EVELINE

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  Por James Joyce 

Sentada a la ventana vio cómo la noche invadía la avenida. Reclinó la cabeza en la cortina y su nariz se llenó del olor a cretona polvorienta. Se sentía cansada.
Pasaban pocas personas. El hombre que vivía al final de la manzana regresaba a su casa; oyó los pasos repicar sobre la acera de cemento y crujir luego en el camino de ceniza que pasaba frente a las nuevas casas de ladrillo rojo. En otro tiempo hubo allí un solar yermo en donde jugaban todas las tardes con los otros muchachos. Luego, alguien de Belfast compró el solar y construyó allí casas -no casitas de color pardo como las demás, sino casas de ladrillo, de colores vivos y techos charolados. Los muchachos de la avenida acostumbraban a jugar en ese placer: los Devine, los Water, los Dunn, Keogh el lisiadito, ella y sus hermanos y hermanas. Ernest, sin embargo, nunca jugaba: era muy mayor. Su padre solía perseguirlos por el yermo esgrimiendo un bastón de endrino; pero casi siempre el pequeño Keogh se ponía a vigilar y avisaba cuando veía venir a su padre. Con todo, parecían felices por aquel entonces. Su padre no iba tan mal en ese tiempo; y, además, su madre estaba viva. Eso fue hace años; ella, sus hermanos y hermanas ya eran personas mayores; su madre había muerto. Tizzie Dunn también había muerto y los Water habían vuelto a Inglaterra. ¡Todo cambia! Ahora ella también se iría lejos, como los demás, abandonando el hogar paterno.
¡El hogar! Echó una mirada al cuarto, revisando todos los objetos familiares que había sacudido una vez por semana durante tantísimos años, preguntándose de dónde saldría ese polvo. Quizá no volvería a ver las cosas de la familia, de las que nunca soñó separarse. Y, sin embargo, en todo ese tiempo nunca averiguó el nombre del cura cuya foto amarillenta colgaba en la pared, sobre el armonio roto, al lado de la estampa de las promesas a Santa Margarita María Alacoque. Fue amigo de su padre. Cada vez que mostraba la foto a un visitante, su padre solía alargársela con una frase fácil:
-Ahora vive en Melbourne.
Ella había decidido dejar su casa, irse lejos. ¿Era esta una decisión inteligente? Trató de sopesar las partes del problema. En su casa por lo menos tenía techo y comida; estaban aquellos a los que conocía de toda la vida. Claro que tenía que trabajar duro, en la casa y en la calle. ¿Qué dirían en la tienda cuando supieran que se había fugado con el novio? Tal vez dirían que era una idiota, y la sustituirían poniendo un anuncio. Miss Gavan se alegraría. La tenía tomada con ella, sobre todo cuando había gente delante.
-Miss Hill, ¿no ve que está haciendo esperar a estas señoras?
-Por favor, miss Hill, un poco más de viveza.
No iba a derramar precisamente lágrimas por la tienda.
Pero en su nueva casa, en un país lejano y extraño, no pasaría lo mismo. Luego -ella, Eveline- se casaría. Entonces la gente sí que la respetaría. No iba a dejarse tratar como su madre. Aún ahora, que tenía casi veinte años, a veces se sentía amenazada por la violencia de su padre. Sabía que era eso lo que le daba palpitaciones.
Cuando se fueron haciendo mayores, él nunca le levantó la mano a ella, como sí lo hizo a Harry y a Ernest, porque ella era mujer; pero últimamente la amenazaba y le decía lo que le haría si no fuera porque su madre estaba muerta. Y ahora no tenía quien la protegiera, con Ernest muerto y Harry, que trabajaba decorando iglesias, siempre de viaje por el interior. Además, las invariables disputas por el dinero cada sábado por la noche habían comenzado a cansarla hasta decir no más. Ella siempre entregaba todo su sueldo -siete chelines-, y Harry mandaba lo que podía, pero el problema era cómo conseguir dinero de su padre. Él decía que ella malgastaba el dinero, que no tenía cabeza, que no le iba a dar el dinero que ganaba con tanto trabajo para que ella lo tirara por ahí, y muchísimas cosas más, ya que los sábados por la noche siempre regresaba algo destemplado. Al final le daba el dinero, preguntándole si ella no tenía intención de comprar las cosas de la cena del domingo. Entonces tenía que irse a la calle volando a hacer los recados, agarraba bien su monedero de cuero negro en la mano al abrirse paso por entre la gente y volvía a casa ya tarde cargada de comestibles. Le costaba mucho trabajo sostener la casa y ocuparse de que los dos niños dejados a su cargo fueran a la escuela y se alimentaran con regularidad. El trabajo era duro -la vida era dura-, pero ahora que estaba a punto de partir no encontraba que su vida dejara tanto que desear.
Iba a comenzar a explorar una nueva vida con Frank. Frank era bueno, varonil, campechano. Iba a irse con él en el barco de la noche, y ser su esposa, y vivir con él en Buenos Aires, en donde le había puesto casa. Recordaba bien la primera vez que lo vio; se alojaba él en una casa de la calle mayor a la que ella iba de visita. Parecía que no habían pasado más que unas semanas. Él estaba parado en la puerta, la visera de la gorra echada para atrás, con el pelo cayéndole en la cara broncínea. Llegaron a conocerse bien. Él la esperaba todas las noches a la salida de la tienda y la acompañaba hasta su casa. La llevó a ver La muchacha de Bohemia, y ella se sintió en las nubes sentada con él en el teatro, en sitio desusado. A él le gustaba mucho la música y cantaba un poco. La gente se enteró de que la enamoraba, y, cuando él cantaba aquello de la novia del marinero, ella siempre se sentía turbada. Él la apodó Poppens, en broma. Al principio era emocionante tener novio, y después él le empezó a gustar. Contaba cuentos de tierras lejanas. Había empezado como camarero, ganando una libra al mes, en un buque de las líneas Allan que navegaba al Canadá. Le recitó los nombres de todos los barcos en que había viajado y le enseñó los nombres de los diversos servicios. Había cruzado el estrecho de Magallanes y le narró historia de los terribles patagones. Recaló en Buenos Aires, decía, y había vuelto al terruño de vacaciones solamente. Naturalmente, el padre de ella descubrió el noviazgo y le prohibió que tuviera nada que ver con él.
-Yo conozco muy bien a los marineros -le dijo.
Un día él sostuvo una discusión acalorada con Frank, y después de eso ella tuvo que verlo en secreto.
En la calle la tarde se había hecho noche cerrada. La blancura de las cartas se destacaba en su regazo. Una era para Harry; la otra para su padre. Su hermano favorito fue siempre Ernest, pero ella también quería a Harry. Se había dado cuenta de que su padre había envejecido últimamente: le echaría de menos. A veces él sabía ser agradable. No hacía mucho, cuando ella tuvo que guardar cama por un día, él le leyó un cuento de aparecidos y le hizo tostadas en el fogón. Otro día -su madre vivía todavía- habían ido de picnic a la loma de Howth. Recordó cómo su padre se puso el gorro de su madre para hacer reír a los niños.
Apenas le quedaba tiempo ya, pero seguía sentada a la ventana, la cabeza recostada en la cortina, respirando el olor a cretona polvorienta. A lo lejos, en la avenida, podía oír un organillo. Conocía la canción. Qué extraño que la oyera precisamente esa noche para recordarle la promesa que le hizo a su madre: la promesa de sostener la casa cuanto pudiera. Recordó la última noche de la enfermedad de su madre: de nuevo regresó al cuarto cerrado y oscuro al otro lado del corredor; afuera tocaban una melancólica canción italiana. Mandaron mudarse al organillero dándole seis peniques. Recordó cómo su padre regresó al cuarto de la enferma diciendo:
-¡Malditos italianos! ¡Mira que venir aquí!
Mientras rememoraba, la lastimosa imagen de su madre la tocó en lo más vivo de su ser –una vida entera de sacrificio cotidiano para acabar en la locura total. Temblaba al oír de nuevo la voz de su madre diciendo constantemente con insistencia insana:
Dedevaun Seraun! ¡Dedevaun Seraun!
Se puso en pie bajo un súbito impulso aterrado. ¡Escapar! ¡Tenía que escapar! Frank sería su salvación. Le daría su vida, tal vez su amor. Pero ella ansiaba vivir. ¿Por qué ser desgraciada? Tenía derecho a la felicidad. Frank la levantaría en vilo, la cargaría en sus brazos. Sería su salvación.
Esperaba entre la gente apelotonada en la estación en North Wall. Le cogía una mano y ella oyó que él le hablaba diciendo una y otra vez algo sobre el pasaje. La estación estaba llena de soldados con maletas marrones. Por las puertas abiertas del almacén atisbó el bulto negro del barco, atracado junto al muelle, con sus portillas iluminadas. No respondió. Sintió su cara fría y pálida y, en su laberinto de penas, rogó a Dios que la encaminara, que le mostrara cuál era su deber. El barco lanzó un largo y condolido pitazo hacia la niebla. De irse ahora, mañana estaría mar afuera con Frank, rumbo a Buenos Aires. Ya él había sacado los pasajes. ¿Todavía se echaría atrás, después de todo lo que él había hecho por ella? Su desánimo le causó náuseas físicas y continuó moviendo los labios en una oración silenciosa y ferviente.
Una campanada sonó en su corazón. Sintió su mano coger la suya.
-¡Ven!
Todos los mares del mundo se agitaban en su seno. Él tiraba de ella: la iba a ahogar. Se agarró con las dos manos en la barandilla de hierro.
-¡Ven!
¡No! ¡No! ¡No! Imposible. Sus manos se aferraron frenéticas a la baranda. Dio un grito de angustia hacia el mar.
-¡Eveline! ¡Evvy!
Se apresuró a pasar la barrera, diciéndole a ella que lo siguiera. Le gritaron que avanzara, pero él seguía llamándola. Se enfrentó a él con cara lívida, pasiva, como un animal indefenso. Sus ojos no tuvieron para él ni un vestigio de amor o de adiós o de reconocimiento.

PrisioneroEnArgentina.com

Julio 29, 2020

LO MÁS VISTO ♣ Julio 28, 2020

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Las noticias más leídas en PrisioneroEnArgentina.com. Las más comentadas, las más polémicas. De que está la gente hablando…

REINICIO Julio 27, 2020 00.00 HORAS 
HORA DE CONTROL Julio 28, 2020 23.23 HORAS

 


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Julio 28, 2020


 

EL COVID 19 Y LA MEZQUINDAD DE LAS FUERZAS ARMADAS

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  Por CLAUDIO KUSSMAN

LOS HOSPITALES MILITARES, SOLO, PARA PRISIONEROS MILITARES

En el siglo pasado cuando el terrorismo irrumpió en la Argentina, las fuerzas de seguridad y policiales, como era su obligación, les hicieron frente durante varios años. Cuando esas sanguinarias organizaciones, favorecidas inclusive desde el gobierno (presidencia de Héctor Cámpora) se volvieron más audaces, finalmente las fuerzas armadas requeridas por la sociedad salieron a la calle a recuperar la misma, imponiendo entonces teóricas estrategias de manual. Terminada la confrontación armada, los terroristas residuales fueron mutando, continuado su lucha “revolucionaria” sin que nadie se les opusiera, hasta que finalmente los militares terminaron en la cárcel. Algo había salido muy mal y en consecuencia junto con ellos también perdimos la libertad hasta el día de nuestra muerte, quienes pertenecimos a las fuerzas de seguridad, policiales, penitenciarias y civiles. En este 2020 llegó al país otra aberración devastadora conocida como Covid 19, que por supuesto también está contaminando a quienes están en prisión, con un riesgo de vida potenciado por la edad y enfermedades varias, lógicas de los adultos mayores imputados por los bien o mal llamados delitos de lesa humanidad. En este caso y a pesar del silencio que se hace, quedó a la vista la monumental mezquindad de las Fuerzas Armadas con respecto a todos aquellos que no pertenecemos a las mismas. Tanto el Ejército como la Armada y la Aeronáutica, por haber sido gobierno en el pasado, tienen grandes centros de salud con instalaciones y profesionales de primer nivel que solo atienden a… sus miembros, inclusive a los que están privados de libertad. Entonces allí van los afectados por la pandemia de Coronavirus.  El resto, a rodar por hospitales públicos, al mentiroso Hospital Penitenciario Central o a un pabellón aislado del resto de los cautivos como hoy es el caso del Comisario General MIGUEL ETCHECOLATZ. Mientras tanto los altos mandos militares públicamente se vanaglorian sobre la capacidad culinaria del Ejercito, para ayudar, como hacen los punteros barriales, a contener a amplios sectores de indigentes, condición a la que llegaron gracias al accionar de sus mandantes, el poder político. Ese poder que también sometió y somete a la iniquidad a sus camaradas y a quienes no lo somos, produciendo entre los uniformados prisioneros un muy lamentable, sálvese quien pueda. En las horas de plomo y bombas, los azules siempre dijeron presente, al punto que por cada militar asesinado murieron más de tres efectivos de seguridad y policiales, pero hoy el Hospital Militar Central, el Naval Central y el Aeronáutico Central que por nobleza obligatoriamente tendrían que ser utilizados por TODOS los prisioneros, no se comparten. La mezquindad es lo que se impone entre los uniformados, a la hora de esta muerte silenciosa que nos acosa.    


 

Hospital Naval Central, donde atienen a los miembros de la Marina, imputados por los bien o mal llamados delitos de lesa humanidad.
Hospital Aeronáutico Central donde atienden a los miembros de la Fuerza Aérea, imputados por los bien o mal llamados delitos de lesa humanidad

 

Claudio Kussman

Comisario Mayor (R) 

Policía Pcia. Buenos Aires

Julio 28, 2020

claudio@PrisioneroEnArgentina.com

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Hospital Militar Central, donde atienen a los miembros del Ejército Argentino, imputados por los bien o mal llamados delitos de lesa humanidad.
Hospital público (o similares) donde atienden a policias, penitenciarios, y civiles, imputados por los bien o mal llamados delitos de lesa humanidad. “Clínica” donde ha estado internado el prisionero Miguel Etchecolatz –

 

“Mirad: el que siembra con mezquindad, cosechará también con mezquindad; el que siembra en abundancia, cosechará también en abundancia”

Pablo de Tarso (5ª10 dC.-67 dC.)

 


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Julio 28, 2020


 

¡NO!, PORQUE ¡NO! AL SOLDADO RAMÓN DE MARCHI

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  Por CLAUDIO KUSSMAN

EL EXTERMINIO DE ADULTOS MAYORES CONTINUA

A raíz de la llegada del Coronavirus a la Argentina, con fecha 13 de abril de este año, la Cámara de Casación Penal firmó una acordada recomendando a los jueces, que rápidamente otorgaran arrestos domiciliarios a la población carcelaria no violenta, que pertenecieran a grupos de riesgo. Si bien se entendía que por excelencia eran los adultos mayores, viles jueces federales aprovecharon a mandar a la casa a el ex vicepresidente AMADO BOUDOU y otros impresentables, sin importar que estos no se encuadraran en grupo de riesgo alguno. Por supuesto también se les concedió a violadores, asesinos y depredadores en general, menos a los imputados por los bien o mal llamados delitos de lesa humanidad, para ellos “ni justicia”.  Pasaron los días y la Cámara de Casación Penal el 18 de junio pasado, sí otorgó la prisión domiciliaria al Teniente Primero del Ejército Argentino RAMÓN DE MARCHI de 71 años de edad, alojado en el mentiroso Hospital Penitenciario Federal Central.

Lejos de dar cumplimiento, desprestigiados jueces como DANIEL DOFFO, ELIANA RATTÁ, CARLOS LASCANO, RAÚL FOURCADE, ALBERTO DANIEL CARELLI, ALEJANDRO PIÑA, GRETEL DIAMANTE, HÉCTOR CORTÉS y GUILLERMO FRIELE se opusieron a tal beneficio.  El tiempo siguió transcurriendo y el día 19 de julio pasado, DE MARCHI, fue uno de los 11 desalojados del HPC que encerraron en el pabellón 6 de la Unidad Penitenciaria 31, donde el Covid 19 diezmó a sus ocupantes. Hoy, solo él y otros 3 prisioneros, septuagenarios y octogenarios, quedan en el lugar.

El Teniente Primero Ramón De Marchi en el presente, sigue esperando el arresto domiciliario que le concediera la Cámara de Casación Penal.
José Luis Gioja, el exitoso ex gobernador de San Juan, actual diputado de la nación y presidente del partido justicialista.

