Todo parece ser válido a la hora de humillar a las Fuerzas Armadas

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El Coronel José Martiniano Duarte quién combatió en Malvinas  descubrió con asombro la posibilidad de que los militares sean apartados de la conducción del IOSFA, la obra social del personal en actividad y retirado de las Fuerzas Armadas. Esto ha creado una gran preocupación dentro de la estructura castrense.

 

Buenos Aires, 18 de febrero de 2019.
Señor Ministro de Defensa
Dr. Oscar Aguad
En relación a la ofensa que hiciera el presidente del directorio del IOSFA a todos los miembros de las instituciones armadas, en la persona del señor general José Luis Figueroa, tengo el agrado de intentar informarle por este medio, algunos conceptos que creo Usted desconoce.
Me pregunto por qué la conducción del Ministerio de Defensa provoca esto en este momento. Las causas podrían ser de distinto tenor: ¿incompetencia, ignorancia, política? No encuentro una respuesta. Hace décadas que el Ministerio de Defensa ha dejado de ser un área trascendente de las políticas públicas para los diferentes gobiernos. Y pareciera ser todo válido a la hora de humillar a las Fuerzas Armadas.
Ahora, que prácticamente han sido borradas de toda consideración y, aparentemente, ya no tienen ningún otro tema para el escarnio, se la toman con nuestra Obra Social, que es lo mismo decir con nuestras familias. Es fácil, lo reconozco; los militares no tenemos sindicato, no hacemos paros ni movilizaciones y los políticos que deberían defendernos el salario y la salud, son simple aficionados que desconocen la particular problemática de la cuestión militar.
Tal vez Usted no lo sepa, pero la obra social de las fuerzas armadas posee particularidades que la hacen muy diferente a otras. Las enormes distancias y la dispersión territorial hacen que los costos de la atención sanitaria a sus afiliados sean altísimos ya que nuestro país posee unidades y destacamentos -que incluyen a Gendarmería Nacional- desde Tartagal, hasta Ushuaia, desde Puente del Inca, hasta Buenos Aires, incluso en lugares muy poco accesibles. Por eso existe dentro de la logística de personal de las Fuerzas, una Sanidad Militar que, de hecho y de práctica, no es de uso exclusivo de los militares en actividad, sino que se entrelaza y converge diariamente con la obra social. El médico militar que atiende a un suboficial en Río Mayo con el bonete de la Sanidad Militar, es el mismo que asiste a su esposa embarazada con el bonete de IOSFA.
Esta realidad -que los ministros de defensa de las últimas décadas y sus asesores que provienen en el mejor de los casos de la función pública, y nada saben de Defensa y, menos aún, de fuerzas armadas-, es la que hace que nuestra obra social se haya transformado en un instituto muy particular.
La primera en concurrir en auxilio de un familiar afectado (IOSFA) y ante una emergencia es la Sanidad Militar. Usted me dirá que la obra social hará el reintegro correspondiente, y yo le replicaré que no y que, lamentablemente, muchas veces no ocurre así. Por ejemplo, si se debe evacuar a un niño de la localidad de Río Mayo hasta el Hospital Militar de Comodoro Rivadavia por una urgencia -yo he vivido esa situación-, lo que ocurrirá es que el comandante de la Brigada Mecanizado IX ordenará a un helicóptero de su dependencia realizar el traslado (600 kilómetros, ida y vuelta), y lo hará sin consultar a la obra social ni esperar la autorización de la misma, porque hay una vida que salvar. Ese es el costo de tener Defensa en un País que es el octavo territorio del mundo. Esto ocurre, señor Ministro, porque el enorme despliegue y el aislamiento de muchas unidades de las Fuerzas, imponen que nuestra obra social y la Sanidad Militar vivan en emergencia permanente. Lo mismo se hace cuando acontece una catástrofe natural: primero concurren con los medios disponibles y, después, dan la novedad. Todo al propio costo y riesgo.
Un pacto de soldados
Por José Martiniano Duarte

Esa mañana del 26 de mayo de 1982, el avión Hércules C-130 que llevaba a bordo a la Compañía de Comandos 602, había despegado de la base aérea de El Palomar a treinta kilómetros al noroeste de la ciudad de Buenos Aires y estaba aterrizado para hacer combustible en el aeropuerto de Comodoro Rivadavia, el centro geográfico del golfo San Jorge, en la provincia del Chubut.

