CAMARADAS -Tercera Parte-

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Por Carlos Españadero.

 

 

Señor Comisario Mayor Hugo A. Vaccarezza:
Hay muchas maneras de servir a la Patria. En la mayoría de las oportunidades, se nos presentan sin nosotros haberlo deseado o buscado. Y es que la Patria nos exige, más en esos casos, que demostremos nuestro amor hacia ella, viviendo las circunstancias que nos presenta. Hoy; quienes estamos castigados por delitos que no cometimos, seguimos sirviéndola, sin averiguar mucho si existen causas para ello, y sufriendo la peor condición que se le puede imponer a un patriota, como son el oprobio, el agravio, las difamación y la injurias de su pueblo y mirando a nuestras instituciones y camaradas que se encuentran beneficiados por sus legítimos derechos muchas veces pensando ¿Porque a mí?
No me alarma que el pueblo se manifieste de esa manera. Es un conjunto humano, fundamentalmente emotivo, que los lleva a vernos como secuestradores, torturadores, asesinos, violadores, apropiadores de bebés, “desaparecedores” y cuantas mayores palabras crueles les vengan a la memoria.
Pero me resulta extremadamente doloroso, percibirlo en alguien que pertenece a nuestras instituciones, y se llama camarada.
Calculo que Ud. vivió la trágica guerra civil que asoló nuestro país. Y sabe tanto como yo, que en todo grupo humano, existen seres humanos de todas las calificaciones que se puedan asignar. Desde místicos patriotas a execrables individuos, merecedores de nuestro máximo repudio.
Sin embargo, pienso que es muy difícil que un camarada que haya llegado al penúltimo grado de la jerarquía policial, ignore que la venganza del extremismo terrorista apuntó a nuestras instituciones y no a autores de esos actos repudiables.
A la vez, yo tuve oportunidad – que Ud. no tuvo – de estar en la cárcel tres veces, por la misma causa  y conocer a algunos de los autores que los “medios” publicitan. Y quizás de muchos de ellos, se debería hacer un análisis comprensivo de los momentos que vivieron, del lugar donde estuvieron, y de las exigencias abusivas a las que estuvieron sometidos. Y más que todo de la perversa manipulación a que con autoridad de “vida o muerte” le impuso una conducción política totalitaria.
Es seguro que veríamos en los miembros de la Policía y del Ejército que seguramente la motivación central de sus resoluciones se inspiraron en la alevosía con que el terrorismo arrasaba con nuestra nación.  No equivocaron al enemigo. Equivocaron los modos. Y esto de por sí es muy grave.
Seguramente habría numerosas explicaciones que se podrían dar. Algunas dolorosas, porque reflejan el egoísmo que nuestras instituciones estimulan con la impunidad, en sus integrantes,  para en muchos y lamentables casos convertirlos en secuestradores, torturadores, y todos los otros calificativos que enuncié en el segundo párrafo.
Aceptemos que el pueblo no lo sepa, lamentemos la poca catadura moral de los enemigos, que no solo incentiva el odio contra todos nosotros, sino que también impunemente se burla del Derecho, emplea jueces y fiscales prevaricadores, para satisfacer sus ansias de venganza y humillación
Esto me permite entender lo que el pueblo piense, que lo lleva a reconocer en cada uno de nosotros un perverso asesino en potencia, que busca afanosamente el momento y lugar para desatar sus pasiones.
Lo comprendo en el enemigo, que solo sabe odiar, y usando su poder lo vuelca contra nosotros.
Pero me resulta tremendamente doloroso, cuando un “par” nuestro asume la emotividad de nuestro pueblo o peor el odio de nuestros enemigos, para pretender sumarse a quienes nos pone a prueba buscando nuestro derrumbe y el de nuestros seres queridos.
Usted y yo sabemos que, en ese duro momento de la vida patria, los que violaron normas humanas sobre un prisionero, no han sido la mayoría. Y existían leyes para contenerlos e incluso sancionarlos. Muy por el contrario fueron activos y “seleccionados” por una superioridad que como nuestros enemigos, quiso arrastrarnos a nuestra propia destrucción, que es esencialmente moral. Y se preocuparon en no dejar huella de sus perversiones. Ante esto, los enemigos centraron en quienes actuamos a la luz pública, con decisión, convencimiento y energía, para combatir de la manera que impone la guerra.
Hoy hay unos 2000 entre condenados y procesados. Muchos no logran salir de su asombro. Muchos quebrados por distintos motivos, entre los cuales la edad no falta, se refugian en el amor de su entorno, y sufre muy dolorosamente la ausencia de sus camaradas.
Y esto hace más cruel su misiva de crítica hacia los argumentos del comisario mayor; como Ud.
Si bien durante mi vida he estado afectivamente muy cerca de mis apreciados “patas negras”, como el haber sido profesor de subcomisarios en la Escuela Superior de Policía, incluso de haber dado varias charlas en DIGBA, y haber organizado un curso en la casa de la Provincia de Buenos Aires durante un año, para oficiales recién egresados en forma gratuita y sin perjuicio de mis complicadas funciones en el Batallón de Inteligencia 601. Recuerdo los avatares de cumplir esta obligación, donde era el único profesor para dar todas las materias, sin posibilidad de reemplazo.
Pero todo esto, es solo para que nos conozcamos. En el orden personal, no soy afecto a tener amigos. Soy muy exigente, y me eduqué en la idea de no exigir lo que no puedo cumplir.
Al comisario mayor Claudio Kussman, lo conocí en la cárcel de Ezeiza, por lo cual usted me debe igualar con los narcotraficantes porque somos condenados por la “Justicia”. Mi simpatía inicial fue producto de mi afinidad con los “patas negras”. Pero a poco de andar conocí la dimensión personal de Kussman, que primero me asombró, y luego me inclinó a correr el riesgo de ser su amigo. Y no me arrepiento. Explicado esto, paso a sus comentarios: Ud. dice:
“Entiendo la vehemencia de Kussman frente a las adversidades que le toca enfrentar. Aclaro que en actividad fuimos contemporáneos y aunque nunca trabajamos juntos, guardo de él las mejores referencias en el ejercicio de la profesión.”
 Esté tranquilo las referencias si son como pienso, reflejan a su personalidad.
Me permito disentir y dudar de algunos pasajes de su exposición.
Me parece bien. Es su derecho. Y estoy seguro que Kussman piensa así.
En primer lugar, pienso que los hijos de uniformados o ex uniformados presos por delitos de lesa humanidad, no necesariamente son o fueron cooptados – se entiende que por sectores de la izquierda revolucionaria- para volverse en contra de ellos; sus padres. Puede ocurrir que siempre pensaron así y al alcanzar la adultez y cierta independencia económica y política, lo hacen público. Hay un patrón de singular importancia en la niñez y la adolescencia de esos hijos cuyos padres priorizaron el compromiso militar o policial en detrimento del compromiso familiar. Padres ausentes al fin, porque la madre suplía esa deficiencia. ¿Quién puede asegurar que esa ausencia no fue lo que provocó ese sentimiento de rechazo a todo lo que tenga que ver con la imposibilidad de construir afecto e interacción familiar, que ahora visibilizan con toda crudeza? Al fin de cuentas, confiesan que se sienten más acompañados hoy que antes, y no son pocos.
Supongo que Ud. extiende este concepto a toda la Policía y el Ejército. Con esto nuestra irregular situación deja de serlo. En realidad Kussman se refiere a nosotros, los presos políticos. Le recuerdo lo afirmado por él.
¿Que nos pasó? Estamos siendo sometidos a la estigmatización, destrucción, desmoralización, y aniquilamiento más cruel y artero de la historia. Nuestras esposas enferman y mueren. Los hijos son cooptados volviéndose los enemigos más crueles que pueda tener un ser viviente, lo cual no es mi caso. Hoy exitosa e inteligentemente, se lleva a cabo con nosotros una siniestra, maquiavélica e injusta acción, más peligrosa y continua que cualquier enfrenamiento armado o guerra que haya habido en este territorio llamado Argentina. “Nos usaron para enfrentarnos con toda la sociedad” como bien expresaran, a su nivel, los dignos y visionarios ruralistas.
  Le agrego algunos detalles: Ya he estado en la cárcel 3 veces (6 meses cada vez) a pesar de ser un ochentón. He visto muchos hijos que vienen a visitar a sus padres, La amargura, dolor y angustia que expresan no me hace pensar que sus padres no le dieron todo lo que debían. Kussman se refiere a hijos que se han manifestado en contra de sus padres públicamente, que según mis cuentas no llegan a más de 5/6. O a otra cantidad similar de hijos que las exigencias de sus vidas y las exigencias carcelarias no pueden ser compatibilizadas. Me imagino que un profesional como Ud. debe saber que para ingresar y salir de la cárcel, el visitante es requisado, Y que esto hasta permite desnudar al mismo para revisar sus partes íntimas. Y aunque sé que para Ud. esto lo realiza una persona del mismo sexo, existen algunas que podría llamar “marimachos”. ¿Esto lo puede comprender? ¿Le parece bien que si usted, estuviera en nuestro lugar, su hija, quizás adolescente sea requisada? Y le aseguro que esta actividad es ordenada por la “superioridad” (juez, ministro, congreso, PEN, director de la cárcel, o nadie, etc.). Claro que si para usted, somos iguales que los policías narcotraficantes, podemos tener algo que ver con las drogas.
  Para sacarle las dudas, le informo que Kussman tiene un solo hijo y una esposa que es una heroína luchando por la causa de su marido. El hijo lo ama a su padre, pero no solo por esto, sino por la dignidad, la virilidad y su inclaudicable decisión de luchar contra la injusticia que sufre hasta su muerte. usted, sabrá seguramente que el comisario mayor Kussman logró la prisión domiciliaria (que se la pueden cambiar en cualquier momento) luego de casi 36 días de huelga de hambre? ¿Ud. me imagino habrá hechos cosas semejantes, a lo largo de su vida? Realmente lo envidio, porque a mí me cuesta ir en ayunas a sacarme sangre.
  Siguiendo su ordenada exposición usted, dice: En segundo término, dice Kussman, que “nos usaron para enfrentarnos con toda la sociedad”. ¿Por quienes se sintieron usados? No me queda claro.
  Posiblemente Ud. vive – y lo felicito – alejado del país donde vive. Me imagino que nunca escuchó un discurso de Hebe de Bonafini, o de Carlotto, o de la propia Cristina cuando era presidente. Habrá tenido oportunidad de escuchar la afirmación de estas “que se pudran en la cárcel”. O que si bien la ley autoriza a los 70 años a ser enviado a prisión domiciliaria, para nosotros esto es muy difícil de lograr. Quizás no tuvo oportunidad de escuchar por TV, los dimes y diretes referidos al 2×1. Y pensará que lo que dicen de nosotros es tan cierto que lo merecemos más que los policías narcotraficantes o los corruptos. O aquellos que disfrutan  de suntuosas propiedades y esplendidas vidas respaldadas por el producto de sus “capacidades de ahorro de sus modestos sueldos” o de “sus geniales empresas atendidas diligentemente cuando se encontraban en actividad, quitando “un poco” de tiempo y capacitación para prevenir la seguridad de sus conciudadanos.
   Señor comisario mayor: me parece una enormidad suponer que Ud. no sabe que los presos políticos han sido enfrentados con la sociedad.  Yo le sugiero humildemente que se trate de informar.
Razona lo siguiente: En tercer lugar la muerte no tiene lógica, de modo que no somos ancianos porque estemos más próximos a ella. Insisto que la muerte no discrimina por edad, ancianos o jóvenes, niños o adolescentes. Solo se es anciano por los hábitos de vida, la edad es una circunstancia biológica que nos permite solo el hecho de haber cumplido y seguir cumpliendo más años de existencia que otros.