A 20 metros, la treintena de presos “Vip” de la corrupción K, que ahora ocupan los pabellones uno, dos, tres, ruegan para que los saquen de allí. Sus vidas por supuesto que con la pandemia que circula sin control, corren peligro y así también la posibilidad de disfrutar a breve plazo de las fortunas que poseen, gracias a la “generosidad” de este territorio llamado Argentina. En el mismo que aparte de los derechos humanos (para algunos) mucho se verborrea sobre la “independencia del poder judicial”. Pese a ello JOSÉ LUIS GIOJA ex gobernador de San Juan, actual diputado y presidente del partido justicialista se presentó días pasados ante el Tribunal Oral Federal de San Juan, como víctima de la represión de estado, para que no se le otorgue el arresto domiciliario concedido por Casación a DE MARCHI, considerando que es peligroso y se va a fugar.  Este político de 70 años de edad y larga y “provechosa” trayectoria es recordado por haber sobrevivido al accidente aéreo ocurrido en octubre de 2013, cuando el helicóptero en el que viajaba embistiera cables de alta tensión y se precipitara a tierra, falleciendo la diputada nacional MARGARITA FERRÁ DE BARTOL También por haber  estado involucrado en el año 2014 en un hecho de coimas-dádivas pagadas entre el 2008 y 2012 por la empresa norteamericana DALLAS AIRMOTIVE, dedicada al mantenimiento de aviones. La empresa, fue multada en el país del norte, mientras que GIOGIA parece haber tenido mejor suerte por estas latitudes, donde si hay algo que es común y frecuente, son las coimas-dádivas a los funcionarios gubernamentales. Mientras tanto, entre negativas e inhumana burocracia judicial, RAMÓN DE MARCHI sigue esperando, el tiempo trascurre y con él la pandemia inexorablemente se extiende por los pabellones penitenciarios en donde la población de adulto mayores es la que más riesgo de vida corre, pese a lo cual   los jueces del ¡NO!, se hacen los ciegos, sordos y mudos.

Daniel Doffo y Eliana Rattá, los jueces federales del ¡NO! (Imagen Diario de Cuyo)
Carlos Lascano, juez federal ¡No!
Raúl Fourcade, juez federal ¡No!
Alberto Daniel Carelli, juez federal ¡No!
Alejandro Piña, juez federal ¡No!
Héctor Cortés, juez federal, ¡No!
Gretel Diamante, jueza federal ¡No!
Guillermo Friele, juez federal ¡No!



Claudio Kussman

Comisario Mayor (R) 

Policía Pcia. Buenos Aires

Julio 28, 2020

claudio@PrisioneroEnArgentina.com

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“Antes de negar con la cabeza, asegúrate de que la tienes”

Truman Capote (1924-1984)

 


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Julio 28, 2020


 

Trump da marcha atrás

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Cuatro días después de emitir la frase “La pandemia se pondrá peor, para luego mejorar” e impulsar el uso de barbijos (El presidente personalmente lo estaba haciendo en la última semana), ahora urge la reapertura de los estados incluida la vuelta al colegio de estudiantes y minimiza el uso de máscaras preventivas. 

El presidente Donald Trump y sus aliados en Capitol Hill todavía están luchando contra la peligrosidad o no de la pandemia , en lugar de un virus que se desarrolla a su propio ritmo y que es ajeno a sus horarios políticos y económicos artificiales.

Trump
De Santis

A pesar de su supuesto giro para tomar el coronavirus más en serio, Trump advirtió ayer lunes que algunos gobernadores deberían ser más rápidos en la apertura de sus estados, ignorando el hecho de que sus consejos previos sobre tales guías ayudaron a provocar un aumento en los casos .

La última explosión de enfermedad en los estados del sur y oeste está en auge, la situación sigue siendo grave. A última hora de la noche del lunes, la cifra diaria era de 53,972 nuevas infecciones y 581 muertes reportadas.

Nuevos recordatorios de cómo el virus ha fracturado la vida estadounidense llegó con la noticia de nuevos brotes en Nueva Jersey, que soportaron muchas semanas dolorosas de suspensiones de actividad comercial para controlar Covid-19. Y el regreso del béisbol está en crisis después de solo tres días con los Miami Marlins cancelando dos juegos después de que varios entrenadores y jugadores dieron positivo.

Florida, en particular, se ha convertido en un punto de referencia mundial para los casos de Covid-19, dos meses después de que el gobernador Ron DeSantis se encontraba fuera de la Casa Blanca alardeando sobre el éxito de su estado sobre el virus.

Reflejando el hecho de que la normalidad está a muchos meses de distancia, Google dijo el lunes que sus empleados trabajarían desde su casa hasta al menos julio de 2021, lo que contradice la nueva afirmación del presidente de que ya está en marcha una rápida recuperación económica.

 


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Julio 28, 2020


 

Más de 150 expertos médicos instan a Trump, al Congreso y a los estados a que cierren nuevamente la economía de los Estados Unidos de América

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Más de 150 profesionales de la salud y expertos médicos están instando a los políticos a cerrar el país nuevamente en un esfuerzo por frenar la propagación del coronavirus.

“Lo mejor para la nación es no reabrir lo más rápido posible, es salvar tantas vidas como sea posible”, dijeron en una carta enviada a la administración Trump, miembros del Congreso y gobernadores estatales esta semana.

La carta critica a los funcionarios por reabrir demasiado pronto y no hacer lo suficiente durante el cierre para prepararse. Enfrentar la pandemia requiere una mayor capacidad de prueba y producción adicional de equipos de protección personal.

“En marzo, la gente se fue a casa y se quedó allí durante semanas, para mantenerse a sí mismos y a sus vecinos a salvo. No se usó el tiempo para prepararnos para vencer al virus. Y luego comenzó a reabrir de todos modos, sin pruebas, sin test eficientes y demasiado rápido”. decía la carta. “En este momento estamos en el camino de perder más de 200,000 vidas estadounidenses para el 1 de noviembre. Sin embargo, en muchos estados la gente puede beber en bares, cortarse el pelo, comer dentro de un restaurante, hacerse un tatuaje, hacerse un masaje y hacer miles de cosas, otras actividades normales, agradables, pero no esenciales “.

La carta es un marcado contraste con los mensajes del presidente Donald Trump, quien ha estado alentando a los estados y las escuelas a reabrir prontamente.

El jueves, el presidente dijo nuevamente que las escuelas necesitan traer a los estudiantes de regreso para el aprendizaje en persona para que los padres puedan volver al trabajo.

“El Consejo de Asesores Económicos estima que 5.6 millones de padres no podrán volver a trabajar si las escuelas no vuelven a abrir este año. Ese es un problema tremendo”, dijo en la Casa Blanca. “Es un problema gigante. Las escuelas tienen que abrir de manera segura, pero tienen que abrir”.

Los Centros para la Prevención y Control de Enfermedades publicaron nuevas pautas escolares el jueves por la noche después de prometer los documentos durante más de una semana. La guía pone un gran énfasis en los niños que regresan a la escuela, pero recomienda que los funcionarios locales consideren cerrar las escuelas si hay una propagación sustancial e incontrolada del virus en el área.

 

Carta abierta a los legisladores de Estados Unidos, en nombre de los profesionales de la salud de todo el país.

Estimados legisladores,

De todas las naciones del mundo, hemos (EEUU) tenido la mayor cantidad de muertes por COVID-19. Al mismo tiempo, estamos en medio de “reabrir nuestra economía”, exponiendo a más y más personas a el coronavirus y la observación de numerosos casos, y muertes, se disparan.
En marzo, la gente se fue a casa y se quedó allí durante semanas, para mantenerse a sí mismos y a sus vecinos seguros. No se usó el tiempo para prepararnos para vencer al virus. Y luego se comenzó a reabrir de todos modos, y demasiado rápido. En este momento estamos en el camino de perder más de 200,000 vidas estadounidenses para el 1 de noviembre.
Sin embargo, en muchos estados la gente puede beber en bares, cortarse el pelo, comer dentro de un restaurante, obtener un tatuarse, recibir un masaje y hacer miles de otras cosas normales, agradables, pero no ocupaciones esenciales

Aclaremos nuestras prioridades.
Más de 117,000 estadounidenses habían muerto de COVID-19 a mediados de junio. Si nuestra respuesta tuviera sido tan efectivo como el de Alemania, las estimaciones muestran que habríamos tenido solo 36,000 muertes en ese período en los Estados Unidos. Si nuestra respuesta hubiera sido tan efectiva como Corea del Sur, Australia o Singapur, menos de 2,000 estadounidenses habrían muerto. Podríamos haber evitado el 99% de esas muertes por COVID-19. Pero no lo hicimos.
Lo mejor para la nación es no reabrir lo más rápido posible, es salvar tantos seres como sea posible. Y reabrir antes de suprimir el virus no va a ayudar a la economía. Los economistas han registrado que la única forma de “restaurar el la economía es abordar la pandemia en sí misma “, señalando eso hasta que encontremos una manera de
impulsar las pruebas y desarrollar y distribuir una vacuna a las personas que deseen participar.
Escucha a los expertos.
Los profesionales de la salud pública han dejado en claro que incluso después de haber contenido el virus quedarse en casa, para reabrir ciudades y pueblos estadounidenses de manera segura, necesitaremos:
– Suficiente capacidad de prueba diaria para evaluar a todas las personas con síntomas similares a la gripe más cualquier persona con la que hayan estado en contacto durante las últimas 2 semanas (al menos 10 adicionales pruebas por persona sintomática). Actualmente solo tenemos el 35% de la capacidad de prueba. Necesitamos alcanzar ese umbral. Cuantas más personas se enferman, más pruebas se requieren.
– Una fuerza laboral de rastreadores de contactos lo suficientemente grande como para chequear todos los casos actuales. Eso es 210,000 más rastreadores de contactos que teníamos en abril, pero el número sigue aumentando a medida que las infecciones aumentan. La mayoría de los estados están muy lejos de la cantidad de rastreadores de contactos que necesitan. Además, necesitamos más equipo de protección personal (EPP) para mantener seguridad esencial en trabajadores como profesionales de la salud, personal de respuesta a emergencias y empleados de supermercados a salvo.
Cerremos ahora y comencemos de nuevo.
Las empresas no esenciales deben cerrarse. El servicio de restaurante debe limitarse. Las personas deben quedarse en casa, salir solo para obtener alimentos y medicinas o para hacer ejercicio y tomar aire fresco. Las máscaras deben ser obligatorias en todas las situaciones, en interiores y al aire libre, donde interactuamos con los demás.
Necesitamos ese protocolo en su lugar hasta que los números de casos retrocedan a un nivel en el que tengamos la capacidad de probar y rastrear efectivamente. Entonces, y solo entonces, podemos intentar un poco más apertura, un pequeño paso a la vez.
se deben prohibir los viajes interestatales no esenciales. Cuando las personas viajan libremente entre estados, los buenos números en casos en un estado pueden verse afectados rápidamente. Si no toma estas medidas, las consecuencias se medirán en general con sufrimiento y muerte
Les necesitamos para liderar.
Diganle a los estadounidenses la verdad sobre el virus, incluso cuando es difícil. Toma medidas audaces para salvar vidas, incluso cuando eso significa cerrar nuevamente. Den rienda suelta a los recursos necesarios para contener el virus: acelerando masivamente las pruebas, construyendo la infraestructura necesaria para el seguimiento efectivo de contactos y proporcionando una red de seguridad para quienes lo necesitan.
Muchas de las acciones de nuestro gobierno hasta el momento no han alcanzado el momento soluciones.

Sr. Trump, administración federal, gobernadores honorables: les recordamos que la historia tiene sus ojos en ti.
Sinceramente,
Matthew Wellington
Director de Campañas de Salud Pública, U.S.

Ezekiel J. Emanuel, M.D., Ph.D.
Vice Provost of Global Initiatives
Chair, Department of Medical Ethics and Health Policy
Levy University Professor
Co-Director, Healthcare Transformation Institute
Perelman School of Medicine and The Wharton School
University of Pennsylvania
William Hanage, PhD
Harvard T. H. Chan School of Public Health
Saskia Popescu, PhD, MPH, MA, CIC
University of Arizona
David Sherman, PhD
University of Washington
Richard H. Ebright, Ph.D.
Rutgers University
Angela Rasmussen, PhD
Columbia Mailman School of Public Health
Seth Trueger, MD, MPH
Northwestern University
Megan Ranney, MD, MPH
Brown University & GetUsPPE
Sanjat Kanjilal MD, MPH
Harvard Medical School, Brigham & Women’s Hospital
Joan Casey, PhD
Columbia University Mailman School of Public Health
Karen Thickman, PhD
University of Washington, Department of Microbiology
Valerie Bengal, MD, FAAFP former UCSF Associate Clinical Professor
UC Santa Cruz and Capacitar International
Reshma Ramachandran, MD, MPP
National Clinician Scholars Program, Yale School of Medicine
Howard Forman, MD, MBA
Yale University
Ryan Marino, MD
Case Western Reserve University
Eric Goralnick, MD, MS
Brigham and Women’s Hospital/Harvard Medical School
Wade Berrettini, MD, PhD
University of Pennsylvania Perelman School of Medicine
Janet Perlman, MD, MPH
UCSF
David Rosen, MD, PhD
Washington University School of Medicine
Drew Schwartz, MD, PhD
Washington University School of Medicine
Krysia Lindan, MD, MS
University of California, San Francisco
Yaneer Bar-Yam, PhD
New England Complex Systems Institute
Margaret Handley, PhD, MPH
University of California San Francisco, Department of Epidemiology and Medicine
Thomas Lietman, MD
UCSF
Travis Porco, PhD, MPH
University of California, San Francisco
Veronica Miller, PhD
UC Berkeley School of Public Health
Kenneth Rosenberg, MD, MPH
PHSU-PSU School of Public Health
Jason Newland, MD
Washington University
Elizabeth Jacobs, PhD
Department of Epidemiology and Biostatistics, University of Arizona
Fern P. Nelson, M.D.
Veterans Administration Hospital
Krutika Kuppalli, MD
Infectious Diseases Physician and Emerging Leader in Biosecurity Fellow at Johns
Hopkins Center for Health Security
James Gaudino, MD, MS, MPH, FACPM
OHSU-PSU School of Public Health & Gaudino Consulting
Bruce Agins, MD, MPH
UCSF
Bonnica Zuckerman, MPH
UVM
Paul Song, MD
PNHP
Katherine Villers, MUA
Community Catalyst
Bethany Letiecq, PhD
George Mason University
Vineet Arora, MD, MAPP
University of Chicago and IMPACT4HC
Pete DeBalli, MD
UCF School of Medicine
Carrie Beckman, PharmD
UC Health
Krys Johnson, PhD, MPH
Temple University
Aalim Weljie, Ph.D.
University of Pennsylvania
Michael Kelly, PhD, MSW
Loyola University Chicago School of Social Work
Kevin Foskett, PhD
University of Pennsylvania
John Hansen-Flaschen, MD
University of Pennsylvania
Garret FitzGerald, MD
University of Pennsylvania
Amy Humrichouser, MD
University of Michigan
Aurora Horstkamp, MD
Washington State University
Timothy Ellender, MD
Indiana University
Christine Brewer, MSW, MSN, RN
Villanova University
Pamela Norton, PhD
Drexel University College of Medicine
Diane McKay, Psy.D.
LECOM
Kay Mattson, MSW, MPH
Independent international Public Health Consultant
Dominique Ruggieri, PhD
School of Medicine and Center for Public Health Initiatives, University of Pennsylvania
Eve Bloomgarden, MD
Northwestern University and IMPACT4HC
Nicole Theodoropoulos, MD
UMass Memorial Medical Center
Catherine Marsh, B.A.
EndCoronavirus.org
Patricia Harper, MA
San Bernardino Balley College
Jamie Burke
Colorado State University
Jessica Garfield-Blake, MEd
Knox Trail Middle School Teacher
Jerry Soucy, RN, CHPN
Death Nurse, LLC
Jonathan Moreno, PhD
University of Pennsylvania
Lana Fishkin, MD
Thomas Jefferson University
Jack Colford, MD, MPH, PhD
UC Berkeley
Rohini Haar, MD, MPH
UC Berkeley School of Public Health
Maimuna Majumder, PhD, MPH
Boston Children’s Hospital & Harvard Medical School
Sangeeta Ahluwalia, PhD
RAND Corporation/UCLA
Laura Whiteley, MD
Brown University
Patience Afulani, PhD
UCSF
Vernon Chinchilli, PhD
Penn State College of Medicine
Pamina Gorbach, DrPH
Fielding School of Public Health, UCLA
Judith Hahn, PhD
University of California, San Francisco
Benjamin Lerman, MD
Alta Bates Summit Medical Center
William Davidson, M.D.
PNHP
E John Wherry, PhD
University of Pennsylvania
Mary Sullivan, RN, DNP
University of Massachusetts Medical School
Mark Cullen, MD
Stanford University
Nathan Wong, PhD
University of California, Irvine
Resa M. Jones, PhD, MPH
Temple University
Brandie Taylor, PhD
Temple University
Ondine von Ehrenstein, PhD, MPH
Fielding School of Public Health, UCLA
James Fletcher, MD, FACEP
Brody School of Medicine at East Carolina University
Meenakshi Bewtra, MD, MPH, PhD
University of Pennsylvania
David Albright, MD
UPMC
Michael Gough, MD
Catholic Health System of Buffalo and University at Buffalo Jacobs School of Medicine
Dianne Friedman, Ph.D.
Retired university professor
Karen Walter
University of Washington
Robin Taylor Wilson, PhD
Department of Epidemiology and Biostatistics, College of Public Health, Temple
University
Janice Nash, RN, MSN, DNP
Carlow University College of Health and Wellness
Marsha Ellias-Frankel, MSW
American Association of Marriage & Family Therapists
Mae Sakharov, Ed D
Bucks County Community College
Mae Sakharov, MA, MED, EdD
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PrisioneroEnArgentina.com

Julio 27, 2020


 

La Ahogada

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  Por Agatha Christie

Don Henry Clithering, excomisionado de Scotland Yard, estaba hospedado en casa de sus amigos, los Bantry, cerca del pueblecito de St. Mary Mead.

