Durante ocho meses, Javier Hernán Pino recorrió distintas ciudades argentinas mientras dejaba detrás una cadena de cadáveres. Buenos Aires, Salta y Rosario fueron los escenarios de una sucesión de homicidios que terminaría con cinco víctimas y tres condenas a prisión perpetua. Su método tenía un elemento especialmente inquietante: primero buscaba acercarse a sus víctimas, ganarse su confianza y, cuando encontraba el momento adecuado, las atacaba. Después venía el robo.
Todo comenzó el 16 de febrero de 2015, en el barrio porteño de Balvanera. Ni Qi Fu, un comerciante chino de 40 años, atendía su supermercado de la calle Matheu cuando fue asesinado. Recibió ocho disparos de una pistola calibre 9 milímetros. Aquella muerte parecía, inicialmente, un episodio criminal más dentro de una ciudad acostumbrada a los robos violentos. Nadie imaginaba todavía que formaba parte de una serie.
Dos meses después apareció otra víctima: Claudia Sosa, una masajista de 32 años. Pino había establecido contacto con ella y, según la investigación, existía entre ambos un trato de confianza. El 8 de abril, Sosa fue asesinada en el departamento que alquilaba en la calle Tucumán. Su cuerpo fue descubierto días después, cuando vecinos alertaron por el olor que provenía de la vivienda.
La escena aportó una prueba decisiva: investigadores encontraron ADN de Pino y una vaina calibre 9 milímetros. También habían desaparecido dinero, una computadora y un teléfono celular. Para la Fiscalía, el asesinato fue cometido para facilitar el robo y eliminar a quien pudiera convertirse en un obstáculo.
Pero Pino no había terminado.
El 13 de julio, en El Galpón, provincia de Salta, fue asesinado Ariel Fernando Ríos, empleado de una estación de servicio. El crimen ocurrió durante un robo y Ríos recibió un disparo en la cabeza. Por este homicidio, Pino sería condenado posteriormente a prisión perpetua.
Tres meses después llegó el episodio más sangriento de la serie.
El 16 de octubre de 2015, en Rosario, fueron asesinados los hermanos Javier y Agustina Ponisio. Pino conocía a Agustina y esa relación le habría permitido ingresar en un entorno donde la familia confiaba en él. Según la investigación, los hermanos fueron asesinados durante un robo. Javier recibió cinco disparos y Agustina tres. Después del doble homicidio, Pino abandonó Rosario.
La investigación comenzó entonces a cerrarse sobre él.
El 21 de octubre, apenas cinco días después del doble crimen, Pino fue detenido en Frías, Santiago del Estero. En su poder y en lugares vinculados con él aparecieron armas y una importante cantidad de municiones. Los investigadores empezaron a conectar los distintos expedientes y encontraron un elemento fundamental: la balística.
La misma pistola de 9 milímetros aparecía relacionada con diferentes escenas. Años después, el Sistema Nacional Automatizado de Identificación Balística permitió reforzar las conexiones entre los casos.
En mayo de 2019 llegó la tercera condena a prisión perpetua. El Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional Nº 3 de Buenos Aires lo condenó por los asesinatos de Ni Qi Fu y Claudia Sosa. Para entonces ya tenía condenas perpetuas por el homicidio de Ríos y por el doble asesinato de los hermanos Ponisio.
La prensa llegó a compararlo con Carlos Robledo Puch y algunos medios lo bautizaron como un nuevo “Ángel de la Muerte”. Sin embargo, desde una perspectiva criminológica, existe debate sobre la etiqueta de “asesino serial”: varias investigaciones periodísticas lo describen como asesino múltiple, ya que el móvil central atribuido a los crímenes fue el robo.
Cinco personas murieron en apenas ocho meses. Cinco historias quedaron truncadas. Y una investigación que comenzó con asesinatos aparentemente aislados terminó reconstruyendo una cadena criminal que atravesó tres provincias.
Pino recibió tres condenas a prisión perpetua y cumple su pena en la cárcel de Coronda, Santa Fe.
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El 21 de octubre, apenas cinco días después del doble crimen, Pino fue detenido en Frías, Santiago del Estero. En su poder y en lugares vinculados con él aparecieron armas y una importante cantidad de municiones. Los investigadores empezaron a conectar los distintos expedientes y encontraron un elemento fundamental: la balística.
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