LA SOCIEDAD ARGENTINA PAGA CON SANGRE… SU INDIFERENCIA Y DESAGRADECIMIENTO

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   Por Claudio Kussman.

En los años 60-70 del siglo pasado el territorio llamado Argentina (no creo que llegue a ser país) tenía una población de 23 millones de habitantes, cuya paz era jaqueada por la guerra desatada por organizaciones terroristas. Sin entrar en detalles sobre su accionar mediante atentados con bombas, secuestros, asaltos a bancos, instalaciones militares, comisarias, etc. que todos conocemos o tendríamos que conocer, sus integrantes asesinaron un total de 1.100 hombres, mujeres y niños. Vencidos militarmente, esos guerrilleros abandonaron las armas y junto con sus familiares y seguidores con el paso del tiempo mutaron. Se victimizaron transformándose en jóvenes “idealistas” y la sociedad en mayoría acomodaticia olvidó y compró el relato. Así unos 2.800 uniformados DE TODAS LAS FUERZAS (militares, fuerzas de seguridad, policiales, y penitenciarias) Y CIVILES, a como dé lugar fuimos despojados de nuestros derechos constitucionales, judiciales y humanos, transformándonos en viles represores-genocidas perseguidores de inocentes que solo tenían “IDEAS POLÍTICAS” a favor de un mejor país. Condenados a pudrirnos en la cárcel, en poco tiempo dado nuestro casi agotado ciclo biológico finalmente recuperaremos la libertad a través del cementerio.Por supuesto esto le importó y le importa…A NADIE. Pero, siempre hay un pero, y en este caso se dio que paralelamente y muy silenciosamente se produjo otra transformación. Esto ocurrió en las políticas de seguridad que se aplican con la delincuencia común, motorizada ahora por el narcotráfico que corrompe muy frecuentemente a miembros de instituciones gubernamentales. Así hoy se vive otro tipo de terror cuando Argentina tiene 46 millones de habitantes, o sea el doble que en los 70. Acosada por una delincuencia torpe y brutal, esta anualmente asesina a más de 2.800 hombres, mujeres y niños. Proporcionalmente mucho más que el terrorismo de antaño, ahora lo hace para despojarlos de sus bienes, que a veces solo valen monedas. Por supuesto estos asesinatos no tienen la espectacularidad del pasado, y en su mayoría están dirigidos a gente del llano lo cual no despierta la preocupación de la clase político-judicial que no quiere quedar en la mira de las muchas veces corruptos organismos de Derechos Humanos con medidas dolorosas pero efectivas. Sí, prefiere abocarse a las luchas e intrigas palaciegas por el poder que les trae bienestar económico para sí, familiares, y por supuesto también a sus amantes. Además, en estos años de democracia ininterrumpida no solo se desmantelaron a las fuerzas armadas, hicieron lo propio con la moral de los hombres y mujeres de azul, única barrera que puede separar al ciudadano honesto de sus depredadores. Por eso este vive tras las vulnerables rejas de su casa-cárcel al tiempo que inútilmente clama por “justicia” en los medios cuando a algún miembro de su familia violentamente le arrancan la vida. ¿Qué mayor muestra del desinterés y mala praxis cometida por políticos ignorantes que la imparable ola de suicidios que se producen en las instituciones policiales? que por supuesto tampoco importa a nadie (El récord: Policía Pcia. Buenos Aires 49 en lo que va del año. “EL MAYOR ASESINO DE POLICÍAS EN ARGENTINA ES…” https://prisioneroenargentina.com/el-mayor-asesino-de-policias-en-argentina-es/). Desde la oscuridad de este mundo paralelo en el que estamos inmersos los imputados por los bien o mal llamados delitos de lesa humanidad (a muchos no les agrada esta definición dirigida a las 2 partes de la “sociedad” dividida) debo decir que en algunas oportunidades he sentido el impulso de expresar: “QUE SE JODAN”. De inmediato recapacito y reprimo mis sentimientos negativos ya que de hacerlo en nada me diferenciaría de horribles funcionarios odiadores seriales como los: PALAZZANI, FERMENTO, MOLINI, ABELLO, SANTUCHO, RAFECAS, ROZANSKI, RAMOS PADILLA, ULPIANO MARTÍNEZ, DA SILVA, TABOADA y tantos otros, responsables de numerosas muertes de adultos mayores cautivos, y de verdad…eso sería lo peor que como humano me podría pasar. Tanto o más que los horrores que junto con mi familia y muchos otros prisioneros vivimos en estos años de la falaz “memoria, verdad, y justicia”, que también ahora alcanzó a la población indefensa argentina.¿SERÁ JUSTICIA?  

“Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos.”  

Martin Luther King (1929-1968)

Claudio Kussman

Comisario Mayor (R)

Policía Pcia. Buenos Aires

claudio@PrisioneroEnArgentina.com

www.PrisioneroEnArgentina.com

 

PrisioneroEnArgentina.com

26 de septiembre de 2026

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15 thoughts on “LA SOCIEDAD ARGENTINA PAGA CON SANGRE… SU INDIFERENCIA Y DESAGRADECIMIENTO”

    • Liesa Forrest
    • posted on October 1, 2026

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    • AnnaMLee
    • posted on September 30, 2026

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    • ANTONIO PERNIAS
    • posted on September 28, 2026

    En el evangelio según San Mateo (y en la enseñanza bíblica en general), la idea de conocer el bien y no hacerlo se relaciona directamente con el pecado de omisión.

    Las enseñanzas más representativas de Jesús en Mateo sobre la responsabilidad de actuar cuando se tiene la capacidad de hacerlo son:

    La parábola de los talentos (Mateo 25:14-30): Un siervo recibe un talento y, por miedo e indiferencia, decide enterrarlo en lugar de hacerlo producir. Cuando el señor regresa, lo juzga severamente no por haber hecho algo malo activamente, sino por la inacción: por no haber utilizado el recurso y la capacidad que se le confiaron.

    El juicio a las naciones (Mateo 25:31-46): Jesús divide a las personas en “ovejas” y “cabritos”. La condenación de estos últimos no se debe a que hayan cometido crímenes explícitos, sino a lo que omitieron hacer: “Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis…” (Mateo 25:42-43).

    Complemento en el Nuevo Testamento

    Aunque Mateo ilustra fuertemente la gravedad de la omisión en las parábolas de Jesús, el principio doctrinal queda definido explícitamente en la epístola de Santiago 4:17:

    “El que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado.”

    • EDUARDO ACOSTA
    • posted on September 28, 2026

    Apreciado Señor, muchas gracias. Los fundamentos enunciados en todos los textos que conforman el envío -que mucho agradezco- hasta el 26 de septiembre, se adaptan a definir un cuadro de situación, muy preocupante. Deseo resaltar y rendir homenaje a todos los miembros de la PPBA que entregaron sus vidas, entonces a manos de los terroristas y hoy por la típica falta de respeto y cuidado por parte de quienes políticamente, están a cargo de algo que desconocen, no les interesa conocer y están obligados, parece un cuento, a ordenar y cuidar la vida de la población correspondiente.
    El texto principal y el aporte del Sr. Sottovía son absolutamente esclarecedores: el ‘yo no fui’ y el ‘no te metáis’, han hecho estragos en una Sociedad típicamente no comprometida: ‘yo, argentino’ y ‘¿como podemos arreglar?’. Con atentos y respetuosos saludos, con un llamado respetuoso a la participación activa de las ‘personas de bien’ (según PLI 2018) para intentar corregir los desvíos éticomorales puntualizados -por lo vulnerados- en dichos textos, agradezco a ‘Prisionero en Argentina’ permitir dialogar, sin agresiones, sobre temas tan sustanciales para la vida cotidiana.