Dos horas después rodaba pesada y lentamente para alcanzar la cabecera de pista. Su destino era Puerto Argentino, la capital de las Islas Malvinas y el trámite, en principio, parecía que iba a ser rápido.

Había que llegar a como sea. ¿Acaso no era eso lo que querían y deseaban, no era eso para lo que se habían preparado desde muy jóvenes? Todo había ocurrido hasta aquí según lo conjeturado y planeado por su mentor. Mucho más rápido aún de lo que él mismo imaginaba hacía apenas unas semanas. Ahora la suerte estaba echada.

Para casi todos esos hombres, el despegue en esas condiciones, era una experiencia cotidiana; la visión caótica, aparentemente anárquica del fuselaje desnudo, las vibraciones que provoca el roncar furibundo de las turbinas, el tintineo metálico de una escalerilla floja, los arneses cuadriculados de los largos asientos de paracaidistas, el zumbido intermitente de los cables de mando al moverse, el bamboleo y traqueteo que produce el rodaje previo al despegue, el olor a JP-1 quemándose en los motores.

Para unos pocos en ese viaje, dos o tres suboficiales y tres soldados conscriptos, era una vivencia nueva que no habían conocido nunca y que no iban a olvidar jamás. La visión de un tripulante auxiliar enfundado de gris brillante con escudos en los hombros y en los brazos, grandes auriculares y micrófono, que pasó tomándose del cable estático y los parantes de aluminio, caminando sobre los asientos, enfrascado vaya a saber en qué tarea y hablando con palabras inentendibles quien sabe con quién, los llenó de asombro y los liberó por unos segundos de la aprensión, de la ansiedad y del miedo.

Porque ahora iban a enfrentar al océano en una travesía incierta. Y es que en estos casos de extremo peligro, donde se está entregado a las cosas que no dependen de uno, en realidad, siempre es mejor la inexperiencia y la ignorancia. Conocer, saber mucho, implica estar plenamente consciente de la realidad; y saber de tal manera, estimula la imaginación. Entender todo lo que podría pasar, todas las probabilidades, puede aterrorizar.

Casi todos eran paracaidistas y contabilizaban más decolajes que aterrizajes sobre una aeronave. Algunos rezaban en silencio, otros ponían la mente en blanco, algunos recordaban a sus familiares cercanos, esposa, hijos…; según era el método propio ensayado para superar la impaciencia del despegue y anular la imaginación, a la espera de que pase ese momento de angustia previo a la partida. Una situación que estaba más allá de su control…

Esta vez no era un lanzamiento en paracaídas o un desembarco de rutina, estaban partiendo para cumplir la que creían que era, con seguridad, la misión más importante de sus vidas. Para muchos, iba a ser la última misión de sus vidas. A algunos de ellos los separaban el mar y apenas 48 horas de su combate final. ¿Quién podía saberlo con certeza, pero quién podía descartarlo en aquel momento? Ninguno; muchos, seguramente lo presentían.

Iban sentados sobre los asientos de paracaidistas en cuatro hileras a lo largo del avión, dos y dos frente a frente y el equipo prolijamente aparcado con precisión aeronáutica sobre la gran rampa trasera. Al oír rugir los motores un acto reflejo aprendido y repetido cientos de veces les hizo entrecruzar los brazos unos con otros, aferrándose mutuamente.

La fuerza de los motores al ser liberada los empujó hacia el fondo de la aeronave obligándolos a resistir hombro con hombro, brazo con brazo. El avión se elevó rápidamente y sólo lo necesario. Lo suficiente para sortear los obstáculos que lo separaban del mar. Luego, poco a poco, fue acercando su panza gris al agua azul. Iba a hacer la travesía en vuelo táctico, casi rozando la superficie del agua, para intentar eludir los radares de vigilancia de la flota enemiga, que había establecido el cerco a las Islas y que era, o intentaba ser, inexpugnable. (Fuente: Zona-Militar)

Pareciera que aquello que el doctor Pedro Barrios -del que desconozco su idoneidad en la materia- cree saber tan apropiadamente como para aplicar a los militares, lo ignora en el caso propio.
Pretender comparar al IOSFA y su funcionamiento con otras obras sociales, da cuenta del desconocimiento que se tiene sobre lo que son y necesitan las Fuerzas Armadas. Manifiesta una profunda ignorancia sobre la misión, la organización, el despliegue y las actividades de su conjunto, y de los elementos que la componen, así como las dificultades que permanentemente atraviesan.
Por lo anteriormente expuesto, es que enfatizo en la necesidad que quien ejerza las funciones de presidente del Directorio del IOSFA sea una persona formada no solo en el manejo de la salud o la administración de una obra social, sino que sea idónea en el conocimiento de la complejidad específica de las Fuerzas Armadas.
En caso que no sea posible encontrar a alguien que reúna esas condiciones, y Usted no quiera designar a un militar en ese puesto le solicito, por favor, que escoja a alguien que, por lo menos, quiera sus soldados.
Saludo a Usted con atenta consideración.

