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 Por Enrique Guillermo Avogadro.

 

 

 

“El problema con el mundo es que la gente inteligente está llena de dudas,

mientras que la gente estúpida está llena de certezas”.

Charles Bukowski

 

 

 

 

El mundo en general que, hasta hace pocos años, sin dudas se dirigía a una mejor convivencia y a una mayor integración entre los países, casi sin fronteras, e inclusive a una mayor armonía entre las diferentes comunidades dentro de cada uno de ellos, ha virado bruscamente de rumbo. Y lo peor es lo ríspido y violento del modo en que ese cambio se está produciendo en muchos sitios.
No es sólo Catalunya, que ha puesto en crisis a España y a Europa entera, sino Holanda, que está contemplando con preocupación la disputa entre sus zonas valonas y flamencas, mientras Alemania ha visto resurgir a su extrema derecha con toques nazis y lo mismo sucede en varias naciones vecinas, Escocia y Eire pretenden continuar en la Comunidad después del Brexit votado en Gran Bretaña, la Liga del Norte insiste en la división con el sur italiano, Kurdistán reclama su independencia a Turquía y a Irak, en Francia han resurgido las inquietudes bretonas y, como frutilla del postre, los inventados mapuches quieren quedarse con la Patagonia.
Para todos esos movimientos tectónicos se utilizan argumentos vinculados a la lengua, a la religión, a la raza y a la historia pero, en general, hablan del fracaso de los esfuerzos centrípedos que garantizaron, durante décadas, la añorada paz después del siglo más sangriento que registrara la humanidad. Recordemos, al efecto, que sólo siete años después de terminada la II Guerra Mundial, países que se habían destruido mutuamente y que cultivaban odios ancestrales, fueron capaces de firmar el Pacto del Carbón y del Acero, piedra fundamental de la Comunidad Europea, que transformó al viejo continente, creímos, en una tierra de paz para siempre.
Pese a mis muchos años, no deja de sorprenderme qué reacción diferente tenemos frente a hechos en función de dónde se produzcan, y Barcelona no ha sido una excepción. Tal vez porque somos un país poblado por hombres y mujeres que subieron a los barcos cuando la necesidad les impuso la emigración, conservamos una enorme cercanía sentimental con España e Italia en particular y cultivamos su recuerdo con nostalgia.
Nótese, en el mismo sentido, que el brutal asesinato de cincuenta y ocho personas -y más de quinientos heridos- que dejó el tirador solitario de Las Vegas el domingo pasado sigue ocupando un gran espacio en nuestros medios de prensa; y lo mismo sucede con los ataques terroristas que han puesto a Europa entera en estado de conmoción. Sin embargo, los monstruosos atentados que producen cientos de muertos en Medio Oriente y en Asia, sea en Kabul, Bagdad, Islamabad o Beirut, desaparecen de los diarios y de los canales de televisión horas después de producidos.
La Argentina continúa transitando el larguísimo camino hacia las elecciones legislativas del 22 de octubre, que aparece jalonado de malas noticias para la tropa kirchnerista, que continúa acumulando procesamientos y embargos de toda índole. Es altamente probable, inclusive, que se produzca alguna nueva detención resonante antes de esa fecha que, además, mostrará el marcado deterioro del ya exiguo apoyo electoral que cosechara Cristina Elisabet Fernández en las primarias de agosto.
Quedará así confirmado el pronóstico que formulé hace tiempo utilizando el lenguaje del truco: la ex Presidente, que junto con su marido muerto gobernara el país durante el período más largo de su historia democrática y que se imaginaba “ancho de espadas”, habrá perdido las elecciones contra dos “cuatro de copas” de la política. Las causas son, por cierto, muchas y diversas.
Creo, sin dudar, que la primera de ellas ha sido el gran programa de obras públicas que han encarado los gobiernos nacional y provincial en el principal enclave del voto kirchner/cristinista, es decir, el conurbano sur bonaerense. En el Partido de La Matanza, los vecinos ven y tocan con sus propias manos el asfalto, el agua corriente y las cloacas siempre prometidos y nunca cumplidos, y el tan criticado Metrobus se ha convertido en la salvación real para muchos lugares desangrados por la inseguridad, además de economizar horas de traslado a los trabajadores beneficiados.
El segundo, no menos crucial, ha sido la Gobernadora María Eugenia Vidal, la figura política que cosecha más aprobación pública en la Argentina, por la transparencia con que ejecuta su gestión administrativa y el coraje con el que encara la lucha frontal contra el narcotráfico y la corrupción policial; ¿quién mejor que un habitante de las zonas más marginadas de la Provincia puede comprobarlo, si era -y aún es- su principal víctima?
Los mejores indicadores económicos del país en materia de empleo y de recuperación del consumo, pese a que aún no puedan ser percibidos a nivel personal por toda la sociedad, tendrán también una participación importante en el voto popular, sobre todo porque el prudente gradualismo de Mauricio Macri y su equipo ha conseguido transformar los apocalípticos pronósticos de Cristina Kirchner sobre el ajuste que impondría en mero papel mojado.
Desde el ángulo estrictamente político, han incidido en el derrumbe de las expectativas de la viuda tanto la preanunciada conducta de muchos intendentes que abrazaban a la viuda y hoy, ante el riesgo cierto de perder la mayoría dentro de sus propios concejos deliberantes, ya instruyen a sus seguidores para que corten las boletas electorales, cuanto la necesidad del Partido Justicialista de recomponerse después de las sucesivas derrotas a las que lo condujera su mariscala en 2013, 2015 y 2017.
No ha sido menor, tampoco, la negativa repercusión que tuvieron en el ánimo de la ciudadanía la novedosa catarata de entrevistas personales que brindó Cristina en los últimos días y la recuperación de su imagen tradicional, tan soberbia como negadora de la realidad. Sus manifestaciones respecto al crimen ferroviario de Once, exculpando públicamente a delincuentes como Julio de Vido, Ricardo Jaime, Juan Pablo Schiavi, Claudio Cirigliano y, por supuesto, ella misma, para intentar transferir toda la responsabilidad al maquinista del tren, resultó absolutamente patética, y así fue percibida por la sociedad entera.
Y su reciente y peculiar lavado de manos personal en perjuicio de sus más íntimos colaboradores y testaferros en la organización mafiosa que organizó y comando con su marido muerto, dejó totalmente en claro que la lealtad, esa que el PJ sólo festeja los 17 de octubre, no figura entre sus muy escasas virtudes. Debería recordar, al menos, que muchas de las condenas perpetuas dictadas contra los presos políticos -los militares que evitaron que nos convirtiéramos en Cuba durante los 70’s- de su nefasto régimen se sustentaron en la “responsabilidad funcional”, es decir, la que le cabe a un superior por la conducta de sus subordinados.
Resta sólo saber si figurones tales como Amado Boudou, Lázaro Báez, José López, Julio de Vido, Alejandro Vanderbloele y los muchos que seguirán sentándose ante los Tribunales Orales Federales, y seguramente ingresarán a prisión, mantendrán su cómplice silencio cuando vean rodar por el polvo electoral la cabeza de quien fuera su jefa y ejecutora del plan sistemático de saqueo al Estado que, ahora, sólo pretende salvarse con sus hijos y su fortuna escondida; ¿seguirán en su postura de no contar nada cuando se compruebe que ya no tiene poder alguno o darán los datos necesarios para recuperar al menos algo de lo robado?
Bs.As., 7 Oct 17
Enrique Guillermo Avogadro

 


PrisioneroEnArgentina.com

Octubre 7, 2017


 

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