Un uruguayo que se jugó la vida, cinco mujeres heroicas que abandonadas por sus hombres, resistieron a los indios con un cañón de juguete (ilustración) y la verdad verdadera sobre malones indígenas en los que se colaban gauchos fugitivos, chilenos y hasta ingleses.
Todo para robar ganado o mujeres, tanto daba una como otra presa, porque el saqueo no hace distingos y la historia algunas veces confunde más de lo que aclara. Como explica Alberto Moroy en este nuevo viaje a la historia regional, la política podía estar entremezclada con el bandolerismo. Además, serían de una crueldad inaudita, pero era una reacción predecible de esos indios despojados de sus tierras.
Por Alberto Moroy
Un poco de historia
El fuerte de la Guardia de Luján fue fundado en 1752 para asiento de un escuadrón de blandengues, que debía patrullar la frontera oeste. Desde sus orígenes, la población creció en forma sostenida: pasó de 464 habitantes en 1782 -fecha en que se realizó el primer recuento de población-, a 5.154 en 1837 Entre 1785 y 1837 La Guardia, situada en un lugar estratégico, comenzó a crecer: aquí nacía la «rastrillada de las Salinas o rastrillada Grande» -camino recorrido por las carretas que, desde la Guardia de Luján, se dirigían a las Salinas Grandes (Hidalgo, La Pampa) en busca de sal. Pero además, desde los acuerdos con los pampas en 1743 y con los aucas en 1770, pasó a ser la única puerta de entrada para el comercio indígena. Por eso, las pulperías fijas y volantes, los comerciantes que recorrían la campaña y los pobladores que hacían del comercio con los indios su principal actividad, la convirtieron en un pequeño emporio mercantil.
Malón a la Guardia del Luján…
En a madrugada del lunes 27 de octubre de año 1823, fueron atacados por una numerosa fuerza, compuesta de dos mil indios, en su totalidad ranqueles los bárbaros del desierto, que contaban su triunfo seguro, dada la inferioridad numérica de los pocos soldados del capitán Ramón Carbajal. Llegaron en su audacia hasta los mismos fosos del Fortín; pero este militar de la antigua escuela, que no se amedrentaba con el peligro, ordena abrir fuego a sus artilleros. Las piezas son diminutas, pero alcanzaron para contener a los bárbaros, arrebatándoles la esperanza de un triunfo descontado de antemano.
Al valiente capitán Carbajal lo habían abandonado casi todos sus compañeros; una horda de salvajes rodeaba a su pequeño número de bravos, pero la idea de su próximo e inevitable fin no lo hizo desmayar, y con el vivo y acertado fuego de sus piezas mantenido vivo por una hora, no dejó de intimidar al enemigo, logrando salvar muchos heridos que yacían en el campo de batalla y obligando a los bárbaros a abandonar su empresa.
Disponíase a retirarse; mas el valiente capitán Rauch se presentó acompañado de unos cuarenta húsares que había podido reunir de su escuadrón, y sin perder un momento, da alcance al enemigo en momentos en que el continuo cañoneo de las dos piezas del capitán Ramón Carbajal obligaba a los salvajes a abandonar un considerable número de hacienda.
Las heroínas olvidadas de la Guardia de Luján
Los hechos
«La madre y cuatro hijas mayores vistieron la ropa de los hombres; no tenían armas de ninguna clase, pero tenían un mortero de quebracho para pisar maíz, que montaron sobre un pequeño rodado de carretilla que empleaban para traer agua. Este extraño cañón fue colocado en una esquina del foso que les sirvió de baluarte. La madre, con un tizón de fuego en la mano, y las hijas en derredor figuraban artilleros.
Este combate con los indios tuvo también sus heroínas: una familia de apellido Colazo, que habitaba un puesto fronterizo y próximo al Fortín de la Guardia de Lujan, fué abandonada por todos los hombres que las acompañaban, cuando vieron próximos a los indios ranqueles, y contemplándose en ese estado, las mujeres que habían quedado solas y expuestas a ser cautivadas por los indios, resolvieron defenderse en su casa, la que estaba rodeada por un foso, como se acostumbraba antiguamente en las poblaciones fronterizas. Levantaron pues el puente levadizo y se aprestaron a la defensa.