 

José Martiniano Duarte
Coronel VGM (R)
DNI: 8.604.927

 


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Febrero 18, 2019


 

208º Aniversario de la creación del Ejército Argentino – 13er Aniversario de la creación de la Unión de Promociones

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A TODOS LOS CAMARADAS DE LAS FUERZAS ARMADAS, FUERZAS DE SEGURIDAD, FUERZAS POLICIALES Y FUERZAS PENITENCIARIAS.

A TODOS LOS INTEGRANTES DE LAS INSTITUCIONES Y ONG VINCULADAS.

A TODOS LOS AMIGOS.

A TODOS LOS COMPATRIOTAS.

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Estimados Camaradas y Amigos

Con motivo de celebrarse el 29 de Mayo, el 208º Aniversario de la creación del Ejército Argentino y simultáneamente, el 13er Aniversario de la creación de la Unión de Promociones, hacemos llegar un nuevo y muy cordial saludo; en primer lugar a todos los integrantes del Ejército Argentino, especialmente a los Camaradas Presos Políticos que han revistado en sus filas. Recordamos también a todos quienes ya no están físicamente entre nosotros, pero que siempre permanecen espiritualmente presentes en el día a día. Vaya una vez más, nuestra especial evocación a la memoria de tantos mártires y héroes, de ayer, de hoy y de siempre, que con su vida, contribuyeron a la defensa y engrandecimiento de nuestra Patria.

Estas expresiones también son extensivas a todos los restantes Presos Políticos, por quienes nuestra Organización trabaja en forma constante en su apoyo, uniformados de cualquier Fuerza y civiles.

De la misma manera lo hace, acompañando, colaborando y aún asesorando a sus abnegadas familias.

Todo ello, en el contexto de una larga lucha por la recuperación de la verdadera memoria completa, en el marco de la justicia y del irrestricto cumplimiento de la Constitución Nacional.

Expresamos un también necesario reconocimiento y agradecimiento a los Camaradas de todas las Fuerzas, amigos y compatriotas, especialmente a aquellos que integrados en equipo a nuestra Mesa de Trabajo, continúan colaborando en forma permanente, en pos del cumplimiento de los Objetivos y Finalidad autoimpuestos.

Un cordial abrazo.

Coronel (R) Guillermo César Viola

Unión de Promociones.

 


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Mayo 29, 2018


 

