Para empezar, es un tipo muy inteligente. Y honesto.
Pero lo más importante: es bastante obvio que Irán cree haber ganado, que la afirmación de Trump de que “están suplicando un acuerdo” es mentira, que las “conversaciones” a las que se refiere no existen, y que cuanto más nos acerquemos a las elecciones de mitad de mandato, más descabellado se volverá.
Las demandas más recientes de Irán son muy similares al (completo desperdicio de papel) memorando de entendimiento que firmaron ambas partes. El lenguaje es mucho más contundente ahora, lo que indica que Irán cree estar ganando y, por lo tanto, puede permitirse subir la apuesta.
Son muy conscientes de que la popularidad de Trump está por los suelos, que “las elecciones de mitad de mandato se ganan en verano” y que quedan menos de tres semanas para que termine oficialmente el verano.
Para usar una frase trumpiana, tienen todas las de ganar.
Por eso Trump miente. Nos metió en una guerra innecesaria, dando al menos una docena de justificaciones diferentes, cada una de las cuales ha aparecido y desaparecido sin explicación alguna (¿recuerdan lo de “por el pueblo iraní”?). Así que la gente irá a votar con la gasolina a unos 5 dólares, se preguntará por qué está tan cara, recordará que se debe enteramente a la guerra innecesaria de Trump —una guerra que él empezó pero que no sabe cómo terminar— y votará por el demócrata.
La única estrategia de Trump para evitarlo es decirles que la paz está cerca y que, en cuanto se firme el “acuerdo”, los precios del petróleo bajarán.
Por supuesto, todo eso son mentiras. Pero Trump solo necesita convencer a sus seguidores hasta el día después de las elecciones.
No hace falta ser un genio político para darse cuenta de que la Casa Blanca está en caída libre. poco mas de un año después de haber llenado su administración de un grupo de ineptos, cuyo único valor reside en su servilismo hacia su ego, el presidente Trump se encuentra ahora al frente de un gobierno totalmente incapaz de gobernar.
Disculpen mi falta de sorpresa.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, se enfrenta a crecientes críticas republicanas por una orden potencialmente ilegal de asesinar a los supervivientes de un ataque con una embarcación en el Caribe. El Departamento de Justicia, dirigido por la fiscal general Pam Bondi, está sumido en el caos tras tres intentos fallidos de procesar al exdirector del FBI, James Comey, y a la fiscal general de Nueva York, Letitia James. Y el lunes, la fiscal federal Alina Habba dimitió abruptamente tras ser inhabilitada por un juez federal para ejercer su cargo.
Mientras tanto, el director del FBI, Kash Patel, defiende el uso indebido de un avión gubernamental para transportar a su novia, estrella de la música country, a sus conciertos, y el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., se defiende de las acusaciones de su supuesta examante, Olivia Nuzzi, quien afirma que miente a la nación sobre su sobriedad.
Si alguien en la Casa Blanca de Trump está trabajando, lo ha ocultado muy bien al público.
El índice de aprobación de Trump se desplomó a un nuevo mínimo del 36% a finales de noviembre, tras meses de disfunción pública y su reiterada incapacidad para abordar problemas fundamentales como el aumento de los precios al consumidor. Para los millones de estadounidenses que apenas comienzan a interesarse por la política de cara a las importantes elecciones de mitad de mandato del próximo año, el horror añadido del equipo disfuncional de la Casa Blanca de Trump no hace más que consolidar el creciente consenso de que, a pesar de sus grandes promesas, Trump parece no saber qué hacer.
La situación se ha vuelto tan sombría para los republicanos que muchos legisladores republicanos en peligro de perder sus escaños están haciendo algo que antes se consideraba imposible: criticar directamente la falta de liderazgo de Trump. Como informa Axios, los republicanos preocupados por sus perspectivas para 2026 han comenzado a desafiar a Trump a un nivel inimaginable durante su primer mandato, incluyendo la exigencia de la publicación de los archivos de Epstein (algo que Trump aún no ha hecho) y la crítica mordaz a su plan de emitir cheques de reembolso de aranceles que desequilibran el presupuesto.
De hecho, gran parte de la estrategia de Trump para su segundo mandato parece girar en torno a ofrecer importantes compensaciones a bloques de votantes clave, alienados por sus políticas económicas poco elaboradas. Ante la revuelta de agricultores que antes eran tradicionalmente republicanos, Trump anunció apresuradamente un rescate de 12 mil millones de dólares para el sector agrícola, con el objetivo de revertir parte del daño causado por sus aranceles agrícolas.
Como muestra del deterioro de la relación de Trump con el Congreso, la mayor parte de ese dinero se distribuirá a través del Programa de Asistencia para Agricultores, evitando así una batalla perdida con los escépticos senadores republicanos. El poder que Trump alguna vez ejerció sobre sus colegas en el Capitolio parece haberse desvanecido a medida que su popularidad sigue cayendo.
Pero los propios asesores de Trump están empezando a darse cuenta de que no pueden complacer a todos constantemente, e incluso los votantes más acérrimos de MAGA se impacientan ante la perspectiva de que Trump logre alguna victoria legislativa significativa. Si las prioridades actuales de Trump sirven de indicación, tendrán que esperar un tiempo.
Casi el 40% de los votantes de Trump afirma que el costo de vida en su zona es el peor que recuerdan, y lo culpan en gran medida por no haber cumplido su promesa de bajar los precios inmediatamente “desde el primer día”. En lugar de reconocer su error y redoblar sus esfuerzos para encontrar una solución, Trump se enfurece porque los republicanos siquiera hablan de la asequibilidad de la vivienda. Es difícil imaginar una respuesta más alejada de la realidad ante las legítimas preocupaciones de los votantes.
El desmoronamiento del gobierno de Trump es la prueba viviente de que la mejor manera de convencer a los votantes de que elijan a los demócratas es dejar que los republicanos gobiernen durante un año. La Casa Blanca está tan inmersa en escándalos éticos y legales que su agenda de gobierno —lo poco que alguna vez tuvo— se ha esfumado por completo. Nadie, y menos aún el presidente, parece muy interesado en intentar rescatar las pocas iniciativas políticas estancadas que quedan. Simplemente estar al tanto de sus crecientes crisis consume la mayor parte del día.
Mientras Estados Unidos pasa página de cara a 2025, el equipo de Trump, ya sobrecargado y con personal poco cualificado, tendrá que añadir unas turbulentas elecciones de mitad de mandato a su creciente lista de problemas. Los republicanos ajenos a la órbita de Trump tienen serias dudas sobre su capacidad para salvar al partido de una inminente crisis electoral, ahora que el movimiento MAGA ha caído al descubierto, revelando el desastre que siempre se gestaba bajo su superficie. Tienen razón en estar horrorizados ante la pesadilla que acecha debajo.
Luis Mario Vitette Sellanes, uruguayo, se hizo famoso en Argentina por su participación en el denominado “Robo del Siglo”, el asalto al Banco Río de Acassuso ocurrido el 13 de enero de 2006. No fue un asesino serial, sino un delincuente especializado en robos, y su fama provino especialmente de su capacidad para desempeñar el papel de negociador durante el asalto.
El espectacular robo
La banda había preparado el golpe durante aproximadamente un año. El plan consistía en entrar al banco, controlar a los presentes y llegar a las cajas de seguridad mediante un túnel conectado con un desagüe.
El 13 de enero de 2006, los delincuentes ingresaron al Banco Río y tomaron 23 personas como rehenes. Mientras la policía rodeaba el edificio, parte de la banda trabajaba en el subsuelo para vaciar las cajas de seguridad.
Vitette tuvo un papel central: era el hombre que hablaba con la policía. Vestido con un traje gris, se convirtió en la imagen más reconocible del golpe y fue bautizado por los medios como “el hombre del traje gris”.
Según las crónicas del caso, Vitette había tomado clases de teatro y había estudiado cómo desenvolverse durante una negociación con la policía. Su misión era ganar tiempo mientras sus cómplices terminaban de retirar el dinero.
El engaño a la policía
La operación tuvo un componente teatral extraordinario.
Mientras Vitette conversaba con el negociador policial, sus compañeros ya habían conseguido acceder a las cajas de seguridad. La policía creía estar enfrentando una toma de rehenes convencional.
En realidad, el verdadero objetivo era ganar tiempo para escapar.
Cuando finalmente la policía ingresó al banco, los delincuentes ya habían desaparecido.
Habían utilizado un túnel que conducía hacia el sistema pluvial y escaparon en embarcaciones pequeñas. Según las fuentes, el botín fue de aproximadamente US$15-19 millones, dependiendo de cómo se calculen dinero, joyas y otros objetos sustraídos.
La imagen de más de 300 policías rodeando el banco mientras los ladrones ya habían escapado contribuyó enormemente a que el caso recibiera el nombre de “Robo del Siglo”.
Incluso dejaron un famoso mensaje burlón en el banco: “En barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es sólo plata y no amores”.
¿Quién era Vitette?
Vitette tenía antecedentes delictivos anteriores al robo. Había estado vinculado con robos y delincuencia organizada y había conocido a algunos de los integrantes de la banda en prisión. Fernando Araujo, considerado uno de los principales ideólogos del golpe, terminó incorporándolo al proyecto.
Su personalidad pública también contribuyó a convertirlo en una figura mediática.
Vitette hablaba con periodistas, contaba su versión de los acontecimientos y utilizaba frecuentemente el humor y la ironía. Esa actitud hizo que algunos medios lo presentaran casi como un personaje cinematográfico.
Pero no hay que confundir carisma con inocencia. Fue condenado por su participación en el robo.
La detención y la condena
Después del asalto, distintos integrantes de la banda fueron detenidos.
Vitette terminó siendo condenado en Argentina y recibió una pena única de 25 años de prisión. Posteriormente solicitó ser expulsado a Uruguay, invocando la legislación migratoria argentina. En 2013, la Justicia autorizó su extrañamiento hacia su país de origen.
La decisión permitió que continuara su vida en Uruguay después de cumplir parte de su condena.
Su nueva vida
Después de abandonar la delincuencia, Vitette se instaló en Uruguay y comenzó una vida muy diferente.
Llegó a dedicarse a una joyería en San José, donde, según entrevistas periodísticas, afirmaba llevar una vida legal y alejada del delito. La paradoja era evidente: el antiguo ladrón especializado en vulnerar alarmas y cerraduras ahora debía preocuparse por proteger su propio negocio de otros delincuentes.
Él mismo ha hablado públicamente de su pasado y de su retiro de la actividad criminal.
¿Era realmente el “cerebro” del robo?
Aquí conviene separar la realidad de la película.
La figura de Vitette fue enorme en los medios porque era la cara visible del asalto, pero el golpe fue producto de un grupo con diferentes funciones.
Fernando Araujo participó en la concepción del plan; Sebastián García Bolster tuvo un papel técnico; Alberto de la Torre, “El Doc” y otros integrantes también desempeñaron funciones importantes. Vitette fue particularmente importante durante la negociación con la policía.
Por eso describirlo simplemente como “el cerebro” sería una simplificación.
El mito
El caso terminó convirtiéndose en una especie de leyenda criminal argentina.
En 2020 se estrenó El robo del siglo, película protagonizada por Guillermo Francella, Diego Peretti y otros actores, que llevó la historia a un público todavía mayor. También se produjo posteriormente un documental que buscó reconstruir los hechos desde la perspectiva de los protagonistas.
Vitette aprovechó su notoriedad para contar su versión de la historia en entrevistas y libros.
Pero el aspecto más fascinante del caso no fue simplemente la cantidad de dinero.
Fue la combinación de planificación, engaño, teatralidad y una vía de escape extraordinaria.
¿Fue el robo perfecto?
No. Fue un robo extraordinariamente audaz, pero no perfecto.
La investigación posterior identificó a los participantes, hubo detenciones y condenas, y el botín no permaneció completamente oculto.
Sin embargo, desde el punto de vista cinematográfico, tiene todos los elementos de una película: rehenes, negociaciones, disfraces, un túnel, una fuga por alcantarillas, botes, dinero, policías rodeando el edificio y delincuentes que ya habían desaparecido.
Por eso Luis Vitette Sellanes quedó asociado para siempre con una de las operaciones criminales más famosas de la historia argentina.
Y su transformación posterior resulta igualmente llamativa: del delincuente conocido como “el hombre del traje gris” al empresario que asegura haber abandonado el mundo del crimen. Su historia demuestra cómo un criminal puede convertirse en una figura mediática, pero también que detrás del mito cinematográfico existió un delito real, víctimas reales y una condena judicial.
Estados Unidos no puede derrotar fácilmente a Irán porque su ejército está diseñado más para generar ganancias para los contratistas de defensa que para librar una guerra específica. Nuestro armamento de alta tecnología es muy sofisticado y letal contra los objetivos para los que fue diseñado, pero Irán no libra ese tipo de guerra. La guerra que Irán quiere librar es de baja tecnología y cuerpo a cuerpo. Las armas que Irán quiere desplegar son de baja tecnología y económicas. El terreno en el que Irán quiere luchar es su territorio montañoso fortificado, donde tiene una gran ventaja territorial. Irán lleva 40 años pensando en esta guerra, de la misma manera que nosotros pasamos 40 años planeando luchar contra Rusia o China por la dominación mundial.
Estados Unidos tendrá que ajustar su estrategia. Quizás optemos por contener a Irán, para que mueran de hambre lentamente en sus cuevas fortificadas. Eso se parecería mucho a un genocidio. Tendríamos que asumir las consecuencias. Tendremos que aprender a lidiar con los drones y misiles de Irán, igual que Rusia tiene que lidiar con los de Ucrania. No me cabe duda de que nuestros contratistas de defensa están preparados para la tarea si nuestros contribuyentes están dispuestos a pagarla, pero eso llevará años. Quizás despleguemos sofisticadas armas láser antidrones en lugar de los drones antidrones de baja tecnología que usa Ucrania. Su diseño costará un billón de dólares y su uso, unos céntimos por disparo. A eso le llamaremos económico.
Ted Bundy (1946–1989) fue un asesino serial estadounidense responsable de múltiples asesinatos de mujeres jóvenes durante la década de 1970. Fue condenado por tres asesinatos en Florida, aunque confesó posteriormente 30 homicidios cometidos en varios estados. Los investigadores han considerado posible que el número real fuera mayor.
Lo particularmente perturbador de Bundy era la diferencia entre su apariencia pública y sus crímenes.
Era considerado inteligente, educado, atractivo y sociable. Estudió psicología y posteriormente derecho. Podía mantener conversaciones normales, mostrarse simpático y generar confianza rápidamente.
En algunos casos utilizaba precisamente esa apariencia para acercarse a mujeres.
Podía fingir necesitar ayuda —por ejemplo, aparentando estar lesionado o teniendo dificultades para transportar algo— y aprovechar la disposición de la víctima a ayudar.
El peligro del “asesino encantador”
Bundy demuestra algo importante: un asesino serial no necesariamente parece una persona peligrosa.
No existe una apariencia física determinada que permita identificar a un psicópata o a un asesino serial.
Bundy podía presentarse como un hombre joven y atractivo, vestido normalmente y capaz de conversar con naturalidad. Esa apariencia contribuyó a que algunas personas subestimaran el peligro.
También sabía utilizar su inteligencia para manipular a quienes lo rodeaban.
Incluso después de ser detenido consiguió generar simpatía en algunas personas. Durante sus procesos judiciales, su comportamiento y su apariencia atrajeron una enorme atención de los medios.
Otros asesinos con gran capacidad de seducción
Bundy no fue el único.
Rodney Alcala, conocido como el “Dating Game Killer”, también utilizaba una apariencia educada y carismática. Llegó incluso a aparecer como concursante en el programa televisivo The Dating Game en 1978, mientras llevaba una vida secreta relacionada con numerosos crímenes.
John Wayne Gacy utilizaba una personalidad completamente diferente. Era empresario, participaba en actividades comunitarias y se presentaba como una persona respetable. En ocasiones se disfrazaba de “Pogo el Payaso” para eventos infantiles. Detrás de esa imagen cometió numerosos asesinatos.
Charles Sobhraj, conocido como “The Serpent”, fue otro criminal extraordinariamente manipulador. Utilizaba encanto, inteligencia y engaños para ganarse la confianza de viajeros y otras personas.
Pero Bundy tiene una característica particular
Lo que convirtió a Ted Bundy en una figura especialmente fascinante —y peligrosa— fue que su atractivo personal se convirtió en parte de su leyenda.
Después de su captura, algunos admiradores llegaron a escribirle cartas de amor y asistir al tribunal para verlo.
Eso creó una imagen distorsionada del criminal: la del asesino “carismático” y casi romántico.
La realidad era completamente diferente.
Detrás de la apariencia encantadora había un hombre responsable de actos de extrema violencia.
Por eso, si hablamos del “asesino serial más encantador” en el sentido de carisma utilizado para manipular, Ted Bundy probablemente sea el ejemplo más conocido.
Pero la lección más importante de su historia es justamente la contraria a la fascinación que produjo: el encanto, la inteligencia o la buena apariencia no dicen nada sobre la moralidad de una persona. Un criminal puede parecer perfectamente normal mientras oculta una conducta monstruosa.
Las Leonas escribieron una nueva página dorada en su historia al ganarle 3-1 en los penales australianos a Países Bajos, luego del 1-1 en el tiempo reglamentario, en la gran final del Mundial de hockey.
La gran figura fue la arquera Cristina Cosentino, quien brilló al tapar tres penales australianos en la definición. En los 60 minutos, Países Bajos se había puesto en ventaja a través de Yibbi Jansen, mientras que Las Leonas habían igualado en el último cuarto gracias al gol de María José Granatto.
El primer cuarto fue muy parejo, con ambas selecciones cuidando la posesión y replegándose muy bien ante cada ataque rival.
Ya en el segundo cuarto se empezó a ver una tendencia favorable a las jugadoras neerlandesas, que comenzaron a aproximarse cada vez con mayor peligrosidad al arco defendido por Sofía Toccalino. Así fue como en el último minuto pudieron ponerse en ventaja, gracias al gol de Jansen, quien ejecutó muy bien tras un córner corto.
Las Leonas tuvieron una muy buena reacción y salieron con todo al tercer cuarto, arrinconando a las jugadoras de Países Bajos que prácticamente no encontraban la manera de pasar la mitad de la cancha. Sin embargo, y pese a tener cuatro córners cortos, no pudieron capitalizar ninguno y encararon los últimos 15 minutos del partido en desventaja.
En el último cuarto continuó el dominio de Las Leonas, que consiguieron el tan ansiado gol de la igualdad cuando quedaban solo seis minutos para el final, cuando Granatto desvió dentro del área en el séptimo córner corto para las dirigidas por Fernando Ferrara.
De esta manera, la gran final tuvo una definición para el infarto en los penales australianos, donde Cosentino brilló al atajar tres ejecuciones de sus rivales, para que Sofía Cairo anotara el gol que le dio su tercer título en un Mundial a Las Leonas, luego de las consagraciones conseguidas en Perth 2002 y en Rosario 2010.
Además, cortaron con la impactante hegemonía de Países Bajos, que se había consagrado en los últimos tres Mundiales.
En su camino hacia la final, Las Leonas habían igualado 1-1 con Estados Unidos para luego derrotar 3-2 a Alemania y 2-0 a Escocia en la fase de grupos, mientras que en la segunda fase le ganaron 3-0 a España y luego empataron sin goles contra Bélgica. Por último, en las semifinales superaron con un discreto 1-0 a Australia.
Cuando China observó el lanzamiento de la operación militar especial rusa contra Ucrania, inicialmente pensamos que la capacidad de combate rusa había retrocedido al nivel de la Segunda Guerra Mundial, mientras que Estados Unidos tenía un nivel operativo superior al de la Guerra del Golfo. Esto ejerció una presión considerable sobre China.
Sin embargo, tras observar todos los movimientos militares de Washington contra el movimiento hutí en Yemen e Irán, hemos comenzado a reprocharnos haber sobreestimado tan drásticamente el poder militar estadounidense durante nuestros ejercicios militares en la base de entrenamiento de Zhurihe.
Su capacidad de combate está muy lejos del nivel de la Guerra del Golfo; al contrario, ha disminuido.
No puedo afirmar si la fuerza militar de Estados Unidos está siquiera a la par con la de Rusia.
Entonces, ¿para qué se ha estado preparando nuestro fortalecimiento de la defensa nacional durante estas dos décadas?
Quizás una invasión alienígena sea la única amenaza en la Tierra que justifique preparativos tan exhaustivos.
La película Calígula de 1979 era básicamente una película porno con actores de renombre.
Contaba con Malcolm McDowell, Helen Mirren, Peter O’Toole y John Gielgud. También tenía una cantidad desmesurada de desnudos y escenas explícitas y sin simulación de actores teniendo relaciones sexuales. Lo más increíble, sin embargo, es que ninguna de las estrellas principales lo supo hasta después de que la película se produjera, y eso porque la produjo… este tipo:
El Sr. Bob Guccione era el hacedor. Y sí, Guccione era tan turbio como parecía. El fundador de Penthouse quería que su película sobre el emperador Calígula reflejara la “realidad”. Y eso requeriría una cantidad desmesurada de obscenidad. No podía decirle esto al actor shakesperiano de formación clásica Sir John Gielgud, un hombre de casi ochenta años en ese momento. Tampoco la perspectiva habría entusiasmado a ninguno de los otros grandes nombres vinculados al proyecto. Así que le encargó al director Tinto Brass que rodara una película histórica que, por momentos, resultaba un tanto atrevida y subida de tono. Después, cuando el reparto principal se marchó, Guccione llegó con algunos hombres y mujeres con poca ropa y les hizo rodar las escenas pornográficas que había imaginado, en los mismos decorados, con la misma ropa…
Cuando el director Brass terminó su proyecto, Guccione añadió todas sus escenas pornográficas. Y entonces la estrenó en su versión completa y explícita. Los actores no quedaron nada contentos. Pero Bob Guccione ahora tiene el dudoso honor de haber rodado la única película pornográfica explícita del mundo protagonizada por Sir John Gielgood, Peter O’Toole, Helen Mirren y Malcolm McDowell. El mundo está lleno de sinvergüenzas, ¡pero ninguno con semejante currículum!
Si hablamos de qué estado de EE.UU. tiene mejores perspectivas para los próximos 10–20 años, mi elección seríaTexas, aunqueCarolina del Norte es probablemente el competidor más interesante.
Texas: mi candidato número 1
Texas combina una serie de ventajas difíciles de igualar:
una enorme población y mercado interno;
petróleo y gas;
energía renovable;
industria;
tecnología;
centros financieros;
puertos;
agricultura;
universidades importantes;
fuerte crecimiento poblacional.
En 2025 Texas fue el estado que más habitantes ganó en términos absolutos: 391.243 personas, llegando a unos31,7 millones de habitantes. También tuvo un crecimiento del 1,2%, uno de los mayores del país.
Además, desde 2020 Texas agregó aproximadamente2,6 millones de habitantes, más que cualquier otro estado.
Houston, Dallas-Fort Worth, Austin y San Antonio forman una red de grandes centros económicos con perfiles muy diferentes. Eso hace que Texas no dependa de una sola industria.
Mi pronóstico: Texas tiene posibilidades de seguir siendo uno de los grandes motores económicos estadounidenses durante décadas.
Carolina del Norte: quizá la gran sorpresa
Si tuviera que elegir un estado que podríasuperar las expectativas, elegiría Carolina del Norte.
En 2025 creció aproximadamente1,3%, ocupando el tercer lugar nacional por crecimiento porcentual. Pero lo más interesante es que tuvo elmayor saldo positivo de migración interna del país: unas 84.000 personas.
El área de Raleigh-Durham, el famosoResearch Triangle, combina universidades, investigación, tecnología, medicina y empresas.
Charlotte, por su parte, se ha convertido en un importante centro financiero.
Por eso Carolina del Norte tiene una combinación excepcional:
tecnología + universidades + finanzas + industria + población creciente + costo relativamente competitivo.
Florida: enorme potencial, pero con riesgos
Florida sigue siendo uno de los estados con mayor futuro económico.
Tiene turismo, servicios financieros, construcción, aeroespacial, puertos y una enorme población.
En 2025 llegó a aproximadamente23,46 millones de habitantes y fue el segundo estado con mayor aumento absoluto de población, detrás de Texas.
Pero hay que tener cuidado: el crecimiento de Florida se ha desacelerado considerablemente. Su migración interna neta cayó a unas22.500 personas en 2025, muy por debajo de los niveles extraordinarios de 2022 y 2023.
Además, Florida enfrenta riesgos importantes relacionados con vivienda, seguros, huracanes, infraestructura y cambio climático.
Otros estados que miraría
South Carolina:fue el estado que más rápidamente creció en 2025, aproximadamente1,5%.
Arizona:continúa creciendo y tiene vínculos importantes con tecnología y manufactura avanzada.
Tennessee:combina crecimiento poblacional, industria, logística y costos relativamente competitivos.
Georgia: Atlanta es uno de los grandes centros económicos del sur y el estado sigue creciendo rápidamente.
Washington:tiene una economía tecnológica muy potente y fue el estado con mayor crecimiento real del PIB en el primer trimestre de 2026, con un ritmo anualizado de4,5%.
Mi ranking para el futuro
Si tuviera que hacer una clasificación personal pensando en economía + población + empleo + tecnología + infraestructura + oportunidades, diría:
Puesto
Estado
Perspectiva
Texas
⭐⭐⭐⭐⭐
North Carolina
⭐⭐⭐⭐⭐
Florida
⭐⭐⭐⭐½
4
Georgia
⭐⭐⭐⭐½
5
Arizona
⭐⭐⭐⭐
6
Tennessee
⭐⭐⭐⭐
7
South Carolina
⭐⭐⭐⭐
8
Washington
⭐⭐⭐⭐
9
Utah
⭐⭐⭐⭐
10
Virginia
⭐⭐⭐⭐
¿Y cuál elegiría para vivir?