Cada vez que los indios se acercaban, la del tizón de fuego hacía el ademán de prender la mecha del cañón, y esta sola estratagema bastó para repeler a los diferentes grupos de salvajes que pretendían avanzar hacia la casa; como los indios creían que- era aquello un verdadero cañón, huían colgándose en el lomo y costillar del caballo, para evitar la muerte con que les amenazaba la improvisada artillería de las valientes Colazo.
Los héroes
El capitán Carbajal (Oriental nació de el actual Depto. de Colonia), héroe del «Fortín Guardia de Lujan», llegó a teniente coronel y falleció en Buenos Aires, después de haber servido a la patria, desde cadete de artillería, cuando las invasiones inglesas por los años 1806 y 1807. Siempre sirvió en su arma, en el regimiento de Artillería de la Patria, se encontró en el sitio de Montevideo, en el año 1813, a las órdenes del general Rondeau, y en el Alto Perú, con el mismo general, en la acción de Sipe Sipe, el 2 de noviembre de 1815. Fue perseguido por Rosas en el año 1840 y, refugiado en Montevideo, sirvió a las órdenes del Teniente José María Paz en el sitio que puso a esta plaza el general Oribe durante 9 años.
El coronel Federico Rauch era francés, nacido en Estrasburgo. Llegó al grado de coronel, ostentando una brillante foja de servicios, y fue muerto por las tropas de Rosas, aliadas a los indios de la Pampa, en el combate de las Vizcacheras (Sud de Buenos Aires), el día 28 de marzo del año 1829. Habiéndole boleado su caballo los indios, se encontró solo y a pie, rodeado de un centenar de enemigos, y como no quiso rendirse ‘a los bárbaros del desierto, vendió cara su vida; peleó con su sable hasta romperlo, y ya en el suelo, acribillado a lanzadas, el cadáver fue horriblemente mutilado.
Rosas premió con el grado de coronel al cacique Nocoñas Denis (Versión Caras y caretas 1914) En otras versiones, el jefe ranquel Nicasio Maciel, apodado Arbolito, fue quien, el 28 de marzo de 1829, lanceó y decapitó al coronel prusiano Federico Rauch (Versión Osvaldo Bayer). Todavía hay más relatos contradictorios que apuntan que habría sido el cabo de Blandengues, Manuel Andrada quien lo ultimara, según Prudencio Arnold, 1809-1896 militar argentino en “Un soldado argentino”.
Comentario del transcriptor de la nota: como podemos apreciar, según quien escriba la historia, son los hechos. Las narrativas cambian, nada nuevo, según los tiempos. Siempre hay varias versiones del mismo episodio y en el presente podemos apreciar sigue igual, todo es según las manos o los dedos que escriben, sin contar las voces.
El Comandante Saubidet (No Saudibert), nacido en Buenos Aires el 3 de julio de 1794 y murió en la misma en 1849, de padres españoles, era el Coronel Antonio María José Tomás Saubidet Patrón. En marzo de 1820 la Junta de Representantes de Buenos Aires dispuso que el Cuerpo de Blandengues de la Frontera se integrara a los Húsares de Buenos Aires. Figuraba como Coronel de los Húsares en Tandil. En agosto de 1822 el Regimiento de Húsares estaba mandado por el coronel Antonio Saubidet, era teniente coronel Federico Rauch, y se hallaba en el servicio de fronteras, en los puntos de acantonamiento arriba mencionados y en la Villa de Luján.
Llega el año 1824 (sic). De pronto se percibe que algo ocurre en el desierto, pues cruzan, despavoridos por el villorrio: avestruces, garzas, liebres y otros seres […] ¡Los hombres del mangrullo están alertas! Porque aquel movimiento demuestra que el indio se mueve en el trasfondo… ¡Tantas veces se ha visto esa inquietud! Más ahora no es sólo amenaza. ¡Ahora es de nuevo el malón con toda su fuerza! ¡Es la indiada que hace temblar las tierras y las carnes! Viene desde atrás de la frontera con ansias de sangre y en plenitud de capacidad bélica.
