿Qué estaba sucediendo dentro de la mente de Amy Hebert cuando tomó los cuchillos?
El juicio
El juicio comenzó en abril de 2009.
Durante aproximadamente un mes, los jurados escucharon testimonios sobre la familia, la escena del crimen, las heridas de los niños y el estado psicológico de Hebert.
La evidencia física era devastadora.
La defensa tuvo que explicar cómo una madre que había querido a sus hijos podía haber cometido un ataque de semejante violencia.
Su respuesta fue la enfermedad mental.
La acusación respondió que la enfermedad mental, incluso si existía, no significaba necesariamente que Hebert fuera legalmente incapaz de distinguir entre el bien y el mal.
La decisión del jurado
El 14 de mayo de 2009, el jurado declaró a Amy Hebert culpable de dos cargos de asesinato en primer grado.
Después llegó la segunda etapa del proceso.
La Fiscalía había solicitado la pena de muerte.
Sin embargo, el jurado no alcanzó un acuerdo unánime sobre esa pena.
Como consecuencia, el juez Jerome Barbera impuso dos condenas de prisión perpetua consecutivas, sin posibilidad de libertad condicional, probation o suspensión de la pena.
Hebert tendría que pasar el resto de su vida en prisión.
¿Por qué no recibió la pena de muerte?
El caso había sido considerado potencialmente elegible para la pena capital porque se trataba del asesinato de más de una persona y las víctimas eran menores de 12 años.
La Fiscalía había pedido expresamente la pena de muerte.
Pero la decisión del jurado no fue unánime.
En Louisiana, la falta de unanimidad en la etapa de sentencia impidió que se impusiera la pena capital.
El resultado fue una condena igualmente severa: dos cadenas perpetuas consecutivas.
La batalla judicial continuó
La condena no puso fin a la historia.
Hebert continuó recurriendo su sentencia.
Su defensa argumentó, entre otras cuestiones, que había recibido asistencia jurídica ineficaz y que un jurado racional no podría haber concluido que era legalmente responsable de sus actos debido a su enfermedad mental.
La Corte Suprema de Louisiana rechazó una de sus apelaciones en 2011.
Posteriormente, el caso llegó al sistema federal.
En 2018, la Corte de Apelaciones del Quinto Circuito de Estados Unidos rechazó los argumentos de Hebert y confirmó la decisión de los tribunales inferiores.
La corte sostuvo que existía evidencia suficiente para que un jurado racional hubiera podido concluir que Hebert era legalmente responsable de los asesinatos.
La última batalla
En 2019, la Corte Suprema de Estados Unidos rechazó escuchar su apelación final.
Con esa decisión prácticamente terminó su recorrido judicial ordinario.
La condena quedó vigente.
Amy Hebert continuó encarcelada en el Louisiana Correctional Institute for Women.
La tragedia de Camille y Braxton
En medio de las discusiones jurídicas hay una realidad que nunca debe perderse de vista.
Camille tenía nueve años.
Braxton tenía siete.
La pequeña Camille era recordada por familiares y amigos como una niña a la que le gustaba cantar. Un obituario publicado después de su muerte describió su vida escolar y religiosa y señaló que su hermano había muerto antes que ella en la misma tragedia.
Los niños fueron enterrados después de servicios funerarios separados.
Para su padre, sus familiares y sus amigos, el juicio no podía devolverlos.
La sentencia tampoco.
Un caso que plantea preguntas difíciles
La historia de Amy Hebert plantea preguntas que van mucho más allá del crimen.
¿Qué ocurre cuando una persona aparentemente afectada por una enfermedad mental comete un acto extraordinariamente violento?
¿Cuándo una enfermedad puede convertir a una persona en legalmente inimputable?
¿Hasta qué punto un jurado debe confiar en las evaluaciones psiquiátricas realizadas después de un crimen?
Y quizá la pregunta más dolorosa:
¿Cómo puede una madre matar a sus propios hijos?
No existe una respuesta sencilla.
El expediente judicial demuestra que hubo profundas disputas sobre el estado mental de Hebert. Pero también demuestra que los tribunales finalmente concluyeron que la evidencia permitía considerarla responsable penalmente.
Una tragedia sin retorno
Amy Hebert entró en prisión después de una mañana que destruyó a una familia.
Sus hijos no regresaron.
Su exmarido perdió a sus dos niños.
Los familiares tuvieron que reconstruir sus vidas después de una tragedia que difícilmente puede describirse con palabras.
Y Hebert quedó condenada a pasar el resto de su vida tras las rejas.
La historia tampoco terminó con el juicio. Durante años, la defensa continuó argumentando que la enfermedad mental había desempeñado un papel decisivo.