Día de Ejército Argentino

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El día 29 de mayo de 1810 se produce la creación del Ejército Argentino. Por un decreto dado por la Primera Junta de Gobierno, se organizan las primeras unidades del ejército sobre la estructura del ejército virreinal. A partir de ello se ha instituido en la fecha el Día del Ejército.
El Ejército Argentino es el componente terrestre de las Fuerzas Armadas de Argentina. En el siglo XX, junto a la Armada y la Fuerza Aérea, demostró tener influencia en lo partidario y social. Se ha destacado en las misiones de paz en el marco de las Naciones Unidas, siendo reconocido internacionalmente por la calidad de sus acciones en beneficio de la paz.
Durante la colonia, como defensa contra las pretensiones portuguesas o británicas, se había constituido el Regimiento Fijo de Infantería de Buenos Aires. La mayoría de sus soldados eran criollos y su desempeño era bastante mediocre. Carecían de equipamiento, instrucción y disciplina. Sus oficiales, mayormente españoles, estaban relajados y no tenían conocimientos de táctica o estrategia militar. Guarnecían las fortalezas del Virreinato -Buenos Aires, Ensenada, San Miguel, Santa Tecla y Santa Teresa-. En caballería, se destacaban los Blandengues, milicias criollas que guardaban las fronteras contra el indio y el portugués. Los había en Buenos Aires, Santa Fe y Montevideo. José Gervasio Artigas, Estanislao López y José Rondeau se iniciaron como “blandengues”. Al principio se los armó con lanzas; pero luego, el Virrey Vértiz los proveyó de sables, pistolas y carabinas. Su nombre se debía al modo en que los soldados “blandían” sus lanzas, al saludar a las autoridades, cuando eran revistados. El Real Cuerpo de Artillería era casi inexistente. De los 200 efectivos, sólo 40 guardaban el fuerte porteño. El resto se hallaban en la Banda Oriental.
Después del fracaso del Regimiento “Fijo” en 1806, cuando su inacción permitió que sólo 1.600 efectivos británicos tomaran una ciudad de más de 40.000 almas, casi sin luchar; el Comandante General de Armas, Santiago de Liniers y Bremond decidió reforzar los cuerpos coloniales, para resistir un nuevo intento inglés. Así, este francés convocó al pueblo de Buenos Aires, el 6 de Setiembre de 1806, a enrolarse en diversos cuerpos, en razón del origen de cada recluta. Sería el germen del futuro Ejército Argentino.
“Uno de los deberes más sagrados del hombre es la defensa de la Patria que le alimenta –decía Liniers– y los habitantes de Buenos Aires han dado siempre pruebas de que conocen y saben cumplir con exactitud esta preciosa obligación”. Su llamado tuvo una gran acogida. Los hijos de Buenos Aires debían incorporarse al Cuerpo de “Patricios”; los nacidos en las Provincias del Norte, en el de “Arribeños”; los negros, mestizos, libertos e indios, en el Cuerpo de “Castas”, o de “Pardos y Morenos”. Los españoles debían conformar sus propios batallones, llamados “Tercios”. Así se constituyeron los Tercios de: “Gallegos”, “Andaluces”, “Montañeses”, “Cántabros” (formados por vizcaínos y asturianos).
La caballería no era numerosa. No cualquiera tenía caballo. Los oficiales usaban el suyo. Juan Martín de Pueyrredón, al constituir sus “Húsares del Rey”, contribuyó a vestirlos y montarlos, pues había hecho fortuna en el comercio. Destacaron los “Migueletes”, “Cazadores”, “Carabineros” y “Quinteros” (jinetes de los arrabales).
La artillería seguía escasa y rudimentaria, a cargo de los “Patriotas de la Unión” (agrupaba a españoles y criollos) y de los “Pardos y Morenos”. Era la menos prestigiosa. No resultaba atractivo arrastrar pesados cañones, cargarlos, y llenarse de pólvora, humo y metralla, o recibir disparos, sin poder defenderse, por servir al cañón. Se desconocían los avances de la artillería francesa. El mismo Napoleón Bonaparte era general de artillería. Los artilleros napoleónicos, orgullosos, decían que su mejor defensa era “el humo de sus cañones”. Faltaba aún para que la artillería argentina adquiriera la importancia que la hizo destacar en Ituzaingó, al mando del general Tomás de Iriarte.
Este nuevo ejército tenía más de 7.800 efectivos, y se empezó a entrenar de inmediato. Los cuerpos debían concurrir en días fijos al Fuerte, “a fin de arreglar los batallones y compañías, nombrando a los comandantes, y sus segundos, los capitanes y sus tenientes, a voluntad de los mismos cuerpos”. Era una novedad que la tropa eligiera sus propios jefes y oficiales;sin requerirse, tampoco, instrucción alguna. Esto se apartaba de las Ordenanzas Militares españolas, pero ante la inminencia de un nuevo ataque inglés y el prestigio de Liniers, nadie se opuso. El cuerpo más numeroso era la “Legión de Patricios Voluntarios Urbanos”,como se llamaba oficialmente, que conformó tres batallones. Le seguían el de Castas y los Arribeños. Los vistosos uniformes del ejército, armas, pólvora y nuevas obras de defensa se costearon con donativos, suscripciones y préstamos.
El flamante ejército realizaba maniobras, a las que el público concurría y aplaudía.Martín Rodríguez, de Húsares, diría, no sin cierta exageración: “Puede asegurarse que a los tres meses después de la creación de estos Cuerpos, podían ellos competir con las mejores tropas de Europa en su disciplina y maniobras”. Manuel Belgrano, de Patricios, disentía: “Ni la disciplina ni la subordinación era lo que debía ser”; agregando que la tropa “decía con mucha gracia que, para defender el suelo patrio no había necesitado aprender a hacer posturas ni figuras en las plazas públicas para diversión de las mujeres ociosas”.
