UN PAÍS GRANDE, UNA DECADENCIA MUY PROLONGADA

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¿Querrá el conjunto del pueblo argentino, cambiar? ahí  esta el nudo gordiano a desatar y se necesitarán manos habilidosas y paciencia para esa empresa.

Podemos acotar, “que le ha quedado por decir a La Nación, como fue y se hizo grande el país en el período inmediatamente anterior al del achicamiento nacional”

Continuará con: “Como fue que se hizo grande el país”

Patricio Anderson

          UN PAÍS GRANDE, UNA DECADENCIA MUY PROLONGADA

La Nación – 20 de octubre de 2021

Con comentarios del transcriptor de la nota

Con sus 2,78 millones de Km. Cuadrados, la Argentina ocupa el octavo lugar en el mundo por su extensión. Un territorio con extensas y fértiles praderas, recursos mineros, hidrocarburos, agua y un sinfín de bellezas naturales. Para alcanzar esta superficie, deberían sumarse las de 16 países europeos. La visión se oscurece cuando se compara el tamaño de las economías. Si en el listado incluyéramos a alguno de los 16 países europeos más ricos que podría contener el territorio argentino – entre ellos Alemania y Gran Bretaña – alojaríamos una población de 413 millones con un ingreso medio por habitante de 44.500 dólares, fruto del producto bruto total de 18,4 billones de dólares. El ingreso por habitante en la Argentina es de apenas 10.340 dólares con un producto bruto de 0,45 billones. El contrapunto pone en evidencia la escasa población argentina y el insuficiente desarrollo alcanzado. Duele reconocer que, un siglo atrás el ingreso por habitante de la Argentina era superior al de casi todos aquellos países europeos.

El inicio de la decadencia relativa de la Argentina en el concierto mundial se ubica claramente en la década del cuarenta. Su neutralidad en la Segunda Guerra, le permitió incluso, beneficiarse económicamente, a diferencia de las naciones intervinientes. Luego del golpe de estado del 4 de junio de 1943, las nuevas autoridades pudieron metafóricamente afirmar “que no se podía caminar por los pasillos del Banco Central, debido a los lingotes de oro acumulados”.

El populismo hizo así, su entrada en la Argentina. La escalada que encaramó al poder a Juan Domingo Perón, encontró una palanca en el manejo de una política laboral con ampliar y generar onerosas concesiones para los trabajadores. Luego de asumir la presidencia, desarrolló un programa intervencionista, estatista y proteccionista. Creó el Partido Peronista con una estructura corporativa al estilo fascista de Benito Mussolini, a quién perón había conocido y admirado. La independencia de poderes se esfumó.

El 1948, la Unión Cívica Radical, modificó su plataforma, adaptándola a la Declaración de Avellaneda de 1945. Impuso un viraje hacia un mayor estatismo e intervencionismo, intentando competir con los postulados del peronismo. El Partido Socialista, por su lado, abandonó la defensa de la austeridad fiscal y el valor de la moneda, exaltadas por Juan B. Justo, para inclinarse en la dirección de los malos vientos peronistas. (Lo dijo el creador del Movimiento “son todos Peronistas” N. del transcriptor).

Se selló así, la imposibilidad de aprovechar una alternancia hacia las políticas económicas competitivas que hicieron crecer a los países capitalistas que quedaron fuera de la cortina de hierro. Durante más de siete décadas, con muy escasas excepciones, se estatizaron los servicios públicos (curiosamente la gente de izquierda y no tanto, acusan a los gobiernos de facto, de Privatistas, cuando fueron éstos, los que mayor estatismo acumularon en su períodos de gobierno; pero los gobiernos que se sucedieron desde 1983 a la fecha, no le fueron en saga. N. del transcriptor) se alentaron el proteccionismo y una legislación laboral asimétrica, las regulaciones excesivas y el aumento injustificado del gasto público. En ese marco se desarrolló una contraparte empresaria cortesana y resistente a cambiar un sistema al que le encontró la vuelta para lograr su propio beneficio. La inflación no se hizo esperar y hoy, la Argentina tiene el récord de prolongada duración del triste fenómeno. Tampoco se hizo esperar la nefasta corrupción, promovida en el caldo de cultivo del intervencionismo (sin el cual varios empresarios no hubiesen sobrevivido hasta el presente, con pingües ganancias. N. del transcriptor)

Nos han inculcado, desde niños, que la Argentina cuenta con recursos naturales abundantes y una población educada y que, por lo tanto, su destino no sería otro que uno de grandeza. Menos épico es afirmar que Dios nos dio un magnífico país y que para contrarrestar, lo pobló de incorregibles argentinos. Las preferencias electorales reveladas en las primarias de agosto pasado podrían anticipar un cambio (pero solamente a nivel Congreso, y acabamos de verlo en las generales, que muy poco puedan ejecutar un cambio, ya que el mando institucional del país, seguirá en las mismas manos, incluso en lo económico. N. del transcriptor).

La conformación de la coalición que triunfó sobre el oficialismo muestra una mayor aproximación de sus integrantes a ideas más modernas, aunque el radicalismo se resista inexplicablemente a abandonar la anacrónica Internacional Socialista (aunque se parecen en mucho al peronismo. N del T.). La eventualidad de una nueva crisis financiera, acompañada de alta inflación, obliga a recapacitar a quienes todavía promueven el sistema que nos trajo a esta decadencia. Deberían mirar el mundo y observar las políticas aplicadas por los países exitosos. También deberían comprobar que dentro de nuestro fracaso ha habido excepciones, mayormente acotadas a sectores que permanecieron en marcos competitivos (Pero si no se reforma el sistema sindical, una larga historia de frenos a la producción e intervencionismo en las empresas de producción a más, los negocios de los popes sindicales, harán imposible cualquier intento de reforma y progreso. N del T.)

Tal el caso del campo, que supo introducir tecnologías de avanzada, multiplicando su producción a pesar del castigo y la asfixia impositiva al que ha sido sometido. Otro es el sector de la llamada economía del conocimiento que continúa generando unicornios de expansión y de exportación, ubicándonos muy por encima del resto de los países de la región en este terreno.

Entrampados en una larga historia de decadencia, aceptar el desafío de revertirla, supone trabajar para reubicarnos entre los países que atraen inversiones e inmigrantes, dejando atrás las comprobadamente fracasadas políticas que expulsan capitales y a las jóvenes generaciones.

LA NACION

 


PrisioneroEnArgentina.com

Noviembre 22, 2021


 

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