Europea pide que se investiguen los crímenes del comunismo en Argentina los premian.

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Por Profesor MARIO SANDOVAL

Mientras que el Parlamento Europeo en la resolución del 19 septiembre pasado, sobre la importancia de la memoria histórica europea equipara el comunismo al nazismo y requiere que se investigue sus crímenes[1]en Argentina gobiernos, hombres políticos, justicia, asociaciones mal llamadas de derechos humanos, medios de comunicación y otros militantes pacifistas, homenajea, premian, recuerdan, muestran como referentes humanistas o justifican sus acciones ilegales armadas, de las organizaciones y personas que en nombre del comunismo o utilizando sus métodos e ideologías, asesinaron, cometieron atentados terroristas, buscaron destruir el Estado y sus instituciones. 

Una vez más los defensores de los principios comunistas consideran que los crímenes cometidos en Argentina en nombre de esos ideales políticos son buenos y aquellos cometidos en Europa son malos. Recordando que los grupos terroristas de los 70 en Argentina tenían bases propias de acción del comunismo revolucionario, de orientación estalinista, trotskista, leninista, maoísta…  

El Parlamento Europeo precisa en su resolución principios que en Argentina se quiere esconder, no juzgar o evitar el debate republicano:

–          La necesidad de una cultura común de memoria histórica, un profundo respeto por cada una de las víctimas. No puede haber reconciliación sin verdad ni memoria objetiva. Condena el revisionismo histórico utilizado como objetivo político e ideológico. Posición afirmada oportunamente por CasppaFrance[2]. Los defensores de la lucha armada de los 70, los que revindican el accionar de los grupos terroristas que no defendían la democracia, los derechos humanos, el Estado de derecho ni la justicia, en nombre de un confuso slogan de memoria, verdad, justicia, tratan de imponer una versión sectaria, parcial del pasado. Buscan transformar el terrorista en resistente, militante pacifico que luchaba por un boleto o un mundo mejor. Esos sectores niegan toda responsabilidad penal de los miembros de las organizaciones terroristas.

–          Solicita a todos los Estados miembros que hagan una evaluación clara de los crímenes cometidos para que se lleven ante los tribunales y condenar sus autores. Las víctimas que dejaron las organizaciones terroristas de los 70 no son reconocidas ni por ellos, la justicia o el gobierno, sus autores gozan de toda impunidad.

–          Señala que en algunos Estados siguen existiendo en espacios públicos (parques, plazas, calles, etc.) monumentos y lugares conmemorativos que ensalzan los regímenes totalitarios, lo que facilita la distorsión de los hechos históricos y la propagación del sistema político totalitario. Pero en Argentina es lo contrario, se mantiene homenajes al Che Guevara, a los combatientes de organizaciones terroristas, nombres de terroristas en espacios públicos, calles, avenidas, baldosas, teatros…pronto hasta serán reconcidos como patriota sino se pone fin recompenzar el crimen, el delito, la violencia.

–          Considera que, mientras que los crímenes del régimen nazi fueron evaluados y castigados gracias a los juicios de Núremberg, sigue existiendo la necesidad urgente de sensibilizar sobre los crímenes perpetrados por el estalinismo evaluarlos moral y jurídicamente, y llevar a cabo investigaciones judiciales sobre ellos. En el caso argentino, el poder judicial, el gobierno y las llamadas organizaciones de derechos humanos optaron por cerrar esa posibilidad, en nombre de una justicia de venganza y justificando hasta moralmente los actos de violencia armada cometidos por las organizaciones terroristas con orientaciones ideológicas y políticas del comunismo totalitario en todas sus facetas.

Pero, los que defienden las acciones de los grupos armados de los 70, no quieren ver ni reconocer los contenidos de la resolución del Parlamento Europeo que corresponderían aplicar en el caso argentino, ni que es una realidad necesaria para la construcción de la sociedad y la Nación. Paris, 23 octubre 2019. CasppaFrance

[1]  Parlamento Europeo, resolución sobre la importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa http://www.europarl.europa.eu/doceo/document/TA-9-2019-0021_ES.pdf

[2] Rechazar el revisionismo histórico en Argentina en nombre de los Derechos Humanos                 https://www.casppafrance.org/2019/09/rechazar-el-revisionismo-historico-en.html?spref=bl

 


PrisioneroEnArgentina.com

Octubre 23, 2019


 

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PrisioneroEnArgentina.com

Octubre 1, 2019


 

MI VOTO: SU FUNDAMENTO

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LA TRAMPA DEL MAL MENOR

Por CARLOS LLAMBIAS

MI VOTO se basa en principios irrenunciables. Quiere acompañar a Jesús a la Santa Cruz y a María nuestra Madre en su soledad al pie del madero. Es una oración de esperanza.  Quiere expresar la blanca pureza de los jóvenes y se opone sin concesiones al aborto y la eutanasia. Está empapado en la sangre de los Esteves, Giacchino, Presidente Videla y Larrabures. Está mojado por las lágrimas del dolor de mi mujer, madre de nueve y abuela de veintisiete nietos. Condena con fuego a los políticos mentirosos y traidores y echa a los jueces corruptos. Está sucio con la tierra de trabajo de mis bisabuelos; limpio con las obligaciones y deberes del pueblo.  El mal menor es trampa de la democracia perversa. Mi voto es público. Es otro disparate liberal lo del secreto. MI voto quiere volver a tener pastores que se los vea en público y que nos muestren el camino. Quiere tener Fuerzas Armadas dignas y preparadas para que nos defiendan con honor. Mi voto es para que se elimine la ESI (ENSEÑANZA SEXUAL OBLIGATORIA) en todos los niveles, empezando por el jardín de infantes. Que vuelvan las imágenes religiosas a los lugares públicos. Mi voto es para que se eche a la Corte Suprema por prevaricato. Es para que se les otorgue la libertad a los ancianos presos militares. Y finalmente advertir a los que saben historia, que Macri es el Kerensky y los Fernandez el Trotsky argentino. No saben cuánto los quiero, pero más la quiero a mi familia, a Dios y a la Patria.

Carlos Llambias  DNI 4143811

 


PrisioneroEnArgentina.com

Septiembre 28, 2019


 

CÓMO VA SURGIENDO UN “TROTZKY” PORTEÑO DESPUÉS DEL “KERENSKY” MACRI

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Por Cosme Beccar Varela
Trotsky, Grabois, Kerensky, Macri.

Se está fabricando un “líder” revolucionario con el apoyo del Papa, de algunos sindicalistas y de la prensa, cuya virulencia hace pensar que es mucho más destructivo que los izquierdistas comunes y que podría ser una especie de Trotzky vernáculo. Es el joven Juan Grabois, de 36 años, Asesor del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz y una especie de “discípulo perfecto” del Papa, con quien se ve o habla por teléfono frecuentemente.

Ayer, en un acto realizado en el salón Felipe Vallese de la CGT de Azopardo 826 de este ciudad, acompañado por el Obispo auxiliar de esta Arquidiócesis, vicario de la Pastoral de “villas porteñas” ( y amigo del Papa que lo designó, Juan Grabois presentó “el libro “La irrupción de los Movimientos Populares: Rerum novarum de nuestro tiempo”, publicado por la Librería Editrice Vaticana y preparado por la Pontificia Comisión para América Latina, que reúne las principales exposiciones de los Encuentros Mundiales que desde 2014 congregaron a miles de representantes de movimientos populares en el continente americano”, con un prefacio firmado por el propio Papa en el que dice, entre otras cosas, que los “movimientos sociales” (sin especificar a cuales se refiere por lo que puede entenderse que incluye a todo el espectro de la multitud de organizaciones subversivas que ocupan las calles de Buenos Aires y otras ciudades del país los cuales se caracterizan por la violencia y el desprecio de la ley) “representan una gran alternativa social, un grito profundo, un signo de contradicción, una esperanza de que todo puede cambiar”.

Esa retahíla de vaguedades insinúa con suficiente claridad que el Papa promueve, a través de gente como Grabois, una verdadera revolución social cuyo modelo es el comunismo (al cual elogió varias veces, además de entregar al comunismo chino los sufridos católicos fieles que son perseguidos en esa enorme nación asiática). Si no es eso, ¿qué razón hay para que un Papa use un lenguaje que aprueba un cambio social que se expresa por un “grito profundo”, que es “un signo de contradicción” y cuyo objetivo es “que todo puede cambiar”. “Todo” significa “todo”, es decir, las libertades individuales, el derecho de propiedad, el poder del Estado, las jerarquías naturales, la abolición de las tradiciones cristianas que aún subsisten en casi todas las naciones de la antigua Cristiandad.

Engels
Bergoglio
Marx
Alberto F.

Un lenguaje analógicamente esotérico usó Grabois en su discurso de presentación del libro ayer, refiriéndose a su organización llamada “Confederación de Trabajadores para la Economía Popular (CTEP)” que él dirige, una de las más activas en los “piquetes”, en estrecha colaboración con el Partido Obrero y otros grupos de extrema izquierda. Dijo Grabois: “Surgimos para transformar la realidad, para desarrollar la economía popular, la soberanía alimentaria, la integración urbana y para terminar con la miseria” (“La Nación”, 25/9/2019, pag. 11),

Ese palabrerío que parece una mera colección de ditirambos huecos, está diciendo con bastante claridad que este país organizado en la base de las tradiciones argentinas y de acuerdo a la Constitución de 1853 con sus derechos e instituciones (todo eso ya bastante averiado por el peronismo que nos está demoliendo desde hace 64 años) debe ser “transformado” es decir, abolido y reemplazado por otra cosa. Según el Diccionario de la Real Academia, “transformar” quiere decir “hacer cambiar de forma a una persona o cosa”. Ahora bien, como la esencia de las cosas se define por su “forma”, el cambio de forma implica que la argentina que conocemos, plagada de lacras políticas y sociales, será convertida en otra cosa que sea suficientemente diferente a la actual como para implicar una “transformación”. ¿No será eso un Estado comunista? Yo sospecho que sí, pero Grabois no lo dice para no alarmar al “buen burgués”.

Esa sospecha se ve reforzada por las siguientes consignas que usó en su discurso: “Desarrollar la economía popular” parece la definición de una economía en la que todo será del pueblo, es decir, del Estado en manos de los neo-bolcheviques como Grabois. “La soberanía alimentaria” es una vaguedad con veneno en la cola, puesto que está sugiriendo que la actual propiedad privada de los medios de producción de alimentos (campos e industrias) le está quitando al pueblo la “soberanía” sobre esos medios que deben ser, por lo tanto, estatizados porque en el lenguaje de los comunistas, “Estado” organizado por ellos, es sinónimo de pueblo.

La “integración urbana”, ¿qué quiere decir? O no quiere decir nada o puede insinuar que debe hacerse una redistribución de los espacios habitables de las ciudades para que nadie tenga una vivienda más grande que un cierto modelo uniforme más allá del cual el excedente estará sometido a la “integración urbana”, o sea, a la ocupación por quienes están “en situación de calle”. Dicho sea, entre paréntesis, sospecho también que esos individuos que duermen en la calle (con colchones nuevos algunos, casi todos tirados en las veredas durante el día cuando son bien visibles y causan el efecto deseado de sugerir miseria) son parte de la “ingeniería subversiva” de los talleres de la izquierda, a los cuales pertenece una gran parte del clero.        

Y por último, la incitación a la rebelión popular para “terminar con la miseria” parece un eco del “¡Proletarios del mundo, uníos!” con que termina el Manifiesto comunista de Marx y Engels.

No es de extrañar que este “trotzky” porteño se haya adherido a la candidatura de la Kirchner cuyo “¡Vamos por todo!” y su solidaridad con Cuba y Venezuela están en sintonía con la obvia intención política de Grabois y de su mentor, el Papa.  