  Esta afirmación me impresiona. En realidad Kussman lo dice antes que Ud. Se lo agrego: “Quienes de afuera nos quieren ayudar nos dicen ancianos. Demostremos que solo lo somos por estar próximos a la muerte. Que interiormente todavía fluye sangre de la buena, y que también podemos producir hormona de adrenalina, como en el pasado. Los actos heroicos, si realmente se llevaron a cabo, ya fueron, fenecieron. Quien supo dominar el miedo, tiene la obligación de seguir haciéndolo hasta el último día de su vida. El valor de verdad, se lleva adentro de siempre y para siempre. Solo es una condición que se tiene o no se tiene. Demostrémoslo.
  Kussman habla de los que nos quieren descalificar tratándonos “como ancianos”. Y nota con pena, que algunos de nosotros no estamos luchando contra el oprobio y la injusticia, No creo sea difícil de comprender.
 Sigue Ud.;  Cuarto, el miedo es un estado, un sentimiento natural de preservación frente al peligro de una amenaza real o imaginaria; tener miedos nos puede salvar la vida. No me parece atinado tratar de reprimir el miedo, entendido como la ruptura del freno inhibitorio. Si de acciones reivindicativas se trata, lo más lógico sería hablar de tener alto el umbral de la autoestima, y aquí si, el valor de la autoestima se lleva siempre hasta el último día de la vida como nos propone el opinante.
  Comparto con usted, que el miedo es una saludable indicación para preservarnos del peligro. Pero curiosamente si uno es policía es un recalcitrante desobediente de esta indicación. ¿Usted se imagina un policía que tiene miedo antes de iniciar un allanamiento a una casa sospechada de hallarse en ella asesinos decididos a luchar a muerte? Por algo sostengo que la valentía es cuando se siente miedo y se lo supera por una decisión firme de la voluntad. En cuanto a “las acciones reivindicativas” no creo sea el caso. ¿O será reivindicación pretender ser juzgado a derecho, según la Constitución Nacional y las leyes? No creo que usted, piense que muchos de los que estamos en esta situación “somos represores, torturadores, secuestradores, ladrones, violadores o “desaparecedores”. Estamos por ser militar en mi caso y policía en el caso de Kussman. Usted hoy podría estar entre nosotros, porque en principio tiene la misma situación de Kussman.
 Fíjese las paradojas de esta situación: a Kussman cuando sospecharon de él, se presentó espontáneamente y teniendo su vida resuelta en EEUU, se quedó para que la “Justicia” lo juzgara. No hicieron nada y tres años después lo enviaron a la cárcel donde permanece sin haber cambiado su situación de “supuesto” delincuente de lesa humanidad.
  Le hago un comentario. Mientras estuvo en libertad, Kussman iba a visitar a sus camaradas de “lesa” en la cárcel, y se indignaba cuando veía a un agente de policía de Monte Grande que no hizo nada viviendo en prisión desde hace unos 4 años. A mi juicio eso es camaradería. No se confunde con solidaridad con un delincuente, sino con un policía modesto inocente, que vivía penosamente el “vía crucis” que le tocaba vivir. Seguro que usted, disfrutando de su libertad no cuestionada, debe estar visitando a camaradas que están imputados del mismo delito que podría estar sufriendo Ud.; ser de “lesa” por ser policía.
 Pero remata su opinión con la siguiente: Quinto, ¿fueron las autoridades gubernamentales o los jueces quienes dispusieron compartir prisión con los policías narcos? Si fue el gobierno es una intromisión inaceptable en otro poder del Estado como el Judicial. Si por el contrario fue éste, está dentro de su competencia elegir el lugar de detención, que supongo ha sido por cuestiones de seguridad. ¿Para quién o que sector es indigna esa convivencia obligatoria?; es necesario aclararlo, porque ellos, los policías o ex policías narcos, pueden pensar lo mismo de los presos por delitos de lesa humanidad, bajo el supuesto que son corruptos en el negocio de la droga que los enriqueció, pero no mataron, no torturaron, no desaparecieron a nadie ni se apropiaron de bebés, ni obligaron por medio de una coacción irresistible a nadie, a ser parte de un plan criminal.
  ¿Ud. cree que puede haber razones de seguridad para que personas mayores de 70 años, sin apoyo de ninguna naturaleza, sean capaces de poner en riesgo la seguridad de una cárcel del silo XXI? ¿Y en esto igualar a policías narcotraficantes, de unos 30 años, muchos de los cuales ya vienen en sus alforjas delitos cruentos?
Pero lo lastimoso es que crea que los de “lesa” de hoy son los verdaderos delincuentes de lesa. Los que han matado, torturado, secuestrado; fueron “desaparecedores”, se apropiaron de bebés, u obligaron por una coacción irresistible a ser parte de un plan criminal.
Si su deseo de ser camarada, lo hubiera llevado a conocer el tema de los presos políticos, hubiera descubierto que los presos de hoy, son personas ajenas a esta caracterización, pero que se ha necesitado ensuciar por los autores de este nuevo plan criminal´. Y no solo hay razones políticas sino también económicas.
Sexto, para finalizar, más allá de la proclama de nuestro camarada, me gustaría saber ¿qué significa decir “BASTA”!!!
“BASTA” quiere decir: Basta de difamar, calumniar, humillar, inventar acusaciones e imputaciones sobre personas que si bien son policías como en este caso, no son los autores de lo que se dice. Que no haya una escuela de testigos donde se le enseña a éstos a declarar de forma de lograr que la justicia suponga (“como Ud. también”)  tomando la suposición como prueba. Que se cumpla la Constitución Nacional, como el artículo 18, o el Pacto de San José de Costa Rica  como el artículo 8, 9 y 11, o la ley argentina sobre el Estatuto de Roma, en su artículo 13. Como verá nuestro “BASTA” no es violento, ni reivindicativo.
Como se dice a los jueces me despido: Dios guarde a Ud. Será justicia. Carlos Españadero, condenado a prisión perpetua sin haber cometido ningún crimen, por un gobierno vengativo.

