Trabajaba como secretaria, llevaba una vida aparentemente normal y nadie sospechaba que estaba colaborando con la Unión Soviética. Durante casi cuatro décadas, Melita Norwood transmitió información relacionada con investigaciones nucleares británicas sin que las autoridades descubrieran su verdadera actividad.
Una secretaria con un secreto extraordinario
Melita Norwood nació en Bournemouth, Inglaterra, en 1912. Su vida parecía alejada de las aventuras que habitualmente se asocian con el espionaje internacional. No era una diplomática, una militar ni una científica de renombre. Su trabajo administrativo, sin embargo, la colocó cerca de información que interesaba enormemente a Moscú.
En 1935 comenzó a entregar información a la inteligencia soviética y, en 1937, ya actuaba como agente. Su prolongada colaboración se desarrolló durante una época de enorme tensión internacional, marcada por el ascenso del nazismo, la Segunda Guerra Mundial y, posteriormente, la Guerra Fría.
Norwood trabajaba en la Asociación Británica de Investigación de Metales No Ferrosos, una organización que participaba en investigaciones relacionadas con proyectos de defensa. Su posición le permitió acceder a documentación técnica que podía resultar útil para los soviéticos.
Lo extraordinario no fue solamente la información que obtuvo, sino el tiempo durante el cual consiguió mantener oculta su actividad.
El secreto nuclear
Durante la década de 1940, el Reino Unido desarrolló investigaciones vinculadas con su programa nuclear, conocido como Tube Alloys. Norwood tuvo acceso a información relacionada con ese entorno científico y tecnológico.
La Unión Soviética estaba interesada en reducir la ventaja estratégica de Estados Unidos y sus aliados en materia de armamento nuclear. Los documentos obtenidos mediante redes de espionaje contribuyeron a que los científicos soviéticos conocieran avances occidentales.
Norwood no fue la única persona que colaboró con Moscú en este terreno. Otros agentes, como Klaus Fuchs, también transmitieron secretos nucleares. La historia de Norwood, sin embargo, se distingue por la duración de su actividad y por su apariencia de ciudadana común.
Su trabajo demuestra que el espionaje no siempre depende de agentes que utilizan disfraces espectaculares o participan en persecuciones. En ocasiones, la información más valiosa se obtiene mediante personas que ocupan puestos ordinarios y pasan inadvertidas.
¿Cómo logró permanecer oculta?
Durante años, Norwood no despertó sospechas suficientes para que las autoridades la detuvieran. Su vida cotidiana no parecía corresponder a la de una espía internacional y su puesto administrativo le proporcionaba una cobertura natural.
La inteligencia soviética la conocía con el nombre en clave de «Agent Hola». Según Guinness World Records, su carrera como espía no detectada se extendió aproximadamente 37 años, desde 1935 hasta 1972.
La duración de su actividad revela las dificultades que enfrentan los servicios de contrainteligencia. Detectar a un agente infiltrado puede resultar especialmente complicado cuando tiene acceso legítimo a documentos y no exhibe señales evidentes de una vida clandestina.
Sin embargo, permanecer sin ser descubierta no significa que su actividad careciera de consecuencias. La información que transmitió podía afectar el equilibrio estratégico entre las potencias y comprometer secretos de seguridad nacional.
La verdad salió a la luz
La identidad de Norwood se hizo pública en 1999, cuando tenía 87 años. La revelación provocó sorpresa en el Reino Unido y reabrió el debate sobre su responsabilidad.
Norwood no se presentó como una espía motivada exclusivamente por el dinero. Expresó simpatías hacia el comunismo y sostuvo que consideraba importante compartir información con los soviéticos. Esa explicación permite comprender su visión personal, pero no elimina las consecuencias de haber entregado secretos a una potencia extranjera.
Su caso también planteó una pregunta incómoda: ¿cómo pudo una persona permanecer tanto tiempo fuera del radar de las autoridades pese a trabajar cerca de información sensible?
La respuesta combina la naturaleza de su puesto, las dificultades de la vigilancia y las limitaciones de los sistemas de seguridad de aquella época.
Una espía para la historia
Melita Norwood murió en 2005, a los 93 años. Su nombre quedó asociado a uno de los casos más prolongados de espionaje no detectado de la historia moderna.
Su historia parece sacada de una novela, pero recuerda una realidad fundamental: los secretos de Estado no siempre están en manos de generales o ministros. A veces, pasan por escritorios aparentemente insignificantes.
Durante casi cuatro décadas, Norwood llevó una doble vida sin ser descubierta. Cuando finalmente se conoció su identidad, el mundo descubrió que una secretaria aparentemente común había desempeñado un papel en uno de los enfrentamientos estratégicos más importantes del siglo XX.
Su caso sigue siendo una advertencia para los servicios de inteligencia: el espía más difícil de detectar puede ser precisamente aquel a quien nadie considera importante.
Durante décadas, Jaime Stiuso trabajó en las sombras de los servicios de inteligencia argentinos. Su nombre quedó asociado a investigaciones sensibles, internas políticas y al caso del fiscal Alberto Nisman. ¿Quién fue el hombre que llegó a convertirse en una de las figuras más enigmáticas del espionaje nacional?
En la Argentina, donde la política y los servicios de inteligencia mantuvieron durante años una relación compleja, pocos nombres despertaron tanta curiosidad como el de Antonio Jaime Stiuso, conocido popularmente como “Jaime”. Su trayectoria dentro de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) atravesó gobiernos militares y democráticos, períodos de crisis institucional y algunas de las investigaciones judiciales más controvertidas del país.
A diferencia de los espías de las películas, Stiuso no construyó su notoriedad mediante apariciones públicas ni operaciones espectaculares conocidas por todos. Su influencia se vinculó, principalmente, con el trabajo reservado de inteligencia, la contrainteligencia y la recopilación de información. Durante muchos años, su identidad y sus actividades permanecieron fuera del conocimiento de la mayoría de los argentinos.
Una carrera detrás de las cortinas
Stiuso ingresó al ámbito de la inteligencia argentina en 1972, durante el gobierno de facto de Alejandro Agustín Lanusse. Con formación vinculada a la electrónica, desarrolló una extensa carrera dentro del organismo, mientras el país atravesaba transformaciones políticas profundas.
La inteligencia estatal tenía entonces una importancia creciente. La Guerra Fría, los conflictos internos, la actividad de organizaciones armadas y las disputas entre sectores militares y civiles alimentaban la demanda de información reservada. Con el paso del tiempo, los servicios de inteligencia se convirtieron también en actores de las luchas internas del poder.
Según un perfil publicado por La Nación en 2004, Stiuso acumulaba entonces 31 años de trayectoria en la SIDE y había pasado buena parte de su carrera en el área de contrainteligencia. El periódico lo describió como una figura central de las operaciones del organismo. Su ascenso reflejó una característica habitual de estas estructuras: mientras los presidentes y ministros cambiaban, algunos funcionarios especializados permanecían en sus puestos y acumulaban experiencia, contactos y conocimiento institucional.
Esa continuidad le permitió atravesar distintas administraciones. Sin embargo, también planteó una pregunta fundamental para la democracia: ¿cómo controlar a funcionarios que manejan información sensible y cuyas actividades, por definición, no pueden exponerse completamente al público?
El hombre fuerte de la SIDE
La notoriedad pública de Stiuso creció considerablemente en julio de 2004, cuando Gustavo Béliz, entonces ministro de Justicia del gobierno de Néstor Kirchner, mostró su fotografía durante una aparición televisiva y lo señaló como una figura poderosa dentro de los servicios de inteligencia.
El episodio provocó una fuerte repercusión. Hasta ese momento, el nombre del agente era prácticamente desconocido para el ciudadano común. De pronto, el mundo reservado del espionaje quedó expuesto en una discusión pública entre funcionarios del propio Gobierno.
La controversia evidenció las tensiones que podían existir entre las autoridades políticas y los responsables operativos de inteligencia. También abrió interrogantes sobre la supervisión civil de esos organismos, el uso de información reservada y los límites entre la seguridad del Estado y los derechos individuales.
La relación de Stiuso con los distintos gobiernos fue objeto de numerosos análisis periodísticos. Su trayectoria durante administraciones de diferentes signos políticos alimentó la imagen de un funcionario capaz de sobrevivir a los cambios presidenciales. No obstante, las versiones sobre su influencia real deben distinguirse de los hechos documentados: en el mundo del espionaje, la información incompleta y las disputas entre protagonistas suelen dificultar la reconstrucción de los acontecimientos.
La investigación del atentado contra la AMIA
Uno de los episodios centrales para comprender la relevancia pública de Stiuso es la investigación del atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), perpetrado en Buenos Aires el 18 de julio de 1994. La explosión causó 85 muertes y dejó una herida profunda en la sociedad argentina.
Los organismos de inteligencia participaron en distintas tareas vinculadas con la investigación, la recopilación de información y el seguimiento de posibles responsables. Stiuso quedó asociado durante años al trabajo de inteligencia relacionado con el atentado.
El caso, sin embargo, estuvo marcado por irregularidades, controversias y cuestionamientos judiciales. Las dificultades para esclarecer plenamente lo sucedido dañaron la confianza pública y convirtieron la investigación en un símbolo de los problemas institucionales argentinos.
La participación de los servicios de inteligencia en una causa de semejante importancia planteó interrogantes sobre el manejo de las pruebas, la cooperación internacional y la relación entre los investigadores y los organismos estatales. También dejó en evidencia los riesgos de que información esencial para la justicia permanezca durante largos períodos en ámbitos reservados.
La muerte de Alberto Nisman
El nombre de Stiuso volvió a ocupar los titulares nacionales e internacionales en enero de 2015, cuando el fiscal Alberto Nisman fue encontrado muerto en su departamento de Puerto Madero, horas antes de su prevista comparecencia ante el Congreso.
Nisman había presentado una denuncia contra la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner y otros funcionarios por presunto encubrimiento de los responsables del atentado contra la AMIA. La denuncia estaba relacionada con el memorándum firmado entre la Argentina e Irán. Las acusaciones fueron objeto de intensas controversias políticas y judiciales.
Stiuso había mantenido vínculos profesionales con Nisman en el contexto de la investigación del atentado. Después de la muerte del fiscal, su testimonio y sus declaraciones adquirieron especial importancia para reconstruir los contactos, las comunicaciones y los acontecimientos previos al fallecimiento.
El caso generó sospechas, acusaciones cruzadas y profundas divisiones políticas. Sin embargo, es necesario separar las hipótesis de los hechos judicialmente establecidos. La relación profesional entre Stiuso y Nisman no demuestra por sí sola responsabilidad alguna en la muerte del fiscal.
La controversia alrededor de Nisman expuso, además, la fragilidad de la confianza pública en los organismos de inteligencia. Para numerosos ciudadanos, el episodio simbolizó un problema más amplio: la dificultad de conocer la verdad cuando parte de la información relevante permanece bajo secreto estatal.