    • Anonymous
    • posted on September 28, 2026

    En poco tiempo nos veremos entre la espada y la pared . Tendremos que elegir a quien nos mató con balas , bombas o juicios circos , o el que miró al costado .

    • GONZALO SANCHEZ
    • posted on September 28, 2026

    Lamento tener que expresarlo, pero el artículo es BRILLANTE; ¿ Se entiende a lo que me refiero?.
    ¡Qué DIOS NOS BENDIGA!

      • CLAUDIO KUSSMAN
      • posted on September 28, 2026

      Señor Gonzalo Sanchez, si bien agradezco su comentario , yo también lo lamento, y muchísimo. ¿SERÁ JUSTICIA? Cordialmente CLAUDIO KUSSMAN

    • Bizancio
    • posted on September 27, 2026

    Esta nota es como una TAC (Tomografía Axial Computarizada): un diagnóstico preciso.
    Parece como la marea de algas que está arruinando el agua que debe desalinizarse en las costas marinas de Medio Oriente. Por los deshechos bélicos.
    Todos los malos actos vuelven en formas y momentos impensados. Nuestras malas acciones no quedan sin producir consecuencias. A la corta o a la larga. En este momento parece que le toca la parte más fuerte a la CABA, al AMBA y a la PBA.

      • CLAUDIO KUSSMAN
      • posted on September 27, 2026

      GRACIAS SEÑOR BIZANCIO POR SU PERMANENTE PARTICIPACIÓN A TRAVÉS DE LOS AÑOS. ¿SERÁ JUSTICIA? CORDIALMENTE CLAUDIO KUSSMAN

    • Héctor Guillermo Sottovía
    • posted on September 27, 2026

    ¿CÓMO PRETENDEMOS GANAR UNA GUERRA SI PELEAMOS ENTRE NOSOTROS?

    La desunión, los egos y las traiciones internas también son enemigos.

    Ha llegado el momento de mirarnos al espejo, y revisar nuestras propias acciones, nuestras diferencias, nuestros egos y, fundamentalmente, de tener el coraje de señalar a quienes, desde nuestras propias filas, traicionan a los principios que dicen defender.

    ¿Cómo pretendemos ganar una guerra si, además de enfrentarnos al enemigo, tenemos que combatir contra una parte de nuestra propia tropa?

    ¿Cómo podemos hablar de honor, camaradería y espíritu de cuerpo cuando, ante una convocatoria, algunos de los nuestros no solamente se niegan a participar, sino que además trabajan activamente para boicotearla?

    Esto ocurrió en distintas oportunidades y volvió a suceder en Tucumán, los días 8 y 9 de febrero de 2025.

    Una convocatoria que debía servir para unirnos terminó siendo también escenario de divisiones, mezquindades y enfrentamientos internos.

    Pero hay algo todavía más difícil de comprender.

    El 29 de noviembre del año pasado, mientras se convocaba a una movilización en Plaza de Mayo, hubo quienes, proclamándose defensores del honor y del espíritu de cuerpo, arengaron para que ningún prisionero de guerra enviara a sus familiares, amigos o allegados a participar. ¡Paradójicamente, se trataba de una convocatoria que también buscaba visibilizar la situación de esos mismos prisioneros y de los veteranos de aquella guerra contra la subversión!

    ¿En qué momento confundimos las diferencias personales con los objetivos colectivos? ¿Desde cuándo el ego de algunos vale más que la causa que decimos defender?

    DIVIDE Y REINARÁS. Y, SI TE ESCONDÉS, TE PERSEGUIRÁN AÚN MÁS.

    Quienes luchan por la verdad saben perfectamente que, muchas veces, los golpes más duros no llegan desde el adversario, sino desde las propias filas.

    Son los cachetazos de quienes se creen dueños de la verdad, de quienes se atribuyen el derecho exclusivo de decidir quién puede hablar, quién puede convocar y quién tiene legitimidad para luchar.

    La soberbia, la falta de humildad y los intereses personales de unos pocos han destruido iniciativas que podrían haber contribuido a nuestra causa.