El sábado por la mañana, cuando bajaba a desayunar a la agradable hora de las diez y cuarto, casi tropezó con su anfitriona, la señora Bantry, en la puerta del comedor. Salía de la habitación evidentemente presa de una gran excitación y contrariedad.

El coronel Bantry estaba sentado a la mesa con el rostro más enrojecido que de costumbre.

-Buenos días, Clithering -dijo-. Hermoso día, siéntese.

Don Henry obedeció y, al ocupar su sitio ante un plato de riñones con tocineta, su anfitrión continuó:

-Dolly está algo preocupada esta mañana.

-Sí… eso me ha parecido -dijo don Henry.

Y se preguntó a qué sería debido. Su anfitriona era una mujer de carácter apacible, poco dada a los cambios de humor y a la excitación. Que don Henry supiera, lo único que le preocupaba de verdad era su jardín.

-Sí -continuó el coronel Bantry-. La han trastornado las noticias que nos han llegado esta mañana. Una chica del pueblo, la hija de Emmott, el dueño del Blue Boar.

-Oh, sí, claro.

-Sí -dijo el coronel pensativo-. Una chica bonita que se metió en un lío. La historia de siempre. He estado discutiendo con Dolly sobre el asunto. Soy un tonto. Las mujeres carecen de sentido común. Dolly se ha puesto a defender a esa chica. Ya sabe cómo son las mujeres, dicen que los hombres somos unos brutos, etc., etc. Pero no es tan sencillo como esto, por lo menos hoy en día. Las chicas saben lo que hacen y el individuo que seduce a una joven no tiene que ser necesariamente un villano. El cincuenta por ciento de las veces no lo es. A mí me cae bastante bien el joven Sanford, un joven simplón, más bien que un donjuán.

-¿Es ese tal Sanford el que ha comprometido a la chica?

-Eso parece. Claro que yo no sé nada concreto -replicó el coronel-. Sólo son habladurías y chismorreos. ¡Ya sabe usted cómo es este pueblo! Como le digo, yo no sé nada. Y no soy como Dolly, que saca sus conclusiones y empieza a lanzar acusaciones a diestra y siniestra. Maldita sea, hay que tener cuidado con lo que se dice. Ya sabe, la encuesta judicial y lo demás…

-¿Encuesta?

El coronel Bantry lo miró.

-Sí. ¿No se lo he dicho? La chica se ha ahogado. Por eso se ha armado todo ese alboroto.

-Qué asunto más desagradable -dijo don Henry.

-Por supuesto, me repugna tan sólo pensarlo, pobrecilla. Su padre es un hombre duro en todos los aspectos e imagino que ella no se vio capaz de hacer frente a lo ocurrido.

Hizo una pausa.

-Eso es lo que ha trastornado tanto a Dolly.

-¿Dónde se ahogó?

-En el río. Debajo del molino la corriente es bastante fuerte. Hay un camino y un puente que lo cruza. Creen que se arrojó desde allí. Bueno, bueno, es mejor no pensarlo.

Y el coronel Bantry abrió el periódico, dispuesto a distraer sus pensamientos de esos penosos asuntos y absorberse en las nuevas iniquidades del gobierno.

Don Henry no se interesó especialmente por aquella tragedia local. Después del desayuno, se instaló cómodamente en una tumbona sobre la hierba, se echó el sombrero sobre los ojos y se dispuso a contemplar la vida desde su cómodo asiento.

Eran las doce y media cuando una doncella se le acercó por el césped.

-Señor, ha llegado la señorita Marple y desea verlo.

-¿La señorita Marple?

Don Henry se incorporó y se colocó bien el sombrero. Recordaba perfectamente a la señorita Marple: sus modos anticuados, sus maneras amables y su asombrosa perspicacia, así como una docena de casos hipotéticos y sin resolver para los que aquella “típica solterona de pueblo” había encontrado la solución exacta. Don Henry sentía un profundo respeto por la señorita Marple y se preguntó para qué habría ido a verle.

La señorita Marple estaba sentada en el salón, tan erguida como siempre, y a su lado se veía un cesto de la compra de fabricación extranjera. Sus mejillas estaban muy sonrosadas y parecía sumamente excitada.

-Don Henry, celebro mucho verlo. Qué suerte he tenido al encontrarlo. Acabo de saber que estaba pasando aquí unos días. Espero que me perdonará…

-Es un placer verla -dijo don Henry estrechándole la mano-. Lamento que la señora Bantry haya salido de compras.

-Sí -contestó la señorita Marple-. Al pasar la vi hablando con Footit, el carnicero. Henry Footit fue atropellado ayer cuando iba con su perro, uno de esos terrier pendencieros que al parecer tienen todos los carniceros.

-Sí -respondió don Henry sin saber a qué venía aquello.

-Celebro haber venido ahora que no está ella -continuó la señorita Marple-, porque a quien deseaba ver era a usted, a causa de ese desgraciado asunto.

-¿Henry Footit? -preguntó don Henry extrañado.

La señorita Marple le dirigió una mirada de reproche.

-No, no. Me refiero a Rose Emmott, por supuesto. ¿Lo sabe usted ya?

Don Henry asintió.

-Bantry me lo ha contado. Es muy triste.

Estaba intrigado. No podía imaginar por qué quería verlo la señorita Marple para hablarle de Rose Emmott.

La señorita Marple volvió a tomar asiento y don Henry se sentó a su vez. Cuando la anciana habló de nuevo, su voz sonó grave.

-Debe usted recordar, don Henry, que en un par de ocasiones hemos jugado a una especie de pasatiempo muy agradable: proponer misterios y buscar una solución. Usted tuvo la amabilidad de decir que yo no lo hacía del todo mal.

-Nos venció usted a todos -contestó don Henry con entusiasmo-. Demostró un ingenio extraordinario para llegar a la verdad. Y recuerdo que siempre encontraba un caso similar ocurrido en el pueblo, que era el que le proporcionaba la clave.

Don Henry sonrió al decir esto, pero la señorita Marple permanecía muy seria.

-Si me he decidido a acudir a usted ha sido justamente por aquellas amables palabras suyas. Sé que si le hablo a usted… bueno, al menos no se reirá.

El excomisionado comprendió de pronto que estaba realmente apurada.

-Ciertamente, no me reiré -le dijo con toda amabilidad.

-Don Henry, esa chica, Rose Emmott, no se suicidó, fue asesinada. Y yo sé quién la ha matado.

El asombro dejó sin habla a don Henry durante unos segundos. La voz de la señorita Marple había sonado perfectamente tranquila y sosegada, como si acabara de decir la cosa más normal del mundo.

-Ésa es una declaración muy seria, señorita Marple -dijo don Henry cuando se hubo recuperado.

Ella asintió varias veces.

-Lo sé, lo sé. Por eso he venido a verle.

-Pero mi querida señora, yo no soy la persona adecuada. Ahora soy un ciudadano más. Si usted está segura de lo que afirma debe acudir a la policía.

-No lo creo -replicó de inmediato la señorita Marple.

-¿Por qué no?

-Porque no tengo lo que ustedes llaman pruebas.

-¿Quiere decir que sólo es una opinión suya?

-Puede llamarse así, pero en realidad no es eso. Lo sé, estoy en posición de saberlo. Pero si le doy mis razones al inspector Drewitt, se echará a reír y no podré reprochárselo. Es muy difícil comprender lo que pudiéramos llamar un “conocimiento especializado”.

-¿Como cuál? -le sugirió don Henry.

La señorita Marple sonrió ligeramente.

-Si le dijera que lo sé porque un hombre llamado Peasegood [Buenguisante] dejó nabos en vez de zanahorias cuando vino con su carro a venderle verduras a mi sobrina hará varios años…

Se detuvo con ademán elocuente.

-Un nombre muy adecuado para su profesión -murmuró don Henry-. Quiere decir que juzga el caso sencillamente por los hechos ocurridos en un caso similar…

-Conozco la naturaleza humana -respondió la señorita Marple-. Es imposible no conocerla después de vivir tantos años en un pueblo. El caso es, ¿me cree usted o no?

Lo miró de hito en hito mientras se acentuaba el rubor de sus mejillas.

Don Henry era un hombre de gran experiencia y tomaba sus decisiones con gran rapidez, sin andarse por las ramas. Por fantástica que pareciese la declaración de la señorita Marple, se dio cuenta en seguida de que la había aceptado.

-Le creo, señorita Marple, pero no comprendo qué quiere que haga yo en este asunto ni por qué ha venido a verme.

-Le he estado dando vueltas y vueltas al asunto -explicó la anciana-. Y, como le digo, sería inútil acudir a la policía sin hechos concretos. Y no los tengo. Lo que quería pedirle es que se interese por este asunto, cosa que estoy segura halagará al inspector Drewitt. Y si la cosa prosperara, al coronel Melchett, el jefe de policía. Estoy segura de que sería como cera en sus manos.

Lo miró suplicante.

-¿Y qué datos va a darme usted para empezar a trabajar?

-He pensado escribir un nombre, el del culpable, en un pedazo de papel y dárselo a usted. Luego, si durante el transcurso de la investigación usted decide que esa persona no tiene nada que ver, pues me habré equivocado.

Hizo una breve pausa y agregó con un ligero estremecimiento:

-Sería terrible que ahorcaran a una persona inocente.

-¿Qué diablos? -exclamó don Henry sobresaltado.

Ella volvió su rostro preocupado hacia don Henry.

-Puedo equivocarme, aunque no lo creo. El inspector Drewitt es un hombre inteligente, pero algunas veces una inteligencia mediocre puede resultar peligrosa y no lleva a uno muy lejos.

Don Henry la contempló con curiosidad. La señorita Marple abrió un pequeño bolso del que extrajo una libretita y, arrancando una de las hojas, escribió unas palabras con todo cuidado.

Después de doblar la hoja en dos, se la entregó a don Henry.

Éste la abrió y leyó el nombre, que nada le decía, mas enarcó las cejas mirando a la señorita Marple mientras se guardaba el papel en el bolsillo.

-Bien, bien -dijo-. Es un asunto extraordinario. Nunca había intervenido en nada semejante, pero voy a confiar en la buena opinión que usted me merece, se lo aseguro, señorita Marple.

Don Henry se hallaba en la salita con el coronel Melchett, jefe de policía del condado, así como con el inspector Drewitt. El jefe de policía era un hombre de modales marciales y agresivos. El inspector Drewitt era corpulento y ancho de espaldas, y un hombre muy sensato.

-Tengo la sensación de que me estoy entrometiendo en su trabajo -decía don Henry con su cortés sonrisa-. Y en realidad no sabría decirles por qué lo hago -lo cual era rigurosamente cierto.

-Mi querido amigo, estamos encantados. Es un gran cumplido.

-Un honor, don Henry -dijo el inspector.

El coronel Melchett pensaba: “El pobre está aburridísimo en casa de los Bantry. El viejo criticando todo el santo día al gobierno, y ella hablando sin parar de sus bulbos”.

El inspector decía para sus adentros: “Es una lástima que no persigamos a un delincuente verdaderamente hábil. He oído decir que es uno de los mejores cerebros de Inglaterra. Qué lástima, realmente una lástima, que se trate de un caso tan sencillo”.

El jefe de policía dijo en voz alta:

-Me temo que se trata de un caso muy sórdido y claro. Primero se pensó que la chica se había suicidado. Estaba esperando un niño. Sin embargo, nuestro médico, el doctor Haydock, que es muy cuidadoso, observó que la víctima presentaba unos cardenales en la parte superior de cada brazo, ocasionados presumiblemente por una persona que la sujetó para arrojarla al río.

-¿Se hubiera necesitado mucha fuerza?

-Creo que no. Seguramente no hubo lucha, si la cogieron desprevenida. Es un puente de madera, muy resbaladizo. Tirarla debió de ser lo más sencillo del mundo, en un lado no hay barandilla.

-¿Saben con seguridad que la tragedia ocurrió allí?

-Sí, lo dijo un niño de doce años, Jimmy Brown. Estaba en los bosques del otro lado del río y oyó un grito y un chapuzón. Había oscurecido ya y era difícil distinguir nada. No tardó en ver algo blanco que flotaba en el agua y corrió en busca de ayuda. Lograron sacarla, pero era demasiado tarde para reanimarla.

Don Henry asintió.

-¿El niño no vio a nadie en el puente?

-No, pero como le digo era de noche y por allí siempre suele haber algo de niebla. Voy a preguntarle si vio a alguna persona por allí antes o después de ocurrir la tragedia. Naturalmente, él imagino que la joven se había suicidado. Todos lo pensamos al principio.

-Sin embargo, tenemos la nota -dijo el inspector Drewitt volviéndose a don Henry.

-Una nota que encontramos en el bolsillo de la víctima. Estaba escrita con un lápiz de dibujo y, aunque estaba empapada de agua, con algún esfuerzo pudimos leerla.

-¿Y qué decía?

-Era del joven Sandford. “De acuerdo -decía-. Me reuniré contigo en el puente a las ocho y media. R. S.” Bueno, fue muy cerca de esa hora, pocos minutos después de las ocho y media, cuando Jimmy Brown oyó el grito y el chapuzón.

-No sé si conocerá usted a Sandford -continuó el coronel Melchett-. Lleva aquí cosa de un mes. Es uno de esos jóvenes arquitectos que construyen casas extravagantes. Está edificando una para Allington. Dios sabe lo que resultará, supongo que alguna fantochada moderna de ésas, mesas de cristal y sillas de acero y lona. Bueno, eso no significa nada, por supuesto, pero demuestra la clase de individuo que es Sandford: un bolchevique, un tipo sin moral.

-La seducción es un crimen muy antiguo -dijo don Henry con calma-, aunque desde luego no tanto como el homicidio.

El coronel Melchett lo miró extrañado.

-¡Oh, sí! Desde luego, desde luego.

-Bien, don Henry -intervino Drewitt-, ahí lo tiene: es un asunto feo, pero claro como el agua. Este joven, Sandford, seduce a la chica y se dispone a regresar a Londres. Allí tiene novia, una señorita bien con la que está prometido. Naturalmente, si ella se entera de eso, puede dar por terminadas sus relaciones. Se encuentra con Rose en el puente. Es una noche oscura, no hay nadie por allí, la coge por los hombros y la arroja al agua. Un sinvergüenza que tendrá su merecido. Ésa es mi opinión.

Don Henry permaneció en silencio un par de minutos. Casi podía palpar los prejuicios subyacentes. No era probable que un arquitecto moderno fuese muy popular en un pueblo tan conservador como St. Mary Mead.

-Supongo que no existirá la menor duda de que ese hombre, Sandford, era el padre de la criatura… -preguntó.

-Lo era, desde luego -replicó Drewitt-. Rose Emmott se lo dijo a su padre, pensaba que se casaría con ella. ¡Casarse con ella! ¡Qué ingenua!