Eso es diferente de preguntar cuál tendrá la economía más grande.
Para poder económico futuro: Texas.
Para tecnología, educación y calidad de crecimiento: Carolina del Norte.
Para clima y retiro: Florida.
Para tecnología avanzada: Washington.
Para una combinación de crecimiento y costo relativamente bajo: Tennessee.
En definitiva, el gran movimiento económico estadounidense continúa desplazándose hacia elSur y el Oeste. Durante 2010–2025, Texas, Florida, Idaho, Utah y Nevada estuvieron entre los estados con mayor crecimiento poblacional de largo plazo, mientras que el Sur siguió siendo la región de crecimiento más rápido.
Si tuviera que apostar por un solo estado para 2040, apostaría por Texas. Pero si buscara el estado que podría producir la mayor sorpresa positiva, elegiríaCarolina del Norte.
En el mes de noviembre el representante de DIOS en la Tierra; Nuestro Papa y Santo Padre, llegará de visita a esta Argentina en involución creciente, con millones de ciudadanos en situación económica, social y cultural angustiosa, pero que aún sostienen su FÉ y ESPERANZA en nuestra DOCTRINA SAGRADA.
Encontrará un país con diversos e imprevisibles conflictos en evolución, aunque no en forma manifiesta, que generan limitaciones de diverso tipo a millones de argentinos para vivir dignamente, en paz y concordia.
Entre otras circunstancias lamentables debemos mencionar; inseguridad creciente en la vida diaria con sectores poblacionales capturados por los mercaderes de la droga y la trata de personas; delincuencia abierta y sofisticada a través de los medios de comunicación; corrupción indiscriminada de funcionarios públicos mimetizada y sostenida bajo coberturas mentirosas y demagogia funcional y hasta con el empleo de actitudes teatrales y manifestaciones solemnes oportunistas y voluntaristas; caída lamentable de la educación y los valores morales desde la mas tierna edad, en muchos casos a través de acciones desnaturalizantes impulsadas desde los gobiernos en diversos ámbitos; angustias económicas y profesionales crecientes sin oportunidades de resurgimiento digno y promisorio; una justicia a medida de trapalones y sinvergüenzas, cuya especialidad es la fabricación de artilugios diversos para dilatar resoluciones ejemplares . Y hay muchas otras caracterizaciones en este inventario lamentable que se renuevan constantemente.
Siempre hemos afirmado que EL SEÑOR fue inmensamente generoso con esta Patria nuestra, postrada por nuestra culpa en su evolución digna, desde hace varias décadas.
Y esta frustración se ha producido por la acción constantemente renovada de delincuentes internos y externos en el ejercicio directo o indirecto del poder público, quienes aplican diversas fórmulas y pretextos creativos para sus inmensos negociados destinados a producir postergación, miseria y muerte en los ciudadanos que trabajan y sufren.
Hemos recibido de NUESTRO DIOS, un territorio extenso y variado en su naturaleza, privilegiado por su ubicación geopolítica, riquezas materiales diversas y abundantes, clima saludable y escenarios maravillosos.
También próceres excepcionales desde el comienzo de Nuestra Historia, quienes lograron con decisión y ejemplo, neutralizar a mediocres y traidores por su acción valiente y decidida para darnos Libertad y Soberanía.
Nos legaron con su acción y palabras, ejemplos dignos de sacrificios, renunciamientos y acciones patrióticas, magníficos y hasta emocionantes por su Verdad y Trascendencia y un País listo para ser ejemplo en el mundo de progreso racional, justicia ejemplar, bien común, paz y confraternidad interior y soberanía digna y efectiva.
No cabe duda que estos Dignos Mandatos, han sido construidos sobre la vigencia de LOS VALORES que NUESTRO SALVADOR nos enseñó en su paso por este mundo y culminó con su DIGNO SACRIFICIO EN LA CRUZ.
Pero lamentablemente nuestro pobre pueblo ha sufrido y sigue sufriendo un fracaso institucional mefistofélico, que lo precipita en el abismo de lo imprevisible, pues nuestros dirigentes han obviado sin reparos. la vigencia de Nuestros Valores Fundacionales.
Sus representantes de diverso ámbito, especialmente del sector de poder llamado “democrático” y político, quienes se fueron renovando generacionalmente a través de varias décadas bajo diversas etiquetas de circunstancias, no tuvieron la capacidad de rescatar a Nuestra República de la decadencia maldita producida por sus incapacidades diversas en el ejercicio del poder, circunstancia agobiante que sigue produciendo en el pueblo, sangre, sudor y lágrimas.
Mas aun, los medios de comunicación nos muestran cada día imágenes increíbles, jactanciosas y hedonistas de integrantes, descendientes y o asociados, de la corporación política, social, cultural y sindical que administra los recursos de todos con natural incapacidad; valores culturales invertidos; utilitarismo y arbitrariedad, exhibiendo a la par sin pudor sus lujos desmedidos de diverso tipo e interminables, ante una justicia estructurada para mirar en otra dirección.
Paralelamente se reflejan también en forma patética las angustias de ciudadanos esforzados que buscan resurgir ante la miseria en avance sostenido y la limitación creciente de recursos que les permita proyectarse constructivamente, a fin de lograr un futuro digno para ellos y sus descendientes. Son imágenes lamentables y tristes en grado extremo y lo peor de todo, es que no podemos revertirlas.
El SANTO PADRE llegará a esta Argentina que hemos tratado de describir, aunque sus delegados religiosos y políticos intentarán por cierto presentar la ilusión de una realidad falsa, pues ha de convenir a sus propósitos terrenales y materialistas.
Seguramente ya están elaborando de común acuerdo, medidas para ello. Entre otros: discursos aplicativos y funcionales y programación de reuniones masivas para demostrar apoyo popular ruidoso y extendido, como fin en sí mismo.
Por lo tanto, es esperable que asistamos a actos diversos y hasta emocionantes, con características de multitudinaria exhibición política, religiosa y social y consecuentes apelaciones solemnes y teóricas. para impulsar LA FÉ. Luego por cierto todo seguirá igual.
Yo creo que tenemos ante nosotros una magnífica oportunidad otorgada por NUESTRO PADRE, para articular un cambio profundo en el curso de nuestro degradante porvenir, que ya hemos descripto suficientemente.
Necesitamos un milagro para RENACER A LA VERDAD DE NUESTRA FÉ y su aplicación efectiva en esta realidad agobiante, para la imprescindible felicidad de Nuestro Pueblo. De otra forma pueden esperarnos circunstancias y acontecimientos graves e imprevisibles.
No necesitamos discursos de circunstancias con la mención de generalidades significativas, elegantes y hasta solemnes.
Requerimos un compromiso cierto de la Jerarquía Católica Argentina con una descripción clara de la situación y medidas de acción necesarias, para impulsar un cambio claro, decisivo, persistente y justo y así presentar una expectativa de futuro plena de ilusiones y orientación para acciones concretas, positivas y efectivas.
No solo palabras, sino hasta con énfasis, exigencias a los responsables del poder ,para llevar adelante acciones concretas y efectivas que permitan cambiar con decisión y sin mentiras traidoras, el curso de los acontecimientos, en lo inmediato y por todo nuestro futuro.
Procedimientos efectivos y constantes, edificados sobre las VERDADES y MANDATOS de NUESTRA FÉ.
La VERDADERA PAZ enseñada por NUESTRO SALVADOR es el fruto del ORDEN y la JUSTICIA afirmados en LA MORAL y LA ÉTICA, aplicadas con firmeza sin dobleces circunstanciales e interesados, a través de los tiempos para el imperio ¡¡¡¡DEL BIEN COMÚN Y LA CONCORDIA!!!!!! entre TODOS LOS ARGENTINOS.
Recuerdo hasta con emoción, la historia de NUESTRO SANTO JUAN PABLO II. A poco de su asunción como PAPA decidió con valentía, enfrentar a los malditos opresores comunistas y librar a su Patria del flagelo de la esclavitud y la muerte. Y lo logró arriesgando para ello SU VIDA y en forma definitiva. No solo a través de apelaciones retóricas, sino también especialmente acciones concretas.
Así como el Pueblo Polaco supo erradicar definitivamente a sus opresores, demostremos nosotros que, con la ayuda de DIOS, somos capaces de desterrar por siempre a nuestros corruptos y sistemáticos traidores.
Roguemos A DIOS y NUESTRA SANTA MADRE nos concedan EL MILAGRO DE RENACER en esta sagrada circunstancia próxima y que EL ESPIRITU SANTO otorgue a nuestros dignatarios religiosos y LEÓN IV, la capacidad y decisión de promover los cursos de acción efectivos y necesarios para LA SALVACIÓN DE LA PATRIA y su proyección fecunda hacia un futuro prolongado y venturoso, para todos los argentinos sin excepción.
Argentina tuvo varios períodos en los que estuvo económicamente muy bien, pero hay uno que sobresale claramente: aproximadamente 1880-1930, y especialmente 1900-1913.
1. La gran época de Argentina: 1880-1914
Entre 1880 y la Primera Guerra Mundial ocurrió la transformación económica más espectacular de la historia argentina. El propio Gobierno argentino califica 1880-1914 como la etapa de mayor crecimiento económico del país. Entre 1880 y 1913, el producto por habitante más que se duplicó.
Argentina tenía una combinación extraordinaria:
enormes extensiones de tierra fértil;
inmigración europea masiva;
capital británico y europeo;
expansión de los ferrocarriles;
crecimiento de los puertos;
exportaciones de carne y cereales;
fuerte demanda europea.
Los ferrocarriles fueron fundamentales porque permitieron llevar la producción del interior hasta los puertos y conectar las zonas agrícolas con Buenos Aires.
El resultado fue impresionante.
En términos de ingreso por habitante, Argentina llegó a estar entre los países más ricos del mundo. Un estudio histórico señala que entre 1905 y 1930 estuvo consistentemente entre los 11 países con mayor ingreso per cápita.
En 1905, según estimaciones históricas, el PIB por habitante argentino llegó a representar aproximadamente el 80% del estadounidense, una proporción extraordinariamente elevada para un país latinoamericano.
2. Buenos Aires era una ciudad de enorme prosperidad
La riqueza se veía especialmente en Buenos Aires.
La ciudad recibió enormes cantidades de inmigrantes y capitales extranjeros. Se construyeron avenidas, teatros, palacios, ferrocarriles, estaciones y edificios públicos.
Argentina comenzó a ser conocida como “el granero del mundo”.
La carne argentina alimentaba mercados europeos y los cereales se exportaban masivamente.
En ese momento, la Argentina parecía tener un futuro extraordinario.
De hecho, algunos observadores llegaron a imaginar que podría convertirse en una especie de “Estados Unidos de América del Sur”. Un análisis histórico señala que entre 1880 y 1916 el crecimiento fue tan fuerte que Argentina pasó de una posición relativamente marginal a ser vista como una futura gran potencia continental.
3. ¿Fue 1910 el mejor momento?
1910-1913 probablemente representa el punto culminante de la primera gran época argentina.
En 1913 Argentina tenía un ingreso per cápita extraordinariamente elevado para la época. Las estimaciones históricas muestran un PIB por habitante de aproximadamente 2.076 dólares internacionales de 1980, frente a 1.302 para México, 1.511 para Chile y solamente 396 para Brasil.
Pero hay que tener cuidado: comparar cifras históricas de hace más de cien años no es lo mismo que comparar los salarios actuales.
Además, Argentina era rica, pero no necesariamente tan desarrollada como su ingreso sugería. Investigaciones históricas señalan que su posición en ingreso per cápita era mucho mejor que su desarrollo en algunas dimensiones institucionales, educativas y de capital humano.
4. ¿Y después de 1914?
La Primera Guerra Mundial cambió el panorama.
Argentina continuó siendo relativamente próspera durante los años veinte. De hecho, el PIB per cápita alcanzó niveles elevados nuevamente hacia 1928-1929. Una serie histórica muestra un fuerte aumento desde mediados de los años veinte hasta 1929.
Pero entonces llegó la Gran Depresión de 1929-1930.
Las exportaciones argentinas fueron golpeadas por la caída del comercio mundial y de los precios de los productos agrícolas. El modelo agroexportador, que había sido extraordinariamente exitoso, empezó a mostrar sus limitaciones.
Argentina todavía era un país relativamente rico, pero comenzó a perder posiciones frente a otras economías.
5. ¿Argentina siguió siendo un país rico después de 1930?
Durante varias décadas, sí.
Esto es importante porque existe una idea equivocada de que Argentina pasó directamente de ser una potencia en 1910 a convertirse en un país pobre.
No ocurrió así.
Argentina continuó teniendo un nivel de vida relativamente elevado durante buena parte del siglo XX. Las series históricas muestran que el PIB per cápita continuó aumentando en diferentes períodos, aunque cada vez más lentamente en relación con las economías que finalmente se convirtieron en países desarrollados.
El problema fue la pérdida de velocidad.
Mientras Estados Unidos, Canadá, Australia, Europa Occidental y posteriormente países asiáticos aceleraban su productividad, Argentina empezó a crecer más lentamente y a sufrir ciclos recurrentes.
6. El gran problema argentino: no caer, sino quedarse atrás
Esta es quizás la mejor manera de entender la historia argentina.
Argentina no fue siempre un país pobre que tuvo un breve período de riqueza.
Fue un país que comenzó extraordinariamente bien y luego no consiguió mantener el ritmo de los países que avanzaron hacia el desarrollo.
Un dato del Banco Mundial resulta ilustrativo: el crecimiento anual del PIB per cápita argentino fue aproximadamente 1,5% entre 1870 y 1913, cayó a 0,7% entre 1913 y 1950, y posteriormente fue de aproximadamente 1,9% entre 1950 y 1975.
Ese crecimiento insuficiente, combinado posteriormente con inflación, crisis fiscales, golpes de Estado, controles económicos, deuda y crisis cambiarias, terminó produciendo una enorme pérdida relativa.
7. Entonces, ¿cuándo estuvo realmente “bien”?
Yo dividiría la historia así:
Período
Situación
1880-1913
⭐⭐⭐⭐⭐ Gran expansión
1914-1929
⭐⭐⭐⭐ Muy próspera
1930-1945
⭐⭐⭐ Retroceso relativo
1946-1955
⭐⭐⭐⭐ Buen nivel de consumo, pero problemas estructurales
1955-1974
⭐⭐⭐ Crecimiento con mucha inestabilidad
1975-1989
⭐⭐ Inflación y crisis
1991-1998
⭐⭐⭐⭐ Estabilidad y crecimiento
1999-2002
⭐ Crisis profunda
2003-2007
⭐⭐⭐⭐ Fuerte recuperación
2008-2011
⭐⭐⭐ Crecimiento, pero creciente inflación
2012-2023
⭐⭐ Estancamiento y crisis recurrentes
La conclusión
El período en que Argentina estuvo económicamente mejor en términos de posición internacional fue aproximadamente 1880-1930, con el máximo esplendor alrededor de 1900-1913.
Fue entonces cuando Argentina estuvo realmente cerca de convertirse en una de las grandes economías del planeta. Tenía una combinación de riqueza agrícola, inmigración, capital extranjero, infraestructura y acceso a los mercados mundiales que pocos países tenían.
Pero existe una paradoja fascinante: Argentina no perdió sus riquezas naturales.
Todavía tiene tierras extraordinarias, Vaca Muerta, litio, cobre, energía, agricultura competitiva, agua, talento científico y una población con un nivel educativo considerable.
Lo que perdió fue la continuidad del desarrollo.
Por eso la pregunta más interesante hoy no es solamente “¿cuándo estuvo bien Argentina?”, sino “¿puede volver a alcanzar la posición relativa que tuvo hace un siglo?”
La respuesta es sí, pero no copiando la Argentina de 1910. La Argentina del siglo XXI tendría que convertirse en una potencia de energía, alimentos, minería, tecnología, servicios y conocimiento, manteniendo durante décadas estabilidad fiscal, monetaria e institucional.
Si hablamos de la asesina serial más terrible de la historia, no existe una respuesta absolutamente objetiva. Depende de si medimos el número de víctimas, la crueldad, la duración de los crímenes o el impacto que tuvieron. Sin embargo, Elizabeth Báthory y Juana Barraza suelen aparecer entre las figuras más estremecedoras, aunque por razones muy diferentes.
Elizabeth Báthory: la figura legendaria
Elizabeth Báthory (1560–1614), una aristócrata húngara, es probablemente la mujer más famosa asociada históricamente con asesinatos seriales.
Según las acusaciones formuladas contra ella a comienzos del siglo XVII, Báthory habría torturado y asesinado a numerosas jóvenes, principalmente sirvientas. Algunas versiones posteriores llegaron a atribuirle cientos de víctimas y popularizaron la historia de que se bañaba en la sangre de sus víctimas para conservar su juventud.
Pero aquí es fundamental separar historia de leyenda.
La cifra de más de 600 víctimas, frecuentemente repetida, no está demostrada. Tampoco existe evidencia histórica sólida de que realmente se bañara en sangre. Las investigaciones históricas modernas consideran que su caso fue mucho más complejo y que algunas acusaciones pudieron estar relacionadas con conflictos políticos y económicos.
Por eso Báthory es una figura extraordinariamente famosa, pero no puede afirmarse con certeza que haya sido la mujer que más personas asesinó.
Una asesina serial moderna: Juana Barraza
En tiempos modernos, uno de los casos más aterradores es el de Juana Barraza, conocida en México como “La Mataviejitas”.
Barraza asesinó a varias mujeres mayores en Ciudad de México durante la década de 2000. Se hacía pasar por una persona que podía ayudarlas o prestarles algún servicio y después las atacaba.
En 2008 fue condenada por múltiples asesinatos y recibió una sentencia de 759 años de prisión.
Su caso produjo enorme conmoción porque las víctimas eran mujeres ancianas que vivían solas y eran especialmente vulnerables.
¿Quién fue la peor?
Si utilizamos la cifra tradicional atribuida, Báthory sería una de las candidatas más extremas.
Si utilizamos casos modernos judicialmente documentados, aparecen otras asesinas con numerosas víctimas, entre ellas:
Aileen Wuornos, responsable de varios asesinatos de hombres en Estados Unidos.
Dorothea Puente, condenada por asesinar a residentes de su pensión.
Jane Toppan, enfermera estadounidense que confesó numerosos asesinatos.
Amelia Dyer, asesina británica vinculada a la muerte de numerosos bebés.
Juana Barraza, condenada por asesinar a mujeres mayores.
Entre ellas, Jane Toppan es particularmente inquietante. Era enfermera y utilizaba medicamentos para envenenar a algunos de sus pacientes. Confesó haber cometido decenas de asesinatos, aunque no todas sus afirmaciones pudieron ser verificadas.
Lo más terrible
Lo que hace especialmente aterradores estos casos no es solamente el número de víctimas. Es que muchas de estas mujeres tenían una posición que les permitía ganarse la confianza de sus víctimas.
Una enfermera podía parecer una persona dedicada a cuidar enfermos. Una cuidadora podía parecer alguien que ayudaba a ancianos. Una mujer que ofrecía alojamiento podía parecer una persona confiable.
Ese contraste entre apariencia y realidad es una de las características más perturbadoras de muchos asesinos seriales.
Por eso, si tuviera que elegir una figura histórica como la más famosa y legendaria, diría Elizabeth Báthory. Si la pregunta es quién fue una de las asesinas seriales modernas más aterradoras por crímenes comprobados, Juana Barraza y Jane Toppan merecen estar entre las principales candidatas.
Y hay una advertencia importante: no debemos tomar las cifras legendarias de Báthory como hechos comprobados. En materia de asesinos seriales, las historias que sobreviven durante siglos suelen exagerar enormemente el número real de víctimas.
La historia de Colleen Stan es uno de los casos de secuestro y control psicológico más estremecedores de Estados Unidos. Durante más de siete años, entre 1977 y 1984, fue mantenida cautiva por Cameron Hooker, con la participación de su esposa, Janice. El caso se hizo conocido como “The Girl in the Box”, debido a que durante largos períodos Stan permaneció encerrada en una pequeña caja de madera construida por su captor.
Lo más desconcertante del caso no fue solamente la violencia física. Fue el extraordinario sistema de miedo, aislamiento, amenazas y manipulación psicológica que Hooker construyó para convencer a su víctima de que escapar significaría su propia muerte y la de su familia.
El comienzo
El 19 de mayo de 1977, Colleen Stan tenía 20 años. Había salido de Eugene, Oregon, y viajaba haciendo autostop hacia California para asistir al cumpleaños de una amiga. Había utilizado anteriormente este medio de transporte y, según su testimonio, incluso había rechazado otros vehículos antes de aceptar el viaje que terminaría cambiando su vida.
El automóvil estaba ocupado por Cameron Hooker, su esposa Janice y el bebé de la pareja. La presencia de una mujer y un niño hizo que Stan se sintiera relativamente segura.
Pero durante el viaje, Hooker abandonó la carretera principal y tomó un camino aislado. Allí, según el testimonio presentado posteriormente en el juicio, sacó un cuchillo y amenazó a Stan.
La joven fue inmovilizada, vendada y sometida a una serie de abusos. Posteriormente fue trasladada a la casa de los Hooker.
Lo que parecía un viaje normal se había convertido en un secuestro.
“La Compañía”
Uno de los aspectos más importantes del caso fue una mentira cuidadosamente elaborada.
Hooker le dijo a Stan que pertenecía a una organización secreta llamada “The Company”, supuestamente dedicada al tráfico y control de esclavos. Le aseguró que esa organización era extremadamente poderosa y que vigilaba sus movimientos y los de su familia.
Si intentaba escapar, le dijo, la organización la encontraría.
Y si hablaba con la policía o revelaba lo ocurrido, su familia sufriría las consecuencias.
La amenaza no necesitaba ser real para funcionar.
Para Stan, que estaba aislada y sometida a violencia, la posibilidad de que “The Company” existiera era suficiente para paralizarla.
Ese mecanismo es fundamental para entender el caso. Una persona físicamente encerrada puede intentar escapar si cree que tiene alguna posibilidad de sobrevivir. Pero una persona convencida de que será perseguida indefinidamente puede dejar de intentarlo incluso cuando aparece una oportunidad.
Hooker construyó precisamente ese tipo de prisión psicológica.
La caja
El elemento que dio nombre al caso fue una caja de madera construida específicamente para mantener cautiva a Stan.
Durante períodos prolongados, permanecía encerrada allí durante aproximadamente 23 horas al día. La caja estaba colocada debajo de la cama de agua de la pareja.
Las condiciones eran extremadamente restrictivas. Según el testimonio de Stan, tenía muy poco espacio, poca ventilación y estaba obligada a permanecer inmóvil durante largos períodos.
También sufrió agresiones físicas y sexuales.
En el juicio de 1985, Stan describió los abusos que había soportado durante años. Su testimonio fue uno de los elementos centrales de la acusación contra Hooker.
¿Por qué no escapó?
Esta es probablemente la pregunta que más frecuentemente surge al conocer el caso.
Y también es una de las preguntas que peor pueden comprenderse desde fuera.
En 1981, después de varios años de cautiverio, Hooker permitió que Stan visitara a su familia. Tuvo una oportunidad real de pedir ayuda.
Pero no lo hizo.
¿Por qué?
Porque creía que “The Company” existía y que vigilaba a su familia. Hooker había conseguido que Stan creyera que escapar podía provocar represalias contra sus seres queridos.
Durante la visita, incluso apareció ante su familia acompañada por Hooker, quien se presentó como su novio. Su familia pudo observar que algo no parecía completamente normal, pero no comprendió la verdadera situación. Incluso se tomó una fotografía en la que ambos aparecían sonrientes.
Esta fotografía se convirtió posteriormente en uno de los aspectos más perturbadores del caso: una imagen aparentemente feliz escondía años de cautiverio y violencia.
Una prisión sin barrotes
El caso de Colleen Stan demuestra que un secuestrador no necesita mantener permanentemente a una persona detrás de una puerta cerrada.
Hooker combinó diferentes mecanismos:
amenazas, aislamiento, violencia, dependencia, humillación y miedo.
También estableció reglas sobre cómo debía comportarse Stan y cómo debía dirigirse a él.
Con el paso de los años, comenzó a concederle pequeñas libertades. Stan pudo realizar tareas domésticas, cuidar a los niños y posteriormente realizar algunos trabajos fuera de la casa.
Paradójicamente, esas pequeñas libertades podían reforzar el control.
El mensaje implícito era: si obedeces, tendrás cierta libertad; si desobedeces, volverás a la caja.
La prisión física y la psicológica funcionaban conjuntamente.
Janice Hooker
La historia tampoco puede entenderse sin Janice Hooker, esposa de Cameron.
Janice participó inicialmente en el engaño y en el sistema de control. Sin embargo, posteriormente declaró que ella misma había sufrido abusos físicos y psicológicos por parte de su marido.
Con el tiempo comenzó a cuestionar las afirmaciones de Cameron sobre “The Company”.
En 1984, finalmente le dijo a Colleen que Cameron no pertenecía realmente a aquella organización.
Ese momento fue decisivo.
Después de años de creer que existía una organización secreta capaz de localizarla y castigarla, Stan comenzó a comprender que una de las principales armas utilizadas contra ella había sido una mentira.
La huida
En agosto de 1984, Stan finalmente abandonó a Hooker y tomó un autobús.
Pero incluso entonces el trauma psicológico no desapareció inmediatamente.
Según los testimonios posteriores, Stan continuó teniendo contacto con Hooker durante algún tiempo. Janice le había pedido que le diera una oportunidad para cambiar, y Stan todavía estaba profundamente condicionada por los años de manipulación.
Finalmente, Janice acudió a las autoridades y contó lo sucedido.
La policía comenzó a investigar.
El caso terminó conduciendo al arresto de Cameron Hooker.