La prueba de fuego del flamante ejército tuvo lugar durante la Segunda Invasión Inglesa. Allí, con mucho coraje y sin tanta técnica asombró a los propios británicos: “Esta gente no es la raza afeminada que hay en España: al contrario, son feroces y sólo necesitan disciplina para hacerlos formidables”. El mismo Ministro de Guerra Británico declaró ante el Parlamento: “El mérito de nuestros soldados fue aumentado, en mucho, por la valerosa defensa efectuada por los contrarios. Del mismo modo en que esta poderosa resistencia exalta la gloria de la conquista, abrigo la esperanza de que el valor demostrado por las tropas españolas inspirará a sus compatriotas en Europa a mostrar un espíritu parecido para resistir al enemigo común”. Este discurso se pronunció tras la invasión napoleónica a España; donde Inglaterra pasaba a ser aliada contra los franceses. Durante la “Defensa” de Buenos Aires, este flamante e improvisado ejército, junto al pueblo de la ciudad, conducidos por Liniers, batieron a más de 9.000 soldados veteranos profesionales, despejando, para siempre, su amenaza de conquista.
Liniers fue ascendido, primero a Mariscal de Campo, y luego, a Virrey del Río de la Plata, el 3 de diciembre de 1807. Los criollos tomaron consciencia de su fortaleza y su capacidad de defenderse; que en los momentos de dificultad, poco o nada se podía esperar de la Metrópoli. Se perdió la antipatía hacia las milicias; y éstas comenzaron a acercarse a quienes motorizaban las ideas de independencia.
Mientras aumentaba la autoconfianza en los criollos, crecía la antipatía hacia las fuerzas coloniales españolas. Sobre ellas, el propio Cabildo manifestaba: “¿Qué podía esperarse de unos Jefes que, en lo menos que han pensado toda su vida ha sido en arreglar sus regimientos y en sujetarlos a la disciplina?. La verdad es que jamás hemos visto una parada, y así han ido todas las cosas del servicio. ¿Qué se podía esperar de los oficiales subalternos, que a excepción de uno y otro muy raros, los demás han hecho su carrera en el pasatiempo, el juego, el baile, el paseo, sin contraerse aún por momentos a nada de lo concerniente al servicio? ¿Qué podíamos, por fin, esperar de unos hombres que tienen tanto esmero en sus regimientos, que el Fijo de Infantería sólo cuenta hoy 72 soldados de servicio, y para éstos hay 94 oficiales; que el de Dragones cuenta con otros tantos soldados que aquél, poco más o menos, y mayor número de oficiales, sucediendo lo mismo con el de Blandengues?”.
Luego vino el previsible choque entre los cuerpos españoles y los criollos. Cornelio Saavedra admitía que, a los españoles, “acostumbrados a mirar a los hijos del país como sus dependientes, y tratarlos con el aire de conquistadores, les era desagradable verlos con las armas en la mano”. El conflicto se precipitó durante el Virreinato de Liniers. El no ser éste español, y haber creado a los cuerpos criollos, a quienes trataba con consideración, lo hizo un virrey muy popular entre éstos; pese a que su gestión como gobernante dejara bastante que desear. Como contrapartida, se fue ganando paulatinamente la desconfianza y el recelo de los españoles. Agudizó esta crisis la invasión napoleónica a España: con lo que Francia pasó a ser enemiga de los españoles. Éstos buscaban, entonces, la manera de deponer a Liniers. Los conspiradores se agruparon en torno a don Martín de Alzaga, Alcalde de Primer Voto de Buenos Aires. El Cabildo fue el centro de la confabulación. De la conjura participaron: el Obispo Lué, Mariano Moreno (a quien nunca le cayó bien Liniers) y los “Tercios” españoles de Gallegos, Vizcaínos (Cántabros) y Catalanes. También participó el 3º Batallón de los Patricios. El 1º de Enero de 1809 coparon la Plaza de la Victoria, al grito de: “¡Muera el francés Liniers!”, “¡Junta como en España!”, vivando al Cabildo.
Alzaga y Moreno llegaron al Fuerte a exigir la renuncia del virrey. Éste, acorralado, alcanzó a firmarla. En ese momento, irrumpió Saavedra con los jefes de las tropas leales a Liniers: Arribeños, Húsares, Patriotas de la Unión, junto a los Tercios de Montañeses y Andaluces. Le manifestaron su apoyo al virrey, y le obligaron a romper su renuncia. Seguidamente, intimaron a los sublevados a retirarse. Bastó una breve carga de los Húsares de Martín Rodríguez y que salieran los cañones de los Patriotas de la Unión a la plaza, para concluir el motín.
Esta asonada mostró a los futuros líderes de la Primera Junta (Saavedra y Moreno) en bandos antagónicos: ya entonces no coincidían políticamente, y seguramente se tenían antipatía. Además, hubo dos “Tercios” españoles que sostuvieron al virrey: los Andaluces y los Montañeses; pues muchos de sus miembros eran criollos. Otra sorpresa fue que los “Patriotas de la Unión”, cuerpo creado y sostenido por el Cabildo, se enfrentó a su propia Institución madre. Dos batallones de la Legión de Patricios permanecieron leales al virrey y el Tercer Batallón (influenciado por Mariano Moreno) acompañó a los sediciosos.
Agradecido, Liniers reconoció que “la energía y el patriotismo de los Cuerpos y Jefes ya citados me sacaron de este conflicto con el mayor denuedo”. Saavedra dijo: “así concluyó aquel día memorable… porque, en efecto, en él las armas de los hijos de Buenos Aires abatieron el orgullo y miras ambiciosas de los españoles y adquirieron superioridad sobre ellos”. Liniers disolvió a los “Tercios” sublevados: Vizcaínos, Gallegos y Catalanes. Sólo se salvaron los Andaluces y Montañeses. A aquéllos se les quitaron sus banderas y se les prohibió usar uniforme. Se destituyó al Jefe del 3º Batallón de Patricios, y se desterró a los responsables de la conjura; despejando el horizonte de eventuales oponentes a fuerzas mayormente criollas.