Espionaje, democracia y control institucional
La historia de Stiuso no puede analizarse únicamente como la biografía de un agente. También permite examinar el funcionamiento de los servicios de inteligencia argentinos y su relación con el poder político.
En una democracia, la inteligencia estatal cumple funciones legítimas: anticipar amenazas, detectar operaciones extranjeras y proporcionar información estratégica a las autoridades. Pero esas tareas necesitan límites legales, supervisión institucional y mecanismos que impidan utilizar recursos públicos para perseguir adversarios, periodistas o ciudadanos por sus opiniones.
La Argentina ha debatido reiteradamente cómo reformar sus organismos de inteligencia. Los cambios de estructura y denominación no siempre resuelven, por sí solos, los problemas de transparencia y rendición de cuentas. La existencia de información clasificada puede ser necesaria para proteger operaciones, pero no debería convertirse en una excusa para impedir toda investigación sobre posibles abusos.
En 2026, la SIDE continúa siendo el organismo superior del Sistema de Inteligencia Nacional, con funciones y dependencias definidas por la normativa vigente. El propio Estado ha iniciado procesos de publicación de documentos históricos, una medida que permite conocer aspectos del funcionamiento institucional que durante años permanecieron reservados.
Un personaje que representa una época
Jaime Stiuso permanece como una figura emblemática del espionaje argentino porque su trayectoria reúne varios elementos característicos de ese mundo: secreto, permanencia, disputas internas y relaciones complejas con el poder político.
Su historia también plantea una advertencia. Los servicios de inteligencia pueden reunir conocimientos indispensables para proteger al Estado, pero esa capacidad debe estar acompañada por controles democráticos efectivos.
El misterio que rodea a un espía forma parte de su oficio. En una república, sin embargo, el secreto no puede convertirse en una zona completamente ajena a la ley.
La historia de Stiuso, con sus hechos documentados, controversias y preguntas todavía discutidas, refleja precisamente esa tensión. Detrás de los nombres, las operaciones y los expedientes reservados existe una cuestión que trasciende a cualquier funcionario: quién vigila a quienes tienen la misión de vigilar.
Elizabeth Bentley nació en Connecticut en 1908 y estudió en Vasser College y en la Universidad de Columbia. Mientras estudiaba en Italia, Bentley estuvo expuesta al fascismo y, se cree, se unió a un grupo comunista. Una vez de regreso en Estados Unidos, se unió a una organización comunista clandestina. Comenzó a trabajar para Jacob Golos tres años después, en 1938. Golos era miembro del Partido Comunista y de la Sociedad de Ayuda Técnica a la Rusia Soviética, una organización que era una fachada para el espionaje soviético. También estaba afiliada a la Liga Americana contra la Guerra y el Fascismo, una organización comunista.
Elizabeth Bentley incursionó en el espionaje mientras trabajaba en una biblioteca, recopilando y transmitiendo información sobre actividades profascistas. Se involucró más en el trabajo de espía cuando ella y Golos se pusieron románticos. Mientras trabajaba para un hombre de negocios, seguramente la fachada perfecta para un comunista, Bentley transportó copias de documentos del gobierno estadounidense a agentes soviéticos. Tenía la costumbre de seducir a los hombres para obtener información confidencial.
En 1945, después de la muerte de Golos, Bentley renunció al comunismo y admitió ante el FBI su afiliación con espías soviéticos. Les informó de una gran red de agentes de la KGB en las principales ciudades de Estados Unidos y del gobierno federal. También testificó ante el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes, dando nombres como el de Harold Glasser.
Cary Grant, uno de los actores más queridos de Hollywood, era conocido por su personalidad afable, su impecable ritmo cómico y su encanto natural. Si bien su legado cinematográfico está repleto de papeles icónicos en películas como Con la muerte en los talones, Charada y Atrapa a un ladrón, su vida fuera de la pantalla albergaba una intriga menos conocida: su presunta participación en labores de inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial. Desde hace tiempo, se rumorea que Grant colaboró estrechamente con la inteligencia británica, ayudando a identificar a simpatizantes nazis en Hollywood. Sea verdad o exageración, la idea de Cary Grant como agente encubierto añade un nuevo nivel de fascinación a su ya enigmática carrera.
Nacido como Archibald Leach en 1904 en Bristol, Inglaterra, Grant se transformó en el máximo galán de Hollywood. Su estilo impecable, su acento transatlántico y su natural sofisticación lo convirtieron en un favorito del público durante décadas. Para la década de 1940, era una de las estrellas más solicitadas de la industria, colaborando con directores legendarios como Alfred Hitchcock y Howard Hawks.
Sin embargo, bajo el glamuroso barniz de su carrera en Hollywood, Grant mantenía fuertes lazos con sus raíces británicas y le preocupaba profundamente la creciente influencia del fascismo en todo el mundo. A medida que las tensiones se intensificaban durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno británico, según se informa, buscó la ayuda de expatriados influyentes, incluido Grant, para la recopilación de información.
Se cree ampliamente que Grant ayudó a la inteligencia británica a rastrear a simpatizantes nazis y a individuos profascistas en Hollywood. Siendo la industria cinematográfica un centro de figuras e ideologías internacionales, la inteligencia británica temía que la influencia nazi pudiera infiltrarse en la cultura y la política estadounidenses. Grant, con sus impecables conexiones y su alto perfil, era el candidato ideal para vigilar discretamente a individuos que pudieran haber apoyado o simpatizado con las potencias del Eje.
Los informes sugieren que Grant compartió información sobre colegas con vínculos políticos cuestionables, aunque los detalles siguen siendo ambiguos. Algunas fuentes indican que cooperó con el MI6, el servicio secreto de inteligencia británico, mientras que otras sugieren un papel de asesor más informal. Además, Grant era conocido por su desprecio personal por Hitler y el régimen nazi, lo que hacía aún más plausible su presunta participación en labores de inteligencia.
Después de la guerra, Cary Grant continuó dominando Hollywood, pero se volvió cada vez más selectivo con sus papeles. Mantuvo una estrecha amistad con Winston Churchill y otras figuras políticas, lo que alimentó aún más las especulaciones sobre sus conexiones con la inteligencia. Si participó activamente en operaciones encubiertas aún no está claro, pero esta posibilidad no hace más que reforzar su atractivo.
El legado de Grant se extiende mucho más allá de la gran pantalla. Su estilo desenfadado, su porte caballeroso y su enigmática vida personal siguen cautivando al público. Su supuesto trabajo de inteligencia añade un toque de espionaje real que complementa sus papeles cinematográficos, donde a menudo interpretó personajes atrapados en redes de intriga.
Aunque la participación de Cary Grant en espionaje quizás nunca se pruebe definitivamente, la mera posibilidad de que el ícono de la época dorada de Hollywood trabaje por las noches como agente encubierto es una narrativa irresistible que lo convierte no solo en una estrella, sino en una leyenda.
Durante la Guerra de la Independencia de Estados Unidos, la inteligencia fue crucial para el éxito del Ejército Continental. Entre las redes de espionaje más eficaces se encontraba el Círculo de Espionaje Culper, una organización encubierta encargada de recopilar información sobre los movimientos y planes de las tropas británicas en Nueva York. Fundado por George Washington y organizado por el jefe de espionaje Benjamin Tallmadge, el Círculo de Espionaje Culper operaba en secreto, utilizando un complejo sistema de códigos, tinta invisible y mensajes ocultos para transmitir información que, en última instancia, contribuyó a la victoria estadounidense.
Para 1778, los británicos habían ocupado la ciudad de Nueva York, lo que dificultaba que el Ejército Continental recopilara información sobre los movimientos del enemigo. Washington reconoció la necesidad de información fiable y recurrió a Tallmadge, un joven oficial de Connecticut, para formar una red de espionaje. Tallmadge reclutó a colaboradores de confianza, como Abraham Woodhull (alias “Samuel Culper Sr.”) y Robert Townsend (“Samuel Culper Jr.”), para operar en territorio controlado por los británicos y enviar información de contrabando a las fuerzas estadounidenses.
Operando en la ciudad de Nueva York, controlada por el enemigo, la Red Culper desarrolló técnicas avanzadas de recopilación de inteligencia. Sus miembros se comunicaban mediante códigos secretos, ocultaban sus mensajes en objetos comunes e incluso empleaban tinta invisible para evitar ser descubiertos. Woodhull, haciéndose pasar por comerciante, viajaba a zonas ocupadas por los británicos para recopilar información. Compartía sus hallazgos con Townsend, quien vivía en la ciudad de Nueva York y tenía acceso a valiosa información militar británica. La información se enviaba entonces de contrabando a Tallmadge a través de mensajeros de confianza, como Anna Strong, quien utilizaba un código de tendedero para indicar el paso seguro.
La información proporcionada por la Red Culper resultó invaluable para Washington y el Ejército Continental. El Anillo descubrió planes británicos para emboscar a las fuerzas francesas, lo que permitió a Washington intervenir con éxito. Una de sus contribuciones más significativas fue exponer el complot traicionero de Benedict Arnold para entregar West Point a los británicos. Este descubrimiento frustró la traición de Arnold y protegió un bastión estadounidense clave. El Anillo también proporcionó detalles cruciales sobre las líneas de suministro británicas, los movimientos de tropas y las estrategias de guerra.
A pesar de los peligros de operar tras las líneas enemigas, el Anillo de Espionaje Culper mantuvo una gran eficacia durante toda la guerra. Su anonimato garantizó su supervivencia, e incluso después del fin de la guerra, muchos miembros mantuvieron en secreto sus funciones. La red demostró la importancia del espionaje en la estrategia militar y sentó las bases para futuras operaciones de inteligencia en Estados Unidos.
El Anillo de Espionaje Culper desempeñó un papel crucial en la consolidación de la independencia estadounidense mediante el sigilo y la inteligencia. Sus contribuciones resaltan la importancia de las operaciones encubiertas en la guerra y sirven como testimonio de la valentía de quienes arriesgaron sus vidas por la libertad. Su legado continúa inspirando a las agencias de inteligencia modernas, demostrando que la información puede ser tan poderosa como los ejércitos en el campo de batalla.
El Ministerio de Defensa del Reino Unido ha prohibido estacionar vehículos con componentes fabricados en China cerca de instalaciones de entrenamiento militar y otros sitios sensibles. Es conocida la preocupación de funcionarios británicos ante una supuesta recopilación de inteligencia del Gobierno chino desde los sensores de los coches.
En particular, se ordenó a los empleados de la instalación militar secreta Wyton de la Fuerza Aérea Británica en el condado de Cambridgeshire aparcar sus automóviles eléctricos con piezas chinas a una distancia de al menos 3,2 kilómetros de los edificios principales de la base.
Allí se encuentra el principal centro de inteligencia militar del país, que alberga a funcionarios de todos los miembros de ‘Los Cinco Ojos’, la alianza de intercambio de inteligencia formada por el Reino Unido, EE.UU., Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Se trata de una de las mayores instalaciones de espionaje del mundo.