 

 

My. (RE) Carlos Antonio Españadero. Argentino, nacido en 1931, militar, técnico de inteligencia, dedicó sus estudios a la inteligencia estratégica, la estrategia, la seguridad y el contraterrorismo. Se desempeñó como profesor de Inteligencia, en la Escuela Superior de Policía de la Provincia de Buenos Aires; en la Academia Superior de Estudios Penitenciarios y en la Escuela de Inteligencia de la Fuerza Aérea. Fue profesor de geopolítica, en la Universidad Nacional de Mar del Plata (Bs.As.), Departamento de Geografía, y profesor de Antropogeografía y geografía histórica en el CONSUDEC (Consejo Superior de Educación Católica), Departamento de Historia. En 1980, produjo dos trabajos para el departamento doctrina de la Jefatura II – Inteligencia del EMGE del Ejército Argentino, titulados: “Experiencias y enseñanzas de los ataques terroristas a los cuarteles” y “Experiencias y enseñanzas de los homicidios cometidos por los terroristas”. Posteriormente, continuó perfeccionando sus teorías sobre el terrorismo, los sistemas de seguridad, la conducción y la filosofía de las ciencias. En el 2001, publicó un trabajo confeccionado en equipo con el Dr. Eduardo Jorge Parisi (actualmente en Italia): Seguridad contraterrorista. Tiene en preparación varios trabajos más, próximos a su publicación.

 


PrisioneroEnArgentina.com

Julio 29, 2017


 

CAMARADAS – SEGUNDA PARTE

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LOS DISENTIMIENTOS Y DUDAS DEL COMISARIO MAYOR HUGO VACCAREZZA

SOBRE LO EXPRESADO POR EL CAMARADA CLAUDIO KUSSMAN.

LAS RESPUESTAS

 

CAMARADAS

USTED DICE: Entiendo la vehemencia de Kussman frente a las adversidades que le toca enfrentar. Aclaro que en actividad fuimos contemporáneos y aunque nunca trabajamos juntos, guardo de él las mejores referencias en el ejercicio de la profesión.                                                                                                       
Me permito disentir y dudar de algunos pasajes de su exposición.
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YO LE RESPONDO: Respetable  Vaccarezza, creo que no somos lo que se dice camaradas. Primero, porque yo estoy en un mundo paralelo muy lejos del suyo  junto con otros policías y miembros de diferentes fuerzas, al que imagino nunca llegó de visita, y segundo porque de serlo no tendría dudas sobre mis afirmaciones. Si veo lógico, que disienta porque no vivió, ni vio todo lo que ocurre con quienes estamos imputados por los mal llamados delitos de lesa humanidad. Principalmente con las aberraciones y abusos jurídicos que se cometen, como prisiones preventivas rigurosas e ilegales de 6, 8 o 10 años. ¿Un ejemplo? Un señor, Sánchez Reisse, había cumplido condena en la década del 80. Mediando la “década ganada” lo volvieron a detener por el mismo delito y luego de 6 años de prisión preventiva, en la cárcel,  llegó al juicio. Salió en libertad a la hora de iniciado el mismo ya que era muy burdo juzgarlo por el mismo hecho, por segunda vez. Murió un par de meses después, de cáncer no atendido en prisión. Yo he denunciado, presentado Habeas Corpus, sacado solicitadas, enviado más de 1270 cartas a legisladores, políticos, periodistas, iglesia católica (69 al Papa) y la respuesta fue, cero. Silencio total.  No diré que todos los prisioneros son inocentes, pero no todos son culpables y el que lo sea no merece estos abusos inhumanos, si es que de verdad estamos en democracia. Debo decir que percibo en sus dudas y opiniones, ciertas similitudes al pensamiento de los togados y fiscales militantes que actúan como verdugos asesinos, con nosotros y nuestras respectivas familias. También se da el parecido con el razonamiento de generales genuflexos como Martín Balza, Roberto Bendini (baja cuadros), quien siendo Jefe del Ejército expresó que las detenciones que se iniciarían a partir del 2003  “Era problema del Presidente (Néstor K) y de la justicia”.  Por supuesto el inefable César Santos Gerardo del Corazón de Jesús Milani  que a su apreciada señora  Bonafini le dijera: “No me preocupan los que están presos, me preocupan los que no están presos”.
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DE SU PROPIA SANGRE

