La psicóloga se había mudado a la ciudad balnearia buscando tranquilidad. El 19 de mayo de 2012 fue asesinada de un disparo en su vivienda. Durante años, la investigación avanzó entre sospechas, pistas fallidas y testimonios contradictorios. En enero de 2025, la detención de Santiago Nicolás Mallol, alias “Pipa”, abrió una nueva etapa en la causa.
Una vida que terminó en circunstancias inexplicables
María Marta Landívar tenía 37 años, era psicóloga y había nacido en Ayacucho, provincia de Buenos Aires. Cuatro años antes de su muerte se había instalado en Pinamar, atraída por el paisaje, el bosque y la posibilidad de llevar una vida más tranquila.
Vivía sola en un dúplex del barrio Golf Chico. Quienes la conocían la describían como una mujer independiente, con intereses diversos y afición por los viajes. Nada hacía prever que su nombre terminaría asociado con uno de los homicidios más enigmáticos de la historia policial reciente de la ciudad.
El sábado 19 de mayo de 2012 tenía previsto cenar con unas amigas en Valeria del Mar. Había avisado que llegaría más tarde, pero nunca apareció. Sus amigas intentaron comunicarse con ella sin obtener respuesta.
La preocupación creció durante las horas siguientes. Finalmente, una de ellas se acercó a la vivienda y descubrió que algo terrible había ocurrido.
María Marta estaba muerta en el living. La escena dio comienzo a una investigación que, durante mucho tiempo, no consiguió establecer con certeza quién había entrado en la casa ni por qué había disparado contra ella.
Un disparo mortal y una posible defensa
Los peritos determinaron que la víctima había recibido un disparo de arma de fuego calibre .22. El proyectil le atravesó una mano, llegó a la zona de la clavícula y dañó la arteria aorta, provocándole una hemorragia fatal.
La lesión en la mano llevó a considerar que María Marta pudo haber intentado protegerse al advertir el ataque.
Uno de los aspectos más desconcertantes era el estado de la vivienda. No había señales evidentes de una lucha prolongada, las entradas no presentaban signos claros de haber sido forzadas y, en las primeras inspecciones, tampoco se advirtió un robo convencional.
Su teléfono, la computadora y otros objetos personales permanecían en el lugar.
¿Por qué alguien habría entrado en una casa sin revolverla y terminado matando a su ocupante? ¿El objetivo había sido robar, o el crimen respondía a un conflicto personal?
Durante los primeros meses se examinaron distintas hipótesis. Algunas apuntaban a las relaciones de la psicóloga; otras consideraban la posibilidad de que el homicidio estuviera vinculado con un robo cometido por personas que conocían el lugar.
La ausencia de una explicación concluyente convirtió esas preguntas en el centro de la causa.
El primer sospechoso: Fernando Miner
En las primeras etapas de la investigación, los investigadores dirigieron su atención hacia Fernando Daniel Miner, un exfuncionario de Seguridad de Pinamar que había mantenido una relación sentimental con Landívar.
Miner fue detenido pocos días después del crimen. La sospecha se apoyaba, entre otros elementos, en testimonios que intentaban ubicarlo cerca de la vivienda durante el período relevante.
Sin embargo, la detención no condujo a una condena. Después de permanecer privado de su libertad durante varios días, fue liberado y posteriormente desvinculado de la causa por falta de pruebas suficientes.
El episodio alimentó la controversia alrededor de la investigación. Para la opinión pública, cada detención seguida de una liberación parecía confirmar que el expediente avanzaba sin alcanzar una respuesta definitiva.
Pero la sospecha inicial no podía convertirse en una conclusión judicial por sí sola. La responsabilidad penal debía probarse, y los elementos reunidos contra Miner no alcanzaron para sostener la acusación.
La investigación tuvo que explorar otras líneas, mientras la familia de María Marta continuaba esperando una explicación sobre lo sucedido.