El juicio
El juicio comenzó en 1985 y recibió una enorme atención pública.
La defensa intentó presentar una interpretación radicalmente diferente: sostuvo que Stan había permanecido voluntariamente con Hooker y que existía una relación afectiva.
Hooker incluso declaró durante el proceso y afirmó que amaba a Stan.
La fiscalía rechazó completamente esa explicación.
El argumento era sencillo: una persona que ha sido secuestrada, amenazada y sometida mediante violencia no puede considerarse participante voluntaria en una relación de esclavitud.
Un psicólogo forense también testificó sobre las técnicas de coerción utilizadas por Hooker y explicó cómo el aislamiento, las amenazas y el control podían destruir progresivamente la capacidad de una víctima para resistirse.
El 31 de octubre de 1985, el jurado declaró culpable a Hooker de múltiples delitos, incluidos secuestro, violación y otros delitos sexuales.
El 22 de noviembre recibió una condena de 104 años de prisión.
El misterio de Marie Spannhake
El caso adquirió una dimensión todavía más oscura.
Janice informó a las autoridades sobre otra joven, Marie Elizabeth Spannhake, desaparecida en 1976. Según su relato, Cameron y ella habían tenido contacto con Spannhake y Cameron la había asesinado.
Las autoridades buscaron los restos de Spannhake, pero nunca pudieron encontrarlos. Debido a la ausencia de evidencia física suficiente, Hooker no fue condenado por ese supuesto asesinato. Por lo tanto, es importante distinguir entre lo que Janice afirmó y aquello que pudo demostrarse judicialmente.
¿Cómo pudo sobrevivir?
La supervivencia de Colleen Stan es quizá el aspecto más importante de toda la historia.
No sobrevivió porque fuera físicamente más fuerte que su captor.
Sobrevivió porque encontró formas de adaptarse psicológicamente a una situación extrema.
Aprendió qué comportamientos reducían el riesgo de violencia. Aprendió cuándo hablar y cuándo permanecer callada. Conservó la esperanza de que algún día podría recuperar su libertad.
También mantuvo vínculos emocionales con su familia y, según sus propios relatos, su fe religiosa fue importante para ella.
Su comportamiento durante el cautiverio puede parecer incomprensible desde una perspectiva normal. Pero una situación de terror prolongado cambia radicalmente las decisiones disponibles para una persona.
Lo que desde fuera parece una “oportunidad obvia de escapar” puede no parecerlo para alguien que cree que será asesinada o que su familia será atacada.
Después de la tragedia
La condena de Hooker permitió que Stan recuperara su libertad, pero salir físicamente del cautiverio no significó que el trauma desapareciera.
Su historia se convirtió posteriormente en objeto de libros, documentales, entrevistas y producciones televisivas.
El caso también contribuyó a la discusión pública sobre control coercitivo, trauma, secuestro y las razones por las que algunas víctimas no escapan inmediatamente aun cuando aparentemente tienen oportunidades para hacerlo.
La importancia de Colleen Stan no está solamente en la brutalidad de lo que sufrió. Está también en lo que su caso permite comprender sobre el poder psicológico de un agresor.
Una de las grandes lecciones del caso
La historia de Colleen Stan demuestra que la violencia no siempre funciona mediante fuerza física permanente.
A veces funciona mediante una combinación mucho más compleja:
Hooker inventó una organización que no existía y consiguió que su víctima creyera que estaba siendo observada por personas que podían destruir su vida y la de su familia.
Durante años, esa mentira fue prácticamente tan efectiva como una pared.
Finalmente, la verdad destruyó el sistema de control.
Colleen Stan sobrevivió a más de siete años de cautiverio y consiguió reconstruir su vida. Cameron Hooker, en cambio, terminó condenado a una de las penas más largas impuestas en California por este tipo de delitos.
Su caso sigue siendo recordado no solamente como una historia de horror, sino también como un ejemplo extraordinario de resistencia humana frente al control psicológico extremo.
Si la pregunta es quién puede sacar a Argentina del “Tercer Mundo”, mi respuesta sería: no será una sola persona ni un solo presidente.Argentina necesita una generación de gobiernos que mantengan ciertas reglas, independientemente de quién gane las elecciones.
Hoy, Javier Mileitiene una oportunidad particularmente importante porque su programa intenta resolver algunos de los problemas que durante décadas impidieron la estabilidad: déficit fiscal, inflación, exceso de regulaciones y falta de confianza. Pero estabilizar la economíano garantiza por sí mismo que Argentina se convierta en un país desarrollado.
¿Qué tendría que hacer el próximo gran líder argentino?
1. Mantener inflación baja durante muchos años. Sin moneda estable no hay ahorro, crédito hipotecario ni inversión de largo plazo. Argentina debe conseguir algo que países como Uruguay lograron: que la gente pueda ahorrar y planificar sin pensar constantemente en una nueva crisis monetaria.
2. Crear empleo privado de calidad. El objetivo no puede ser simplemente aumentar el empleo público o distribuir subsidios. Argentina necesita millones de empleos productivos en industria, energía, agricultura, tecnología, servicios y construcción.
3. Convertir sus recursos naturales en industria. Vaca Muerta, el litio, el cobre, la agricultura y la ganadería son enormes ventajas. Pero Argentina debería intentar vender cada vez más productos elaborados y tecnología, no solamente materias primas.
4. Educar. Esta probablemente sea la inversión más importante. Un país desarrollado necesita escuelas excelentes, universidades competitivas, formación técnica y científicos capaces de producir tecnología. Un barril de petróleo puede generar dólares durante décadas; un ingeniero puede generar riqueza durante toda su vida.
5. Tener reglas que sobrevivan a los presidentes. Este es quizás el mayor problema argentino. Cada gobierno intenta empezar de cero. Cambian las reglas tributarias, cambiarias, laborales y comerciales. Los inversores entonces prefieren esperar.
Argentina necesita que un presidente de izquierda, uno de centro o uno de derecha encuentrelas mismas reglas básicas.
¿Puede ser Milei?
Sí, Milei puede ser una parte importante de esa transformación, pero todavía es demasiado pronto para decir que será quien convierta definitivamente a Argentina en un país desarrollado.
Su mayor desafío no es solamente reducir la inflación. Es conseguir que la estabilización se transforme en crecimiento sostenido, salarios reales más altos, inversión, empleo y productividad.
Y existe otro desafío: que las reformas sobrevivan políticamente.
Si un futuro gobierno puede desmontar en pocos meses lo que otro construyó durante años, Argentina volverá al ciclo de crisis.
¿Y quién podría venir después?
Paradójicamente, el presidente que termine llevando a Argentina al desarrollopodría no ser Milei.
Podría ser alguien que tome las reformas que funcionaron, corrija las que fracasaron y consiga construir un consenso nacional más amplio.
Ese líder podría ser de La Libertad Avanza, del PRO, del peronismo reformista, del radicalismo renovado o incluso de una fuerza política que todavía no existe.
Lo importante no sería tantoel apellido, sino el programa.
Argentina necesitaría algo parecido a un“Pacto de Desarrollo de 20 años”:
inflación baja;
déficit fiscal controlado;
impuestos más simples;
justicia independiente;
seguridad jurídica;
educación de calidad;
energía abundante;
infraestructura moderna;
exportaciones crecientes;
crédito;
inversión privada;
integración con el mundo;
protección social focalizada.
La gran paradoja argentina
Argentina ya tuvo prácticamente todo lo necesario para ser un país rico.
Tienealimentos, energía, minerales, agua, territorio, talento, universidades, una enorme producción agropecuaria y una población relativamente educada.
El problema nunca fue solamente la falta de recursos.
Fue la incapacidad para mantener estabilidad y aprovecharlos durante décadas.
Por eso yo reformularía la pregunta:
No es “¿quién sacará a Argentina del Tercer Mundo?”
Es:
“¿Qué presidente será capaz de construir un sistema que funcione incluso cuando él ya no esté?”
Ese será el verdadero líder que Argentina necesita.
Y si algún día Argentina consigue tener20 años consecutivos de estabilidad, inversión y crecimiento, entonces probablemente dejará de hablar de “salir del Tercer Mundo”. Pasará a discutir algo mucho más interesante: cómo convertirse nuevamente en una de las economías más prósperas del mundo.
Para simplificar: actualmente no existen países socialistas en el mundo. Hay dos países constitucionalmente comprometidos con la construcción del socialismo (Cuba y Laos), dos que se autodenominan «socialismo con ciertas características» (China y Vietnam), pero cuyo «socialismo» es prácticamente idéntico al capitalismo, y un país atípico que afirma practicar una forma única y superior de socialismo (Corea del Norte).
Aparte de estos, no hay ningún otro país que se declare socialista o que sea ampliamente reconocido como tal. Bélgica, al igual que la mayoría de los estados del noroeste de Europa, presenta varias características socialistas surgidas como resultado de la lucha de clases y la historia.
Puede que Bélgica se encuentre entre los países «más socialistas» del mundo, pero, sinceramente, eso no significa mucho.
Bélgica, Alemania, los Países Bajos y Austria presentan fuertes rasgos socialistas, pero no son socialistas. Los países nórdicos tienen características socialistas aún más desarrolladas, pero tampoco son socialistas.
Puedes ir de un extremo a otro de Europa, pero no encontrarás ningún país socialista.
La historia de Andrea Yates es una de las tragedias criminales más conocidas de Estados Unidos. En junio de 2001, Yates mató a sus cinco hijos pequeños en su vivienda de Houston, Texas. El caso provocó una enorme conmoción nacional y abrió un intenso debate sobre enfermedad mental, maternidad, responsabilidad penal, tratamiento psiquiátrico y el papel de las instituciones frente a personas gravemente enfermas.
Su historia también es compleja porque no puede reducirse simplemente a la de una mujer que cometió un crimen terrible. Durante años había presentado graves problemas de salud mental y había recibido atención psiquiátrica. Después de los asesinatos, varios especialistas sostuvieron que sufría una enfermedad mental severa que había alterado profundamente su percepción de la realidad.
Una familia aparentemente normal
Andrea Pia Yates nació en Houston, Texas, en 1964. Era la menor de cinco hermanos y creció en una familia católica. Durante su juventud estudió y posteriormente se convirtió en enfermera registrada.
En 1993 se casó con Rusty Yates, un ingeniero informático. La pareja tuvo cinco hijos: cuatro varones y una niña. La familia vivió inicialmente en Texas y posteriormente se estableció en Houston.
Desde el exterior, podía parecer una familia tradicional. Sin embargo, con el nacimiento de sus hijos comenzaron a aparecer problemas importantes en la salud mental de Andrea.
Después del nacimiento de su cuarto hijo, su estado psicológico empeoró considerablemente. Presentó síntomas de depresión y posteriormente episodios psicóticos. En 1999 intentó suicidarse y fue hospitalizada.
Los médicos comenzaron a tratarla con medicamentos psiquiátricos. Durante determinados períodos mejoraba, pero su enfermedad continuaba siendo grave.
El nacimiento del quinto hijo
En febrero de 2000 nació su quinto hijo.
El embarazo y el nacimiento se produjeron después de una historia psiquiátrica que ya era preocupante. Poco después del nacimiento, la situación volvió a deteriorarse.
Andrea desarrolló síntomas psicóticos cada vez más graves. Según los especialistas que posteriormente analizaron el caso, llegó a presentar ideas delirantes relacionadas con el pecado, la condenación y el destino espiritual de sus hijos.
Uno de los elementos más importantes de la tragedia fue que su enfermedad mental no era completamente desconocida. Había recibido tratamiento y había sido hospitalizada anteriormente.
En determinado momento, los médicos recomendaron que no permaneciera sola con los niños.
Sin embargo, posteriormente regresó a su casa.
El 20 de junio de 2001
La mañana del 20 de junio de 2001 comenzó como cualquier otro día.
Rusty Yates salió de la vivienda para trabajar. Andrea quedó sola en la casa con sus cinco hijos.
Los niños tenían edades comprendidas entre los seis meses y los siete años.
Durante un período relativamente breve, Andrea asesinó a los cinco.
Las víctimas fueron:
Noah, de siete años.
John, de cinco.
Paul, de tres.
Luke, de dos.
Mary, de seis meses.
Después de los asesinatos, Andrea llamó a la policía y comunicó lo ocurrido.
La policía llegó poco después y encontró a los niños muertos.
La noticia produjo una enorme conmoción en Houston y rápidamente se convirtió en una historia nacional.
¿Por qué lo hizo?
Esta es quizás la pregunta más difícil del caso.
Andrea Yates sostuvo que creía que sus hijos estaban condenados y que debía matarlos para evitar que sufrieran espiritualmente.
Sus declaraciones posteriores mostraron una percepción de la realidad profundamente alterada.
Los especialistas que evaluaron su estado mental concluyeron que sufría una enfermedad psicótica grave. No parecía tratarse de un crimen motivado por dinero, venganza o beneficio personal.
La tragedia estaba relacionada con su enfermedad mental y con sus delirios.
Eso no elimina la responsabilidad moral por la muerte de los niños, pero resulta fundamental para comprender el caso desde el punto de vista médico y jurídico.
El primer juicio
El primer juicio comenzó en 2002.
La fiscalía sostuvo que Andrea Yates sabía lo que estaba haciendo y que, por lo tanto, debía ser considerada responsable de sus actos.
La defensa presentó especialistas que afirmaron que Yates sufría una enfermedad mental extremadamente grave y que no comprendía adecuadamente la naturaleza o las consecuencias de sus acciones.
Uno de los puntos centrales del juicio fue determinar si, desde el punto de vista legal, Yates podía distinguir correctamente entre el bien y el mal cuando asesinó a sus hijos.
Finalmente, el jurado la declaró culpable de asesinato y la condenó a cadena perpetua.
En ese momento también recibió una sentencia que establecía la posibilidad de libertad condicional después de un largo período.
Pero el caso no terminó allí.
Un error fundamental
Posteriormente se descubrió que uno de los principales especialistas utilizados por la fiscalía había presentado información científicamente incorrecta al jurado.
El doctor Park Dietz había testificado sobre un episodio de la serie televisiva Law & Order que supuestamente mostraba a una madre matando a sus hijos y utilizando la locura como defensa.
El problema era que ese episodio no existía.
La información era falsa.
Este error tuvo consecuencias enormes porque el testimonio del especialista había influido en la percepción del caso por parte del jurado.
La defensa apeló.
En 2005, la Corte de Apelaciones de Texas anuló la condena y ordenó un nuevo juicio.
El segundo juicio
El segundo juicio se celebró en 2006.
Esta vez, los especialistas presentaron nuevamente evidencia sobre la enfermedad mental de Yates.
La defensa sostuvo que ella sufría psicosis posparto y otros trastornos psiquiátricos graves.
La fiscalía argumentó nuevamente que Yates era responsable de sus actos.
Pero el segundo jurado llegó a una conclusión diferente.
Andrea Yates fue declarada no culpable por razón de demencia.
En términos jurídicos, esto no significaba que los asesinatos no hubieran ocurrido ni que Yates no hubiera sido responsable material de las muertes. Significaba que el jurado consideraba que su enfermedad mental le impedía cumplir con los requisitos legales necesarios para ser considerada penalmente responsable en el momento de los hechos.
Fue enviada a una institución psiquiátrica de máxima seguridad.
La controversia sobre la enfermedad mental
El caso Yates provocó una discusión nacional sobre la salud mental de las mujeres después del embarazo.
La psicosis posparto es una condición psiquiátrica grave que puede producir alucinaciones, delirios, confusión y pérdida de contacto con la realidad. Es mucho más grave que la llamada depresión posparto y requiere atención médica inmediata.
El caso de Yates hizo que muchas personas comprendieran mejor la diferencia entre ambos trastornos.
También generó preguntas sobre cómo debe actuar el sistema médico cuando una persona presenta síntomas psicóticos y tiene niños pequeños bajo su cuidado.
En retrospectiva, varios especialistas señalaron que existían señales de alarma importantes antes de los asesinatos.
El papel de Rusty Yates
La figura de Rusty Yates también fue objeto de una enorme atención pública.
Había apoyado a Andrea durante sus problemas psiquiátricos y continuó formando una familia con ella pese a sus antecedentes de enfermedad mental.
Después de la tragedia, muchos periodistas y especialistas analizaron las decisiones tomadas por la pareja.
Es importante, sin embargo, distinguir entre las decisiones que pueden ser criticadas retrospectivamente y la responsabilidad directa por los asesinatos.
La tragedia involucró numerosos factores: una enfermedad mental severa, decisiones médicas, tratamiento farmacológico, dinámica familiar y fallas en la identificación y manejo del riesgo.
Una sociedad que buscaba respuestas
La historia de Andrea Yates produjo una pregunta que continúa siendo relevante:
¿Hasta qué punto una persona gravemente enferma mentalmente puede ser considerada responsable de un crimen cometido durante un episodio psicótico?
La respuesta jurídica varía según las leyes de cada jurisdicción.
El sistema estadounidense distingue entre culpabilidad y enfermedad mental de diferentes maneras dependiendo del estado.
En el caso Yates, el segundo jurado concluyó que su enfermedad había afectado de tal manera su capacidad mental que correspondía declararla no culpable por razón de demencia.
Esto no significó que recuperara su libertad.
Al contrario, continuó internada en una institución psiquiátrica.
El impacto sobre la salud mental
Quizás uno de los aspectos más importantes de la historia es el debate que produjo sobre la prevención.
La mayoría de las mujeres que sufren depresión posparto o incluso enfermedades psiquiátricas graves no representan un peligro para sus hijos.
Por eso es importante no utilizar el caso Yates para estigmatizar a todas las madres que atraviesan problemas de salud mental.
Pero la psicosis posparto puede convertirse en una emergencia médica.
Cuando aparecen delirios, alucinaciones, desorientación severa, pensamientos suicidas o ideas relacionadas con hacer daño a otra persona, se necesita una evaluación profesional inmediata.
El caso Yates demostró de manera dramática qué puede suceder cuando una enfermedad mental extremadamente grave no es controlada adecuadamente.
Una tragedia sin vencedores
La historia tampoco tiene un final feliz.
Cinco niños perdieron la vida.
Una madre quedó internada por tiempo indefinido.
Una familia quedó destruida.
Y una comunidad tuvo que enfrentarse a preguntas para las que no existían respuestas sencillas.
La tragedia también mostró los límites de los sistemas de salud y justicia. Una persona puede haber recibido tratamiento y, aun así, continuar gravemente enferma. Los médicos pueden equivocarse. Las familias pueden no comprender completamente la gravedad de una enfermedad. Y los tribunales deben tomar decisiones extremadamente difíciles sobre culpabilidad y enfermedad mental.
El legado del caso
Más de dos décadas después, el nombre de Andrea Yates continúa apareciendo en investigaciones sobre psicosis posparto, derecho penal y salud mental.
Su caso también se convirtió en un ejemplo de cómo un crimen puede tener múltiples dimensiones.
Desde el punto de vista criminal, hubo cinco asesinatos.
Desde el punto de vista médico, hubo una enfermedad mental severa.
Desde el punto de vista jurídico, hubo una batalla sobre la responsabilidad penal.
Desde el punto de vista social, hubo preguntas sobre la capacidad de las instituciones para detectar y controlar situaciones de alto riesgo.
Ninguna de estas perspectivas, por sí sola, explica completamente la tragedia.
Conclusión
Andrea Yates pasó a la historia por uno de los crímenes familiares más estremecedores de Estados Unidos. Pero estudiar su historia exclusivamente como un caso criminal sería insuficiente.
El elemento central de la tragedia fue la combinación de una enfermedad mental grave, síntomas psicóticos, una situación familiar compleja y fallas en la protección y tratamiento de una persona que necesitaba atención especializada.
El segundo juicio estableció que, jurídicamente, Yates no debía ser considerada penalmente responsable debido a su enfermedad mental. Desde entonces permanece bajo atención psiquiátrica.
El caso dejó una lección especialmente importante: las enfermedades mentales graves deben ser tomadas tan seriamente como cualquier otra emergencia médica. La identificación temprana de síntomas psicóticos, el tratamiento adecuado y la protección de las personas vulnerables pueden ser decisivos.
La historia de Andrea Yates es, finalmente, una tragedia de cinco vidas infantiles perdidas y de una enfermedad mental que llegó a niveles devastadores. También es un caso que obligó a Estados Unidos a discutir cuestiones difíciles sobre maternidad, medicina, justicia y responsabilidad, debates que continúan siendo relevantes muchos años después.
Desde hace siglos, distintas culturas han contado historias sobre criaturas que parecen situarse en algún punto entre el ser humano y el animal. Algunas forman parte de mitologías antiguas; otras aparecieron en relatos de exploradores, campesinos, militares o aficionados a lo paranormal. Entre las más conocidas están el Yeti, Bigfoot, el Chupacabras, el Mothman, el Wendigo, el Mapinguarí y el Almas de Asia Central.
La gran pregunta es siempre la misma: ¿son criaturas reales todavía desconocidas, animales identificados de manera incorrecta, fenómenos culturales o simplemente leyendas? Hasta hoy, ninguna de estas criaturas ha sido demostrada científicamente como una especie humanoide desconocida.
1. El Yeti
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Probablemente sea el humanoide misterioso más famoso después de Bigfoot.
El Yeti, conocido popularmente como el “Abominable Hombre de las Nieves”, pertenece a las tradiciones de las regiones del Himalaya, especialmente Nepal y el Tíbet. Se lo describe como una criatura grande, cubierta de pelo y capaz de caminar sobre dos piernas.
Uno de los elementos que hizo famoso al Yeti fueron las supuestas huellas encontradas en la nieve por expediciones occidentales durante el siglo XX.
En 1951, el explorador británico Eric Shipton fotografió una famosa huella en el Himalaya. La imagen se convirtió en una de las evidencias más conocidas de la existencia del Yeti.
Sin embargo, posteriormente se descubrió que muchas supuestas huellas podían explicarse por factores naturales, osos y otros animales.
Investigaciones genéticas realizadas sobre muestras atribuidas al Yeti tampoco han demostrado la existencia de un humanoide desconocido. Algunas muestras resultaron pertenecer a osos.
El misterio, sin embargo, continúa formando parte de la cultura popular.
2. Bigfoot o Sasquatch
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Si el Yeti es el gigante misterioso de Asia, Bigfoot es su equivalente norteamericano.
Las historias de Sasquatch tienen una larga tradición entre pueblos indígenas de la costa noroeste de América del Norte. Durante el siglo XX comenzaron a aparecer numerosos testimonios de personas que aseguraban haber visto una criatura grande, peluda y bípeda en bosques de Estados Unidos y Canadá.
El caso más famoso ocurrió en 1967, cuando Roger Patterson y Bob Gimlin filmaron en California una figura aparentemente humanoide caminando por una zona boscosa.
La película, conocida como Patterson-Gimlin film, dura menos de un minuto, pero generó décadas de debate.
Los defensores de Bigfoot consideran que el movimiento de la criatura resulta demasiado natural para ser una persona disfrazada. Los escépticos sostienen que se trata precisamente de eso: una persona utilizando un traje.
Hasta hoy no existe un cuerpo, esqueleto o evidencia genética aceptada por la ciencia que demuestre que Bigfoot sea una especie real.
3. El Mothman
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El Mothman es uno de los casos más extraños de la cultura paranormal estadounidense.
Las historias aparecieron principalmente alrededor de Point Pleasant, Virginia Occidental, durante 1966 y 1967.
Testigos describieron una criatura humanoide de gran tamaño, con alas y ojos brillantes o rojizos. Algunos aseguraron que podía volar a velocidades extraordinarias.
El caso quedó asociado posteriormente con el colapso del Silver Bridge, ocurrido el 15 de diciembre de 1967, en el que murieron 46 personas.
Con el tiempo se desarrolló una leyenda según la cual Mothman habría sido una especie de presagio de la tragedia.
No existe evidencia científica de que la criatura estuviera relacionada con el desastre. Es posible que algunos avistamientos fueran animales nocturnos, especialmente grandes aves, confundidos en condiciones de poca visibilidad.
4. El Chupacabras
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El Chupacabras es diferente de Bigfoot y Yeti porque sus historias son relativamente recientes.
Los primeros relatos famosos surgieron en Puerto Rico en 1995. Se hablaba de una criatura que atacaba animales domésticos y supuestamente les extraía la sangre.
Los testigos describían inicialmente un animal pequeño, bípedo, con grandes ojos y características casi extraterrestres.
Posteriormente la imagen del Chupacabras cambió. En Estados Unidos y México comenzaron a aparecer fotografías y relatos de animales extraños, generalmente sin pelo, con dientes prominentes y aspecto enfermizo.
Muchos de estos animales fueron identificados como coyotes o perros afectados por sarna severa.
El Chupacabras es un excelente ejemplo de cómo una leyenda puede evolucionar rápidamente y adquirir características diferentes según la región.
5. El Wendigo
El Wendigo procede de tradiciones de pueblos indígenas algonquinos de Norteamérica.
A diferencia de Bigfoot, no se trata simplemente de un supuesto animal desconocido. Es principalmente una figura espiritual y mitológica asociada con el hambre extrema, el invierno, el aislamiento y el canibalismo.
En las versiones populares modernas aparece como un ser humanoide extremadamente delgado, con apariencia monstruosa y, a veces, cabeza de ciervo.
Sin embargo, esa imagen no representa necesariamente las versiones tradicionales. La cultura popular contemporánea transformó considerablemente al Wendigo.
Su importancia histórica está en que refleja los temores de sociedades que vivían en ambientes extremadamente difíciles, donde el invierno y la falta de alimentos podían significar literalmente la muerte.
6. El Almas
En Mongolia y otras regiones de Asia Central existen relatos sobre los Almas, seres humanoides salvajes que supuestamente vivirían en zonas montañosas.
Los testimonios los describen como criaturas parecidas a seres humanos primitivos, cubiertas de pelo y capaces de caminar erguidas.
