Existe una generalizada coincidencia en que la incertidumbre agrega mucho más que sal y pimienta al cuadro de situación complejísima que sobrellevamos. El virus ‘invisible’ y el desplome económico son dos flagelos que impactan directa e inocultablemente. En cambio, la incertidumbre transita por adentro nuestro y atraviesa a toda la sociedad. Es el plano psicosocial de esta fenomenal crisis. Compone el tridente de este angustiante trance.
La gente no sólo no sabe – nadie ni siquiera hace un esbozo – cómo será el tránsito a la nueva normalidad pos pandemia, sino que tampoco tiene un boceto de hoja de ruta respecto de cómo reactivar la economía. Para peor, se han lanzado algunos indicios de cuál es la idea central de los gobernantes nacionales. Esas señales son descorazonantes por las perspectivas sombrías que suponen e implican.
Sin disonancias, el oficialismo ha incorporado a su ‘relato’ una frase cuya nocividad es inconmensurable: ‘lo que viene es más Estado’
Nuestro Estado – englobo a los provinciales y a los dos mil quinientos municipales – no ha cesado de crecer y ramificarse con un organigrama laberintico, con decenas de oficinas con incumbencias yuxtapuestas. Estado no profesional en el que no hay prácticamente carrera administrativa, el modo de ingreso es generalmente por recomendación y “amiguismo”, dispone una tajante estabilidad que neutraliza cualquier atisbo de meritocracia y su tendencia es a burocratizarse, es decir exigir más sellos, certificaciones y fojas para hacer de cualquier trámite una tortura. El Estado que tenemos es por sobre todo, mediocre. A ello se aduna que la corrupción está en todos sus pasillos, pliegues y entretelas. Penetrante, la coima es ama y señora en el Estado.
El oficialismo proclama que el Estado está presente a nuestro lado, pero es, en los momentos que se lo requiere con perentoriedad, el gran ausente o el que llega pesado, tardío, inoportuno, ineficaz. Es un Estado costosísimo que no tiene ni idea de ese parámetro ineludible que se conoce como costo-beneficio. ‘El Estado no está para dar ganancias’ replican los voceros del estatismo. Ergo, está para dar pérdidas. Pero, ¿hasta qué límite? La primera reacción es que los débitos del Estado ni siquiera deben calcularse porque se lo concibe como un barril sin fondo. Lo importante, declaman, es que ayude a los necesitados, supla con empleo de baja calidad la desocupación que genera la labilidad de la economía y que cada día se despliegue con mayor amplitud en un escenario donde la actividad privada se empequeñece, presionada por la caída del mercado de consumo, la escasez de bienes transables y la insoportable pulsión tributaria.
Los pontífices de ‘más Estado’ tampoco se esfuerzan en mitigar esa propuesta con alguna retórica como ‘pero será un Estado eficiente, reformado, funcional’. Pretenden ‘más de este mismo Estado’. Los ideólogos del estatismo tienen repelencia a la palabra eficiencia. La prejuzgan como liberal y literalmente la tiran al trasto. Para ellos el Estado será mejor si es más grande, abarca más funciones y gasta más. Lo han angelizado correlativamente como han demonizado al sector privado. Para esta atrasada postura, el Estado es altruista y servidor del bien común. Cualquier emprendedor en contraste, desde un peluquero a una empresa de conocimiento tecnológico avanzado, es mezquino pues sólo atiende a su propio interés. Diabolizan el lucro producto del trabajo. Los efectos son devastadores para la rehabilitación de la economía.
Convengamos que la grieta cultural que implica este formato de un Estado bienhechor y de un estamento privado malhechor es uno de los más colosales factores que han determinado nuestra decadencia de décadas.
Contrastando con esta óptica retrógrada, la Argentina, para resurgir de este abatimiento de naturaleza histórica por su envergadura y también por su hondura, necesita fortalecer a sus sectores privados. La consigna para el día después de esta crisis debe ser ‘más actividad privada’, todo lo contrario del postulado del oficialismo.
La perspectiva de más políticas públicas es una amenaza para la posibilidad de que la Nación sortee este descalabro. Sin crédito, sin ingresos genuinos suficientes el dilema es tan férreo como crucial: o hay inversión privada caudalosa o habrá una inundación de papel moneda emitido sin respaldo. Decirle al país que tendremos ‘más Estado’ es terminar de amedrentarlo y llevarlo a una parálisis de enorme gravedad, con peligro hiperinflacionario.
‘Más Estado’ no traerá la esquiva confianza. La ahuyentará. Y sin ella, no se podrá salir airoso de este hundimiento.