Lo más grave del asunto es que Alberto Fernández, figura ambigua y desteñida que preside la fórmula que “ganó” en las PASO, si llegara a ser electo, no podría resistir a la furia revolucionaria de Grabois detrás del cual está el Papa y toda la izquierda que siempre preferirá a un portador de odio como el nuevo “trotzky” que al desabrido demagogo Fernández que quiere ser “moderado”. Éste no sabe cómo se hace una revolución bolchevique, que es lo que tienen en la cabeza los “kirchneristas” de punta. Grabois si sabe.

Lo más grave es que si fuera reelecto Macri (fraude electrónico de por medio) que parece lo más probable, Grabois surgirá como el líder de la oposición subversiva a la cual está probado que Macri no quiere ni sabe cómo reprimir. Y estaremos perdidos de todas maneras. A no ser que, por un milagro de la gracia de Dios, surjan nuevos dirigentes políticos que estén dispuestos a luchar seriamente contra esta raza de víboras que es la “dirigencia” corrupta e inepta y su cría de la extrema izquierda. 

Cosme Beccar Varela

 


PrisioneroEnArgentina.com

Septiembre 26, 2019


 

“EN LAS PROTESTAS VALE TODO”

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Por COSME BECCAR VARELA

Esa es el consigna de un vejete gordito que habló en televisión hoy, 11/11/2019. No sé quién es pero o es un cómplice del caos social que el gobierno fomenta por su delictiva inacción (incumplimiento de los deberes del funcionario público, art. 248 del Código Penal) o es un ideólogo de los piqueteros que sostiene esa teoría para justificar que estos últimos hagan tabla rasa de la ley, cometiendo cinco delitos en concurso real cada vez que cortan una calle (arts. 194, 211, 183, 210 y 149 bis etc.) y cuando, como ayer, invaden varias galerías comerciales, también el delito de usurpación (art. 181, inc. 3ro). 

El gobierno de Macri, desde sus primeros días, ha consentido en todas esas violaciones al Derecho Penal dejando de usar la fuerza pública de la que tiene el monopolio y librando a los pacíficos habitantes a la prepotencia de esos nuevos vándalos que se han apoderado de la Ciudad con insolencia. 

Esto no es algo que ocurra ocasionalmente: es una invasión cotidiana. No es tampoco algo espontáneo, provocado por la miseria: es algo organizado por agitadores de izquierda que proveen el transporte, la retribución de los concurrentes y la impunidad de la plebe piquetera. 

Proceden según modelos que vienen desde los tiempos de la revolución rusa de 1905, precursora de la de 1917, en que las manifestaciones supuestamente populares eran montadas como una obra de teatro, llevando niños y mujeres a las calles para impedir que la Policía zarista las reprimiera o si lo hacía, para que pasara por una cobarde agresión contra indefensos.   

Así fue que el “día conocido como el *Domingo Sangriento*, en 1905, hubo una marcha de protesta de obreros en San Petersburgo. El objetivo “declarado” de la marcha era entregar al zar una petición de mejoras laborales, y la formaban familias trabajadoras enteras. Iba encabezada por un sacerdote, el clérigo Georgi Gapón y fingía no tener ningún objetivo político al punto que numerosos participantes avanzaban llevando íconos religiosos y cruces, sin armas ni intenciones agresivas aparentes (Wikipedia). 

Avanzaba contra el Palacio del Zar y la policía la disolvió, enfrentándose con los agitadores que formaban el núcleo de la marcha pero hiriendo inevitablemente, por culpa de esos agitadores que fueron quienes llevaron astutamente a esas familias como “carne de cañón”, a algunos niños. El hecho, intencionalmente provocado por los comunistas, quedó como un hito histórico en el proceso revolucionario que culminó en la toma del poder por Lenin y Trotzky en 1917. Lo que pocos dicen es que esa tragedia provocada por los mismos comunistas es poco comparada con los 100.000.000 de muertos que causó el comunismo desde ese año y sigue causando en todo el mundo. 

Macri no corría el peligro de producir un “Domingo Sangriento” si desde el primer día que asaltó el gobierno hubiera puesto coto a los piquetes en forma eficiente, aplicando el Código Penal y encarcelando a los agitadores. No lo hizo nunca y así fue que durante estos casi cuatro años que ocupa la Casa Rosada, dejó hacer a los promotores de los piquetes lo que se les dio la gana. Buenos Aires y otras ciudades del interior y hasta las rutas se convirtieron en el feudo de la izquierda y en la sala de torturas de los indefensos habitantes del país. 

Ese desorden consentido, ese permisivismo demagógico frente al desprecio por la ley y la convivencia pacífica, han sido, en gran parte, la causa del desaliento general y de la crisis económica que hoy sufre el país. ¿Quién puede iniciar una empresa en un país que padece un constante desorden y la permanente extorsión de los violentos? 

No tengo dudas de que hasta el auge del delito común, que todos los días registra víctimas de ladrones y asesinos, se debe en gran parte a la sensación de ausencia de gobierno que esa situación produce. Los delincuentes se siente seguros. El fomento de las “villas miseria” mediante obras millonarias que pagan los que trabajan y sirven a los que usurpan esos terrenos, a sabiendas de que en esas “villas” (convertidas en una especie de “countries ciudadanos” por la enormidad de las mejoras que les hace el macrismo) son centros de narcotráfico y refugio de maleantes. 

El monstruoso Intendente de Buenos Aires, cuando hace una semana bandas de piqueteros acamparon en la Avda. 9 de Julio anunció expresamente que no lo impediría y prohibió a la Policía intervenir alegando que entre aquellos “había menores”. Es decir, les dio un “permiso oficial” a los agitadores y hasta les dio la fórmula para hacerlo de nuevo (cosa que está ocurriendo hoy 11/9/2019) sin riesgo de ser desalojados: “¡lleven menores!”. El monstruoso Intendente tal vez conoce el antecedente del “Domingo Sangriento” ruso de 1905 (aunque lo dudo, porque tiene cara de ignorante) y no le importa dejar correr los acontecimientos con el grave riesgo (que ya está a las puertas) de que terminemos bajo la tiranía del comunismo. 

Si ni él ni Macri saben cómo hacer para cumplir con su deber de guardar el orden en las calles, debieron renunciar hace rato. No lo hicieron. Por el contrario, están haciendo todo lo posible para que la historia rusa de 1905-1917 se repita y si llegaran a ser reelectos por obra del fraude electrónico, los próximos cuatro años serán más y peor de lo mismo. 

Cosme Beccar Varela

 


PrisioneroEnArgentina.com

Septiembre 11, 2019


DEFENSA NACIONAL (QUE EL ÚLTIMO APAGUE LA LUZ)

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 Por Mauricio Ortín

 

Un día de los años 70 el cartero llegó a mi casa. Traía un mensaje esperado. En una cédula se me notificaba que debía presentarme en el Distrito Militar de mi provincia a los efectos de cumplir con el Servicio Militar Obligatorio. Con dieciocho años recién cumplidos, fui incorporado a las FF.AA. A partir de mi incorporación, quedaba “bajo bandera”; lo que significaba, entre otras cosas, la pérdida de los derechos y garantías que la Constitución Nacional que gozan los civiles. En el cuartel acontecía entonces lo central de mi vida. Allí aprendí que la debida obediencia a los superiores era la virtud por excelencia. Cuando y cuanto dormir, de qué manera vestirse, que comer, donde estar, qué hacer, etc., en síntesis, casi todo, dependía de alguien que no era yo. A la hora de la siesta, mientras mis amigos civiles concurrían (como antes yo) al salón a jugar al billar, el que suscribe con mis compañeros en suerte, aprendíamos a marchar en secciones de Orden Cerrado y ¡ay! del que perdiera el paso. No estábamos allí de gusto. Particularmente, extrañaba eso de hacer lo que se daba la real gana. La “colimba” era dura. Sin embargo, ni a mí ni a ninguno se le pasaba ni remotamente por la cabeza denunciar al Jefe de Escuadrón por “privación ilegítima de la libertad” o por “imposición de tormentos” ante un juez federal. Vivíamos esas circunstancias como algo natural que duraba un año y que había que cumplir porque lo establecía una ley.

La instrucción militar consiste, básicamente, en preparar a una persona para ir a la guerra; lo que entraña de algún modo reproducir dicha circunstancia extrema. Ello es así aquí y en cualquier lugar del mundo donde existan fuerzas armadas profesionales. El Jefe del Ejército Rojo y miembro del partido comunista ruso, León Trotsky, afirma en “Mi Vida”: “Sin represalias es imposible poner un ejército en pie. Es una quimera pretender que se van a lanzar a muchedumbres de hombres a la muerte si la pena capital no figura entre las armas de que dispone el mando.” La guerra o la preparación para ella, exige leyes y jueces especiales que tipifiquen los delitos y juzguen las conductas. Y, aún de buena fe, cualquier idea o acción en contrario implica un peligroso riesgo para la Defensa Nacional. De no entenderse así, el Servicio Militar (por) Obligatorio constituiría un delito en sí mismo y los superiores en el mando, desde el Cabo más moderno hasta el General más antiguo (Don José de San Martín, incluido), criminales de lesa humanidad por ejecutar un Plan Sistemático de violación de los derechos humanos contra los cientos de miles que pasaron por la “colimba”. Un absurdo por donde se lo mire.

Poltronieri

Trotsky

San Martín

Rapoport

Vidal

De Luca

Ahora bien, no por absurdo, inexistente. La Argentina da para todo. Tal es el caso del procesamiento disparatado, inconstitucional y ridículo de 26 militares que pelearon en Malvinas; a los que se les viola el derecho de ser juzgados por los jueces militares (designados por la ley antes del hecho de la causa) y se los procesa a través de jueces ordinarios con leyes de tiempos de paz.

Según el titular de la Fiscalía General 4 ante la Cámara Federal de Casación Penal, Javier De Luca, “los hechos imputados (imposición de tormentos) son crímenes de guerra y/o graves violaciones a los Derechos Humanos”, por lo tanto, imprescriptibles. De Luca es consciente del escenario de guerra en el que el supuesto crimen se perpetra; de allí que, su mera intervención en un hecho ajeno a su competencia entraña un acto de prevaricación que vuelve nulo el trámite (lo mismo vale para el fiscal Marcelo Rapaport y el juez federal Federico Calvete).

Poner, retroactivamente, bajo la competencia de la justicia ordinaria hechos que en su momento estaban en la órbita de la justicia militar, además de violar el Art. 18 de la CN, constituye lisa y llanamente propinar un mazazo terminal a las Fuerzas Armadas de la Nación y, si se quiere, por ende un acto de traición al dejar sin defensa al territorio nacional ¿Qué soldado iría a una guerra en esas condiciones? No quiero dar ideas pero, en vista de que se los juzga con el Código Penal, De Luca bien podría acusar a los militares argentinos por matar soldados ingleses. Para la ley penal matar a un inglés es un delito igual de grave que matar a un argentino. Así el soldado Oscar Ismael Poltronieri (Cruz al Heroico Valor en Combate) de, héroe, se convertiría en asesino serial.

En un país medianamente decente estas cosas, por lo general, no pasan. Ahora bien, ninguna sociedad seria está libre de un De Luca. La diferencia es que, dado el caso, los miembros del Congreso harían cola para instalarle una zapatería que lo eyecte del cargo. No es el caso de Argentina Ni un solo candidato a presidente (ni uno) ha dicho media palabra al respecto. Es más, la gobernadora María Eugenia Vidal se presenta como querellante de los 26 militares.

Así las cosas, deberían eliminar ese gasto inútil que representa el Ministerio de Defensa junto a todas sus dependencias (y que el último que salga, apague la luz.)