Durante décadas algunos investigadores especularon con que podrían ser supervivientes de alguna población humana antigua.
Sin embargo, tampoco existe evidencia científica concluyente.
El interés por el Almas está relacionado con una cuestión científica fascinante: durante gran parte de la historia humana coexistieron diferentes especies y poblaciones de homínidos. Los neandertales, denisovanos y otros grupos demuestran que la evolución humana fue mucho más compleja de lo que se creyó durante mucho tiempo.
Eso hace que algunos investigadores consideren interesante investigar los relatos de homínidos desconocidos, aunque eso no significa que las leyendas sean verdaderas.
7. El Mapinguarí
En la Amazonia existen relatos sobre el Mapinguarí, una criatura gigantesca asociada con la selva.
Las descripciones varían considerablemente. Algunas versiones hablan de un animal parecido a un enorme oso o perezoso terrestre; otras lo presentan como un ser humanoide.
Una de las teorías más interesantes relaciona la leyenda con los perezosos terrestres gigantes, animales prehistóricos que existieron en América y desaparecieron hace miles de años.
La idea resulta atractiva, pero no existe evidencia de que alguno de estos animales haya sobrevivido hasta tiempos modernos.
8. El Hombre Polilla y otros humanoides alados
Además del Mothman, existen numerosos relatos sobre criaturas humanoides capaces de volar.
En diferentes países aparecen historias de seres con alas, ojos luminosos o características similares a las de murciélagos.
Una explicación posible es que los seres humanos interpretan de formas muy diferentes las figuras observadas de noche. Una gran ave, un murciélago, una persona distante o incluso una combinación de luces y sombras puede adquirir características extraordinarias cuando el observador está sorprendido o asustado.
¿Por qué existen tantos relatos?
Hay varias explicaciones.
La primera es cultural. Las sociedades humanas siempre han creado historias sobre criaturas que viven en lugares desconocidos.
La segunda es psicológica. El cerebro humano intenta identificar rápidamente aquello que observa. En condiciones de poca luz, niebla o distancia, puede interpretar una forma ambigua como una figura humana.
La tercera es zoológica. Animales conocidos pueden producir apariciones extraordinarias cuando se observan brevemente.
La cuarta es más interesante: todavía existen regiones poco exploradas del planeta, especialmente selvas, montañas y océanos. Eso no significa que haya grandes humanoides desconocidos, pero sí que la biodiversidad mundial todavía contiene especies que no han sido descritas científicamente.
¿Existe realmente un humanoide desconocido?
Hasta agosto de 2026, no existe evidencia científica sólida de una especie humanoide moderna desconocida equivalente a Bigfoot, Yeti o Mothman.
Para demostrarlo sería necesario encontrar evidencia física verificable: un cuerpo, restos óseos, ADN inequívoco, múltiples muestras independientes o una población observable.
Las fotografías, huellas aisladas y testimonios son interesantes, pero no suficientes.
Y precisamente ahí reside el atractivo de estas historias.
El Yeti, Bigfoot, Mothman, Chupacabras, Wendigo, Almas y Mapinguarí representan diferentes versiones de una de las preguntas más antiguas de la humanidad:
¿Qué puede estar viviendo todavía en los lugares que conocemos muy poco?
Hasta ahora, la ciencia no ha encontrado al misterioso humanoide. Pero las leyendas continúan porque combinan tres elementos irresistibles: miedo, misterio y la posibilidad de que el mundo todavía esconda algo desconocido.
Donald Trump ha convertido la política exterior de los EE.UU. en una sucesión de negocios, amenazas, aranceles y golpes de efecto, en especial contra sus propios aliados del G7, pero su poder económico, tanto como el militar, parecen haber encontrado sus límites. Canadá, objeto de su último e inexplicable ataque comercial luego de haber anunciado que pretendía anexarlo como 51° Estado, no ha bajado los brazos y, por el contrario, ha respondido con igual dureza. Su nueva batería de sanciones contra Teherán (que, con su resistencia al dolor, le ha impedido obtener la rápida victoria con que había soñado) y sus amenazas de castigar a los clientes de sus productos, es tan amplia que incluiría a China, principal comprador del petróleo iraní, a Turquía y Emiratos Árabes Unidos.
Para Argentina, un país dotado de todo aquello que todos necesitan precisamente porque comienzan a carecer de ello, el espectáculo debería resultar particularmente irritante. Tenemos petróleo, gas, alimentos, minerales y una capacidad extraordinaria para producirlos; pero seguimos padeciendo las consecuencias de décadas de populismo, corrupción, imprevisión y falta de inversiones que nos dejaron sin los caminos, trenes, puertos, oleo y gasoductos necesarios para aprovechar las oportunidades. Cuando llueve sopa, los argentinos insistimos en salir con tenedor.
Nuestra región tampoco ha quedado al margen de este terremoto. El caso venezolano es, en ese sentido, paradigmático. Después de la intervención estadounidense, de la captura de Nicolás Maduro y de todas las declaraciones sobre la libertad y la democracia, el chavismo continúa gobernando, con Delcy Rodríguez en la Presidencia y Diosdado Cabello con buena parte del poder real. Se han abierto negociaciones con sectores de la oposición, pero María Corina Machado y Edmundo González, que ganaron las elecciones, siguen relegados. Es decir, se destruyó mucho, se prometió demasiado y la democracia continúa esperando. Pero, claro, el petróleo venezolano está allí, y los negocios suelen tener una influencia extraordinaria sobre las convicciones morales de las grandes potencias.
Brasil, que se encamina a una elección presidencial que puede redefinir el equilibrio político sudamericano, no es un adversario ideológico circunstancial: es nuestro principal socio regional, un mercado esencial y un actor imprescindible en cualquier política seria de integración, comercio y defensa de nuestros intereses en el mundo. Confundir la política exterior con una pelea en X o con un discurso de barricada es una estupidez que la Argentina no puede permitirse.
Y así llegamos a casa. No cabe desconocer los enormes logros obtenidos por el gobierno de Milei en materia fiscal y monetaria. Después de tantas décadas durante las cuales el déficit era considerado una herramienta política y la inflación una especie de fenómeno inevitable, haber instalado la idea de que el Estado no puede gastar eternamente más de lo que recauda constituye, por sí solo, un cambio cultural de enorme importancia. Pero tampoco corresponde cerrar los ojos ante lo que está sucediendo. La economía parece haber perdido parte de su impulso; el crédito, que debía convertirse en motor de la recuperación, ha colocado a muchos en una situación financiera cada vez más delicada; los salarios y el consumo siguen sin acompañar de igual manera a la mejora de los grandes números, y la sociedad comienza a preguntarse cuánto tiempo más deberá esperar para que el sacrificio se transforme en una mejora perceptible de su vida cotidiana. Ése es el problema central del Gobierno: parece convencido de que una macroeconomía sana basta para ganar la batalla política. No es así, y Milei y sus funcionarios deberían explicarlo mejor.
Las personas votan con sus ideas, con sus miedos y con sus bolsillos; pero también con la percepción que tienen acerca de quienes las gobiernan. Y un presidente puede haber acertado en el diagnóstico económico y, sin embargo, perder apoyo si transmite indiferencia o falta de empatía frente a quienes están pagando el costo de la transformación. A ello se suma una inexplicable vocación por fabricar enemigos. Empresarios, periodistas, legisladores, gobernadores, economistas y, ahora, gobiernos extranjeros: cualquiera que discrepe corre el riesgo de ser convertido en traidor, delincuente, corrupto o enemigo de la libertad. Es un método que puede servir para conquistar poder; rara vez resulta útil para ejercerlo.
La reciente decisión de avanzar en la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central muestra que el Gobierno conserva la voluntad de consolidar institucionalmente algunos de sus logros más importantes. Sería excelente que aplicara el mismo criterio a otras áreas: la Justicia, la seguridad jurídica, la relación con el Congreso y la construcción de una administración pública capaz de sobrevivir a sus propios funcionarios. Porque la verdadera transformación consistirá en construir instituciones que impidan que, mañana, cualquier nuevo populista pueda volver a utilizarlo como botín. La oposición, por supuesto, no ofrece una alternativa demasiado tranquilizadora. El kirchnerismo pretende ocultar bajo nuevas máscaras su responsabilidad por la catástrofe que dejó; pero el Gobierno no debería confiar en que la memoria colectiva sea infinita ni en que la ausencia de una oposición convincente le garantiza automáticamente el futuro.
Por eso, mientras el mundo entero parece haber decidido caminar sobre el borde del abismo, haríamos bien en aprender una lección elemental: no hace falta saltar para demostrar valentía. A veces, basta con dejar de dar pasos hacia atrás.
Históricamente, las crisis monetarias se han relacionado con la hiperinflación, fenómeno que Argentina ha sufrido con frecuencia. La hiperinflación se considera generalmente una calamidad que conduce a la destrucción del sistema monetario capitalista de circulación. Sin embargo, en la actual crisis argentina, se ha producido una implosión total de las relaciones económicas y monetarias debido a la hiperdeflación. Esto representa el estrangulamiento de la economía por la exigencia de pagar una deuda insostenible.
Existe una diferencia sustancial entre hiperinflación e hiperdeflación. En la hiperinflación, los precios se disparan sin cesar a una velocidad cada vez mayor. Aquellas clases cuyos ingresos no están totalmente indexados a los precios y que no poseen viviendas ni otros activos fijos pierden terreno rápidamente. En la hiperdeflación, en cambio, los precios no retroceden. Hoy en día, en casi todo el mundo, prevalece el sistema del capital monopolista. Las grandes corporaciones, las grandes empresas minoristas y el capital financiero concentrado son sus características distintivas. Como consecuencia del capital monopolista, la deflación, incluso cuando se agrava hasta convertirse en hiperdeflación, no produce una caída de los precios. Estos continúan subiendo, aunque a un ritmo moderado. En este contexto, los precios de los servicios públicos (transporte, servicios médicos, impuestos municipales, etc.) aumentan para incrementar los ingresos con fines presupuestarios. El presupuesto del gobierno nacional debe ser austero, con un déficit mínimo o nulo, especialmente en áreas no relacionadas con los intereses capitalistas, como el gasto en seguridad social; por lo tanto, la política deflacionaria viene oficialmente dictada por la necesidad de pagar la deuda externa. Mientras tanto, bajo el mismo principio de austeridad, se impone una congelación salarial a los trabajadores. Los asalariados pierden, ya que sus salarios se congelan mientras los precios crecen lentamente y los servicios sociales se reducen. Por consiguiente, la hiperdeflación no implica una caída drástica de los precios, sino más bien un colapso de la demanda real, la producción y el empleo.
La hiperdeflación argentina es el resultado directo del intento de integrar la economía al sistema financiero capitalista internacional mediante la imposición permanente de una política antiinflacionaria y antiexpansiva. Al hacerlo, la clase capitalista argentina, apoyada e impulsada por el Tesoro de Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional (FMI), primero destruyó el sistema nacional de seguridad social y la red de bienestar, y en los últimos dos años, generó un colapso total de la economía hasta el punto de bloquear la circulación monetaria. Todo este episodio constituye un importante caso histórico en el que los intereses de la clase nacional convergieron con los intereses financieros internacionales, lo que finalmente condujo a la destrucción del sustento de la mayor parte del pueblo argentino, el 50% del cual vive actualmente por debajo del umbral de la pobreza.
La Mecánica de la Crisis La crisis política de este importante país sudamericano estalló formalmente cuando, en la primera semana de diciembre de 2001, el FMI decidió retener un préstamo de 1.300 millones de dólares aprobado para el servicio de la deuda externa del país, que ascendía a 142.000 millones de dólares. El FMI afirmó que el gobierno, entonces liderado por el presidente Fernando De la Rúa del Partido Radical, no estaba cumpliendo su compromiso de recortar aún más el gasto. Esta afirmación era falsa. Desde el otoño de 2000, cuando el gobierno argentino inició una nueva ronda de negociaciones con el FMI, hasta el levantamiento de Buenos Aires en diciembre pasado, el gobierno recortó sistemáticamente el gasto. Privatizó la seguridad social y recortó los fondos de las provincias, obligando a muchas de ellas a utilizar dinero fiduciario para cumplir con sus pagos. Durante el verano, el ministro de Economía, Domingo Cavallo —un protegido del FMI que, por cierto, fue subsecretario del Interior (Departamento de Policía Federal) durante la sangrienta dictadura militar de 1981— se fijó como meta un déficit presupuestario cero. Si no se alcanzó el objetivo, no fue por falta de esfuerzo, sino por la creciente crisis social, con un desempleo que llegó al 18 por ciento y un porcentaje similar clasificado como subempleado. Inmediatamente después de que el FMI retuviera el préstamo, el gobierno emprendió una ronda de recortes aún más severa, que incluyó la congelación de las cuentas bancarias de los ciudadanos y la limitación de los retiros a 250 dólares semanales. Fue entonces cuando el pueblo de Buenos Aires se alzó contra el gobierno.
La deuda argentina La explosión de la deuda del país comenzó con el régimen militar en el poder entre 1976 y 1983. En total, la deuda externa se multiplicó casi por cuatro, pasando de 9.700 millones de dólares en 1976 a 35.700 millones en 1981. El componente público de la deuda se incrementó significativamente debido a la compra de armamento, para gran satisfacción del gobierno estadounidense, que apoyaba la represión de las fuerzas populares por parte de los militares argentinos y deseaba la participación de la dictadura en la represión y la tortura en Centroamérica. Sin embargo, a pesar del aumento del gasto público, el sector privado fue el principal prestatario externo. El componente público de la deuda externa fue, de hecho, menor en 1981 (56%) que en 1976 (68%). Por consiguiente, el crecimiento de la deuda fue más pronunciado en el sector privado que en el público.
En Argentina, la dictadura militar de 1976-1983 representó la vanguardia del neoliberalismo. Introdujo una nueva ley de inversión extranjera que facilitaba las adquisiciones y la inversión financiera, a la vez que liberaba el tipo de cambio del control gubernamental. Anticipando lo que sucedería dos décadas después, estas medidas atrajeron capital del extranjero, mientras que las compañías financieras y los bancos internacionales, inundados de dinero gracias al aumento del precio del petróleo, impulsaban agresivamente los préstamos a países del tercer mundo. Si bien Argentina no era un país tradicionalmente del tercer mundo, no fue la excepción. Cabe destacar, sin embargo, que la orientación neoliberal de los militares no habría sido posible sin el exterminio físico de los activistas de las fuerzas populares. La dictadura militar propició una estrecha alianza entre multinacionales, capital financiero y élites empresariales locales, una alianza que se consolidó como dominante durante la década de 1980. Este bloque revirtió la estrategia de sustitución de importaciones que caracterizó el considerable crecimiento industrial de Argentina en la década de 1960. Fue bajo esta alianza que se produjo la explosión de la deuda externa, mientras que el sistema productivo comenzó a sufrir una desindustrialización crónica.<sup>1</sup>
Para 1981, el régimen militar se encargó de absorber la deuda externa privada, obteniendo, en el proceso, el apoyo del Fondo Monetario Internacional. Tras la caída de la dictadura, el presidente Raúl Alfonsín, del Partido Radical, continuó la política de socialización de la deuda, a petición expresa de los países acreedores. Como detalla Eduardo Basualdo (véase la nota 1), el Banco Central y las empresas privadas acordaban un tipo de cambio específico, con respecto al dólar, para la revaluación de la deuda externa denominada en dólares a la moneda local, que se devaluaba progresivamente. Al transferir la deuda al Estado, las empresas recibían un subsidio correspondiente a la diferencia entre el tipo de cambio acordado y el real (ahora depreciado). Gracias a diversos mecanismos, todos basados en este principio, las empresas privadas se liberaron de la mayor parte de su deuda. Inicialmente, las principales beneficiarias fueron las multinacionales, que también habían sido las principales prestatarias, pero posteriormente la política se extendió a las empresas argentinas.
Esta socialización de la deuda privada tuvo consecuencias perjudiciales para la economía. Antes de la dictadura militar apoyada por Estados Unidos (1976-1983), las relaciones económicas externas de Argentina se caracterizaban por crisis cíclicas de balanza de pagos. En un país semiindustrializado, los períodos de crecimiento generan un aumento de las importaciones de productos industriales superior a las exportaciones de productos primarios. El déficit externo resultante obliga a las autoridades a desacelerar la economía (reducir las importaciones) mediante la creación de una recesión interna. Sin embargo, la deuda privada, convertida en pública, contraída durante el régimen militar, cambió la naturaleza del problema. El problema externo dejó de ser cíclico para convertirse en permanente, mientras que el vínculo con la economía interna se volvió mucho más grave, ya que la carga de la deuda provocó la desestabilización de las finanzas públicas y la deriva hacia la hiperinflación, al imprimir el gobierno dinero para financiar sus gastos internos.
A finales de la década de 1980, el nuevo presidente, el peronista Carlos Menem, prometió acabar con la hiperinflación y el estancamiento mediante un plan que también reintegraría a las clases capitalistas argentinas al ámbito financiero internacional. En 1991, el gobierno de Menem promulgó discretamente una ley, diseñada por el mencionado Domingo Cavallo. Esta ley introdujo una reforma monetaria que vinculaba legalmente la nueva unidad monetaria, el peso, al dólar estadounidense en una paridad uno a uno. La necesidad de combatir el círculo vicioso de hiperinflación-devaluación-hiperinflación se consideró la justificación de la estricta paridad dólar-peso. Se suponía que la estabilización resultante detendría la constante revaluación de la deuda externa denominada en dólares, permitiendo así que las clases dirigentes argentinas se integraran a la comunidad financiera mundial.
Desde la ley de 1991, la deuda privada se multiplicó por once, mientras que la deuda pública creció menos del 60%, alcanzando un total de 142 mil millones de dólares a finales de 2001. En esencia, durante los últimos veinte años, la población argentina ha estado sometida, secuencialmente, al siguiente mecanismo: el Estado asume la carga de la deuda externa privada; el sector privado continúa acumulando deuda, mientras que el Estado privatiza sus actividades públicas, generando así beneficios financieros (rentas) para las empresas privadas, tanto nacionales como internacionales; y, posteriormente, el Estado traslada la carga de la deuda a toda la economía, especialmente a la población trabajadora, obligándola a generar un superávit financiero a expensas de los salarios, los servicios sociales y la inversión pública.
Estabilización y colapso en la hiperdeflación La validación económica de la ley aprobada en 1991 dependía de un mecanismo automático que establecía que la creación monetaria interna debía corresponder al saldo neto de dólares que ingresaban al país. Teóricamente, el equilibrio entre la entrada neta de dólares y la creación monetaria interna puede garantizarse mediante (a) grandes superávits en las cuentas corrientes (exportaciones mayores que importaciones) o (b) entradas netas de capital. Lograr que la cuenta corriente sostenga todo el proceso de creación monetaria es imposible, ya que requeriría un superávit muy grande en relación con el ingreso nacional. Además, a lo largo de su historia de posguerra, Argentina tendió a tener un superávit en la balanza comercial pero un déficit en la balanza de pagos. Esta es una situación común para los países cuyos vínculos productivos con el resto del mundo se realizan a través del sector de materias primas.² El superávit en el sector comercial se ve más que compensado por el pago al exterior de intereses, dividendos, seguros y otros servicios. En cuanto a las entradas de capital, estas pueden estimularse mediante (1) la dinámica de la demanda, de modo que las empresas extranjeras deseen invertir allí; (2) la transformación del país en una plataforma de exportación barata como México; (3) la privatización de actividades públicas como los servicios públicos, donde siempre se garantiza un flujo constante de rentas; y (4) el endeudamiento en los mercados financieros internacionales. La primera condición, la solidez de la demanda, era inexistente, ya que el país había estado sumido durante toda la década de 1980 en una crisis económica con hiperinflación. La paridad fija entre el dólar y el peso redujo el atractivo del país como plataforma de exportación, por lo que la implementación del programa de estabilización basado en la paridad dólar-peso dependió de la privatización y de un mayor endeudamiento.
La reforma monetaria de Menem coincidió plenamente con los intereses, las opiniones y las aspiraciones de las instituciones financieras privadas, tanto locales como internacionales, y su política recibió el pleno respaldo de Washington, sin el cual su implementación no habría sido posible. La privatización y la austeridad presupuestaria atrajeron capital, expandiendo así la creación monetaria interna y generando una euforia que, entre 1991 y 1995, produjo una tasa de crecimiento superior al 4% anual, una de las más altas desde 1945. Las clases dirigentes argentinas creyeron haber regresado al seno del mundo capitalista avanzado. Pero tan pronto como se puso en marcha la reforma monetaria, el país perdió su tradicional superávit en la balanza comercial, aunque no de forma drástica. Sin embargo, siguió registrando una creciente salida de ingresos por inversiones destinada al pago de intereses y dividendos en el extranjero. En consecuencia, el saldo general de la cuenta corriente se deterioró notablemente, lo que incrementó la dependencia de las entradas de capital. La fragilidad de la fase de crecimiento quedó patente con la recesión provocada por la crisis mexicana de principios de 1995; a raíz de esta, la economía argentina se contrajo un 3%.
Temiendo un destino similar al de México, el capital financiero se mostró aprensivo, pero la crisis se superó temporalmente gracias a la expansión del comercio dentro del Mercosur (un mercado común que integra a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), donde Brasil es, con diferencia, la mayor unidad económica. El gobierno de ese gran país también seguía una política de desregulación y de vinculación de la moneda local (el real) al dólar, aunque no tan estrictamente como el peso argentino. Esto mantuvo el valor del real elevado, mientras que la inflación brasileña se mantuvo alta en relación con la argentina. Este factor implicó una revaluación de la moneda brasileña, estimulando así las exportaciones argentinas (ahora más baratas). En 1989, alrededor del 11% de las exportaciones argentinas se dirigían al Mercosur. Para 1995, ese porcentaje había aumentado al 31,7%, y para 1998, justo antes del inevitable colapso brasileño, el Mercosur absorbía el 35% de las exportaciones argentinas. Las compañías financieras internacionales consideraban tanto a Brasil como a Argentina como mercados emergentes, con monedas de alto valor y alto riesgo. Así, por un lado, les estaban imponiendo préstamos —que los voraces y rapaces capitalistas locales estaban más que dispuestos a conceder, ya que, de todos modos, serían los asalariados quienes tendrían que pagar—, pero por otro lado, querían protegerse contra el llamado riesgo país. Las entidades financieras y las casas de bolsa no son ingenuas. Saben que Brasil y Argentina no son Estados Unidos, cuyo déficit externo puede financiarse mediante la emisión de bonos que serán aceptados por el resto del mundo sin imponer límites a las autoridades monetarias estadounidenses. En el caso de los países periféricos, un déficit externo persistente y creciente se traduce inmediatamente en una amenaza de insolvencia. Tanto en Argentina como en Brasil, los déficits externos aumentaban porque la estabilización de la moneda implicaba una pérdida de producción nacional en favor de las importaciones. Por lo tanto, con la crisis mexicana de 1995, el tipo de interés adicional por riesgo país aplicado a los préstamos argentinos aumentó considerablemente. Cuando Brasil colapsó en 1998, provocando una devaluación del 40% del real, la situación también se complicó para Argentina.
La crisis brasileña disipó cualquier ilusión sobre la posibilidad de crecimiento a largo plazo en los países del Cono Sur de América Latina. También puso de manifiesto una verdad fundamental para quienes no se dejaron cegar por el espejismo de las ganancias espectaculares de la especulación financiera: la producción real no podía sostener la enorme carga de deuda e intereses de Argentina. Este es, sin duda, el punto crucial. Ningún nivel razonable de exportaciones netas habría bastado para sacar al país de la trampa de la deuda. Sin la carga de la deuda, el déficit argentino, si bien empeoraba, no era dramático, especialmente en el comercio de mercancías. La mayor parte del daño se produjo por la salida de fondos destinados a pagos de intereses, repatriación de dividendos y servicios. A esto hay que añadir la exportación de capital realizada por las clases capitalistas argentinas. Tras la crisis brasileña, la tasa de interés por riesgo país se disparó y siguió aumentando cuando quedó claro que Argentina no sería capaz de generar ni siquiera un flujo neto mínimo de fondos a partir de sus operaciones con el resto del mundo. En consecuencia, la paridad peso-dólar que sostenía la nueva ola de privatizaciones y especulación financiera no pudo mantenerse por mucho tiempo. El Tesoro estadounidense y el FMI lo sabían desde el principio, pero insistieron en los planes de austeridad, cuyo verdadero propósito era poner a la venta los activos del país.
La conexión clasista entre el capital financiero internacional y local se evidencia en el hecho de que el ajuste total de la deuda externa recayó sobre la economía real, mientras que el capital fue atraído con promesas de ganancias fáciles mediante privatizaciones, tasas monopolísticas indexadas al dólar en caso de devaluación (en servicios públicos, por ejemplo) y la libertad de abandonar el país rápidamente. Los efectos debilitantes, e incluso devastadores, de estas políticas se manifiestan en la persistente desindustrialización y la creciente explotación de los trabajadores, que afectaron al país incluso durante los años de euforia económica. Entre 1992 y 2000, la productividad laboral por hora aumentó cerca del 45%, mientras que los salarios nominales se estancaron y los salarios reales disminuyeron. Durante el mismo período, la capacidad productiva ociosa se mantuvo elevada, en torno al 30% de la capacidad potencial. Esta aumentó aún más a medida que el crecimiento se estancaba y la crisis se agudizaba. Estos factores, en conjunto, generaron, desde el período de euforia económica en adelante, una tasa persistentemente alta de desempleo y subempleo que afecta actualmente a más del 40% de la población activa. Además, el impacto estructural del período de liberalización financiera está poniendo en peligro la posibilidad de una recuperación, incluso asumiendo el ascenso al poder de una alianza progresista. El valor de los bienes de capital importados y las piezas de repuesto para maquinaria aumentó del 25% del total de las importaciones en 1991 al 45% en 1998. Esto significa que la desindustrialización ha llegado al extremo de impedir el establecimiento de una mínima autonomía en el funcionamiento y la planificación del aparato productivo. En este sentido, Argentina ha descendido aún más en la escala de las economías en desarrollo y ahora se encuentra en una posición mucho más débil para emprender programas destinados a erradicar la pobreza y la recesión.
