A fines de 2015, cuando la coalición de la oposición ganó la Asamblea Nacional con el 56 por ciento de los votos, la expectativa era que los órdenes se derrumbarían con el partido gobernante destronado, la expectativa era que las legislaturas, no los presidentes, determinen las prioridades de gasto. Eso no sucedió. Maduro, en cambio, reclamó la autoridad para aprobar presupuestos por mandato ejecutivo.
Llena de miembros del partido, la asamblea fue declarada ilegal por la fiscal general de Venezuela, Luisa Ortega Díaz, quien había sido nombrada por Hugo Chávez en 2007; y se vio obligada a huir del país, otra chavista etiquetada como conspiradora de derecha por un gobierno que ha traicionado a los pobres. Luego Maduro ganó una elección presidencial, después de prohibir participar a sus principales oponentes, en una votación que, según las Naciones Unidas, “no cumple de ninguna manera las condiciones mínimas para unas elecciones libres y creíbles”.
La izquierda internacional, entonces, debería haber tomado nota y, partidarios de Maduro o no, instar a no desmantelar la democracia. Pero la izquierda opera como el amigo que no le dice a un camarada borracho que en ese estado no debe guiar el auto y por lo tanto cede el terreno moral al policía que los detiene. Como también incita a desparramar dinero sin control. y esto es un robo a gran escala, la corrupción alimentada a expensas de los programas sociales, el gasto en atención de la salud se redujo, mientras que el políticamente conectado robó miles de millones de dólares. Y en lugar de enfrentarlo, el gobierno de Maduro está atacando a las personas más empobrecidas que dice defender, prohibiendo la ayuda humanitaria americana mientras aguarda la “made in Rusia”. Los escuadrones de la muerte de Maduro funcionan con total impunidad. El asesinato extrajuducial es una nueva industria y muchos se cometen en sectores tradicionalmente chavistas que, desencadenado el desastre, se han vuelto opositores. Claro, la iz1quierda prefiere pasar por alto sus graves errores para seguir ilusionando desesperados en otras latitudes.
La solidaridad internacional con esta lucha democrática importa y mucho. Pero hoy y ahora, en vez de ser un trofeo político, debería ser una herramienta para hacer más llevadera esta emergencia nacional.
A este títere del ejército venezolano que constituye un verdadero narcoestado, tirando piedras no lo van a sacar. Dudo que otros países entreguen la sangre de sus soldados por los venezolanos. La solución sea cual fuere debe buscarla el propio interesado, no esperar que lo hagan terceros. En este caso los venezolanos que amen la libertad. Es similar a lo que a pequeña escala pasa con nosotros los adultos mayores en prisión. Cordialmente CLAUDIO KUSSMAN
A fines de 2015, cuando la coalición de la oposición ganó la Asamblea Nacional con el 56 por ciento de los votos, la expectativa era que los órdenes se derrumbarían con el partido gobernante destronado, la expectativa era que las legislaturas, no los presidentes, determinen las prioridades de gasto. Eso no sucedió. Maduro, en cambio, reclamó la autoridad para aprobar
presupuestos por mandato ejecutivo.
Llena de miembros del partido, la asamblea fue declarada ilegal por la fiscal general de Venezuela, Luisa Ortega Díaz, quien había sido nombrada por Hugo Chávez en 2007; y se vio obligada a huir del país, otra chavista etiquetada como conspiradora de derecha por un gobierno que ha traicionado a los pobres. Luego Maduro ganó una elección presidencial, después de prohibir participar a sus principales oponentes, en una votación que, según las Naciones Unidas, “no cumple de ninguna manera las condiciones mínimas para unas elecciones libres y creíbles”.
La izquierda internacional, entonces, debería haber tomado nota y, partidarios de Maduro o no, instar a no desmantelar la democracia. Pero la izquierda opera como el amigo que no le dice a un camarada borracho que en ese estado no debe guiar el auto y por lo tanto cede el terreno moral al policía que los detiene. Como también incita a desparramar dinero sin control. y esto es un robo a gran escala, la corrupción alimentada a expensas de los programas sociales, el gasto en atención de la salud se redujo, mientras que el políticamente conectado robó miles de millones de dólares. Y en lugar de enfrentarlo, el gobierno de Maduro está atacando a las personas más empobrecidas que dice defender, prohibiendo la ayuda humanitaria americana mientras aguarda la “made in Rusia”. Los escuadrones de la muerte de Maduro funcionan con total impunidad. El asesinato extrajuducial es una nueva industria y muchos se cometen en sectores tradicionalmente chavistas que, desencadenado el desastre, se han vuelto opositores. Claro, la iz1quierda prefiere pasar por alto sus graves errores para seguir ilusionando desesperados en otras latitudes.
La solidaridad internacional con esta lucha democrática importa y mucho. Pero hoy y ahora, en vez de ser un trofeo político, debería ser una herramienta para hacer más llevadera esta emergencia nacional.
PrisioneroEnArgentina.com
Febrero 24, 2019
Tags: Higo Chávez, Nicolás MaduroRelated Posts
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5 thoughts on “La Izquierda Internacional, o como mirar al costado pretendiendo tener dignidad”
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- faka faka
- posted on March 3, 2019
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- Oda a la alegria
- posted on February 25, 2019
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- One Boy
- posted on February 24, 2019
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- Prisionero En Arg
- posted on February 24, 2019
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- Laly Benitez
- posted on February 24, 2019
Commentque asco
chocolate por la noticia roban y cuando se termina el dinero, guerrilla
El totalitarismo o la historia de nunca acabar
A este títere del ejército venezolano que constituye un verdadero narcoestado, tirando piedras no lo van a sacar. Dudo que otros países entreguen la sangre de sus soldados por los venezolanos. La solución sea cual fuere debe buscarla el propio interesado, no esperar que lo hagan terceros. En este caso los venezolanos que amen la libertad. Es similar a lo que a pequeña escala pasa con nosotros los adultos mayores en prisión. Cordialmente CLAUDIO KUSSMAN
Masburro nos esta matando