 


PrisioneroEnArgentina.com

Julio 23, 2019


 

VENEZUELA Y LA IZQUIERDA DORIAN GRAY

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 Por Mauricio Ortín

 

Lo único bueno que deja la triste crisis venezolana es que exige a la política a que muestre el verdadero rostro del mal y el de sus aliados. El chavismo-madurismo es lo peor que le ha pasado a Venezuela en toda su historia. La banda de asesinos, ladrones, narcotraficantes y demagogos que se adueñó  del poder del Estado ha destruido la economía, la justicia y la democracia, y ha envilecido a sus fuerzas armadas y desquiciado a la sociedad a tal  punto  que huir de Venezuela es el único proyecto alternativo a una existencia miserable. Una vez más, se constata que el socialismo en crudo y en acto es objetivamente el mal de estos tiempos. Sólo hay que recorrer la miseria, el genocidio, la esclavitud, la injusticia que han dejado y dejan las dictaduras comunistas desde 1917 a la fecha para reconocer el  mal. Cien millones de asesinados en menos de cien años es un número que ha sido aceptado por ellos mismos. ¿Cómo se explica que, con semejante cantidad de cadáveres blanqueados del placard, la izquierda se arrogue superioridad moral? ¿Qué credenciales la avalan para mirar por sobre el hombro a los que no comparten sus ideas y jamás propiciaron o justificaron asesinatos masivos? El marxismo-leninismo, en todas sus variantes, propone como objetivo político eliminar físicamente una clase social. El genocidio de los burgueses es parte explícita de su programa de acción. Y que estos fanáticos  son de cumplir con sus promesas no cabe duda alguna. Ahí están las extendidas obras de Stalin, Trotsky, Lenin, Mao, Castro, Che Guevara, Pol Pot y otros para corroborarlo. Pero, es evidente, la izquierda tiene mejor prensa que la derecha. No se venden remeras con la imagen de los fusilados por el Che Guevara pero sí de este último y la televisión oficial argentina a partir de la presidencia de Néstor Kirchner sostiene al Canal Encuentro dedicado, en gran parte, a hacer la apología del terrorismo que asoló a la Argentina en la década del 70’. Lo que, por la continuidad  auspiciada por  Macri, parece ser una suerte de “política de Estado”.

 Es un hecho: la izquierda maneja la propaganda política con una maestría sin par y sin el menor escrúpulo. Inventa, tergiversa e impone a los hechos sus interpretaciones de guerra de clases y, si no se ajustan, peor para ellos. Repetir una mentira hasta el cansancio y escrachar por facho al que la desmiente es una táctica que le dado buenos resultados sin importar lo ridículo o cínico que signifique defender lo indefendible. Que Nisman se suicidó, que la denuncia que hizo contra Cristina era un mamarracho, que Milagro Sala es perseguida por trabajar para los pobres, que los desaparecidos son 30.000, que en los 70’ no hubo una guerra sino un genocidio, que el ex terrorista Horacio Verbitsky es un campeón los derechos humanos, que en Cuba se vive con dignidad o que la proclamación de Juan Guaidó como presidente de Venezuela es un golpe de Estado al gobierno de Nicolás Maduro son algunas de las cuentas de ese infinito collar. Hay que señalar que a la izquierda le importa un cuerno la formalidad “pequeño burguesa” de las instituciones liberales. Acatan la ley en la medida que les sirve para llegar al poder. Una vez instalados, ellos son la ley y entonces comienza la “dictadura del proletariado” (eufemismo de dictadura del partido Comunista). Pues bien, para de alguna manera justificar el apoyo al energúmeno de Maduro o, en su defecto, el no reconocimiento al presidente Guaidó, se desgarran las vestiduras ante el apoyo explícito de Donald Trump. Dicen que al presidente norteamericano no le interesa la democracia sino el petróleo de Venezuela. Sin embargo, le ruegan a los EE.UU. para que les siga comprando mientras Maduro se lo regala al régimen cubano. .

Pino Solanas, Víctor Hugo Morales, Maradona, Atilio Borón, el kirchnerismo en bloque, Pérez Esquivel, Hebe de Bonafini, Luis D’Elía, Mempo Giardinelli, Gustavo Silvestre y casi toda la izquierda ha salido a romper lanzas para salvar al energúmeno de Maduro. Es que al otro lado está la derecha (el mal) acaudillada por el diablo mayor (Trump). Les importa un rábano  los cuatro millones de venezolanos que emigran con lo puesto (la mayor catástrofe humanitaria de la historia de América latina) huyendo de la peste “bolivariana”, dejando bienes, afectos, tierra y llevando consigo solo la esperanza encontrar un lugar en el mundo. Ahh…, pero es culpa de Trump. ¡Se puede ser más miserable!

El papa Francisco, por su parte, está preocupado por el derramamiento de sangre que supone la proclamación de Guaidó. El mismo argumento esgrimió el gobierno ruso para no reconocer a Guaidó. También, en un tiro por elevación aludió a Trump y coincidió con la izquierda en Panamá, cuando dijo: “Nuestros pueblos no son el ‘patio trasero’ de nadie”. No se enteró, así parece, que el derramamiento de sangre provocado  desde el poder y contra los débiles transcurre desde hace  casi dos décadas en Venezuela. Tampoco registró el hambre de los niños venezolanos, ni la diáspora forzada de los desesperados que huyen a pie.

En fin…, si algo me queda claro de esto último es que Donald Trump (la encarnación del “mal”) es un dechado de virtudes morales al lado de los que, supuestamente, personifican el bien.

 

 


PrisioneroEnArgentina.com

Enero 29, 2019


 

El Exilio de Trotsky

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El 9 de enero de 1937 León Trotsky, político y revolucionario ruso, llega a México como refugiado, tras iniciar una lucha contra el régimen de Stalin.

 

En la tarde del 20 de agosto de 1940, Ramón Mercader, un joven español bajo contrato de la GPU, la policía política secreta de Joseph Stalin, aprovechó el momento. Bajo el alias del empresario canadiense “Frank Jacson”, se había infiltrado en la casa de Leon Trotsky en Coyoácan, un municipio de la Ciudad de México, varios meses antes. Cuando Trotsky se inclinó sobre su escritorio, Mercader lo golpeó brutalmente en el lado derecho de la cabeza con un pico, su mango se cortó para ocultarlo más fácilmente debajo de un impermeable. La herida infligida tenía tres pulgadas de profundidad. Al tambalearse, el viejo revolucionario encontró la fuerza para luchar contra el asesino. Trotsky impidió que Mercader infligiera otro golpe fatal y luchó por su vida hasta que llegaron sus guardaespaldas. Con Mercader golpeado hasta quedar inconsciente y la policía llamó, se desplomó en los brazos de su esposa, Natalia Sedova. Al día siguiente, Trotsky sucumbió a sus heridas, muerto a la edad de 60 años.

Ramón Mercader

Con su némesis asesinada y Mercader, el asesino, negando cualquier participación soviética (eventualmente cumpliría 20 años en una prisión mexicana), Stalin pudo sentir una profunda satisfacción. El individuo, que, más que cualquier otro, simbolizaba la oposición al estalinismo, había sido eliminado. El acto vil de Mercader cerró el largo y amargo conflicto entre los dos hombres. Desde la versión ficticia en Unforgiving Years, la excelente novela de Victor Serge, su único compañero, hasta la película de 1972, El asesinato de Trotsky, donde Richard Burton lo retrató, los detalles escabrosos de la muerte de Trotsky a menudo han llamado más la atención que su vida extraordinaria La lucha de Trotsky contra Stalin y el estalinismo, el tema de este artículo, fue una parte crucial de la última década de su vida.
 León Davidovich Bronstein, nacido en el seno de una familia de agricultores judíos en Ucrania en 1879, Trotsky creció entre los movimientos revolucionarios que operan en la atmósfera ultra represiva del Imperio ruso. A la edad de dieciocho años, abrazó con entusiasmo el marxismo. El resto de su vida, se puede decir, sin exagerar, se basaba en un solo objetivo final: la revolución mundial de los trabajadores. Durante su temprana participación en la política socialista rusa, Trotsky se enfrentó con Vladimir Lenin sobre cómo debería organizarse un partido revolucionario (tales choques le servirían bien a Stalin cuando describiera a Trotsky como hostil a las ideas de Lenin). Durante la Revolución de 1905, después de la formación de los primeros soviets (consejos radicales que representan a las masas trabajadoras), Trotsky, que solo tenía veintiséis años en ese momento, se desempeñó brevemente como presidente del Soviet de San Petersburgo. Un largo período de exilio tras la represión del zar Nicolás II contra los radicales de izquierda terminó cuando regresó en mayo de 1917 a una Rusia en llamas con la revolución. Uniéndose a los bolcheviques unos meses después, Trotsky trabajó estrechamente con Lenin. Juntos, prepararon el derrocamiento del gobierno provisional gobernante que mantuvo al país en la desastrosa guerra mundial. De aquí en adelante, una multitud de personas pronunciaron sus nombres juntos: “Lenin y Trotsky”. Como miembro del Comité Revolucionario Militar Bolchevique, Trotsky jugó un papel decisivo en la insurrección en Petrogrado (anteriormente San Petersburgo), eventos que más tarde narraría en su Historia famosa de la revolución rusa. En marzo siguiente, negoció el tratado punitivo de Brest-Litovsk forzado a los bolcheviques por la Alemania imperial. En la Guerra Civil Rusa (1918-1921), organizó y llevó al Ejército Rojo a una impresionante victoria sobre las fuerzas contrarrevolucionarias.
Trotsky también fue testigo de los tremendos reveses de principios de la década de 1920 a las esperanzas revolucionarias. Bajo la Nueva Política Económica (NEP) puesta en marcha por Lenin en 1921, los bolcheviques tuvieron que concentrarse en la recuperación económica después de las severas medidas de la guerra. La clase obrera había sido devastada por tres años de guerra civil. Muchos trabajadores que sobrevivieron al conflicto se habían trasladado a puestos administrativos en el gobierno soviético o se habían trasladado al campo. Internacionalmente, la URSS estaba sola. La revolución proletaria que Trotsky había esperado que se extendiera y se apoderara de otros lugares había sido bloqueada. La izquierda radical sufrió terribles derrotas en 1919 en Alemania y Hungría. Hubo el “miedo rojo” en los Estados Unidos en el mismo período. Benito Mussolini, un ex socialista, adquirió el poder en Roma en 1922 y su dictadura fascista se convirtió en un enemigo feroz de los bolcheviques. Más derrotas pronto siguieron en Alemania, Estonia y Bulgaria en 1923-25.
Después de la muerte de Lenin en enero de 1924, surgió inmediatamente la pregunta sobre quién sería el próximo líder de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Trotsky fue una de las figuras más reconocibles asociadas con la Revolución de Octubre: admirada, odiada y emulada dentro y fuera de la URSS. Aunque la historia recuerda con razón a Joseph Stalin como el principal rival de Trotsky y luego como enemigo mortal, a principios de la década de 1920, Stalin pasó inadvertido para muchos observadores. Había sido una “sombra apenas perceptible”, como lo dijo Trotsky. Una de las historias clásicas de la Revolución bolchevique, Diez días que sacudieron el mundo, escrita por el radical estadounidense John Reed, apenas menciona a Stalin. Gregori Zinoviev y Lev Kamenev, no Stalin, emergieron como los principales oponentes de Trotsky inmediatamente después de la muerte de Lenin. Estos dos hombres, que habían estado con Lenin durante años, se sintieron amenazados por la popularidad de Trotsky y su historial militar. Sin embargo, ya se había cometido un error, fatídico para los tres. En 1922, Lenin, apreciando su talento organizativo, eligió a Stalin para el cargo de Secretario General del Partido Comunista. Esto le dio autoridad sobre la membresía del partido y los nombramientos. Stalin acumuló rápidamente un enorme poder e influencia en el partido durante los próximos años. Una vez que Lenin, quien en sus últimos meses, lamentó profundamente su elección de Stalin, ya no estaba en el cuadro, Stalin se puso del lado de Zinoviev y Kamenev en su oposición a Trotsky.
Como Trotsky reconoció más tarde, Stalin aprovechó la situación no solo para nombrar a su propia gente sino también para promover sus propias ideas sobre el futuro de la URSS. En 1924, introdujo la noción de “socialismo en un solo país”. Stalin sostuvo que solo en la Unión Soviética se podía construir una sociedad socialista, independientemente del contexto internacional. El concepto atrajo a muchos bolcheviques que enfrentan el aislamiento del único estado marxista del mundo. Stalin continuó para contrarrestar directamente esta idea al énfasis de Trotsky en la revolución mundial. Gracias a Stalin, el “trotskismo” pronto se convirtió en un término de oprobio para el elitismo, el faccionalismo y la falta de conexión con las masas de trabajadores y campesinos.
A mediados de la década de 1920, Trotsky respondió a estos desarrollos pidiendo una restauración de la democracia de los trabajadores dentro del Partido Comunista. Si bien había abogado por la centralización durante la Guerra Civil, lo había hecho por necesidad. Como líder de facto de lo que se conoció como la Oposición de Izquierda, Trotsky asaltó la creciente burocratización de la vida política, la retirada del antiguo ideal del internacionalismo revolucionario y la transformación del marxismo en “marxismo-leninismo”, un dogma que no debe cuestionado Reunió a muchos partidarios, como Karl Radek, Christian Rakovsky y Victor Serge. El apoyo adicional vino de cuartos inesperados. Después de que Stalin los sacó de sus posiciones de autoridad, Kamenev y Zinoviev se unieron a Trotsky en 1927. Esta Oposición Conjunta, nunca la alianza más robusta, no se mantuvo. Los jóvenes “activistas” rompieron violentamente las reuniones de oposición con métodos que recuerdan a los escuadrones fascistas de Mussolini. Stalin, ejerciendo su poder como un club, expulsó a Trotsky y sus seguidores del partido a fines de 1927. Proféticamente, Trotsky denunció a Stalin como el “sepulturero de la Revolución”. Enviado al “exilio interno” en Kazajstán durante un año, fue entonces Deportado a Turquía en febrero de 1929.