Otra base en la que se tomó una medida similar es el área de entrenamiento militar de Salisbury Plain, el más grande del país y en donde se entrena a militares ucranianos y británicos.
El mes pasado, el Ministerio de Defensa ordenó a los jefes militares que no mantengan conversaciones en automóviles eléctricos por temor a que las mismas pudieran ser grabadas y transmitidas por micrófonos incorporados y fabricantes chinos pudieran acceder a ellas.
La secretaria de Seguridad en la sombra, Alicia Kearns, dijo que Londres “no puede sacrificar” la seguridad nacional en pos de una tecnología respetuosa con el medioambiente e instó al Gobierno a “dar un giro total”.
La publicación advierte que casi todos los principales fabricantes de automóviles eléctricos, como Volvo, Jaguar Land Rover, BMW y VW, tienen partes chinas, y algunas marcas como MG y BYD se fabrican íntegramente en China.
Un ex funcionario de alto rango que trabajó para garantizar la seguridad de las instalaciones gubernamentales británicas dijo al medio que los vehículos eléctricos modernos son “básicamente una gran colección de sensores sobre ruedas”, capaces de enviar información a operadores externos.
La Inteligencia de Israel estuvo recogiendo durante años enormes volúmenes de información para identificar a los combatientes del grupo chiita Hezbolá y atacarlos.
Las declaraciones de varios funcionarios y exfuncionarios señalan que Israel logró asesinar al líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, solo después de cambiar “la profundidad y calidad de los datos de inteligencia en los que Israel ha podido confiar”. Los informantes indicaron que tras el 2006, cuando Israel no pudo derrotar al grupo chiita, se produjo una “reorientación a gran escala de los esfuerzos de Israel para recopilar información de inteligencia”.
Así, Miri Eisin, exagente de la Inteligencia israelí, señaló que los servicios de espionaje del país hebreo empezaron a vigilar no solo el ala militar de Hezbolá, sino “sus ambiciones políticas” y sus lazos con la Guardia Revolucionaria iraní y el presidente de Siria, Bashar al Asad.
Los agentes de la Inteligencia de Israel aprovecharon también el conflicto en Siria, en el que Hezbolá participó para apoyar a Al Asad. En medio de sus refuerzos para reclutar a más combatientes, el grupo chiita se hizo “más vulnerable frente a los espías israelíes que colocaban agentes o buscaban a posibles desertores”.
Financial Times señala que “la guerra en Siria también creó una fuente de datos”, algunos de los cuales estaban disponibles para los espías israelíes. De esta manera, los agentes del país hebreo usaron los obituarios para obtener información y así saber, por ejemplo, cuál era la ciudad natal de los combatientes. También analizaron sus círculos de amigos a partir de la publicación de las noticias de sus defunciones en las redes sociales. “Los funerales eran aún más reveladores, y a veces sacaban de las sombras a altos dirigentes, aunque fuera brevemente”, indica.
Al mismo tiempo, creció la ventaja técnica de Israel “con satélites espía, drones sofisticados y capacidades de ciberpiratería que convierten los teléfonos móviles en dispositivos de escucha”.
Mientras aumentaba el volumen de datos obtenidos, en Israel crearon un algoritmo para “escudriñar ‘terabytes’ de imágenes visuales para encontrar los más mínimos cambios, con la esperanza de identificar un artefacto explosivo improvisado al borde de una carretera, un respiradero sobre un túnel o la repentina adición de un refuerzo de hormigón, lo que indica que hay un búnker”.
Los servicios de Inteligencia de Israel vigilaron los movimientos de cualquier combatiente de Hezbolá utilizando diversos dispositivos que lo rodeaban, como el teléfono móvil de su mujer, su coche, un dron que lo sobrevolaba, una cámara de vigilancia ‘hackeada’ o incluso su voz grabada por el micrófono del mando a distancia de un televisor moderno, señalaron las fuentes del diario.
“Israel tenía muchas capacidades, muchos datos de inteligencia almacenados esperando a ser utilizados. […] Podríamos haber usado estas capacidades hace mucho más tiempo durante esta guerra, pero no lo hicimos”, indicó un exfuncionario.
Además, un funcionario israelí indicó a Financial Times que, días después de que se produjera el ataque de Hamás el pasado 7 de octubre, la aviación israelí fue desplegada para atacar el lugar donde se encontraba Nasrallah, pero el bombardeo fue cancelado por exigencias de EE.UU.
El agente del FBI Robert Hanssen, quien espió para la extinta Unión Soviética y luego para Rusia, falleció este lunes en la cárcel donde cumplía quince cadenas perpetuas consecutivas por traicionar a EE.UU.
Hanssen, de 79 años, fue “encontrado inconsciente” sobre las 06.55 horas (12.55 hora GMT) en la cárcel federal “Supermax” en Florence, en Colorado, informó la Oficina de Prisiones en un comunicado.
La nota no ofrece detalles sobre el motivo de su fallecimiento, aunque precisa que ningún reo ni miembros del personal de la cárcel resultó herido y que en ningún momento hubo peligro para el público.
El preso fue declarado muerto por los trabajadores de los servicios de emergencia que lo atendieron en el lugar.
Hanssen fue detenido en 2001 y se declaró culpable de quince cargos de espionaje por vender material altamente clasificado a la Unión Soviética y a Rusia durante los últimos años de la Guerra Fría. Llevaba en la prisión de Colorado desde 2002.
En su página web, el FBI lo califica como “el espía más dañino” de su historia, ya que entregó a los rusos información de seguridad nacional “a cambio de 1,4 millones de dólares en efectivo, fondos bancarios y diamantes”. Sus actividades de espionaje comenzaron en 1985, nueve años después de que se uniera al FBI.
Hanssen operaba bajo el apodo de “Ramón García” con los rusos y proporcionó información delicada, que comprometió a “numerosas fuentes humanas, técnicas de contrainteligencia, investigaciones y decenas de documentos gubernamentales clasificados”, entre otros, al KGB y a la agencia que le sucedió, el SVR, indica el FBI.
Gracias a su experiencia y entrenamiento, Hanssen pasó desapercibido durante años, aunque sus actividades levantaron alguna que otra sospecha durante el tiempo que colaboró con Moscú.
En la década de los 90, tras el arresto de agente de la CIA Aldrich Ames por trabajar para los rusos, esta agencia y el FBI se dieron cuenta de que debía de haber otro espía de Rusia en sus filas, que estaba compartiendo información clasificada, hasta que dieron con Hanssen.
El estadounidense fue arrestado después de que fuera capturado en el acto en un parque de Virginia, donde intentaba ponerse en contacto con otro espía de Rusia.
Meses más tarde, se declaraba culpable de vender miles de documentos clasificados a Moscú con datos sobre la estrategia de EE.UU. frente a una guerra nuclear y con información de contrainteligencia, entre otros.
Hanssen también alertó a los rusos de la existencia de un túnel secreto construido por el FBI bajo la Embajada de Rusia en Washington para llevar a cabo escuchas y fue acusado de comprometer a decenas de rusos que habían colaborado con EE.UU., de los que algunos fueron ejecutados.
En su día, el Departamento de Justicia describió esta situación como “posiblemente el peor desastre de Inteligencia en la historia de EE.UU.”.
La legislatura en España ha explotado después de que salió a la luz un escándalo de espionaje masivo de colosales dimensiones. Las medidas para frenar los efectos económicos del conflicto en Ucrania, las reformas legislativas, los adelantos electorales y cualquier otro elemento ha quedado oscurecido por las revelaciones que se han conocido durante las tres últimas semanas. Primero fue Citizen Lab, un laboratorio canadiense independiente especialista en ataques informáticos, que alertó que 65 políticos y líderes independentistas catalanes habían sido espiados con el programa israelí Pegasus. Después, el Gobierno confirmó que el mismo software había infectado hace un año los terminales del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y de la ministra de Defensa, Margarita Robles. Ayer, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) confirmó que estaba detrás del espionaje de al menos 18 figuras catalanas. La crisis abierta es de tal dimensión que sus consecuencias todavía son imprevisibles, pero podría conllevar un conflicto diplomático de altura con Marruecos o poner en riesgo la legislatura cuando todavía se encuentra a la mitad.
AragonésSánchez
El escándalo se destapó el 18 de abril cuando Citizen Lab hizo público su informe. Recogía que entre los líderes independentistas espiados por el programa israelí se encontraban todos los presidentes de Cataluña desde 2010, incluido el actual, Pere Aragonés. Además, relataba que entre los móviles infectados estaban los de periodistas, eurodiputados, líderes de la sociedad civil, abogados y también familiares de estos. Aunque no señalaba con nombres y apellidos a un responsable, sí mencionaba que los indicios apuntaban al Estado español. El espionaje se había producido entre 2017, año en que se produjo el referéndum de autodeterminación ilegal, y 2019. En el ámbito de Cataluña la reacción fue de absoluta indignación. Aragonés afirmó que “la operación de espionaje masivo contra el independentismo catalán es una vergüenza injustificable” y que se trata de “un ataque a los derechos fundamentales y a la democracia extremadamente grave”. Por su parte, el Gobierno español negó las acusaciones por boca de su portavoz y ministra de Política Territorial, Raquel Sánchez, que al día siguiente afirmó que la administración actual “no tiene nada que ocultar” y la ley de seguridad nacional establece “asuntos que tienen que ser tratados de forma secreta”. “No se intervienen conversaciones si no es al amparo de la ley”, sostuvo la portavoz.
El escándalo dio una vuelta de tuerca el último domingo, cuando el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, informó a los medios que los teléfonos del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra de Defensa, Margarita Robles, habían sido infectados con Pegasus en mayo de 2021. Desde Moncloa señalaron que las intervenciones son “ilícitas”, “externas”, “ajenas a los organismos estatales” y “no cuentan con autorización judicial”. El caso se ha judicializado y se encuentra bajo secreto de sumario, además, el juez ha ofrecido a Sánchez y Robles la posibilidad de estar presentes en el proceso. Pero Sánchez y la titular de Defensa no han sido los únicos miembros del Ejecutivo que han sido objeto de ataques informáticos. Así, a comienzos de esta semana también trascendió que la exministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, había sido el blanco de un ataque de estas características en mayo de 2021, cuando todavía estaba en el cargo. En este caso no se ha confirmado que el malware fuera Pegasus. El jueves fue el turno del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Tras el hallazgo en los terminales de Sánchez y Robles, todos los miembros del Ejecutivo entregaron sus terminales al CNI para que fueran meticulosamente revisados. Grande-Marlaska entregó dos, el que utiliza actualmente para sus comunicaciones oficiales y el que usó con anterioridad. Ha sido en este último en el que se han hallado rastros de Pegasus.