Los tribunales escucharon esos argumentos.
Los revisaron.
Y finalmente los rechazaron.
Conclusión
El caso de Amy Hebert es uno de los episodios criminales más perturbadores de Louisiana porque reúne una tragedia familiar, un doble asesinato infantil, una posible crisis psicótica, un intento de suicidio y una prolongada batalla judicial.
El 20 de agosto de 2007, Camille y Braxton fueron asesinados en su propia casa.
En 2009, un jurado declaró culpable a su madre de dos asesinatos en primer grado.
El jurado no logró alcanzar unanimidad para imponerle la pena de muerte, y el juez la condenó a dos cadenas perpetuas consecutivas sin posibilidad de libertad condicional.
La defensa insistió en que Hebert estaba psicótica cuando cometió los asesinatos. Los tribunales, sin embargo, determinaron que la evidencia permitía sostener su responsabilidad penal.
En última instancia, el caso deja una imagen difícil de olvidar: dos niños pequeños que murieron dentro de su propia casa y una madre que pasó de ser parte de esa familia a convertirse, según el veredicto judicial, en la responsable de destruirla.
Detrás de cada expediente judicial existe una tragedia humana. En el caso de Amy Hebert, esa tragedia tiene dos nombres: Camille y Braxton.
PrisioneroEnArgentina
Setiembre 14, 2026
3 thoughts on “La tragedia de una madre que asesinó a sus dos hijos y terminó condenada a dos cadenas perpetuas”
I am making a good salary from home $4580-$5240/week , which is amazing under a year ago I was jobless in a horrible economy. I thank God every day I was blessed with these instructions and now its my duty to pay it forward and share it with Everyone,
♣
El 20 de agosto de 2007 comenzó como una mañana cualquiera en Mathews, una pequeña comunidad de Lafourche Parish, Louisiana. Pero aquella mañana terminó convirtiéndose en una de las tragedias familiares más estremecedoras de la región.
En una vivienda de St. Anthony Street fueron encontrados muertos Camille Hebert, de nueve años, y su hermano Braxton, de siete. Su madre, Amy Hebert, de 40 años, también estaba en la habitación y presentaba numerosas heridas autoinfligidas. El perro de la familia también había sido asesinado.
A partir de aquel momento comenzó una investigación que terminaría con Amy Hebert condenada por dos asesinatos en primer grado y con una sentencia de dos cadenas perpetuas consecutivas sin posibilidad de libertad condicional.
Pero el caso tuvo una particularidad que lo convirtió en algo mucho más complejo que un simple proceso por asesinato: Hebert sostuvo que estaba psicóticamente enferma cuando mató a sus hijos y que había escuchado una voz que le ordenaba hacerlo.
La Justicia no aceptó esa explicación como fundamento de una absolución por insanía.
Una familia que se desintegraba
De acuerdo con el expediente judicial federal que posteriormente revisó el caso, la ruptura matrimonial estuvo relacionada con una relación extramatrimonial de Chad con una mujer llamada Kimberly. Con el tiempo, la relación entre Chad y Kimberly se hizo más seria y ambos comenzaron a planificar su matrimonio.
La situación se volvió especialmente dolorosa para Amy porque sus hijos también comenzaron a desarrollar una relación cercana con Kimberly.
El expediente judicial señala que Hebert observaba esa relación y sentía resentimiento.
Chad, mientras tanto, estaba construyendo una nueva vivienda en la que Camille y Braxton tendrían sus propias habitaciones.
Para los fiscales, estos acontecimientos proporcionaban un posible contexto emocional para comprender lo sucedido.
Para la defensa, en cambio, el estado mental de Amy era fundamental.
La mañana del 20 de agosto
El 20 de agosto de 2007, Amy no se presentó a trabajar.
Una compañera se preocupó y se comunicó con un familiar. Poco después, un familiar y un agente fuera de servicio llegaron a la vivienda.
Las puertas estaban cerradas.
Finalmente entraron por una ventana.
Lo que encontraron fue una escena terrible.
Los dos niños estaban muertos.
Amy Hebert estaba en la cama, debajo de las mantas, con heridas provocadas por ella misma. Había varios cuchillos de cocina en la vivienda y el perro de la familia también había sido asesinado.
Los médicos determinaron que los niños habían muerto como consecuencia de las heridas de arma blanca.
La investigación revelaría posteriormente la magnitud de la violencia utilizada.
Las heridas
Durante el juicio, un médico forense declaró que cada niño había sufrido más de 30 heridas de arma blanca.
Camille presentaba numerosas heridas en el torso y el cuero cabelludo. Braxton tenía más de 30 heridas en la parte frontal del cuerpo y otras heridas en la espalda.