León Trotsky

En Prinkipo, un suburbio de Estambul, Trotsky escribió su autobiografía, Mi vida. En ese libro se encuentra esta notable descripción de Stalin, para entonces el único gobernante de la Unión Soviética.

Está dotado de practicidad, voluntad fuerte y persistencia en el cumplimiento de sus objetivos. Su horizonte político es restringido, su equipo teórico primitivo. Su trabajo de compilación, Los fundamentos del leninismo, en el que hizo un intento de rendir homenaje a las tradiciones teóricas del partido, está lleno de errores de sofocación. Su ignorancia de las lenguas extranjeras lo obliga a seguir de cerca la vida política de otros países. Su mente es obstinadamente empírica y carece de imaginación creativa. Para el grupo líder del partido (en los amplios círculos que no se conocía en absoluto) siempre parecía un hombre destinado a jugar el segundo y el tercer violín. Y el hecho de que hoy juegue primero no es tanto un resumen del hombre como lo es de este período de transición de reincidencia política en el país.

Este período no iba a ser tan “transicional” como creía Trotsky. Con sus oponentes eliminados, Stalin promulgó la colectivización de la agricultura y la industrialización dirigida por el estado, programas que una vez defendieron la Oposición de Izquierda, pero que ahora se implementan brutalmente con un asombroso número de vidas. Sin embargo, aún no estaba listo para implementar, para citar a Trotsky, la “liquidación física de los viejos revolucionarios, conocida por todo el mundo”. Stalin aguardaría su tiempo durante varios años. Y podría hacerlo mientras observa a su enemigo vivir la existencia de un refugiado.
Trotsky no dudó en calificar a la dictadura de Stalin de “totalitaria”, un concepto aún relativamente nuevo en el pensamiento político. Así, el estalinismo, el sistema contrarrevolucionario y la ideología que Stalin representaba, lo preocupaban. En esta forma de totalitarismo, una burocracia, una casta privilegiada, en la parte superior de la cual Stalin se encaramó como un monarca absoluto, la dominó sobre la clase obrera. Trotsky comparó la dominación estalinista con “Termidor”, el término usado para denotar el final de la fase radical de la Revolución Francesa y el cambio a la política reaccionaria. Hasta 1933, pensó, sin embargo, el sistema soviético podría reformarse trabajando a través de las estructuras del Partido Comunista. La Oposición de Izquierda podría desalojar a Stalin desde adentro sin desafiar directamente el poder estatal. Trotsky mantuvo esta posición hasta que Adolf Hitler se convirtió en canciller de Alemania en enero de 1933. Alemania era un país con una moderna sociedad urbana e industrial que durante mucho tiempo había considerado vital para las perspectivas del socialismo. Trotsky denunció el impacto de las políticas de Stalin en esta catástrofe. El liderazgo soviético había atado las manos del Partido Comunista Alemán y había obstaculizado un frente unido contra el Partido Nazi al interpretar a los socialistas moderados como la verdadera amenaza. Posteriormente, Hitler aplastó el poderoso movimiento de trabajadores alemanes sin apenas luchar. Este desastre forzó un cambio profundo en el pensamiento de Trotsky.

Después de que Hitler tomó el poder, Trotsky concluyó que la reforma del régimen de Stalin debía abandonarse. Superar a Stalin trabajando a través de los canales del Partido Comunista ya no era posible. Esta perspectiva mucho más radical culminó en su traición de la revolución de 1936. La revuelta proletaria tendría que derrocar a Stalin y la burocracia. Esta revolución, dejó claro Trotsky, se asemejaría a los trastornos europeos de 1830 y 1848 más que la Revolución de Octubre. Sería una revolución política, no social. La propiedad colectiva y el control de los medios de producción (por ejemplo, tierras, fábricas, minas, astilleros, yacimientos petrolíferos), ferrocarriles y bancos, así como la economía planificada, permanecerían. La designación de Trotsky de la URSS como un “estado de trabajadores degenerados” destacó su convicción de que Stalin había traicionado y degradado los aspectos originales y liberadores de la Revolución bolchevique. Aún así, mucho podría salvarse del daño hecho por el estalinismo.

La visión que Trotsky sostuvo de las instituciones políticas en una URSS liberada posterior a Stalin puede sorprender a algunos. Pidió elecciones libres, libertad de crítica y libertad de prensa. Si bien el Partido Comunista se beneficiaría más de esta atmósfera abierta, ya no tendría el monopolio del poder. Mientras los partidos políticos no intentaran restaurar el capitalismo, podrían operar, reclutar y competir por el poder. La caída de Stalin también significaría una nueva vida para los sindicatos. Trotsky imaginó una participación restaurada de los trabajadores en la política económica. La ciencia y las artes podrían florecer una vez más. El estado, ya no vinculado a las calamitosas políticas estalinistas, podría volver a satisfacer las necesidades de los trabajadores, como la vivienda. La estratificación cedería ante el objetivo revitalizado de la “igualdad socialista”. Los jóvenes, en quienes Trotsky puso tanta esperanza, “recibirán la oportunidad de respirar libremente, criticar, cometer errores y crecer”.

Estos pensamientos que Trotsky puso en el papel solo unos meses antes de ser obligado a moverse nuevamente. Durante ocho años, Trotsky atravesó lo que llamó un “planeta sin visa”, un planeta desgarrado por la peor crisis económica en la historia del capitalismo. Desde que Stalin lo expulsó a él ya Natalia de la URSS, los asediados revolucionarios habían encontrado un refugio temporal en Turquía, Francia y Noruega. Concedido refugio por el gobierno izquierdista de Cardénas de México, su llegada a Coyoácan en enero de 1937 fue recibida con burla y amenaza por el Partido Comunista pro-Stalin del país.

Stalin no solo cazaba a Trotsky, sino a cualquiera que estuviera cerca de él de un país a otro. En Barcelona, ​​en junio de 1937, sus asesinos secuestraron al antiguo colaborador de Trotsky, Andrés Nin, líder del POUM (Partido de los Trabajadores de la Unidad Marxista), la organización de militantes que se hizo famosa por el Homenaje de George Orwell a Cataluña. Nin desapareció en un momento crítico de la lucha de los revolucionarios españoles contra Francisco Franco, que nunca volvería a ser visto. Trece meses después, en París, Rudolf Klement, que una vez había trabajado como secretario de Trotsky, se sentó a desayunar. Klement fue secuestrado, presumiblemente por agentes de la GPU. Lo agarraron y dejaron su comida en la mesa sin tocar. Unas semanas después de su desaparición, un cuerpo, sin su cabeza y sus piernas, apareció en el Sena. No era suficiente matar a Klement; se requería la decapitación y el desmembramiento para incitar al terror adicional.
Los agentes de Stalin también se infiltraron en el círculo alrededor del hijo de Trotsky, Leon Sedov. A pesar de una relación difícil con su padre, León trabajó incansablemente para él en París. Se comunicó con los opositores de izquierda que todavía se aferraban dentro de Rusia, editó el Boletín de la Oposición, el foro más importante para los análisis de Trotsky del mundo contemporáneo, y escribió un reportaje de los Ensayos del Show que se llevaban a cabo en la URSS. Mark Zborowski, nacido en Ucrania y conocido por los partidarios de Trotsky bajo el nombre falso “Étienne”, pronto se abrió camino en el círculo de Sedov. Zborowski se convirtió en el asistente personal de Sedov, ayudando con su correspondencia y, finalmente, a cargo de la publicación del Boletín. Gracias a “Étienne”, la GPU pudo contar con ver muchos de los artículos de esta última incluso antes de que aparecieran impresos. Y Zborowski les entregó información vital sobre la salud de Sedov. Cuando Sedov se registró en una clínica privada en París dirigida por emigrados rusos que se quejaban de una apendicitis, los soviéticos lo sabían. Murió allí en circunstancias misteriosas en febrero de 1938, cinco meses antes de que Klement desapareciera. A día de hoy, la causa de la muerte no se ha determinado de manera concluyente. En un conmovedor tributo a su hijo, Trotsky contó la terrible pena que él y Natalia sintieron. “Junto con nuestro hijo, murió todo lo que aún era joven dentro de nosotros”. Su otro hijo, Sergei Sedov, permaneció en Rusia después de la expulsión de sus padres y siempre mantuvo la política a raya. Eso no lo salvó. Desapareció y, se cree, recibió un disparo en octubre de 1937.
Esta matanza sistemática se superpuso con la monstruosidad de las Pruebas de espectáculos de Stalin. Estas abominables burlas de la justicia tenían sus raíces en el asesinato de Sergey Kirov, el jefe del partido de Stalin en Leningrado. Kirov fue asesinado a tiros en diciembre de 1934. Probablemente, el propio Stalin fue el responsable del asesinato. El asesinato le dio el pretexto para purgar sistemáticamente y públicamente al Partido Comunista. Como el aspecto más visible de las Purgas, las Pruebas del Show comenzaron con el Juicio de los Dieciséis en agosto de 1936. Los antiguos bolcheviques, como Zinoviev y Kamenev, fueron acusados ​​de conspirar contra el gobierno soviético. Sorprendentemente, confesaron, confesaron haber aceptado las demandas de Trotsky para asesinar a Stalin y a varios de sus subordinados. Después de sus sentencias de muerte, se llevaron a cabo varios juicios sucesivos hasta 1938. La “liquidación física de los antiguos revolucionarios, conocida por todo el mundo”, estaba a la mano. Trotsky sabía que una combinación de tortura, amenazas a los miembros de la familia y promesas de libertad, si se daban confesiones, permitía que ocurrieran las parodias. Cuando leyó la infame frase pronunciada por el fiscal general de Stalin, Andrey Vyshinsky: “Exijo que estos perros enojados deberían ser fusilados, ¡todos ellos!”. Trotsky sabía que esto no era una amenaza ociosa.
Las palabras de Vyshinsky se convirtieron en una realidad asesina en la URSS a fines de los años treinta y cuarenta. La violencia barrió tanto a los partidarios como a los opositores de Stalin y el estalinismo. Radek y Rakovsky, ex aliados de Trotsky que más tarde se sometieron a Stalin, fueron asesinados. También fue Nikolai Bujarin, uno de los principales teóricos del bolchevismo, un crítico acérrimo de Trotsky y la Oposición de Izquierda, y un antiguo defensor de Stalin. Otros fueron asesinados en campos de trabajo, los infames Gulags o en las cárceles. Entre las miles de víctimas estuvieron el pensador económico marxista, Isaak Ilich Rubin, y el gran historiador de la izquierda y ex director del Instituto Marx-Engels, David Ryazanov. Isaac Babel, a quien Trotsky una vez llamó “el más talentoso de nuestros escritores más jóvenes”, confesó haber trabajado como espía y cerebro terrorista de Trotsky. La policía secreta lo condenó a muerte en enero de 1940. En este período, la Unión Soviética era quizás el lugar más peligroso del mundo para los marxistas de pensamiento independiente, algo sorprendente, dados los registros de los regímenes fascistas. Por sus contribuciones a la carnicería, Stalin recompensó a Genrikh Yagoda y Nikolai Yezhov, jefes de la GPU durante estos años, por haberlos fusilado.
De los ensayos de la demostración, cada vez más extravagantes cuentos sobre Trotsky fueron hilados. Las historias transmitidas por el acusado lo colocaron en el centro de una conspiración antisoviética mundial masiva. Volviendo a sus llamamientos a una revolución anti-Stalin contra él, Vyshinsky se enfrentó a Trotsky, el adversario empedernido del fascismo, como el maestro fascista, como el tirador de cuerdas y el maestro de títeres. Además de los vínculos con la Gestapo, los investigadores soviéticos afirmaron haber descubierto las conexiones de Trotsky con Mussolini, el gobierno del Japón imperial y las democracias capitalistas. Con reminiscencias de las teorías antisemitas nazis, el “trotskismo” se transformó en una verdadera aparición demoníaca durante los ensayos de la serie. Sin embargo, Trotsky se defendió vigorosamente.
Contrarrestando la forma en que los historiadores seleccionados de Stalin distorsionaron el pasado soviético, Trotsky ya había escrito la Escuela de Falsificación de Stalin. Sus seguidores, muchos de los cuales se referían a él con afecto, como el “Viejo”, fundaron la Cuarta Internacional fuera de París en septiembre de 1938. Su objetivo era proporcionar una alternativa revolucionaria a la Tercera o Comunista liderada por Moscú. Internacional (Comintern). Esta Cuarta Internacional reforzaría los partidos y sindicatos de clase obrera radicales y antiestalinistas de todo el mundo. Cuando se trató de repudiar los cargos absurdos planteados en el Show Trials, recibió una ayuda considerable. Frida Kahlo, con quien Trotsky tuvo un romance en 1937, y Diego Rivera fueron sus incansables defensores en la Ciudad de México. En los Estados Unidos, se formó un Comité para la Defensa de León Trotsky. Organizaciones similares se fundaron en otros lugares. El Comité estadounidense estableció una Comisión de investigación, presidida por John Dewey, el famoso filósofo pragmatista. Solo uno de los miembros, Alfred Rosmer, sindicalista y partidario de la Revolución de Octubre, podría ser descrito como un partidario de Trotsky. Viajando a la capital mexicana, la Comisión celebró trece sesiones en abril de 1937. Trotsky, hablando en su inglés bastante imperfecto, respondió a todas las acusaciones formuladas por los estalinistas. Causó una poderosa impresión en los presentes, incluido el liberal Dewey, que no admiraba su política. En septiembre de 1937, la Comisión emitió sus conclusiones, eliminando a Trotsky de todos los cargos.