“¡Pobre de mí! -pensó don Henry-. Me parece estar viviendo un melodrama Victoriano. La joven confiada, el villano de Londres, el padre iracundo. Sólo falta el fiel amor pueblerino. Sí, creo que ya es hora de que pregunte por él”.

Y en voz alta añadió:

-¿Esa joven no tenía algún pretendiente en el pueblo?

-¿Se refiere a Joe Ellis? -dijo el inspector-. Joe es un buen muchacho, trabaja como carpintero. ¡Ah! Si ella se hubiera fijado en él…

El coronel Melchett asintió aprobador.

-Uno tiene que limitarse a los de su propia clase -sentenció.

-¿Cómo se tomó Joe Ellis todo el asunto? -quiso saber don Henry.

-Nadie lo sabe -contestó el inspector-. Joe es un muchacho muy tranquilo y reservado. Cualquier cosa que hiciera Rose le parecía bien. Lo tenía completamente dominado. Se limitaba a esperar que algún día volviera a él. Sí, creo que ésa era su manera de afrontar la situación.

-Me gustaría verlo -dijo don Henry.

-¡Oh! Nosotros vamos a interrogarlo -explicó el coronel Melchett-. No vamos a dejar ningún cabo suelto. Había pensado ver primero a Emmott, luego a Sandford y después podemos ir a hablar con Ellis. ¿Le parece bien, Clithering?

Don Henry respondió que le parecía estupendo.

Encontraron a Tom Emmott en la taberna el Blue Boar. Era un hombre corpulento, de mediana edad, mirada inquieta y mandíbula poderosa.

-Celebro verles, caballeros. Buenos días, coronel. Pasen aquí y podremos hablar en privado. ¿Puedo ofrecerles alguna cosa? ¿No? Como quieran. Han venido por el asunto de mi pobre hija. ¡Ah! Rose era una buena chica. Siempre lo fue, hasta que ese cerdo… (perdónenme, pero eso es lo que es), hasta que ese cerdo vino aquí. Él le prometió que se casarían, eso hizo. Pero yo haré que lo pague muy caro. La arrojó al río. El cerdo asesino. Nos ha traído la desgracia a todos. ¡Mi pobre hija!

-¿Su hija le dijo claramente que Sandford era el responsable de su estado? -preguntó Melchett crispado.

-Sí, en esta misma habitación.

-¿Y qué le dijo usted? -quiso saber don Henry.

-¿Decirle? -el hombre pareció desconcertado.

-Sí, usted, por ejemplo, no la amenazaría con echarla de su casa o algo así.

-Me disgusté mucho, eso es natural. Supongo que estará de acuerdo en que eso era algo natural. Pero, desde luego, no la eché de casa. Yo no haría semejante cosa -dijo con virtuosa indignación-. No. ¿Para qué está la ley?, le dije. ¿Para qué está la ley? Ya lo obligarán a cumplir con su deber. Y si no lo hace, por mi vida que lo pagará.

Y dejó caer su puño con fuerza sobre la mesa.

-¿Cuándo vio a su hija por última vez? -preguntó Melchett.

-Ayer… a la hora del té.

-¿Cómo se comportaba?

-Pues como siempre. No noté nada. Si yo hubiera sabido…

-Pero no lo sabía -replicó el inspector en tono seco.

Y dicho esto se despidieron.

“Emmott no es un sujeto que resulte precisamente agradable”, pensó don Henry para sus adentros.

-Es un poco violento -contestó Melchett-. Si hubiera tenido oportunidad ya hubiese matado a Sandford, de eso estoy seguro.

La próxima visita fue para el arquitecto. Rex Sandford era muy distinto a la imagen que don Henry se había formado de él. Alto, muy rubio, delgado, de ojos azules y soñadores, y cabellos descuidados y demasiado largos. Su habla resultaba un tanto afeminada.

El coronel Melchett se presentó a sí mismo y a sus acompañantes y, pasando directamente al objeto de su visita, invitó al arquitecto a que aclarara cuáles habían sido sus actividades durante la noche anterior.

-Debe comprender -le dijo a modo de advertencia- que no tengo autoridad para obligarlo a declarar y que todo lo que diga puede ser utilizado en su contra. Quiero dejar esto bien claro.

-Yo, no… no comprendo -dijo Sandford.

-¿Comprende que Rose Emmott murió ahogada ayer noche?

-Sí, lo sé. ¡Oh! Es demasiado… demasiado terrible. Apenas si he podido dormir en toda la noche, y he sido incapaz de trabajar nada hoy. Me siento responsable, terriblemente responsable.

Se pasó las manos por los cabellos, enmarañándolos todavía más.

-Nunca tuve intención de hacerle daño -dijo en tono plañidero-. Nunca lo pensé siquiera. Nunca pensé que se lo tomara de esa manera.

Y sentándose junto a la mesa escondió el rostro entre las manos.

-¿Debo entender, señor Sandford, que se niega a declarar dónde estaba ayer noche a las ocho y media?

-No, no, claro que no. Había salido. Salí a pasear.

-¿Fue a reunirse con la señorita Emmott?

-No, me fui solo. A través de los bosques. Muy lejos.

-Entonces, ¿cómo explica usted esta nota, que fue encontrada en el bolsillo de la difunta?

El inspector Drewitt la leyó en voz alta sin demostrar emoción alguna.

-Ahora -concluyó-, ¿niega haberla escrito?

-No… no. Tiene razón, la escribí yo. Rose me pidió que fuera a verla. Insistió, yo no sabía qué hacer, por eso le escribí esa nota.

-Ah, así está mejor -le dijo Drewitt.

-¡Pero no fui! -Sandford elevó la voz-. ¡No fui! Pensé que era mejor no ir. Mañana pensaba regresar a la ciudad. Tenía intención de escribirle desde Londres y hacer algún arreglo.

-¿Se da usted cuenta, señor, de que la chica iba a tener un niño y que había dicho que usted era el padre?

Sandford lanzó un gemido, pero nada respondió.

-¿Era eso cierto, señor?

Sandford escondió todavía más el rostro entre las manos.

-Supongo que sí -dijo con voz ahogada.

-¡Ah! -El inspector Drewitt no pudo disimular su satisfacción-. Ahora háblenos de ese paseo suyo. ¿Lo vio alguien anoche?

-No lo sé, pero no lo creo. Que yo recuerde, no me encontré a nadie.

-Es una lástima.

-¿Qué quiere usted decir? -Sandford abrió mucho los ojos-. ¿Qué importa si fui a pasear o no? ¿Qué tiene que ver eso con que Rose se suicidase?

-¡Ah! -exclamó el inspector-. Pero es que no se suicidó, la arrojaron al agua deliberadamente, señor Sandford.

-Que ella… -tardó un par de minutos en sobreponerse al horror que le produjo la noticia-. ¡Dios mío! Entonces…

Se desplomó en una silla.

El coronel Melchett hizo ademán de marcharse.

-Debe comprender, señor Sandford -le dijo-, que no le conviene abandonar esta casa.

Los tres hombres salieron juntos, y el inspector y el coronel Melchett intercambiaron una mirada.

-Creo que es suficiente, señor -dijo el inspector.

-Sí, vaya a buscar una orden de arresto y deténgalo.

-Discúlpenme -exclamó don Henry-. He olvidado mis guantes.

Y volvió a entrar en la casa rápidamente. Sandford seguía sentado donde lo habían dejado, con la mirada perdida en el vacío.

-He vuelto -le anunció don Henry- para decirle que yo, personalmente, haré cuanto pueda por ayudarle. No me está permitido revelar el motivo de mi interés por usted, pero debo pedirle que me refiera lo más brevemente posible todo lo que pasó entre usted y esa chica, Rose.

-Era muy bonita -contestó Sandford-, muy bonita y muy provocativa. Y… y me asediaba continuamente. Le juro que es cierto. No me dejaba ni un minuto. Y aquí yo me encontraba muy solo, no le caía simpático a nadie y, como le digo, ella era terriblemente bonita y parecía saber lo que hacía y… -su voz se apagó-. Y luego ocurrió esto. Quería que me casara con ella y yo ya estoy comprometido con una chica de Londres. Si llegara a enterarse de esto… y se enterará, por supuesto, todo habrá terminado. No lo comprenderá. ¿Cómo podría comprenderlo? Soy un depravado, desde luego. Como le digo, no sabía qué hacer y evitaba en la medida de lo posible a Rose. Pensé que si regresaba a la capital y veía a mi abogado, podría arreglarlo pasándole algún dinero. ¡Cielos, qué idiota! Y todo está tan claro, todo me acusa, pero se han equivocado. Ella tuvo que suicidarse.

-¿Le amenazó alguna vez con quitarse la vida?

Sandford negó con la cabeza.

-Nunca, y tampoco hubiera dicho que fuese capaz de hacerlo.

-¿Qué sabe de un hombre llamado Joe Ellis?

-¿El carpintero? El típico hombre de pueblo. Muy callado, pero estaba loco por Rose.

-¿Es posible que estuviera celoso? -insinuó don Henry.

-Supongo que estaba un poco celoso, pero pertenece al tipo bovino, es de los que sufren en silencio.

-Bueno -dijo don Henry-, debo marcharme.

Y se reunió con los otros.

-¿Sabe, Melchett? Creo que deberíamos ir a ver a ese otro individuo, Ellis, antes de tomar ninguna determinación. Sería una lástima que, después de realizar la detención, resultase ser un error. Al fin y al cabo, los celos siempre fueron un buen móvil para cometer un crimen. Y además bastante corriente.

-Es cierto -replicó el inspector-, pero Joe Ellis no es de esa clase. Es incapaz de hacer daño a una mosca. Nadie lo ha visto nunca fuera de sí. No obstante, estoy de acuerdo con usted en que será mejor preguntarle dónde estuvo ayer noche. Ahora debe de estar en su casa. Se hospeda en casa de la señora Bartlett, una persona muy decente, que era viuda y se ganaba la vida lavando ropa.

La casa adonde se dirigieron era inmaculadamente pulcra. Les abrió la puerta una mujer robusta de mediana edad, rostro afable y ojos azules.

-Buenos días, señora Bartlett -dijo el inspector-. ¿Está Joe Ellis?

-Ha regresado hará unos diez minutos -respondió la señora Bartlett-. Pasen, por favor.

Y secándose las manos en el delantal, los condujo hasta una salita llena de pájaros disecados, perros de porcelana, un sofá y varios muebles inútiles.

Se apresuró a disponer asiento para todos y, apartando una rinconera para que hubiera más espacio, salió de la habitación gritando:

-Joe, hay tres caballeros que quieren verte.

Y una voz le contestó desde la cocina:

-Iré en cuanto termine de lavarme.

La señora Bartlett sonrió.

-Vamos, señora Bartlett -dijo el coronel Melchett-. Siéntese.

A la señora Bartlett le sorprendió la idea.

-Oh, no señor. Ni pensarlo.

-¿Es buen huésped Joe Ellis? -le preguntó Melchett en tono intrascendente.

-No podría ser mejor, señor. Es un joven muy formal. Nunca bebe ni una gota de vino y se toma muy en serio su trabajo. Siempre se muestra amable y me ayuda cuando hay cosas que reparar en la casa. Fue él quien me puso esos estantes y me ha hecho un nuevo aparador para la cocina. Siempre arregla esas cosillas que hace falta arreglar en las casas. Joe lo hace como cosa natural y ni siquiera quiere que le dé las gracias. ¡Ah! No hay muchos jóvenes como Joe, señor.

-Alguna muchacha será muy afortunada algún día -dijo Melchett-. Estaba bastante enamorado de esa pobre chica, Rose Emmott, ¿no es cierto?

La señora Bartlett suspiró.

-Me ponía de mal humor. Él besaba la tierra que pisaba y a ella sin importarle un comino los sentimientos de Joe.

-¿Dónde pasa las tardes, señora Bartlett?

-Generalmente aquí, señor. Algunas veces trabaja en alguna pieza difícil y, además, está estudiando contabilidad por correspondencia.

-¡Ah!, ¿de veras? ¿Estuvo aquí ayer noche?

-Sí, señor.

-¿Está segura, señora Bartlett? -preguntó don Henry secamente.

Se volvió hacia él para contestar:

-Completamente segura, señor.

-¿Por casualidad no saldría entre las ocho y las ocho y media?

-Oh, no -la señora Bartlett se echó a reír-. Estuvo en la cocina casi toda la noche, montando el aparador, y yo lo ayudé.

Don Henry miró su rostro sonriente y por primera vez sintió la sombra de una duda.

Un momento después entraba en la habitación el propio Ellis. Era un joven alto, de anchas espaldas y muy atractivo, de estilo rústico. Sus ojos azules eran tímidos y su sonrisa amable. Un gigante joven y agradable.

Melchett inició la conversación, y la señora Bartlett se marchó a la cocina.

-Estamos investigando la muerte de Rose Emmott. Usted la conocía, Ellis.

-Sí -vaciló y luego dijo en voz baja-: Esperaba casarme con ella, pobrecilla.

-¿Conocía su estado?

-Sí. -un relámpago de ira brilló en sus ojos-. Él la dejó tirada, pero fue lo mejor. No hubiera sido feliz casándose con él y confiaba en que cuando eso ocurriera acudiría a mí. Yo hubiera cuidado de ella.

-A pesar de…

-No fue culpa suya. Él la hizo caer con mil promesas. ¡Oh! Ella me lo contó. No tenía que haberse suicidado. Ese tipo no lo valía.

-Ellis, ¿dónde estaba usted ayer noche, alrededor de las ocho y media?

Tal vez fuese producto de la imaginación de don Henry, pero le pareció detectar una cierta turbación en su rápida, casi demasiado rápida, respuesta.

-Estuve aquí, montando el aparador de la señora Bartlett. Pregúnteselo a ella.

“Ha contestado con demasiado presteza -pensó don Henry-. Y él es un hombre lento. Eso demuestra que tenía preparada de antemano la respuesta”.

Pero se dijo a sí mismo que estaba dejándose llevar por la imaginación. Sí, demasiadas cosas imaginaba, hasta le había parecido ver un destello de aprensión en aquellos ojos azules.

Tras unas cuantas preguntas más, se marcharon. Don Henry buscó un pretexto para entrar en la cocina, donde encontró a la señora Bartlett ocupada en encender el fuego. Al verlo le sonrió con simpatía. En la pared había un nuevo armario, todavía sin terminar, y algunas herramientas y pedazos de madera.

-¿En eso estuvo trabajando Ellis anoche? -preguntó don Henry.

-Sí, señor. Está muy bien, ¿no le parece? Joe es muy buen carpintero.

Ni el menor recelo en su mirada. Pero Ellis… ¿Lo habría imaginado? No, había algo.

“Debo pescarlo”, pensó don Henry.

Y al volverse para marcharse, tropezó con un cochecito de niño.

-Espero que no habré despertado al niño -dijo.

La señora Bartlett lanzó una carcajada.

-Oh, no, señor. Yo no tengo niños, es una pena. En ese cochecito llevo la ropa que he lavado cuando voy a entregarla.

-¡Oh! Ya comprendo…

Hizo una pausa y luego dijo, dejándose llevar por un impulso.

-Señora Bartlett, usted conocía a Rose Emmott. Dígame lo que pensaba realmente de ella.

-Pues creo que era una caprichosa, pero está muerta y no me gusta hablar mal de los muertos.

-Pero yo tengo una razón, una razón poderosa para preguntárselo -su voz era persuasiva.

Ella pareció reflexionar, mientras lo observaba con suma atención. Finalmente se decidió.

-Era una mala persona, señor -dijo con calma-. No me atrevería a decirlo delante de Joe. Ella lo dominaba. Esa clase de mujeres saben hacerlo, es una pena, pero ya sabe lo que ocurre, señor.

Sí, don Henry lo sabía. Los Joe Ellis de este mundo son particularmente vulnerables, confían ciegamente. Pero precisamente por eso, el choque de descubrir la verdad es siempre más fuerte.

Abandonó aquella casa confundido y perplejo. Se hallaba ante un muro infranqueable. Joe Ellis había estado trabajando allí durante toda la noche anterior, bajo la vigilancia de la señora Bartlett. ¿Cómo era posible soslayar ese obstáculo? No había nada que oponer a eso, como no fuera la sospechosa presteza con que Joe Ellis había contestado, un claro indicio de que podía haber preparado aquella historia de antemano.

-Bueno -dijo Melchett-, esto parece dejar el asunto bastante claro, ¿no les parece?