Una investigación que parecía estancada
Con el paso de los años, el caso acumuló dificultades. Los investigadores examinaron testimonios, posibles movimientos alrededor de la vivienda y la eventual relación del homicidio con robos cometidos en propiedades de la zona.
La falta de cámaras que hubieran registrado directamente el ataque y la escasez de pruebas materiales concluyentes complicaron la reconstrucción de los hechos.
También se analizaron declaraciones de testigos que describieron personas o movimientos sospechosos. Sin embargo, los relatos no siempre coincidían y algunas identificaciones no permitieron establecer con suficiente certeza quién había estado en el lugar.
En 2022, cuando se cumplieron diez años del asesinato, el expediente seguía sin una condena. La investigación tenía varios sospechosos, pero todavía no había logrado llevar el caso a una resolución definitiva.
Ante la falta de avances, la Fiscalía General del Departamento Judicial de Dolores recurrió a investigadores de la Policía Federal Argentina para revisar las pruebas y explorar nuevas posibilidades.
La hipótesis de un robo cometido por delincuentes que ingresaban en viviendas cuando sus ocupantes estaban ausentes ganó relevancia. Los investigadores comenzaron a examinar la posible conexión entre el homicidio y personas vinculadas con esa modalidad delictiva.
Santiago Nicolás Mallol, alias “Pipa”
El 6 de enero de 2025, detectives de la División Homicidios de la Policía Federal detuvieron en Mar del Plata a Santiago Nicolás Mallol, conocido como “Pipa”, señalado como el principal sospechoso del asesinato.
La detención se produjo después de una búsqueda que incluyó el análisis de movimientos asociados con billeteras virtuales y compras realizadas en comercios de Mar del Plata. Esas pistas ayudaron a los investigadores a localizar al hombre, cuyo domicilio actual resultaba difícil de establecer.
Según las informaciones publicadas entonces, Mallol era investigado por su presunta vinculación con una banda dedicada a cometer robos en viviendas. Los investigadores también examinaron sus conexiones personales y posibles vínculos indirectos con el entorno de la víctima.
La hipótesis de la fiscalía sostenía que el asesinato podía haberse producido durante un delito contra la propiedad. Sin embargo, esa línea debía ser demostrada mediante pruebas judiciales y no podía considerarse una verdad definitiva por el solo hecho de la detención.
Mallol fue trasladado a los tribunales de Dolores e indagado por el fiscal Diego Bensi. Según la cobertura periodística, se negó a declarar y quedó detenido mientras se impulsaban medidas para definir su situación procesal.
La detención representó un avance significativo después de casi trece años sin una resolución definitiva, pero no equivalía a una condena.
Otros sospechosos y preguntas pendientes
La investigación no se limitaba a Mallol. Las publicaciones sobre el expediente identificaron a otras personas investigadas por su presunta participación en el delito.
Entre ellas figuraban Cecilio Salustiano Aquino, Matías Ezequiel Aquino, Leonardo Roberto Mayol y Sebastián Alberto Mastarenga, cuyos casos habían avanzado por la vía judicial mientras continuaba la búsqueda del sospechoso detenido en 2025.
Las autoridades debían establecer qué papel habría desempeñado cada persona, si existía una conexión demostrable entre ellas y qué pruebas permitían vincularlas con el homicidio.
La existencia de varios sospechosos no significa que todos sean culpables. En un proceso penal, cada responsabilidad debe acreditarse individualmente y las imputaciones no reemplazan una sentencia.
La investigación también tuvo que afrontar un problema central: la ausencia de una prueba material inequívoca que permitiera reconstruir todos los movimientos del atacante y establecer con certeza cada detalle de lo ocurrido.
Esa dificultad explica, en parte, por qué el expediente permaneció abierto durante tantos años.
El dolor de una familia
Mientras la investigación avanzaba lentamente, la familia de María Marta tuvo que convivir con la falta de respuestas.
El hermano de la víctima expresó públicamente el dolor de haber perdido a su hermana en circunstancias violentas y describió el impacto de encontrarla muerta. Sus declaraciones reflejaron una dimensión del caso que muchas veces queda relegada frente a las hipótesis policiales: el sufrimiento de quienes esperan justicia durante años.