Existen, afortunadamente, vastos sectores de nuestro país, incluyendo a asalariados y hasta trabajadores informales que están tomando conciencia que la disyuntiva es seguir sembrando pobreza o recomenzar el camino de la prosperidad, del que nos desviamos en tiempos casi inmemoriales.
El Estado pos pandemia debe ser un auxiliar, un ayudante. Replegarse a sus funciones esenciales y asegurar la libertad para la iniciativa de los actores de la economía y de la sociedad. En vez de hacer cada vez más pata ancha como nos propone el oficialismo, sacarnos los pies de encima. Con eso solo la Nación encontrará su rumbo.
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no recuerdo que ningun gobierno haya podido hacer nada para fque disminuyan los empleados publicos,al contrario cada gobierno dejó mas. Quiza hubo algo transitorio eon clos militares pero apenas dejaron el poder se reincorporaron a todos y mas.
El estado es una entelequia, tal como se lo usa y menciona. Es una sábana tras la cual se ocultan vampiros. El substantivo abstracto estado, debe referirse a un Pacto estricto a respetar, una constitución. Por eso vivimos sin estado de derecho, porque desde la usurpación portuaria unitaria cuya cabeza visible fue B. Mitre. todos son usurpadores y toda la legislación cae por haber manado de usurpadores. En 1860 firmó la CN 1853, en la que ya estaba los artículos 22, 23 y 29 y se levantó contra éllos, contra el pacto de Unión de los argentinos. Luego ningún voto sufragático subsana nulidades ni infames traiciones a la patria. Luego todos son usurpadores desde ese entonces.Esto es ilevantable con versitos.
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Existe una generalizada coincidencia en que la incertidumbre agrega mucho más que sal y pimienta al cuadro de situación complejísima que sobrellevamos. El virus ‘invisible’ y el desplome económico son dos flagelos que impactan directa e inocultablemente. En cambio, la incertidumbre transita por adentro nuestro y atraviesa a toda la sociedad. Es el plano psicosocial de esta fenomenal crisis. Compone el tridente de este angustiante trance.
La gente no sólo no sabe – nadie ni siquiera hace un esbozo – cómo será el tránsito a la nueva normalidad pos pandemia, sino que tampoco tiene un boceto de hoja de ruta respecto de cómo reactivar la economía. Para peor, se han lanzado algunos indicios de cuál es la idea central de los gobernantes nacionales. Esas señales son descorazonantes por las perspectivas sombrías que suponen e implican.
Sin disonancias, el oficialismo ha incorporado a su ‘relato’ una frase cuya nocividad es inconmensurable: ‘lo que viene es más Estado’
Nuestro Estado – englobo a los provinciales y a los dos mil quinientos municipales – no ha cesado de crecer y ramificarse con un organigrama laberintico, con decenas de oficinas con incumbencias yuxtapuestas. Estado no profesional en el que no hay prácticamente carrera administrativa, el modo de ingreso es generalmente por recomendación y “amiguismo”, dispone una tajante estabilidad que neutraliza cualquier atisbo de meritocracia y su tendencia es a burocratizarse, es decir exigir más sellos, certificaciones y fojas para hacer de cualquier trámite una tortura. El Estado que tenemos es por sobre todo, mediocre. A ello se aduna que la corrupción está en todos sus pasillos, pliegues y entretelas. Penetrante, la coima es ama y señora en el Estado.
El oficialismo proclama que el Estado está presente a nuestro lado, pero es, en los momentos que se lo requiere con perentoriedad, el gran ausente o el que llega pesado, tardío, inoportuno, ineficaz. Es un Estado costosísimo que no tiene ni idea de ese parámetro ineludible que se conoce como costo-beneficio. ‘El Estado no está para dar ganancias’ replican los voceros del estatismo. Ergo, está para dar pérdidas. Pero, ¿hasta qué límite? La primera reacción es que los débitos del Estado ni siquiera deben calcularse porque se lo concibe como un barril sin fondo. Lo importante, declaman, es que ayude a los necesitados, supla con empleo de baja calidad la desocupación que genera la labilidad de la economía y que cada día se despliegue con mayor amplitud en un escenario donde la actividad privada se empequeñece, presionada por la caída del mercado de consumo, la escasez de bienes transables y la insoportable pulsión tributaria.