Ante el escándalo que está viviendo el país, varios grupos parlamentarios pidieron el establecimiento de una comisión de investigación en el seno del Congreso de los Diputados para esclarecer el espionaje a los líderes independentistas catalanes. Sin embargo, esa comisión no verá la luz después de que la Junta de Portavoces del Congreso rechazara su creación el pasado martes, gracisa a la negativa del Partido Socialista y de las derechas representadas en la Cámara, el Partido Popular, la ultraderecha de Vox y Ciudadanos. La Comisión que sí ha salido adelante ha sido la Comisión de Secretos Oficiales, que llevaba desde 2018 sin constituirse por el veto que el Partido Popular había establecido sobre algunos partidos independentistas vascos y catalanes. Para ello, la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, tuvo que modificar antes el reglamento, reduciendo la mayoría necesaria para aprobar su constitución y sus participantes de dos tercios del Hemiciclo a una mayoría simple.
El jueves se produjo por fin el encuentro que reunió a la presidenta del Congreso, a los diez diputados elegidos para integrarla (representantes del Partido Socialista, Partido Popular, Vox, Unidas Podemos, Ciudadanos, EH-Bildu, Esquerra Republicana de Catalunya, Partido Nacionalista Vasco, Junts per Catalunya y Candidatura d’Unitat Popular), además de la compareciente, la directora del Centro Nacional de Inteligencia, Paz Esteban.
Esteban informó que 18 personas relacionadas con el independentismo catalán habían sido espiadas por el CNI, entre ellas el actual presidente del Gobierno catalán, Pere Aragonés, cuando era vicepresidente. Además, otras 10 personas fueron espiadas, pero sus nombres aparecían tachados en la documentación que se ofreció a la decena de diputados presentes. Además, la directora de la Inteligencia española ilustró sobre la normativa que rige el organismo que lidera. Según lo expuesto, el CNI decide a quién espiar siguiendo unas pautas recibidas del Gobierno, mientras que un juez del Tribunal Supremo debe aprobar esas operaciones, por lo que las intervenciones de los móviles de los 18 líderes catalanes contaban con aval judicial. Durante todo este periplo un nombre ha estado en el foco de la polémica, el de la ministra de Defensa, Margarita Robles. Muchas son las voces que han pedido su dimisión como máxima responsable del CNI, entre las que se incluyen algunas provenientes del socio minoritario del Gobierno, Unidas Podemos.
Además, Robles ha dado polémicas declaraciones en medio de las suspicacias. Una de las más escandalosas fue aquella en la que cuestionó de manera retórica: “¿qué tiene que hacer un Gobierno cuando alguien declara la independencia?”, dejando traslucir que el espionaje se había producido. Por otro lado, el espionaje a los miembros del Gobierno español apunta a un elemento exterior. Aunque ningún miembro del Ejecutivo de Sánchez se ha atrevido a nombrarlo y hablan de prudencia, los ojos se vuelven hacia Marruecos.
RoblesEsteban
Pegasus infectó los móviles del presidente y de los ministros en mayo del año pasado, en un momento de máxima crisis diplomática entre España y el reino alauí, después de que el primero acogiera por razones humanitarias al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, que apuesta por la autodeterminación e independencia del Sáhara Occidental, territorio sobre el que Marruecos reclama la soberanía. Además, Marruecos ya ha sido señalado en ocasiones anteriores como uno de los clientes de Pegasus, incluso se especuló con que lo hubiera utilizado para espiar a objetivos franceses, incluido el presidente de la República, Emmanuel Macron. Sin embargo, no hay ningún indicio que apunte a que ese país pudiera tener algún interés en vigilar el entorno catalán. Sin embargo, a nivel interno el escándalo y las mayores consecuencias radican en el espionaje llevado a cabo en el ámbito catalán.
Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) ha calificado de mayúsculo escándalo lo sucedido. De hecho, la semana pasada votaron en contra de convalidar en el Congreso el paquete de medidas anticrisis aprobado por el Gobierno para paliar los efectos económicos del conflicto de Ucrania, y de la subida de los precios energéticos, como reacción a la falta de explicaciones por el caso de espionaje. Aunque ese paquete consiguió salir adelante gracias a la suma de EH-Bildu e incluso se barajó la abstención del Partido Popular si hubiera sido necesario, el apoyo de ERC ha sido fundamental hasta la fecha para que el Ejecutivo de Sánchez sacara adelante sus propuestas legislativas. Si el bloque de la investidura se rompe y los apoyos de Sánchez continúan menguando, el presidente podría verse abocado a la convocatoria de elecciones anticipadas a mitad de legislatura, en un escenario que no le es propicio. Mientras que el espionaje a miembros del Gobierno aún no está resuelto, las explicaciones de la directora del CNI sobre el caso catalán tampoco han despejado la mayoría de las incógnitas y un buen número de interrogantes planean sobre la ciudadanía española.
Si el CNI admite que espió a 18 personalidades independentistas catalanes, ¿quién espió a las otras 47 personas hasta llegar a las 65 que denunció Citizen Lab? Las explicaciones de Esteban dejan abiertas hasta cuatro hipótesis: que no ofreciera toda la información de que dispone; que otros organismos del Estado estén haciendo uso del programa espía; que haya fuerzas del Estado descontroladas que operen sin control judicial; y la menos probable de las tres, que el espionaje provenga de otro país. Además, entre la documentación que Esteban entregó a los diez diputados parte de la Comisión de Secreto se encontraban 10 nombres tachados. ¿Quiénes son? ¿Corresponden con algunos de los otros 47 denunciados por el laboratorio canadiense?
Igualmente cabe la duda de si entre esos nombres estarían los de algunas personas que podrían reportar más problemas legales, como es el caso de diputados, eurodiputados o personas residentes en el extranjero, como el propio expresidente de Cataluña, Carles Puigdemont. El actual presidente de Cataluña, Pere Aragonés, fue espiado cuando era vicepresidente y por lo tanto ya se encontraba aforado. En España, para investigar a un aforado hace falta que la Cámara a la que pertenece lo autorice. Se trata de un formalismo porque siempre se aprueba la autorización, pero en este caso no se llevó a cabo. Así que surge la cuestión de si un aforado puede ser investigado, en este caso espiado como sinónimo, sin la aprobación del Parlamento correspondiente, o de si se trataría de una acción ilegal.
Mata Hari, el arquetipo de la seductora espía, es ejecutada por espionaje por un pelotón de fusilamiento francés en Vincennes, a las afueras de París.
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Primero llegó a París en 1905 y encontró fama como intérprete de bailes exóticos de inspiración asiática. Pronto comenzó a recorrer toda Europa, contando la historia de cómo nació en un templo sagrado de la India y aprendió danzas antiguas de una sacerdotisa que le dio el nombre de Mata Hari, que significa “ojo del día” en malayo.
En realidad, Mata Hari nació en una pequeña ciudad en el norte de Holanda en 1876, y su verdadero nombre era Margaretha Geertruida Zelle. Adquirió su conocimiento superficial de las danzas indias y javanesas cuando vivió durante varios años en Malasia con su ex esposo, que era escocés en el ejército colonial holandés. Independientemente de su autenticidad, llenó salones de baile y teatros de ópera desde Rusia hasta Francia, principalmente porque su espectáculo consistía en desnudarse lentamente.
Se convirtió en una cortesana famosa, y con el estallido de la Primera Guerra Mundial su catálogo de amantes comenzó a incluir oficiales militares de alto rango de diversas nacionalidades. En febrero de 1917, las autoridades francesas la arrestaron por espionaje y la encarcelaron en la prisión de St. Lazare en París. En un juicio militar realizado en julio, fue acusada de revelar detalles de la nueva arma de los Aliados, que resultó en la muerte de miles de soldados. Fue declarada culpable y condenada a muerte, y el 15 de octubre rechazó una venda en los ojos y un pelotón de fusilamiento le disparó en Vincennes.
Hay alguna evidencia de que Mata Hari actuó como espía alemana y durante un tiempo como doble agente para los franceses, pero los alemanes la habían descartado como una agente ineficaz cuya conversación sobre la almohada había producido poca inteligencia de valor. Su juicio militar estuvo plagado de prejuicios y evidencia circunstancial, y es probable que las autoridades francesas la dibujen como “la mayor espía del siglo” como una distracción por las enormes pérdidas que sufrió el ejército francés en el frente occidental.
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“ESTOY LISTA”
Henry Wales fue un periodista británico que cubrió la ejecución. Mata Hari se despierta temprano en la mañana del 15 de octubre. Ella había hecho un llamado directo al presidente francés para pedir clemencia y esperaba con expectación su respuesta:
El primer indicio que recibió de que su petición había sido denegada fue cuando fue conducida al amanecer desde su celda en la prisión de Saint-Lazare a un automóvil en espera y luego se desplazó al cuartel donde la escuadra de fusilamiento la esperaba. El padre Arbaux, acompañado por dos hermanas de caridad, el Capitán Bouchardon, y Maitre Clunet, su abogada, entraron a su celda, donde ella todavía dormía: un sueño tranquilo y sin problemas, lo señalaron los llaves y las personas de confianza. Las hermanas la sacudieron suavemente. Se levantó y le dijeron que había llegado su hora.
¿Puedo escribir dos cartas? fue todo lo que Mata Hari pidió.
El Capitán Bouchardon dio su consentimiento de inmediato y le entregaron bolígrafo, tinta, papel y sobres. Se sentó en el borde de la cama y escribió las cartas con prisa febril. Las entregó a la custodia de su abogada. Se levantó y se vistió culminando con una capa de terciopelo negro. Su abundante cabello negro todavía estaba despeinado. Se puso un gran sombrero de fieltro negro con una cinta de seda negra y un lazo. Lenta e indiferentemente, al parecer, se puso un par de guantes negros. Entonces ella dijo con calma:
‘Estoy lista.’
La fiesta salió lentamente de su celda al automóvil que esperaba.
El automóvil atravesó el corazón de la ciudad dormida. Apenas eran las cinco y media de la mañana y el sol aún no había salido completamente. A través de París, el automóvil giró hacia la Caserne de Vincennes, el cuartel del antiguo fuerte que los alemanes asaltaron en 1870. Las tropas ya estaban preparadas para la ejecución. Los doce Zouaves, formando el pelotón de fusilamiento, se pusieron en línea, con sus rifles preparados. Un suboficial estaba de pie detrás de ellos, con la espada desenvainada.
Mientras el padre Arbaux hablaba con la mujer condenada, un oficial francés se acercó con un paño blanco.
“La venda de los ojos”, susurró a las monjas que estaban allí y se las entregó.
¿Debo usar eso? preguntó Mata Hari, volviéndose hacia su abogado, mientras sus ojos vislumbraban la venda de los ojos.
Maitre Clunet se volvió interrogativamente hacia el oficial francés.
“Si Madame prefiere no, no hay diferencia”, respondió el oficial, alejándose apresuradamente.
Mata Hari no estaba atada y no le vendaron los ojos. Se quedó mirando fijamente a sus verdugos, cuando el sacerdote, las monjas y su abogado se alejaron de ella.
El suboficial a cargo se había movido a una posición donde desde el rabillo del ojo podían verlo. Su espada se extendió en el aire.