El año 2000 fue testigo de la formación de un amplio frente social contra la alianza entre el gobierno, el FMI y los operadores financieros. Se produjeron manifestaciones masivas contra las negociaciones con el FMI, que se consideraban, con razón, como una vía hacia una mayor austeridad y una crisis económica. Pero ni el gobierno ni la oposición peronista, que llegó a proponer una dolarización total de la economía, estaban interesados en salir del mecanismo de dependencia financiera. El FMI intentó abrir aún más la puerta a la liberalización financiera. Cada ronda de negociaciones implicaba nuevas medidas de austeridad y, como si todo estuviera orquestado, los prestamistas internacionales aumentaban la presión elevando el tipo de interés de riesgo de los préstamos. Así, las instituciones financieras —nacionales e internacionales— se convirtieron en usureras, y el FMI en el cobrador de deudas con tácticas de estrangulamiento. Sin embargo, el paquete de préstamos negociado durante el otoño de 2000, que desencadenó la crisis, evidencia los estrechos vínculos entre el capital local y los grupos internacionales. La privatización del sistema de seguridad social fue el componente más importante y explosivo del acuerdo con el FMI. Esta medida no figuraba en el paquete original, pero el gobierno de De la Rua la quería para hacer un enorme favor a las aseguradoras privadas. Demasiado cobarde para presentar la medida directamente ante el Congreso, el gobierno pidió al FMI que incluyera la privatización como condición para los nuevos préstamos. La bonanza para las empresas privadas es evidente en la comisión del 30 por ciento que reciben por administrar los fondos que luego transfieren al gobierno a tasas de interés exorbitantes ajustadas al riesgo.
Para las clases compradoras y el gobierno argentino, la única forma de mantener el acuerdo cambiario con el dólar —del cual dependía toda la creación monetaria interna— era, tras haber vendido todos los activos nacionales posibles, endeudarse aún más. Sin embargo, cada endeudamiento adicional incrementaba la prima de riesgo exigida por los prestamistas. En julio de 2001, la emisión rutinaria de letras del Tesoro a tres meses se convirtió en una crisis cuando la tasa de interés solicitada se elevó del 9% al 14%, a pesar de la deflación persistente, lo que agrava considerablemente la carga real de los pagos de intereses. La respuesta del gobierno fue introducir restricciones adicionales, y el Ministro de Economía, Cavallo, anunció una política de déficit presupuestario cero, imposible de alcanzar. Evidentemente incapaz de lograr este objetivo, el gobierno fue notificado por el FMI a principios de diciembre de 2001 de que se le retendría un préstamo de 1.300 millones de dólares (exactamente la misma cantidad, en el mismo período, se le otorgó a Turquía, un país de importancia estratégica). La decisión del FMI llevó al gobierno a robar literalmente el dinero al público bloqueando las cuentas corrientes y los depósitos bancarios. Esto fue la gota que colmó el vaso y llevó a una amplia gama de clases sociales a las calles, expulsando a De la Rúa del poder. Pero incluso en los momentos de mayor angustia, la clase política pretendía beneficiar a las clases adineradas y a las empresas financieras manteniendo temporalmente la paridad peso-dólar mientras inventaba una nueva moneda, el argentino, no vinculada al dólar. Se suponía que los precios, los alquileres y los intereses se mantendrían en dólares o pesos, mientras que las pensiones y los salarios se pagarían en argentinos, cuyo valor se temía que se desplomaría frente al dólar o al peso. La población se percató de inmediato del engaño orquestado por el presidente interino, el peronista Rodríguez Saa, y lo expulsó a su vez. El actual presidente, Eduardo Duhalde, camina ahora sobre la cuerda floja entre restablecer los lazos con el FMI y evitar una nueva explosión de indignación popular.
De ajuste en ajuste, de deflación en deflación, las autoridades argentinas y el FMI han logrado el colapso de la moneda, sin la cual una economía capitalista no puede funcionar. Sin embargo, una restauración estable de las relaciones capitalistas en Argentina es improbable en el actual clima de crisis financiera mundial. Sería mucho más práctico abandonar cualquier vínculo con el FMI y sus clientes y avanzar directamente hacia la construcción de un sistema económico planificado basado en las necesidades sociales.
Notas: Fernando Hugo Azcurra, La “Nueva” Alianza Burguesa en Argentina (Buenos Aires: Dialectica, 1988); Eduardo M. Basualdo, Deuda Externa y Poder Económico en la Argentina (Buenos Aires: Editorial Nueva América, 1987).
El déficit por cuenta corriente de Estados Unidos es de naturaleza totalmente diferente. Estados Unidos tiene un déficit en la balanza comercial y un superávit en servicios, la mayoría de los cuales son financieros. Además, el origen del déficit estadounidense no radica en la dependencia estructural con respecto a otros países industrializados. Es, más bien, el resultado, como lo expresó Paul Sweezy, de los costos del imperialismo, incluyendo la necesidad de apoyar a Japón y Asia Oriental durante las guerras de Corea y Vietnam.
Al acercarse a la marca de seis meses de guerra con Irán y ante la disminución de las reservas de armas clave, el gobierno de Estados Unidos está promocionando una campaña financiera demoledora contra Teherán, con la promesa de un Día D económico contra un país que, hasta ahora, ha resistido casi cinco décadas de duras sanciones de Washington.
Con pocos detalles, el presidente Donald Trump anunció esta semana que Estados Unidos impondría a Irán un nivel de guerra económica y aislamiento “sin precedentes”, con el objetivo de obligar a sus dirigentes a ceder ante las exigencias de poner fin a su programa nuclear y reabrir por completo el crucial estrecho de Ormuz a los petroleros y buques gasíferos.
Esto refleja la cruda realidad a la que se enfrenta Trump, con una guerra cada vez más impopular que no parece poder terminar y a pocos meses de unas elecciones legislativas de mitad de mandato decisivas que determinarán si su Partido Republicano mantiene el control del Congreso. Ya sea por desesperación o por estrategia, el presidente está reorientando el poder de Estados Unidos en poner a Irán de rodillas mediante una campaña acelerada de sanciones contra uno de los países más castigados económicamente del mundo.
La respuesta inmediata de los más belicistas frente a Irán han sido los elogios y un llamado a la paciencia mientras se pone en marcha la iniciativa. Otros analistas advierten que Trump se niega a aprender las lecciones de sus predecesores.
En una entrevista el jueves en la televisora CNBC, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ofreció un pequeño adelanto de lo que podría suceder al amenazar con sanciones secundarias a naciones y empresas que hagan negocios con la República Islámica.
No concretó quienes serían los objetivos en esta próxima fase de la Operación Furia Económicadel gobierno, que hasta ahora se había centrado en entidades e individuos que compran petróleo a Irán o realizan operaciones bancarias con el país. China e India, sin embargo, son grandes compradores de petróleo iraní.
“Si insisten en hacer negocios con ellos, entonces el Tesoro de Estados Unidos y el gobierno de Estados Unidos desplegarán toda su potencia y fuerza contra ustedes”, advirtió Bessent. “Es hora de que nuestros aliados y el resto del mundo tomen una decisión”.
A pesar de décadas de sanciones estadounidenses contra la República Islámica, el gobierno de Trump sostiene que es solo cuestión de tiempo y que golpear el objetivo económico adecuado llevaría a Teherán a su punto de quiebre.
Richard Goldberg, quien coordinó los esfuerzos para ejercer presión diplomática sobre Irán durante el primer mandato de Trump, afirmó que las consecuencias de los ataques estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes el año pasado, la guerra de este año y el bloqueo naval a sus puertos han creado la tormenta perfecta para una capitulación, algo que antes no existía.
“Creo que estamos viendo una estrategia, ya sea que tome poco o mucho tiempo, que busca en gran medida cambiar de manera fundamental el futuro del mundo al provocar el final de este régimen”, manifestó Goldberg, quien ahora trabaja en el centro de estudios conservador Foundation for Defense of Democracies en Washington.
“Les pido cautela a todos —incluyéndome a mí, que he trabajado en sanciones, que he trabajado en guerra financiera— para tener la humildad de admitir que estamos en aguas inexploradas”, agregó.
Goldberg indicó además que la decisión de esta semana de Emiratos Árabes Unidos —que antes era uno de los socios comerciales más importantes de Teherán— de suspender el comercio con la nación debido a un presunto ataque con misiles solo aislará aún más al gobierno.
Más allá del comercio de productos de fabricación nacional, los emiratíes habían ayudado al Teherán a absorber parte del impacto de las sanciones mediante su centro de reexportación.
Dado que casi la totalidad de los sectores energético, financiero y de transporte iraníes están ya afectados por las sanciones de la Casa Blanca, el objetivo de Trump parece ser aplicar sanciones secundarias a países —incluyendo aliados y socios— que no han cortado todos los vínculos con Teherán, para privar a la nación de cualquier ingreso que aún pudiera estar recibiendo.
En muchos sentidos, sería una reedición de la campaña de “máxima presión” del primer mandato de Trump, que se ha intensificado durante el segundo para incluir acciones militares.
Pero, como Trump y sus aliados descubrieron durante su primer etapa en el gobierno, hacer cumplir sanciones secundarias sin perjudicar los intereses de Estados Unidos y provocar medidas recíprocas puede ser complicado. Hubo numerosos casos en los que el gobierno otorgó exenciones, en especial a naciones que dependen del petróleo iraní para cubrir sus necesidades energéticas.
“La estrategia de Trump se basa ahora en apuntar directamente a Teherán al obstaculizar sus puntos de contacto y su acceso al sistema financiero formal y a la economía internacional”, explicó Behnam Ben Taleblu, director sénior del programa sobre Irán de FDD. “Esto requerirá que el tema de Irán sea más importante en las relaciones bilaterales de Estados Unidos con países de Europa y Asia”.
Funcionarios y analistas iraníes han acusado al líder republicano estadounidense de dar bandazos con su último giro hacia la presión económica contra Teherán. Trump lleva tiempo ridiculizando a líderes anteriores que usaron las sanciones para limitar la capacidad del país de sufragar su desarrollo militar y nuclear.
En una publicación la semana pasada en X, Esmail Baghaei, vocero del Ministerio de Exteriores iraní, escribió que el patrón de Washington de refugiarse en las sanciones cuando no quiere impulsar la diplomacia ha demostrado ser inútil.
“Irán ha demostrado durante décadas que no se dejará estrangular por estos estribillos manidos”, sostuvo Baghaei. “El verdadero riesgo es que los políticos estadounidenses, aferrándose a este mal hábito, terminen estrangulando sus propias y últimas posibilidades de una salida menos humillante a una crisis creada por ellos mismos”.
Ali Vaez, director para Irán del International Crisis Group, dijo que la decisión del gobierno de Trump de llevar su propia política de “máxima presión” a nuevas cotas mediante la acción militar parece ignorar años de lecciones de política exterior de Estados Unidos que muestran que Teherán no responde bien a la presión.
Si acaso, afirma, la última campaña económica solo ha “endurecido la posición de Irán”.
“Creo que el punto ciego (de Trump) es el hecho de que lo único que el régimen iraní considera más peligroso que sufrir por las sanciones de Estados Unidos es rendirse a los términos de Estados Unidos”, comentó Vaez.
Además, señaló que el último año de diplomacia intermitente solo ha empeorado la dinámica ya frágil entre los adversarios de larga data, y agregó que la falta de confianza de las autoridades iraníes en Trump y en sus mediadores ha creado una base insostenible.
“Creen que incluso si capitulan ante los términos de Estados Unidos bajo coacción económica, Trump movería la portería y pediría más”, agregó. “Y este es realmente el problema fundamental: la presión sin una puerta abierta es un ejercicio de inutilidad”.
Tras la polémica que se desató por el contenido de su discurso en el Council de las Américas, el presidente Javier Milei respaldó un posteo de un asesor del equipo económico que destacó datos del proceso económico.
Con la frase “Dato mata relato”, el jefe de Estado citó un posteo de Martín Vauthier, miembro del equipo del ministro de Economía, Luis Caputo.
Vauthier sostuvo que “el actual ciclo de crecimiento, que en junio alcanzó 27 meses consecutivos, es el más largo de los últimos 15 años”.
Además, añadió que “esto es una novedad para la Argentina” porque “en los 15 años previos al inicio de este ciclo expansivo, el indicador tendencia-ciclo del EMAE cayó en casi el 49% de los meses”.
“Otra novedad es que el actual ciclo de crecimiento se da con una economía que mejora sus fundamentals: se fortalece el balance del BCRA, se reduce la deuda del Tesoro, bajan impuestos y regulaciones, y se consolida un marco normativo favorable a la inversión y la formalización del empleo y el ahorro”, se explayó el funcionario del Palacio de Hacienda.
El jueves Milei había asegurado que la economía crecía, y que no había deterioro del empleo y del salario, dichos que generaron distintos tipos de reacciones debido a que datos oficiales lo contradicen.
El almirante Yamamoto estudió en la Universidad de Harvard en los años 20. “Cuando le enseñaron a jugar al póquer, se convirtió en un fanático del póquer que se quedaba despierto toda la noche, ganando mano tras mano. ¿Y qué hacía con sus ganancias? ¿Llevar una buena vida? No, en absoluto: viajaba por todo el país haciendo autostop durante el verano, explorando América”.
Olvidamos que Yamamoto había visitado Estados Unidos, había pasado algún tiempo en Harvard, conocía las formas y los medios de Estados Unidos. Por eso supo después de Pearl Harbor que Japón se enfrentaría a una derrota segura en cualquier guerra prolongada. Podría haber sido una voz de la razón si hubiera vivido más.
Años más tarde, como agregado naval en la embajada japonesa en Washington, D.C., y todavía un jugador compulsivo de póquer, Yamamoto jugaba con miembros del ejército de Estados Unidos. “Incitado por sus victorias”, escribe Morris, “desarrolló desprecio por la agilidad mental de sus oponentes navales estadounidenses en la mesa de póquer”.
“Yamamoto no era un gran jugador de póquer en vano”, escribe Morris. Decidió, como en el póquer, “eliminar al mejor jugador de la partida, bien y desde el principio… La vergüenza de los Jefes del Estado Mayor Conjunto fue su falta de imaginación al tratar de descifrar a su oponente. Pensaban en él como un japonés tradicional que haría todo ‘según las reglas’ (tal como lo hacían ellos). No tuvieron en cuenta que tal vez, sólo tal vez, Isoroku Yamamoto era más estadounidense que ellos”.
Cydryck “Cyd” Ollack nació en Toronto, Canadá y es doctorado en historia graduado en Cardinal Brown University, Milwaukee, WI. Maestría en Historia en City College, New York.
Anthony Scaramucci afirmó que la administración Trump nos miente constantemente sobre el fin de la guerra con Irán.
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Lamentablemente, sí.
Para empezar, es un tipo muy inteligente. Y honesto.
Pero lo más importante: es bastante obvio que Irán cree haber ganado, que la afirmación de Trump de que “están suplicando un acuerdo” es mentira, que las “conversaciones” a las que se refiere no existen, y que cuanto más nos acerquemos a las elecciones de mitad de mandato, más descabellado se volverá.
Son muy conscientes de que la popularidad de Trump está por los suelos, que “las elecciones de mitad de mandato se ganan en verano” y que quedan menos de tres semanas para que termine oficialmente el verano.
Para usar una frase trumpiana, tienen todas las de ganar.
Por eso Trump miente. Nos metió en una guerra innecesaria, dando al menos una docena de justificaciones diferentes, cada una de las cuales ha aparecido y desaparecido sin explicación alguna (¿recuerdan lo de “por el pueblo iraní”?). Así que la gente irá a votar con la gasolina a unos 5 dólares, se preguntará por qué está tan cara, recordará que se debe enteramente a la guerra innecesaria de Trump —una guerra que él empezó pero que no sabe cómo terminar— y votará por el demócrata.
La única estrategia de Trump para evitarlo es decirles que la paz está cerca y que, en cuanto se firme el “acuerdo”, los precios del petróleo bajarán.
Por supuesto, todo eso son mentiras. Pero Trump solo necesita convencer a sus seguidores hasta el día después de las elecciones.
La ineptitud de Trump
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No hace falta ser un genio político para darse cuenta de que la Casa Blanca está en caída libre. poco mas de un año después de haber llenado su administración de un grupo de ineptos, cuyo único valor reside en su servilismo hacia su ego, el presidente Trump se encuentra ahora al frente de un gobierno totalmente incapaz de gobernar.
Disculpen mi falta de sorpresa.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, se enfrenta a crecientes críticas republicanas por una orden potencialmente ilegal de asesinar a los supervivientes de un ataque con una embarcación en el Caribe. El Departamento de Justicia, dirigido por la fiscal general Pam Bondi, está sumido en el caos tras tres intentos fallidos de procesar al exdirector del FBI, James Comey, y a la fiscal general de Nueva York, Letitia James. Y el lunes, la fiscal federal Alina Habba dimitió abruptamente tras ser inhabilitada por un juez federal para ejercer su cargo.
Mientras tanto, el director del FBI, Kash Patel, defiende el uso indebido de un avión gubernamental para transportar a su novia, estrella de la música country, a sus conciertos, y el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., se defiende de las acusaciones de su supuesta examante, Olivia Nuzzi, quien afirma que miente a la nación sobre su sobriedad.
Si alguien en la Casa Blanca de Trump está trabajando, lo ha ocultado muy bien al público.
La situación se ha vuelto tan sombría para los republicanos que muchos legisladores republicanos en peligro de perder sus escaños están haciendo algo que antes se consideraba imposible: criticar directamente la falta de liderazgo de Trump. Como informa Axios, los republicanos preocupados por sus perspectivas para 2026 han comenzado a desafiar a Trump a un nivel inimaginable durante su primer mandato, incluyendo la exigencia de la publicación de los archivos de Epstein (algo que Trump aún no ha hecho) y la crítica mordaz a su plan de emitir cheques de reembolso de aranceles que desequilibran el presupuesto.
De hecho, gran parte de la estrategia de Trump para su segundo mandato parece girar en torno a ofrecer importantes compensaciones a bloques de votantes clave, alienados por sus políticas económicas poco elaboradas. Ante la revuelta de agricultores que antes eran tradicionalmente republicanos, Trump anunció apresuradamente un rescate de 12 mil millones de dólares para el sector agrícola, con el objetivo de revertir parte del daño causado por sus aranceles agrícolas.
Como muestra del deterioro de la relación de Trump con el Congreso, la mayor parte de ese dinero se distribuirá a través del Programa de Asistencia para Agricultores, evitando así una batalla perdida con los escépticos senadores republicanos. El poder que Trump alguna vez ejerció sobre sus colegas en el Capitolio parece haberse desvanecido a medida que su popularidad sigue cayendo.
Pero los propios asesores de Trump están empezando a darse cuenta de que no pueden complacer a todos constantemente, e incluso los votantes más acérrimos de MAGA se impacientan ante la perspectiva de que Trump logre alguna victoria legislativa significativa. Si las prioridades actuales de Trump sirven de indicación, tendrán que esperar un tiempo.
Casi el 40% de los votantes de Trump afirma que el costo de vida en su zona es el peor que recuerdan, y lo culpan en gran medida por no haber cumplido su promesa de bajar los precios inmediatamente “desde el primer día”. En lugar de reconocer su error y redoblar sus esfuerzos para encontrar una solución, Trump se enfurece porque los republicanos siquiera hablan de la asequibilidad de la vivienda. Es difícil imaginar una respuesta más alejada de la realidad ante las legítimas preocupaciones de los votantes.
El desmoronamiento del gobierno de Trump es la prueba viviente de que la mejor manera de convencer a los votantes de que elijan a los demócratas es dejar que los republicanos gobiernen durante un año. La Casa Blanca está tan inmersa en escándalos éticos y legales que su agenda de gobierno —lo poco que alguna vez tuvo— se ha esfumado por completo. Nadie, y menos aún el presidente, parece muy interesado en intentar rescatar las pocas iniciativas políticas estancadas que quedan. Simplemente estar al tanto de sus crecientes crisis consume la mayor parte del día.
Mientras Estados Unidos pasa página de cara a 2025, el equipo de Trump, ya sobrecargado y con personal poco cualificado, tendrá que añadir unas turbulentas elecciones de mitad de mandato a su creciente lista de problemas. Los republicanos ajenos a la órbita de Trump tienen serias dudas sobre su capacidad para salvar al partido de una inminente crisis electoral, ahora que el movimiento MAGA ha caído al descubierto, revelando el desastre que siempre se gestaba bajo su superficie. Tienen razón en estar horrorizados ante la pesadilla que acecha debajo.
“El hombre del traje gris”
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¿Por qué Estados Unidos no puede derrotar a Irán?
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Estados Unidos no puede derrotar fácilmente a Irán porque su ejército está diseñado más para generar ganancias para los contratistas de defensa que para librar una guerra específica. Nuestro armamento de alta tecnología es muy sofisticado y letal contra los objetivos para los que fue diseñado, pero Irán no libra ese tipo de guerra. La guerra que Irán quiere librar es de baja tecnología y cuerpo a cuerpo. Las armas que Irán quiere desplegar son de baja tecnología y económicas. El terreno en el que Irán quiere luchar es su territorio montañoso fortificado, donde tiene una gran ventaja territorial. Irán lleva 40 años pensando en esta guerra, de la misma manera que nosotros pasamos 40 años planeando luchar contra Rusia o China por la dominación mundial.
Estados Unidos tendrá que ajustar su estrategia. Quizás optemos por contener a Irán, para que mueran de hambre lentamente en sus cuevas fortificadas. Eso se parecería mucho a un genocidio. Tendríamos que asumir las consecuencias. Tendremos que aprender a lidiar con los drones y misiles de Irán, igual que Rusia tiene que lidiar con los de Ucrania. No me cabe duda de que nuestros contratistas de defensa están preparados para la tarea si nuestros contribuyentes están dispuestos a pagarla, pero eso llevará años. Quizás despleguemos sofisticadas armas láser antidrones en lugar de los drones antidrones de baja tecnología que usa Ucrania. Su diseño costará un billón de dólares y su uso, unos céntimos por disparo. A eso le llamaremos económico.
El encanto como arma
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Ted Bundy (1946–1989) fue un asesino serial estadounidense responsable de múltiples asesinatos de mujeres jóvenes durante la década de 1970. Fue condenado por tres asesinatos en Florida, aunque confesó posteriormente 30 homicidios cometidos en varios estados. Los investigadores han considerado posible que el número real fuera mayor.
Lo particularmente perturbador de Bundy era la diferencia entre su apariencia pública y sus crímenes.
Era considerado inteligente, educado, atractivo y sociable. Estudió psicología y posteriormente derecho. Podía mantener conversaciones normales, mostrarse simpático y generar confianza rápidamente.
En algunos casos utilizaba precisamente esa apariencia para acercarse a mujeres.
Podía fingir necesitar ayuda —por ejemplo, aparentando estar lesionado o teniendo dificultades para transportar algo— y aprovechar la disposición de la víctima a ayudar.
El peligro del “asesino encantador”
Bundy demuestra algo importante: un asesino serial no necesariamente parece una persona peligrosa.
No existe una apariencia física determinada que permita identificar a un psicópata o a un asesino serial.
Bundy podía presentarse como un hombre joven y atractivo, vestido normalmente y capaz de conversar con naturalidad. Esa apariencia contribuyó a que algunas personas subestimaran el peligro.
También sabía utilizar su inteligencia para manipular a quienes lo rodeaban.
Incluso después de ser detenido consiguió generar simpatía en algunas personas. Durante sus procesos judiciales, su comportamiento y su apariencia atrajeron una enorme atención de los medios.
Otros asesinos con gran capacidad de seducción
Bundy no fue el único.
Rodney Alcala, conocido como el “Dating Game Killer”, también utilizaba una apariencia educada y carismática. Llegó incluso a aparecer como concursante en el programa televisivo The Dating Game en 1978, mientras llevaba una vida secreta relacionada con numerosos crímenes.
Charles Sobhraj, conocido como “The Serpent”, fue otro criminal extraordinariamente manipulador. Utilizaba encanto, inteligencia y engaños para ganarse la confianza de viajeros y otras personas.
Pero Bundy tiene una característica particular
Lo que convirtió a Ted Bundy en una figura especialmente fascinante —y peligrosa— fue que su atractivo personal se convirtió en parte de su leyenda.
Después de su captura, algunos admiradores llegaron a escribirle cartas de amor y asistir al tribunal para verlo.
Eso creó una imagen distorsionada del criminal: la del asesino “carismático” y casi romántico.
La realidad era completamente diferente.
Detrás de la apariencia encantadora había un hombre responsable de actos de extrema violencia.
Por eso, si hablamos del “asesino serial más encantador” en el sentido de carisma utilizado para manipular, Ted Bundy probablemente sea el ejemplo más conocido.
Pero la lección más importante de su historia es justamente la contraria a la fascinación que produjo: el encanto, la inteligencia o la buena apariencia no dicen nada sobre la moralidad de una persona. Un criminal puede parecer perfectamente normal mientras oculta una conducta monstruosa.
Lo mas leido ☻ Agosto 30, 2026
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Agosto 30, 2026
Las Leonas hicieron historia
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Las Leonas escribieron una nueva página dorada en su historia al ganarle 3-1 en los penales australianos a Países Bajos, luego del 1-1 en el tiempo reglamentario, en la gran final del Mundial de hockey.