USTED DICE: En primer lugar, pienso que los hijos de uniformados o ex uniformados presos por delitos de lesa humanidad, no necesariamente son o fueron coptados – se entiende que por sectores de la izquierda revolucionaria- para volverse en contra de ellos; sus padres. Puede ocurrir que siempre pensaron así y al alcanzar la adultez y cierta independencia económica y política, lo hacen público. Hay un patrón de singular importancia en la niñez y la adolescencia de esos hijos cuyos padres priorizaron el compromiso militar o policial en detrimento del compromiso familiar. Padres ausentes al fin, porque la madre suplía esa deficiencia. ¿Quién puede asegurar que esa ausencia no fue lo que provocó ese sentimiento de rechazo a todo lo que tenga que ver con la imposibilidad de construir afecto e interacción familiar, que ahora visibilizan con toda crudeza? Al fin de cuentas, confiesan que se sienten más acompañados hoy que antes, y no son pocos.
YO LE RESPONDO: La acción psicológica y la cooptación de todo tipo existieron y existen. Aclarando que no me interesan las ideologías de ninguna índole como así tampoco la política, deténgase a analizar lo siguiente. Los hijos de grandes asesinos terroristas, que mataron hombres, mujeres y niños, siguen diciendo que sus padres fueron “jóvenes idealistas”. Que lucharon por la democracia a pesar de haber sembrado el terror,   también en democracia. Mientras de este lado algunos hijos repiten proclamas partidarias y consignas totalmente radicalizadas, en forma pública. Son parte del relato, y entonces los “desaparecidos” son 30.000.  Pongo la condición de “desaparecidos” entre comillas ya que muchos de los reales casi 8.000 murieron en enfrentamientos y hasta por  detonación de las bombas que manipulaban. En sus mentes tampoco cuentan ni existieron las víctimas del terrorismo. Lo invito a ingresar a http://www.infobae.com/sociedad/2017/05/12/habla-la-hija-del-represor-miguel-etchecolatz-mi-padre-es-un-genocida-un-ser-infame-y-malvado/  donde verá el drama de la familia Etchecolatz, cuyo emblemático apellido es  conocido por todos no? Luego visite en nuestra página https://prisioneroenargentina.com/index.php/2017/05/16/carta-a-mariana-etchecolatz/ y aparte de leer, vea las fotos familiares que agregamos. No dudo de las ausencias que todos por función en mayor o menor medida fuimos responsables y algunos no pudieron o supieron  manejar. Pese a ello nada justifica frases y actitudes tan extremas de un ser humano para alguien de su propia sangre. Más si esa persona por edad y circunstancias está caída. Diría que es poco noble. Aclaro que hubiera preferido la no  existencia de  muertos de ningún tipo. Amo la vida en todas sus formas.

 

¿QUIENES USARON A QUIEN?

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USTED DICE: En segundo término dice Kussman, que “nos usaron para enfrentarnos con toda la sociedad”. ¿Por quienes se sintieron usados? No me queda claro.

 