Pero aquí está el capitán Carbajal, artillero consumado. Está también el comandante Saudibert, habituado a estos entreveros de lanza, cuchillo y bola. En tanto de Luján viene Rauch al mando de sus Húsares, centauros temibles. Y entre todos empujan el malón hasta la cañada del Moyano, desde donde inicia el regreso hacia el desierto. El malón se ha ido, si. Recién se advierte qué grande ha sido el sacrificio. Treinta y cinco blancos, muertos han encontrado su tumba a orillas del Luján… Allí quedan el alférez Gala, los capitanes Navarro y Castañer, dos cabos, un sargento y varios soldados.
Una nueva placa
El 8 de abril de 2009, el diario local Noticias Mercedinas reseñó la colocación de una nueva placa junto a la «Cruz de Palo’, con la cual se buscaba reivindicar a los indígenas que murieron en la lucha y cuya memoria había sido dejada de lado hasta el momento. (La de color negro que se ve en la foto). Ubicación física 2.330 mts. al oeste de la plaza San Martín
El malón indígena que se considera el hecho histórico que inspiró la construcción de la «Cruz de Palo». Señalan que el enfrentamiento habría sido entre los soldados establecidos en la Guardia de Luján y un grupo de aproximadamente ciento cincuenta indígenas que regresaban de la zona de Salto -otro fortín de la línea del Salado- arreando unas diez mil cabezas de ganado. Según Dagnino (1993: 176), «el combate tuvo lugar en la cañada del arroyo Moyano, en la margen izquierda del río Luján» y en él habrían participado el capitán Federico Rauch, el sargento Martín Castañer y el capitán José Navarro. «Del violento encuentro resultó que finalmente ganaron los indios, quedándose con el ganado y un número de vidas perdidas no registrado. En las filas militares murieron cerca de cuarenta efectivos, que fueron enterrados en las inmediaciones». En las proximidades se habría levantado una cruz de madera en su honor, aunque luego habría sido destruida. Posteriormente, en 1937, se instaló una nueva cruz aproximadamente a ciento cincuenta metros de donde habría estado la primera En la placa colocada debajo de la cruz se indica que «la Dirección del Museo de Luján vuelve a reponer la cruz como tributo a esos mártires de la civilización.
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Un uruguayo que se jugó la vida, cinco mujeres heroicas que abandonadas por sus hombres, resistieron a los indios con un cañón de juguete (ilustración) y la verdad verdadera sobre malones indígenas en los que se colaban gauchos fugitivos, chilenos y hasta ingleses.
Todo para robar ganado o mujeres, tanto daba una como otra presa, porque el saqueo no hace distingos y la historia algunas veces confunde más de lo que aclara. Como explica Alberto Moroy en este nuevo viaje a la historia regional, la política podía estar entremezclada con el bandolerismo. Además, serían de una crueldad inaudita, pero era una reacción predecible de esos indios despojados de sus tierras.
Por Alberto Moroy
Un poco de historia
El fuerte de la Guardia de Luján fue fundado en 1752 para asiento de un escuadrón de blandengues, que debía patrullar la frontera oeste. Desde sus orígenes, la población creció en forma sostenida: pasó de 464 habitantes en 1782 -fecha en que se realizó el primer recuento de población-, a 5.154 en 1837 Entre 1785 y 1837 La Guardia, situada en un lugar estratégico, comenzó a crecer: aquí nacía la «rastrillada de las Salinas o rastrillada Grande» -camino recorrido por las carretas que, desde la Guardia de Luján, se dirigían a las Salinas Grandes (Hidalgo, La Pampa) en busca de sal. Pero además, desde los acuerdos con los pampas en 1743 y con los aucas en 1770, pasó a ser la única puerta de entrada para el comercio indígena. Por eso, las pulperías fijas y volantes, los comerciantes que recorrían la campaña y los pobladores que hacían del comercio con los indios su principal actividad, la convirtieron en un pequeño emporio mercantil.
Malón a la Guardia del Luján…
En a madrugada del lunes 27 de octubre de año 1823, fueron atacados por una numerosa fuerza, compuesta de dos mil indios, en su totalidad ranqueles los bárbaros del desierto, que contaban su triunfo seguro, dada la inferioridad numérica de los pocos soldados del capitán Ramón Carbajal. Llegaron en su audacia hasta los mismos fosos del Fortín; pero este militar de la antigua escuela, que no se amedrentaba con el peligro, ordena abrir fuego a sus artilleros. Las piezas son diminutas, pero alcanzaron para contener a los bárbaros, arrebatándoles la esperanza de un triunfo descontado de antemano.