    Se han perdido oportunidades, se han quebrado voluntades y se ha desalentado a muchos que, con esfuerzo y convicción, intentaron construir algo en común.

    Y mientras tanto, los Rambos del teclado siguen multiplicándose en las redes sociales, critican, descalifican, agreden y se sienten protagonistas de una batalla que, en la práctica, muy pocos están dispuestos a librar.

    Sobran las palabras y faltan los hechos. Sobran los discursos sobre el honor y escasean las acciones que verdaderamente lo demuestran.

    No necesitamos más héroes de escritorio, necesitamos hombres y mujeres capaces de dejar de lado sus diferencias, de trabajar juntos y de comprender que ninguna causa puede sostenerse sobre la soberbia individual.

    Hoy nos falta espíritu de cuerpo, nos falta masa crítica capaz de movilizarse, de organizarse y de defender objetivos comunes, golpendo duro, de noche y de día, los 365 días del año, las 24 horas, y lo más preocupante es que muchos han bajado los brazos, cansados de luchar no solamente contra quienes cuestionan sus ideas, sino también contra quienes deberían estar a su lado.

    Así no se gana ninguna guerra, así solamente se consigue debilitar a quienes todavía tienen voluntad de luchar.

    Que nadie se equivoque: la guerra continúa. No hablo de una guerra de armas, sino de una batalla por la verdad, por la memoria y por la dignidad de quienes todavía permanecen prisioneros, de los veteranos y de todos aquellos cuya historia merece ser contada sin omisiones ni tergiversaciones.

    No se trata de imponer una verdad personal ni de convertirnos en dueños de una causa, se trata de entender que la historia es mucho más grande que cualquiera de nosotros.

    Si no somos capaces de superar nuestros egos, reconocer nuestros errores y denunciar las conductas que destruyen nuestra propia organización, estaremos condenados a seguir perdiendo oportunidades.

    No podemos exigir unidad si somos los primeros en sembrar divisiones, no podemos reclamar respeto si no respetamos a quienes luchan a nuestro lado, ni hablar de honor mientras permitimos que las ambiciones personales estén por encima de nuestros compañeros.

    Todavía estamos a tiempo de cambiar. Pero para hacerlo, primero debemos tener el valor de reconocer que una parte de nuestros problemas no está enfrente, sino entre nosotros, porque, al final, no será el enemigo quien deba celebrar nuestra derrota si nosotros mismos nos encargamos de destruir aquello que intentamos defender.

    La lucha continúa. Pero antes de exigir compromiso a los demás, empecemos por demostrarlo nosotros mismos.

    Héctor Guillermo Sottovía
    DNI: 16.940.454

    INDICATIVO BLOQUEADO PARA TODAS LAS REDES SOCIALES.

    • Patricio
    • posted on September 26, 2026

    Sin Palabras. todo dicho.

    • Dany Pedroza
    • posted on September 26, 2026

    Y somos asi,,,,que nos da?

      • Héctor Guillermo Sottovía
      • posted on September 27, 2026

      ¿CÓMO PRETENDEMOS GANAR UNA GUERRA SI PELEAMOS ENTRE NOSOTROS?

      La desunión, los egos y las traiciones internas también son enemigos.

      Ha llegado el momento de mirarnos al espejo, y revisar nuestras propias acciones, nuestras diferencias, nuestros egos y, fundamentalmente, de tener el coraje de señalar a quienes, desde nuestras propias filas, traicionan a los principios que dicen defender.

      ¿Cómo pretendemos ganar una guerra si, además de enfrentarnos al enemigo, tenemos que combatir contra una parte de nuestra propia tropa?

      ¿Cómo podemos hablar de honor, camaradería y espíritu de cuerpo cuando, ante una convocatoria, algunos de los nuestros no solamente se niegan a participar, sino que además trabajan activamente para boicotearla?

      Esto ocurrió en distintas oportunidades y volvió a suceder en Tucumán, los días 8 y 9 de febrero de 2025.