La gran figura fue la arquera Cristina Cosentino, quien brilló al tapar tres penales australianos en la definición. En los 60 minutos, Países Bajos se había puesto en ventaja a través de Yibbi Jansen, mientras que Las Leonas habían igualado en el último cuarto gracias al gol de María José Granatto.
Ya en el segundo cuarto se empezó a ver una tendencia favorable a las jugadoras neerlandesas, que comenzaron a aproximarse cada vez con mayor peligrosidad al arco defendido por Sofía Toccalino. Así fue como en el último minuto pudieron ponerse en ventaja, gracias al gol de Jansen, quien ejecutó muy bien tras un córner corto.
Las Leonas tuvieron una muy buena reacción y salieron con todo al tercer cuarto, arrinconando a las jugadoras de Países Bajos que prácticamente no encontraban la manera de pasar la mitad de la cancha. Sin embargo, y pese a tener cuatro córners cortos, no pudieron capitalizar ninguno y encararon los últimos 15 minutos del partido en desventaja.
En el último cuarto continuó el dominio de Las Leonas, que consiguieron el tan ansiado gol de la igualdad cuando quedaban solo seis minutos para el final, cuando Granatto desvió dentro del área en el séptimo córner corto para las dirigidas por Fernando Ferrara.
De esta manera, la gran final tuvo una definición para el infarto en los penales australianos, donde Cosentino brilló al atajar tres ejecuciones de sus rivales, para que Sofía Cairo anotara el gol que le dio su tercer título en un Mundial a Las Leonas, luego de las consagraciones conseguidas en Perth 2002 y en Rosario 2010.
Además, cortaron con la impactante hegemonía de Países Bajos, que se había consagrado en los últimos tres Mundiales.
En su camino hacia la final, Las Leonas habían igualado 1-1 con Estados Unidos para luego derrotar 3-2 a Alemania y 2-0 a Escocia en la fase de grupos, mientras que en la segunda fase le ganaron 3-0 a España y luego empataron sin goles contra Bélgica. Por último, en las semifinales superaron con un discreto 1-0 a Australia.
Qué tan fuerte es el ejército estadounidense?
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Hablando con franqueza y sin rodeos:
Cuando China observó el lanzamiento de la operación militar especial rusa contra Ucrania, inicialmente pensamos que la capacidad de combate rusa había retrocedido al nivel de la Segunda Guerra Mundial,
mientras que Estados Unidos tenía un nivel operativo superior al de la Guerra del Golfo. Esto ejerció una presión considerable sobre China.
Sin embargo, tras observar todos los movimientos militares de Washington contra el movimiento hutí en Yemen e Irán, hemos comenzado a reprocharnos haber sobreestimado tan drásticamente el poder militar estadounidense durante nuestros ejercicios militares en la base de entrenamiento de Zhurihe.
Su capacidad de combate está muy lejos del nivel de la Guerra del Golfo; al contrario, ha disminuido.
No puedo afirmar si la fuerza militar de Estados Unidos está siquiera a la par con la de Rusia.
Entonces, ¿para qué se ha estado preparando nuestro fortalecimiento de la defensa nacional durante estas dos décadas?
Quizás una invasión alienígena sea la única amenaza en la Tierra que justifique preparativos tan exhaustivos.
La historia más descabellada de una producción cinematográfica
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La película Calígula de 1979 era básicamente una película porno con actores de renombre.
El Sr. Bob Guccione era el hacedor.
Y sí, Guccione era tan turbio como parecía. El fundador de Penthouse quería que su película sobre el emperador Calígula reflejara la “realidad”. Y eso requeriría una cantidad desmesurada de obscenidad. No podía decirle esto al actor shakesperiano de formación clásica Sir John Gielgud, un hombre de casi ochenta años en ese momento. Tampoco la perspectiva habría entusiasmado a ninguno de los otros grandes nombres vinculados al proyecto. Así que le encargó al director Tinto Brass que rodara una película histórica que, por momentos, resultaba un tanto atrevida y subida de tono. Después, cuando el reparto principal se marchó, Guccione llegó con algunos hombres y mujeres con poca ropa y les hizo rodar las escenas pornográficas que había imaginado, en los mismos decorados, con la misma ropa…
Cuando el director Brass terminó su proyecto, Guccione añadió todas sus escenas pornográficas. Y entonces la estrenó en su versión completa y explícita. Los actores no quedaron nada contentos. Pero Bob Guccione ahora tiene el dudoso honor de haber rodado la única película pornográfica explícita del mundo protagonizada por Sir John Gielgood, Peter O’Toole, Helen Mirren y Malcolm McDowell. El mundo está lleno de sinvergüenzas, ¡pero ninguno con semejante currículum!
El estado de Estados Unidos con mas futuro
LA VISITA DEL SANTO PADRE; ¿ACONTECIMIENTO POLÍTICO- SOCIAL O ACTO TRASCENDENTE DE RENOVACIÓN DE FÉ Y ESPERANZA?
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En el mes de noviembre el representante de DIOS en la Tierra; Nuestro Papa y Santo Padre, llegará de visita a esta Argentina en involución creciente, con millones de ciudadanos en situación económica, social y cultural angustiosa, pero que aún sostienen su FÉ y ESPERANZA en nuestra DOCTRINA SAGRADA.
Encontrará un país con diversos e imprevisibles conflictos en evolución, aunque no en forma manifiesta, que generan limitaciones de diverso tipo a millones de argentinos para vivir dignamente, en paz y concordia.
Entre otras circunstancias lamentables debemos mencionar; inseguridad creciente en la vida diaria con sectores poblacionales capturados por los mercaderes de la droga y la trata de personas; delincuencia abierta y sofisticada a través de los medios de comunicación; corrupción indiscriminada de funcionarios públicos mimetizada y sostenida bajo coberturas mentirosas y demagogia funcional y hasta con el empleo de actitudes teatrales y manifestaciones solemnes oportunistas y voluntaristas; caída lamentable de la educación y los valores morales desde la mas tierna edad, en muchos casos a través de acciones desnaturalizantes impulsadas desde los gobiernos en diversos ámbitos; angustias económicas y profesionales crecientes sin oportunidades de resurgimiento digno y promisorio; una justicia a medida de trapalones y sinvergüenzas, cuya especialidad es la fabricación de artilugios diversos para dilatar resoluciones ejemplares . Y hay muchas otras caracterizaciones en este inventario lamentable que se renuevan constantemente.
Siempre hemos afirmado que EL SEÑOR fue inmensamente generoso con esta Patria nuestra, postrada por nuestra culpa en su evolución digna, desde hace varias décadas.
Y esta frustración se ha producido por la acción constantemente renovada de delincuentes internos y externos en el ejercicio directo o indirecto del poder público, quienes aplican diversas fórmulas y pretextos creativos para sus inmensos negociados destinados a producir postergación, miseria y muerte en los ciudadanos que trabajan y sufren.
Hemos recibido de NUESTRO DIOS, un territorio extenso y variado en su naturaleza, privilegiado por su ubicación geopolítica, riquezas materiales diversas y abundantes, clima saludable y escenarios maravillosos.
También próceres excepcionales desde el comienzo de Nuestra Historia, quienes lograron con decisión y ejemplo, neutralizar a mediocres y traidores por su acción valiente y decidida para darnos Libertad y Soberanía.
Nos legaron con su acción y palabras, ejemplos dignos de sacrificios, renunciamientos y acciones patrióticas, magníficos y hasta emocionantes por su Verdad y Trascendencia y un País listo para ser ejemplo en el mundo de progreso racional, justicia ejemplar, bien común, paz y confraternidad interior y soberanía digna y efectiva.
Pero lamentablemente nuestro pobre pueblo ha sufrido y sigue sufriendo un fracaso institucional mefistofélico, que lo precipita en el abismo de lo imprevisible, pues nuestros dirigentes han obviado sin reparos. la vigencia de Nuestros Valores Fundacionales.
Sus representantes de diverso ámbito, especialmente del sector de poder llamado “democrático” y político, quienes se fueron renovando generacionalmente a través de varias décadas bajo diversas etiquetas de circunstancias, no tuvieron la capacidad de rescatar a Nuestra República de la decadencia maldita producida por sus incapacidades diversas en el ejercicio del poder, circunstancia agobiante que sigue produciendo en el pueblo, sangre, sudor y lágrimas.
Mas aun, los medios de comunicación nos muestran cada día imágenes increíbles, jactanciosas y hedonistas de integrantes, descendientes y o asociados, de la corporación política, social, cultural y sindical que administra los recursos de todos con natural incapacidad; valores culturales invertidos; utilitarismo y arbitrariedad, exhibiendo a la par sin pudor sus lujos desmedidos de diverso tipo e interminables, ante una justicia estructurada para mirar en otra dirección.
Paralelamente se reflejan también en forma patética las angustias de ciudadanos esforzados que buscan resurgir ante la miseria en avance sostenido y la limitación creciente de recursos que les permita proyectarse constructivamente, a fin de lograr un futuro digno para ellos y sus descendientes. Son imágenes lamentables y tristes en grado extremo y lo peor de todo, es que no podemos revertirlas.
El SANTO PADRE llegará a esta Argentina que hemos tratado de describir, aunque sus delegados religiosos y políticos intentarán por cierto presentar la ilusión de una realidad falsa, pues ha de convenir a sus propósitos terrenales y materialistas.
Seguramente ya están elaborando de común acuerdo, medidas para ello. Entre otros: discursos aplicativos y funcionales y programación de reuniones masivas para demostrar apoyo popular ruidoso y extendido, como fin en sí mismo.
Por lo tanto, es esperable que asistamos a actos diversos y hasta emocionantes, con características de multitudinaria exhibición política, religiosa y social y consecuentes apelaciones solemnes y teóricas. para impulsar LA FÉ. Luego por cierto todo seguirá igual.
Yo creo que tenemos ante nosotros una magnífica oportunidad otorgada por NUESTRO PADRE, para articular un cambio profundo en el curso de nuestro degradante porvenir, que ya hemos descripto suficientemente.
Necesitamos un milagro para RENACER A LA VERDAD DE NUESTRA FÉ y su aplicación efectiva en esta realidad agobiante, para la imprescindible felicidad de Nuestro Pueblo. De otra forma pueden esperarnos circunstancias y acontecimientos graves e imprevisibles.
No necesitamos discursos de circunstancias con la mención de generalidades significativas, elegantes y hasta solemnes.
Requerimos un compromiso cierto de la Jerarquía Católica Argentina con una descripción clara de la situación y medidas de acción necesarias, para impulsar un cambio claro, decisivo, persistente y justo y así presentar una expectativa de futuro plena de ilusiones y orientación para acciones concretas, positivas y efectivas.
No solo palabras, sino hasta con énfasis, exigencias a los responsables del poder ,para llevar adelante acciones concretas y efectivas que permitan cambiar con decisión y sin mentiras traidoras, el curso de los acontecimientos, en lo inmediato y por todo nuestro futuro.
Procedimientos efectivos y constantes, edificados sobre las VERDADES y MANDATOS de NUESTRA FÉ.
La VERDADERA PAZ enseñada por NUESTRO SALVADOR es el fruto del ORDEN y la JUSTICIA afirmados en LA MORAL y LA ÉTICA, aplicadas con firmeza sin dobleces circunstanciales e interesados, a través de los tiempos para el imperio ¡¡¡¡DEL BIEN COMÚN Y LA CONCORDIA!!!!!! entre TODOS LOS ARGENTINOS.
Recuerdo hasta con emoción, la historia de NUESTRO SANTO JUAN PABLO II. A poco de su asunción como PAPA decidió con valentía, enfrentar a los malditos opresores comunistas y librar a su Patria del flagelo de la esclavitud y la muerte. Y lo logró arriesgando para ello SU VIDA y en forma definitiva. No solo a través de apelaciones retóricas, sino también especialmente acciones concretas.
Así como el Pueblo Polaco supo erradicar definitivamente a sus opresores, demostremos nosotros que, con la ayuda de DIOS, somos capaces de desterrar por siempre a nuestros corruptos y sistemáticos traidores.
Roguemos A DIOS y NUESTRA SANTA MADRE nos concedan EL MILAGRO DE RENACER en esta sagrada circunstancia próxima y que EL ESPIRITU SANTO otorgue a nuestros dignatarios religiosos y LEÓN IV, la capacidad y decisión de promover los cursos de acción efectivos y necesarios para LA SALVACIÓN DE LA PATRIA y su proyección fecunda hacia un futuro prolongado y venturoso, para todos los argentinos sin excepción.
Por lo menos, así, lo veo yo.
Francisco Cervo
Argentina Potencia
♣
Argentina tuvo varios períodos en los que estuvo económicamente muy bien, pero hay uno que sobresale claramente: aproximadamente 1880-1930, y especialmente 1900-1913.
1. La gran época de Argentina: 1880-1914
Entre 1880 y la Primera Guerra Mundial ocurrió la transformación económica más espectacular de la historia argentina. El propio Gobierno argentino califica 1880-1914 como la etapa de mayor crecimiento económico del país. Entre 1880 y 1913, el producto por habitante más que se duplicó.
Argentina tenía una combinación extraordinaria:
Los ferrocarriles fueron fundamentales porque permitieron llevar la producción del interior hasta los puertos y conectar las zonas agrícolas con Buenos Aires.
El resultado fue impresionante.
En términos de ingreso por habitante, Argentina llegó a estar entre los países más ricos del mundo. Un estudio histórico señala que entre 1905 y 1930 estuvo consistentemente entre los 11 países con mayor ingreso per cápita.
En 1905, según estimaciones históricas, el PIB por habitante argentino llegó a representar aproximadamente el 80% del estadounidense, una proporción extraordinariamente elevada para un país latinoamericano.
2. Buenos Aires era una ciudad de enorme prosperidad
La riqueza se veía especialmente en Buenos Aires.
La ciudad recibió enormes cantidades de inmigrantes y capitales extranjeros. Se construyeron avenidas, teatros, palacios, ferrocarriles, estaciones y edificios públicos.
Argentina comenzó a ser conocida como “el granero del mundo”.
La carne argentina alimentaba mercados europeos y los cereales se exportaban masivamente.
En ese momento, la Argentina parecía tener un futuro extraordinario.
De hecho, algunos observadores llegaron a imaginar que podría convertirse en una especie de “Estados Unidos de América del Sur”. Un análisis histórico señala que entre 1880 y 1916 el crecimiento fue tan fuerte que Argentina pasó de una posición relativamente marginal a ser vista como una futura gran potencia continental.
3. ¿Fue 1910 el mejor momento?
1910-1913 probablemente representa el punto culminante de la primera gran época argentina.
En 1913 Argentina tenía un ingreso per cápita extraordinariamente elevado para la época. Las estimaciones históricas muestran un PIB por habitante de aproximadamente 2.076 dólares internacionales de 1980, frente a 1.302 para México, 1.511 para Chile y solamente 396 para Brasil.
Pero hay que tener cuidado: comparar cifras históricas de hace más de cien años no es lo mismo que comparar los salarios actuales.
Además, Argentina era rica, pero no necesariamente tan desarrollada como su ingreso sugería. Investigaciones históricas señalan que su posición en ingreso per cápita era mucho mejor que su desarrollo en algunas dimensiones institucionales, educativas y de capital humano.
4. ¿Y después de 1914?
La Primera Guerra Mundial cambió el panorama.
Argentina continuó siendo relativamente próspera durante los años veinte. De hecho, el PIB per cápita alcanzó niveles elevados nuevamente hacia 1928-1929. Una serie histórica muestra un fuerte aumento desde mediados de los años veinte hasta 1929.
Pero entonces llegó la Gran Depresión de 1929-1930.
Las exportaciones argentinas fueron golpeadas por la caída del comercio mundial y de los precios de los productos agrícolas. El modelo agroexportador, que había sido extraordinariamente exitoso, empezó a mostrar sus limitaciones.
Argentina todavía era un país relativamente rico, pero comenzó a perder posiciones frente a otras economías.
5. ¿Argentina siguió siendo un país rico después de 1930?
Durante varias décadas, sí.
Esto es importante porque existe una idea equivocada de que Argentina pasó directamente de ser una potencia en 1910 a convertirse en un país pobre.
No ocurrió así.
Argentina continuó teniendo un nivel de vida relativamente elevado durante buena parte del siglo XX. Las series históricas muestran que el PIB per cápita continuó aumentando en diferentes períodos, aunque cada vez más lentamente en relación con las economías que finalmente se convirtieron en países desarrollados.
El problema fue la pérdida de velocidad.
Mientras Estados Unidos, Canadá, Australia, Europa Occidental y posteriormente países asiáticos aceleraban su productividad, Argentina empezó a crecer más lentamente y a sufrir ciclos recurrentes.
6. El gran problema argentino: no caer, sino quedarse atrás
Esta es quizás la mejor manera de entender la historia argentina.
Argentina no fue siempre un país pobre que tuvo un breve período de riqueza.
Fue un país que comenzó extraordinariamente bien y luego no consiguió mantener el ritmo de los países que avanzaron hacia el desarrollo.
Un dato del Banco Mundial resulta ilustrativo: el crecimiento anual del PIB per cápita argentino fue aproximadamente 1,5% entre 1870 y 1913, cayó a 0,7% entre 1913 y 1950, y posteriormente fue de aproximadamente 1,9% entre 1950 y 1975.
Ese crecimiento insuficiente, combinado posteriormente con inflación, crisis fiscales, golpes de Estado, controles económicos, deuda y crisis cambiarias, terminó produciendo una enorme pérdida relativa.
7. Entonces, ¿cuándo estuvo realmente “bien”?
Yo dividiría la historia así:
La conclusión
El período en que Argentina estuvo económicamente mejor en términos de posición internacional fue aproximadamente 1880-1930, con el máximo esplendor alrededor de 1900-1913.
Fue entonces cuando Argentina estuvo realmente cerca de convertirse en una de las grandes economías del planeta. Tenía una combinación de riqueza agrícola, inmigración, capital extranjero, infraestructura y acceso a los mercados mundiales que pocos países tenían.
Pero existe una paradoja fascinante: Argentina no perdió sus riquezas naturales.
Todavía tiene tierras extraordinarias, Vaca Muerta, litio, cobre, energía, agricultura competitiva, agua, talento científico y una población con un nivel educativo considerable.
Lo que perdió fue la continuidad del desarrollo.
Por eso la pregunta más interesante hoy no es solamente “¿cuándo estuvo bien Argentina?”, sino “¿puede volver a alcanzar la posición relativa que tuvo hace un siglo?”
La respuesta es sí, pero no copiando la Argentina de 1910. La Argentina del siglo XXI tendría que convertirse en una potencia de energía, alimentos, minería, tecnología, servicios y conocimiento, manteniendo durante décadas estabilidad fiscal, monetaria e institucional.
Yo, la peor de todas
Siete años en manos de un secuestrador
♣
La historia de Colleen Stan es uno de los casos de secuestro y control psicológico más estremecedores de Estados Unidos. Durante más de siete años, entre 1977 y 1984, fue mantenida cautiva por Cameron Hooker, con la participación de su esposa, Janice. El caso se hizo conocido como “The Girl in the Box”, debido a que durante largos períodos Stan permaneció encerrada en una pequeña caja de madera construida por su captor.
Lo más desconcertante del caso no fue solamente la violencia física. Fue el extraordinario sistema de miedo, aislamiento, amenazas y manipulación psicológica que Hooker construyó para convencer a su víctima de que escapar significaría su propia muerte y la de su familia.
El comienzo
El 19 de mayo de 1977, Colleen Stan tenía 20 años. Había salido de Eugene, Oregon, y viajaba haciendo autostop hacia California para asistir al cumpleaños de una amiga. Había utilizado anteriormente este medio de transporte y, según su testimonio, incluso había rechazado otros vehículos antes de aceptar el viaje que terminaría cambiando su vida.
El automóvil estaba ocupado por Cameron Hooker, su esposa Janice y el bebé de la pareja. La presencia de una mujer y un niño hizo que Stan se sintiera relativamente segura.
Pero durante el viaje, Hooker abandonó la carretera principal y tomó un camino aislado. Allí, según el testimonio presentado posteriormente en el juicio, sacó un cuchillo y amenazó a Stan.
La joven fue inmovilizada, vendada y sometida a una serie de abusos. Posteriormente fue trasladada a la casa de los Hooker.
Lo que parecía un viaje normal se había convertido en un secuestro.
“La Compañía”
Uno de los aspectos más importantes del caso fue una mentira cuidadosamente elaborada.
Hooker le dijo a Stan que pertenecía a una organización secreta llamada “The Company”, supuestamente dedicada al tráfico y control de esclavos. Le aseguró que esa organización era extremadamente poderosa y que vigilaba sus movimientos y los de su familia.
Si intentaba escapar, le dijo, la organización la encontraría.
Y si hablaba con la policía o revelaba lo ocurrido, su familia sufriría las consecuencias.
La amenaza no necesitaba ser real para funcionar.
Para Stan, que estaba aislada y sometida a violencia, la posibilidad de que “The Company” existiera era suficiente para paralizarla.
Ese mecanismo es fundamental para entender el caso. Una persona físicamente encerrada puede intentar escapar si cree que tiene alguna posibilidad de sobrevivir. Pero una persona convencida de que será perseguida indefinidamente puede dejar de intentarlo incluso cuando aparece una oportunidad.
Hooker construyó precisamente ese tipo de prisión psicológica.
La caja
El elemento que dio nombre al caso fue una caja de madera construida específicamente para mantener cautiva a Stan.
Durante períodos prolongados, permanecía encerrada allí durante aproximadamente 23 horas al día. La caja estaba colocada debajo de la cama de agua de la pareja.
Las condiciones eran extremadamente restrictivas. Según el testimonio de Stan, tenía muy poco espacio, poca ventilación y estaba obligada a permanecer inmóvil durante largos períodos.
También sufrió agresiones físicas y sexuales.
En el juicio de 1985, Stan describió los abusos que había soportado durante años. Su testimonio fue uno de los elementos centrales de la acusación contra Hooker.
¿Por qué no escapó?
Esta es probablemente la pregunta que más frecuentemente surge al conocer el caso.
Y también es una de las preguntas que peor pueden comprenderse desde fuera.
En 1981, después de varios años de cautiverio, Hooker permitió que Stan visitara a su familia. Tuvo una oportunidad real de pedir ayuda.
Pero no lo hizo.
¿Por qué?
Porque creía que “The Company” existía y que vigilaba a su familia. Hooker había conseguido que Stan creyera que escapar podía provocar represalias contra sus seres queridos.
Durante la visita, incluso apareció ante su familia acompañada por Hooker, quien se presentó como su novio. Su familia pudo observar que algo no parecía completamente normal, pero no comprendió la verdadera situación. Incluso se tomó una fotografía en la que ambos aparecían sonrientes.
Una prisión sin barrotes
El caso de Colleen Stan demuestra que un secuestrador no necesita mantener permanentemente a una persona detrás de una puerta cerrada.
Hooker combinó diferentes mecanismos:
amenazas, aislamiento, violencia, dependencia, humillación y miedo.
También estableció reglas sobre cómo debía comportarse Stan y cómo debía dirigirse a él.
Con el paso de los años, comenzó a concederle pequeñas libertades. Stan pudo realizar tareas domésticas, cuidar a los niños y posteriormente realizar algunos trabajos fuera de la casa.
Paradójicamente, esas pequeñas libertades podían reforzar el control.
El mensaje implícito era: si obedeces, tendrás cierta libertad; si desobedeces, volverás a la caja.
La prisión física y la psicológica funcionaban conjuntamente.
Janice Hooker
La historia tampoco puede entenderse sin Janice Hooker, esposa de Cameron.
Janice participó inicialmente en el engaño y en el sistema de control. Sin embargo, posteriormente declaró que ella misma había sufrido abusos físicos y psicológicos por parte de su marido.
Con el tiempo comenzó a cuestionar las afirmaciones de Cameron sobre “The Company”.
En 1984, finalmente le dijo a Colleen que Cameron no pertenecía realmente a aquella organización.
Ese momento fue decisivo.
Después de años de creer que existía una organización secreta capaz de localizarla y castigarla, Stan comenzó a comprender que una de las principales armas utilizadas contra ella había sido una mentira.
La huida
En agosto de 1984, Stan finalmente abandonó a Hooker y tomó un autobús.
Pero incluso entonces el trauma psicológico no desapareció inmediatamente.
Según los testimonios posteriores, Stan continuó teniendo contacto con Hooker durante algún tiempo. Janice le había pedido que le diera una oportunidad para cambiar, y Stan todavía estaba profundamente condicionada por los años de manipulación.
Finalmente, Janice acudió a las autoridades y contó lo sucedido.
La policía comenzó a investigar.
El caso terminó conduciendo al arresto de Cameron Hooker.
El juicio
El juicio comenzó en 1985 y recibió una enorme atención pública.
La defensa intentó presentar una interpretación radicalmente diferente: sostuvo que Stan había permanecido voluntariamente con Hooker y que existía una relación afectiva.
Hooker incluso declaró durante el proceso y afirmó que amaba a Stan.
La fiscalía rechazó completamente esa explicación.
El argumento era sencillo: una persona que ha sido secuestrada, amenazada y sometida mediante violencia no puede considerarse participante voluntaria en una relación de esclavitud.
Un psicólogo forense también testificó sobre las técnicas de coerción utilizadas por Hooker y explicó cómo el aislamiento, las amenazas y el control podían destruir progresivamente la capacidad de una víctima para resistirse.
El 31 de octubre de 1985, el jurado declaró culpable a Hooker de múltiples delitos, incluidos secuestro, violación y otros delitos sexuales.
El misterio de Marie Spannhake
El caso adquirió una dimensión todavía más oscura.
Janice informó a las autoridades sobre otra joven, Marie Elizabeth Spannhake, desaparecida en 1976. Según su relato, Cameron y ella habían tenido contacto con Spannhake y Cameron la había asesinado.