YO LE RESPONDO: Si bien en la nota estoy repitiendo las expresiones de los miembros de la Sociedad Rural, igual traigo la frase al terreno que nos ocupa. Así debo decir que todos  usamos a todos y siendo usted policía me llama la atención su duda. Cada gobierno lo hizo y lo hace con las diferentes policías. ¿No le parece que siempre tanto ayer como hoy no es igual? Cuando digo cada gobierno me refiero a civiles y militares. El hombre policía está en la línea de fuego y a veces muere, mientras quien gobierna lo denuesta.   A su vez nosotros usamos a los subalternos con diferentes grados de ética, etc. Quizás sea la ley de la vida. Fíjese que habiendo ocurrido lo que ocurrió en los 70, ¿quiénes son en mayoría absoluta, los que están presos y muriendo en prisión?  Allí hay vigilantes recién ingresados a la policía al momento de los hechos que los imputa.  También suboficiales de fuerzas  armadas y de seguridad. Allí no están ni Isabel Martinez (indemnizada por Menem con más de 8.000.000 de dólares) ni Carlos Ruckauf, el de meterle balas a los delincuentes,  ambos sobrevivientes y firmantes de funestos decretos. No hay políticos, empresarios, sindicalistas, miembros del poder judicial, curas (en estos 2 últimos casos solo excepciones al “barrer”) ni ex uniformados que se prestaron al juego de fiscales militantes. En mi caso el Comisario Inspector ATILIO ROSAS, segundo jefe Regional de Bahía Blanca y también jefe regional en los años 70, a mi parecer verdadera escoria humana. Para su ilustración no deje de visitar: https://prisioneroenargentina.com/index.php/2017/05/12/alien/ . Tampoco hay terroristas, estos que en el pasado nos mataban a mansalva,  por el contrario, están bien indemnizados, y muchos ocupan cargos gubernamentales. Hasta en algunos casos los miembros de nuestras fuerzas, que no nos reconocen, les rinden obsecuentes honores. ¿Dos nombres? Nilda Garré y Patricia  Bullrich, por ejemplo. Cuando los políticos y la sociedad aterrada por lo que ocurría, clamó para que los militares combatieran el flagelo de la subversión, ¿para que lo hizo si no quería violencia? Hubieran llamado a los bomberos o al Ejército de Salvación. Las fuerzas armadas, son fuerzas letales. En estado de guerra mata o muere y no seamos ingenuos al respecto, ¿no? En esos casos el desborde más cruel, también se da. En algunas oportunidades la fiera que el ser humano sometido al miedo y el estrés,  lleva adentro, se escapa y ocurre lo peor. Desde el principios de los tiempos, pasando por  José de San Martín para acá y en todas las luchas armadas de la historia del mundo. La vida real no es una película con música de fondo. Desde ya eso no le interesará  nunca a los “illuminatis” que con sus posaderas están apoltronados en cómodos despachos gubernamentales, descansados, con tiempo para tomar decisiones,  lindas secretarias, aire acondicionado y rodeados de obsecuentes a diestra y siniestra.  ¿Nosotros como policías hemos sido espectadores “privilegiados” en todas las épocas, de lo peor y lo mejor de los mortales no es verdad?
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Jorge Atilio Rosas
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LOS ANCIANOS

USTED DICE: En tercer lugar la muerte no tiene lógica, de modo que no somos ancianos porque estemos más próximos a ella. Insisto que la muerte no discrimina por edad, ancianos o jóvenes, niños o adolescentes. Solo se es anciano por los hábitos de vida, la edad es una circunstancia biológica que nos permite solo el hecho de haber cumplido y seguir cumpliendo más años de existencia que otros.

 

YO LE RESPONDO: Más allá de todo pensamiento filosófico sobre la muerte yo solo tomé lo que dice el diccionario de la lengua española: ANCIANO: “Que tiene una edad avanzada y está en el último período de la vida, que sigue a la madurez”. Por algo la ley prevé el arresto domiciliario para mayores de 70 años, lo cual no se aplica con nosotros si no se tiene enfermedad grave y aún así no pocos siguen en prisión, sometidos al estrés ambiental hasta la muerte.

 

LOS MIEDOS

USTED DICE: Cuarto, el miedo es un estado, un sentimiento natural de preservación frente al peligro de una amenaza real o imaginaria; tener miedos nos puede salvar la vida. No me parece atinado tratar de reprimir el miedo, entendido como la ruptura del freno inhibitorio. Si de acciones reivindicativas se trata, lo más lógico sería hablar de tener alto el umbral de la autoestima, y aquí si, el valor de la autoestima se lleva siempre hasta el último día de la vida como nos propone el opinante.

 

YO LE RESPONDO: Si nosotros o cualquier uniformado, como militar o policía  no está en capacidad de dominar su miedo, hubiera ingresado a trabajar en un banco y no a este tipo de instituciones. En lo personal me gustan las conductas dignas, francas y nobles. Si por miedo abandono a mi personal, camarada, víctima de un hecho delictuoso, etc.,  mejor me hago un corte en la entrepierna, (verá que mantengo un vocabulario de salón). Acá  domina el miedo al por mayor a nivel humano e institucional. Tres años antes de ser detenido, visité y ayudé a prisioneros compañeros nuestros. Conseguir fondos para ellos o que fueran a visitarlos resultó una lucha difícil. Hablé con Ustedes (APROPOBA), el Circulo Policial filial Vicente López e inclusive viajé a la ciudad de La Plata donde entrevisté al presidente del Circulo Policial Central, Comisario General Cayetano Mónaco, en todos los casos sin éxito alguno.   Solo conseguí aportes económicos de 7 policías,  verdaderos amigos y hombres de bien. Aclaro que esto era para terceros, en lo personal no necesito nada y por algún posible trauma no acepto nada de nadie, inclusive que me paguen la comida. Volviendo al miedo, terror, pánico que a raíz de estas detenciones  ha dominado a todas las instituciones de uniformados, se cumple un ciclo, que se repite una y otra vez. El retirado no quiere saber nada de quien está preso para no comprometerse. Al día de hoy, como hay extensas listas de gente para detener, por más que esté camuflado para pasar desapercibido, llegado el momento va a parar a la prisión. Entonces allí comienza a quejarse de que sus “camaradas” no hacen nada por él. Increíble la mente humana, ¿no es así? Por suerte en cada fuerza hay excepciones y en nuestro caso están los amigos del COR  filial Morón que desde el principio de las detenciones, junto con otros 2 voluntarios siempre estuvieron presentes, demostrando que son incansables.

