Orlando Agustín Gauna denuncia

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gauna55 Por Orlando Agustín Gauna.

 

Carta remitida por correo electrónico, a los jueces del Tribunal Oral Federal de Paraná. Jueces Lilia Graciela Carnero, Noemí Marta Berros y Roberto Manuel López Arango.

Señores Jueces,
Días pasados remití un correo electrónico a la Dra. Lilia Graciela Carnero y al día siguiente, de manera muy cortés me llamó por teléfono, para decirme que no había sido ella quien semanas atrás me ordenó retirarme de la Sala.
Tenía razón, fue usted, Dra Noemí Marta Berros, quien tuvo esa actitud autoritaria. Oriunda de la Chicago argentina, faltó poco para que me corriera a tiros o me asesinara por la espalda como hacían años atrás, “los jóvenes idealistas”. Esos que robaban, secuestraban, torturaban, asesinaban y cometían atentados terroristas y que hoy, se llenan los bolsillos con jugosas indemnizaciones y subsidios, y denuncian haber sido “víctimas de un terrorismo de Estado”.
Ayer estuve en Paraná, visitando a quienes están ilegal e injustamente detenidos. Esas personas a las que Ud. Dra. Berros, con la complicidad de sus conjueces, no me permitió saludar cuando terminó la audiencia a la que asistí.
“Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquella exija, hará responsable al juez que la autorice.” Así reza nuestra Constitución Nacional.
Una pocilga muy parecida a los conventillos de los años `50 en el bajo de Buenos Aires; es el Pabellón donde se encuentran alojados los detenidos Atilio Ricardo Céparo, Jorge Humberto Apiani y Cosme Marino Demonte, compartiendo el lugar con otros 32 detenidos, para todos los cuales hay solo tres baños. Si, un baño para más de 11 personas que conviven (o sobreviven allí). Uno de ellos, ocupa como habitación o celda, un entrepiso de apenas dos metros de altura donde no creo que ustedes puedan soportar más de 10 minutos con las elevadas temperaturas actuales.
Ustedes autorizaron a que estén alojados allí, en un lugar prohibido por la Constitución Nacional. Y no me refiero solo a los tres acusados de los llamados delitos de lesa humanidad. Los detenidos allí, están sobreviviendo en ese centro ilegal de detención.
Céparo no necesita estar internado. Pero cualquier estudiante de medicina sabe que ni en esa pocilga ni en ningún establecimiento carcelario puede tener la atención y los cuidados que le puede brindar su familia, dado su precario estado de salud. Pero ese tribunal le negó la prisión domiciliaria.
Céparo, es inocente mientras no exista condena firme que diga lo contrario. Y a pesar de no estar con el cargo donde podría cometer los delitos que se le imputan y que debido a su estado de salud, no implica ningún peligro para la sociedad, la “militancia” exige “juicio y castigo” y ustedes acatan por timoratos o por convicciones ideológicas, lo que la turba pide. Y como Pilatos, se lavan las manos.
Claro, no son ustedes, es la jurisprudencia.
La jurisprudencia plenaria es aplicable a todas las actividades jurídicas que ocurran durante su vigencia; una alteración jurisprudencial sobreviniente no tiene efecto retroactivo frente a los hechos jurídicos acaecidos con anterioridad, aunque no hayan originado contienda judicial, ni por consiguiente sentencias que hagan cosa juzgada (conf. CNCIV. en pleno “Saffores, Luis o Juan Luis s/suc.” del 5/11/43).
Ni la jurisprudencia plenaria, ni siquiera la de la Corte Suprema, son suficientes para imponer la obligatoriedad general de su doctrina pues, en último extremo, nada impide cuestionar la interpretación de la ley.
Ustedes se deben acordar muy bien del Dr. Jorge Vicente Quiroga. Fue asesinado un 28 de abril de 1974, en Capital Federal. El Dr. Quiroga había sido designado como integrante de la Cámara Federal en lo Penal de la Nación, dedicada a juzgar en instancia única y juicio oral a los autores de actos terroristas. Cuando retornó la democracia, se disolvió la Cámara, se liberó a los terroristas, y éstos lo asesinaron al Dr. Quiroga. Él también era un Juez de la Nación.
Acaso ustedes pretenden que los perseguidos por los “jóvenes idealistas” caigan en el síndrome de indefensión crónica.
Nosotros, los que no fuimos despedidos por vía anal, sino que fuimos bien paridos, no lo vamos a permitir. Siempre estaremos llevándoles nuestra solidaridad y apoyo incondicional hasta que tengamos una justicia justa. Esa misma justicia justa que ustedes mismos pueden llegar a reclamar algún día si son víctimas de persecuciones injustas.
Después de salir de la cárcel pasé frente al edificio que ocupa la cámara federal de apelaciones, a pegar unos pequeños afiches (nuestro presupuesto no da para mas, todo lo hacemos con el sudor de nuestras frentes, no hacemos secuestros extorsivos como aquellos “jóvenes idealistas”.)
Después me puse a recorrer un rato la bonita Alameda de la Federación, y mirando sus casas, pensaba en las injustas condenas que aplican, siguiendo “jurisprudencia”. La jurisprudencia que les parece.
Y cavilando, recordaba esos “años de plomo”, cuando todas las noches se escuchaban estallar bombas colocadas por los terroristas, bastantes miedosos en la manipulación de explosivos. Recordaba lo aprendido desde el servicio militar, lo fácil que es demoler una casa con apenas una libra de trotyl. Menos de medio kilo de explosivo.
Si se la introduce por el caño de desagüe pluvial, hasta la altura de los cimientos o un poco más, una mecha lenta y tengo más de 300 segundos para alejarme del lugar. ¿Cuántas cuadras puedo recorrer en cinco minutos? ¿3, 4 cuadras?
Y pum… vuela media casa.
Los terroristas aquellos eran una manga de cobardes.
Atacaban a traición, de sorpresa. No tenían coraje para empujar por el caño del desagüe una libra de trotyl con el detonador puesto.
Yo tengo el coraje suficiente para hacer eso y mucho más.
Pero nunca lo haría. No soy ni terrorista ni criminal.
Aunque creo que es justo que la sociedad toda y sus vecinos en particular, sepan quienes son ustedes. El modo de aplicar justicia. Y como ordenan alojar a los detenidos en cárceles infectas y mugrientas, violando la Constitución Nacional.
¿Acaso ignoran ustedes el parentesco del Fiscal José Ignacio Candioti y la multi querellante Lucila Puyol, de la agrupación H.I.J.O.S.? Pero ni él se excusa ni lo recusan.
Acaso haya que llegar a algún Tribunal de Casación, como en el caso de la erpiana María Alicia Noli, Presidente del Tribunal Oral Federal de Santiago del Estero, que pretendía juzgar a los acusados por los terroristas.
De mi no tienen nada que temer. Ya les dije que no soy terrorista ni criminal.
Pero voy a usar todas las herramientas lícitas para que se haga JUSTICIA.

Atte.

Orlando Agustín Gauna
TE 0342 155036171 – 0342 4510487
D.N.I. Nº 6.255.319
Barrio El Pozo – Manzana Nº 1 – Vivienda Nº 19
Santa Fe

 

“Mañana tal vez tengamos que sentarnos frente a nuestros hijos y decirles que fuimos derrotados. Pero no podremos mirarlos a los ojos y decirles que viven así porque no nos animamos a pelear.”

ORLANDO-GAUNA.BLOGSPOT.COM

 


PrisioneroEnArgentina.com

Diciembre 23, 2016


 

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