Al valiente capitán Carbajal lo habían abandonado casi todos sus compañeros; una horda de salvajes rodeaba a su pequeño número de bravos, pero la idea de su próximo e inevitable fin no lo hizo desmayar, y con el vivo y acertado fuego de sus piezas mantenido vivo por una hora, no dejó de intimidar al enemigo, logrando salvar muchos heridos que yacían en el campo de batalla y obligando a los bárbaros a abandonar su empresa.
Disponíase a retirarse; mas el valiente capitán Rauch se presentó acompañado de unos cuarenta húsares que había podido reunir de su escuadrón, y sin perder un momento, da alcance al enemigo en momentos en que el continuo cañoneo de las dos piezas del capitán Ramón Carbajal obligaba a los salvajes a abandonar un considerable número de hacienda.
Las heroínas olvidadas de la Guardia de Luján
Los hechos
«La madre y cuatro hijas mayores vistieron la ropa de los hombres; no tenían armas de ninguna clase, pero tenían un mortero de quebracho para pisar maíz, que montaron sobre un pequeño rodado de carretilla que empleaban para traer agua. Este extraño cañón fue colocado en una esquina del foso que les sirvió de baluarte. La madre, con un tizón de fuego en la mano, y las hijas en derredor figuraban artilleros.
Este combate con los indios tuvo también sus heroínas: una familia de apellido Colazo, que habitaba un puesto fronterizo y próximo al Fortín de la Guardia de Lujan, fué abandonada por todos los hombres que las acompañaban, cuando vieron próximos a los indios ranqueles, y contemplándose en ese estado, las mujeres que habían quedado solas y expuestas a ser cautivadas por los indios, resolvieron defenderse en su casa, la que estaba rodeada por un foso, como se acostumbraba antiguamente en las poblaciones fronterizas. Levantaron pues el puente levadizo y se aprestaron a la defensa.
Cada vez que los indios se acercaban, la del tizón de fuego hacía el ademán de prender la mecha del cañón, y esta sola estratagema bastó para repeler a los diferentes grupos de salvajes que pretendían avanzar hacia la casa; como los indios creían que- era aquello un verdadero cañón, huían colgándose en el lomo y costillar del caballo, para evitar la muerte con que les amenazaba la improvisada artillería de las valientes Colazo.
Los héroes
El capitán Carbajal (Oriental nació de el actual Depto. de Colonia), héroe del «Fortín Guardia de Lujan», llegó a teniente coronel y falleció en Buenos Aires, después de haber servido a la patria, desde cadete de artillería, cuando las invasiones inglesas por los años 1806 y 1807. Siempre sirvió en su arma, en el regimiento de Artillería de la Patria, se encontró en el sitio de Montevideo, en el año 1813, a las órdenes del general Rondeau, y en el Alto Perú, con el mismo general, en la acción de Sipe Sipe, el 2 de noviembre de 1815. Fue perseguido por Rosas en el año 1840 y, refugiado en Montevideo, sirvió a las órdenes del Teniente José María Paz en el sitio que puso a esta plaza el general Oribe durante 9 años.
El coronel Federico Rauch era francés, nacido en Estrasburgo. Llegó al grado de coronel, ostentando una brillante foja de servicios, y fue muerto por las tropas de Rosas, aliadas a los indios de la Pampa, en el combate de las Vizcacheras (Sud de Buenos Aires), el día 28 de marzo del año 1829. Habiéndole boleado su caballo los indios, se encontró solo y a pie, rodeado de un centenar de enemigos, y como no quiso rendirse ‘a los bárbaros del desierto, vendió cara su vida; peleó con su sable hasta romperlo, y ya en el suelo, acribillado a lanzadas, el cadáver fue horriblemente mutilado.