 

USTED DICE: Quinto, ¿fueron las autoridades gubernamentales o los jueces quienes dispusieron compartir prisión con los policías narcos? Si fue el gobierno es una intromisión inaceptable en otro poder del Estado como el Judicial. Si por el contrario fue éste, está dentro de su competencia elegir el lugar de detención, que supongo ha sido por cuestiones de seguridad.

 

YO LE RESPONDO: El  Servicio Penitenciario Federal , dependiente de la Subsecretaría de Relaciones con el Poder Judicial y Asuntos Penitenciarios del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, dispone el lugar de alojamiento de los detenidos. Es una “delegación” que hicieron los jueces, debido a la superpoblación carcelaria. Ellos ordenan la detención y lo ponen a disposición del SPF, el que elige el lugar de detención de acuerdo a las posibilidades y alojamientos, basándose en el REGLAMENTO GENERAL DE PROCESADOS Decreto 303/96. Más allá de quien lo disponga yo solo resalto y defiendo mis principios de dignidad. No me atrae compartir el vivir con narcos.

 

LOS GENOCIDAS DEL FUTURO

USTED DICE: ¿Para quién o que sector, es indigna esa convivencia obligatoria?; es necesario aclararlo, porque ellos, los policías o ex policías narcos, pueden pensar lo mismo de los presos por delitos de lesa humanidad, bajo el supuesto que son corruptos en el negocio de la droga que los enriqueció, pero no mataron, no torturaron, no desaparecieron a nadie ni se apropiaron de bebés, ni obligaron por medio de una coacción irresistible a nadie, a ser parte de un plan criminal.
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YO LE RESPONDO: En este párrafo suyo percibo una doble intencionalidad ofensiva, ya que está más que claro que yo desde el principio del escrito me dirijo a quienes estamos imputados por los mal llamados delitos de lesa humanidad y desprecio a los narcos. Con respecto a ellos, sí matan, sí torturan, no desaparecen gente ya que a sus  sicarios les conviene la exhibición de los cadáveres. Si bien no se apropian de bebes, sí forman y utilizan “soldaditos” niños, tras hacerlos adictos y sí coaccionan a la gente o a un barrio a ser parte de su actividad criminal. En una palabra los narcos son los genocidas del presente y del futuro. Son el riesgo y el desafío que enfrenta hoy la humanidad. Nosotros en Argentina, estamos cumpliendo etapas para la instalación del narco estado y esperemos no llegar al narco terrorismo. Por otra parte yo no cometí ninguno de todos los delitos que usted enumera, es más un par de funcionarios judiciales con la colaboración de un periodista de Página12, me “engarronaron”. Sería positivo que si usted conoce gente o ex uniformados  que los hayan cometido, lo denuncie ante la autoridad competente. Para eso estos delitos no prescriben.
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Sobre las aberrantes  apropiaciones de bebés que  produjeron en algunas oportunidades  gente de diferentes fuerzas, las rechazo rotundamente y realmente no entiendo como hicieron eso, pero siempre hago una salvedad. Los apropiados, vivieron,  fueron educados y preparados para la vida. Sus madres biológicas no pensaban en ellos, cuando daban vida a un nuevo ser y se exponían quitando vidas con un fusil o detonando bombas. Por el contrario, se hace silencio y  nada se dice ni condena  los 27 bebés y niños que mataron los terroristas en los años 70. Ellos no tuvieron oportunidad de jugar, tener amigos, estudiar, enamorarse, casarse, vivir éxitos y fracasos, reproducirse  y así cumplir todo el ciclo de la vida. Esto fue infinitamente  más aberrante.
Yo siempre estoy a favor de la vida.
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MIL VECES BASTA

USTED DICE: Sexto, para finalizar, más allá de la proclama de nuestro camarada, me gustaría saber ¿qué significa decir “BASTA”!!!
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YO LE RESPONDO: Siempre el escrito está dirigido a los prisioneros, que hay hasta hoy y sus familiares. Decir basta inicialmente significa no callar, dando la cara. El dicho popular dice: “Quien calla otorga”. Si se es culpable, entonces está bien que así sea. Quienes estamos imputados por este tipo de delito y dada nuestra edad, ya estamos muertos, por lo que tendríamos que estar más allá del bien y del mal. Entonces defendamos nuestra dignidad a cualquier precio. La justicia tiene en sus filas  verdaderos asesinos. Primero fueron “jueces militantes” y este gobierno por arte de magia los transformó en “jueces independientes”, ni hablemos de los fiscales. Ante ellos no hay defensa alguna. Se detiene por inferencias y de allí en más la Constitución, leyes y códigos, son papel pintado. Además están los abusos y las muertes, aceptadas casi en silencio.  A modo  de ejemplo, en el mes de abril del corriente año, un militar durante días se quejó de dolores en su brazo izquierdo, no se lo atendió y así hasta que apareció muerto en su celda. https://prisioneroenargentina.com/index.php/2017/04/18/delme-victima-de-la-delincuencia-estatal/   Lo trasladaron al hospital y se certificó su muerte en ese lugar, por paro cardíaco. Fin, silencio. No tendría que haber más de 2.000 voces diciendo ¡Basta!?  Como ese hay una serie de hechos similares que se produjeron a lo largo de los años. ¿Normalmente no tendría que haberse llevado a cabo un planteo de todos los que estamos en prisión?  En lo personal todo debe tener un límite. Así llevé a cabo dos huelgas de hambre y medicación una de cinco y otra de treinta y un días. Tras ello regresé a mi hogar. ¿Se imagina que mi desaprobación a actitudes mansas no es bien vista por nadie, no está de acuerdo? Mucho más, que mi actual prisión domiciliaria es realmente muy precaria y la posibilidad de volver a prisión está a la vuelta de la esquina. Pero como ya dije considero que estoy  más allá del bien y del mal.  Cuando se produzca ya sabré que hacer. Por ello mi sinceridad en todo es absoluta, de allí le diré que sus “dudas de camarada” me resultan lamentables. Si  reconozco, que las prefiero, antes que el silencio.
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“Hace más ruido un sólo hombre gritando que cien mil que están callados”.  