Los dos niños presentaban además lesiones defensivas en los brazos, compatibles con intentos de protegerse de los ataques.
La evidencia presentada durante el juicio describió un ataque prolongado y extremadamente violento.
La tragedia se hizo todavía más dolorosa por la edad de las víctimas.
Camille tenía nueve años.
Braxton tenía solamente siete.
La acusación
En septiembre de 2007, un gran jurado de Lafourche Parish acusó formalmente a Amy Hebert de dos cargos de asesinato en primer grado. La Fiscalía solicitó inicialmente la pena de muerte.
La teoría de la acusación era que Hebert había asesinado deliberadamente a sus hijos.
La Fiscalía también presentó evidencia destinada a demostrar que no se trataba simplemente de un episodio completamente descontrolado.
Durante el juicio, los fiscales argumentaron que Hebert había estado atravesando una situación emocional relacionada con su divorcio y la nueva relación de su exmarido.
Pero la defensa tenía otra explicación.
“No estaba en mi sano juicio”
Amy Hebert se declaró no culpable por razón de insanía.
La defensa no negó que ella hubiera matado a sus hijos. Su argumento central era que, en el momento de los asesinatos, su estado mental le impedía comprender adecuadamente la naturaleza o las consecuencias de sus actos.
Después de los asesinatos, Hebert fue internada y examinada por profesionales de salud mental.
Una psiquiatra, la doctora Alexandra Phillips, declaró que Hebert le había dicho que llevaba tiempo escuchando “las palabras de Satanás” y que Satanás estaba en la habitación riéndose de ella.
La médica consideró que Hebert estaba en un estado psicótico y le administró medicación antipsicótica.
Estas declaraciones se convertirían en uno de los elementos más importantes del juicio.
La Fiscalía presentó expertos que llegaron a una conclusión diferente.
Los fiscales intentaron demostrar que Hebert podía controlar sus actos y que su comportamiento anterior y posterior a los asesinatos no era compatible con una persona completamente incapaz de comprender lo que estaba haciendo.
Durante el juicio, los especialistas de ambas partes ofrecieron interpretaciones diferentes sobre su estado psicológico.
Uno de los expertos de la defensa, el psiquiatra Phillip Resnick, sostuvo que Hebert presentaba numerosos indicadores compatibles con una depresión grave con características psicóticas.
La Fiscalía, por el contrario, presentó tres expertos que describieron a Hebert como alguien capaz de controlar sus acciones en los días previos a los asesinatos.
Así, el proceso dejó de ser solamente una discusión sobre quién había matado a los niños.
La cuestión fundamental pasó a ser:
¿Qué estaba sucediendo dentro de la mente de Amy Hebert cuando tomó los cuchillos?
El juicio
El juicio comenzó en abril de 2009.
Durante aproximadamente un mes, los jurados escucharon testimonios sobre la familia, la escena del crimen, las heridas de los niños y el estado psicológico de Hebert.
La evidencia física era devastadora.
La defensa tuvo que explicar cómo una madre que había querido a sus hijos podía haber cometido un ataque de semejante violencia.
Su respuesta fue la enfermedad mental.
La acusación respondió que la enfermedad mental, incluso si existía, no significaba necesariamente que Hebert fuera legalmente incapaz de distinguir entre el bien y el mal.
La decisión del jurado
El 14 de mayo de 2009, el jurado declaró a Amy Hebert culpable de dos cargos de asesinato en primer grado.
Después llegó la segunda etapa del proceso.
La Fiscalía había solicitado la pena de muerte.
Sin embargo, el jurado no alcanzó un acuerdo unánime sobre esa pena.
Como consecuencia, el juez Jerome Barbera impuso dos condenas de prisión perpetua consecutivas, sin posibilidad de libertad condicional, probation o suspensión de la pena.
Hebert tendría que pasar el resto de su vida en prisión.
¿Por qué no recibió la pena de muerte?
El caso había sido considerado potencialmente elegible para la pena capital porque se trataba del asesinato de más de una persona y las víctimas eran menores de 12 años.
La Fiscalía había pedido expresamente la pena de muerte.
Pero la decisión del jurado no fue unánime.
En Louisiana, la falta de unanimidad en la etapa de sentencia impidió que se impusiera la pena capital.
El resultado fue una condena igualmente severa: dos cadenas perpetuas consecutivas.
La batalla judicial continuó
La condena no puso fin a la historia.
Hebert continuó recurriendo su sentencia.
Su defensa argumentó, entre otras cuestiones, que había recibido asistencia jurídica ineficaz y que un jurado racional no podría haber concluido que era legalmente responsable de sus actos debido a su enfermedad mental.