-Sí, señor -convino el inspector-. Sandford es nuestro hombre. No tiene nada en que apoyar su defensa. Todo está claro como el día. En mi opinión, puesto que la chica y su padre estaban dispuestos a… a hacerle prácticamente víctima de un chantaje, y él no tenía dinero ni quería que el asunto llegara a oídos de su novia, se desesperó y actuó de acuerdo con su desesperación. ¿Qué opina usted de esto, señor? -agregó dirigiéndose a don Henry con deferencia.

-Eso parece -admitió don Henry-. Y, sin embargo, no puedo imaginarme a Sandford cometiendo ninguna acción violenta.

Pero sabía que su objeción apenas tendría validez.

El animal más manso, al verse acorralado, es capaz de las acciones más sorprendentes.

-Me gustaría ver a ese niño -dijo de pronto-. El que oyó el grito.

Jimmy Brown resultó ser un niño vivaracho, bastante menudo para su edad y de rostro delgado e inteligente. Estaba deseando ser interrogado y le decepcionó bastante ver que ya sabían lo que había oído en la fatídica noche.

-Tengo entendido que estabas al otro lado del puente -le dijo don Henry-, al otro lado del río. ¿Viste a alguien por ese lado mientras te acercabas al puente?

-Alguien andaba por el bosque. Creo que era el señor Sandford, el arquitecto que está construyendo esa casa tan rara.

Los tres hombres intercambiaron una mirada de inteligencia.

-¿Eso fue unos diez minutos antes de que oyeras el grito?

El muchacho asintió.

-¿Viste a alguien más en la orilla del río, del lado del pueblo?

-Un hombre venía por el camino por ese lado. Iba despacio, silbando. Tal vez fuese Joe Ellis.

-Tú no pudiste ver quién era -le dijo el inspector en tono seco-. Era de noche y había niebla.

-Lo digo por lo que silbaba -contestó el chico-. Joe Ellis siempre silba la misma tonadilla, “Quiero ser feliz”, es la única que sabe.

Habló con el desprecio que un vanguardista sentiría por alguien a quien considerara anticuado.

-Cualquiera pudo silbar eso -replicó Melchett-. ¿Iba en dirección al puente?

-No, al revés, hacia el pueblo.

-No creo que debamos preocuparnos por ese desconocido -dijo Melchett-. Tú oíste el grito y un chapuzón y, pocos minutos después, al ver un cuerpo que flotaba aguas abajo, corriste en busca de ayuda, regresaste al puente, lo cruzaste y te fuiste directamente al pueblo. ¿No viste a nadie por allí cerca a quien pedir ayuda?

-Creo que había dos hombres con una carretilla en la orilla del río, pero estaban bastante lejos y no podía distinguir si iban o venían, y como la casa del señor Giles estaba más cerca, corrí hacia allí.

-Hiciste muy bien, muchacho -le dijo Melchett-. Actuaste con gran entereza. Tú eres niño escucha, ¿verdad?

-Sí, señor.

-Muy bien.

Ddon Henry permanecía en silencio, reflexionando. Extrajo un pedazo de papel de su bolsillo y, tras mirarlo, meneó la cabeza. Parecía imposible y sin embargo…

Se decidió a visitar a la señorita Marple sin dilación.

Lo recibió en un saloncito de estilo antiguo, ligeramente recargado.

-He venido a darle cuenta de nuestros progresos -dijo don Henry-. Me temo que desde su punto de vista las cosas no marchan del todo bien. Van a detener a Sandford. Y debo confesar que, a juzgar por los indicios, con toda justicia.

-Entonces, ¿no ha encontrado nada, digamos, que justifique mi teoría? -parecía perpleja, ansiosa-. Quizás estuviera equivocada, completamente equivocada. Usted tiene tanta experiencia que, de no ser así, lo habría averiguado.

-En primer lugar -dijo don Henry-, apenas puedo creerlo. Y por otra parte, nos estrellamos contra una coartada infranqueable. Joe Ellis estuvo montando los estantes de un armario de la cocina toda la noche y la señora Bartlett estaba con él.

La señorita Marple se inclinó hacia delante presa de una gran agitación.

-Pero eso no es posible -exclamó con firmeza-. Era viernes.

-¿Viernes?

-Sí, fue la noche del viernes. Y los viernes por la noche ella va a entregar la ropa que ha lavado durante la semana.

Don Henry se reclinó en su asiento. Recordaba la historia de Jimmy Brown sobre el hombre que silbaba y… sí, encajaba.

Se puso en pie, estrechando enérgicamente la mano de la señorita Marple.

-Creo que ya sé qué debo hacer -le dijo-. O por lo menos lo intentaré.

Cinco minutos después estaba en casa de la señora Bartlett, frente a Joe Ellis, en la salita de los perros de porcelana.

-Usted nos mintió, Ellis, con respecto a la noche pasada -le dijo crispado-. Entre las ocho y las ocho y media usted no estuvo en la cocina montando el armario. Lo vieron paseando por la orilla del río en dirección al pueblo pocos minutos antes de que Rose Emmott fuese asesinada.

El hombre se quedó atónito.

-No fue asesinada, no fue asesinada. Yo no tengo nada que ver. Ella se arrojó al río. Estaba desesperada. Yo no hubiera podido hacerle el menor daño, no hubiera podido.

-Entonces, ¿por qué nos mintió diciéndonos que estuvo aquí? -preguntó don Henry con astucia.

El joven alzó los ojos y luego los bajó con gesto nervioso.

-Estaba asustado. La señora Bartlett me vio por allí y, cuando supo lo que había ocurrido, pensó que las cosas podían ponerse feas para mí. Quedamos en que yo diría que había estado trabajando aquí y ella se avino a respaldarme. Es una persona muy buena. Siempre fue muy buena conmigo.

Sin añadir palabra don Henry abandonó la estancia para dirigirse a la cocina. La señora Bartlett estaba lavando los platos.

-Señora Bartlett -le dijo-, lo sé todo. Creo que será mejor que confíese, es decir, a menos que quiera que ahorquen a Joe Ellis por algo que no ha hecho. No, ya veo que no lo desea. Le diré lo que ocurrió. Usted salió a entregar la ropa y se encontró con Rose Emmott. Pensó que dejaba para siempre a Joe para marcharse con el forastero. Ella estaba en un apuro y Joe dispuesto a acudir en su ayuda, a casarse con ella si era preciso, y Rose lo tendría para siempre. Joe lleva cuatro años viviendo en su casa y se ha enamorado de él, lo quiere para usted sola. Odiaba a esa muchacha, no podía soportar la idea de que otra le arrebatara a su hombre. Usted es una mujer fuerte, señora Bartlett. Cogió a la chica por los hombros y la arrojó a la corriente. Pocos minutos después encontró a Joe Ellis. Jimmy los vio juntos a lo lejos, pero con la oscuridad y la niebla imaginó que el cochecito era una carretilla del que tiraban dos hombres. Y usted convenció a Joe de que podía resultar sospechoso y le propuso establecer una coartada para él, que en realidad lo era para usted. Ahora dígame sinceramente, ¿tengo o no razón?

Contuvo el aliento. Lo arriesgaba todo en aquella jugada.

Ella permaneció ante él unos momentos secándose las manos en el delantal mientras lentamente iba tomando una determinación.

-Ocurrió todo como usted dice -dijo al fin con su voz reposada, tanto que don Henry sintió de pronto lo peligrosa que podía ser-. No sé lo que me pasó por la cabeza. Una desvergonzada, eso es lo que era. No pude soportarlo, no me quitaría a Joe. No he tenido una vida muy feliz, señor. Mi esposo era un pobre inválido malhumorado. Lo cuidé siempre fielmente. Y luego vino Joe a hospedarse en mi casa. No soy muy vieja, señor, a pesar de mis cabellos grises. Sólo tengo cuarenta años y Joe es uno entre un millón. Hubiera hecho cualquier cosa por él, lo que fuera. Era como un niño pequeño, tan simpático y tan crédulo. Era mío, señor, y yo cuidaba de él, lo protegía. Y esto… esto… -tragó saliva para contener su emoción. Incluso en aquellos momentos era una mujer fuerte. Se irguió mirando a don Henry con una extraña determinación-. Estoy dispuesta a acompañarlo, señor. No pensé que nadie lo descubriera. No sé cómo lo ha sabido usted, no lo sé, se lo aseguro.

Don Henry negó con la cabeza.

-No fui yo quien lo averiguó -dijo pensando en el pedazo de papel que seguía en su bolsillo con unas palabras escritas con letra muy clara y pasada de moda:

Señora Bartlett, en cuya casa se hospeda Joe Ellis en el número 2 de Mill Cottages.

Una vez más, la señorita Marple había acertado.

 


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Julio 28, 2020


 

LO MÁS LEÍDO ♣ Julio 27, 2020

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Las noticias más leídas en PrisioneroEnArgentina.com. Las más comentadas, las más polémicas. De que está la gente hablando…

REINICIO Julio 27, 2020 00.00 HORAS 
HORA DE CONTROL Julio 27, 2020 23.23 HORAS

 


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Julio 27, 2020


 

MIGUEL ETCHECOLATZ TRASLADADO  DEL  PABELLÓN SEIS – ÚLTIMO MOMENTO

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EL ENSAÑAMIENTO MÁS VIGENTE QUE NUNCA

En el día de hoy, sobre las 15 horas, el prisionero MIGUEL ETCHECOLATZ, de 91 años de edad,  quien se moviliza en silla de ruedas y uno de los cinco ocupantes que quedaban en el Pabellón seis de la Unidad Penitenciaria Federal 31, por presentar tos y malestares varios, fue llevado al hospital público de Ezeiza. Allí se le realizaron estudios varios y de regreso quedó alojado AISLADO en el pabellón CUATRO, o sea en el sector de los presos VIP de la corrupción K, los cuales fueron replegados a los pabellones uno, dos y tres. Allí quedaría hasta mañana en que se tendrían los resultados de los estudios que se le realizaran para saber si está o no afectado por el Coronavirus. Es de destacar que en dicho lugar encontró instalada una computadora lo cual justifica la adjetivación de presos VIP a quienes también se los conoce como “Presos K”. Mientras, en el Pabellón seis donde solo quedan CUATRO de los ONCE prisioneros que días pasados llegaran al lugar,  se impone un profundo silencio.

 

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Julio 27, 2020

EL ENGAÑOSO DILEMA DEFENSA vs SEGURIDAD

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  Por Alberto Asseff*

   El Preámbulo de nuestra Constitución es la síntesis del programa de la nación. En doce breves renglones nos dice y le comunica al mundo para qué nos unimos y formamos un Estado-Nación. “Proveer la defensa común” reza uno de los objetivos, que como todos los otros, son de ejecución continuada y nos obliga a su cumplimiento sin plazos. Siempre nos faltará hacer mucho más para alcanzar metas tan trascendentes.

Como resultado de la decadencia del país – que arrastramos por décadas y que cada día se agudiza más – la defensa, como ‘afianzar la justicia’, ‘la unión nacional’, ‘promover el bienestar general’ y demás proclamas se nos presentan más lejanas. En la materia de la defensa nacional a la declinación se le aduna una decisión política de debilitarla como concepto y tornarla crecientemente adolescente en orden a sus capacidades. Y como si algo faltara, le trazaron por ley un deslinde arbitrario para disociarla de la seguridad interior y para maniatarla en caso de ataque exterior pues las fuerzas armadas sólo pueden defendernos en caso de que el agresor sea una ‘Estado extranjero’, ignorando la realidad variopintas amenazas como las bandas transnacionales no estatales o paraestatales organizadas para cometer los más graves y complejos delitos.

   Es indudable que este menosprecio por la defensa nacional responde a una motivación ideológica – cuando no a comportamientos inspirados en la venganza- ,  fogoneados por el fracaso político, social, económico y sobre todo cultural de las fuerzas armadas en el ejercicio del poder político en los setenta. Obviamente, todo coronado por la derrota militar en las Malvinas.

   A cuarenta años de esas frustraciones, parece llegada la hora de poner un cese al hostigamiento, reubicando a la Defensa nacional en su sitio.

   Las tareas de colaboración que realizan las fuerzas armadas con motivo del Covid-19 las han rehabilitado sin necesidad de reformas legales. El alborozo y el respeto que inspira su presencia en las zonas más vulnerables de los conglomerados urbanos es la mejor reivindicación institucional. Sin embargo, en ese marco el gobierno dio un gran paso atrás al derogar la reforma que había impulsado el presidente Macri en 2018 mediante los decretos 683 y 703 de ese año. La abrogación del actual presidente se formalizó a través del decreto 571/2020 que retrotrae la normativa al DNU de Kirchner 727/2006.

  La cuestión no es menor. El decreto de 2006 y su restauración por el de 2020 acotan la respuesta militar a un ataque o amenaza de una fuerza armada de un Estado extranjero. El decreto de 2018, en cambio,  autorizaba la respuesta militar ‘ante cualquier forma de ataque extranjero’, extendiendo el eventual despliegue al apoyo en la lucha contra el narcotráfico con base fuera de nuestras fronteras.

  La doctrina militar moderna recoge la experiencia de que las agresiones foráneas son más sofisticadas que la que corresponde a las fuerzas regulares de un Estado extranjero. Hoy una banda organizada para cualquier tráfico ilegal posee un poder letal que hasta supera a las capacidades de nuestras FFAA.

  Este retroceso se suma al artificioso límite entre defensa nacional y seguridad interior. Es cierto que los militares no se preparan para perseguir malhechores u homicidas, pero existen ciertas zonas grises en las cuales el delito interior requiere por su gravedad, entidad o peligro social de la logística en inteligencia militar como un auxiliar indispensable. Una calamidad – provocada o natural – también reclama del apoyo militar. Esto es lo que la doctrina llama ‘seguridad ampliada’.

  La pesca ilegal se lleva 1.500 millones de dólares ante nuestra flagrante indefensión. En momentos de famélicas finanzas públicas, la pasividad con la que se contempló el paso por el estrecho de Magallanes de 30 pesqueros de altura chinos hiere nuestra sensibilidad ciudadana. Este es solo uno de los ejemplos del daño que causa la ideología a nuestros intereses. Paradojalmente, el presidente se propone demarcar el límite exterior de nuestra plataforma marítima, extendiéndolo acordemente a la Convención del Mar auspiciada por la ONU ¿Será otra ley para la tribuna?

   Recientemente Brasil aprobó su Nueva Política de Defensa, dándole el relieve que corresponde. Llamativamente – una lección para los ideólogos vernáculos – en esa política firmada por Bolsonaro sobresale la continuidad de lineamientos que hace una década estableció el presidente Lula. También en estos días, los británicos hicieron un ejercicio de simulación de la invasión de la isla Weddell perteneciente al archipiélago malvinense. La realidad extramuros nos obliga a repensar integralmente la defensa nacional y la seguridad interior. Las amenazas están. No son fantasmas.

  Defensa con la vocación pacífica que es mandato constitucional y decisión estratégica de nuestro país. Pero, la paz exige asegurarla. No es un don que se recibe, sino una situación que se construye.

*Diputado nacional-Vicepresidente de la Comisión de Defensa

 

Colaboración: DR. FRANCISCO BÉNARD

 


 

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Julio 27, 2020


 

La bebida olvidada que cafeinó a Norteamérica durante siglos

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Todas las mañanas, todos los días, el 85 por ciento de los estadounidenses alteran su estado de conciencia con una potente droga psicoactiva: la cafeína. Su fuente más común son las semillas tostadas de varias especies de arbustos africanos del género Coffea (café), mientras que otros estadounidenses usan las hojas secas de una especie de planta de Camelia de China (té).

Los estadounidenses aman la cafeína, pero pocos se dan cuenta de cuán antiguo es realmente el ansia de cafeína en América del Norte. Los norteamericanos han estado consumiendo con entusiasmo las bebidas con cafeína desde antes del Boston Tea Party, antes de que los ingleses fundaron Jamestown y antes de que Colón desembarcara en las Américas. Es decir: los norteamericanos descubrieron la cafeína mucho antes de que los europeos “descubrieran” América del Norte.

Cassina, o bebida negra, la bebida con cafeína de elección para los indígenas norteamericanos, fue elaborada a partir de una especie de acebo nativo de las zonas costeras desde la región de Tidewater de Virginia hasta la costa del Golfo de Texas. Era un producto valioso precolombino y ampliamente comercializado. Los análisis recientes de los residuos que quedan en las copas de conchas de Cahokia, la monumental ciudad precolombina a las afueras de la actual San Luis y muy lejos del área de distribución nativa de Cassina, indican que se estaba bebiendo allí. Los españoles, los franceses y los ingleses documentaron que los indios estadounidenses bebían cassina en todo el sur de los Estados Unidos, y algunos primeros colonos lo bebían a diario. Incluso lo exportaron a Europa.