Rosas premió con el grado de coronel al cacique Nocoñas Denis (Versión Caras y caretas 1914) En otras versiones, el jefe ranquel Nicasio Maciel, apodado Arbolito, fue quien, el 28 de marzo de 1829, lanceó y decapitó al coronel prusiano Federico Rauch (Versión Osvaldo Bayer). Todavía hay más relatos contradictorios que apuntan que habría sido el cabo de Blandengues, Manuel Andrada quien lo ultimara, según Prudencio Arnold, 1809-1896 militar argentino en “Un soldado argentino”.
Comentario del transcriptor de la nota: como podemos apreciar, según quien escriba la historia, son los hechos. Las narrativas cambian, nada nuevo, según los tiempos. Siempre hay varias versiones del mismo episodio y en el presente podemos apreciar sigue igual, todo es según las manos o los dedos que escriben, sin contar las voces.
El Comandante Saubidet (No Saudibert), nacido en Buenos Aires el 3 de julio de 1794 y murió en la misma en 1849, de padres españoles, era el Coronel Antonio María José Tomás Saubidet Patrón. En marzo de 1820 la Junta de Representantes de Buenos Aires dispuso que el Cuerpo de Blandengues de la Frontera se integrara a los Húsares de Buenos Aires. Figuraba como Coronel de los Húsares en Tandil. En agosto de 1822 el Regimiento de Húsares estaba mandado por el coronel Antonio Saubidet, era teniente coronel Federico Rauch, y se hallaba en el servicio de fronteras, en los puntos de acantonamiento arriba mencionados y en la Villa de Luján.
Llega el año 1824 (sic). De pronto se percibe que algo ocurre en el desierto, pues cruzan, despavoridos por el villorrio: avestruces, garzas, liebres y otros seres […] ¡Los hombres del mangrullo están alertas! Porque aquel movimiento demuestra que el indio se mueve en el trasfondo… ¡Tantas veces se ha visto esa inquietud! Más ahora no es sólo amenaza. ¡Ahora es de nuevo el malón con toda su fuerza! ¡Es la indiada que hace temblar las tierras y las carnes! Viene desde atrás de la frontera con ansias de sangre y en plenitud de capacidad bélica.
Pero aquí está el capitán Carbajal, artillero consumado. Está también el comandante Saudibert, habituado a estos entreveros de lanza, cuchillo y bola. En tanto de Luján viene Rauch al mando de sus Húsares, centauros temibles. Y entre todos empujan el malón hasta la cañada del Moyano, desde donde inicia el regreso hacia el desierto. El malón se ha ido, si. Recién se advierte qué grande ha sido el sacrificio. Treinta y cinco blancos, muertos han encontrado su tumba a orillas del Luján… Allí quedan el alférez Gala, los capitanes Navarro y Castañer, dos cabos, un sargento y varios soldados.
Una nueva placa
El 8 de abril de 2009, el diario local Noticias Mercedinas reseñó la colocación de una nueva placa junto a la «Cruz de Palo’, con la cual se buscaba reivindicar a los indígenas que murieron en la lucha y cuya memoria había sido dejada de lado hasta el momento. (La de color negro que se ve en la foto). Ubicación física 2.330 mts. al oeste de la plaza San Martín
El malón indígena que se considera el hecho histórico que inspiró la construcción de la «Cruz de Palo». Señalan que el enfrentamiento habría sido entre los soldados establecidos en la Guardia de Luján y un grupo de aproximadamente ciento cincuenta indígenas que regresaban de la zona de Salto -otro fortín de la línea del Salado- arreando unas diez mil cabezas de ganado. Según Dagnino (1993: 176), «el combate tuvo lugar en la cañada del arroyo Moyano, en la margen izquierda del río Luján» y en él habrían participado el capitán Federico Rauch, el sargento Martín Castañer y el capitán José Navarro. «Del violento encuentro resultó que finalmente ganaron los indios, quedándose con el ganado y un número de vidas perdidas no registrado. En las filas militares murieron cerca de cuarenta efectivos, que fueron enterrados en las inmediaciones». En las proximidades se habría levantado una cruz de madera en su honor, aunque luego habría sido destruida. Posteriormente, en 1937, se instaló una nueva cruz aproximadamente a ciento cincuenta metros de donde habría estado la primera En la placa colocada debajo de la cruz se indica que «la Dirección del Museo de Luján vuelve a reponer la cruz como tributo a esos mártires de la civilización.
PrisioneroEnargentina.com
Febrero 11, 2022