Joseph Stalin

Los años siguientes fueron tiempos oscuros y terribles para Trotsky, Natalia y su círculo interno. Perder a dos hijos e innumerables compañeros y amigos con Stalin no le quebró el espíritu, pero las pérdidas arrojaron una sombra sobre todo lo que había hecho. Con los japoneses en China, Hitler mudándose a Austria y amenazando a Checoslovaquia, y Mussolini soñando con un Imperio Romano en el Mediterráneo, la perspectiva de una nueva guerra mundial pronto lo superó. Casi un año antes de que comenzara, Trotsky habló de una inminente Segunda Guerra Mundial como una “nueva masacre que está a punto de ahogar a todo nuestro planeta en sangre”.

Trotsky tenía buenas razones para pronunciar tales cosas. Y sabía que la respuesta de Stalin a la expansión alemana en Europa del Este sería crítica. Tras el Acuerdo de Munich de septiembre de 1938, Trotsky esperaba que el gobierno soviético buscara un acuerdo con Hitler. La purga de 1937-38 de Stalin del Ejército Rojo, incluidos algunos de sus comandantes más capaces, como Mikhail Tukhachevsky, había debilitado tan seriamente a la URSS que debía evitarse a toda costa una confrontación militar con la Alemania nazi. Sean cuales fueren los sentimientos antinazis emitidos por el Kremlin, pensó Trotsky, no valían el papel en el que estaban escritos. A raíz de los Show Trials, creía que una razón aún más importante haría que Stalin llegara a un acuerdo con Berlín: la supervivencia. El régimen de Stalin era demasiado despótico e impopular para capear la tormenta de la guerra total. Según Trotsky, un acuerdo con la Alemania nazi podría asegurar cierta estabilidad para la dictadura.

Cuando Vyacheslav Molotov, el ministro de Relaciones Exteriores soviético, y Joachim von Ribbentrop, su homólogo alemán, firmaron un Pacto de No Agresión entre las dos naciones el 23 de agosto de 1939, Trotsky apenas se sorprendió. A principios de ese año, había declarado que el nombre de Stalin sería un “sinónimo de los límites más extremos de la sencillez humana”. Esta declaración condenatoria recibió confirmación con el próximo movimiento de Stalin: dividir Polonia con Hitler.
La lucha de Trotsky contra Stalin entró en una nueva fase final con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, apenas una semana después. En un flujo constante de artículos y entrevistas, condenó el papel de la Unión Soviética, un estado que, al menos en su retórica, se había puesto del lado de los colonizados contra el imperialismo. La traición de los principios del Octubre Rojo había alcanzado un nuevo nivel de traición. Quizás Stalin, supuso Trotsky, ahora parecía contento con la división de Europa del Este con los fascistas alemanes. Cualesquiera que fueran los motivos, llamó al “intendente” de Stalin Hitler, un lacayo que reaccionó ante los movimientos de su socio principal.
El ataque soviético a Finlandia en noviembre de 1939, el comienzo de la Guerra de Invierno, le hizo preguntarse hasta qué punto Stalin estaba dispuesto a llegar para crear una esfera de interés para él. Mientras condenaba de nuevo la agresión soviética, Trotsky, al mismo tiempo, despreciaba al mariscal Mannerheim, el líder finlandés de derecha reuniendo a su gente. Sin embargo, Trotsky, fiel a su marxismo, esperaba que la “sovietización” en Polonia y Finlandia pudiera liberar a los trabajadores y campesinos de ambos países del dominio de los capitalistas y los terratenientes. Sin embargo, se dio cuenta de que el socialismo, en última instancia, no podía construirse sobre las puntas de las bayonetas del Ejército Rojo.
Este fue un gran dilema para Trotsky. ¿Cómo podría uno apoyar la revolución social en áreas bajo el control soviético sin dar ningún fundamento a su anti-estalinismo? Un problema aún mayor se planteó. ¿Y si Hitler repudió el pacto y atacó a la URSS? Trotsky no tenía dudas de que Hitler lo haría tan pronto como fuera posible. Su respuesta fue absolutamente inequívoca. Los socialistas y los trabajadores de todas partes deben unirse a la defensa de la Unión Soviética. Los logros de la revolución bolchevique debían ser defendidos.
Esta posición, que alienó a muchos de sus seguidores, coexistió con otra afirmación: la nueva guerra mundial significaría el fin del régimen de Stalin. Trotsky predijo que los trabajadores y campesinos de la URSS, revitalizadas sus energías revolucionarias, pondrían fin a la burocracia estalinista. La revolución que describió en La revolución traicionada formaría parte de una gigantesca ola de revolucionarios que envolvió a las potencias del Eje y las democracias capitalistas. Al igual que Stalin, Hitler y Mussolini se encontrarían con la severa justicia del proletariado. Trotsky argumentó que el capitalismo, golpeado durante una década por el desempleo masivo, las cuotas de inmigración, las guerras arancelarias y la restricción del comercio, también había entrado en su “agonía de muerte”. De manera desafiante, anunció, “¡de las prisiones capitalistas y de los campos de concentración vendrán la mayoría de los líderes de la Europa y del mundo del futuro!” Un resultado que Trotsky imaginó como resultado de esta revolución mundial sería un Estados Unidos socialista de Europa. Este último, a su vez, formaría parte de una Federación Mundial de Repúblicas Socialistas. Esto hubiera significado la mayor revolución geopolítica en la historia de la humanidad con el socialismo convirtiéndose en una verdadera forma de sociedad global.
Trotsky mantuvo esta perspectiva radical incluso cuando Stalin firmó un acuerdo comercial con Hitler en febrero de 1940, luego se apoderó de Bessarabia y Bukovina de Rumania, y se anexionó Lituania, Letonia y Estonia. Se aferró a él mientras su propia salud se deterioraba y, como había temido durante mucho tiempo, los asesinos de Stalin se acercaron a él. A fines de febrero, Trotsky escribió un testamento final, temiendo que la muerte estuviera cerca. “La vida es bella”, dijo. “Que las generaciones futuras lo limpien de todo mal, opresión y violencia, y que lo disfruten al máximo”. Tres meses después, el mal radical apareció muy vivo y en movimiento.
El 1 de mayo, durante un día asociado con la izquierda y la militancia obrera, 20,000 comunistas mexicanos marcharon en la capital y gritaron: “¡Fuera Trotsky!” Trotsky y Natalia ya habían asumido que sus vidas estaban en peligro. Con sus cables electrificados, alarmas y puertas forzadas, su casa en Coyoácan parecía más una fortaleza que un hogar. Cuando Trotsky intentó desde lejos seguir el ritmo de la invasión de Francia y los Países Bajos por parte de Hitler, lanzado el 10 de mayo, tomó forma un complot para matarlo. Fue dirigido por el pintor David Alfaro Siqueiros, que fue amigo de Rivera, pero que ahora es un estalinista convencido. La noche del 23 de mayo, los hombres de Siqueiros irrumpieron en la casa y dispararon más de 200 disparos. Milagrosamente, Trotsky y Natalia sobrevivieron. También lo hizo su nieto, Esteban Volkov, que había estado viviendo con ellos.
Trotsky proclamó desafiante: “en los anales de la historia, el nombre de Stalin se registrará para siempre con la infame marca de Caín”. Cuando falló el intento de mayo, la GPU decidió ir con Mercader. En agosto, después de retrasos y errores, cumplió su misión mortal. Entre los papeles al lado de donde Trotsky luchó contra su asesino había un manuscrito largo e inacabado, una biografía de Stalin que escribió para exponer a su enemigo. La sangre derramada en el estudio confirmó lo que estaba grabado con tinta en las páginas del libro. De hecho, con el asesinato de Trotsky, Stalin demostró su talento más aterrador. Era un verdugo cuyo lazo podía atravesar los océanos.
En retrospectiva, es sorprendente lo confiados que estaban Trotsky y sus partidarios como Victor Serge, Isaac Deutscher y James Cannon en una próxima revolución proletaria que arrasaría con el régimen de Stalin. La expectativa de Trotsky de que la Segunda Guerra Mundial llevaría al derrocamiento de Stalin y al restablecimiento de un verdadero estado de los trabajadores en los EE.UU. nunca se materializó, por supuesto. De hecho, la victoria del Ejército Rojo durante la “Gran Guerra Patriótica” contra los estados del Eje solo solidificó el gobierno de Stalin. Para muchos, el marxismo se definió irrevocablemente y se identificó con el estalinismo. Sin embargo, la victoria no significó, en este caso, la validez del sistema moldeado por Stalin. Las críticas de Trotsky a la persona de Stalin y al estalinismo, el fenómeno, nos lo recuerdan.