      Una convocatoria que debía servir para unirnos terminó siendo también escenario de divisiones, mezquindades y enfrentamientos internos.

      Pero hay algo todavía más difícil de comprender.

      El 29 de noviembre del año pasado, mientras se convocaba a una movilización en Plaza de Mayo, hubo quienes, proclamándose defensores del honor y del espíritu de cuerpo, arengaron para que ningún prisionero de guerra enviara a sus familiares, amigos o allegados a participar. ¡Paradójicamente, se trataba de una convocatoria que también buscaba visibilizar la situación de esos mismos prisioneros y de los veteranos de aquella guerra contra la subversión!

      ¿En qué momento confundimos las diferencias personales con los objetivos colectivos? ¿Desde cuándo el ego de algunos vale más que la causa que decimos defender?

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      Quienes luchan por la verdad saben perfectamente que, muchas veces, los golpes más duros no llegan desde el adversario, sino desde las propias filas.

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      La soberbia, la falta de humildad y los intereses personales de unos pocos han destruido iniciativas que podrían haber contribuido a nuestra causa.

      Se han perdido oportunidades, se han quebrado voluntades y se ha desalentado a muchos que, con esfuerzo y convicción, intentaron construir algo en común.

      Y mientras tanto, los Rambos del teclado siguen multiplicándose en las redes sociales, critican, descalifican, agreden y se sienten protagonistas de una batalla que, en la práctica, muy pocos están dispuestos a librar.

      Sobran las palabras y faltan los hechos. Sobran los discursos sobre el honor y escasean las acciones que verdaderamente lo demuestran.

      No necesitamos más héroes de escritorio, necesitamos hombres y mujeres capaces de dejar de lado sus diferencias, de trabajar juntos y de comprender que ninguna causa puede sostenerse sobre la soberbia individual.

      Hoy nos falta espíritu de cuerpo, nos falta masa crítica capaz de movilizarse, de organizarse y de defender objetivos comunes, golpendo duro, de noche y de día, los 365 días del año, las 24 horas, y lo más preocupante es que muchos han bajado los brazos, cansados de luchar no solamente contra quienes cuestionan sus ideas, sino también contra quienes deberían estar a su lado.

      Así no se gana ninguna guerra, así solamente se consigue debilitar a quienes todavía tienen voluntad de luchar.

      Que nadie se equivoque: la guerra continúa. No hablo de una guerra de armas, sino de una batalla por la verdad, por la memoria y por la dignidad de quienes todavía permanecen prisioneros, de los veteranos y de todos aquellos cuya historia merece ser contada sin omisiones ni tergiversaciones.

      No se trata de imponer una verdad personal ni de convertirnos en dueños de una causa, se trata de entender que la historia es mucho más grande que cualquiera de nosotros.

      Si no somos capaces de superar nuestros egos, reconocer nuestros errores y denunciar las conductas que destruyen nuestra propia organización, estaremos condenados a seguir perdiendo oportunidades.

      No podemos exigir unidad si somos los primeros en sembrar divisiones, no podemos reclamar respeto si no respetamos a quienes luchan a nuestro lado, ni hablar de honor mientras permitimos que las ambiciones personales estén por encima de nuestros compañeros.

      Todavía estamos a tiempo de cambiar. Pero para hacerlo, primero debemos tener el valor de reconocer que una parte de nuestros problemas no está enfrente, sino entre nosotros, porque, al final, no será el enemigo quien deba celebrar nuestra derrota si nosotros mismos nos encargamos de destruir aquello que intentamos defender.

      La lucha continúa. Pero antes de exigir compromiso a los demás, empecemos por demostrarlo nosotros mismos.

      Héctor Guillermo Sottovía
      DNI: 16.940.454

      INDICATIVO BLOQUEADO PARA TODAS LAS REDES SOCIALES.

    • Gerardo García
    • posted on September 26, 2026

    No será justicia. Eso no existe en el espacio geográfico autodenominado argentina.

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