Hoy es el día del Glorioso “Ejército Argentino” un día muy especial y emotivo para mí

Digo que es un dìa muy especial y emotivo porque no puedo dejar de pensar nunca que soy un hijo orgulloso de quien fuera en vida el Coronel Francisco Bènard Calviño, militar, ingeniero y con su master en economìa en la Universidad Catòlica Argentina. Mas alla de sus titulos fue un hombre maravilloso y aunque muchos creen que los militares son hombres duros era un hombre tierno y sensible con una profunda preocupaciòn por los pobres. Aùn recuerdo sus “urticarias” una reacciòn alèrgica que tenìa cuando no podìa resolver los problemas de los muchos que el atendìa en su trabajo cotidiano en Caritas del Socorro. Fue un hombre grande y al mismo tiempo muy sencillo y bondadoso que no nunca arresto a ningun soldado ni a ningun subalterno ya que siempre prefirio “usar la palabra y un sano consejo” Quiero recordar hoy a todos sus camaradas de armas a los ya fallecidos y a los pocos que aùn viven, a sus entrañables amigos que lo lloraron como un hermano durante su velatorio. Como decìa mi  padre la vida “de un cuartel” crea lazos muy especiales entre los camaradas de armas y por eso muchos hablan de la “familia militar” Quiero recordar en forma muy especial a todos los presos politicos de todos los rangos que tuvieron que enfrentar al enemigo “marxista” con sus errores quizàs algunos pero se vieron forzados a hacerlo porque hubo ordenes emanadas del Poder Ejecutivo y decretos firmados por todos los Ministros, no pudieron decir que no. La vida de los militares es asì no cuestionan las ordenes simplemente las cumplen. Esto es lo que muchos civiles no entienden, si lo sabemos los hijos de los militares que como yo siempre digo tenemos casi “un uniforme militar” debajo de nuestros trajes. Somos nosotros los hijos de esos militares los que debemos ejercer la defensa de las Fuerzas Armadas ellos hoy estàn debiles y han perdido fuerza polìtica en la sociedad. Recièn ahora en estos ultimos tiempos estàn recuperando la imagen pùblica y gloriosa que siempre tuvieron. Mi especial reconocimiento a todos los veteranos de guerra de Malvinas que estan presos porque ello me causa un  profundo dolor. A todos los integrantes del Ejercito Argentino – tambièn mi Ejercito- todo mi cariño para ellos y para sus familias.