 


Fuentes: The Revolution Betrayed por Leon Trotsky . The great Terror por Robert Conquest. The Case of Leon Trotsky por John Dewey . Su Trotsky y el Nuestro por John Barnes . The Stalin Cult por John Plamper .


PrisioneroEnArgentina.com

Enero 9, 2019


 

Justificando Asesinatos

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En su obra “Sus morales y las nuestras”, el revolucionario comunista León Trotsky explicó por qué el asesinato en ciertas circunstancias está justificado.

 

Gran parte de esto es atribuible al surgimiento del emotivismo, una filosofía que afirma que todos los juicios evaluativos (incluso este) son poco más que expresiones de preferencia o sentimiento, particularmente con respecto a los juicios morales.

Sin embargo, incluso si esta es una filosofía que muchas personas hoy en día adoptan en principio, es una que rechazan en la práctica, ha observado el filósofo Alasdair Macintyre. Por ejemplo, pocas personas aceptarían la proposición de que la afirmación “homicidio es incorrecto” es simplemente una preferencia. La mayoría aceptaría esto como un hecho moral, incluso si no pudieran explicar precisamente por qué.

La idea de un asesinato justificado ha intrigado a las mentes grandes y tortuosas por generaciones. El asesinato como un bien utilitario es la pieza central de la trama de la obra maestra Crime and Punishment (Crimen y Castigo) de Dostoyevsky, por ejemplo, una de las más grandes obras literarias psicológicas jamás escritas.

La decisión de Raskolnikov de asesinar a un prestamista anciano es el resultado de su opinión de que los hombres excepcionales no están obligados por las mismas convenciones morales que los hombres comunes. Esta es una filosofía moral que Dostoievski rechaza, pero sus pensamientos sobre las justificaciones utilitarias del asesinato (que podría ser un acto moral si condujera a un bien mayor) eran bastante precavidos.

Poco más de medio siglo después, en su obra “Sus morales y las nuestras”, el revolucionario comunista León Trotsky, un asesino de masas, explicó por qué el asesinato en ciertas circunstancias estaba bastante justificado, incluso racional.

“Un medio solo puede ser justificado por su fin. Pero el final, a su vez, necesita ser justificado “, escribió Trotsky. “Desde el punto de vista marxista, que expresa los intereses históricos del proletariado, el fin se justifica si lleva a aumentar el poder del hombre sobre la naturaleza y la abolición del poder del hombre sobre el hombre”.

Principalmente e irreconciliablemente, la moralidad revolucionaria rechaza el servilismo en relación con la burguesía y la arrogancia en relación con los trabajadores, es decir, aquellas características en las que los pedantes y moralistas pequeño-burgueses están completamente empapados.

Estos criterios, por supuesto, no dan una respuesta rápida a la pregunta sobre qué es permisible y qué no está permitido en cada caso por separado. No puede haber tales respuestas automáticas. Los problemas de la moralidad revolucionaria se fusionan con los problemas de la estrategia y la táctica revolucionarias.

Bajo tal filosofía, tenía sentido que Trotsky ordenara la muerte de los hijos del zar Nicolás II, Olga Nikolaevna, Tatiana Nikolaevna, Maria Nikolaevna, Anastasia Nikolaevna, Tsarevich Alexei Nikolaevich, y así lo hizo.

“Había sido correcto (como dice Trotsky en otra parte) matar a los hijos del zar, porque estaba justificado políticamente”, escribió el historiador y filósofo polaco Leszek Kołakowski en su libro Principales Corrientes del Marxismo.

Trotsky, por supuesto, perdió el favor de Stalin (un fenómeno que no es raro en estos gobiernos comunistas). Como resultado, los dos hijos de Trotsky fueron asesinados durante las purgas de Stalin, una atrocidad que Trotsky condenó.

“¿Por qué, entonces, estaba mal que Stalin asesinara a los hijos de Trotsky?”, Preguntó Kolakowski. “Porque Stalin no representó al proletariado”.

Los asesinatos de Trotsky fueron justificados porque él estaba realmente del lado del proletariado, mientras que Stalin era un simple pretendiente. Justificación, excusa… casi sinónimos.

Una filosofía moral como esta habría parecido enojada para la mayoría de las personas a lo largo de la historia humana, como lo es para muchos en la actualidad, pero es el producto de varias líneas de la filosofía moderna que impregna nuestra cultura: el emotivismo, el relativismo moral y el utilitarismo.

La lección es tener mucho cuidado con aquellos que justificarían sus medios únicamente por los fines que logran.

 


Fuente: The Extractor . Polls-News . The Intellectual . Crime and Punishment de Fiodr Dostyevsky .


PrisioneroEnArgentina.com

Octubre 7, 2018


 

Trotsky

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El 20 de agosto de  1940, el exiliado revolucionario ruso Leon Trotsky es herido de muerte por un asesino que empuñó un hacha de hielo en un complejo a las afueras de Ciudad de México. El asesino, Ramón Mercader, era un comunista español y posiblemente, agente del líder soviético Joseph Stalin. Trotsky murió de sus heridas al día siguiente.

Nacido en Ucrania de padres judíos rusos en 1879, Trotsky abrazó el marxismo cuando era adolescente y luego abandonó la Universidad de Odessa para ayudar a organizar el Sindicato de Trabajadores del Sur de Rusia. En 1898, fue arrestado por sus actividades revolucionarias y enviado a prisión. En 1900, fue exiliado a Siberia.

En 1902, escapó a Inglaterra usando un pasaporte falso bajo el nombre de León Trotsky (su nombre original era Lev Davidovich Bronshtein). En Londres, colaboró ​​con el revolucionario bolchevique Vladimir Ilyich Lenin, pero luego se puso de parte de las facciones mencheviques que abogaban por un enfoque democrático del socialismo. Con el estallido de la Revolución Rusa de 1905, Trotsky regresó a Rusia y fue nuevamente exiliado a Siberia cuando la revolución colapsó. En 1907, él escapó de nuevo.

Durante la década siguiente, fue expulsado de una serie de países por su radicalismo, viviendo en Suiza, París, España y la ciudad de Nueva York antes de regresar a Rusia cuando estalló la revolución en 1917. Trotsky desempeñó un papel de liderazgo en la toma del poder por parte de los bolcheviques, conquistando la mayor parte de Petrogrado antes del triunfal retorno de Lenin en noviembre. Nombrado secretario de Asuntos Exteriores de Lenin, negoció con los alemanes para poner fin a la participación rusa en la Primera Guerra Mundial.

Stalin, Lenin y Trotsky

En 1918, se convirtió en comisionado de guerra y se dedicó a construir el Ejército Rojo, que logró derrotar a la oposición anticomunista en el Guerra civil. A principios de la década de 1920, Trotsky parecía el heredero de Lenin, pero perdió en la lucha de la sucesión después de que Lenin enfermara en 1922.

En 1924, Lenin murió y Joseph Stalin emergió como líder de la URSS. Contrario a las políticas declaradas de Stalin, Trotsky pidió una revolución mundial continua que inevitablemente resultaría en el desmantelamiento del estado soviético cada vez más burocrático. También criticó el nuevo régimen para suprimir la democracia en el Partido Comunista y por no desarrollar una planificación económica adecuada. En respuesta, Stalin y sus partidarios lanzaron un contraataque de propaganda contra Trotsky. En 1925, fue removido de su puesto en el comisariado de guerra. Un año después, fue expulsado del Politburó y en 1927 del Partido Comunista. En enero de 1928, Trotsky fue deportado por el líder soviético Joseph Stalin a Alma-Ata en la remota Asia soviética. Vivió allí en el exilio interno durante un año antes de ser desterrado para siempre de la URSS por Stalin.

Fue recibido por el gobierno de Turquía y se estableció en la isla de Prinkipo, donde trabajó para terminar su autobiografía y la historia de la Revolución Rusa. Después de cuatro años en Turquía, Trotsky vivió en Francia y luego en Noruega y en 1936 se le concedió asilo en México. Instalado con su familia en un suburbio de la ciudad de México, fue declarado culpable de traición en ausencia durante las purgas de Stalin de sus enemigos políticos. Sobrevivió a un ataque de ametralladora llevado a cabo por agentes estalinistas, pero el 20 de agosto de 1940 fue facil presa de Ramón Mercader, un comunista español que se había ganado la confianza de la familia Trotsky. El gobierno soviético negó la responsabilidad, y Mercader fue condenado a 20 años de prisión por las autoridades mexicanas.

 


PrisioneroEnArgentina.com

Agosto 18, 2018


 

LAS CONSECUENCIAS DEL MARXISMO – SEGUNDA NOTA

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 Escribe: Carlos Españadero

 

Cuando escribí mi primer artículo, creí que lo dicho, en función de brevedad era suficiente. Pero en la autocrítica (que tampoco es monopolio del marxismo) noté que no era suficiente. Y esto me impulsó a escribir un poquito mas sobre este tema antes de entrar en mi objetivo: ¿Los sexos opuestos?
Marx, entre sus virtudes, ha expresado su pensamiento con una ingeniosa habilidad para cambiar el significado de las palabras, y los caminos del razonamiento. En esta senda, a reemplazado el razonamiento por la intuición. Y mientras el primero recorre necesariamente un complejo camino metodológico buscando la verdad, el segundo se apoya más en el chispazo que emerge luego de observar determinada realidad.
Esto hace, que los que se someten al razonamiento, llega a una afirmación que se respaldan en conclusiones fundamentadas a sostener, y a la vez expuestas a argumentaciones que se le opongan de la misma manera. Esto es el diálogo donde dos posturas o mas sobre un mismo proceso, permite entender que la búsqueda de la verdad impone enrriquecerse con conclusiones diferentes. En este caso, nadie es dueño de la verdad. Somos todos exploradores que buscamos la verdad ayudados por otras verdades diferentes. Lo expuesto, hace que el logro de las afirmaciones vayan precedidas por los fundamentos que permite llegar a ellas.
En vez, la intuición, es algo que salta repentinamente, como una verdad que ya lo es, y la tarea para exponerla, es buscar luego de obtenerla, los fundamentos con los cuales se puede sostener. Y hay intuiciones geniales, propio de seres humanos excepcionales. Sin embargo, en el campo del pensamiento siempre se ha sido reticente en reconocerlo como un método adecuado. Ni siquiera Descartes, se confió de ella, y tuvo que recorrer un duro camino de dudas, para llegar a su genial intuición.
Marx, deja fluir sus intuiciones, y con ellas construye una serie de verdades que luego de existir, las irá fundamentando principalmente con la historia y su genialidad. Pero esta metodología tiene un notable defecto. Siendo un chispazo que salta como un corto circuito dentro de un ser, es no solo reconocido como una verdad indiscutible, sino amada por su autor. Y cuando llegamos a este punto dejamos a un lado el razonamiento para dar lugar al sentimiento. Por lo tanto las intuiciones se defienden más sentimentalmente que lógicamente. Y leer a Marx y sus seguidores es encaminarse por sensibleros y emotivos caminos que parten de un punto de partida: la verdad intuitiva, donde el diálogo solo deja camino abierto a la disputa. Esto hace sus destrozos en el mismo marxismo, donde la discrepancia no se arregla con diálogo sino con lucha para imponerse. Y en ese camino largo fueron quedando Marx, Engels, Lenín, Trotsky, Stalin, Ho chi Ming, Castro y tantos otros. Y los que seguirán quedando.