Ante la orden, Mata Hari cayó.
Durante una fracción de segundo pareció que ella se tambaleaba allí, de rodillas, mirando directamente a quienes le habían quitado la vida. Luego cayó hacia atrás, doblando la cintura, con las piernas dobladas debajo de ella. Estaba tendida, inmóvil, con la cara vuelta hacia el cielo.
Un suboficial, que acompañaba a un teniente, sacó su revólver e inclinándose sobre Mata Hari, colocó su arma contra la sien izquierda de la espía. Apretó el gatillo y la bala atravesó el cerebro de la mujer.
Melita Norwood, la espía que engañó a los servicios secretos durante 37 años
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Trabajaba como secretaria, llevaba una vida aparentemente normal y nadie sospechaba que estaba colaborando con la Unión Soviética. Durante casi cuatro décadas, Melita Norwood transmitió información relacionada con investigaciones nucleares británicas sin que las autoridades descubrieran su verdadera actividad.
Una secretaria con un secreto extraordinario
Melita Norwood nació en Bournemouth, Inglaterra, en 1912. Su vida parecía alejada de las aventuras que habitualmente se asocian con el espionaje internacional. No era una diplomática, una militar ni una científica de renombre. Su trabajo administrativo, sin embargo, la colocó cerca de información que interesaba enormemente a Moscú.
Norwood trabajaba en la Asociación Británica de Investigación de Metales No Ferrosos, una organización que participaba en investigaciones relacionadas con proyectos de defensa. Su posición le permitió acceder a documentación técnica que podía resultar útil para los soviéticos.
Lo extraordinario no fue solamente la información que obtuvo, sino el tiempo durante el cual consiguió mantener oculta su actividad.
El secreto nuclear
Durante la década de 1940, el Reino Unido desarrolló investigaciones vinculadas con su programa nuclear, conocido como Tube Alloys. Norwood tuvo acceso a información relacionada con ese entorno científico y tecnológico.
La Unión Soviética estaba interesada en reducir la ventaja estratégica de Estados Unidos y sus aliados en materia de armamento nuclear. Los documentos obtenidos mediante redes de espionaje contribuyeron a que los científicos soviéticos conocieran avances occidentales.
Norwood no fue la única persona que colaboró con Moscú en este terreno. Otros agentes, como Klaus Fuchs, también transmitieron secretos nucleares. La historia de Norwood, sin embargo, se distingue por la duración de su actividad y por su apariencia de ciudadana común.
Su trabajo demuestra que el espionaje no siempre depende de agentes que utilizan disfraces espectaculares o participan en persecuciones. En ocasiones, la información más valiosa se obtiene mediante personas que ocupan puestos ordinarios y pasan inadvertidas.
¿Cómo logró permanecer oculta?
Durante años, Norwood no despertó sospechas suficientes para que las autoridades la detuvieran. Su vida cotidiana no parecía corresponder a la de una espía internacional y su puesto administrativo le proporcionaba una cobertura natural.
La inteligencia soviética la conocía con el nombre en clave de «Agent Hola». Según Guinness World Records, su carrera como espía no detectada se extendió aproximadamente 37 años, desde 1935 hasta 1972.
La duración de su actividad revela las dificultades que enfrentan los servicios de contrainteligencia. Detectar a un agente infiltrado puede resultar especialmente complicado cuando tiene acceso legítimo a documentos y no exhibe señales evidentes de una vida clandestina.
Sin embargo, permanecer sin ser descubierta no significa que su actividad careciera de consecuencias. La información que transmitió podía afectar el equilibrio estratégico entre las potencias y comprometer secretos de seguridad nacional.
La verdad salió a la luz
Norwood no se presentó como una espía motivada exclusivamente por el dinero. Expresó simpatías hacia el comunismo y sostuvo que consideraba importante compartir información con los soviéticos. Esa explicación permite comprender su visión personal, pero no elimina las consecuencias de haber entregado secretos a una potencia extranjera.
Su caso también planteó una pregunta incómoda: ¿cómo pudo una persona permanecer tanto tiempo fuera del radar de las autoridades pese a trabajar cerca de información sensible?
La respuesta combina la naturaleza de su puesto, las dificultades de la vigilancia y las limitaciones de los sistemas de seguridad de aquella época.
Una espía para la historia
Melita Norwood murió en 2005, a los 93 años. Su nombre quedó asociado a uno de los casos más prolongados de espionaje no detectado de la historia moderna.
Su historia parece sacada de una novela, pero recuerda una realidad fundamental: los secretos de Estado no siempre están en manos de generales o ministros. A veces, pasan por escritorios aparentemente insignificantes.
Durante casi cuatro décadas, Norwood llevó una doble vida sin ser descubierta. Cuando finalmente se conoció su identidad, el mundo descubrió que una secretaria aparentemente común había desempeñado un papel en uno de los enfrentamientos estratégicos más importantes del siglo XX.
Su caso sigue siendo una advertencia para los servicios de inteligencia: el espía más difícil de detectar puede ser precisamente aquel a quien nadie considera importante.
El espía argentino que conocía los secretos del poder
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Durante décadas, Jaime Stiuso trabajó en las sombras de los servicios de inteligencia argentinos. Su nombre quedó asociado a investigaciones sensibles, internas políticas y al caso del fiscal Alberto Nisman. ¿Quién fue el hombre que llegó a convertirse en una de las figuras más enigmáticas del espionaje nacional?
En la Argentina, donde la política y los servicios de inteligencia mantuvieron durante años una relación compleja, pocos nombres despertaron tanta curiosidad como el de Antonio Jaime Stiuso, conocido popularmente como “Jaime”. Su trayectoria dentro de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) atravesó gobiernos militares y democráticos, períodos de crisis institucional y algunas de las investigaciones judiciales más controvertidas del país.
Una carrera detrás de las cortinas
Stiuso ingresó al ámbito de la inteligencia argentina en 1972, durante el gobierno de facto de Alejandro Agustín Lanusse. Con formación vinculada a la electrónica, desarrolló una extensa carrera dentro del organismo, mientras el país atravesaba transformaciones políticas profundas.
La inteligencia estatal tenía entonces una importancia creciente. La Guerra Fría, los conflictos internos, la actividad de organizaciones armadas y las disputas entre sectores militares y civiles alimentaban la demanda de información reservada. Con el paso del tiempo, los servicios de inteligencia se convirtieron también en actores de las luchas internas del poder.
Según un perfil publicado por La Nación en 2004, Stiuso acumulaba entonces 31 años de trayectoria en la SIDE y había pasado buena parte de su carrera en el área de contrainteligencia. El periódico lo describió como una figura central de las operaciones del organismo. Su ascenso reflejó una característica habitual de estas estructuras: mientras los presidentes y ministros cambiaban, algunos funcionarios especializados permanecían en sus puestos y acumulaban experiencia, contactos y conocimiento institucional.
Esa continuidad le permitió atravesar distintas administraciones. Sin embargo, también planteó una pregunta fundamental para la democracia: ¿cómo controlar a funcionarios que manejan información sensible y cuyas actividades, por definición, no pueden exponerse completamente al público?
El hombre fuerte de la SIDE
La notoriedad pública de Stiuso creció considerablemente en julio de 2004, cuando Gustavo Béliz, entonces ministro de Justicia del gobierno de Néstor Kirchner, mostró su fotografía durante una aparición televisiva y lo señaló como una figura poderosa dentro de los servicios de inteligencia.
El episodio provocó una fuerte repercusión. Hasta ese momento, el nombre del agente era prácticamente desconocido para el ciudadano común. De pronto, el mundo reservado del espionaje quedó expuesto en una discusión pública entre funcionarios del propio Gobierno.
La controversia evidenció las tensiones que podían existir entre las autoridades políticas y los responsables operativos de inteligencia. También abrió interrogantes sobre la supervisión civil de esos organismos, el uso de información reservada y los límites entre la seguridad del Estado y los derechos individuales.
La relación de Stiuso con los distintos gobiernos fue objeto de numerosos análisis periodísticos. Su trayectoria durante administraciones de diferentes signos políticos alimentó la imagen de un funcionario capaz de sobrevivir a los cambios presidenciales. No obstante, las versiones sobre su influencia real deben distinguirse de los hechos documentados: en el mundo del espionaje, la información incompleta y las disputas entre protagonistas suelen dificultar la reconstrucción de los acontecimientos.
La investigación del atentado contra la AMIA
Uno de los episodios centrales para comprender la relevancia pública de Stiuso es la investigación del atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), perpetrado en Buenos Aires el 18 de julio de 1994. La explosión causó 85 muertes y dejó una herida profunda en la sociedad argentina.
Los organismos de inteligencia participaron en distintas tareas vinculadas con la investigación, la recopilación de información y el seguimiento de posibles responsables. Stiuso quedó asociado durante años al trabajo de inteligencia relacionado con el atentado.
El caso, sin embargo, estuvo marcado por irregularidades, controversias y cuestionamientos judiciales. Las dificultades para esclarecer plenamente lo sucedido dañaron la confianza pública y convirtieron la investigación en un símbolo de los problemas institucionales argentinos.
La participación de los servicios de inteligencia en una causa de semejante importancia planteó interrogantes sobre el manejo de las pruebas, la cooperación internacional y la relación entre los investigadores y los organismos estatales. También dejó en evidencia los riesgos de que información esencial para la justicia permanezca durante largos períodos en ámbitos reservados.
La muerte de Alberto Nisman
El nombre de Stiuso volvió a ocupar los titulares nacionales e internacionales en enero de 2015, cuando el fiscal Alberto Nisman fue encontrado muerto en su departamento de Puerto Madero, horas antes de su prevista comparecencia ante el Congreso.
Nisman había presentado una denuncia contra la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner y otros funcionarios por presunto encubrimiento de los responsables del atentado contra la AMIA. La denuncia estaba relacionada con el memorándum firmado entre la Argentina e Irán. Las acusaciones fueron objeto de intensas controversias políticas y judiciales.
Stiuso había mantenido vínculos profesionales con Nisman en el contexto de la investigación del atentado. Después de la muerte del fiscal, su testimonio y sus declaraciones adquirieron especial importancia para reconstruir los contactos, las comunicaciones y los acontecimientos previos al fallecimiento.
El caso generó sospechas, acusaciones cruzadas y profundas divisiones políticas. Sin embargo, es necesario separar las hipótesis de los hechos judicialmente establecidos. La relación profesional entre Stiuso y Nisman no demuestra por sí sola responsabilidad alguna en la muerte del fiscal.
La controversia alrededor de Nisman expuso, además, la fragilidad de la confianza pública en los organismos de inteligencia. Para numerosos ciudadanos, el episodio simbolizó un problema más amplio: la dificultad de conocer la verdad cuando parte de la información relevante permanece bajo secreto estatal.
Espionaje, democracia y control institucional
La historia de Stiuso no puede analizarse únicamente como la biografía de un agente. También permite examinar el funcionamiento de los servicios de inteligencia argentinos y su relación con el poder político.