Para los familiares, cada nueva pista podía representar una esperanza. Pero también existía el riesgo de que una detención, una versión periodística o una hipótesis que después no pudiera demostrarse renovara la angustia.
La prolongación de las investigaciones por homicidio plantea un desafío para las instituciones: preservar las pruebas, revisar las líneas descartadas y mantener el esfuerzo hasta alcanzar una conclusión fundada.
Un caso que dejó una marca en Pinamar
La muerte de María Marta Landívar conmocionó a Pinamar porque ocurrió en un entorno asociado con la tranquilidad y la vida residencial. La vivienda no mostraba señales evidentes de un robo y la víctima había recibido un disparo mortal en circunstancias que inicialmente resultaron difíciles de explicar.
Durante casi trece años, el caso atravesó sospechas, detenciones, liberaciones y nuevas líneas de investigación. La captura de Mallol en enero de 2025 modificó el panorama, aunque el esclarecimiento definitivo dependía de lo que pudiera acreditarse en la Justicia.
La historia de Landívar también recuerda que una causa policial no se resuelve con rumores ni con la identificación apresurada de un culpable. Requiere pruebas, testimonios corroborados, peritajes y decisiones judiciales que puedan sostenerse.
María Marta se había mudado a Pinamar buscando una vida tranquila. Su asesinato convirtió esa búsqueda en una tragedia y dejó a su familia frente a años de incertidumbre.
El desafío de la Justicia sigue siendo transformar las pistas en pruebas y las sospechas en conclusiones verificables. Solo así será posible responder la pregunta que acompaña al caso desde mayo de 2012: quién mató a María Marta Landívar y qué ocurrió realmente dentro de su casa.
PrisioneroEnArgentina.com
Octubre 25, 2026
4 thoughts on “María Marta Landívar, la muerte que conmocionó a Pinamar”
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La psicóloga se había mudado a la ciudad balnearia buscando tranquilidad. El 19 de mayo de 2012 fue asesinada de un disparo en su vivienda. Durante años, la investigación avanzó entre sospechas, pistas fallidas y testimonios contradictorios. En enero de 2025, la detención de Santiago Nicolás Mallol, alias “Pipa”, abrió una nueva etapa en la causa.
Una vida que terminó en circunstancias inexplicables
María Marta Landívar tenía 37 años, era psicóloga y había nacido en Ayacucho, provincia de Buenos Aires. Cuatro años antes de su muerte se había instalado en Pinamar, atraída por el paisaje, el bosque y la posibilidad de llevar una vida más tranquila.
Vivía sola en un dúplex del barrio Golf Chico. Quienes la conocían la describían como una mujer independiente, con intereses diversos y afición por los viajes. Nada hacía prever que su nombre terminaría asociado con uno de los homicidios más enigmáticos de la historia policial reciente de la ciudad.
El sábado 19 de mayo de 2012 tenía previsto cenar con unas amigas en Valeria del Mar. Había avisado que llegaría más tarde, pero nunca apareció. Sus amigas intentaron comunicarse con ella sin obtener respuesta.
La preocupación creció durante las horas siguientes. Finalmente, una de ellas se acercó a la vivienda y descubrió que algo terrible había ocurrido.
María Marta estaba muerta en el living. La escena dio comienzo a una investigación que, durante mucho tiempo, no consiguió establecer con certeza quién había entrado en la casa ni por qué había disparado contra ella.
Un disparo mortal y una posible defensa
Los peritos determinaron que la víctima había recibido un disparo de arma de fuego calibre .22. El proyectil le atravesó una mano, llegó a la zona de la clavícula y dañó la arteria aorta, provocándole una hemorragia fatal.
La lesión en la mano llevó a considerar que María Marta pudo haber intentado protegerse al advertir el ataque.