 

Un dato curioso, es que los marxistas ignoran a Hussler. Éste desarrolló su método fenomenológico, que en alguna forma posibilitó la “intuición eidética” como un instrumento muy apropiado para el pensamiento filosófico. Aclaro que Hussler en sus estudios parece ser más un continuador de Descartes que de Marx, a quien no tiene en cuenta en sus “Meditaciones cartesianas”.
Marx, invierte el pensamiento de Hegel, pero asume su metodologia al hacer propia la famosa triada (tesis – antítesis – síntesis) aunque abandona pensar mucho sobre la síntesis. Además mientras Hegel se dedicaba al pensamiento, Marx lo va a aplicar en la lucha política.
Y esto hace muy diferente los efectos de la triada. Marx la convierte en un método (materialismo dialéctico, del cual derivará el materialismo histórico). Claro que al aplicarlo al devenir político, necesitó dar vida a la triada, mediante el enfrentamiento de la tesis y la antitesis, es decir la lucha de una contra otra. Dejando para la sintesis, el resultado de la lucha. Y ésta es de resultado incierto. Por lo tanto su comunismo es impredecible, y lo convierte en una entelequia. Mas adelante sus seguidores lo convierten en la antitesis triunfadora, a través de la dictadura del proletariado, que a su vez, tiene un modelo que fluirá de los detentores del poder (ellos). En consecuencia, el modelo comunista se encuentra en la mente de estos, sea China, Vietnam, Corea, Cuba u otro. Y como será resultado de la lucha, es incierto. Simplificando, la revolución comunista es tal si la hace un marxista.
Hasta aquí el enfoque político. Pero el marxismo necesita para dar vida a su proyecto, la lucha social. Para ello, necesita que exista la lucha de clases. Y el motor de la misma es el odio de clases.
¿Cómo lograr el odio?. En el campo humano, es sentirse dueño de la verdad. Este sentimiento hace innecesario el diálogo. La verdad no se discute. Se acepta o no. Y si es no, el autor del mismo, es un ignorante al que hay que someter intelectualmente o combatir para destruirlo. Y con ello deja de ser un mecanismo del pensamiento para ser un sentimiento de odio que incita a la lucha, para imponer su voluntad.
El marxismo ha logrado con esto un genial procedimiento de lucha, y dejó los campos de las posturas políticas, para ir a las de cada persona. ¿Quién no tiene intereses a defender? Estos se convierten en derechos, y a partir de ahí, el interés contrario atenta contra los derechos propios. No hay manera de congeniar. Hay que imponerlos convertidos en reivindicaciones irrenunciables.
Es esto, lo que algunos observadores descubren como “la grieta”.
Yo diria las grietas. Cada día son mas.
No son hoy inocentes divergencias, son profundos enfrentamientos, que muestran conductas agresivas y violentas, propicias al odio y por supuesto vacias de amor.
Y al observarlas, se las ven llenas de necedad[1] que ofensivamente ataca a quien no piensa como uno y se trata de someter atacando los derechos de cualquiera para lograr sus “conquistas.
Hoy el marxismo ha logrado una población que se encuentra en estado emotivo, cerrada a la compresión de los demás, cuando toca algún interés propio, y a plantear todo en función del mecanismo de la tesis antítesis: pobre-rico; automovilista-peatón, maestro-alumno, patrón-dependiente, policía-infractor, gobierno-gobernados, padres-hijos, médico-paciente, y lo que hoy me motiva: hombre-mujer.
Pero esto sí es mi próxima nota.

 

[1] Necio: la ignorancia hecha verdad despreciativa y llena de un falso orgullo.

 


PrisioneroEnArgentina.com

Diciembre 10, 2017


 

 

 

 

 

A cien años de la Revolución Rusa

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Por Mauricio Ortín

 

A cien años del primer experimento de aplicación práctica de la teoría marxista, que impidió la democracia y culminó en estalinismo

 

 

Si por Revolución Rusa se entiende la caída del régimen autocrático zarista a manos de aquellos que intentaron, sin éxito, establecer un sistema republicano de gobierno, entonces dicho acontecimiento debió celebrar su centenario el mes de marzo pasado (febrero en el calendario juliano). Si, en cambio y como es moneda corriente, se llama revolución al golpe de Estado (contrarrevolucionario) de la facción bolchevique contra la democracia en ciernes que se había iniciado en marzo, la fecha se corre para el 7 de noviembre (25 de octubre del calendario juliano). El zar Nicolás II y la dinastía Romanov fueron expulsados del poder por el gobierno provisional surgido del consenso de los partidos políticos en marzo de 1917. Lenin, Trotsky, Kamenev, Zinoviev y las principales figuras bolcheviques, para esa época se encontraban fuera de Rusia, a miles de kilómetros del lugar donde se desarrollaban los hechos, la ciudad de San Petersburgo.

Un conjunto de factores explosivos se conjugó entre marzo y noviembre de 1917. En las grandes ciudades, el reclamo de elementales derechos individuales se hacía sentir; por su parte, los pueblos no rusos subyugados al imperio pugnaban por su independencia; el campesinado (que constituía la mayoría de la población) exigía una reforma agraria que los hiciera propietarios; por último y fundamentalmente, el rechazo generalizado a un conflicto bélico que diezmaba a la población y la sumía en la miseria (la Primera Guerra Mundial). El zar Nicolás II, pésimo militar, contribuyó eficientemente a la debacle al asumir el  mando de sus ejércitos. En el frente interno político tuvo similar  desempeño  al permitir la intromisión del monje Rasputín en los cruciales asuntos de Estado. Lo que desvaneció, entre propios, la poca autoridad que le quedaba. Rota la cadena de mandos, el ejército de andrajosos y famélicos entró en disolución. Los soldados mataban a sus jefes para desertar en masa y regresar a sus aldeas en estado de conmoción. Nicolás II abdicó y el gobierno provisional de Kerensky intentó construir poder y detener  el desbande militar exhortando al patriotismo guerrero. Era lo último que querían oír los que estaban o venían del frente. El poder se encontraba  al garete y, como siempre en estos casos, a merced de la facción que pudiera organizar una fuerza represora lo suficientemente brutal, dadas las circunstancias, que impusiera  el codiciado orden para dar por finalizada  la angustia que genera el vacío de poder.
Lenin, el líder de los bolcheviques, había esperado esta oportunidad toda su vida. No la desaprovecharía. Supo interpretar como ninguno el desconcertante caos político-social y sacar las conclusiones correctas en relación a lo que se debía decir y hacer para tomar “el cielo por asalto”. Prometió, en caso de acceder al poder, entregar la tierra a los campesinos; conceder la autonomía a los pueblos no rusos que la demandaran; y, principalmente, declarar unilateralmente el fin de la guerra. Tales promesas no fueron suficientes para ganar la adhesión de las mayorías (los bolcheviques siempre fueron minoría); sin embargo, tuvieron el efecto de posicionarlos, de hecho, en la dirección de los acontecimientos. No fueron las masas las que tomaron el Palacio de Invierno, sede del gobierno provisional, sino un comando bolchevique que no encontró resistencia. El primer experimento marxista había comenzado. Lenin, Trotsky y los bolcheviques aplicarían su diseño de ingeniería social a 130 millones de personas como si fueran conejillos de indias. El ineludible exterminio hasta sus cenizas del capitalismo “criminal” daría paso al “hombre nuevo” que el “profeta de Tréveris” (Marx) había anunciado. Nada era más importante ni nadie debía interponerse ante semejante objetivo y para ello contaban con una herramienta: “el terror de masas”. La primera medida del gobierno de Lenin fue la creación de la Cheka: la policía secreta con amplísimos poderes y casi sin límite legal alguno dirigida por el comisario Feliks Dzerzhinski. Su función, “suprimir y liquidar” todo acto “contrarrevolucionario” o “desviacionista”. Entre 1918 y 1922, durante el “Terror Rojo”, la Cheka asesinó a un millón de personas por motivos políticos o religiosos (la Rusia zarista ejecutó entre 1825 y 1917 a 6.321 personas). Como la revolución tampoco era compatible con la libertad de prensa se amordazó a la oposición. Lenin falleció en 1924. Le sucedió el siniestro Stalin: el esteta del terror que hizo de éste un sofisticado arte.

La Revolución Rusa (bolchevique) se ha convertido en un tipo clásico del golpe de Estado. Tiene la virtud de mostrar cómo un conjunto relativamente minoritario de políticos profesionales, dado un contexto de conmoción social, puede, si actúa con decisión, audacia y absoluta falta de escrúpulos, adueñarse  del poder frente a una mayoría de pusilánimes.  La puesta en práctica de las ideas de Marx devino en tragedia bíblica para los millones de rusos, ucranianos, cosacos, tártaros, georgianos que, asesinados, torturados, esclavizados en los Gulag o simplemente cautivos del régimen, las sufrieron. Eso y no otra cosa fue la tristemente célebre Revolución Rusa. Ello, sin embargo, no ha sido óbice para que los que se consideran  de izquierda continúen  presumiendo de superioridad moral. Es que, el marxismo, aunque lo simule, no es una ciencia sino una fe. En ese sentido la Revolución Rusa es un ejemplo más de las consecuencias amargas de mezclar religión y política.-

 


PrisioneroEnArgentina.com

Octubre 20, 2017


 

LA GUERRA REVOLUCIONARIA

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Paraguay

Observación: Este trabajo fue leído con oportunas acotaciones del autor, en la conferencia magistral realizada en el Instituto Nacional de Acción Republicana (INARE), el día 27 de junio de 2013. La notable cultura del disertante y el cumulo de estudios realizados respecto al tema que nos convocó, nos demostró que la ANR tiene hombres de gran preparación. Nos sentimos honrados por tenerlo como nuestro editorialista y columnista de nuestro semanario. Recordamos asimismo que en Mayo de 2012 cerró el acto luego de un almuerzo en el restaurante  PIEGARI organizado por el semanario  EL COLORADO y patrocinado por el  INARE con la presencia del entonces candidato presidencial para las internas de la ANR, Don Horacio Cartes, fijadas para el 10 de diciembre del referido año. En esa oportunidad el candidato presidencial de Honor Colorado fue el único invitado que asistió. Los demás alegaron que estaban en campaña debido a que el día era viernes. Cartes recorrió las mesas y saludó a todos y cada uno de los comensales quienes quedaron muy bien impresionados por su sencillez. Asistieron dos ex presidente de la república, dos ex presidentes de la junta, uno de ellos, Don Blas, nieto de el fundador de la ANR, Marcos Riquelme,  recientemente fallecido, entre más de 100 notables del Partido Colorado cuya nómina llenaría estas paginas. El señor Horacio Cartes fue de los últimos en retirarse acompañado del señor  Turi Capello, presidente del Ignacio A. Pane, el presidente del tribunal de conducta, doctor Luis Enrique Chase Plate, el ex canciller Carlos A. Saldivar, el presidente del INARE, Atilio R. Fernandez y nuestro director quien se dio el gusto de invitarle al almuerzo al candidato quien quedó extrañado pues allí nadie le pidió nada como le adelantó el presidente del INARE, y más bien, recibió de obsequios libros y publicaciones de autores colorados. He aquí el notable trabajo de Humberto Zaracho que nuestros lectores deben copiar, pegar  y guardar en sus archivos.