Como el té hecho de una especie de acebo con cafeína, la cassina puede sonar inusual. Pero tiene un primo botánico familiar en la yerba mate, una especie de acebo de América del Sur con cafeína cuyo uso tradicional, preparación y sabor es similar. La principal diferencia entre cassina y mate es que, si bien el mate resistió la tormenta de la conquista europea, cassina cayó en la oscuridad.

Hoy es más conocido como yaupon, y se planta principalmente como ornamental en todo el sureste de los Estados Unidos. En los últimos años, un puñado de pequeños productores venden y promueven la cassina para el consumo, generalmente bajo el nombre de té yaupon. Los cafés en algunos lugares dispersos del sur lo están vendiendo y presionando por un avivamiento.

Esta no es la primera llamada para una reevaluación. Durante más de un siglo, botánicos, historiadores e incluso el Departamento de Agricultura de los EE. UU. Han llamado periódicamente la atención sobre lo absurdo del desuso de Cassina en su tierra natal.

Entonces, ¿por qué una planta de potencial tan bien documentado, que aparentemente debería haberse convertido en una alternativa doméstica a las costosas importaciones de té y café, fue ignorada por tanto tiempo? ¿Qué le pasó a Cassina?

Con los años, Cassina ha tenido muchos nombres. Pero solo uno le dio al té un golpe que disminuyó sus perspectivas comerciales durante siglos.

Los primeros colonos españoles en Florida que, según un relato contemporáneo, bebían cassina “todos los días por la mañana o por la noche”, lo conocían como té del indio o “cacina”. Los ingleses en Carolina del Norte lo llamaron yaupon, un término tomado del idioma Catawba que sigue siendo el nombre más común para la planta misma. En Carolina del Sur, “cassina” era la denominación habitual, posiblemente derivada de la lengua timucuana extinta. Y los colonos de todas las colonias de habla inglesa a menudo se conformaron simplemente con “bebida negra”.

Al exportarse a Europa, Cassina se comercializó en Inglaterra bajo los nombres de “Té de Carolina” y “Té del Mar del Sur”, y en Francia como “appalachina”, probablemente una referencia al pueblo de los Apalaches. Este conjunto confuso de nombres enfatiza la practicidad del sistema de clasificación linneano, que todavía estaba en su infancia cuando los europeos se enteraron de la cassina. A William Aiton, un eminente botánico y horticultor británico, director de Kew Gardens y “Jardinero de Su Majestad”, se le atribuye haberle dado a cassina el nombre científico que lleva en la actualidad: Ilex vomitoria. Ilex es el género comúnmente conocido como acebo. Vomitoria se traduce aproximadamente como “te hace vomitar”.

Cassina no hace vomitar. Tanto el análisis científico moderno como los siglos de uso regular por parte de los sureños lo confirman. Pero varios relatos europeos tempranos de cassina mencionan vómitos. Cassina parece haber sido utilizada en elaborados rituales de purificación donde los hombres se sentaban en círculo, cantaban o cantaban, y se turnaban para beber alcohol y luego vomitarlo con cassina caliente, para tener el estómago vacío y volver a los licores.

La medida en que el café y el té ahora se comercializan como éticos, justos y respetuosos con el medio ambiente, así como la creciente popularidad Estados Unidos de la prima de cassina, la yerba mate, parecen indicar que ha llegado el momento de cassina. Y, sin embargo, como lo demuestran las numerosas llamadas al redescubrimiento de Cassina durante el siglo pasado, se ha predicho que Cassina es la próxima gran novedad. Para que tenga éxito comercialmente, puede ser necesario un cambio en su nombre botánico: como un sospechoso absuelto, no importa cuántas veces se demuestre que la cassina es inocente, persiste un aire de sospecha y náuseas de la acusación original.

 


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Julio 27, 2020


 

“Eliminar la guerra y el terror”

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  Por JORGE B. LOBO ARAGÓN

La pena de muerte y la pena en general son aspectos del derecho largamente debatidos, en los que hay múltiples opiniones discordantes. Actualmente cobro vigencia ante los numerosos atentados terrorista que está sufriendo el mundo y que padeció también nuestro país. Su nombre, “pena”, viene del latín “poena” que deriva del griego “poine”, dolor, relacionado con “ponos”, trabajo, fatiga, sufrimiento, del sánscrito “punya”, purificación. Lo que resume que a través de los siglos que forjaron nuestra cultura se ha considerado que la pena es el doloroso sufrimiento que purifica. El orden que impone el derecho precisa que las transgresiones a la ley sean sancionadas. La justicia consiste en dar a cada uno lo suyo, lo que a cada cual le corresponde, y lo que le corresponde al malhechor es un castigo proporcionado a su delito. Su sufrimiento es una expiación que retribuye a la sociedad ofendida y un medio de purificar el alma del injusto. Así lo enseña platón coincidiendo con los pueblos de oriente, con la biblia y con los posteriores teólogos cristianos. Incluso con Kant, que sostiene que el derecho a castigar es “el que tiene el soberano de afectar dolorosamente al súbdito per causa de la transgresión de la ley”. Pero a partir del siglo XVIII aparecen nueves criterios. Expiar es borrar la culpa, purificarse por medio del sacrificio y el dolor. Si no se reconoce a la pureza como un valor tampoco se pretenderá la purificación. Se supone que a la justicia no le corresponde imponer un castigo sino corregirlo al delincuente. Su prisión no tiene el sentido de que pague por el mal cometido sino de que se regenere, que aprenda a ser bueno. Por otra parte su separación de la sociedad la libera a ésta de ser dañada, y con eso ya se satisface. Estos distintos criterios ven de distinta forma a la pena de muerte. La doctrina clásica, de la antigüedad y de los teólogos cristianos, la acepta. Dios nos manda “no matarás”, pero los mandamientos son órdenes genéricas, como que se admite que es lícito matar en defensa propia. Se la compara con el derecho de que disponemos para extirparnos un miembro enfermo que pone en peligro al resto del organismo, que es la sociedad a la que por naturaleza pertenecemos. Otros no ven en esa sociedad un hecho natural sino el resultado de un convenio. Imaginan que el hombre originalmente vivía, aislado, y que por su conveniencia ha buscado agruparse. Los derechos del grupo social serían los que voluntariamente el hombre le habría cedido. Si el hombre carece del derecho para disponer de su propia vida, ¿cómo habría de ceder a la sociedad un derecho que no tiene? la discusión, con muy serios argumentos a favor y en contra, se ha extendido por siglos y ha ocupado a pensadores inteligentísimos. Ambas posiciones se afirman en argumentos sólidos, atendibles, y cuentan con respetabilísimos defensores. Sus partidarios la presentan como disuasiva. Sus contrarios afirman que la estadística no muestra ese efecto. Hasta presidentes de países como el nuestro insistieron en su ya anunciado propósito de imponérsela a los traficantes de narcóticos “que han levantado verdaderos imperios”. Hay muchos que pueden merecerla sin duda, en especial con un terrorismo que acecha sin piedad el mundo entero. Pero los argumentos en su favor suponen la existencia de una justicia por lo menos respetable. Justicia que en nuestro país se encuentra en una profunda crisis de credibilidad. Sin esa clase de justicia nadie la defendería. Pero algo se tiene que hacer. La comunidad argentina y la de otros países tiene autoridades que no han venido de Marte sino que ellos mismos han elegido. Y la corrupción en algunos jueces espanta. ¿Que no son todos?, pues claro, ya se sabe que no son todos, pero trascienden ejemplares que dejan perpleja a la ciudadanía. De manera que ahora, durante este encierro o confinamiento por pandemia existe un escepticismo brutal. Lo malo es que esa desconfianza se apoya en datos concretos brindados por los mismos funcionarios, por la prensa, por la experiencia. Existe justicia ineficaz, que libera presos -condenados-, con grandísimos antecedentes sin escrúpulo alguno a través de la mentira y el engaño como sistema de ganar voluntades o de acercarse a quien gobierna en esa trípode del poder. Los presos políticos se mueren en las cárceles sin compasión alguna. Esta inseguridad es una clara muestra del fracaso de los políticos argentinos y de muchos países de la región en la tarea de construir una sociedad justa, moral, como la que soñamos para nuestros hijos y nietos. Pero el fracaso político nos abarca a todos, a usted también, que con su voto contribuye a elegir los equipos de gobierno que se encargan de administrar el Estado, de procurar el bien común, de impartir justicia. De modo que el asunto del castigo y de la pena tiene tanta gravedad que debiera preocuparnos del mismo modo que la lentitud en la justicia que es cruel y exasperante. La pena máxima de prisión perpetua para delitos gravísimos es muchas veces una ficción. En mi país la mayor parte de la sociedad se conmueve, cuando por formalismos son beneficiados autores conocidos de crímenes o delitos aberrantes aterrantes. Entonces sí, la sociedad protesta contra la impunidad, pues los delitos quedan incólumes ante la lenidad de la pena. Y no se ve el modo de corregir, pues así como los romanos decían “la ley es dura, pero es la ley”, el sistema actual contesta: “la ley es blanda, pero es la ley”. La sociedad necesita un sistema que disuada a quienes se resistan a ese derecho; que, para disuadir, el rigor -y hasta una cierta dureza- son indispensables. Que a esa dureza la justifica la necesidad del orden y el bien común respaldado en su momento por el mismísimo General José de San Martin que varias veces recordó la necesidad de la dureza contra el desorden. El estado tiene derecho si lo estima oportuno, de dar muerte a los criminales, que tras un juicio justo, son declarados culpables de ciertos crímenes gravísimos que ponen en peligro la convivencia pacífica del pueblo. La doctrina y la historia no dejan resquicio para la duda .La Iglesia Católica siempre ha defendido sin titubeos la pena capital para los crímenes más graves, apoyándose en las sagradas escrituras , la doctrina de los Padres de la Iglesia, la obra de los grandes teólogos y su propio magisterio y de innumerables purpurados y Santos Papas. Lo que nos hace reflexionar que ninguno de los padres de la Iglesia con el martirio de incontables cristianos predicó en contra de la pena capital. El Doctor Angélico en el pasaje de su “Summa Theologica” nos dice que todo poder correctivo y sancionario proviene de Dios, quien lo delega a la sociedad de hombre; por lo cual el poder público está facultado como representante divino, para imponer toda clase de sanciones jurídicas debidamente instituidas con el objeto de defender la salud de la sociedad. De la misma manera que es conveniente y licito amputar un miembro putrefacto para salvar la salud del resto del cuerpo, de la misma manera lo es también eliminar al criminal pervertido mediante la pena de muerte para salvar al resto de la sociedad. Está demostrado que tanto las sagradas escrituras, como la tradición y la historia de la Iglesia se inclina de manera abrumadora a favor de la licitud de la pena de muerte. Lástima que en nuestro país y en gran parte del mundo con un sistema judicial perverso es imposible pensar en un sistema de castigo más grave por las injusticias que pudiera acarrear. Pero Usted señor lector tiene la posibilidad de opinar si lo desea. Todavía algunos nos podemos expresar libremente y sin ataduras.

Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón

jorgeloboaragon@gmail.com

jorgeloboaragon@hotmail.com

 


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Julio 27, 2020


 

COVID 19, PASO POR PASO, SU PROPAGACIÓN DEL HOSPITAL PENITENCIARIO A LA UP 31

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  Por CLAUDIO KUSSMAN

CELDAS VACÍAS Y SILENCIOSAS

A mediados del corriente mes, mientras desprestigiados jueces federales aplicando la “política de estado-que se pudran en la cárcel”, negaban merecidos arrestos domiciliarios a los adultos mayores imputados por los bien o mal llamados delitos de lesa humanidad, el Covid 19 ingresaba al mentiroso Hospital Penitenciario Federal. Lo hacía, infestando al prisionero OJEDA FUENTES RAMÓN ALBERTO en el Hospital Interzonal de Ezeiza donde había sido llevado por sus problemas de salud. Es decir, en el colmo de la mentira y la hipocresía, sobre las bondades carcelarias, el prisionero fue sacado del hospital penitenciario para atenderlo en uno público.  Muy poco después, el domingo 19 comenzaba como un día “normal” cuando a las 8.40 AM una decena de nerviosos agentes penitenciarios irrumpieron en el lugar ordenando a los 11 cautivos alojados allí, que rápidamente prepararan sus efectos personales porque de inmediato serían trasladados a otra prisión. Imposible en esos momentos enterarse a cuál, por su calidad de subhumanos estos no merecían saberlo. Algunos de estos efectivos usaban mascarilla y ninguno guantes, ¿el protocolo? Bien gracias, se lo debo. En medio de la sorpresa y urgencia, como pudieron, se armaron bultos, entre ellos una heladera de los cautivos,  que luego serían transportados en camiones. Dos o tres prisioneros con sus sillas de ruedas, fueron subidos a sendas ambulancias y el resto (algunos con bastones) a una sucia “perrera” en la que también viajó el Coronavirus. Así, estos anonadados septuagenarios, octogenarios y nonagenarios luego de pasar años encerrados en el nosocomio penitenciario, llegaron a la UP 31, añorando lo que dejaban atrás. Allí estaba su espacio y su rutina, aún con goteras, cucarachas, paredes manchadas y cables eléctricos sueltos por doquier, ese era su “hogar”. No todos sus efectos fueron transportados, algunos de ellos también quedaron atrás, ahora, si ello es posible y la suerte los acompaña, tendrán la muy difícil tarea de recuperarlos.  Luego vino lo que vino, la pandemia se hizo ver y hoy los ancianos que aún quedan en el pabellón seis, solo ocupan cinco celdas, las otras seis, por ahora, quedaron vacías y silenciosas.      

Claudio Kussman

Comisario Mayor (R) 

Policía Pcia. Buenos Aires

Julio 27, 2020

claudio@PrisioneroEnArgentina.com

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“No temas ni a la prisión, ni a la pobreza,

ni a la muerte. Teme al miedo “

  Giacomo Leopardi (1798-1837)

 


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Julio 27, 2020


 

ASÍ CONTINÚA LA VENGANZA CONTRA LOS ADULTOS MAYORES

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  Por SILVIO PEDRO PIZARRO

Nada ni nadie detiene la venganza inhumana desatada por el terrorismo derrotado por las fuerzas armadas y que se ha encaramado al poder con morboso resentimiento. Por las noticias del Corona virus que ahora leemos en los medios, nos enteramos horrorizados  que hay centenares de ancianos de un promedio de 75 años de edad detenidos en condiciones infrahumanas por delitos de “lesa humanidad” vaya ironía, cuyas solicitudes de prisión domiciliaria les son negadas (1). Este es un cuadro dantesco que se presenta en nuestro país ante el silencio, la indolencia y la ingratitud de la sociedad, del periodismo, de sus mismos colegas que los han dejado abandonados, con un “espíritu de cuerpo ejemplar”, de la iglesia y de otros credos. Los ruegos elevados al Papa por el mismo Obispo Castrense en el Vaticano. por asociaciones civiles, de derechos humanos, por dignos abogados en nombre de la Justicia, por la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia, por los dignos abogados Alberto Solanet y Carlos Bosch al Presidente y al Secretario de la Corte Suprema, fueron desoídos (2). Después hablamos de solidaridad, ayuda, concordia, precisamente las virtudes de que carecemos, tan necesarias para el agradecimiento y atención de nuestros presos políticos que defendieron la libertad y la democracia, ferozmente atacadas por el comunismo apátrida que azotó el país. Acabamos de recibir la triste noticia del fallecimiento de un preso político a quien le rendimos honor y condolencias a sus familiares.