En una democracia, la inteligencia estatal cumple funciones legítimas: anticipar amenazas, detectar operaciones extranjeras y proporcionar información estratégica a las autoridades. Pero esas tareas necesitan límites legales, supervisión institucional y mecanismos que impidan utilizar recursos públicos para perseguir adversarios, periodistas o ciudadanos por sus opiniones.
La Argentina ha debatido reiteradamente cómo reformar sus organismos de inteligencia. Los cambios de estructura y denominación no siempre resuelven, por sí solos, los problemas de transparencia y rendición de cuentas. La existencia de información clasificada puede ser necesaria para proteger operaciones, pero no debería convertirse en una excusa para impedir toda investigación sobre posibles abusos.
En 2026, la SIDE continúa siendo el organismo superior del Sistema de Inteligencia Nacional, con funciones y dependencias definidas por la normativa vigente. El propio Estado ha iniciado procesos de publicación de documentos históricos, una medida que permite conocer aspectos del funcionamiento institucional que durante años permanecieron reservados.
Un personaje que representa una época
Jaime Stiuso permanece como una figura emblemática del espionaje argentino porque su trayectoria reúne varios elementos característicos de ese mundo: secreto, permanencia, disputas internas y relaciones complejas con el poder político.
Su historia también plantea una advertencia. Los servicios de inteligencia pueden reunir conocimientos indispensables para proteger al Estado, pero esa capacidad debe estar acompañada por controles democráticos efectivos.
El misterio que rodea a un espía forma parte de su oficio. En una república, sin embargo, el secreto no puede convertirse en una zona completamente ajena a la ley.
La historia de Stiuso, con sus hechos documentados, controversias y preguntas todavía discutidas, refleja precisamente esa tensión. Detrás de los nombres, las operaciones y los expedientes reservados existe una cuestión que trasciende a cualquier funcionario: quién vigila a quienes tienen la misión de vigilar.
Bibliotecaria de día, espía soviética de noche
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Elizabeth Bentley nació en Connecticut en 1908 y estudió en Vasser College y en la Universidad de Columbia. Mientras estudiaba en Italia, Bentley estuvo expuesta al fascismo y, se cree, se unió a un grupo comunista. Una vez de regreso en Estados Unidos, se unió a una organización comunista clandestina. Comenzó a trabajar para Jacob Golos tres años después, en 1938.
Golos era miembro del Partido Comunista y de la Sociedad de Ayuda Técnica a la Rusia Soviética, una organización que era una fachada para el espionaje soviético. También estaba afiliada a la Liga Americana contra la Guerra y el Fascismo, una organización comunista.
Elizabeth Bentley incursionó en el espionaje mientras trabajaba en una biblioteca, recopilando y transmitiendo información sobre actividades profascistas. Se involucró más en el trabajo de espía cuando ella y Golos se pusieron románticos. Mientras trabajaba para un hombre de negocios, seguramente la fachada perfecta para un comunista, Bentley transportó copias de documentos del gobierno estadounidense a agentes soviéticos. Tenía la costumbre de seducir a los hombres para obtener información confidencial.
En 1945, después de la muerte de Golos, Bentley renunció al comunismo y admitió ante el FBI su afiliación con espías soviéticos. Les informó de una gran red de agentes de la KGB en las principales ciudades de Estados Unidos y del gobierno federal. También testificó ante el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes, dando nombres como el de Harold Glasser.
PrisioneroEnArgentina.com
Mayo 31, 2024
Cary Grant, Agente Encubierto
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Cary Grant, uno de los actores más queridos de Hollywood, era conocido por su personalidad afable, su impecable ritmo cómico y su encanto natural. Si bien su legado cinematográfico está repleto de papeles icónicos en películas como Con la muerte en los talones, Charada y Atrapa a un ladrón, su vida fuera de la pantalla albergaba una intriga menos conocida: su presunta participación en labores de inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial. Desde hace tiempo, se rumorea que Grant colaboró estrechamente con la inteligencia británica, ayudando a identificar a simpatizantes nazis en Hollywood. Sea verdad o exageración, la idea de Cary Grant como agente encubierto añade un nuevo nivel de fascinación a su ya enigmática carrera.
Sin embargo, bajo el glamuroso barniz de su carrera en Hollywood, Grant mantenía fuertes lazos con sus raíces británicas y le preocupaba profundamente la creciente influencia del fascismo en todo el mundo. A medida que las tensiones se intensificaban durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno británico, según se informa, buscó la ayuda de expatriados influyentes, incluido Grant, para la recopilación de información.
Se cree ampliamente que Grant ayudó a la inteligencia británica a rastrear a simpatizantes nazis y a individuos profascistas en Hollywood. Siendo la industria cinematográfica un centro de figuras e ideologías internacionales, la inteligencia británica temía que la influencia nazi pudiera infiltrarse en la cultura y la política estadounidenses. Grant, con sus impecables conexiones y su alto perfil, era el candidato ideal para vigilar discretamente a individuos que pudieran haber apoyado o simpatizado con las potencias del Eje.
Los informes sugieren que Grant compartió información sobre colegas con vínculos políticos cuestionables, aunque los detalles siguen siendo ambiguos. Algunas fuentes indican que cooperó con el MI6, el servicio secreto de inteligencia británico, mientras que otras sugieren un papel de asesor más informal. Además, Grant era conocido por su desprecio personal por Hitler y el régimen nazi, lo que hacía aún más plausible su presunta participación en labores de inteligencia.
El legado de Grant se extiende mucho más allá de la gran pantalla. Su estilo desenfadado, su porte caballeroso y su enigmática vida personal siguen cautivando al público. Su supuesto trabajo de inteligencia añade un toque de espionaje real que complementa sus papeles cinematográficos, donde a menudo interpretó personajes atrapados en redes de intriga.
Aunque la participación de Cary Grant en espionaje quizás nunca se pruebe definitivamente, la mera posibilidad de que el ícono de la época dorada de Hollywood trabaje por las noches como agente encubierto es una narrativa irresistible que lo convierte no solo en una estrella, sino en una leyenda.
PrisioneroEnArgentina.com
Junio 4, 2025
El arma secreta de Estados Unidos en la Guerra de la Independencia
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Durante la Guerra de la Independencia de Estados Unidos, la inteligencia fue crucial para el éxito del Ejército Continental. Entre las redes de espionaje más eficaces se encontraba el Círculo de Espionaje Culper, una organización encubierta encargada de recopilar información sobre los movimientos y planes de las tropas británicas en Nueva York. Fundado por George Washington y organizado por el jefe de espionaje Benjamin Tallmadge, el Círculo de Espionaje Culper operaba en secreto, utilizando un complejo sistema de códigos, tinta invisible y mensajes ocultos para transmitir información que, en última instancia, contribuyó a la victoria estadounidense.
Para 1778, los británicos habían ocupado la ciudad de Nueva York, lo que dificultaba que el Ejército Continental recopilara información sobre los movimientos del enemigo. Washington reconoció la necesidad de información fiable y recurrió a Tallmadge, un joven oficial de Connecticut, para formar una red de espionaje. Tallmadge reclutó a colaboradores de confianza,
como Abraham Woodhull (alias “Samuel Culper Sr.”) y Robert Townsend (“Samuel Culper Jr.”), para operar en territorio controlado por los británicos y enviar información de contrabando a las fuerzas estadounidenses.
Operando en la ciudad de Nueva York, controlada por el enemigo, la Red Culper desarrolló técnicas avanzadas de recopilación de inteligencia. Sus miembros se comunicaban mediante códigos secretos, ocultaban sus mensajes en objetos comunes e incluso empleaban tinta invisible para evitar ser descubiertos. Woodhull, haciéndose pasar por comerciante, viajaba a zonas ocupadas por los británicos para recopilar información. Compartía sus hallazgos con Townsend, quien vivía en la ciudad de Nueva York y tenía acceso a valiosa información militar británica. La información se enviaba entonces de contrabando a Tallmadge a través de mensajeros de confianza, como Anna Strong, quien utilizaba un código de tendedero para indicar el paso seguro.
La información proporcionada por la Red Culper resultó invaluable para Washington y el Ejército Continental. El Anillo descubrió planes británicos para emboscar a las fuerzas francesas, lo que permitió a Washington intervenir con éxito. Una de sus contribuciones más significativas fue exponer el complot traicionero de Benedict Arnold para entregar West Point a los británicos. Este descubrimiento frustró la traición de Arnold y protegió un bastión estadounidense clave. El Anillo también proporcionó detalles cruciales sobre las líneas de suministro británicas, los movimientos de tropas y las estrategias de guerra.
A pesar de los peligros de operar tras las líneas enemigas, el Anillo de Espionaje Culper mantuvo una gran eficacia durante toda la guerra. Su anonimato garantizó su supervivencia, e incluso después del fin de la guerra, muchos miembros mantuvieron en secreto sus funciones. La red demostró la importancia del espionaje en la estrategia militar y sentó las bases para futuras operaciones de inteligencia en Estados Unidos.
El Anillo de Espionaje Culper desempeñó un papel crucial en la consolidación de la independencia estadounidense mediante el sigilo y la inteligencia. Sus contribuciones resaltan la importancia de las operaciones encubiertas en la guerra y sirven como testimonio de la valentía de quienes arriesgaron sus vidas por la libertad. Su legado continúa inspirando a las agencias de inteligencia modernas, demostrando que la información puede ser tan poderosa como los ejércitos en el campo de batalla.
PrisioneroEnArgentina.com
Mayo 6, 2025
El Reino Unido y el supuesto espionaje chino
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En particular, se ordenó a los empleados de la instalación militar secreta Wyton de la Fuerza Aérea Británica en el condado de Cambridgeshire aparcar sus automóviles eléctricos con piezas chinas a una distancia de al menos 3,2 kilómetros de los edificios principales de la base.
Allí se encuentra el principal centro de inteligencia militar del país, que alberga a funcionarios de todos los miembros de ‘Los Cinco Ojos’, la alianza de intercambio de inteligencia formada por el Reino Unido, EE.UU., Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Se trata de una de las mayores instalaciones de espionaje del mundo.
El mes pasado, el Ministerio de Defensa ordenó a los jefes militares que no mantengan conversaciones en automóviles eléctricos por temor a que las mismas pudieran ser grabadas y transmitidas por micrófonos incorporados y fabricantes chinos pudieran acceder a ellas.
La secretaria de Seguridad en la sombra, Alicia Kearns, dijo que Londres “no puede sacrificar” la seguridad nacional en pos de una tecnología respetuosa con el medioambiente e instó al Gobierno a “dar un giro total”.
La publicación advierte que casi todos los principales fabricantes de automóviles eléctricos, como Volvo, Jaguar Land Rover, BMW y VW, tienen partes chinas, y algunas marcas como MG y BYD se fabrican íntegramente en China.