                                            

José De San Martín (1778-1850)

 

 

 

Atentamente,

 

CLAUDIO KUSSMAN

www.PrisioneroEnArgentina.com

 


PrisioneroEnArgentina.com

Julio 28, 2017


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Deseamos Informarles que Mañana seremos Asesinados junto a Nuestras Familias.

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LAS OTRAS MADRES

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Camaradas -Primera Parte-

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A raíz  de la nota: DIGAN ¡BASTA! CARAJO  https://prisioneroenargentina.com/index.php/2017/07/21/digan-basta-carajo/   el Comisario Mayor (R)  Hugo A. Vaccarezza de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, vertió sus pareceres  en el sitio que APROPOBA,  Asociación Profesional de Policías de la Provincia de Buenos Aires  posee desde hace más de quince años en la Web http://www.apropoba.com.ar . Acá reproducimos su contenido.

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SOBRE LO EXPRESADO POR EL CAMARADA CLAUDIO KUSSMAN.

Entiendo la vehemencia de Kussman frente a las adversidades que le toca enfrentar. Aclaro que en actividad fuimos contemporáneos y aunque nunca trabajamos juntos, guardo de él las mejores referencias en el ejercicio de la profesión.
Me permito disentir y dudar de algunos pasajes de su exposición.
En primer lugar, pienso que los hijos de uniformados o ex uniformados presos por delitos de lesa humanidad, no necesariamente son o fueron coptados – se entiende que por sectores de la izquierda revolucionaria- para volverse en contra de ellos; sus padres. Puede ocurrir que siempre pensaron así y al alcanzar la adultez y cierta independencia económica y política, lo hacen público. Hay un patrón de singular importancia en la niñez y la adolescencia de esos hijos cuyos padres priorizaron el compromiso militar o policial en detrimento del compromiso familiar. Padres ausentes al fin, porque la madre suplía esa deficiencia. ¿Quién puede asegurar que esa ausencia no fue lo que provocó ese sentimiento de rechazo a todo lo que tenga que ver con la imposibilidad de construir afecto e interacción familiar, que ahora visibilizan con toda crudeza?. Al fin de cuentas, confiesan que se sienten más acompañados hoy que antes, y no son pocos.
En segundo término dice Kussman, que “nos usaron para enfrentarnos con toda la sociedad”. ¿Por quienes se sintieron usados?. No me queda claro.
En tercer lugar la muerte no tiene lógica, de modo que no somos ancianos porque estemos más próximos a ella. Insisto que la muerte no discrimina por edad, ancianos o jóvenes, niños o adolescentes. Solo se es anciano por los hábitos de vida, la edad es una circunstancia biológica que nos permite solo el hecho de haber cumplido y seguir cumpliendo más años de existencia que otros.
Cuarto, el miedo es un estado, un sentimiento natural de preservación frente al peligro de una amenaza real o imaginaria; tener miedos nos puede salvar la vida. No me parece atinado tratar de reprimir el miedo, entendido como la ruptura del freno inhibitorio. Si de acciones reivindicativas se trata, lo más lógico sería hablar de tener alto el umbral de la autoestima, y aquí si, el valor de la autoestima se lleva siempre hasta el último día de la vida como nos propone el opinante.
Quinto, ¿fueron las autoridades gubernamentales o los jueces quienes dispusieron compartir prisión con los policías narcos?. Si fue el gobierno es una intromisión inaceptable en otro poder del Estado como el Judicial. Si por el contrario fue éste, está dentro de su competencia elegir el lugar de detención, que supongo ha sido por cuestiones de seguridad. ¿Para quién o que sector es indigna esa convivencia obligatoria?; es necesario aclararlo, porque ellos, los policías o ex policías narcos, pueden pensar lo mismo de los presos por delitos de lesa humanidad, bajo el supuesto que son corruptos en el negocio de la droga que los enriqueció, pero no mataron, no torturaron, no desaparecieron a nadie ni se apropiaron de bebés, ni obligaron por medio de una coacción irresistible a nadie, a ser parte de un plan criminal.
Sexto, para finalizar, más allá de la proclama de nuestro camarada, me gustaría saber ¿qué significa decir “BASTA”!!!
Cordialmente

 

 

Hugo A. Vaccarezza

 


PrisioneroEnArgentina.com

Julio 26, 2017