+ RIP – Suboficial Mayor (R) Juan Domingo Salerno (Policía de la Provincia de Buenos Aires), Preso Político en cautiverio

Ya son 570 (quinientos setenta) los fallecidos, pertenecientes a todas las Fuerzas Armadas, Fuerzas de Seguridad, Fuerzas Policiales, Fuerzas Penitenciarias y Civiles. Un verdadero Genocidio que quedará grabado con letras de bronce en nuestra historia

Silvio Pedro Pizarro

 

Publicadas por silviopedropizarro.blogspot.com

 

 


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Julio 27, 2020


 

NI PARACUELLOS NI KATYN. SIMPLEMENTE, ASESINATO PARALEGAL 

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 Por JOSÉ LUIS MILIA

La “justicia” argentina, ayudada por una pandemia ha sentado un nuevo precedente: la generosa aplicación del asesinato paralegal sin habeas corpus y sin necesidad de utilizar la “ley de fugas”.  En estos 120 días de cautiverio que los argentinos llevamos cumplidos como consecuencia de la ignorancia y estupidez de un vicario presidencial, los personeros de la venganza han encontrado la manera de acelerar su cometido, la muerte de los presos políticos remanentes, el asesinato de aquellos a los que aún las enfermedades etarias y las condiciones precarias de los penales donde cumplen sus “condenas” no los han enviado a la tumba.  Esta presunta pandemia es una duda en sí misma, solo sabíamos con seguridad- desde el inicio de la misma- dos cosas, la primera que ser anciano es pertenecer a un grupo de altísimo riesgo, la segunda que la mejor manera de que el virus se propagara es en lugares donde el hacinamiento favorecería la infestación.  Sabido esto, las “autoridades”, argentinas, tanto nacionales como provinciales se pusieron a la tarea de alivianar la carga de las cárceles donde la vida de los presos comunes- chorros, violadores y asesinos- corría peligro. ¿Eran un grupo de riesgo?, dentro de los cánones sanitarios que este gobierno de “científicos” maneja, la respuesta es no, todos los liberados tenían menos de 45 años, porque en Argentina, cualquier preso accede, cumplidos los setenta años a “prisión domiciliaria”. Bueno, esto no es tan general,  para acceder a ella, deben demostrar que están presos por delitos comunes, si están presos por defender a la Patria y a su pueblo, lo que se espera de ellos es que se mueran en la cárcel.  La verdad de las prisiones donde son hacinados los presos políticos- Campo de Mayo, Ezeiza y otros lugares de la República- es que no solo los jueces no trataron de bajar la cantidad de presos, sino que, aprovechando la cuarentena, muchos de ellos “devolvieron” a los penales a presos políticos que habían logrado esta condición, generalmente acompañados de la broma infame de que estarían mejor cuidados en los penales que en su casa.  Hoy, esa bomba esperada ha reventado, sin saber si hay más para estallar, ya que, por ejemplo, en Campo de Mayo, donde ya ha habido veintiocho infectados no se testeó a todos los presos por falta de presupuesto para ver si hay asintomáticos o no.   Una catástrofe mundial ha habilitado a los jueces argentinos a cambiar su oficio, ahora son verdugos tan funcionales a la venganza como los gobiernos del rencor y del resentimiento que hemos votado desde 1983 a hoy. 

 

JOSE LUIS MILIA

josemilia_686@hotmail.com

 


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Julio 27, 2020


 

Mario Durquet: COVID-19, la carcel y los jueces (poco) responsables

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El profesor Mario Durquet habla directamente de la Unidad Penitenciaria de Campo de Mayo con respecto a la peligrosidad que están viviendo en un grave brote de coronavirus que ya ha afectado a más de treinta adultos mayores.

 


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Julio 26, 2020


 

GUARDA TU CORAZÓN POR SOBRE TODA COSA GUARDADA

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  Por CLAUDIO VALERIO

“El corazón del necio está en su  boca, 

pero  la  boca  del sabio está en su corazón”.

(Benjamín Franklin)

Cuando hablamos sin pensar, sin consultar,  mostramos  que  somos tontos, que no estamos preparados para ser una gran persona, con principios, con ganas de “construir”, de buenas intenciones y dispuesto a tender  las manos a quien las necesite. Cuando abrimos nuestros corazones al  amor,  a la paz, lo preparamos  a hacer su hogar con nosotros, por lo que seremos sabios y  muchos menos errores cometeremos.  Si nuestros corazones están llenos de amor, entonces están llenos de  fe, esperanza, alegría, agradecimiento y sabiduría. Esto es de  lo  que  hablaremos,  esto  es  lo  que  dirán  nuestras actitudes, esta es la luz  que  brillará  donde  quiera  que vayamos. Cuando la sabiduría y la paz interior están en  nuestras  palabras,  la buena energía estará siempre en nuestras conversaciones,  en nuestro  testimonio.  Y  muchos,  cuando  nos  escuchen,  se contagiarán con la alegría de  caminar  por  el  buen camino  que conduce a la vida feliz y próspera. Y tu; ¿De Qué Hablas Habitualmente? ¿Cuál ha  sido  el  tema principal de tus conversaciones? … ¿Has guardado tu corazón para buenas obras? 

 

Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires, Argentina), recibe un abrazo, junto a mi deseo de que dios te Bendiga y prospere en todo lo que emprendas, y derrame sobre ti Salud, Paz, Amor, y mucha prosperidad.

Claudio Valerio.

® Valerius

 


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Julio 27, 2020


 

SOBRE ENCONTRARSE A LA CHICA 100% PERFECTA UNA BELLA MAÑANA DE ABRIL

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 Por HARUKI MURAKAMI

Una bonita mañana de Abril, en una estrecha calle del barrio chic de Harujuku en Tokio, me crucé andando con la chica 100% perfecta.

Diciendo la verdad, ella no era tan guapa.

No destaca de una manera concreta. Sus ropas no tienen nada especial. La parte de atrás de su pelo todavía está aplastada por haber dormido. No es joven, tampoco. Debe estar cerca de los treinta, nada cercano a una chica, hablando con propiedad. Pero aún así, lo sé desde 50 metros a la distancia: Ella es la mujer 100% perfecta para mí.

En el momento en que la veo, siento un retumbar en mi pecho y mi boca está tan seca como un desierto.

Quizás ustedes tengan su particular tipo favorito de chica – perfecta con tobillos delgados, digamos, o grandes ojos, o dedos graciosos, o se vean atraídos sin una razón, por aquellas que se toman su tiempo con cada comida.

Yo tengo mis propias preferencias, por supuesto. Algunas veces en un restaurante, cuando me doy cuenta, estoy mirando a una chica de la mesa de al lado a la mía porque me gusta la forma de su nariz.

Pero nadie puede insistir en que la chica perfecta se corresponde con algún modelo preconcebido. Aunque me gustan mucho las narices, no puedo recordar la forma de la nariz de ella, o incluso si ella tenía una. Todo lo que puedo recordar con certeza es que ella no era una gran belleza. Es extraño.

“Ayer en la calle me crucé con una chica perfecta”, le digo a alguien.

“¿Sí?” el dice. “¿Guapa?”

“No realmente”

“¿Tu tipo favorito, entonces?”

“No lo sé. No parece que recuerde algo de ella: la forma de sus ojos o el tamaño de su pecho”

“Extraño”

“Sí. Extraño”

“De cualquier manera”, él dice ya aburrido, “¿que hiciste, hablaste con ella? ¿La seguiste?”

“No. Solo me crucé con ella en la calle”.

Ella iba hacia el Oeste, y yo hacia el Este. Era una bonita mañana de Abril.

Hubiera deseado hablar con ella. Media hora hubiera sido todo: sólo preguntarle por ella, hablarle de mí, y – lo que más me habría gustado hacer -, explicarle las complejidades del destino que condujo a nuestro encuentro en una estrecha calle en Harajuku una bonita mañana de Abril de 1981.

Después de hablar, habríamos comido en cualquier sitio, quizás visto una película de Woody Allen, o parado en un bar de hotel para tomar unos cocktails. Con algo de suerte, podríamos haber acabado en la cama.

La potencialidad llama a la puerta de mi corazón.

¿Cómo me puedo aproximar a ella? ¿Qué le debería decir?

“Buenos días, señora. ¿Piensa que podría compartir media hora de conversación conmigo?”. Ridículo. Hubiera sonado como un vendedor de seguros.

“Perdóneme, ¿sabría por casualidad si hay una tintorería abierta las 24 horas en el barrio?”. No, igual de ridículo. No llevo ni ropa sucia, en primer lugar. ¿Quién va a creerse una cosa así?

Quizás, la simple verdad lo haría. ”Buenos días. Usted es la chica perfecta para mí.”

No, ella no lo creería. Incluso si lo creyese, ella no querría hablar conmigo.

“Perdón”, podría decir, “puede ser que sea la mujer perfecta para ti, pero tu no eres el hombre perfecto para mí.” Podría pasar. Y si me encontrase en esa situación, probablemente me querría morir. Nunca me recuperaría de ese shock. Tengo 32 y esto es lo que significa hacerse mayor.

Pasamos frente a una floristería. Una cálida, y suave brisa de aire toca mi piel. El asfalto está húmedo y siento el olor de las rosas. No me atrevo a hablarle. Ella viste un jersey blanco, y en su mano derecha sostiene un sobre blanco que carece de sello. Por lo que deduzco que ha escrito a alguien una carta, quizás estuvo toda la noche escribiendo, a juzgar por las ojeras en sus ojos. El sobre podría contener todos los secretos que ella hubiese tenido siempre.

Avanzo un poco más y me doy la vuelta. Ella se pierde entre la multitud.

Ahora, por supuesto, sé exactamente que debería haberle dicho. Habría sido un discurso largo, demasiado quizás para haberlo desarrollado adecuadamente. Las ideas que se pasan por la cabeza no son nunca muy prácticas.

Bien. Hubiera comenzado “Erase una vez” y terminado “Una triste historia, ¿no cree?”

Erase una vez, un chico y una chica. El chico tenia 18 años y la chica 16. Él no era especialmente guapo, y ella tampoco. Solo eran un hombre y una mujer solitarios como todos los demás. Pero ellos creían con todo su corazón que en alguna parte del mundo había un hombre y una mujer perfectos para ellos. Sí, ellos creían en un milagro. Y ese milagro ocurrió realmente.

Un día los dos se encontraron en una esquina de una calle.

“Esto es increíble,” él dijo “Te he estado buscando toda mi vida. No lo creerás, pero tú eres la mujer perfecta para mí.”

“Y tú”, dijo ella, “eres el hombre perfecto para mí, exactamente como te había soñado en cada detalle. Es como un sueño.”

Se sentaron en un banco del parque, se cogieron de las manos, y se contaron sus historias el uno al otro hora tras hora. Ellos ya no estaban más solos. Habían encontrado y sido encontrados por su pareja perfecta. Qué cosa maravillosa es encontrar y ser encontrado por tu pareja perfecta. Es un milagro, Un milagro cósmico.

Mientras conversaban sentados, sin embargo, una pequeña, pequeña sombra de duda enraizó en sus corazones: ¿Estaba bien que los sueños de alguien se hicieran realidad tan fácilmente?

Y así, cuando se produjo una pausa momentánea en su conversación, el chico le dijo a la chica: “Vamos a probarlo para nosotros una vez. Si realmente somos el amor perfecto del otro, entonces alguna vez, en algún lugar, nos encontraremos otra vez sin duda. Y cuando pase, sabremos que somos la pareja perfecta, y nos casaremos. ¿Qué piensas?”

“Sí,” dijo ella, “eso es exactamente lo que deberíamos hacer.”

Y entonces se separaron, ella fue al Este, y él al Oeste.

La prueba que habían acordado, sin embargo, era innecesaria. No la deberían haber realizado, porque eran real y verdaderamente la pareja perfecta, y era un milagro que se hubiesen encontrado Pero era imposible para ellos saberlo, jóvenes como eran.

Las frías, indiferentes olas del destino continuaron sacudiéndolos despiadadamente.

Un invierno, el chico y la chica cayeron enfermos de una terrible gripe, y después de luchar entre la vida y la muerte, perdieron la memoria de sus años más tempranos. Cuando se dieron cuenta sus cabezas estaban vacías.

Fueron dos brillantes y decididos jóvenes, sin embargo, y gracias a sus esfuerzos constantes fueron capaces de adquirir otra vez el conocimiento y el sentimiento que les posibilitó volver como miembros hechos y derechos a la sociedad. Gracias a Dios, se convirtieron en ciudadanos que sabían como utilizar el metro, o ser capaces de enviar una carta especial al correo.

También experimentaron el amor otra vez; algunas veces, como mucho al 75% u 85%.

El tiempo pasó con una rapidez espantosa, y pronto el muchacho tuvo 32 años, la muchacha 30.

Una preciosa mañana de Abril, en busca de una taza de café para comenzar el día, el muchacho andaba del Oeste al Este, mientras la muchacha, teniendo la intención de enviar una carta, andaba del Este al Oeste, los dos sobre la misma estrecha calle del barrio de Harajuku en Tokio.

Se cruzaron en el centro mismo de la calle.

El destello más débil de sus memorias perdidas brilló tenuemente por un breve momento en sus corazones. Cada uno sintió un retumbar en su pecho. Y ellos supieron:

Ella es la mujer perfecta para mí

Él es el hombre perfecto para mí.

Pero el brillo de sus memorias era demasiado débil, y sus pensamientos ya no tenían la claridad de catorce años antes.

Sin una palabra, se cruzaron, desapareciendo entre la multitud. Para siempre.

Una triste historia, ¿no cree?

Si, eso es, eso es lo que debería haberle dicho.


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Julio 27, 2020


LO MÁS VISTO DE LA SEMANA ♣ Julio 26, 2020

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Las noticias más leídas en PrisioneroEnArgentina.com. Las más comentadas, las más polémicas. De que está la gente hablando…

REINICIO Julio 20, 2020 00.00 HORAS 
HORA DE CONTROL Julio 26, 2020 23.23 HORAS

 


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Julio 26, 2020


 

Elon Musk y el “Golpe de Estado” por el litio Boliviano

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El CEO del fabricante estadounidense de automóviles Telsa ha admitido su participación en lo que el presidente Morales ha denominado un “golpe de litio”.

¡Haremos golpe de estado a quien queramos! Entiéndalo” fue la respuesta de Elon Musk a una acusación en Twitter de que el gobierno de los Estados Unidos organizó un golpe de estado contra el presidente Evo Morales, para que Musk pudiera obtener el litio de Bolivia.

Un rumor de fuente desconocida dice que el saqueo extranjero del litio de Bolivia, en un país con las mayores reservas conocidas del mundo, es uno de los principales motivos del golpe del 10 de noviembre de 2019.

Añez
Doria Medina
Longaric

El litio, un componente crítico de las baterías utilizadas en los vehículos Tesla, se convertirá en uno de los recursos naturales más importantes del mundo, ya que los fabricantes buscan obtenerlo para usarlo en baterías para automóviles eléctricos, computadoras y equipos industriales.

La administración de Jeanine Añez ya ha anunciado su plan para invitar a numerosas multinacionales al Salar de Uyuni, las vastas salinas de Potosí, que contiene el precioso metal blando. El candidato a la vicepresidencia y compañero de fórmula de Añez, Samuel Doria Medina, propuso un proyecto brasileño-boliviano que usaría litio de la ciudad de Uyuni.

Mientras tanto, la carta de la ministra de Asuntos Exteriores del régimen golpista Karen Longaric a Elon Musk, fechada el 31 de marzo, dice que “cualquier corporación que usted o su empresa puedan proporcionar a nuestro país será bien recibida”.

Evo

Los movimientos sociales han advertido repetidamente que las autoridades entregarían el litio y los recursos naturales al capital extranjero, en una inversión de los planes de la administración del Movimiento hacia el Socialismo (MAS) de Evo Morales para procesar el litio dentro de Bolivia en lugar de exportar la materia prima.

El proyecto representó un rechazo de la relación neocolonial que los países latinoamericanos han tenido con los núcleos imperialistas.

El antiguo gobierno MAS de Bolivia supervisó la producción de baterías y su primer automóvil eléctrico por parte de la empresa estatal Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB), en sociedad con la empresa alemana ACISA. En el acuerdo, el estado boliviano mantuvo el control mayoritario.

Con el acuerdo ahora desechado junto con innumerables proyectos estatales, y con las elecciones demoradas tres veces por las autoridades ilegítimas de facto, la gente de Uyuni y los movimientos sociales en todo el país dicen que continuarán oponiéndose a la privatización en curso y se están organizando contra el retorno del saqueo de los recursos naturales de Bolivia por capital extranjero despiadado y explotador.

Lo cierto es que todo comenzó con un mensaje en Twitter del usuario “Armani”, y no es claro de donde esta persona tomó la información y la réplica del sudafricano Musk, del que no es claro a quiense refirió con la palabra ”haremos” (Un golpe de estado a quien queramos). 