Uno de los aspectos más desconcertantes era el estado de la vivienda. No había señales evidentes de una lucha prolongada, las entradas no presentaban signos claros de haber sido forzadas y, en las primeras inspecciones, tampoco se advirtió un robo convencional.
Su teléfono, la computadora y otros objetos personales permanecían en el lugar.
¿Por qué alguien habría entrado en una casa sin revolverla y terminado matando a su ocupante? ¿El objetivo había sido robar, o el crimen respondía a un conflicto personal?
Durante los primeros meses se examinaron distintas hipótesis. Algunas apuntaban a las relaciones de la psicóloga; otras consideraban la posibilidad de que el homicidio estuviera vinculado con un robo cometido por personas que conocían el lugar.
La ausencia de una explicación concluyente convirtió esas preguntas en el centro de la causa.
El primer sospechoso: Fernando Miner
En las primeras etapas de la investigación, los investigadores dirigieron su atención hacia Fernando Daniel Miner, un exfuncionario de Seguridad de Pinamar que había mantenido una relación sentimental con Landívar.
Miner fue detenido pocos días después del crimen. La sospecha se apoyaba, entre otros elementos, en testimonios que intentaban ubicarlo cerca de la vivienda durante el período relevante.
Sin embargo, la detención no condujo a una condena. Después de permanecer privado de su libertad durante varios días, fue liberado y posteriormente desvinculado de la causa por falta de pruebas suficientes.
El episodio alimentó la controversia alrededor de la investigación. Para la opinión pública, cada detención seguida de una liberación parecía confirmar que el expediente avanzaba sin alcanzar una respuesta definitiva.
Pero la sospecha inicial no podía convertirse en una conclusión judicial por sí sola. La responsabilidad penal debía probarse, y los elementos reunidos contra Miner no alcanzaron para sostener la acusación.
La investigación tuvo que explorar otras líneas, mientras la familia de María Marta continuaba esperando una explicación sobre lo sucedido.
Una investigación que parecía estancada
La falta de cámaras que hubieran registrado directamente el ataque y la escasez de pruebas materiales concluyentes complicaron la reconstrucción de los hechos.
También se analizaron declaraciones de testigos que describieron personas o movimientos sospechosos. Sin embargo, los relatos no siempre coincidían y algunas identificaciones no permitieron establecer con suficiente certeza quién había estado en el lugar.
En 2022, cuando se cumplieron diez años del asesinato, el expediente seguía sin una condena. La investigación tenía varios sospechosos, pero todavía no había logrado llevar el caso a una resolución definitiva.
Ante la falta de avances, la Fiscalía General del Departamento Judicial de Dolores recurrió a investigadores de la Policía Federal Argentina para revisar las pruebas y explorar nuevas posibilidades.
La hipótesis de un robo cometido por delincuentes que ingresaban en viviendas cuando sus ocupantes estaban ausentes ganó relevancia. Los investigadores comenzaron a examinar la posible conexión entre el homicidio y personas vinculadas con esa modalidad delictiva.
Santiago Nicolás Mallol, alias “Pipa”
La detención se produjo después de una búsqueda que incluyó el análisis de movimientos asociados con billeteras virtuales y compras realizadas en comercios de Mar del Plata. Esas pistas ayudaron a los investigadores a localizar al hombre, cuyo domicilio actual resultaba difícil de establecer.
Según las informaciones publicadas entonces, Mallol era investigado por su presunta vinculación con una banda dedicada a cometer robos en viviendas. Los investigadores también examinaron sus conexiones personales y posibles vínculos indirectos con el entorno de la víctima.
La hipótesis de la fiscalía sostenía que el asesinato podía haberse producido durante un delito contra la propiedad. Sin embargo, esa línea debía ser demostrada mediante pruebas judiciales y no podía considerarse una verdad definitiva por el solo hecho de la detención.
Mallol fue trasladado a los tribunales de Dolores e indagado por el fiscal Diego Bensi. Según la cobertura periodística, se negó a declarar y quedó detenido mientras se impulsaban medidas para definir su situación procesal.