La Corte Suprema de Louisiana rechazó una de sus apelaciones en 2011.
Posteriormente, el caso llegó al sistema federal.
En 2018, la Corte de Apelaciones del Quinto Circuito de Estados Unidos rechazó los argumentos de Hebert y confirmó la decisión de los tribunales inferiores.
La corte sostuvo que existía evidencia suficiente para que un jurado racional hubiera podido concluir que Hebert era legalmente responsable de los asesinatos.
La última batalla
En 2019, la Corte Suprema de Estados Unidos rechazó escuchar su apelación final.
Con esa decisión prácticamente terminó su recorrido judicial ordinario.
La condena quedó vigente.
Amy Hebert continuó encarcelada en el Louisiana Correctional Institute for Women.
En medio de las discusiones jurídicas hay una realidad que nunca debe perderse de vista.
Camille tenía nueve años.
Braxton tenía siete.
La pequeña Camille era recordada por familiares y amigos como una niña a la que le gustaba cantar. Un obituario publicado después de su muerte describió su vida escolar y religiosa y señaló que su hermano había muerto antes que ella en la misma tragedia.
Los niños fueron enterrados después de servicios funerarios separados.
Para su padre, sus familiares y sus amigos, el juicio no podía devolverlos.
La sentencia tampoco.
Un caso que plantea preguntas difíciles
La historia de Amy Hebert plantea preguntas que van mucho más allá del crimen.
¿Qué ocurre cuando una persona aparentemente afectada por una enfermedad mental comete un acto extraordinariamente violento?
¿Cuándo una enfermedad puede convertir a una persona en legalmente inimputable?
¿Hasta qué punto un jurado debe confiar en las evaluaciones psiquiátricas realizadas después de un crimen?
Y quizá la pregunta más dolorosa:
¿Cómo puede una madre matar a sus propios hijos?
No existe una respuesta sencilla.
El expediente judicial demuestra que hubo profundas disputas sobre el estado mental de Hebert. Pero también demuestra que los tribunales finalmente concluyeron que la evidencia permitía considerarla responsable penalmente.
Una tragedia sin retorno
Amy Hebert entró en prisión después de una mañana que destruyó a una familia.
Sus hijos no regresaron.
Su exmarido perdió a sus dos niños.
Los familiares tuvieron que reconstruir sus vidas después de una tragedia que difícilmente puede describirse con palabras.
Y Hebert quedó condenada a pasar el resto de su vida tras las rejas.
La historia tampoco terminó con el juicio. Durante años, la defensa continuó argumentando que la enfermedad mental había desempeñado un papel decisivo.
Los tribunales escucharon esos argumentos.
Los revisaron.
Y finalmente los rechazaron.
Conclusión
El caso de Amy Hebert es uno de los episodios criminales más perturbadores de Louisiana porque reúne una tragedia familiar, un doble asesinato infantil, una posible crisis psicótica, un intento de suicidio y una prolongada batalla judicial.
El 20 de agosto de 2007, Camille y Braxton fueron asesinados en su propia casa.
En 2009, un jurado declaró culpable a su madre de dos asesinatos en primer grado.
El jurado no logró alcanzar unanimidad para imponerle la pena de muerte, y el juez la condenó a dos cadenas perpetuas consecutivas sin posibilidad de libertad condicional.
La defensa insistió en que Hebert estaba psicótica cuando cometió los asesinatos. Los tribunales, sin embargo, determinaron que la evidencia permitía sostener su responsabilidad penal.
En última instancia, el caso deja una imagen difícil de olvidar: dos niños pequeños que murieron dentro de su propia casa y una madre que pasó de ser parte de esa familia a convertirse, según el veredicto judicial, en la responsable de destruirla.
Detrás de cada expediente judicial existe una tragedia humana. En el caso de Amy Hebert, esa tragedia tiene dos nombres: Camille y Braxton.
3 thoughts on “La tragedia de una madre que asesinó a sus dos hijos y terminó condenada a dos cadenas perpetuas”
-
- bdq444
- posted on September 15, 2026
-
- Lyra Anderson
- posted on September 14, 2026
-
- Madelina Pond
- posted on September 14, 2026
CommentSolid performance and great variety of options. It is my go-to site whenever I want to relax and play. Cheers to bdq444.
Beautiful girls are waiting to meet you—come join the fun! ……..> https://fillboards.com/girls33
I am making a good salary from home $4580-$5240/week , which is amazing under a year ago I was jobless in a horrible economy. I thank God every day I was blessed with these instructions and now its my duty to pay it forward and share it with Everyone,
Here is I started______ https://PayAtHome1.Com/