Un ex funcionario de alto rango que trabajó para garantizar la seguridad de las instalaciones gubernamentales británicas dijo al medio que los vehículos eléctricos modernos son “básicamente una gran colección de sensores sobre ruedas”, capaces de enviar información a operadores externos.
PrisioneroEnArgentina.com
Abril 18, 2025
Cómo espías Israelíes se infiltraron en Hezbolá
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Las declaraciones de varios funcionarios y exfuncionarios señalan que Israel logró asesinar al líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, solo después de cambiar “la profundidad y calidad de los datos de inteligencia en los que Israel ha podido confiar”. Los informantes indicaron que tras el 2006, cuando Israel no pudo derrotar al grupo chiita, se produjo una “reorientación a gran escala de los esfuerzos de Israel para recopilar información de inteligencia”.
Así, Miri Eisin, exagente de la Inteligencia israelí, señaló que los servicios de espionaje del país hebreo empezaron a vigilar no solo el ala militar de Hezbolá, sino “sus ambiciones políticas” y sus lazos con la Guardia Revolucionaria iraní y el presidente de Siria, Bashar al Asad.
Los agentes de la Inteligencia de Israel aprovecharon también el conflicto en Siria, en el que Hezbolá participó para apoyar a Al Asad. En medio de sus refuerzos para reclutar a más combatientes, el grupo chiita se hizo “más vulnerable frente a los espías israelíes que colocaban agentes o buscaban a posibles desertores”.
Financial Times señala que “la guerra en Siria también creó una fuente de datos”, algunos de los cuales estaban disponibles para los espías israelíes. De esta manera, los agentes del país hebreo usaron los obituarios para obtener información y así saber, por ejemplo, cuál era la ciudad natal de los combatientes. También analizaron sus círculos de amigos a partir de la publicación de las noticias de sus defunciones en las redes sociales. “Los funerales eran aún más reveladores, y a veces sacaban de las sombras a altos dirigentes, aunque fuera brevemente”, indica.
Al mismo tiempo, creció la ventaja técnica de Israel “con satélites espía, drones sofisticados y capacidades de ciberpiratería que convierten los teléfonos móviles en dispositivos de escucha”.
Mientras aumentaba el volumen de datos obtenidos, en Israel crearon un algoritmo para “escudriñar ‘terabytes’ de imágenes visuales para encontrar los más mínimos cambios, con la esperanza de identificar un artefacto explosivo improvisado al borde de una carretera, un respiradero sobre un túnel o la repentina adición de un refuerzo de hormigón, lo que indica que hay un búnker”.
Los servicios de Inteligencia de Israel vigilaron los movimientos de cualquier combatiente de Hezbolá utilizando diversos dispositivos que lo rodeaban, como el teléfono móvil de su mujer, su coche, un dron que lo sobrevolaba, una cámara de vigilancia ‘hackeada’ o incluso su voz grabada por el micrófono del mando a distancia de un televisor moderno, señalaron las fuentes del diario.
“Israel tenía muchas capacidades, muchos datos de inteligencia almacenados esperando a ser utilizados. […] Podríamos haber usado estas capacidades hace mucho más tiempo durante esta guerra, pero no lo hicimos”, indicó un exfuncionario.
Además, un funcionario israelí indicó a Financial Times que, días después de que se produjera el ataque de Hamás el pasado 7 de octubre, la aviación israelí fue desplegada para atacar el lugar donde se encontraba Nasrallah, pero el bombardeo fue cancelado por exigencias de EE.UU.
PrisioneroEnArgentina.com
Octubre 1, 2024
El agente del FBI Robert Hanssen, espía ruso, muere en prisión
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El agente del FBI Robert Hanssen, quien espió para la extinta Unión Soviética y luego para Rusia, falleció este lunes en la cárcel donde cumplía quince cadenas perpetuas consecutivas por traicionar a EE.UU.
Hanssen, de 79 años, fue “encontrado inconsciente” sobre las 06.55 horas (12.55 hora GMT) en la cárcel federal “Supermax” en Florence, en Colorado, informó la Oficina de Prisiones en un comunicado.
La nota no ofrece detalles sobre el motivo de su fallecimiento, aunque precisa que ningún reo ni miembros del personal de la cárcel resultó herido y que en ningún momento hubo peligro para el público.
El preso fue declarado muerto por los trabajadores de los servicios de emergencia que lo atendieron en el lugar.
Hanssen fue detenido en 2001 y se declaró culpable de quince cargos de espionaje por vender material altamente clasificado a la Unión Soviética y a Rusia durante los últimos años de la Guerra Fría. Llevaba en la prisión de Colorado desde 2002.
En su página web, el FBI lo califica como “el espía más dañino” de su historia, ya que entregó a los rusos información de seguridad nacional “a cambio de 1,4 millones de dólares en efectivo, fondos bancarios y diamantes”. Sus actividades de espionaje comenzaron en 1985, nueve años después de que se uniera al FBI.
Hanssen operaba bajo el apodo de “Ramón García” con los rusos y proporcionó información delicada, que comprometió a “numerosas fuentes humanas, técnicas de contrainteligencia, investigaciones y decenas de documentos gubernamentales clasificados”, entre otros, al KGB y a la agencia que le sucedió, el SVR, indica el FBI.
Gracias a su experiencia y entrenamiento, Hanssen pasó desapercibido durante años, aunque sus actividades levantaron alguna que otra sospecha durante el tiempo que colaboró con Moscú.
En la década de los 90, tras el arresto de agente de la CIA Aldrich Ames por trabajar para los rusos, esta agencia y el FBI se dieron cuenta de que debía de haber otro espía de Rusia en sus filas, que estaba compartiendo información clasificada, hasta que dieron con Hanssen.
El estadounidense fue arrestado después de que fuera capturado en el acto en un parque de Virginia, donde intentaba ponerse en contacto con otro espía de Rusia.
Meses más tarde, se declaraba culpable de vender miles de documentos clasificados a Moscú con datos sobre la estrategia de EE.UU. frente a una guerra nuclear y con información de contrainteligencia, entre otros.
Hanssen también alertó a los rusos de la existencia de un túnel secreto construido por el FBI bajo la Embajada de Rusia en Washington para llevar a cabo escuchas y fue acusado de comprometer a decenas de rusos que habían colaborado con EE.UU., de los que algunos fueron ejecutados.
En su día, el Departamento de Justicia describió esta situación como “posiblemente el peor desastre de Inteligencia en la historia de EE.UU.”.
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Junio 7, 2023
Espionaje a la Española
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La legislatura en España ha explotado después de que salió a la luz un escándalo de espionaje masivo de colosales dimensiones. Las medidas para frenar los efectos económicos del conflicto en Ucrania, las reformas legislativas, los adelantos electorales y cualquier otro elemento ha quedado oscurecido por las revelaciones que se han conocido durante las tres últimas semanas. Primero fue Citizen Lab, un laboratorio canadiense independiente especialista en ataques informáticos, que alertó que 65 políticos y líderes independentistas catalanes habían sido espiados con el programa israelí Pegasus. Después, el Gobierno confirmó que el mismo software había infectado hace un año los terminales del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y de la ministra de Defensa, Margarita Robles. Ayer, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) confirmó que estaba detrás del espionaje de al menos 18 figuras catalanas. La crisis abierta es de tal dimensión que sus consecuencias todavía son imprevisibles, pero podría conllevar un conflicto diplomático de altura con Marruecos o poner en riesgo la legislatura cuando todavía se encuentra a la mitad.
El escándalo se destapó el 18 de abril cuando Citizen Lab hizo público su informe. Recogía que entre los líderes independentistas espiados por el programa israelí se encontraban todos los presidentes de Cataluña desde 2010, incluido el actual, Pere Aragonés. Además, relataba que entre los móviles infectados estaban los de periodistas, eurodiputados, líderes de la sociedad civil, abogados y también familiares de estos. Aunque no señalaba con nombres y apellidos a un responsable, sí mencionaba que los indicios apuntaban al Estado español. El espionaje se había producido entre 2017, año en que se produjo el referéndum de autodeterminación ilegal, y 2019. En el ámbito de Cataluña la reacción fue de absoluta indignación. Aragonés afirmó que “la operación de espionaje masivo contra el independentismo catalán es una vergüenza injustificable” y que se trata de “un ataque a los derechos fundamentales y a la democracia extremadamente grave”. Por su parte, el Gobierno español negó las acusaciones por boca de su portavoz y ministra de Política Territorial, Raquel Sánchez, que al día siguiente afirmó que la administración actual “no tiene nada que ocultar” y la ley de seguridad nacional establece “asuntos que tienen que ser tratados de forma secreta”. “No se intervienen conversaciones si no es al amparo de la ley”, sostuvo la portavoz.
El escándalo dio una vuelta de tuerca el último domingo, cuando el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, informó a los medios que los teléfonos del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra de Defensa, Margarita Robles, habían sido infectados con Pegasus en mayo de 2021. Desde Moncloa señalaron que las intervenciones son “ilícitas”, “externas”, “ajenas a los organismos estatales” y “no cuentan con autorización judicial”. El caso se ha judicializado y se encuentra bajo secreto de sumario, además, el juez ha ofrecido a Sánchez y Robles la posibilidad de estar presentes en el proceso. Pero Sánchez y la titular de Defensa no han sido los únicos miembros del Ejecutivo que han sido objeto de ataques informáticos. Así, a comienzos de esta semana también trascendió que la exministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, había sido el blanco de un ataque de estas características en mayo de 2021, cuando todavía estaba en el cargo. En este caso no se ha confirmado que el malware fuera Pegasus. El jueves fue el turno del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Tras el hallazgo en los terminales de Sánchez y Robles, todos los miembros del Ejecutivo entregaron sus terminales al CNI para que fueran meticulosamente revisados. Grande-Marlaska entregó dos, el que utiliza actualmente para sus comunicaciones oficiales y el que usó con anterioridad. Ha sido en este último en el que se han hallado rastros de Pegasus.
Ante el escándalo que está viviendo el país, varios grupos parlamentarios pidieron el establecimiento de una comisión de investigación en el seno del Congreso de los Diputados para esclarecer el espionaje a los líderes independentistas catalanes. Sin embargo, esa comisión no verá la luz después de que la Junta de Portavoces del Congreso rechazara su creación el pasado martes, gracisa a la negativa del Partido Socialista y de las derechas representadas en la Cámara, el Partido Popular, la ultraderecha de Vox y Ciudadanos. La Comisión que sí ha salido adelante ha sido la Comisión de Secretos Oficiales, que llevaba desde 2018 sin constituirse por el veto que el Partido Popular había establecido sobre algunos partidos independentistas vascos y catalanes. Para ello, la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, tuvo que modificar antes el reglamento, reduciendo la mayoría necesaria para aprobar su constitución y sus participantes de dos tercios del Hemiciclo a una mayoría simple.