La detención representó un avance significativo después de casi trece años sin una resolución definitiva, pero no equivalía a una condena.
Otros sospechosos y preguntas pendientes
La investigación no se limitaba a Mallol. Las publicaciones sobre el expediente identificaron a otras personas investigadas por su presunta participación en el delito.
Entre ellas figuraban Cecilio Salustiano Aquino, Matías Ezequiel Aquino, Leonardo Roberto Mayol y Sebastián Alberto Mastarenga, cuyos casos habían avanzado por la vía judicial mientras continuaba la búsqueda del sospechoso detenido en 2025.
Las autoridades debían establecer qué papel habría desempeñado cada persona, si existía una conexión demostrable entre ellas y qué pruebas permitían vincularlas con el homicidio.
La existencia de varios sospechosos no significa que todos sean culpables. En un proceso penal, cada responsabilidad debe acreditarse individualmente y las imputaciones no reemplazan una sentencia.
La investigación también tuvo que afrontar un problema central: la ausencia de una prueba material inequívoca que permitiera reconstruir todos los movimientos del atacante y establecer con certeza cada detalle de lo ocurrido.
Esa dificultad explica, en parte, por qué el expediente permaneció abierto durante tantos años.
El dolor de una familia
Mientras la investigación avanzaba lentamente, la familia de María Marta tuvo que convivir con la falta de respuestas.
El hermano de la víctima expresó públicamente el dolor de haber perdido a su hermana en circunstancias violentas y describió el impacto de encontrarla muerta. Sus declaraciones reflejaron una dimensión del caso que muchas veces queda relegada frente a las hipótesis policiales: el sufrimiento de quienes esperan justicia durante años.
Para los familiares, cada nueva pista podía representar una esperanza. Pero también existía el riesgo de que una detención, una versión periodística o una hipótesis que después no pudiera demostrarse renovara la angustia.
La prolongación de las investigaciones por homicidio plantea un desafío para las instituciones: preservar las pruebas, revisar las líneas descartadas y mantener el esfuerzo hasta alcanzar una conclusión fundada.
Un caso que dejó una marca en Pinamar
La muerte de María Marta Landívar conmocionó a Pinamar porque ocurrió en un entorno asociado con la tranquilidad y la vida residencial. La vivienda no mostraba señales evidentes de un robo y la víctima había recibido un disparo mortal en circunstancias que inicialmente resultaron difíciles de explicar.
Durante casi trece años, el caso atravesó sospechas, detenciones, liberaciones y nuevas líneas de investigación. La captura de Mallol en enero de 2025 modificó el panorama, aunque el esclarecimiento definitivo dependía de lo que pudiera acreditarse en la Justicia.
La historia de Landívar también recuerda que una causa policial no se resuelve con rumores ni con la identificación apresurada de un culpable. Requiere pruebas, testimonios corroborados, peritajes y decisiones judiciales que puedan sostenerse.
María Marta se había mudado a Pinamar buscando una vida tranquila. Su asesinato convirtió esa búsqueda en una tragedia y dejó a su familia frente a años de incertidumbre.
El desafío de la Justicia sigue siendo transformar las pistas en pruebas y las sospechas en conclusiones verificables. Solo así será posible responder la pregunta que acompaña al caso desde mayo de 2012: quién mató a María Marta Landívar y qué ocurrió realmente dentro de su casa.
4 thoughts on “María Marta Landívar, la muerte que conmocionó a Pinamar”
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- Pablo S
- posted on October 24, 2026
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- Kailey Horne
- posted on October 24, 2026
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- Pablo
- posted on October 24, 2026
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- Jorge De Federico
- posted on October 24, 2026
CommentLinda mujer
“Beautiful girls are waiting to meet you—come join the fun! ” ………………..> https://bitly.cx/G6MvR
Nunca escuché de esto
Me acuerdo del titulo de esto:
SE MUDO A PINAMAR A VIVIR TRANQUILA Y LA MATARON