Dr.Francisco Bènard

Abogado,Periodista,Escritor y Poeta

Asesor de Asuntos Estrategicos

del Partido Unir

 

 

El panorama se complicó con el arribo de Baltasar Hidalgo de Cisneros, en reemplazo de Liniers. A su llegada, las tropas no lo aclamaron, y se lo recibió de mala gana. El nuevo virrey indultó a los responsables del 1º de Enero, y devolvió sus banderas a los oficiales de los Tercios disueltos; pero sin volverlos a constituir; dejándolos como “reserva”, como “Batallones del Comercio”. Por razones económicas eliminó varias unidades menores. Redujo a 2 los batallones de Patricios (que eran 3). Puso a sueldo sólo a los oficiales en actividad y suprimió 2 escuadrones de los Húsares.
Finalmente, y “para evitar las rivalidades que suelen introducir la nominación”, les quitó los nombres que tenían, hasta entonces, las unidades de Infantería, y las pasó a numerar, como simples “batallones”. Así: 1 y 2 correspondían a los dos batallones subsistentes de Patricios; 3 a los Arribeños; 4 a los Montañeses, 5 a los Andaluces, 6 a la reserva de los Cuerpos Urbanos del Comercio, 7 a los Granaderos de Fernando VII y 8 a Pardos y Morenos. Así fue cómo el último virrey del Río de la Plata les dio a los Patricios el número que hasta el día de hoy tienen, como Regimiento de Infantería de Línea Nº 1. Sin embargo, todo el mundo siguió llamando a las unidades con sus denominaciones tradicionales. Estas reformas le granjearon la antipatía del ejército que, de ser “mimado” con Liniers, pasaba a sufrir el “ajuste” de Cisneros, quien además les quitaba las denominaciones con las que orgullosamente habían expulsado al invasor inglés, y a reivindicar a los “Tercios” españoles disueltos. Por eso, el ejército, resentido con el virrey, respaldó decisivamente las acciones de Mayo.
La Primera Junta aprendió la lección y le dio un gran impulso al ejército. El 27 de Mayo, cuenta Juan Beruti, “todas las tropas de Artillería, Infantería y Caballería formaron un cuadro en la plaza; salió la Junta, el Presidente las arengó, y juraron obediencia; y luego hicieron una descarga de artillería y fusilería, con lo cual se concluyó”. Dos días después, el 29, a instancias del Secretario de Guerra y Gobierno, Mariano Moreno, la Junta emitió una proclama, considerada el nacimiento formal del Ejército Argentino, por la cual reconocía el protagonismo de las tropas durante la gesta del 25 de Mayo y ordenaba varias medidas para aumentar “la fuerza militar de estas Provincias”.
Elevó todos los Batallones de Infantería a Regimientos (al revés de lo que había hecho Cisneros), con 1.116 efectivos cada uno. Ordenó reincorporar a los que habían sido dados de baja, “que actualmente no estuvieron ejerciendo algún arte mecánico o servicio público” y dispuso una leva de “todos los vagos y hombres sin ocupación”, entre 18 y 40 años. El vocal Miguel de Azcuénaga tenía a su cargo la “Armería Real”, que entregaba fusiles a cada cuerpo, en función del número de soldados. Se obligó a los vecinos a depositar en casa de Azcuénaga sus armas y mandó pagar sueldo a todos los soldados alistados.
La Revolución sabía que se iniciaba un arduo camino hacia la Independencia; que iba a costar mucho sacrificio, lucha, sinsabores y sangre. Por eso se preparaba para una pelea que sabía terriblede la mano de un ejército que había vencido a los ingleses y había contribuido decisivamente a terminar con el Virreinato del Río de la Plata. Así nacía, formalmente, el Ejército Argentino.

PrisioneroEnArgentina.com

Mayo 29, 2018


 

“¿Hasta cuándo camaradas…Hasta cuándo?”

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 Por Hugo Reynaldo Abete.

 

En las últimas horas un oficial superior retirado del Ejército Argentino intentó quitarse la vida. Semejante hecho, por cierto muy desgraciado, no tendría tanta trascendencia si sólo se tratara de un tema estrictamente personal, un problema de salud, una depresión o cualquier otra cuestión de orden individual, pero no, no fue un intento de suicidio más.

Deliberadamente, de quien hablamos un excelente profesional y mejor persona aún, padre de familia y abuelo, se había prometido así mismo que no moriría injustamente preso en una cárcel, acusado de delitos que no cometió, que no sometería a su familia a semejante abuso, que antes prefería quitarse la vida y morir con honor como un buen soldado.