El jueves se produjo por fin el encuentro que reunió a la presidenta del Congreso, a los diez diputados elegidos para integrarla (representantes del Partido Socialista, Partido Popular, Vox, Unidas Podemos, Ciudadanos, EH-Bildu, Esquerra Republicana de Catalunya, Partido Nacionalista Vasco, Junts per Catalunya y Candidatura d’Unitat Popular), además de la compareciente, la directora del Centro Nacional de Inteligencia, Paz Esteban.
Esteban informó que 18 personas relacionadas con el independentismo catalán habían sido espiadas por el CNI, entre ellas el actual presidente del Gobierno catalán, Pere Aragonés, cuando era vicepresidente. Además, otras 10 personas fueron espiadas, pero sus nombres aparecían tachados en la documentación que se ofreció a la decena de diputados presentes. Además, la directora de la Inteligencia española ilustró sobre la normativa que rige el organismo que lidera. Según lo expuesto, el CNI decide a quién espiar siguiendo unas pautas recibidas del Gobierno, mientras que un juez del Tribunal Supremo debe aprobar esas operaciones, por lo que las intervenciones de los móviles de los 18 líderes catalanes contaban con aval judicial. Durante todo este periplo un nombre ha estado en el foco de la polémica, el de la ministra de Defensa, Margarita Robles. Muchas son las voces que han pedido su dimisión como máxima responsable del CNI, entre las que se incluyen algunas provenientes del socio minoritario del Gobierno, Unidas Podemos.
Además, Robles ha dado polémicas declaraciones en medio de las suspicacias. Una de las más escandalosas fue aquella en la que cuestionó de manera retórica: “¿qué tiene que hacer un Gobierno cuando alguien declara la independencia?”, dejando traslucir que el espionaje se había producido. Por otro lado, el espionaje a los miembros del Gobierno español apunta a un elemento exterior. Aunque ningún miembro del Ejecutivo de Sánchez se ha atrevido a nombrarlo y hablan de prudencia, los ojos se vuelven hacia Marruecos.
Pegasus infectó los móviles del presidente y de los ministros en mayo del año pasado, en un momento de máxima crisis diplomática entre España y el reino alauí, después de que el primero acogiera por razones humanitarias al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, que apuesta por la autodeterminación e independencia del Sáhara Occidental, territorio sobre el que Marruecos reclama la soberanía. Además, Marruecos ya ha sido señalado en ocasiones anteriores como uno de los clientes de Pegasus, incluso se especuló con que lo hubiera utilizado para espiar a objetivos franceses, incluido el presidente de la República, Emmanuel Macron. Sin embargo, no hay ningún indicio que apunte a que ese país pudiera tener algún interés en vigilar el entorno catalán. Sin embargo, a nivel interno el escándalo y las mayores consecuencias radican en el espionaje llevado a cabo en el ámbito catalán.
Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) ha calificado de mayúsculo escándalo lo sucedido. De hecho, la semana pasada votaron en contra de convalidar en el Congreso el paquete de medidas anticrisis aprobado por el Gobierno para paliar los efectos económicos del conflicto de Ucrania, y de la subida de los precios energéticos, como reacción a la falta de explicaciones por el caso de espionaje. Aunque ese paquete consiguió salir adelante gracias a la suma de EH-Bildu e incluso se barajó la abstención del Partido Popular si hubiera sido necesario, el apoyo de ERC ha sido fundamental hasta la fecha para que el Ejecutivo de Sánchez sacara adelante sus propuestas legislativas. Si el bloque de la investidura se rompe y los apoyos de Sánchez continúan menguando, el presidente podría verse abocado a la convocatoria de elecciones anticipadas a mitad de legislatura, en un escenario que no le es propicio. Mientras que el espionaje a miembros del Gobierno aún no está resuelto, las explicaciones de la directora del CNI sobre el caso catalán tampoco han despejado la mayoría de las incógnitas y un buen número de interrogantes planean sobre la ciudadanía española.
Si el CNI admite que espió a 18 personalidades independentistas catalanes, ¿quién espió a las otras 47 personas hasta llegar a las 65 que denunció Citizen Lab? Las explicaciones de Esteban dejan abiertas hasta cuatro hipótesis: que no ofreciera toda la información de que dispone; que otros organismos del Estado estén haciendo uso del programa espía; que haya fuerzas del Estado descontroladas que operen sin control judicial; y la menos probable de las tres, que el espionaje provenga de otro país. Además, entre la documentación que Esteban entregó a los diez diputados parte de la Comisión de Secreto se encontraban 10 nombres tachados. ¿Quiénes son? ¿Corresponden con algunos de los otros 47 denunciados por el laboratorio canadiense?
Igualmente cabe la duda de si entre esos nombres estarían los de algunas personas que podrían reportar más problemas legales, como es el caso de diputados, eurodiputados o personas residentes en el extranjero, como el propio expresidente de Cataluña, Carles Puigdemont. El actual presidente de Cataluña, Pere Aragonés, fue espiado cuando era vicepresidente y por lo tanto ya se encontraba aforado. En España, para investigar a un aforado hace falta que la Cámara a la que pertenece lo autorice. Se trata de un formalismo porque siempre se aprueba la autorización, pero en este caso no se llevó a cabo. Así que surge la cuestión de si un aforado puede ser investigado, en este caso espiado como sinónimo, sin la aprobación del Parlamento correspondiente, o de si se trataría de una acción ilegal.
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Mayo 8, 2022
Bailarina exótica y espía Mata Hari es ejecutada
Mata Hari, el arquetipo de la seductora espía, es ejecutada por espionaje por un pelotón de fusilamiento francés en Vincennes, a las afueras de París.
[ezcol_1third]Primero llegó a París en 1905 y encontró fama como intérprete de bailes exóticos de inspiración asiática. Pronto comenzó a recorrer toda Europa, contando la historia de cómo nació en un templo sagrado de la India y aprendió danzas antiguas de una sacerdotisa que le dio el nombre de Mata Hari, que significa “ojo del día” en malayo.
En realidad, Mata Hari nació en una pequeña ciudad en el norte de Holanda en 1876, y su verdadero nombre era Margaretha Geertruida Zelle. Adquirió su conocimiento superficial de las danzas indias y javanesas cuando vivió durante varios años en Malasia con su ex esposo, que era escocés en el ejército colonial holandés. Independientemente de su autenticidad, llenó salones de baile y teatros de ópera desde Rusia hasta Francia, principalmente porque su espectáculo consistía en desnudarse lentamente.
Se convirtió en una cortesana famosa, y con el estallido de la Primera Guerra Mundial su catálogo de amantes comenzó a incluir oficiales militares de alto rango de diversas nacionalidades. En febrero de 1917, las autoridades francesas la arrestaron por espionaje y la encarcelaron en la prisión de St. Lazare en París. En un juicio militar realizado en julio, fue acusada de revelar detalles de la nueva arma de los Aliados, que resultó en la muerte de miles de soldados. Fue declarada culpable y condenada a muerte, y el 15 de octubre rechazó una venda en los ojos y un pelotón de fusilamiento le disparó en Vincennes.
Hay alguna evidencia de que Mata Hari actuó como espía alemana y durante un tiempo como doble agente para los franceses, pero los alemanes la habían descartado como una agente ineficaz cuya conversación sobre la almohada había producido poca inteligencia de valor. Su juicio militar estuvo plagado de prejuicios y evidencia circunstancial, y es probable que las autoridades francesas la dibujen como “la mayor espía del siglo” como una distracción por las enormes pérdidas que sufrió el ejército francés en el frente occidental.
[/ezcol_1third] [ezcol_2third_end]“ESTOY LISTA”
Henry Wales fue un periodista británico que cubrió la ejecución. Mata Hari se despierta temprano en la mañana del 15 de octubre. Ella había hecho un llamado directo al presidente francés para pedir clemencia y esperaba con expectación su respuesta:
El primer indicio que recibió de que su petición había sido denegada fue cuando fue conducida al amanecer desde su celda en la prisión de Saint-Lazare a un automóvil en espera y luego se desplazó al cuartel donde la escuadra de fusilamiento la esperaba. El padre Arbaux, acompañado por dos hermanas de caridad, el Capitán Bouchardon, y Maitre Clunet, su abogada, entraron a su celda, donde ella todavía dormía: un sueño tranquilo y sin problemas, lo señalaron los llaves y las personas de confianza. Las hermanas la sacudieron suavemente. Se levantó y le dijeron que había llegado su hora.
¿Puedo escribir dos cartas? fue todo lo que Mata Hari pidió.
El Capitán Bouchardon dio su consentimiento de inmediato y le entregaron bolígrafo, tinta, papel y sobres. Se sentó en el borde de la cama y escribió las cartas con prisa febril. Las entregó a la custodia de su abogada. Se levantó y se vistió culminando con una capa de terciopelo negro. Su abundante cabello negro todavía estaba despeinado. Se puso un gran sombrero de fieltro negro con una cinta de seda negra y un lazo. Lenta e indiferentemente, al parecer, se puso un par de guantes negros. Entonces ella dijo con calma:
‘Estoy lista.’
El automóvil atravesó el corazón de la ciudad dormida. Apenas eran las cinco y media de la mañana y el sol aún no había salido completamente. A través de París, el automóvil giró hacia la Caserne de Vincennes, el cuartel del antiguo fuerte que los alemanes asaltaron en 1870. Las tropas ya estaban preparadas para la ejecución. Los doce Zouaves, formando el pelotón de fusilamiento, se pusieron en línea, con sus rifles preparados. Un suboficial estaba de pie detrás de ellos, con la espada desenvainada.
Mientras el padre Arbaux hablaba con la mujer condenada, un oficial francés se acercó con un paño blanco.
“La venda de los ojos”, susurró a las monjas que estaban allí y se las entregó.
¿Debo usar eso? preguntó Mata Hari, volviéndose hacia su abogado, mientras sus ojos vislumbraban la venda de los ojos.
Maitre Clunet se volvió interrogativamente hacia el oficial francés.
“Si Madame prefiere no, no hay diferencia”, respondió el oficial, alejándose apresuradamente.
Mata Hari no estaba atada y no le vendaron los ojos. Se quedó mirando fijamente a sus verdugos, cuando el sacerdote, las monjas y su abogado se alejaron de ella.
El suboficial a cargo se había movido a una posición donde desde el rabillo del ojo podían verlo. Su espada se extendió en el aire.
Ante la orden, Mata Hari cayó.
Durante una fracción de segundo pareció que ella se tambaleaba allí, de rodillas, mirando directamente a quienes le habían quitado la vida. Luego cayó hacia atrás, doblando la cintura, con las piernas dobladas debajo de ella. Estaba tendida, inmóvil, con la cara vuelta hacia el cielo.
Un suboficial, que acompañaba a un teniente, sacó su revólver e inclinándose sobre Mata Hari, colocó su arma contra la sien izquierda de la espía. Apretó el gatillo y la bala atravesó el cerebro de la mujer.
Ahora sí, Mata Hari había muerto.
GRETA GARBO MATA HARI CON RAMON NOVARRO
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Octubre 15, 2019