Los pontífices de ‘más Estado’ tampoco se esfuerzan en mitigar esa propuesta con alguna retórica como ‘pero será un Estado eficiente, reformado, funcional’. Pretenden ‘más de este mismo Estado’. Los ideólogos del estatismo tienen repelencia a la palabra eficiencia. La prejuzgan como liberal y literalmente la tiran al trasto. Para ellos el Estado será mejor si es más grande, abarca más funciones y gasta más. Lo han angelizado correlativamente como han demonizado al sector privado. Para esta atrasada postura, el Estado es altruista y servidor del bien común. Cualquier emprendedor en contraste, desde un peluquero a una empresa de conocimiento tecnológico avanzado, es mezquino pues sólo atiende a su propio interés. Diabolizan el lucro producto del trabajo. Los efectos son devastadores para la rehabilitación de la economía.
Convengamos que la grieta cultural que implica este formato de un Estado bienhechor y de un estamento privado malhechor es uno de los más colosales factores que han determinado nuestra decadencia de décadas.
Contrastando con esta óptica retrógrada, la Argentina, para resurgir de este abatimiento de naturaleza histórica por su envergadura y también por su hondura, necesita fortalecer a sus sectores privados. La consigna para el día después de esta crisis debe ser ‘más actividad privada’, todo lo contrario del postulado del oficialismo.
La perspectiva de más políticas públicas es una amenaza para la posibilidad de que la Nación sortee este descalabro. Sin crédito, sin ingresos genuinos suficientes el dilema es tan férreo como crucial: o hay inversión privada caudalosa o habrá una inundación de papel moneda emitido sin respaldo. Decirle al país que tendremos ‘más Estado’ es terminar de amedrentarlo y llevarlo a una parálisis de enorme gravedad, con peligro hiperinflacionario.
‘Más Estado’ no traerá la esquiva confianza. La ahuyentará. Y sin ella, no se podrá salir airoso de este hundimiento.
Existen, afortunadamente, vastos sectores de nuestro país, incluyendo a asalariados y hasta trabajadores informales que están tomando conciencia que la disyuntiva es seguir sembrando pobreza o recomenzar el camino de la prosperidad, del que nos desviamos en tiempos casi inmemoriales.
El Estado pos pandemia debe ser un auxiliar, un ayudante. Replegarse a sus funciones esenciales y asegurar la libertad para la iniciativa de los actores de la economía y de la sociedad. En vez de hacer cada vez más pata ancha como nos propone el oficialismo, sacarnos los pies de encima. Con eso solo la Nación encontrará su rumbo.
*Diputado nacional (Unir, Juntos por el Cambio)
ENVÍO: Dr. Francisco Benard
PrisioneroEnArgentina.com
Julio 8, 2020
7 thoughts on “¿MÁS ESTADO?”
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- rippin.kari736
- posted on July 16, 2020
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- Luis Cincue
- posted on July 9, 2020
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- Camila Schneider
- posted on July 8, 2020
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- nuria sette
- posted on July 8, 2020
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- charlotte canilla libre
- posted on July 8, 2020
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- angela Bernaus
- posted on July 8, 2020
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- Marco
- posted on July 7, 2020
CommentIf You Are On A Lookout For A Way To Earn Your First Dollar Online You Can Stop Searching!. Start Now With This Award Winning Program And Receive Your First Paycheck Within A Week!Find out more here………………… Click For Full Detail.
no recuerdo que ningun gobierno haya podido hacer nada para fque disminuyan los empleados publicos,al contrario cada gobierno dejó mas. Quiza hubo algo transitorio eon clos militares pero apenas dejaron el poder se reincorporaron a todos y mas.
Que Dios nos ayude, asi no tenemos salida ni de aca a 100 años mas
mas estado y reventamos
POLÍTICOS NEFASTOS CORRUPTOS Y LADRONES….JAURIA DE NEFASTOS…ARGENTINA NO ABRE LOS OJOS
increíble que los argentinos hayan elegido siempre la misma casta politica en la admistracion del país … la pregunta es : ¿Mas dirigentes?
El estado es una entelequia, tal como se lo usa y menciona. Es una sábana tras la cual se ocultan vampiros. El substantivo abstracto estado, debe referirse a un Pacto estricto a respetar, una constitución. Por eso vivimos sin estado de derecho, porque desde la usurpación portuaria unitaria cuya cabeza visible fue B. Mitre. todos son usurpadores y toda la legislación cae por haber manado de usurpadores. En 1860 firmó la CN 1853, en la que ya estaba los artículos 22, 23 y 29 y se levantó contra éllos, contra el pacto de Unión de los argentinos. Luego ningún voto sufragático subsana nulidades ni infames traiciones a la patria. Luego todos son usurpadores desde ese entonces.Esto es ilevantable con versitos.