 

Por el Cnel (R) Dr. ANDRES HUMBERTO ZARACHO

Conceptos de la guerra revolucionaria
La Guerra revolucionaria –también llamadaGuerra no convencional, Guerra irregular,Guerra subversiva o Insurgencia–es un tipo de Guerra Interna. Consiste en un conflicto armado de origen marxista que se manifiesta en un país, adoptado por los movimientos revolucionarios subversivos que se apoyan en la ideología marxista, y que a veces está fomentada y hasta auxiliada desde el exterior. En ciertos casos cuentan con el auxilio de la población civil, ganada por el control progresivo de la misma.
Sus jefes buscan la conquista del poder con la ayuda de técnicas subversivas de característica política y militar. No es una simple técnica de combate, como la guerrilla. Es mucho más que eso: la guerra revolucionaria plantea una lucha total por la transformación marxista del hombre.
En su obra “La guerra revolucionaria” el líder comunista chino Mao Tse Tung la concibió en función a la lucha de clases, mediante el empleo de reducidas formaciones armadas de alta flexibilidad y con fuertes elementos ideológicos y de propaganda, procurando el desgaste progresivo del adversario para, en el momento oportuno, enfrentarlo abiertamente con fuerzas regulares.
En la doctrina marxista la lucha de clases constituye su principio fundamental. Con ello persigue la destrucción de las clases sociales, de la religión, de las fuerzas armadas regulares y hasta del Estado, en una lucha despiadada hábilmente explotada a nivel político, y generalmente ejecutada por intermedio de la clase trabajadora o campesina, y algunas ocasiones del sector estudiantil.
Carlos Marx y Federico Engels, al diseñar esta doctrina de guerra revolucionaria, la denominaron como lucha de clases. Lenín la perfeccionó científicamente; Nguyen Van Giap la complementó con las tácticas militares, y el Che Guevara la adaptó para la captación psicológica de la juventud.
Es de vital importancia el estudio de este tipo de guerra, dado que una pequeña cantidad de grupos revolucionarios, comparativamente insignificantes, que, empleando su estrategia psico-político-militar causaron catastróficas derrotas a gobiernos de países mucho más grandes y poderosos.
L guerra revolucionaria no ha contribuido en nada al bienestar de la humanidad. Por el contrario, ha dejado un legado amargo, retardando todas las perspectivas de desarrollo político y económico de las naciones que sufrieron su embate.
Movimientos revolucionarios
Para alcanzar el poder los jefes de la Guerra Revolucionaria apelan a los Movimientos Revolucionarios. Estos constituyen un fenómeno muy general de difícil sistematización, que se caracterizan por:
· Una acción organizada dirigida por un grupo cuyos miembros fueron instruidos en la técnica revolucionaria
· Se inicia por una creciente agitación que puede alcanzar una extensión considerable en la población
· Antes de accionar contra el poder, busca debilitarlo y dominar la sociedad
· Se concreta con la toma del poder, ya sea por la violencia generalizada o por la subversión de las bases fundamentales de la sociedad.
Instrumentos o medios empleados por los Movimientos Revolucionarios
Los instrumentos utilizados son:
A. Las ideologías (intermedias o verdaderas): Los revolucionarios normalmente no propagan su ideología verdadera, y se valen de otras que sean capaces de contestar a los anhelos, aspiraciones e intereses reales de la población (intermedias).
B. Agentes: Estos pueden ser:
· Auxiliares: Entre estos se incluyen a los individuos que supuestamente no pertenecen a los cuadros de organización revolucionaria, pero que consciente o no, directa o indirectamente cooperan con el movimiento a través de los más variados medios.
Las principales categorías de auxiliares son:
– Criptorevolucionario: es aquel que se mantiene oculto y no es confeso, sólo se manifiesta a favor en ocasiones favorables
– Simpatizantes: aunque no sean revolucionarios son parcialmente adeptos a la causa revolucionaria. Constituyen el grupo más numeroso de auxiliares. Sus actitudes más comunes en reuniones favorecen las acciones de los revolucionarios, ayudan financieramente e integran grupos de presión.
– Inocentes o idiotas útiles: son aquellos que se prestan a las manipulaciones de los revolucionarios por desconocimiento o inconsciencia, favoreciendo la acción revolucionaria en forma inadvertida.
– Compañeros de ruta: no son revolucionarios, y hasta tienen ideas contrarias al Movimiento, pero se alían a aquellos para conquistar determinados objetivos comunes.
– Oportunistas: son individuos que por intereses particulares se asocian a la acción revolucionaria buscando ventajas. Generalmente son políticos que se unen al Movimiento para obtener más votos o mayor prestigio.
C. Activistas o Militantes: constituyen un grupo de revolucionarios profesionales para inculcar a las masas la idea de revolución y propagar las ideologías (verdaderas e intermedias) adoptadas por el Movimiento. Se organizan en pequeñas células destinados a actuar sobre determinados individuos o sectores específicos de la población. Entre éstos se encuentran los agitadores y propagandistas.
Recursos financieros
Para la obtención de recursos financieros la subversión revolucionaria no duda en asociarse con el crimen organizado: narcotráfico, lavado de dinero, contrabando, etc. La revolución cubana fue precursora de la narcoguerrilla. Al naufragar el yate Granma, Castro se quedó en la Sierra Maestra con un reducido grupo de hombres, hambrientos, mal armados y aterrorizados. Contactó con Crescencio Pérez, un campesino productor de marihuana, quien les escondió y les dio de comer para que no se murieran de hambre.
Pérez consideró al puñado de rebeldes como una fuerza de apoyo que haría dudar a las tropas de Batista de llegar hasta los lugares donde tenía sus cultivos de marihuana de la Sierra Maestra. Por su parte, Castro se dio cuenta que sin su ayuda estaba perdido, por lo que sumó a Pérez definitivamente a la guerrilla con dos de sus lugartenientes, “Vilo” Acuña y Hermes Cordero. El negocio de marihuana entre Castro y Crescencio Pérez duró hasta bastante después del triunfo de la revolución en 1959.
Fases de la Guerra Revolucionaria
Según Lev Trotski, creador del Ejército Rojo, la Guerra Revolucionaria a largo plazo incluye varias etapas diferentes:
§ Organización: Los rebeldes forman secretamente el núcleo activo de su Movimiento subversivo
§ Expansión: Los rebeldes extienden su organización estableciendo una red de órganos urbanos y rurales que reunirán informaciones de inteligencia, infiltrarán las organizaciones oficiales y privadas, intimidarán al gobierno, fomentarán disturbios civiles, huelgas, sabotajes y motines
§ Terrorismo: En esta etapa pasarán a una insurrección abierta, con grupos armados (células) que se encarguen del terrorismo y de las operaciones de guerrilla. La red política intensifica la acción psicológica y se da comienzo a las “BASES DE LA GUERRILLA” para formas la “ZONAS LIBERADAS”.
§ Guerra de guerrillas: En esta etapa se buscará reunir y enlazar los grupos guerrilleros para organizar las fuerzas regionales e iniciar la lucha armada y violenta contra el gobierno
§ Guerra Móvil: Los diferentes grupos guerrilleros montan una contraofensiva contra el poder gobernante utilizando la guerra móvil o mconvencional como forma de combate decisivo.
Técnicas operativas de la guerra revolucionaria
La guerra revolucionaria marxista tiene por objetivo la destrucción del sistema democrático para la toma del poder. Encuentran su campo propicio en momentos de crisis política, económica o social. Traen aparejadas ciertas acciones clandestinas o sutiles a fin de lograr sorprender y engañar al gobierno y a los ciudadanos.
Paralelamente, explota en su beneficio la ignorancia del pueblo cuya confusión busca incrementar y llevar así un mar de dudas sobre conceptos políticos y sociales explotables como los del imperialismocolonialismocapitalismonacionalismoracismodictadura militardictadura parlamentaria, etc. Todas ellas se realizan a través de acciones debidamente coordinadas.
Sintetizando, las principales técnicas operativas de la guerra revolucionaria son:
a. La subversión: consiste en el intento organizado, sistemático y agresivo de derrocar insidiosa o violentamente un gobierno determinado para sustituir los valores propios de la sociedad vigente por los que componen la concepción marxista. Es una forma de la Guerra irregular, en que es empleada además a la MASA. Esta está alentada y dirigida por elementos subversivos que, después de una prolongada evolución, llega a una etapa de lucha armada que aprovecha cualquier acontecimiento para su alzamiento general. A este tipo de Guerra Revolucionaria los comunistas le aplican distintas máscaras como “Guerra de Liberación Nacional”, “Guerra Antiimperalista”, etc.
b. La infiltración: Consiste en un sistema de ligación oculta que permite colocar en todas las instituciones del gobierno a elementos propios, ya sea en los planos político, militar, social, religioso, financiero, educacional, cultural, informativo, etc. La infiltración integra -junto con la propaganda y difusión ideológica- la etapa operativa no armada de las fuerzas subversivas para actuar con preferencia, de manera silenciosa y gradual, en tareas de encuadramiento colectivo ante el eventual fracaso de las técnicas operativas directas. Son objetivos preferidos para la infiltración:
· los partidos políticos, el Poder Judicial, las FFAA, la Policía, sindicatos de obreros, organizaciones de derechos humanos, organizaciones sociales campesinas, la Iglesia católica, asociaciones de intelectuales, centros estudiantiles, medios intelectuales y artísticos.
c. La acción psicológica: Técnica operativa no armada (directa o indirecta), en que la subversión actúa sobre la voluntad, los sentimientos y los valores de los hombres de una sociedad democrática, para disminuir su capacidad, generar contradicciones internas, confundirlo o desmoralizarlo en favor de su causa. Esta técnica tiende a obtener victorias sobre el enemigo por medio no bélicos, utilizando la manipulación mental y el empleo de la propaganda masiva y selectiva, nacional e internacional y hasta religiosa, la agitación o propaganda armada en ciertas ocasiones. Se apoya en los conocimientos y en los medios tecnológicos modernos surgidos a partir de la II Guerra Mundial, y que produjo resultado notorio para la resistencia civil en el seno de las masas en determinadas condiciones de crisis.
d. El adoctrinamiento: Consiste en la obtención de adeptos para la causa revolucionaria. Es facilitada por la infiltración previa en los órganos e instituciones. Se puede llevar a cabo en todos los sectores sociales.
e. Frente o Alianza Popular: Son Movimientos que pueden tener carácter permanente o provisorio, creados con el objeto de explotar un tema actual que apoye la tesis del Movimiento Revolucionario.
f. Las guerrillas: Son grupos armados no convencionales que se organizan en células, y constituyen el primer paso de la militarización subversiva como técnica violenta de la guerra revolucionaria. Estas recurren a acciones de naturaleza militar, caracterizada por el empleo de tácticas no ortodoxas realizadas por fuerzas irregulares, que pueden actuar independientemente o en coordinación con fuerzas regulares. El medio básico de las guerrillas es el empleo de la violencia mediante secuestros, atentados, sabotajes, emboscadas, terrorismo, ataques formales, etc.
De acuerdo a la situación del país y al análisis de sus posibilidades, las guerrillas pueden operar enel ámbito rural y urbano.
e. El terrorismo: Es la táctica o técnica de utilizar un acto o una amenaza de violencia contra una sociedad o contra el gobierno. Su objetivo es cambiar el resultado de un proceso político y alcanzar el poder por ese medio. El móvil o motivo es la inconformidad política, social y económica.
Esta técnica es una de las fases de la guerra no convencional o revolucionaria, y puede tener diversos fines: políticos, socioeconómicos, religiosos, culturales.
El terrorismo extremo busca a menudo la desestabilización de un Estado causando el mayor caos posible, para posibilitar así una transformación radical del orden existente. Generalmente -más que el logro de resultados y objetivos militares- los terroristas buscan propagar el pánico en la comunidad contra la que se dirige la violencia.
El terrorismo no es una práctica aislada ni desorganizada. Este es una manifestación de la subversión que se caracteriza por su violencia indiscriminada. Actúa por sorpresa creando incertidumbre y terror al producir sufrimiento innecesario, golpeando específicamente áreas vulnerables y a personas inocentes y ajenas al conflicto.
Generalmente el blanco es usado para atraer la atención y para ejercer coerción y temor sobre la población, a través del efecto multiplicador de los medios modernos de comunicación masivos. En consecuencia, la comunidad se ve coaccionada a actuar de acuerdo con los deseos de los terroristas.
Desde otro ámbito, el terror de Estado o terrorismo de Estado es aquel ejercido por un Estado contra sus propios súbditos o comunidades conquistadas. Este es un sistema impuesto por los gobiernos de fuerza a fin de de mantenerse en el poder, para neutralizar por diversos medios violentos, a los focos de resistencia que se le oponen.

 


Colaboración: Coronel Pedro López.


 

PrisioneroEnArgentina.com

Agosto 15, 2017