Las autoridades buscaron los restos de Spannhake, pero nunca pudieron encontrarlos. Debido a la ausencia de evidencia física suficiente, Hooker no fue condenado por ese supuesto asesinato. Por lo tanto, es importante distinguir entre lo que Janice afirmó y aquello que pudo demostrarse judicialmente.
¿Cómo pudo sobrevivir?
La supervivencia de Colleen Stan es quizá el aspecto más importante de toda la historia.
No sobrevivió porque fuera físicamente más fuerte que su captor.
Sobrevivió porque encontró formas de adaptarse psicológicamente a una situación extrema.
Aprendió qué comportamientos reducían el riesgo de violencia. Aprendió cuándo hablar y cuándo permanecer callada. Conservó la esperanza de que algún día podría recuperar su libertad.
También mantuvo vínculos emocionales con su familia y, según sus propios relatos, su fe religiosa fue importante para ella.
Su comportamiento durante el cautiverio puede parecer incomprensible desde una perspectiva normal. Pero una situación de terror prolongado cambia radicalmente las decisiones disponibles para una persona.
Lo que desde fuera parece una “oportunidad obvia de escapar” puede no parecerlo para alguien que cree que será asesinada o que su familia será atacada.
Después de la tragedia
La condena de Hooker permitió que Stan recuperara su libertad, pero salir físicamente del cautiverio no significó que el trauma desapareciera.
Su historia se convirtió posteriormente en objeto de libros, documentales, entrevistas y producciones televisivas.
El caso también contribuyó a la discusión pública sobre control coercitivo, trauma, secuestro y las razones por las que algunas víctimas no escapan inmediatamente aun cuando aparentemente tienen oportunidades para hacerlo.
La importancia de Colleen Stan no está solamente en la brutalidad de lo que sufrió. Está también en lo que su caso permite comprender sobre el poder psicológico de un agresor.
Una de las grandes lecciones del caso
La historia de Colleen Stan demuestra que la violencia no siempre funciona mediante fuerza física permanente.
A veces funciona mediante una combinación mucho más compleja:
miedo + aislamiento + amenazas + dependencia + manipulación.
Hooker inventó una organización que no existía y consiguió que su víctima creyera que estaba siendo observada por personas que podían destruir su vida y la de su familia.
Durante años, esa mentira fue prácticamente tan efectiva como una pared.
Finalmente, la verdad destruyó el sistema de control.
Colleen Stan sobrevivió a más de siete años de cautiverio y consiguió reconstruir su vida. Cameron Hooker, en cambio, terminó condenado a una de las penas más largas impuestas en California por este tipo de delitos.
Su caso sigue siendo recordado no solamente como una historia de horror, sino también como un ejemplo extraordinario de resistencia humana frente al control psicológico extremo.
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Quien sacara a la argentina del tercer mundo?
¿Es Bélgica un país socialista?
Para simplificar: actualmente no existen países socialistas en el mundo. Hay dos países constitucionalmente comprometidos con la construcción del socialismo (Cuba y Laos), dos que se autodenominan «socialismo con ciertas características» (China y Vietnam), pero cuyo «socialismo» es prácticamente idéntico al capitalismo, y un país atípico que afirma practicar una forma única y superior de socialismo (Corea del Norte).
Puede que Bélgica se encuentre entre los países «más socialistas» del mundo, pero, sinceramente, eso no significa mucho.
Bélgica, Alemania, los Países Bajos y Austria presentan fuertes rasgos socialistas, pero no son socialistas. Los países nórdicos tienen características socialistas aún más desarrolladas, pero tampoco son socialistas.
Puedes ir de un extremo a otro de Europa, pero no encontrarás ningún país socialista.
Una tragedia que conmociona Estados Unidos
♣
La historia de Andrea Yates es una de las tragedias criminales más conocidas de Estados Unidos. En junio de 2001, Yates mató a sus cinco hijos pequeños en su vivienda de Houston, Texas. El caso provocó una enorme conmoción nacional y abrió un intenso debate sobre enfermedad mental, maternidad, responsabilidad penal, tratamiento psiquiátrico y el papel de las instituciones frente a personas gravemente enfermas.
Su historia también es compleja porque no puede reducirse simplemente a la de una mujer que cometió un crimen terrible. Durante años había presentado graves problemas de salud mental y había recibido atención psiquiátrica. Después de los asesinatos, varios especialistas sostuvieron que sufría una enfermedad mental severa que había alterado profundamente su percepción de la realidad.
Una familia aparentemente normal
Andrea Pia Yates nació en Houston, Texas, en 1964. Era la menor de cinco hermanos y creció en una familia católica. Durante su juventud estudió y posteriormente se convirtió en enfermera registrada.
En 1993 se casó con Rusty Yates, un ingeniero informático. La pareja tuvo cinco hijos: cuatro varones y una niña. La familia vivió inicialmente en Texas y posteriormente se estableció en Houston.
Desde el exterior, podía parecer una familia tradicional. Sin embargo, con el nacimiento de sus hijos comenzaron a aparecer problemas importantes en la salud mental de Andrea.
Después del nacimiento de su cuarto hijo, su estado psicológico empeoró considerablemente. Presentó síntomas de depresión y posteriormente episodios psicóticos. En 1999 intentó suicidarse y fue hospitalizada.
Los médicos comenzaron a tratarla con medicamentos psiquiátricos. Durante determinados períodos mejoraba, pero su enfermedad continuaba siendo grave.
El nacimiento del quinto hijo
En febrero de 2000 nació su quinto hijo.
El embarazo y el nacimiento se produjeron después de una historia psiquiátrica que ya era preocupante. Poco después del nacimiento, la situación volvió a deteriorarse.
Andrea desarrolló síntomas psicóticos cada vez más graves. Según los especialistas que posteriormente analizaron el caso, llegó a presentar ideas delirantes relacionadas con el pecado, la condenación y el destino espiritual de sus hijos.
Uno de los elementos más importantes de la tragedia fue que su enfermedad mental no era completamente desconocida. Había recibido tratamiento y había sido hospitalizada anteriormente.
En determinado momento, los médicos recomendaron que no permaneciera sola con los niños.
Sin embargo, posteriormente regresó a su casa.
El 20 de junio de 2001
La mañana del 20 de junio de 2001 comenzó como cualquier otro día.
Rusty Yates salió de la vivienda para trabajar. Andrea quedó sola en la casa con sus cinco hijos.
Los niños tenían edades comprendidas entre los seis meses y los siete años.
Durante un período relativamente breve, Andrea asesinó a los cinco.
Las víctimas fueron:
Después de los asesinatos, Andrea llamó a la policía y comunicó lo ocurrido.
La policía llegó poco después y encontró a los niños muertos.
La noticia produjo una enorme conmoción en Houston y rápidamente se convirtió en una historia nacional.
¿Por qué lo hizo?
Esta es quizás la pregunta más difícil del caso.
Andrea Yates sostuvo que creía que sus hijos estaban condenados y que debía matarlos para evitar que sufrieran espiritualmente.
Sus declaraciones posteriores mostraron una percepción de la realidad profundamente alterada.
Los especialistas que evaluaron su estado mental concluyeron que sufría una enfermedad psicótica grave. No parecía tratarse de un crimen motivado por dinero, venganza o beneficio personal.
La tragedia estaba relacionada con su enfermedad mental y con sus delirios.
Eso no elimina la responsabilidad moral por la muerte de los niños, pero resulta fundamental para comprender el caso desde el punto de vista médico y jurídico.
El primer juicio
El primer juicio comenzó en 2002.
La fiscalía sostuvo que Andrea Yates sabía lo que estaba haciendo y que, por lo tanto, debía ser considerada responsable de sus actos.
La defensa presentó especialistas que afirmaron que Yates sufría una enfermedad mental extremadamente grave y que no comprendía adecuadamente la naturaleza o las consecuencias de sus acciones.
Uno de los puntos centrales del juicio fue determinar si, desde el punto de vista legal, Yates podía distinguir correctamente entre el bien y el mal cuando asesinó a sus hijos.
Finalmente, el jurado la declaró culpable de asesinato y la condenó a cadena perpetua.
En ese momento también recibió una sentencia que establecía la posibilidad de libertad condicional después de un largo período.
Pero el caso no terminó allí.
Un error fundamental
Posteriormente se descubrió que uno de los principales especialistas utilizados por la fiscalía había presentado información científicamente incorrecta al jurado.
El doctor Park Dietz había testificado sobre un episodio de la serie televisiva Law & Order que supuestamente mostraba a una madre matando a sus hijos y utilizando la locura como defensa.
El problema era que ese episodio no existía.
La información era falsa.
Este error tuvo consecuencias enormes porque el testimonio del especialista había influido en la percepción del caso por parte del jurado.
La defensa apeló.
En 2005, la Corte de Apelaciones de Texas anuló la condena y ordenó un nuevo juicio.
El segundo juicio
El segundo juicio se celebró en 2006.
Esta vez, los especialistas presentaron nuevamente evidencia sobre la enfermedad mental de Yates.
La defensa sostuvo que ella sufría psicosis posparto y otros trastornos psiquiátricos graves.
La fiscalía argumentó nuevamente que Yates era responsable de sus actos.
Pero el segundo jurado llegó a una conclusión diferente.
Andrea Yates fue declarada no culpable por razón de demencia.
En términos jurídicos, esto no significaba que los asesinatos no hubieran ocurrido ni que Yates no hubiera sido responsable material de las muertes. Significaba que el jurado consideraba que su enfermedad mental le impedía cumplir con los requisitos legales necesarios para ser considerada penalmente responsable en el momento de los hechos.
Fue enviada a una institución psiquiátrica de máxima seguridad.
La controversia sobre la enfermedad mental
El caso Yates provocó una discusión nacional sobre la salud mental de las mujeres después del embarazo.
La psicosis posparto es una condición psiquiátrica grave que puede producir alucinaciones, delirios, confusión y pérdida de contacto con la realidad. Es mucho más grave que la llamada depresión posparto y requiere atención médica inmediata.
El caso de Yates hizo que muchas personas comprendieran mejor la diferencia entre ambos trastornos.
También generó preguntas sobre cómo debe actuar el sistema médico cuando una persona presenta síntomas psicóticos y tiene niños pequeños bajo su cuidado.
En retrospectiva, varios especialistas señalaron que existían señales de alarma importantes antes de los asesinatos.
El papel de Rusty Yates
La figura de Rusty Yates también fue objeto de una enorme atención pública.
Había apoyado a Andrea durante sus problemas psiquiátricos y continuó formando una familia con ella pese a sus antecedentes de enfermedad mental.
Después de la tragedia, muchos periodistas y especialistas analizaron las decisiones tomadas por la pareja.
Es importante, sin embargo, distinguir entre las decisiones que pueden ser criticadas retrospectivamente y la responsabilidad directa por los asesinatos.
La tragedia involucró numerosos factores: una enfermedad mental severa, decisiones médicas, tratamiento farmacológico, dinámica familiar y fallas en la identificación y manejo del riesgo.
Una sociedad que buscaba respuestas
La historia de Andrea Yates produjo una pregunta que continúa siendo relevante:
¿Hasta qué punto una persona gravemente enferma mentalmente puede ser considerada responsable de un crimen cometido durante un episodio psicótico?
La respuesta jurídica varía según las leyes de cada jurisdicción.
El sistema estadounidense distingue entre culpabilidad y enfermedad mental de diferentes maneras dependiendo del estado.
En el caso Yates, el segundo jurado concluyó que su enfermedad había afectado de tal manera su capacidad mental que correspondía declararla no culpable por razón de demencia.
Esto no significó que recuperara su libertad.
Al contrario, continuó internada en una institución psiquiátrica.
El impacto sobre la salud mental
Quizás uno de los aspectos más importantes de la historia es el debate que produjo sobre la prevención.
La mayoría de las mujeres que sufren depresión posparto o incluso enfermedades psiquiátricas graves no representan un peligro para sus hijos.
Por eso es importante no utilizar el caso Yates para estigmatizar a todas las madres que atraviesan problemas de salud mental.
Pero la psicosis posparto puede convertirse en una emergencia médica.
Cuando aparecen delirios, alucinaciones, desorientación severa, pensamientos suicidas o ideas relacionadas con hacer daño a otra persona, se necesita una evaluación profesional inmediata.
El caso Yates demostró de manera dramática qué puede suceder cuando una enfermedad mental extremadamente grave no es controlada adecuadamente.
Una tragedia sin vencedores
La historia tampoco tiene un final feliz.
Cinco niños perdieron la vida.
Una madre quedó internada por tiempo indefinido.
Una familia quedó destruida.
Y una comunidad tuvo que enfrentarse a preguntas para las que no existían respuestas sencillas.
La tragedia también mostró los límites de los sistemas de salud y justicia. Una persona puede haber recibido tratamiento y, aun así, continuar gravemente enferma. Los médicos pueden equivocarse. Las familias pueden no comprender completamente la gravedad de una enfermedad. Y los tribunales deben tomar decisiones extremadamente difíciles sobre culpabilidad y enfermedad mental.
El legado del caso
Más de dos décadas después, el nombre de Andrea Yates continúa apareciendo en investigaciones sobre psicosis posparto, derecho penal y salud mental.
Su caso también se convirtió en un ejemplo de cómo un crimen puede tener múltiples dimensiones.
Desde el punto de vista criminal, hubo cinco asesinatos.
Desde el punto de vista médico, hubo una enfermedad mental severa.
Desde el punto de vista jurídico, hubo una batalla sobre la responsabilidad penal.
Desde el punto de vista social, hubo preguntas sobre la capacidad de las instituciones para detectar y controlar situaciones de alto riesgo.
Ninguna de estas perspectivas, por sí sola, explica completamente la tragedia.
Conclusión
Andrea Yates pasó a la historia por uno de los crímenes familiares más estremecedores de Estados Unidos. Pero estudiar su historia exclusivamente como un caso criminal sería insuficiente.
El elemento central de la tragedia fue la combinación de una enfermedad mental grave, síntomas psicóticos, una situación familiar compleja y fallas en la protección y tratamiento de una persona que necesitaba atención especializada.
El segundo juicio estableció que, jurídicamente, Yates no debía ser considerada penalmente responsable debido a su enfermedad mental. Desde entonces permanece bajo atención psiquiátrica.
El caso dejó una lección especialmente importante: las enfermedades mentales graves deben ser tomadas tan seriamente como cualquier otra emergencia médica. La identificación temprana de síntomas psicóticos, el tratamiento adecuado y la protección de las personas vulnerables pueden ser decisivos.
La historia de Andrea Yates es, finalmente, una tragedia de cinco vidas infantiles perdidas y de una enfermedad mental que llegó a niveles devastadores. También es un caso que obligó a Estados Unidos a discutir cuestiones difíciles sobre maternidad, medicina, justicia y responsabilidad, debates que continúan siendo relevantes muchos años después.
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NO HACE FALTA SALTAR
♣
Donald Trump ha convertido la política exterior de los EE.UU. en una sucesión de negocios, amenazas, aranceles y golpes de efecto, en especial contra sus propios aliados del G7, pero su poder económico, tanto como el militar, parecen haber encontrado sus límites. Canadá, objeto de su último e inexplicable ataque comercial luego de haber anunciado que pretendía anexarlo como 51° Estado, no ha bajado los brazos y, por el contrario, ha respondido con igual dureza. Su nueva batería de sanciones contra Teherán (que, con su resistencia al dolor, le ha impedido obtener la rápida victoria con que había soñado) y sus amenazas de castigar a los clientes de sus productos, es tan amplia que incluiría a China, principal comprador del petróleo iraní, a Turquía y Emiratos Árabes Unidos.
Nuestra región tampoco ha quedado al margen de este terremoto. El caso venezolano es, en ese sentido, paradigmático. Después de la intervención estadounidense, de la captura de Nicolás Maduro y de todas las declaraciones sobre la libertad y la democracia, el chavismo continúa gobernando, con Delcy Rodríguez en la Presidencia y Diosdado Cabello con buena parte del poder real. Se han abierto negociaciones con sectores de la oposición, pero María Corina Machado y Edmundo González, que ganaron las elecciones, siguen relegados. Es decir, se destruyó mucho, se prometió demasiado y la democracia continúa esperando. Pero, claro, el petróleo venezolano está allí, y los negocios suelen tener una influencia extraordinaria sobre las convicciones morales de las grandes potencias.
Brasil, que se encamina a una elección presidencial que puede redefinir el equilibrio político sudamericano, no es un adversario ideológico circunstancial: es nuestro principal socio regional, un mercado esencial y un actor imprescindible en cualquier política seria de integración, comercio y defensa de nuestros intereses en el mundo. Confundir la política exterior con una pelea en X o con un discurso de barricada es una estupidez que la Argentina no puede permitirse.
Y así llegamos a casa. No cabe desconocer los enormes logros obtenidos por el gobierno de Milei en materia fiscal y monetaria. Después de tantas décadas durante las cuales el déficit era considerado una herramienta política y la inflación una especie de fenómeno inevitable, haber instalado la idea de que el Estado no puede gastar eternamente más de lo que recauda constituye, por sí solo, un cambio cultural de enorme importancia. Pero tampoco corresponde cerrar los ojos ante lo que está sucediendo. La economía parece haber perdido parte de su impulso; el crédito, que debía convertirse en motor de la recuperación, ha colocado a muchos en una situación financiera cada vez más delicada; los salarios y el consumo siguen sin acompañar de igual manera a la mejora de los grandes números, y la sociedad comienza a preguntarse cuánto tiempo más deberá esperar para que el sacrificio se transforme en una mejora perceptible de su vida cotidiana. Ése es el problema central del Gobierno: parece convencido de que una macroeconomía sana basta para ganar la batalla política. No es así, y Milei y sus funcionarios deberían explicarlo mejor.
Las personas votan con sus ideas, con sus miedos y con sus bolsillos; pero también con la percepción que tienen acerca de quienes las gobiernan. Y un presidente puede haber acertado en el diagnóstico económico y, sin embargo, perder apoyo si transmite indiferencia o falta de empatía frente a quienes están pagando el costo de la transformación. A ello se suma una inexplicable vocación por fabricar enemigos. Empresarios, periodistas, legisladores, gobernadores, economistas y, ahora, gobiernos extranjeros: cualquiera que discrepe corre el riesgo de ser convertido en traidor, delincuente, corrupto o enemigo de la libertad. Es un método que puede servir para conquistar poder; rara vez resulta útil para ejercerlo.
La reciente decisión de avanzar en la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central muestra que el Gobierno conserva la voluntad de consolidar institucionalmente algunos de sus logros más importantes. Sería excelente que aplicara el mismo criterio a otras áreas: la Justicia, la seguridad jurídica, la relación con el Congreso y la construcción de una administración pública capaz de sobrevivir a sus propios funcionarios. Porque la verdadera transformación consistirá en construir instituciones que impidan que, mañana, cualquier nuevo populista pueda volver a utilizarlo como botín. La oposición, por supuesto, no ofrece una alternativa demasiado tranquilizadora. El kirchnerismo pretende ocultar bajo nuevas máscaras su responsabilidad por la catástrofe que dejó; pero el Gobierno no debería confiar en que la memoria colectiva sea infinita ni en que la ausencia de una oposición convincente le garantiza automáticamente el futuro.
Por eso, mientras el mundo entero parece haber decidido caminar sobre el borde del abismo, haríamos bien en aprender una lección elemental: no hace falta saltar para demostrar valentía. A veces, basta con dejar de dar pasos hacia atrás.
Bs.As., 29 Ago 2026
Enrique Guillermo Avogadro
Abogado
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La Crisis Argentina
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Históricamente, las crisis monetarias se han relacionado con la hiperinflación, fenómeno que Argentina ha sufrido con frecuencia. La hiperinflación se considera generalmente una calamidad que conduce a la destrucción del sistema monetario capitalista de circulación. Sin embargo, en la actual crisis argentina, se ha producido una implosión total de las relaciones económicas y monetarias debido a la hiperdeflación. Esto representa el estrangulamiento de la economía por la exigencia de pagar una deuda insostenible.
Existe una diferencia sustancial entre hiperinflación e hiperdeflación. En la hiperinflación, los precios se disparan sin cesar a una velocidad cada vez mayor. Aquellas clases cuyos ingresos no están totalmente indexados a los precios y que no poseen viviendas ni otros activos fijos pierden terreno rápidamente. En la hiperdeflación, en cambio, los precios no retroceden. Hoy en día, en casi todo el mundo, prevalece el sistema del capital monopolista. Las grandes corporaciones, las grandes empresas minoristas y el capital financiero concentrado son sus características distintivas. Como consecuencia del capital monopolista, la deflación, incluso cuando se agrava hasta convertirse en hiperdeflación, no produce una caída de los precios. Estos continúan subiendo, aunque a un ritmo moderado. En este contexto, los precios de los servicios públicos (transporte, servicios médicos, impuestos municipales, etc.) aumentan para incrementar los ingresos con fines presupuestarios. El presupuesto del gobierno nacional debe ser austero, con un déficit mínimo o nulo, especialmente en áreas no relacionadas con los intereses capitalistas, como el gasto en seguridad social; por lo tanto, la política deflacionaria viene oficialmente dictada por la necesidad de pagar la deuda externa. Mientras tanto, bajo el mismo principio de austeridad, se impone una congelación salarial a los trabajadores. Los asalariados pierden, ya que sus salarios se congelan mientras los precios crecen lentamente y los servicios sociales se reducen. Por consiguiente, la hiperdeflación no implica una caída drástica de los precios, sino más bien un colapso de la demanda real, la producción y el empleo.
La hiperdeflación argentina es el resultado directo del intento de integrar la economía al sistema financiero capitalista internacional mediante la imposición permanente de una política antiinflacionaria y antiexpansiva. Al hacerlo, la clase capitalista argentina, apoyada e impulsada por el Tesoro de Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional (FMI), primero destruyó el sistema nacional de seguridad social y la red de bienestar, y en los últimos dos años, generó un colapso total de la economía hasta el punto de bloquear la circulación monetaria. Todo este episodio constituye un importante caso histórico en el que los intereses de la clase nacional convergieron con los intereses financieros internacionales, lo que finalmente condujo a la destrucción del sustento de la mayor parte del pueblo argentino, el 50% del cual vive actualmente por debajo del umbral de la pobreza.
La Mecánica de la Crisis
La crisis política de este importante país sudamericano estalló formalmente cuando, en la primera semana de diciembre de 2001, el FMI decidió retener un préstamo de 1.300 millones de dólares aprobado para el servicio de la deuda externa del país, que ascendía a 142.000 millones de dólares. El FMI afirmó que el gobierno, entonces liderado por el presidente Fernando De la Rúa del Partido Radical, no estaba cumpliendo su compromiso de recortar aún más el gasto. Esta afirmación era falsa. Desde el otoño de 2000, cuando el gobierno argentino inició una nueva ronda de negociaciones con el FMI, hasta el levantamiento de Buenos Aires en diciembre pasado, el gobierno recortó sistemáticamente el gasto. Privatizó la seguridad social y recortó los fondos de las provincias, obligando a muchas de ellas a utilizar dinero fiduciario para cumplir con sus pagos. Durante el verano, el ministro de Economía, Domingo Cavallo —un protegido del FMI que, por cierto, fue subsecretario del Interior (Departamento de Policía Federal) durante la sangrienta dictadura militar de 1981— se fijó como meta un déficit presupuestario cero. Si no se alcanzó el objetivo, no fue por falta de esfuerzo, sino por la creciente crisis social, con un desempleo que llegó al 18 por ciento y un porcentaje similar clasificado como subempleado. Inmediatamente después de que el FMI retuviera el préstamo, el gobierno emprendió una ronda de recortes aún más severa, que incluyó la congelación de las cuentas bancarias de los ciudadanos y la limitación de los retiros a 250 dólares semanales. Fue entonces cuando el pueblo de Buenos Aires se alzó contra el gobierno.
La deuda argentina
La explosión de la deuda del país comenzó con el régimen militar en el poder entre 1976 y 1983. En total, la deuda externa se multiplicó casi por cuatro, pasando de 9.700 millones de dólares en 1976 a 35.700 millones en 1981. El componente público de la deuda se incrementó significativamente debido a la compra de armamento, para gran satisfacción del gobierno estadounidense, que apoyaba la represión de las fuerzas populares por parte de los militares argentinos y deseaba la participación de la dictadura en la represión y la tortura en Centroamérica. Sin embargo, a pesar del aumento del gasto público, el sector privado fue el principal prestatario externo. El componente público de la deuda externa fue, de hecho, menor en 1981 (56%) que en 1976 (68%). Por consiguiente, el crecimiento de la deuda fue más pronunciado en el sector privado que en el público.
En Argentina, la dictadura militar de 1976-1983 representó la vanguardia del neoliberalismo. Introdujo una nueva ley de inversión extranjera que facilitaba las adquisiciones y la inversión financiera, a la vez que liberaba el tipo de cambio del control gubernamental. Anticipando lo que sucedería dos décadas después, estas medidas atrajeron capital del extranjero, mientras que las compañías financieras y los bancos internacionales, inundados de dinero gracias al aumento del precio del petróleo, impulsaban agresivamente los préstamos a países del tercer mundo. Si bien Argentina no era un país tradicionalmente del tercer mundo, no fue la excepción. Cabe destacar, sin embargo, que la orientación neoliberal de los militares no habría sido posible sin el exterminio físico de los activistas de las fuerzas populares. La dictadura militar propició una estrecha alianza entre multinacionales, capital financiero y élites empresariales locales, una alianza que se consolidó como dominante durante la década de 1980. Este bloque revirtió la estrategia de sustitución de importaciones que caracterizó el considerable crecimiento industrial de Argentina en la década de 1960. Fue bajo esta alianza que se produjo la explosión de la deuda externa, mientras que el sistema productivo comenzó a sufrir una desindustrialización crónica.<sup>1</sup>
Para 1981, el régimen militar se encargó de absorber la deuda externa privada, obteniendo, en el proceso, el apoyo del Fondo Monetario Internacional. Tras la caída de la dictadura, el presidente Raúl Alfonsín, del Partido Radical, continuó la política de socialización de la deuda, a petición expresa de los países acreedores. Como detalla Eduardo Basualdo (véase la nota 1), el Banco Central y las empresas privadas acordaban un tipo de cambio específico, con respecto al dólar, para la revaluación de la deuda externa denominada en dólares a la moneda local, que se devaluaba progresivamente. Al transferir la deuda al Estado, las empresas recibían un subsidio correspondiente a la diferencia entre el tipo de cambio acordado y el real (ahora depreciado). Gracias a diversos mecanismos, todos basados en este principio, las empresas privadas se liberaron de la mayor parte de su deuda. Inicialmente, las principales beneficiarias fueron las multinacionales, que también habían sido las principales prestatarias, pero posteriormente la política se extendió a las empresas argentinas.