Enterado de una serie de detenciones de camaradas y previendo que él podría ser de los próximos, hace apenas veinticuatro horas, con la decisión tomada se vistió con su uniforme militar -ese que dejó de lucir hace más de 15 años cuando pasó a retiro-, puso como música de fondo una marcha militar y disparó su arma sobre su corazón. Por esas cosas de Dios, el proyectil no dio en el blanco elegido y salvó su vida milagrosamente.

Mientras esto ocurría y lo operaban para salvarle la vida, me dije a mi mismo que, terminase como terminase tan desgraciado acontecimiento, escribiría una carta de lectores dirigida al Ejército Argentino y que la titularía “¿Hasta cuándo camaradas… Hasta cuándo?”.

Tal vez más de un lector se podrá preguntar ¿por qué dirigirse a los camaradas y no al poder político? que en definitiva es quien avala la detención arbitraria y prevaricadora que sufren los militares mientras los terroristas subversivos gozan de total libertad y muchos son funcionarios públicos o presiden organismos de DDHH.

Y la respuesta está en la misma pregunta, pues los militares no pueden esperar justicia de un poder político que avala a un poder judicial que actúa contra derecho. De modo que, el interrogante “¿hasta cuándo camaradas?”, está dirigido hacia los únicos en quienes ellos pueden confiar y apela al espíritu de cuerpo que siempre caracterizó al Ejército Argentino y a sus soldados. Ese espíritu que nos recuerda que un soldado argentino jamás abandona a un camarada.

El mismo que tuvo el Sargento Juan Bautista Cabral cuando entregó su vida para salvar la del Gran Capitán Don José de San Martín en San Lorenzo, o más recientemente el que predominó en Malvinas con el Cabo Roberto Baruzzo y el Teniente Primero Jorge Echeverría, héroes ejemplares si los hay, o  el Soldado Esteban Tries salvando a su sargento Manuel Villegas.

De ahí que apelando a estos ejemplos, por todos los soldados que combatieron en defensa de valores y principios y que no cometieron delitos, por los que murieron injustamente en prisión y los que aún están prisioneros, digo:¿Hasta cuándo camaradas del Ejército?, ¿hasta cuándo vamos a soportar que sigan muriendo nuestros camaradas prisioneros de una guerra que el enemigo está decidido en no terminar?, ¿hasta cuándo vamos a soportar la aberrante injusticia que condena a nuestras familias y a nuestra institución?… ¿hasta cuándo camaradas, hasta cuándo?… Vamos camaradas que no buscamos un golpe, sólo que desde el poder institucional se hagan respetar y exijan al poder político que termine con la mentira y la arbitrariedad de mantener presos a nuestros camaradas inocentes y disponga lo que sea competente para juzgar y condenar a los responsables del terrorismo subversivo acontecido en nuestro país. No a la mentira y la injusticia, si a la Verdad histórica.

¡Por Dios y por la Patria!

 

Hugo Reinaldo Abete

Ex Mayor E.A.

 


PrisioneroEnArgentina.com

Junio 17, 2017


 

¿Qué has hecho, Ejército?

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Que has hecho Ejército
¿Qué has hecho Ejército que ahora quienes ayer mandaste a luchar, están muriendo en esas sombras en las que los dejaste encarcelar?
¿Qué has hecho por Dios con tus hombres, que fueron ayer tus combatientes, salvando a la Patria del horror de aquellos verdaderos delincuentes?
¿Qué has hecho con quienes por la Patria en horas tan comprometidas, combatieron con total entrega resignando por ella hasta sus vidas?
¿Qué has hecho, en qué te transformaron? Bastión del Honor que siempre fuiste, de afuera y de adentro te coptaron, Y en temor tus guerreros escondiste.
¿Qué has hecho con tu lealtad, tu Dignidad, tu valor y con tu historia? Ocultaron en sombras tu linaje, A tus Héroes, tu verdad, también tu gloria
¿Qué has hecho permitiendo al enemigo negociar tu sangre derramada, dejando que te arrase la traición y una falaz historia adulterada? En sombras vivo yo esta infamia erguido sobre mi entereza, el cautiverio asumo en hidalguía sin sufrir tu quebranto y tu flaqueza.
Dejo en la partida mi legado de un final impuesto y doloroso. Mi hijo sin tus debilidades, mi conducta ostentará orgulloso
Hugo Pavón
Coronel (R)

 

 


Colaboración: Coronel Pedro López

PrisioneroEnArgentina.com

Mayo 31, 2017