Obviamente Musk es un individuo muy exitoso, pero no es la primera vez que lanza comentarios bizarros:

1. Sobre cómo calentar Marte para que sea hospitalario para los humanos: “La forma más rápida es lanzar armas termonucleares sobre los polos”.
2. Sobre por qué la oficina de Tesla necesita una montaña rusa: “Todos los que están por aquí tienen toboganes en sus vestíbulos. En realidad, me  estoy preguntando acerca de cómo instalar una montaña rusa, como una montaña rusa funcional en la fábrica de Fremont. Entrarías , y te llevaría por la fábrica, pero también de arriba abajo. ¿Quién más tiene una montaña rusa? … Probablemente sería muy costoso, pero me gusta la idea “.
3. Sobre lo que le dijo a Ford cuando bloqueó el Modelo E de Tesla: “¿Por qué fuiste a robar el E de Tesla? ¿Como si fueras una especie de ejército fascista marchando por el alfabeto, una especie de ladrón de Plaza Sesamo?”
4. Al decidir cómo debería ir al espacio: “Así que a continuación fui a Rusia tres veces, a fines de 2001 y 2002, para ver si podía negociar la compra de dos misiles ICBM. Obviamente, sin las armas nucleares”.
5. Sobre cómo sostenía globos en sus manos y entre sus piernas en una de sus fiestas de cumpleaños, y dejaba que un lanzador de cuchillas explotara los globos: “Lo había visto antes pero me preocupaba que tal vez pudiera tener un día libre. Aún así , Pensé, tal vez golpearía una gónada pero no ambas “.
6. Sobre egipcios y extraterrestres: “Parece un momento oportuno para sacar a colación la paradoja de Fermi, alias ‘¿Dónde están los extraterrestres?’ Realmente extraño que no veamos ninguna señal de ellos. Por cierto, por favor no menciones las pirámides. Apilar bloques de piedra no es evidencia de una civilización avanzada. El rumor de que estoy construyendo una nave espacial para regresar a mi planeta natal Marte es totalmente falso. Los antiguos egipcios eran increíbles, pero si los extraterrestres construyeron las pirámides, habrían dejado una computadora o algo así “.
7. En el momento en que casi murió de malaria mientras estaba de vacaciones: “Esa es mi lección para tomar vacaciones: las vacaciones te matarán”.
8. En un sentido, podría morir: “Mi familia teme que los rusos me asesinen”.
9. Sobre cómo preferiría morir: “Me gustaría morir en Marte. Simplemente no en el impacto”.
10. Sobre las mujeres: “Sin embargo, me gustaría asignar más tiempo a las citas. Necesito encontrar una novia. Es por eso que necesito tener un poco más de tiempo. Creo que tal vez incluso otros cinco a diez – cuánto ¿Qué tiempo quiere una mujer una semana? ¿Tal vez 10 horas? ¿Eso es lo mínimo? No lo sé “.
Ahora está de vuelta junto con su esposa, Talulah Riley.
11. Sobre el futuro de los automóviles: “En el futuro distante, las personas pueden prohibir conducir automóviles porque es demasiado peligroso. No se puede tener a una persona conduciendo una máquina de muerte de dos toneladas”.
Más tarde aclaró que, obviamente, quiere que la gente siga conduciendo automóviles debido a Tesla.
12. Sobre los autos voladores: “Lo he pensado bastante … Definitivamente podríamos hacer un auto volador, pero esa no es la parte difícil … La parte difícil es cómo hacer un auto volador que sea súper seguro y tranquilo? Porque si se trata de un aullador, uno ruidoso, vas a hacer que la gente sea muy infeliz “. 
13. Sobre por qué no solicita patentes: “Básicamente no tenemos patentes en SpaceX. Nuestra competencia principal a largo plazo es en China; si publicamos patentes, sería una farsa, porque los chinos simplemente las usarían como un libro de recetas “.

¿El golpe de Estado? Seriedad, una broma fallida, un día de furia, mucha María Juana (ver fotos)? Usted decide…

 


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Julio 26, 2020


 

Cuando nacía el F.B.I.

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El 26 de julio de 1908, la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) nace cuando el Fiscal General de los Estados Unidos, Charles Bonaparte, ordena a un grupo de investigadores federales recién contratados que se reporten al Examinador Jefe Stanley W. Finch del Departamento de Justicia. Un año después, la Oficina del Examinador Jefe pasó a llamarse Oficina de Investigación, y en 1935 se convirtió en la Oficina Federal de Investigación.

Cuando se creó el Departamento de Justicia en 1870 para hacer cumplir la ley federal y coordinar la política judicial, no tenía investigadores permanentes en su personal. Al principio, contrató detectives privados cuando necesitaba que se investigaran delitos federales y luego alquiló investigadores de otras agencias federales, como el Servicio Secreto, creado por el Departamento del Tesoro en 1865 para investigar la falsificación. A principios del siglo XX, el fiscal general estaba autorizado a contratar algunos investigadores permanentes, y se creó la Oficina del Examinador Jefe, que consistía principalmente en contadores, para revisar las transacciones financieras de los tribunales federales.

Buscando formar un brazo de investigación independiente y más eficiente, en 1908 el Departamento de Justicia contrató a 10 ex empleados del Servicio Secreto para unirse a una Oficina ampliada del Examinador Jefe. La fecha en que estos agentes se presentaron al servicio —el 26 de julio de 1908— se celebra como la génesis del FBI. Para marzo de 1909, la fuerza incluía a 34 agentes, y el Fiscal General George Wickersham, el sucesor de Bonaparte, lo renombró la Oficina de Investigación.

El gobierno federal utilizó la oficina como una herramienta para investigar a los delincuentes que evadieron el enjuiciamiento al pasar por encima de las líneas estatales, y en unos pocos años el número de agentes había aumentado a más de 300. Algunos agentes se opusieron a la agencia en el Congreso, que temían que su La creciente autoridad podría conducir al abuso de poder. Con la entrada de los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial en 1917, se le dio al buró la responsabilidad de investigar proyectos de resistencia, violadores de la Ley de Espionaje de 1917 e inmigrantes sospechosos de radicalismo.

Mientras tanto, J. Edgar Hoover, abogado y ex bibliotecario, se unió al Departamento de Justicia en 1917 y en dos años se convirtió en asistente especial del Fiscal General A. Mitchell Palmer. Profundamente antirradical en su ideología, Hoover llegó a la vanguardia de la aplicación de la ley federal durante el llamado “susto rojo” de 1919 a 1920. Estableció un sistema de índice de tarjetas que enumeraba a cada líder, organización y publicación radical en los Estados Unidos. Estados y en 1921 habían acumulado unos 450,000 archivos. Más de 10,000 presuntos comunistas también fueron arrestados durante este período, pero la gran mayoría de estas personas fueron interrogadas brevemente y luego liberadas. Aunque el fiscal general fue criticado por abusar de su poder durante las llamadas “incursiones de Palmer”, Hoover salió ileso y, el 10 de mayo de 1924, fue nombrado director interino de la Oficina de Investigación.

Durante la década de 1920, con la aprobación del Congreso, el Director Hoover reestructuró y amplió drásticamente la Oficina de Investigación. Construyó la agencia en una máquina eficiente para combatir el crimen, estableciendo un archivo centralizado de huellas digitales, un laboratorio de delitos y una escuela de capacitación para agentes. En la década de 1930, la Oficina de Investigación lanzó una batalla dramática contra la epidemia del crimen organizado provocada por la Prohibición. Gángsters notorios como George “Machine Gun” Kelly y John Dillinger se encontraron con sus extremos mirando los barriles de armas emitidas por la oficina, mientras que otros, como Louis “Lepke” Buchalter, el escurridizo jefe de Murder, Inc., fueron investigados y procesados ​​con éxito. por “G-men” de Hoover. Hoover, que tenía un buen ojo para las relaciones públicas, participó en varios de estos arrestos ampliamente publicitados, y el Buró Federal de Investigaciones, como se conocía después de 1935, fue muy apreciado por el Congreso y el público estadounidense.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Hoover revivió las técnicas antiespionaje que había desarrollado durante el primer susto rojo, y las escuchas telefónicas domésticas y otros sistemas de vigilancia electrónica se expandieron dramáticamente. Después de la Segunda Guerra Mundial, Hoover se centró en la amenaza de la subversión radical, especialmente comunista. El FBI compiló archivos sobre millones de estadounidenses sospechosos de actividad disidente, y Hoover trabajó en estrecha colaboración con el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes (HUAC) y el senador Joseph McCarthy, el arquitecto del segundo Red Scare de Estados Unidos.

En 1956, Hoover inició COINTELPRO, un programa secreto de contrainteligencia que inicialmente se dirigió al Partido Comunista de EE. UU., Pero luego se expandió para infiltrarse e interrumpir cualquier organización radical en Estados Unidos. Durante la década de 1960, los inmensos recursos de COINTELPRO se utilizaron contra grupos peligrosos como el Ku Klux Klan, pero también contra organizaciones afroamericanas de derechos civiles y organizaciones liberales contra la guerra. Una figura especialmente dirigida fue el líder de derechos civiles Martin Luther King, Jr., quien sufrió el acoso sistemático del FBI.

Cuando Hoover entró en servicio bajo su octavo presidente en 1969, los medios, el público y el Congreso habían sospechado que el FBI podría estar abusando de su autoridad. Por primera vez en su carrera burocrática, Hoover sufrió críticas generalizadas y el Congreso respondió aprobando leyes que requerían la confirmación del Senado de los futuros directores del FBI y limitando su mandato a 10 años. El 2 de mayo de 1972, con el escándalo de Watergate a punto de explotar en el escenario nacional, J. Edgar Hoover murió de una enfermedad cardíaca a la edad de 77 años.

El asunto de Watergate reveló posteriormente que el FBI había protegido ilegalmente al presidente Richard Nixon de la investigación, y el Congreso investigó a fondo a la agencia. Las revelaciones de los abusos de poder y la vigilancia inconstitucional por parte del FBI motivaron al Congreso y a los medios a estar más atentos en el futuro monitoreo del FBI.

 


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Julio 26, 2020


 

EL COVID 19 ESTÁ DIEZMANDO EL PABELLÓN SEIS

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LA MUERTE TRANSITA POR LA UNIDAD PENITENCIARA 31

Hoy 25 de julio, sobre las 21 horas, sorpresivamente  llegaron al pabellón 6 de la Unidad Penitenciaria 31 varios individuos cubiertos con trajes de aislamiento, máscaras y filtros para la respiración. Rápidamente y evitando todo contacto corporal,   retiraron de allí a los prisioneros adultos mayores: JORGE ANTONIO OLIVERA, RUBÉN LOFIEGO, JOSÉ LUIS BENÍTEZ, JOSÉ AUGUSTO LÓPEZ y CARLOS RAMALLO. Estos están infectados con el COVID-19. Así de los once trasladados compulsivamente el día 19 de julio pasado desde el mentiroso  Hospital penitenciario Central, ya quedan solo cinco ancianos en este lugar. Ahora las dudas sin respuestas y el silencio impera entre ellos. Del otro lado de las rejas, la de los presos  K,  imputados por corrupción,  miraban asustados el operativo sanitario y el silencio también se imponía. La muerte está transitando el pasillo central de la Unidad Penitenciaria 31, mientras hipócritas y sádicos togados federales por ser sábado, lejos de allí están reunidos festivamente en sus hogares junto a sus seres queridos. Siniestro territorio este al que llamamos Argentina.

 

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Julio 25, 2020


 

El Caso Grace

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Una niña negra de 15 años que ha estado encarcelada en Michigan desde mediados de mayo después de que no pudo hacer su trabajo escolar online no volverá a casa, decidió una juez el lunes, en un caso que ha avivado la indignación de que es emblemático del racismo y la criminalización de los niños negros.

La juez del condado de Oakland, Mary Ellen Brennan, determinó que la niña se ha beneficiado de un programa de tratamiento residencial en un centro de detención juvenil, pero aún no está lista para estar con su madre. Brennan, el juez presidente de la División de Familia de la corte, programó otra audiencia para septiembre.

La niña, que está siendo identificada solo por su segundo nombre, Grace, fue de discusiones  con políticos y activistas de la comunidad que expresaron su indignación por su encarcelamiento.

Durante un procedimiento de tres horas, Brennan le dijo a Grace que lo mejor para ella era permanecer en el programa después de todo el progreso que había estado haciendo.

Brennan
Biernat
Dingell

“Regálate la oportunidad de seguir y terminar algo”, dijo Brennan.

La jueza adhirió: “Lo correcto es que tú y tu madre estén separadas por ahora”.

Grace, sin embargo, le dijo a la juez que quería irse a casa: “Extraño a mi madre. Puedo controlarme. Puedo ser obediente”.

Después de la audiencia, un abogado de la familia, Jonathan Biernat, confirmó que el caso de Grace había estado avanzando, pero la “lucha por su liberación” está en curso.

El año escolar próximo pasado, Grace fue estudiante de segundo año en la Escuela Secundaria Groves perteneciente al sistema educativo de Birmingham, cuya comunidad es 79 por ciento blanca, según datos del distrito escolar.

En los últimos días, los padres y estudiantes en los suburbios de Detroit han protestado en apoyo de la liberación de Grace del Instituto Children’s Village en el condado de Oakland, el centro de detención donde estuvo recluída en medio de la pandemia de coronavirus.

En la audiencia del lunes, Brennan hizo hincapié en que la policía había respondido a los incidentes entre la madre y la hija tres veces, y que la detención de Grace salió de violar la libertad condicional relacionada con los cargos de asalto y robo del año pasado.

“No fue detenida porque no entregó su tarea”, dijo Brennan. “Fue detenida porque descubrí que era una amenaza de daño para su madre en base a todo lo que sabía”.

Brennan también abordó el escrutinio del caso.

“Mi papel es tomar decisiones que sean en el mejor interés de esta joven, punto”, dijo Brennan. “Hice un juramento de que no me dejaría influir por el clamor público o el miedo de las críticas”.

La representante Debbie Dingell, demócrata de Michigan, es una de las personas que ha cuestionado si la raza fue un factor para detener a Grace. Los jóvenes negros en Michigan tienen cuatro veces más probabilidades de ser detenidos que los jóvenes blancos, según datos de 2015 analizados por el Proyecto de Sentencias, entidad sin fines de lucro.

“Si se tratara de un joven blanco, realmente me pregunto si el juez habría hecho esto”, dijo Dingell. “Poner a una persona joven en un área confinada en medio de COVID no es la respuesta”.

El jueves, la Corte Suprema de Michigan dijo que revisaría las circunstancias que rodearon la detención de Grace.

 

 


PrisioneroEnArgentina.com

Julio 26, 2020


 

LA GUERRA QUE VA A COMENZAR

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  Por FRANCISCO BÉNARD

LOS QUE NO TIENEN CONTRA LOS QUE SÍ TIENEN

 

No me refiero a una guerra con otros países, no hemos llegado a esa extrema situación, pero si vivimos una tensa situación internacional manteniendo una mejor relación con los expresidentes de la región que con quienes hoy gobiernan a nuestros países vecinos. Son tiempos difíciles y no es aconsejable lo que hace el gobierno nacional, es necesario estar unidos y dejar las diferencias a un lado. Es esto así en cuanto al panorama internacional. Solo en dos países gobiernan miembros del Foro de San Pablo en la miseria latinoamericana, las tensiones serán aún mayores cuando estemos pisoteando el 50% de pobres e indigentes. El futuro de la Latinoamérica subdesarrollada es caótico e incluye a nuestro país.

Con el incremento de la pobreza de la que hablo viene el problema de la guerra interna, de dos argentinos uno será pobre y estos no necesariamente por ser malos sino por una necesidad de supervivencia no respetaran a los que algo tienen, serán impiadosos y no solo se incrementarán los delitos, sino que estos serán más graves. Lo estamos viendo con los recientes ataques a ancianos, con una violencia ​poco vista, matan por matar, a veces ni roban nada. La inseguridad personal, jurídica es una hipótesis cierta de la existencia de una “guerra interna”. Es la de  los que no tienen contra los que sí tienen. La liberación de varios cientos de presos comunes condenados por delitos de extrema gravedad no ha sido.

debidamente evaluada por el Gobierno Nacional. De cada cien personas detenidas por haber cometido delitos un noventa por ciento son liberados. La Corte Suprema revoco la liberación de los presos – delincuentes comunes- pero lo cierto es que nadie hace nada al respecto. Algunos delitos son de una gravedad inaceptable. La pandemia, la falta de trabajo, el incremento del desempleo, la impunidad de los delincuentes- entran por una puerta y salen por la otra. Los enfrentamientos no solo los estamos viendo en el Conurbano Bonaerense adonde ya podemos decir que llegó Venezuela y avanzan hacia la Capital Federal.

 

Francisco Benard

Abogado

 


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Julio 26, 2020


 

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