Esta socialización de la deuda privada tuvo consecuencias perjudiciales para la economía. Antes de la dictadura militar apoyada por Estados Unidos (1976-1983), las relaciones económicas externas de Argentina se caracterizaban por crisis cíclicas de balanza de pagos. En un país semiindustrializado, los períodos de crecimiento generan un aumento de las importaciones de productos industriales superior a las exportaciones de productos primarios. El déficit externo resultante obliga a las autoridades a desacelerar la economía (reducir las importaciones) mediante la creación de una recesión interna. Sin embargo, la deuda privada, convertida en pública, contraída durante el régimen militar, cambió la naturaleza del problema. El problema externo dejó de ser cíclico para convertirse en permanente, mientras que el vínculo con la economía interna se volvió mucho más grave, ya que la carga de la deuda provocó la desestabilización de las finanzas públicas y la deriva hacia la hiperinflación, al imprimir el gobierno dinero para financiar sus gastos internos.
A finales de la década de 1980, el nuevo presidente, el peronista Carlos Menem, prometió acabar con la hiperinflación y el estancamiento mediante un plan que también reintegraría a las clases capitalistas argentinas al ámbito financiero internacional. En 1991, el gobierno de Menem promulgó discretamente una ley, diseñada por el mencionado Domingo Cavallo. Esta ley introdujo una reforma monetaria que vinculaba legalmente la nueva unidad monetaria, el peso, al dólar estadounidense en una paridad uno a uno. La necesidad de combatir el círculo vicioso de hiperinflación-devaluación-hiperinflación se consideró la justificación de la estricta paridad dólar-peso. Se suponía que la estabilización resultante detendría la constante revaluación de la deuda externa denominada en dólares, permitiendo así que las clases dirigentes argentinas se integraran a la comunidad financiera mundial.
Desde la ley de 1991, la deuda privada se multiplicó por once, mientras que la deuda pública creció menos del 60%, alcanzando un total de 142 mil millones de dólares a finales de 2001. En esencia, durante los últimos veinte años, la población argentina ha estado sometida, secuencialmente, al siguiente mecanismo: el Estado asume la carga de la deuda externa privada; el sector privado continúa acumulando deuda, mientras que el Estado privatiza sus actividades públicas, generando así beneficios financieros (rentas) para las empresas privadas, tanto nacionales como internacionales; y, posteriormente, el Estado traslada la carga de la deuda a toda la economía, especialmente a la población trabajadora, obligándola a generar un superávit financiero a expensas de los salarios, los servicios sociales y la inversión pública.
Estabilización y colapso en la hiperdeflación
La validación económica de la ley aprobada en 1991 dependía de un mecanismo automático que establecía que la creación monetaria interna debía corresponder al saldo neto de dólares que ingresaban al país. Teóricamente, el equilibrio entre la entrada neta de dólares y la creación monetaria interna puede garantizarse mediante (a) grandes superávits en las cuentas corrientes (exportaciones mayores que importaciones) o (b) entradas netas de capital. Lograr que la cuenta corriente sostenga todo el proceso de creación monetaria es imposible, ya que requeriría un superávit muy grande en relación con el ingreso nacional. Además, a lo largo de su historia de posguerra, Argentina tendió a tener un superávit en la balanza comercial pero un déficit en la balanza de pagos. Esta es una situación común para los países cuyos vínculos productivos con el resto del mundo se realizan a través del sector de materias primas.² El superávit en el sector comercial se ve más que compensado por el pago al exterior de intereses, dividendos, seguros y otros servicios. En cuanto a las entradas de capital, estas pueden estimularse mediante (1) la dinámica de la demanda, de modo que las empresas extranjeras deseen invertir allí; (2) la transformación del país en una plataforma de exportación barata como México; (3) la privatización de actividades públicas como los servicios públicos, donde siempre se garantiza un flujo constante de rentas; y (4) el endeudamiento en los mercados financieros internacionales. La primera condición, la solidez de la demanda, era inexistente, ya que el país había estado sumido durante toda la década de 1980 en una crisis económica con hiperinflación. La paridad fija entre el dólar y el peso redujo el atractivo del país como plataforma de exportación, por lo que la implementación del programa de estabilización basado en la paridad dólar-peso dependió de la privatización y de un mayor endeudamiento.
La reforma monetaria de Menem coincidió plenamente con los intereses, las opiniones y las aspiraciones de las instituciones financieras privadas, tanto locales como internacionales, y su política recibió el pleno respaldo de Washington, sin el cual su implementación no habría sido posible. La privatización y la austeridad presupuestaria atrajeron capital, expandiendo así la creación monetaria interna y generando una euforia que, entre 1991 y 1995, produjo una tasa de crecimiento superior al 4% anual, una de las más altas desde 1945. Las clases dirigentes argentinas creyeron haber regresado al seno del mundo capitalista avanzado. Pero tan pronto como se puso en marcha la reforma monetaria, el país perdió su tradicional superávit en la balanza comercial, aunque no de forma drástica. Sin embargo, siguió registrando una creciente salida de ingresos por inversiones destinada al pago de intereses y dividendos en el extranjero. En consecuencia, el saldo general de la cuenta corriente se deterioró notablemente, lo que incrementó la dependencia de las entradas de capital. La fragilidad de la fase de crecimiento quedó patente con la recesión provocada por la crisis mexicana de principios de 1995; a raíz de esta, la economía argentina se contrajo un 3%.
Temiendo un destino similar al de México, el capital financiero se mostró aprensivo, pero la crisis se superó temporalmente gracias a la expansión del comercio dentro del Mercosur (un mercado común que integra a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), donde Brasil es, con diferencia, la mayor unidad económica. El gobierno de ese gran país también seguía una política de desregulación y de vinculación de la moneda local (el real) al dólar, aunque no tan estrictamente como el peso argentino. Esto mantuvo el valor del real elevado, mientras que la inflación brasileña se mantuvo alta en relación con la argentina. Este factor implicó una revaluación de la moneda brasileña, estimulando así las exportaciones argentinas (ahora más baratas). En 1989, alrededor del 11% de las exportaciones argentinas se dirigían al Mercosur. Para 1995, ese porcentaje había aumentado al 31,7%, y para 1998, justo antes del inevitable colapso brasileño, el Mercosur absorbía el 35% de las exportaciones argentinas. Las compañías financieras internacionales consideraban tanto a Brasil como a Argentina como mercados emergentes, con monedas de alto valor y alto riesgo. Así, por un lado, les estaban imponiendo préstamos —que los voraces y rapaces capitalistas locales estaban más que dispuestos a conceder, ya que, de todos modos, serían los asalariados quienes tendrían que pagar—, pero por otro lado, querían protegerse contra el llamado riesgo país. Las entidades financieras y las casas de bolsa no son ingenuas. Saben que Brasil y Argentina no son Estados Unidos, cuyo déficit externo puede financiarse mediante la emisión de bonos que serán aceptados por el resto del mundo sin imponer límites a las autoridades monetarias estadounidenses. En el caso de los países periféricos, un déficit externo persistente y creciente se traduce inmediatamente en una amenaza de insolvencia. Tanto en Argentina como en Brasil, los déficits externos aumentaban porque la estabilización de la moneda implicaba una pérdida de producción nacional en favor de las importaciones. Por lo tanto, con la crisis mexicana de 1995, el tipo de interés adicional por riesgo país aplicado a los préstamos argentinos aumentó considerablemente. Cuando Brasil colapsó en 1998, provocando una devaluación del 40% del real, la situación también se complicó para Argentina.
La crisis brasileña disipó cualquier ilusión sobre la posibilidad de crecimiento a largo plazo en los países del Cono Sur de América Latina. También puso de manifiesto una verdad fundamental para quienes no se dejaron cegar por el espejismo de las ganancias espectaculares de la especulación financiera: la producción real no podía sostener la enorme carga de deuda e intereses de Argentina. Este es, sin duda, el punto crucial. Ningún nivel razonable de exportaciones netas habría bastado para sacar al país de la trampa de la deuda. Sin la carga de la deuda, el déficit argentino, si bien empeoraba, no era dramático, especialmente en el comercio de mercancías. La mayor parte del daño se produjo por la salida de fondos destinados a pagos de intereses, repatriación de dividendos y servicios. A esto hay que añadir la exportación de capital realizada por las clases capitalistas argentinas. Tras la crisis brasileña, la tasa de interés por riesgo país se disparó y siguió aumentando cuando quedó claro que Argentina no sería capaz de generar ni siquiera un flujo neto mínimo de fondos a partir de sus operaciones con el resto del mundo. En consecuencia, la paridad peso-dólar que sostenía la nueva ola de privatizaciones y especulación financiera no pudo mantenerse por mucho tiempo. El Tesoro estadounidense y el FMI lo sabían desde el principio, pero insistieron en los planes de austeridad, cuyo verdadero propósito era poner a la venta los activos del país.
La conexión clasista entre el capital financiero internacional y local se evidencia en el hecho de que el ajuste total de la deuda externa recayó sobre la economía real, mientras que el capital fue atraído con promesas de ganancias fáciles mediante privatizaciones, tasas monopolísticas indexadas al dólar en caso de devaluación (en servicios públicos, por ejemplo) y la libertad de abandonar el país rápidamente. Los efectos debilitantes, e incluso devastadores, de estas políticas se manifiestan en la persistente desindustrialización y la creciente explotación de los trabajadores, que afectaron al país incluso durante los años de euforia económica. Entre 1992 y 2000, la productividad laboral por hora aumentó cerca del 45%, mientras que los salarios nominales se estancaron y los salarios reales disminuyeron. Durante el mismo período, la capacidad productiva ociosa se mantuvo elevada, en torno al 30% de la capacidad potencial. Esta aumentó aún más a medida que el crecimiento se estancaba y la crisis se agudizaba. Estos factores, en conjunto, generaron, desde el período de euforia económica en adelante, una tasa persistentemente alta de desempleo y subempleo que afecta actualmente a más del 40% de la población activa. Además, el impacto estructural del período de liberalización financiera está poniendo en peligro la posibilidad de una recuperación, incluso asumiendo el ascenso al poder de una alianza progresista. El valor de los bienes de capital importados y las piezas de repuesto para maquinaria aumentó del 25% del total de las importaciones en 1991 al 45% en 1998. Esto significa que la desindustrialización ha llegado al extremo de impedir el establecimiento de una mínima autonomía en el funcionamiento y la planificación del aparato productivo. En este sentido, Argentina ha descendido aún más en la escala de las economías en desarrollo y ahora se encuentra en una posición mucho más débil para emprender programas destinados a erradicar la pobreza y la recesión.
El año 2000 fue testigo de la formación de un amplio frente social contra la alianza entre el gobierno, el FMI y los operadores financieros. Se produjeron manifestaciones masivas contra las negociaciones con el FMI, que se consideraban, con razón, como una vía hacia una mayor austeridad y una crisis económica. Pero ni el gobierno ni la oposición peronista, que llegó a proponer una dolarización total de la economía, estaban interesados en salir del mecanismo de dependencia financiera. El FMI intentó abrir aún más la puerta a la liberalización financiera. Cada ronda de negociaciones implicaba nuevas medidas de austeridad y, como si todo estuviera orquestado, los prestamistas internacionales aumentaban la presión elevando el tipo de interés de riesgo de los préstamos. Así, las instituciones financieras —nacionales e internacionales— se convirtieron en usureras, y el FMI en el cobrador de deudas con tácticas de estrangulamiento. Sin embargo, el paquete de préstamos negociado durante el otoño de 2000, que desencadenó la crisis, evidencia los estrechos vínculos entre el capital local y los grupos internacionales. La privatización del sistema de seguridad social fue el componente más importante y explosivo del acuerdo con el FMI. Esta medida no figuraba en el paquete original, pero el gobierno de De la Rua la quería para hacer un enorme favor a las aseguradoras privadas. Demasiado cobarde para presentar la medida directamente ante el Congreso, el gobierno pidió al FMI que incluyera la privatización como condición para los nuevos préstamos. La bonanza para las empresas privadas es evidente en la comisión del 30 por ciento que reciben por administrar los fondos que luego transfieren al gobierno a tasas de interés exorbitantes ajustadas al riesgo.
Para las clases compradoras y el gobierno argentino, la única forma de mantener el acuerdo cambiario con el dólar —del cual dependía toda la creación monetaria interna— era, tras haber vendido todos los activos nacionales posibles, endeudarse aún más. Sin embargo, cada endeudamiento adicional incrementaba la prima de riesgo exigida por los prestamistas. En julio de 2001, la emisión rutinaria de letras del Tesoro a tres meses se convirtió en una crisis cuando la tasa de interés solicitada se elevó del 9% al 14%, a pesar de la deflación persistente, lo que agrava considerablemente la carga real de los pagos de intereses. La respuesta del gobierno fue introducir restricciones adicionales, y el Ministro de Economía, Cavallo, anunció una política de déficit presupuestario cero, imposible de alcanzar. Evidentemente incapaz de lograr este objetivo, el gobierno fue notificado por el FMI a principios de diciembre de 2001 de que se le retendría un préstamo de 1.300 millones de dólares (exactamente la misma cantidad, en el mismo período, se le otorgó a Turquía, un país de importancia estratégica). La decisión del FMI llevó al gobierno a robar literalmente el dinero al público bloqueando las cuentas corrientes y los depósitos bancarios. Esto fue la gota que colmó el vaso y llevó a una amplia gama de clases sociales a las calles, expulsando a De la Rúa del poder. Pero incluso en los momentos de mayor angustia, la clase política pretendía beneficiar a las clases adineradas y a las empresas financieras manteniendo temporalmente la paridad peso-dólar mientras inventaba una nueva moneda, el argentino, no vinculada al dólar. Se suponía que los precios, los alquileres y los intereses se mantendrían en dólares o pesos, mientras que las pensiones y los salarios se pagarían en argentinos, cuyo valor se temía que se desplomaría frente al dólar o al peso. La población se percató de inmediato del engaño orquestado por el presidente interino, el peronista Rodríguez Saa, y lo expulsó a su vez. El actual presidente, Eduardo Duhalde, camina ahora sobre la cuerda floja entre restablecer los lazos con el FMI y evitar una nueva explosión de indignación popular.
De ajuste en ajuste, de deflación en deflación, las autoridades argentinas y el FMI han logrado el colapso de la moneda, sin la cual una economía capitalista no puede funcionar. Sin embargo, una restauración estable de las relaciones capitalistas en Argentina es improbable en el actual clima de crisis financiera mundial. Sería mucho más práctico abandonar cualquier vínculo con el FMI y sus clientes y avanzar directamente hacia la construcción de un sistema económico planificado basado en las necesidades sociales.
Notas: Fernando Hugo Azcurra, La “Nueva” Alianza Burguesa en Argentina (Buenos Aires: Dialectica, 1988); Eduardo M. Basualdo, Deuda Externa y Poder Económico en la Argentina (Buenos Aires: Editorial Nueva América, 1987).
El déficit por cuenta corriente de Estados Unidos es de naturaleza totalmente diferente. Estados Unidos tiene un déficit en la balanza comercial y un superávit en servicios, la mayoría de los cuales son financieros. Además, el origen del déficit estadounidense no radica en la dependencia estructural con respecto a otros países industrializados. Es, más bien, el resultado, como lo expresó Paul Sweezy, de los costos del imperialismo, incluyendo la necesidad de apoyar a Japón y Asia Oriental durante las guerras de Corea y Vietnam.
Día D de sanciones económicas, pero los iraníes no ceden
Al acercarse a la marca de seis meses de guerra con Irán y ante la disminución de las reservas de armas clave, el gobierno de Estados Unidos está promocionando una campaña financiera demoledora contra Teherán, con la promesa de un Día D económico contra un país que, hasta ahora, ha resistido casi cinco décadas de duras sanciones de Washington.
Con pocos detalles, el presidente Donald Trump anunció esta semana que Estados Unidos impondría a Irán un nivel de guerra económica y aislamiento “sin precedentes”, con el objetivo de obligar a sus dirigentes a ceder ante las exigencias de poner fin a su programa nuclear y reabrir por completo el crucial estrecho de Ormuz a los petroleros y buques gasíferos.
Esto refleja la cruda realidad a la que se enfrenta Trump, con una guerra cada vez más impopular que no parece poder terminar y a pocos meses de unas elecciones legislativas de mitad de mandato decisivas que determinarán si su Partido Republicano mantiene el control del Congreso. Ya sea por desesperación o por estrategia, el presidente está reorientando el poder de Estados Unidos en poner a Irán de rodillas mediante una campaña acelerada de sanciones contra uno de los países más castigados económicamente del mundo.
La respuesta inmediata de los más belicistas frente a Irán han sido los elogios y un llamado a la paciencia mientras se pone en marcha la iniciativa. Otros analistas advierten que Trump se niega a aprender las lecciones de sus predecesores.
En una entrevista el jueves en la televisora CNBC, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ofreció un pequeño adelanto de lo que podría suceder al amenazar con sanciones secundarias a naciones y empresas que hagan negocios con la República Islámica.
No concretó quienes serían los objetivos en esta próxima fase de la Operación Furia Económicadel gobierno, que hasta ahora se había centrado en entidades e individuos que compran petróleo a Irán o realizan operaciones bancarias con el país. China e India, sin embargo, son grandes compradores de petróleo iraní.
“Si insisten en hacer negocios con ellos, entonces el Tesoro de Estados Unidos y el gobierno de Estados Unidos desplegarán toda su potencia y fuerza contra ustedes”, advirtió Bessent. “Es hora de que nuestros aliados y el resto del mundo tomen una decisión”.
A pesar de décadas de sanciones estadounidenses contra la República Islámica, el gobierno de Trump sostiene que es solo cuestión de tiempo y que golpear el objetivo económico adecuado llevaría a Teherán a su punto de quiebre.
Richard Goldberg, quien coordinó los esfuerzos para ejercer presión diplomática sobre Irán durante el primer mandato de Trump, afirmó que las consecuencias de los ataques estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes el año pasado, la guerra de este año y el bloqueo naval a sus puertos han creado la tormenta perfecta para una capitulación, algo que antes no existía.
“Creo que estamos viendo una estrategia, ya sea que tome poco o mucho tiempo, que busca en gran medida cambiar de manera fundamental el futuro del mundo al provocar el final de este régimen”, manifestó Goldberg, quien ahora trabaja en el centro de estudios conservador Foundation for Defense of Democracies en Washington.
“Les pido cautela a todos —incluyéndome a mí, que he trabajado en sanciones, que he trabajado en guerra financiera— para tener la humildad de admitir que estamos en aguas inexploradas”, agregó.
Goldberg indicó además que la decisión de esta semana de Emiratos Árabes Unidos —que antes era uno de los socios comerciales más importantes de Teherán— de suspender el comercio con la nación debido a un presunto ataque con misiles solo aislará aún más al gobierno.
Dado que casi la totalidad de los sectores energético, financiero y de transporte iraníes están ya afectados por las sanciones de la Casa Blanca, el objetivo de Trump parece ser aplicar sanciones secundarias a países —incluyendo aliados y socios— que no han cortado todos los vínculos con Teherán, para privar a la nación de cualquier ingreso que aún pudiera estar recibiendo.
En muchos sentidos, sería una reedición de la campaña de “máxima presión” del primer mandato de Trump, que se ha intensificado durante el segundo para incluir acciones militares.
Pero, como Trump y sus aliados descubrieron durante su primer etapa en el gobierno, hacer cumplir sanciones secundarias sin perjudicar los intereses de Estados Unidos y provocar medidas recíprocas puede ser complicado. Hubo numerosos casos en los que el gobierno otorgó exenciones, en especial a naciones que dependen del petróleo iraní para cubrir sus necesidades energéticas.
“La estrategia de Trump se basa ahora en apuntar directamente a Teherán al obstaculizar sus puntos de contacto y su acceso al sistema financiero formal y a la economía internacional”, explicó Behnam Ben Taleblu, director sénior del programa sobre Irán de FDD. “Esto requerirá que el tema de Irán sea más importante en las relaciones bilaterales de Estados Unidos con países de Europa y Asia”.
Funcionarios y analistas iraníes han acusado al líder republicano estadounidense de dar bandazos con su último giro hacia la presión económica contra Teherán. Trump lleva tiempo ridiculizando a líderes anteriores que usaron las sanciones para limitar la capacidad del país de sufragar su desarrollo militar y nuclear.
En una publicación la semana pasada en X, Esmail Baghaei, vocero del Ministerio de Exteriores iraní, escribió que el patrón de Washington de refugiarse en las sanciones cuando no quiere impulsar la diplomacia ha demostrado ser inútil.
“Irán ha demostrado durante décadas que no se dejará estrangular por estos estribillos manidos”, sostuvo Baghaei. “El verdadero riesgo es que los políticos estadounidenses, aferrándose a este mal hábito, terminen estrangulando sus propias y últimas posibilidades de una salida menos humillante a una crisis creada por ellos mismos”.
Ali Vaez, director para Irán del International Crisis Group, dijo que la decisión del gobierno de Trump de llevar su propia política de “máxima presión” a nuevas cotas mediante la acción militar parece ignorar años de lecciones de política exterior de Estados Unidos que muestran que Teherán no responde bien a la presión.
Si acaso, afirma, la última campaña económica solo ha “endurecido la posición de Irán”.
“Creo que el punto ciego (de Trump) es el hecho de que lo único que el régimen iraní considera más peligroso que sufrir por las sanciones de Estados Unidos es rendirse a los términos de Estados Unidos”, comentó Vaez.
Además, señaló que el último año de diplomacia intermitente solo ha empeorado la dinámica ya frágil entre los adversarios de larga data, y agregó que la falta de confianza de las autoridades iraníes en Trump y en sus mediadores ha creado una base insostenible.
“Creen que incluso si capitulan ante los términos de Estados Unidos bajo coacción económica, Trump movería la portería y pediría más”, agregó. “Y este es realmente el problema fundamental: la presión sin una puerta abierta es un ejercicio de inutilidad”.
“Dato mata relato”
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Tras la polémica que se desató por el contenido de su discurso en el Council de las Américas, el presidente Javier Milei respaldó un posteo de un asesor del equipo económico que destacó datos del proceso económico.
Con la frase “Dato mata relato”, el jefe de Estado citó un posteo de Martín Vauthier, miembro del equipo del ministro de Economía, Luis Caputo.
Vauthier sostuvo que “el actual ciclo de crecimiento, que en junio alcanzó 27 meses consecutivos, es el más largo de los últimos 15 años”.
Además, añadió que “esto es una novedad para la Argentina” porque “en los 15 años previos al inicio de este ciclo expansivo, el indicador tendencia-ciclo del EMAE cayó en casi el 49% de los meses”.
“Otra novedad es que el actual ciclo de crecimiento se da con una economía que mejora sus fundamentals: se fortalece el balance del BCRA, se reduce la deuda del Tesoro, bajan impuestos y regulaciones, y se consolida un marco normativo favorable a la inversión y la formalización del empleo y el ahorro”, se explayó el funcionario del Palacio de Hacienda.
El jueves Milei había asegurado que la economía crecía, y que no había deterioro del empleo y del salario, dichos que generaron distintos tipos de reacciones debido a que datos oficiales lo contradicen.
El almirante Yamamoto y Pearl Harbor
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El almirante Yamamoto estudió en la Universidad de Harvard en los años 20. “Cuando le enseñaron a jugar al póquer, se convirtió en un fanático del póquer que se quedaba despierto toda la noche, ganando mano tras mano. ¿Y qué hacía con sus ganancias? ¿Llevar una buena vida? No, en absoluto: viajaba por todo el país haciendo autostop durante el verano, explorando América”.
Olvidamos que Yamamoto había visitado Estados Unidos, había pasado algún tiempo en Harvard, conocía las formas y los medios de Estados Unidos. Por eso supo después de Pearl Harbor que Japón se enfrentaría a una derrota segura en cualquier guerra prolongada. Podría haber sido una voz de la razón si hubiera vivido más.
Años más tarde, como agregado naval en la embajada japonesa en Washington, D.C., y todavía un jugador compulsivo de póquer, Yamamoto jugaba con miembros del ejército de Estados Unidos. “Incitado por sus victorias”, escribe Morris, “desarrolló desprecio por la agilidad mental de sus oponentes navales estadounidenses en la mesa de póquer”.
“Yamamoto no era un gran jugador de póquer en vano”, escribe Morris. Decidió, como en el póquer, “eliminar al mejor jugador de la partida, bien y desde el principio… La vergüenza de los Jefes del Estado Mayor Conjunto fue su falta de imaginación al tratar de descifrar a su oponente. Pensaban en él como un japonés tradicional que haría todo ‘según las reglas’ (tal como lo hacían ellos). No tuvieron en cuenta que tal vez, sólo tal vez, Isoroku Yamamoto era más estadounidense que ellos”.
Cydryck “Cyd” Ollack nació en Toronto, Canadá y es doctorado en historia graduado en Cardinal Brown University, Milwaukee, WI. Maestría en Historia en City College, New York.
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Enero 30, 2025